LA PARADOJA DEL GLIPTODONTE

Un gliptodonte se encontró con un tatú carreta en un médano y le preguntó por el camino de regreso.
-Tenés que volver sobre tus pasos. –le dijo el tatú carreta.
Pero el gliptodonte no sabía lo que era retroceder, porque sólo caminaba hacia adelante. Entonces le preguntó cómo podía hacer para volver pero caminando hacia adelante.
-Caminá en círculos trazando una espiral descendente. –le dijo el tatú carreta.
Pero el gliptodonte no sabía doblar al caminar, porque sólo caminaba hacia adelante.
Entonces le preguntó cómo podía volver pero caminando hacia adelante.
El tatú carreta ya se había cansado de los problemas que tenía el gliptodonte, por lo que le respondió:
-Caminá en línea recta. Tarde o temprano, vas a regresar al punto de partida porque el mundo es circular. –dicho esto, el tatú carreta se fue y lo dejó reflexionando al gliptodonte.
El gliptodonte, sin muchas opciones, se dispuso a caminar en línea recta, porque sólo caminaba hacia adelante. Y caminó y caminó y caminó, hasta que se topó con un acantilado de veinticinco metros de altura y, no pudiendo doblar ni retroceder, pues sólo caminaba hacia adelante, se murió de inanición y junto con él se extinguió la especie que hoy día se recuerda con cariño en nuestros museos naturales.

Si no lo cura el espanto

Entra un matrimonio de locos a la cervecería, se sientan y los atiende la camarera.
-¿Qué van a pedir?
-Para mí doble faz. –dice el loco.
-Yo quiero una docena de rosas sin espinas. –dice la loca.
La camarera se queda descolocada.
-Disculpen, pero esto es una cervecería.
-¡Ah perdón! –dicen los locos.
-¿Van a pedir algo? –pregunta la camarera.
-Para mí doble faz. –dice el loco.
-Yo quiero una docena de rosas sin espinas. –dice la loca.
La camarera se queda estupefacta. Luego, reflexiona y les dice:
-Bien, ya regreso.
El matrimonio de locos conversaba entre sí, hasta que llegó la camarera.
-¿Quién pidió doble faz? –preguntó.
-Yo. –dijo el loco.
La camarera le sirvió una pinta de cerveza.
-La docena de rosas sin espinas que pidió. –le dijo luego a la loca, sirviéndole un jugo exprimido de naranjas.
-Muchas gracias. –dijo la loca.
La camarera se fue con una sensación de triunfo.
Al rato, el loco la llama. Esta se acerca a la mesa y pregunta:
-¿Quieren la cuenta?
-Preferimos viajar en subte. –dice el loco.
-Por favor, ¿nos traería el equipaje? –exige la loca.
-Con mucho gusto. –acota la camarera y se va.
Al ratito vuelve y les trae la cuenta a pagar.
-Aquí tienen el equipaje. –les dice dejando la cuenta sobre la mesa.
El loco la mira detenidamente y observa:
-Tiene errores de ortografía garrafales y la suma da mal. Está aprobado, pero para la próxima estudie un poco más. –dice el loco.
-Usted tiene talento, alumna, pero debería explotarlo para sacarle el jugo a su inteligencia. –dice la loca.
La camarera se queda pensativa.
-Lo haré, y me voy a cuidar en las comidas, poca sal y todo magro. Muchas gracias doctores.
Los locos se van. La camarera se quedaba recogiendo las copas y limpiando la mesa y, mientras lo hacía, un hombre vestido de Batman le pregunta:
-Disculpe, ¿a qué hora se sirve el café en este sepelio?

Kant, el filósofo

La tarde caía levemente sobre los techos, los tejados y el río, manchando de sombras alargadas la tierra y las callecitas. Las últimas aves jugueteaban revoloteando en el cielo o sobre los eucaliptos más altos. Kant se preparaba para pasar la noche en un cantero, para soñar con otros parajes, luego de haber corrido autos y motocicletas durante todo el largo día. El negro de la noche lo ocultaría de cualquier peligro que asomara. En el Coliseo Rumano se sentaban a beber cerveza y a comer papas fritas los primeros en llegar, como Elpidio y Noyo, celebrando la amistad tras la jornada laboral que a algunos dejara exhausto. Para otros, era rutina mecánica. La cuestión pasaba por la recreación, por el despeje mental de los asuntos cotidianos y el divague labial al que sucumbían hablando de bueyes perdidos o tesoros encontrados. Elpidio sugirió sentarse en la mesa bajo la palmera, pero Noyo lo contrarió y al final se sentaron frente al gran ventanal que daba de frente a la entrada del bingo, desde donde veían desfilar los ánimos de quienes entraban y salían, alternando entre desconsuelo y euforia disimulada. Cada tanto, Kant levantaba el hocico para observar el paso de algún peatón que caminara cerca del cantero.
Pidieron dos pintas, ipa Elpidio, amber Noyo, y una fuente de papas cheddar que demoró más de la cuenta en llegar, casi cuando habían terminado de beber la primera ronda de cervezas y encaraban la segunda.
-Qué hambre que tenía. –exclamó Noyo con las papas en el buche.
-La música que pasan en este lugar es lo que me hace venir una y otra vez. –dijo Elpidio, echando un vistazo al ambiente, en el que se veían cuadros decorando las paredes y hasta un maniquí de futbolista del Real Madrid en un rincón. En cuanto se quisieron acordar de un gol de Ramos en la final, ya habían entrado en lo más apacible de la noche sin preguntarse qué estaban festejando.
-Yo lo encuentro todo positivo. –esgrimió Noyo, tragando lo masticado.
-Sí, pero no podés mirar todo con un cristal de esa tonalidad, porque si no, en realidad, lo que ves no es la cosa en sí, sino que te quedás observando ni más ni menos que sólo el cristal. –acotó Elpidio. A su lado pasaba la camarera con la bandeja cubierta de cervezas.
-No te entiendo. –se excusó Noyo, invitándolo a explayarse en el asunto.
-Mirá, hay cosas que de acuerdo al contexto serán positivas o negativas, no hay absolutismos en la cultura –explicó Elpidio en un tono que daba a entender que sabía de lo que estaba hablando.- Te pongo un ejemplo: la improvisación. En la música, es una virtud para el aplauso y la ovación; en política, un bochorno para el escarnio y la detracción. –Noyo escuchaba como quien escucha el pronóstico del tiempo de otra ciudad en la radio.
-E incluso esto puede invertirse –prosiguió Elpidio besando la ipa que estaba fría como un témpano- y darse la situación de que una improvisación musical parezca un espanto acústico o, en política, una maniobra eficaz para sortear dificultades.

-Entiendo lo que decís, pero yo me refería al contexto, en particular, y a nosotros en general.
-Sí, lindo lugar para pasar un buen rato, para distraerse y aflojar tensiones.

Tras unos minutos llegó Elvira, dejó la cartera sobre el respaldo de la silla y se sentó con aquellos. Cuando se acercó la camarera, pidió un jugo exprimido.
Kant se levantó de su letargo para perseguir a una hembra de pelaje blanco que paseaba atada por una correa a la mano derecha de un anciano. Luego de unos metros y de olisquearse entre sí, pegó la vuelta para reacomodarse plácidamente en el cantero.

-¿Sabés por qué es más importante lo que sentimos y lo que pensamos que lo que nos rodea? –inquirió Elpidio a sus interlocutores, aunque mirando a Noyo, que observaban el panorama del lugar. Elvira se quedaba con el mobiliario mientras que Noyo prestaba atención a los adornos que colgaban o bien del techo entre luces o bien de las paredes entre cuadro y cuadro.
-Porque es ahí donde vivimos, en la mente y en el corazón, tanto en los propios como en los de los demás. –esgrimió Elpidio, para perderse con la mirada en el tránsito de la calle, que a esa hora era pausado, lejos del trajinar de las tardes donde todos buscan volver rápido a sus hogares o llegar a tiempo a los negocios que esperan cerrar a horario.
-Ser feliz es el mejor negocio que podés hacer. –escupió Noyo, casi para sus adentros, que sólo Elvira escuchó y asintió con una sonrisa.
De repente, cuando los tres ensayaban un brindis en honor a la amistad, ingresó por la puerta vaivén un hombre vestido de traje con carpetas y unos papeles en la mano, acompañado por dos agentes de la policía. Elpidio se quedó observando las luces de los patrulleros. El hombre de traje discutió con el encargado del lugar por un breve lapso, atrayendo las miradas. Luego, completó un acta con birome y le anunció a los presentes que el Coliseo Rumano quedaba, desde ese momento, clausurado. Todos lamentaron el episodio, recogieron sus pertenencias y se marcharon lentamente al tiempo que la música moría en un silencio retórico que cursaba en las preguntas que se hacían todos.
Noyo se despidió y se fue caminando. Elpidio y Elvira se fueron cada uno en sus respectivos vehículos, quizá a dormir, quizá a beber, quizá a soñar, mientras en el cantero, Kant soñaba con prados en los que corría ovejas llevándolas al corral.

Penoso

Se escapó convicto del penal de Godoy Cruz. Lo tenía que patear y evitó con un par de gambetas el accionar policial que lo obligaba a ejecutar la pena máxima. Ahora piden su captura internacional y se estima le darán como condena la pena capital: una inyección letal. Una verdadera pena que se pudo haber evitado si cumplía con su deber.

Pelo


Dormirse, levantarse, andar curioso
Amable, irritado, fraternal, lascivo
Moribundo, vivaz, profundo, altivo
Inquieto, tenaz, cansado, perezoso.

No ver un más allá más que el reposo
Mostrarse ebrio, contento, pensativo
Locuaz, torpe, mordaz y reflexivo
Enojado, triste, avaro, generoso.

Huir el rostro que evoca el espejo
Comer un día todo lo que cabe
Perder, soñar, encontrar un reflejo;

Ensuciar cosas y que otro las lave
Amar, odiar, coger como conejo;
Esto es vivir, quien no murió lo sabe.

Curiosidades del fulbo

Los laureles se los lleva el hincha, los trofeos quedan en la vitrina.
El hincha tiende a ser como el futbolista, pero no cualquiera, sino Cuadrado.
En cambio, el futbolista le da a la redonda como los dioses del Olimpo.
Olimpo juega a las copas, Redondo tenés los pies.
Cristiano ateo tiene un dios aparte que lo idolatra y a Teófilo Cubillas lo apartaron en el relato desde que colgó los botines, quedando en cuclillas.
Aparte, el relator exagera y mete palabras rimbombantes con aire intelectual que al espectador lo hacen soñar.
Y como sueños nunca faltan, lo mejor es dormirse en los laureles.

Agujeros en la Historia

Hasta que se instituyó la muerte, antes la gente no moría. Había algunos que llegaban al millón de abriles. Bueno, es un decir porque el calendario era cosa del futuro, no se contaban los días por aquel entonces. Pero así como Matusalén llegó a las 980 velas sopladas en su juventud, otros no constatados en la historia ( justamente porque era muy común ) veían brotar arces y fresnos durante eones.

Ilusión de permanencia

La situación escapa del cuadro
se sale por los bordes del marco
se despliega pintando las paredes
abarcando en un sinfín las construcciones
hasta ocupar el mismísimo universo,
complejizando así todas las cosas
que pasaran de ser cosas sencillas
a ser algo que ya nadie comprende
quizá algún profesor de física
o un erudito, o un metafísico
que lo explique con palabras curiosas
o con algunos conceptos elocuentes
para que vos lo creas o lo intentes
que en el cosmos novedosas apariencias
son profundos movimientos de conciencia
y desde lo más pequeño entre lo pequeño
interpela a lo más grande entre lo grande
aún desde la gota evaporada del rocío
enamora a la majestuosa montaña
desde el canto del zorzal por la mañana
hasta el vuelo ancestral de la paloma
va mostrando la fresca sensación
que aniquila cada noche la guadaña
como el renacer del niño que se asoma
al contexto que lo pone en situación.

Los libros y la perspicacia

Hoy quise agarrar un libro con la premisa de que “los libros no muerden” y fracasé. Es decir, agarrarlo fue todo un éxito pero a la hora de la lectura resultó un rotundo fracaso, ya que quería despejar las ideas y éstas, con porfía, no hacían más que concentrarse. Y por si fuera poco, cuando lo quise dejar en la biblioteca, el susodicho me dio tal mordiscón con sus páginas que me abrió un dedo. Aunque me dolió, podría decir que la saqué bastante barata, máxime teniendo en cuenta el título del libro: Tiburón.

Cadena alimenticia

Los pobres, para salir de sus penurias, quieren ser ricos, los ricos, para salir de sus miserias, quieren ser millonarios, los millonarios, para salir de sus bajezas, quieren ser multimillonarios, y los multimillonarios lejos de querer salir de alguna condición humana que no alcanzan a percibir quieren que no haya tanto dinero circulando por ahí lejos de sus fauces.

Diálogo y cansancios

¿Está cansado de lidiar con la estupidez de la gente? Venga a visitarnos. Tenemos tabletas, computadoras, televisores, radiograbadores, licuadoras, secarropas y multiprocesadoras para que pueda lidiar libremente con la estupidez de las máquinas. Atendido por los más versátiles robots del condado.

***

Cansado en la contemplación al considerar que por aquí todo era una soberana mierda, se marchó buscando un mejor destino a 25 mil kilómetros, donde pudo comprobar con deleite, asombro y fervor que el factor fecal es universal y no pudo evitar las reminiscencias que con sutil aroma evocaba su fétida memoria.

***

Tenemos que formar el club de los “decepcionados de todo” y no permitir que se afilie nadie, por si acaso se crean expectativas y/o ilusiones con algo tan nimio como la sensación de pertenencia y/o afinidad.

***

Cuando son chicos sólo quieren jugar, después olvidan lo que (que lo) hacen.

***

-Doctor, ¿Qué padezco?
-Codo de tenista, pie de atleta, billetera de futbolista amateur.

***

-Dos tomates.
-¿Qué más, señor?
-Nada más. ¿Cuánto es?
-Cien mangos.
-Ahhh ¿pero vienen del Japón? ¿Los cosechan con barbijos de neoprene? ¿¡Dos tomates, cien mangos?! ¿No se te pone la cara del color del tomate de vergüenza? ¡Cuestan un huevo!
-No, un huevo está ochenta, señor.

¿Quién entiende la poesía?

Retratos de la cofradía y de la eucaristía
sonrisas posan ante el flash heurístico
la gente se congrega en torno a fantasías
aplauden, gritan, vociferan eufóricos.

El telón bordó cubre todas las miserias
el malón se disgrega, acentuando soledades
cada quien es cada cual con sus histerias
historias ensayadas de mentiras y verdades.

El asombro acude, ¿quién entiende la poesía?
Que en un reto histriónico extirpa malestares,
¿quién entiende su valía, su tesón y su porfía?

¿Quién pudiera seguir el hilo de la comunicación
cuando no concibe cruces, ni detalles, ni lugares
quién pudiera cobijarla en un rincón del corazón?

Ronda el misterio

La calle como pista
Un valle con aristas,
Los árboles sin prisa
Gorrión en la cornisa
El trueno cuando llueve
El sol que todo mueve
La gente que se apura
Instante que no dura,
El aire que respiro
Tu boca cuando miro
La palabra adecuada
La voz como una espada
El sexo entre tus piernas
Las miradas eternas
El más cálido abrazo
De Cupido un flechazo
El enamoramiento
El sutil pensamiento
La locura presente
En toda nuestra gente
El séptimo planeta
La teta amamantando,
Las felices recetas
El viejo cocinando
El tiempo descoloca
Y a todos los retoca
Cada cosa en su lugar
Niños, por favor, a jugar
Que acá es un despelote
Y no hay gol de rebote
El vecino vigilante
Un ladrón de turbante
La cámara precisa
Al muerto inmortaliza
Y el vivo que camina
Llegando hasta la esquina
Se trepa al paredón
El de fusilamiento
Y en un presentimiento
Estalla el corazón.
La luz ya no ilumina
El calor no lo quema
Sólo queda la espina
De no saber de esquemas
De no tener bolsillos
De transitar pasillos
De lánguidas galaxias
De ingrávidas falacias
De impalpables rosas
De intangibles cosas
Sepultando el misterio
Carente de ministerio
Que otrora hipnotizaba
Y ahora no encontraba,
Entonces, de repente,
Percibe, oye, siente
El ruido de camiones
Rugido de leones
La jaula estaba abierta
Metrópolis despierta
Manotazo de ahogado
Rechazo de abogado
La ley al otro lado
Una palabra: vida
Una palabra: muerte
Una palabra: suerte;
La cama concurrida
El insulto frecuente
El amor recurrente
También las sensaciones
Que vibran en canciones,
Y a todo esto, una pregunta
Una respuesta, una sentencia
Un consejo, una advertencia
Una amistad, una junta
Bajo el mismo cielo
En impasible suelo
Separados por las púas
Que rasgan la guitarra,
Se nubla y la garúa
Es del tigre la garra
Que arranca, que desprende
Más que la vestimenta
Dejando la osamenta
El legado de Ostende.
A lo lejos un llanto
Un hombre se hace canto
Que surca como voz
El espacio feroz.

Canto latino

El tiempo no pasa
La luna no llena,
Tu chispa divina
La noche ilumina.

El sol no se oculta
El tordo te ausculta,
Tu gracia divina
Es la mejor vitrina.

El viento no sopla
Me quedo sin coplas,
Tu labia divina
Me hechiza argentina.

El cóndor no vuela
Me gasto la suela
Tu estela divina
Persigo en voz fina.

El auto no arranca
Si salta la banca
Tu tacto divino
Me compro el casino.

Entretenimiento

El mundo, las cosas, la idea que va y viene
y en el marco conceptual te entretiene,
la dicha, el afecto, las dudas, los amores
surgen rendidos a los pies de tus temores.
Vivir que, como un sueño, lo contiene
le estás dando una seriedad que no tiene.

Y el aspecto de todo lo impermanente
es el espectro, el abanico, de la mente
que proyecta situaciones tan profundas
y no alcanzo a elucubrar si son rotundas
no dilucido tampoco si lo visto te divierte,
aburrirse es cortejar la pena de muerte.

Será entonces, será, que el movimiento
le da el toque sensual al sentimiento
el equilibrio es un codo, una coyuntura
entre estados de euforia y de chatura
donde place el disfraz del entretenimiento
que abanica nuestro paso como el viento.

Credos

El café que se desliza por tu lengua
el calor que a veces crece a veces mengua
el safari que descubro entre tus piernas
de tu boca surgen las palabras tiernas.

El aroma que emana de tus poros
en tu corazón, guardados, los tesoros
los cabellos que acaricio entre mis dedos
en tus pechos mueren todos nuestros credos.

Tu mirada que se erige victoriosa
coronada de laureles y estropajo
tan serena como una cautiva diosa

que se pierden los vocablos en el viento,
como un feto, como un sutil renacuajo
desarrollas como embrión el firmamento.

No te embarres que hoy es trece

Martes trece
Plantás un tubérculo y no te crece
Martes trece
Sembrás amor y al mes florece
Martes trece
El sol te acuna, la luna mece
Martes trece
Subiste al barco, qué te parece
Martes trece
Ya te casaste, que Dios te rece
Martes trece
La suerte esquiva te toca a veces
Martes trece
Se multiplican hasta los peces
Martes trece
Las estaciones marcan los meses
Martes trece
Se compra un chicle quien lo merece
Martes trece
La pizza cruda quién te la cuece
Martes trece
Pagaste entrada, por fin que empiece.

Arrastrados por la novedad

Arrastrados por la novedad
Por la novedad corrosiva
Siguiendo al mejor impostor,
La corriente que marea
Y le da cuerda a la realidad
Nos envuelve como cúmulo
Y formamos otras cosas
Nos dispersa como lluvia
Y al llover nos disgregamos
Y en las manos adosamos
Montañas de opiniones
De juicios y sermones
De palabras por decir
Y de las que fueron lanzadas
Como flechas puntiagudas
A clavarse al corazón.
Y en nuestra imaginación
Creativa y floreciente
Siempre quedará en el tintero
Lo que no pudo ser
Lo que no será
Lo que no es.

Argentinísima satelital

En el ambiente se respiran diversas sensaciones, que varían desde la preocupación hasta el temor, pasando por los dolores habituales y novedosos, donde tampoco faltan las pequeñas alegrías que nos mantienen a flote a pesar del consabido naufragio pandémico, sin hablar de las miserias económicas y los males que aquejan las mentes en estos tiempos donde todos nos hacemos preguntas sin perder el horizonte, porque a pesar de lo que acecha, las ausencias y lo que duele hay que mirar hacia delante.
Como en todos lados, aventuro, hay gente para todos los gustos, inclusive hay tiempo para la indiferencia. Es que ¿a quién le gusta ver sufrir, cuando ni siquiera a veces se le puede tender una mano? Lloramos nuestras penas y lloramos las penas de otros como si fueran propias, pero como dice la canción, “las vaquitas son ajenas”. Así mismo, masticar un buen asado ( con barbijo colocado ) sigue siendo un buen estimulante con el poder de hacer olvidar, al menos en estas tierras donde todo es sagrado, donde nada lo es.

Tuve una charla con el doctor Bloom, a la que acudí esquivando entre cuatro y cinco astronautas para llegar al espacio estelar donde brindaba la charla. No hablamos de estrellas ni de los satélites artificiales que surcan órbitas dibujadas en maquetas, sino que conversamos acerca de los dibujos que le llevé para que evalúe los progresos en materia artística. Las historietas le cayeron simpáticas, pero los retratos en caricaturas les parecieron de lo más grotesco que haya visto. Pero en fin, la caricatura es un poco eso, ¿o no? Resaltar de modo grosero distintas facetas del retratado. No obstante, el doctor Bloom dice que gracias a los astronautas lunares, hoy tenemos televisión por cable en prácticamente todos los rincones de la Tierra, y que la próxima misión tendrá unanimidad de espectadores. Disiento. Seguramente, la hora del alunizaje me encontrará trabajando y lo podré ver recién en diferido. Y además, es claro que los que viven en la luna de Valencia no tendrán noticias de tal suceso, como los amantes que tienen su propia estrella que los guíe y de dónde colgarse cuando caiga en picada el romance.

¡Alto ahí! El polifuncional Elvis conducía la Berlingo con sus manos y sus zonas erógenas ocupadas. A decir verdad, todo su cuerpo era erógeno y le sacaba el jugo a los sentidos al conducir. Pasaba a velocidad media, con la calle despejada a esas horas de siesta, dándose un banquete de placeres en conjunto: en la diestra, un cigarrillo; con la zurda, hablaba por teléfono para mantener la lengua relamiéndose; su acompañante, ensayaba sexo oral con su pene, lenta y pausadamente ( digo ensayaba y no practicaba, porque estaba aprendiendo la práctica); y a todo esto, conducía, ponía guiños al doblar y se daba el lujo de ceder el paso en las esquinas. La Berlingo se había convertido en un lecho de placer, y estimo que la visión que le obsequiaba el paisaje cambiante era, todavía más, un goce sensorial añadido a los mencionados. Dije polifuncional, porque si bien supo hacer las veces de lateral izquierdo, hoy por hoy Elvis se desempeña como volante por derecha. ¡Sigamos!

Pareciera que esta época está signada por el café esquivo. Las cafeterías y bares abren y cierran a medida que se avanza o retrocede de fase, y cuesta un poco hacerse de una buena dosis de su sabor, de su aroma. Pero todo es un parecer, nada más. No hay certeza. Quizá un día nos despertamos con el café a punto en cada esquina, y no tendremos más remedio que ir de esquina en esquina, saboreando, empachándonos con medialunas, retratando a la estirpe humana en una mesa de café, como uno de los tantos cuentos de Fontanarrosa, acariciando la taza con alcohol en gel en las manos, con la cucharita haciendo círculos interminables, haciendo origamis de grullas con los sobrecitos de azúcar, mirando pasar a la gente que va y viene, sin un centro que no sea uno, el observador, sentado, pidiendo la cuenta y yéndose a la mierda, al hogar o a la soledad, donde sea que fuese su lugar temporal en el mundo.

La ronda de mate es una tradición, además de un gusto que nos damos, y parece ( sí, sí, todo parece ser ) que va quedando relegada a la historia prepandémica, parece estar sentenciado a quedar cautivo, y así como hay una ley que nos declara a todos felices puede haber otra -más pronto que tarde- que declare al mate compartido un acto prohibido, aunque siempre haya rebelión contra las leyes y surja la trampa consecuente que nos permita, aunque sea en la clandestinidad, compartir un mate. A colación, les traigo un cuento. Aquí va:

PAGANO

Los participantes del ritual normalmente se congregan en diversos lugares. Puede ser la casa de uno de ellos, una playa, un parque o, incluso, en la vereda. Uno de ellos extraerá de algún bolso o mochila una especie de cilindro conteniendo agua caliente, lo suficientemente caliente como para que la invocación surta efecto. A su vez, extraerá un recipiente de menor envergadura, al cual le colocará una mezcla de hierbas, palos y yuyos hasta la mitad. Con una palma cubriendo la boca del recipiente menor, agitará las hierbas para proceder a la invocación, mediante la cual el semidiós comienza a hacerse presente en los partícipes del ritual.
Mientras tanto, los demás pueden emplear libremente el tiempo. Alguno se quedará observando que el ritual se cumpla en cada detalle; otros pueden conversar de algún tema de actualidad ( esto generalmente lo hacen para disuadir al resto); otros pueden fumar o comer algún panificado para apaciguar los ánimos.
Luego, verterá sobre el recipiente menor un poco de agua desde el cilindro. Dejará reposar el espíritu del semidiós e inmediatamente colocará sobre el recipiente menor un sorbete metálico. A continuación, siguiendo un orden programado, todos irán sorbiendo de la pócima, por turnos.
Cuentan que este culto antiquísimo no se interrumpe por factores climáticos, sean copiosas lluvias o temperaturas agobiantes y que, además, se practica en cualquier tipo de horarios, matutinos, vespertinos e incluso nocturnos, porque agradan sobremanera al semidiós.
El ritual culmina para cada participante del culto cuando quien porta el cilindro con agua le dice una palabra mágica, con la que quiere significar que el espíritu del semidiós se ha manifestado de hecho en el partícipe: “provecho”.




Por otra parte, la Nasa le ofrece diariamente esperanzas de vida eterna a los potentados, porque quién pudiera pensar en vida en otras tierras cuando aquí hay lugar y alimentos suficientes, sólo que algunos acaparan demasiado y al resto les queda amucharse en procura de sustento. Tal es así, que cada día surgen “noticias” de planetas, agujeros negros y meteoritos, entre otras, para mantener la ilusión de los ilusivos ilusos a flote, mientras hambrean al resto con lo recaudado mediante la publicidad y los viajes estelares que están dispuestos a pagar hasta para sus tataranietos, si fuese necesario. Y no podemos vivir sin ilusiones: ¡voy a ir a la luna, voy a ir a Marte, me voy a ir a la concha de la lora! Y el descubrimiento es el camino a seguir, guiados por la agencia espacial que tiene franquicias en todos los diarios y noticieros locales, e incluso Nepal y Andalucía, si lo creyesen. Es por eso que en invierno, al menos al sur del trópico de Capricornio, uno se dispone a tomar la sopa y se encuentra en el plato con una novedad de la Nasa dispuesto a tragársela. El corolario del asunto es que mientras hay gente que tiene que pedir monedas para pagar el colectivo, otros te hablan de viajes a Plutón, vaya curiosidad.

En Argentina, el verso –en lenguaje vulgar- es pariente de la mentira. Versear se asemeja a mentir a través del habla, al menos eso indican quienes así lo expresan. De hecho, hay una película de varios años, titulada “El verso”, y no trata de poesía precisamente, sino que trata más bien de alguien que intenta vender cosas o engañar a través de la palabra. Por esa tergiversación de la cultura, la poesía ha quedado relegada a un reducido grupo desagrupado de poetas y lectores que rescatan este híbrido de música y literatura para beneplácito, manteniendo viva la palabra y los vaivenes del lenguaje. Es por ello que ahora me despido con estas coplas. ¡Salud!

Se percibe en la mujer
Florecer la primavera,
Y tras cada atardecer
Brota el sol en tu remera.

Se encontraron con un genio,
que no concedía deseos,
y no sabiendo qué hacer
lo pusieron a barrer.

Se va el invierno de a poco
Y el sol empieza a entibiar
Se van lágrimas al mar
Se va este frío de locos.

El hombre tiende a pensar
Que el mundo puede cambiar,
Mas no cambia de lugar
Ni lo cambia algún pulgar.

La pampa tiene el ombú
Manija las bicicletas,
Y en el medio de Moscú
Un monumento a tus tetas.

La primavera florece
En las calles y avenidas
Y tu alma se estremece
Al darle la bienvenida.

Un chimango me miraba
De un canasto de basura,
Con los restos se volaba
De un asado sin verduras.

El alba nos ilumina
La noche nos difumina,
Y al son de una canción
Vivir es celebración

Toca un triste bandoneón
Las nostalgias del ayer,
Y en alegre proceder
Hoy toca mi corazón.

Honores

Es un mundo coloreado de acuarelas
( Y acuarelos )
En tus dedos se desliza como suave terciopelo
( Y terciopela )
Te colman la esperanza de laureles y guirnaldas
( Y guirnaldos )
En un mundo que se expande al ritmo de comparsas
( Y comparsos ).

Instantáneas

El hoy es un cuento heredado
Mañana es olvido prestado
Ayer es el hoy transplantado
Mañana es un cuento presente.

Ayer es el día nublado
El hoy es presente eclipsado
El hoy es presencia viviente
Mañana tu ausencia se siente.

Ayer es el canto de ausentes
Ayer es el hoy relegado
Mañana recuerdo borrado
El hoy es alegre narrado.

El hoy narra triste evocado
Mañana es el breve pasado
Ayer es un cuento soñado
Ayer es el hoy memorado.

El hoy rememora un sirviente
Mañana viste frac esta gente
Mañana es ayer sin tostados
Ayer no te vi en el tejado.

El hoy es el tuit del torrente
Mañana es ayer de repente
Ayer no es mañana tampoco
Es hoy cuando yo al fin te toco.

La dama viste de versos

Y de repente, de un plumazo
Viste la dama de versos
Y en el escote, la tinta
En el anverso, las plumas
Vedette de sinagoga
Fémina literaria
Con rimas sustanciosas
De laureles coronada
De poética mirada
De silueta sugerente
De una boca muy ardiente
Viva voz en dulces labios
Que susurran al oído
Consonancias estridentes
Que no te hacen el cumplido
De silbar la melodía,
Ruidos y cacofonías
Van cediendo la armonía
Y en lo oscuro desencanto
Tibia lágrima del llanto
Fluye como luz de luna
Un poema que te acuna
Fluye como ansia de luna
Tu valía, la fortuna
De esta noche de abrigo
En la que duermes conmigo
Para deslizar los dedos
Yemas que cumplen deseos
En el tacto de tu piel
Calma y fresca como miel
Que al haberla recorrido
La descubro intempestivo.
Me distraen las canciones
Reverberan sensaciones
Emotivas ocurrencias
O floreadas displicencias
De lo que gusto narrarte
Por el gusto en componerlo
Por el duelo de perderlo
Por lucero de obra de arte
Que ilumina convergente
El reducto de la mente
Da la mano y tiende puentes
Para que cruce la gente,
Si de pronto te arrepientes
Sacrifico la pureza
Y te beso con destreza
De esta voz que no se calla
Ni en la arena de la playa
Que te dice lo que siente
O, como loro, repite
El transcurso intransigente
Del discurso que arremete
Y se te cuela por los poros,
El perfume de estas palabras
Se te impregna suavemente
Que cuando un pirata abra
Hallará un bello tesoro
De cuantía, valiosamente
Inspirando a los poetas
Y a los pintores tus tetas
Como dinero en el banco
Cual belleza de hoja en blanco
Que de versos va nutriendo
Cuando el alma va puliendo
Y entre líneas, componiendo,
En tu falda se va despidiendo.

No sólo de chat vive el hombre

Habilidoso chateador
Se ofrece para, sino, por
Darle cuerda a la imaginación
Con soltura y rimboemoción
En vivo y en directo
Políticamente incorrecto
Con gracia y entusiasmo
Hasta llegar al orgasmo
De una charla divertida
Corrupta, entretenida
Con emojis que grafican
Sensaciones que trafican
Las palabras que olvidamos
Los conceptos que ignoramos
Y si en un rapto callamos
De repente continuamos
Con el chat, la travesía
Al compás de la alegría
De tipear los caracteres
Que forman los pareceres.
Cuando hay comunicación
Se propicia así la unión
Acortando las distancias
Que separan las instancias,
Con las risas de por medio
Esquivamos cierto tedio
Propio del aburrimiento
Cocido en el pensamiento
Y mediante las pantallas
Escapamos con agallas
Del sopor, la soledad
Y hablando de libertad
Nos hacemos más esclavos
De palabras y teclados
En atardeceres fortuitos
En aconteceres gratuitos
Que viran en tal dirección
Obnubilando de ilusión
Nuestra virtual condición
Pasajera situación
En el presente momentáneo
De este tiempo sucedáneo
Que nos deja sin aliento
En muy cómodos asientos.
Cuando veas que me callo
Una nueva frase tallo
O te hablo de poesía
O con una fotografía
Te despierto el inconsciente
En un quid irreverente
En el que mueras de risa
(Un cadáver con sonrisa)
Para soñar nuevamente
Que vivimos felizmente
Que seguimos la corriente
Que después, al día siguiente
Nada recordaremos
Y nadando nos iremos
A chapotear otras aguas
A chatear sin un paraguas.

Colorín

Cada uno hace su pinta
Como le pinta en ganas
Y todo va quedando pintado
Como un mundo maquillado
Coloreado y decorado
De caprichos y ocurrencias.
Los días lluviosos opacos
Donde los colores resaltan
Las fachadas de las construcciones
Aparecen los intelectuales
Hablando para dar lecciones
A explicar la lógica del todo.

Agua en la piel

Agua que viertes sobre el mantel
Termo caliente, gota en la piel,
Mate a primeras de la mañana
Café con leche tras la ventana.

Medio vacío observas el vaso
De vino está lleno la otra mitad,
Agua cayendo cuando el ocaso
Goza pintando tu libertad.

Desde los ojos se palpa el brillo
Brilla en tus labios, dulce humedad,
Lluvia rodando bajo el flequillo

Sólo una gota en ebria soledad.
Brilla el esmalte de tus colmillos
Fluye agua fresca sin vanidad.

Dimensiones

Hay un mundo que no sale en las noticias
Es la dicha del amor y sus caricias
A la gente no le llama la atención
La ternura no vende en televisión,
La sonrisa del niño cuando asoma
A la vida como signo de paloma
La mirada y el gesto afectuoso
Los consejos del viejo bondadoso
La palabra sincera cuando calma
Todo aquello que te enaltece el alma,
Es un mundo del que no te quieres ir
Donde todo se está por descubrir
La bondad, la gracia, tu contento
Los más nobles humanos sentimientos,
El deseo también de compartir
La radiante ventura del vivir.

Más caras

Me miraba con cara de culo, la podía adivinar detrás del barbijo. Qué cara de culo, pero de culo avinagrado. No sabía bien a qué se debía su actitud, por lo que empecé a suponer cosas: estaría cansado de la cuarentena, se le dificultaba respirar bien, no le gustaba mi rostro, había pisado mierda, etcétera. Como para romper el hielo de la situación, le dije:
-En cualquier momento llegan los goles y desplazan la atención del conteo.
No me dijo nada, seguía en esa pose caracúlica vaya uno a saber por qué. Después, cada quién siguió su ruta.
A los pocos metros, me percaté de que no me había puesto el tapabocas en la interacción, ahí estaba el indicio, ¡oh craso error!
En estos días convulsos, un rostro descubierto es más ofensivo que sátiro en pija.

Temporada de jazmines

Acecha la temporada de jazmines
De floreadas tardes de jardines
Iluminados con azules del ocaso
De peatones aminorando el paso.

Mañanitas de claveles y gladiolos
Saludando en color al nuevo día
Saludando en petalitos de alegría
A las abejas que nunca los dejan solos.

Con cantos de los pájaros contentos
Entre ramas o bajando hacia la acera
La dicha de encontrar los alimentos.

Y la noche, tierna noche de aluminio,
Se contrae en la sensible primavera
Al cobijo y la sombra del plenilunio.

Se me pianta lo que cuento

Se me pianta lo que estaba por contarte,
No tenemos más remedio que artes
Que nos saquen del profundo conflictivo
Panorama de sopor y tedio relativo
Al imán de sensaciones relatadas
Que se esmeran por ser bien representadas
Y no son más que historietas, caricatura
Situaciones de baja literatura
Ambientadas en un odio que subyace
Podredumbre que no cubren los disfraces.

Se me pianta lo te iba a contar,
Si mi alma no pretende remontar
Es momento de escuchar con valentía
Lo que calla ante la aurora la poesía
Que en un verso armado y uniforme
Decanta en la metáfora que conforme
El número que otorgue satisfacción
Para poder pagar la calefacción
En su oficio de ordenar las callejuelas
Donde todos cuentan, tíos y abuelas.

Se me pianta lo que digo, lo que cuento
Y en un rapto lo que olvido te lo invento
El poema que no tiene espectadores
No hipnotiza, no claudica en sinsabores
Cual teatro programado con doble función
Manejar las voluntades, primera condición,
La segunda es doblegarlas con fluidez
Y de yapa lo colman de estupidez.
En fin, no es ser agente de la inteligencia,
En un descuido te roban hasta la decencia.

Domingoz

Un domingo cualquiera
Este domingo incluso
O el anterior,
Se dispone a pensar
No ya en el caprichoso calendario
En el matemático esquelético calendario
Sino en lo azaroso o fortuito
En lo gratuito de la existencia
En la encarecida subsistencia
En la ambivalente supervivencia
En fin, en todo lo que no piensa
Durante el trajín semanal,
Por eso un domingo
Porque pronto es lunes
Y las actividades apremian
Con sus premios y castigos
Con sus bondades
Con el regocijo de la acción
Y el entretenimiento
Con la premisa de cumplir
Por eso en el receso de un domingo
Carente de preocupación
El pensamiento baila
Danza acrobaticamente
En la tarde solitaria
En el yerro conceptual
En la alegría crepuscular
Bajo un manto de preguntas
Que no se le dio por refutar,
Como una transición entre sueños
De la tarde del domingo a la mañana siguiente
Percibe vacío
Siente que se pierde en la nada
Como si fuera algo
O un lago profundo
Donde nadar no alcanza
Hay que flotar
Como nube de azúcar
Con un hilo de voz
Donde se atragantan los gritos de gol
Donde mueren las historias
Donde mueren las palabras
Y algo muere en mi interior.
Cuando las olas cesan
Cuando no todo marea
Reina la calma.
Todos los lunes
Los terapeutas resucitan.

El presente evanescente

Fluye como torrente de residuos
Corriente vertiginosa de desechos,
Restos de recuerdos, movimientos
Entre ellos algún bello pensamiento
Variante de palabras suscitadas
Y un abrazo furtivo en la cascada.

Recorre lo sinuoso en los caminos
Trazando en la memoria los destinos
Que surca los peñascos del trayecto
En un fluir intenso y poco recto,
Es liquido, oscuro, fluorescente
O es ámbar o es cristal evanescente.

Se mira a través suyo, estimulante,
En la felicidad ronda el instante
Como un beso fugaz cálido urgente
Que espabila y nutre en el presente,
Porque a la noche le sigue la aurora
Porque la vida brilla en el ahora.

Términos y condiciones del libro

Compré un libro “usado”, aunque no sé si debería decir más bien un libro leído, mas no tengo esa certeza, tal vez nadie lo leyó aún. Quizás es un libro usado, como efectivamente fue catalogado, pero de un uso cuanto menos dudoso. Si lo pensamos con cuidado, el uso que se le hubiera dado podría ser de lo más heterodoxo posible. Este libro, se podría haber usado para posar la pava o el control remoto, o supliendo la función de una regla o el de un abanico. En fin, del libro que se ponga en venta con la condición haber pasado por otras manos ajenas a las del librero se podría decir, tranquilamente y sin temor a dudas, libro en venta con la desventaja de no ser nuevo.

Una estrella en las tribunas

El relator vociferaba sobre el micrófono, pegado al vidrio de la cabina, en un grito de gol desaforado hasta quedarse casi afónico, con la tribuna enloquecida y los jugadores armando una pirámide humana sobre el banderín del córner, atravesados por los flashes de mil celulares que grabarían la imagen desde infinitos ángulos.
-¡Pavoroso! ¡Inenarrable! -aclamaba el relator desencajado.
Decenas de serpentinas volaban por el aire. Se agitaban las banderas en las tribunas. Había lágrimas y sonrisas entre el griterío eufórico. Los jugadores se iban reincorporando, saliendo uno a uno de la masa homogénea que sepultaban al crack.
-¿De qué planeta te escapaste?-proseguía envalentonado el relator.
El crack se acercó a las plateas donde habían televisores.
-¿Qué dijo? -le preguntó juntando los dedos de la mano derecha a un fanático que no escuchaba por el griterío. Algunos lo seguían envolviendo en abrazos.
Hacía gestos con las palmas hacia abajo para que la gente se calmara. El referí estaba a punto de reanudar las acciones del juego pero el crack le dijo que esperara un poco, y aquél le preguntaba qué pasaba.
La gente en las tribunas un poco se desconcertó, preguntándose unos a otros qué ocurría.
-¿Qué dijo? -volvió a preguntar el crack a un plateísta que le hacía gestos señalando la oreja de no haber escuchado.
Caminó hasta la tribuna lateral y comenzó a subir las escaleras. La gente enmudeció. Todas las miradas convergían en él, en el ascenso tranquilo hacia lo más alto del estadio. Alguno que otro intentó detenerlo, preguntarle qué pasaba, pero él seguia su marcha, hasta que llegó a las cabinas de transmisión.
El relator empalideció cuando el crack le golpeó la ventanilla.
-¡Maestro! -lo saludó el relator titubeante, vacilando.
-¿Qué dijiste? -le endilgó el crack.
Los murmullos le daban suspenso a la situación, una intriga al acontecimiento como un offside dudoso que espera resolución del var.
-Este…ummm…puede ser, ¿de qué planeta te escapaste, fenómeno?
El crack giró la cabeza echando un vistazo a las tribunas, con la gente expectante. Lo miró fijo al relator y le respondió:
-Del pabellón cuarto, en la prisión Floreal Camp, región septentrional de Neptuno. ¿Por?
Silencio stampa. Nadie se atrevió a decirle algo, después de todo estaba entre los mejores de la historia futbolística. Su figura en las tribunas se agigantó. Algunos miraban las estrellas de la noche.
El relator se puso rojo, después su rostro se tornó violáceo, hasta que decantó en un verde pálido de cementerio. El crack dio media vuelta y bajó por las escaleras a un trote lento.
La gente comenzó a corear su nombre. El referí tocó el silbato mientras todos se acomodaban en sus puestos. Le hizo un gesto con el pulgar para confirmar que todo estuviera en orden. El crack asintió con la cabeza. Miró a los jueces de línea y con el brazo extendido, dijo:
-¡Juegue!

Setenta y dos metros

En principio había ausencia de sonidos en el ambiente, levemente interrumpido por algún motor en la lejanía o por alguna trompeta en lo alto.
-Hola¿God?
Sonó el teléfono. Las aves, apacibles, revoloteaban el aire.
-Él habla. -el eco hizo que la voz de trueno trepidara tres veces.
-Necesito armar una estratagema para solucionar -titubeó en un resoplido-… esto. ¿Cómo podemos hacer?
Aguardó respuesta castañeteando los dientes, redistribuyendo los cabellos sobre la frente con los dedos. Observó la altura de las circunstancias.
-Dejá todo en mis manos.-El tic tac del reloj pared daba las doce campanadas. El cielo tronó seco. El clásico sonido de whatsapp anunciaba la llegada de una notificación.
-Gracias Godfredo.

Tapanapias

Entró en crisis el comité de crisis
Saltó de fase con un nuevo envase
Y desde acuario hasta los de piscis
Se movilizaban portando disfraces.

Algunos cubrían nariz y sus bocas
Pero a ninguno le daba vergüenza
Ni siquiera aún a esas viejas locas
Que en las sienes cargan virulencia.

Desde una gripe a un nimio resfrío
Se pescan grises en austeras playas,
Si en este agosto no hace tanto frío
La hipocondria nos mantiene a raya.

Poco atractivo como una enfermedad
Alejado del umbrío océano existencial
Añejo destino en sueños de libertad
Acoplado entusiasmo por lo vivencial.

Pensando el blog

Sin novedades en el ámbito editorial ( Jack debería estar destripando las poesías ) me dispuse darle un tinte de color al blog, más que nada para aquellos que echan un vistazo cuando ingresan por vez primera con curiosidad. Para ello, decoré las páginas Libros ( en la que se puede acceder a mis primeros libros desde cualquier rincón del planeta ) y Recorrida visual ( donde se pueden apreciar las fotografías del amigo Jorge en una galería artística).
La entrada más vista del blog es una poesía titulada Trigal, que no sé por qué razones el buscador Google trae a cientos de visitantes semanales desde distintos países. Es una pena que a través de esa vía lleguen a tal poesía, como carta de presentación, entre tantas publicaciones que tengo al momento en este blog. Digo que es una pena porque esa poesía no creo que “enganche” a nadie para seguir leyendo otras cosas del autor, por lo que son visitas frecuentes pero que no se llevan nada, como otras poesías o cosas más jugosas podrían serlo si se dispusieran a leer. Aunque muchas veces alguien que produce cultura como todo artista sabe qué les gusta a quienes lo siguen pero no sabe por qué lo siguen ( a excepción de los parientes y amigos que lo siguen por el afecto que los une, entre otros motivos ). También puede ser que no tengan motivos y lo siguen por la misma inercia. En fin, propuesta para otro escrito.
Pensando el blog, alejado de la dinámica de las redes sociales, donde lo último causa impacto por diversas razones, lo podríamos llegar a ver como un espacio cultural para curiosear, para distraerse, distenderse y/o entretenerse. Por más que esas no sean funciones implícitas de la literatura, el lector tranquilamente las podría tener presentes. No obstante, habría que hacer una clasificación de lectores ( propuesta para otro escrito ) para distinguir a dónde se dirige la pieza literaria, aunque esto bien lo podríamos obviar entendiendo que el lector –en principio- tiene ansias de leer, y para ello acude a otro que no sea sí mismo ( aquí intervienen los escritores, críticos y profesionales de las letras y la psicología para desmentirlo o darle un cauce diferente al mencionado, alegando que… -complete el formulario- ), por lo tanto podríamos continuar escribiendo con las mismas ansias con las que el lector asiduo u ocasional acomete la lectura, para satisfacción de ambos, quizás, aunque de esto el escritor muchas veces no se entera por recelos del lector.
Si bien durante esta pandemia en Argentina hay indicios de que aumentó la lectura, el consumo de contenidos audiovisuales ( videos, tv, videos musicales, tiktoks, videojuegos, etc. ) se sigue llevando la atención en el grueso popular, por lo que podríamos decir que en aquellos países que no tienen una larga tradición literaria como España ven mermar la cultura en líneas generales y en lo particular ( siempre haciendo mención a los de habla hispana ), que es lo que hace desistir a muchos escritores que no tienen abiertos canales de difusión para dar a conocer sus obras, quedando todo en lo que parece un rinconcito oscuro y virtual, a pesar de lo vívido de sus letras. Ante esto, lo habitual es que se junten entre ellos y apelen a la consigna “te leo para que me leas”, formando normalmente una especie de club, en el que nos damos ánimos para no perder la voz, voz que se pierde en un mar de likes, entre ruidosos motores y el sonido ambiente de un noticiero de televisión.
Por lo pronto, podríamos considerar el blog como un pantallazo de letras para descifrar, como un chispazo de palabras para desentrañar, como una vertiente de agua en la que refrescarse, como un momento que atraviesa el tiempo, como uno de esos colores que forma el arco iris sin mostrarlo, y entonces, sí, luego de la detención, seguir. Porque seguir es lo que nos trajo hasta acá.

Los poemas

Hay poemas que conmueven
que sorprenden y promueven
la ternura, encanto y pasión
llenos de delirio y decisión
soberbios, pacatos, precisos
de magnas metáforas, concisos
llenos de simbología e ilusión
que al lector se unen por fusión,
poemas regios y preciosos
simples, libres, luminosos
con ritmo, tono y melodía
llenan el espacio de alegría,
hay poemas dulces, bellos
y éste no es uno de ellos.

El filosofósforo

Ping pong de preguntas y respuestas a nuestro filósofo estrella.

-¿Pienso, luego existo?
-No, ni viceversa.
-¿Ser o no ser?
-No ser.
-¿Sólo que sé que no sé nada?
Ni eso.
-¿Sólo existen dos cosas infinitas en el universo?
Tres, con las preguntas.
-¿El conocimiento es poder?
-¿A usté de dónde lo conozco?
-¿Time is money?
-¡Oh yesterday!
-¿La vida es sueño?
¿Cuál?
-¿El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra?
-Cuatro, cinco y la mujer.
-¿Dios ha muerto?
Resucitando.
-¿El sabio puede cambiar de opinión?
-A la luz del alba.
-¿Es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla?
-Callate, infeliz.
-¿Quién se baña en el mismo río dos veces?
Usté.
-¿Puede enseñarle algo a alguien o sólo puede hacerlos pensar?
-Como bien dice.
-Para finalizar, ¿El corazón, tiene razones que la razón ignora?
Habrá que ver.

Los colores del crepúsculo

En el violáceo de las tardes invernales
brotan auras de espectros fantasmales
que suscitan sombrías imaginaciones
como tinta que cambia en las estaciones.

De ellas surgen muchas elucubraciones
con atisbos de un millón de sensaciones
de resabios de armonías celestiales
de divinidades de aspectos originales.

La belleza se observa en ensoñaciones
regocijo en la visión de lagrimales,
que vibran en emoción crepusculares
cuando caen con el sol alucinaciones.

Fotografía de Jorge Guardia

Piñas

El gordo le zampó un cajón de naranjas por la espalda que lo tiró al piso. Este, largo como el profesor Jirafales, al levantarse, le sacudió el casco por la cabeza, al grito de “¡te voy a romper el alma!”. Una piña de aquél le dio en el mentón, pero el lungo se la aguantó y respondió con un cross a la mandíbula. Ahí empezaron los gritos de los que se habían metido a separar, hasta ese momento sin éxito. Al gordo lo agarraron entre dos, uno le tenía los brazos desde atrás y el otro lo agarró del cogote para que no se le escapara. Al largo, mientras tanto, lo sostenían tres: un petiso lo agarraba de las rodillas, al tiempo que los otros dos lo contenían uno de cada brazo. Todos enardecidos por la virulencia, como no queriendo entrar en razones, como no entendiendo que las cuestiones se podían arreglar verbalmente. Hasta que reinó la calma luego de las palabras del más sensato, que con el delantal puesto, abrió la boca para apaciguar los ánimos y que se disipen las ansias de disputa:
-Muchachos, hay que mantener el distanciamiento social o vamos todos en cana.
El gordo se colocó el barbijo nuevamente. Los que habían estado separando se dispersaron, a metro y medio, y el lungo recogió el casco, se subió a la moto y se perdió en el horizonte próximo. El del delantal recogió una piña que se había caído y la colocó en el cajón. Ahí me acerqué y le dije sin tantas vueltas: Che, ¿a cuánto tenés el kilo de naranjas?

La posibilidad infinita

Al enfrentarme a la hoja en blanco se me presenta un desafío para la comunicación, un desafío de supervivencia, en el que tendré que atravesar senderos poco iluminados y sortear obstáculos que irán apareciendo con el correr de las líneas. La misión, entonces, es dar luz allí donde todo era oscuridad y vencer las dificultades que se presenten, dotando de sentido a lo expuesto. Superado el trance ante la impavidez de la hoja en blanco que va ganando color, se puede avanzar en línea –teniendo el horizonte despejado- articulando las formas del decir, del narrar. La hoja en blanco se parece a la mañana, donde todo está por desarrollarse, un mundo incipiente, todo por resolverse, donde nuestros planes que teníamos a priori pueden verse aplazados o relegados por otras cuestiones que surjan de repente y atraigan nuestra atención. Es como planear un discurso que se viera interrumpido por preguntas del oratorio que nos desvían de lo que teníamos pensado decir y nos llevan, persuasivamente, a recorrer otros tópicos cortando el hilo de la narración, que retomáramos una vez respondidas las cuestiones, como ameritaran. También se parece a la noche sin alumbrado público, donde uno se encontrara con un montón de interrogantes que debe dilucidar sin tener una linterna a mano, a tientas en la penumbra, y a medida que va descubriendo las cosas que aparecen, estas pasan a la dimensión de lo conocido, lo que se puede conocer si se tiene la posibilidad de observar. Allí surge lo que estaba velado, incluso como novedad, que es lo que finalmente el lector observa y tiene la posibilidad, con curiosidad, y la facultad de intelección.

Hoja en blanco
sagaz, persuasiva
coloreas la mente
tenaz, discursiva
serás simplemente
el fondo de algo.

Recogí un lápiz Papermate, del que quedaba sólo la mitad del original, y dibujé un paisaje. Un paisaje que no había visto, es decir, que no tenía correlato en la realidad física. Los medios informativos –así como los chimenteros- se apropian de las palabras de una forma grosera, como si fuese el único campo en el que se emplean, de manera unilateral, y de tanto énfasis y repetición, el consumidor de tales ( cuando no de Mileto ) las concibe con el significado vulgar y es el uso corriente que le da. Realidad es una de esas palabras, que no voy a ahondar en este momento, pero es dable la posibilidad de investigación, si hay curiosidad. Decía, entonces, que se plasmó un paisaje ficticio y pasó a cobrar dimensión en la realidad. Me lo quedé observando, como quien observa un colibrí, y me quedé pensando en cómo todo el tiempo pasan cosas de la imaginación a la realidad física mediante el acto creativo, tal como sucede en la literatura, la pintura, la arquitectura, la cocina, la música, etc. La imaginación crea cosas que luego pasan a ser tangibles, pero ¿qué eran antes de materializarse? Hay diferentes grados de creación, según desde dónde partan, y entonces la creatividad puede entenderse también como un proceso de transformación, proceso que puede seguir cierto orden o no, necesariamente, según la disciplina. Y este acto creativo ocurre no sólo a profesionales, sino a cualquiera también -por ejemplo- con los sueños, bajo el umbral de la consciencia.

Fue así que aparecí en diversos sueños de terceros que me han narrado alegremente. Sueños, claro está, en los que no me veía. Es de suponer que no se me podrá acusar de haber hecho algo inaudito, aunque me hayan visto, ni de hacer un uso inapropiado del lenguaje, aunque me hayan escuchado. Los atributos y cualidades que me consagraron en tales episodios de la vida pueden no tener su correspondencia en la práctica diurna, y es probable que mi voz pronunciase cosas que palpablemente yo no diría. Así mismo, las imágenes, siendo espectros de la vigilia, podrían ser tan fantasmales como las del personaje de un cuento y, de ese modo, aparecer y desaparecer antojadizamente, y no por un capricho mío, sino de mi fantasma que anda merodeando en sueños ajenos, alegrando, atemorizando y balbuceando a mis queridos seres más próximos, en situaciones tan vívidas como cualquier otra, aunque con menor frecuencia que la corriente.

El soñador soñado
viajaba en transiciones
de sueños e ilusiones
en cielos y tejados,
y al transitar la tarde
soñaba las tensiones
del día de emociones
de viajes sin alarde.

Dopamina, en la dosis justa, indicada por su médico de cabecera o su virtual amigo. Se consigue en farmacias o en redes sociales. En exceso, se torna adictiva, y como toda adicción puede resultar perniciosa. En carencia, no hay placeres que valgan. Para la misma no se han encontrado sustitutos, pero la dinámica de las redes ha sabido explotar esta vulnerabilidad humana. El deseo de gratificación con una frecuencia inusitada a cambio de prácticamente nada es la norma. Consiga su dosis diaria, en cantidades ilimitadas, y ¡Dése una panzada! Es fácil, rápido y seguro, no hay requisitos;  simplemente, láncese. Comuníquese con imágenes para un diálogo más significativo.

La visión armónica
de la imagen rústica
transportó retórica
a la virgen críptica,
que dulce y neurótica
bebía apocalíptica.

El arte no replica la naturaleza pero nos aproxima. O es una posibilidad cierta. De la naturaleza nuestra despojada de alienación. En lo que me atañe, la literatura es incapaz de producir revoluciones, por eso se han dejado de quemar libros ( aunque sí se concretó la etapa de su total desincentivación a leerlos ), pero es capaz de producir una revolución interna en cada lector, de principiar una transformación. Como detrás de todo lo simbólico, sin la carga de la utilidad, el lenguaje que empleamos a menudo carga consigo el uso corriente que se le da en ciertos ámbitos, y una vez que se hace un rollo con los significados aparece la literatura para desentramar el contenido, para allanar el camino, para aligerar la carga, para iluminar las sombras. A partir de ahí, donde la cuestión de la utilidad de las artes no se plantea, nos brindan posibilidades asequibles que de otro modo nos quedarían en la lejanía del horizonte inalcanzable.

Arte maldito
artes benditas
como agua cae
que el río trae
gracia inaudita
goce infinito.

Finalmente, sucumbimos a la hoja en negro con manchones blancos, cargada de símbolos y connotaciones. A través de ellos, partícipe integral, la comunicación. Como podrá apreciarse, entre línea y línea quizás se vislumbra el origen crítico de lo escrito, como fuente principal de inspiración, dadora de motivos y sentido, creadora y procuradora de artes, razón de reflexiones inocuas o tardías, desafío primero del escritor y última ilusión del lector. Así como el movimiento o el habla nos llaman la atención, en el momento de la lectura debemos tener presente que detrás de todo lo escrito, de lo narrado, habita el quid de la cuestión, donde los críticos debaten si un texto es o no es literatura.

Calle ahora o hable para siempre

Quiero decir algo aunque no sé si este es el espacio adecuado, ni si es el momento oportuno, ni si están dadas las condiciones, ni si hay efectivamente alguien detrás de alguna pantalla como para asimilar lo dicho, ni si el contexto lo permite, ni si la situación es favorable, ni si hay receptor, ni si la plataforma lo considera ofensivo, ni si sería censurado llegado el caso, ni si es del interés general o particular de algún lector, ni si tiene algún grado de trascendencia o relevancia, ni si está a tono con lo que se está hablando, etc. Por lo tanto, al carecer de datos cruciales para toda comunicación, resuelvo, ejecuto y archivo -dejando constancia en acta- que no he de decirlo, mediante este solemne acto.

Vuelos rasantes del espíritu que despega

Me desperté con la música militar con sus trompetas de guerra que sonaban con nitidez pese a la distancia -unos seis kilómetros-, probablemente facilitada su escucha por el silencio circundante a esa hora de la mañana. Se oía como la clásica música de trompeta de películas cuando se preanuncia el fin de la batalla o la sentencia de muerte de un soldado caído. Creí que tendríamos que ceder el territorio si esto acontecía, pero luego, al despabilarme, recordé que no estábamos en guerra, por suerte, y no sucedería lo que imaginaba. Se trataba entonces del saludo reglamentario que da comienzo a la jornada militar y me sentí tranquilo.

La música me hizo pensar que los artistas deben alentar y fomentar la creatividad en todas las ramas del arte y aún por fuera de ellas. El hombre es capaz de crear y de transformar, pensamientos, emociones y ocurrencias en cosas, artísticas o no, capaces de darle satisfacción. El acto creativo recrea al hombre, lo renueva y oxigena. Desarrollar esta habilidad es posible, en diversas áreas, y a la larga templa el carácter, sosiega el espíritu y fomenta la imaginación, cualidades totalmente apreciables en todos los tiempos que nos toquen por vivir. Crear, algo que hasta ese momento no había visto la luz, es darle vida a nuestras inquietudes y curiosidades, lo cual además puede movilizar al observador y llevarlo a generar cosas él mismo; de esto se trata –en parte- el arte, de recrear, y quien consume arte es artista en potencia.

La mañana se la habían devorado los trámites que tuve que hacer. Oficinas y comercios, papeles, firmas y sellados, se llevaron el tiempo hasta el mediodía que, de tener elección, hubiese optado por deleitarme escuchando a Astor Piazzola; pero no fue así, tuve que atender las ocupaciones y necesidades que no se podían postergar y merecían una resolución inmediata. Todo salió como era de esperarse, es decir bien, y me quedaría el resto del día para otras actividades más sustanciosas, si se quiere. La mañana estaba perdida o era un triunfo, era el dilema que me aquejaba al mediodía. Diríamos que se cumplió con la demanda, y a veces cumplir es hacer lo correcto, por lo que no estaba nada mal la forma de proceder, pese a que mis intenciones olvidadas se distanciaban de los hechos. Quedé conforme, y el bandoneón lo escucharía cuando el tiempo generoso me lo obsequiase.

Apelando a las posibilidades de movimiento con las que contamos aquí, me dije, Caminante: hay muchos caminos por los cuales transitar, sendas nuevas que se pueden descubrir, senderos que recorrer, semáforos que desobedecer, miradas por descifrar, rostros que adivinar. Resuelto, me dispuse a caminar por las invernales calles de la ciudad, veredas vestidas de ramas al finalizar la temporada de poda. Caminar me distrae, en el sentido literal del término aparejado al hecho de apartar el ánimo de una idea ( o de varias ) que a veces me rondan y me acucian sin saber la razón, como un pensamiento frenético que se instala y da vueltas y vueltas, cargoseando, como un chiquilín inquieto que sólo se divierte llamando la atención. En este caso, lo que embota es un cúmulo de ideas que no logro disgregar y ver a la luz de qué tratan; quién dice, quizá hasta sea materia literaria, algo incipiente que busca la claridad de la pluma, el vuelo semántico de un texto. Con los datos de los que dispongo, no lo puedo saber aún, pero es como si fuera un ovillo de lana que uno debe desenredar con mucha paciencia si lo quiere tener en limpio, a disposición, para un uso adecuado. Decía entonces, que caminar me distrae, también en el sentido de que me divierte y me alegra. Los médicos lo vienen recomendando con asiduidad y entusiasmo, y es muy conveniente que así sea, cómo método de prevención y, además, por los beneficios inmediatos que trae a la salud integral. Aunque algunos lo recomienden sin bajarse del Logan, es valioso que lo hagan porque mucha de la gente que concurre a consultarlos lo considera palabra santa, aunque muchas otras personas sirvan de guía en varias materias desde otros ámbitos desde que el hombre es hombre, pero su voz no es escuchada con adecuada atención o ni es tenida en cuenta, lo cual viene a figurarse lo mismo. Caminé y caminé, esquivando ramas, postes, canastos de basura, vehículos, chimangos que te miran con sigilo fijamente, peatones y baldosas flojas. Recuerdo que mi primer grupo musical trunco se hubiera llamado “Baldosas flojas”, con el enchastre en pantalones y calzados que su melodía hubiera causado en los oyentes. Pero es algo que no llegó a ser, como tantas otras que quedan en imaginaciones, proyecciones que no se plasman, quedando la sombra de lo que podrían haber sido. Terminé el recorrido satisfecho, pensando en reincidir cada vez que las condiciones lo permitan.

La noche anterior había tenido un sueño desconcertante que no voy a narrar porque sería grotesco. Lo curioso del asunto es que últimamente los sueños están asociados a personas que no creo ver aparecer en los sueños. Es decir, sueño algo: una situación, un drama, lo que sea, asociado a tal persona, lo cual puedo ver nítido al despertar. No obstante, la persona asociada al sueño en cuestión no aparece en el mismo, funciona como si fuera el título del sueño, si se tratase de un cuento. Esto me pasó dos o tres veces en los últimos días y es una curiosidad que merece mi atención, algo que tengo que investigar y profundizar, porque allana el camino en la comprensión de las cosas. Al soñar se transforma parte de la vigilia incluidos pensamientos y sentimientos, y es probable que también suceda a la inversa, aunque de un modo más subliminal.

Por otra parte, en los últimos días no hubo novedades librescas. Ni pude colocar mis primeros libros en nuevas librerías, ni se comunicó Jack, el editor. Llueve copiosamente, estruendosamente, como un anuncio de cambios. Cada vez que llueve con tanta fuerza, el destino tuerce su camino y algo que se dirigía hacia la derecha gira a la izquierda, o viceversa, sorteando obstáculos y dificultades que la naturaleza de las cosas le pone delante, tal como lo hace el cauce de un río. Si llueve, hay planes que se posponen o se reprograman, y sintonizamos con quienes tenemos afinidad. Por lo tanto, es dable esperar que haya novedades en cuanto a mis libros en el corto plazo, o al menos tanta lluvia me ha dado la posibilidad de creer que así sea y con ello evito por un momento pensar en cosas tan poco atractivas como una enfermedad que nos tiene en vilo.

Se equivocó la gaviota,
se equivocaba:
creyó que el mar era el suelo,
creyó que un techo la playa,
vino a volar al cemento
buscando algo para morfar.
Ahora no tiene consuelo
el mar le queda muy lejos
y se olvidó de volar.

He tenido vislumbres de acontecimientos en diversas y variadas situaciones, por ejemplo al leer, por ejemplo al escribir y en otras. Con un libro de Levrero, me pasó no una sino hasta tres veces, que mi pensamiento adelantara lo que estaba por leer, sin que el autor lo hubiera insinuado siquiera. A eso le llamo sintonizar. Pareciera como si uno estuviera en sintonía con el entramado y pudiera tener alguna visión previa sin buscarla. Este tipo de experiencias no es nada novedoso, pero no deja de llamarme la atención. Escribiendo, también me ocurrió algo parecido. Estaba componiendo una poesía, con inspiración, y uno de los versos se plasmó en la realidad a los pocos minutos, sin tratarse de nada estrafalario, pero sí de algo que si uno no presta atención pasa de largo, como si nada ocurriese o no tuviese relación. A eso le llamo sintonizar. Otros hablan de clarividencia o precognición, facultades psíquicas que con algún tipo de entrenamiento se pueden desarrollar. Aunque estoy bastante ocupado en otras cuestiones por lo que me temo que no podré adivinar el futuro ni es mi intención -como lo hacía el Magush de Silvina Ocampo mirando un edificio deshabitado- al menos por algún tiempo.

Últimamente, el blog me ha dado más trabajo de lo deseado debido a la gran cantidad de spam que llega, sobre todo el último mes. Desconozco las intenciones de tal suceso, pero pienso que parte de lo que hacemos como lectores es detectar y desechar spam en la literatura, ya que -como en el habla- es posible distinguir el ruido de lo significativo propiamente dicho, lo sustancioso de la cháchara en el parloteo. Es decir, desechamos a la basura, similarmente a lo que hacemos al preparar una comida o al ingerir una fruta. No obstante, para tal lector resultará spam un libro que a otro lector le resulte significativo, no hay un algoritmo que lo detecte, a priori, dada la variedad de lectores en el universo, Marte incluido ahora con robots recorriendo el planeta rojo.

Finalizando, cabe destacar que a esta altura de mis preocupaciones, con todos los problemas que tenemos a cuestas, con las inquietudes que nos movilizan como seres humanos y a pesar de los dolores que padecemos y nos hacen titubear, que el kilo de bizcochos cueste trescientos pesos me hace pensar que la subsistencia se está haciendo cada día más… ¿onerosa? Al menos en el ejercicio de supervivencia.

Lobizón

Luna dorada sobre el cielo azul
luna plateada en terciopelo gris
luna soleada con sabor de anís
luna que asoma vestida de tul.

Luna porfía en la nítida fantasía
luna brillando sobre el horizonte
luna bailando más allá del monte
luna que pinta todo de poesía.

Diarios de la peste – Extractos

DÍA 007

“Un helicóptero sobrevoló los cielos de la ciudad dificultando el descanso nocturno, por lo que varios amanecieron de mal humor, enturbiando el ambiente matutino normalmente calmo, hecha la excepción del rugir del motor de los camiones. El aire es bastante límpido a pesar del frío, no se observan aves carroñeras en la costa.”

DÍA 028

“Como no tenían fútbol para ver se prendían a las noticias, y cada caso negativo lo festejaban como un gol agónico, aún sabiendo que –contra lo que decía el Prode– el partido se ganaba por goleada”.

DÍA 055

“La escarcha al amanecer le daba el toque de queda a la fauna local que, inmóviles, impertérritos, no acudían a las esquinas –ni gatos ni perros ni ratas ni bueyes- a chapotear en los charcos congelados como sí lo hacían los habitantes humanos en danzas acrobáticas semejantes a las de Disney sobre hielo, quienes, ni lerdos ni perezosos, subían las graciosas grabaciones para entretener a los infectados que mal que mal, subsistían entre angustias y carcajadas.”

DÍA 076

“La filosofía del positivismo vacuo –que se jactaba de vanagloriar una arista del pensamiento, como si sólo hubiese dos en el poliedro mental- trajo aparejada la sensación de que en ésta época de pestes ha caído en descrédito, salvo para los nostálgicos y porfiados, debido a que la mayoría ahora pensaba en negativos, anhelándolos, como método de cursar el trance de la pandemia con la menor cantidad de males posibles”.

DÍA 101

“En épocas de guerra no se hablaba de otra cosa que de caídos, heridos, batallas ganadas y perdidas. Y el sufrimiento ante el temor como denominador común, como factor constante de preocupación y agitación en la ciudad. Era cierto que no había guerra ni cohesión entre la población, que la muerte no tocaba la puerta dos veces, pero las noticias corrían por los vecindarios como un reguero de pólvora que hacía estallar los nervios de los mejores pacientes.”

DÍA 118

“Lo estrambótico se torna hábito. El día muestra un resurgir de la improvisación. Las ánimas se aplacan, los ánimos varían, la imaginación vuela los espacios siderales en torno a pequeños agujeros negros donde divaga. La información redunda, se reinterpreta y se tergiversa por diversas voces. La cuarentanga se bambolea entre el tedio traumático, el estrés cultural y la distracción rítmica que da la escasez de motores”.

Creatividad cotidiana

Mi cabeza ya no funciona como antaño si no tengo una pantalla adelante. Tan es así, que hoy tuve un bloqueo creativo cuando se me desataron los cordones de los zapatos pero, por suerte, después de quince minutos en stand-by miré un tutorial en youtube de cómo hacerlo usted mismo, y ¡¡vieran ustedes cómo quedaron atados esos cordones!!

Lecturas, escritura y nimiedades

Tuve un contacto, breve pero fructífero, con Jack, que sino el destripador, el editor. En principio, accedió a leer mi selección de poesías, lo cual es un avance en este anhelo de publicarlas. A pesar de la corrección y selección minuciosa de las mismas, siempre quedan puntos por colocar, comas que sacar, poemas que excluir, versos que añadir. No obstante, ya no había tiempo para eso: me jugaba la carta que me había dado la baraja y ahora sólo queda esperar a que las condiciones sean propicias. Me parece una buena selección, con rasgos que parecieran seguir al menos una línea con la primera, pero con su toque distintivo para que el lector de aquella pueda sorprenderse, embelesarse y aventurarse en y con la lectura de la segunda. El título ya lo aventuré hace tiempo, veremos su devolución o correspondencia.

Pasaron dos largos días sin escribir y mi consciencia no me lo perdonaba, siento el deber de hacerlo, por vocación, por oficio y por satisfacción. A veces tengo tanto para escribir que el sólo hecho de postergarlo me da escozor, por eso digo que hay que robarle tiempo al tiempo para dedicárselo a aquellas cosas que nos hacen felices, que nos dan la posibilidad de sentirnos bien, sin peros. Tengo más de cien borradores, que como reloj de época, esperan darle cuerda para que hablen. Imagino que saldrán cuentos y poesías con esos disparadores de la imaginación, valga la redundancia, en diversas asociaciones y disociaciones, representaciones y argumentaciones, para darle vida a distintos textos que el lector del mañana ejecutará y dará su veredicto en cuanto a calidad, calidez y esplendor.

Omití decir que estuve con el doctor Bloom. Lo encontré distraído en su disfraz de astronauta protector de virus, escupitajos y malas lenguas, por lo que no pude sacar mucho en limpio. No me prestaba atención, absorto en sus cavilaciones, y eso me incomodó por lo que en vez de hablar de mí, le narré parte de historias del Ingeniero Luiggi como si fuera propia, incluido el cuento que me había enviado vía audio por whatsapp, y le causó gracia, por lo que pude –terminando la consulta- obtener con ello un poco de su atención. Es que la atención es caprichosa, más en estos tiempos en que las pantallas nos distraen a cada momento, por eso pierde su foco rápidamente, para entretenerse con cualquier cosa, y esto también le pasa a los doctores, que tienen que hacer todo un ritual para quitar las distracciones de las salas para dedicarse a sus pacientes. Finalmente, y para no ser descortés, el doctor Bloom me sugirió que el cuento aquél debía ser publicado en algún periódico aunque más no sea digital, o una revista de índole política. Le agradecí la sugerencia y me fui más pronto que tarde.

Llegó a mis manos un librito de Silvina Ocampo que me dejó fascinado. Es una recopilación de cuentos y poesías que se entreveran entre temáticas que van desde el amorodio hasta la muerte, con un estilo propio de quienes cultivaban las letras en Argentina en aquella época, destacando con sus referencias a la literatura universal y el estilo de vida burgués de aquellos años en las pampas húmedas. Asumiendo las distintas posibilidades del narrador, los cuentos pueden asombrar al más cauto y degenerar a los más obstinados. La literatura refinada de Silvina Ocampo es capaz de llegar con pulcritud y deleite a aquél lector que se aventure a su encuentro.

Por otro lado, me llegaron por estos días, también, números de una colección de ciencia ficción que con sólo ver las tapas y espiar un poco sus páginas uno sabe que sucumbirá al placer de leerlo y desentrañar el maremágnum de palabras e imágenes que se me vendrá a la mente cuando proceda a recorrerlas. Faltó -y es una pena- un número especial dedicado a Robert Sheckley que había solicitado, autor de quien he leído sólo dos cuentos, muy buenos, sino uno, ambos. Al parecer, había un error en el catálogo y ese número no estaba incluido, por lo que me quedé con las ganas de recibirlo. Quedé más que satisfecho con esos números de la colección, que voy a leer cuando el ánimo, la meteorología y la inquietud así me lo permitan y/o propicien.

Esta nueva enfermedad fagocitó la voz de los medios y, con ello, la de muchos interlocutores, que no hace otra cosa que girar sobre un mismo tema. Supongo que en las guerras, ante el miedo de una muerte inminente, habría también soldados que recurrirían al humor, como modo de salvación inmaterial del espíritu. Sin embargo, aquí hay balas que pican cerca y todos los días tenemos novedades de los estragos que ha hecho y está haciendo por doquier, amén de la esperanza científica de encontrar paliativos. Por eso se debe hacer foco en el tránsito de la situación y no en algo que no manejamos nosotros. Las pérdidas, dolor de nuestros días, nos recuerdan muchas cosas, entre ellas que el afecto da valor para afrontar las dificultades y seguir adelante, pese a lo doloroso de la misma.

Me puse en sintonía con El Satélite en charlas no conducentes que nos dejaron divagando a cada quien en lo suyo, en lo difícil de asimilar conocimiento, conocimiento o comprensión que puede dar alivio a una situación determinada, en por qué cierta gente se aferra a una creencia o varias que no le dan tranquilidad ni sosiego, pero que es capaz de defender hasta el punto de la ofensa. Acercamos posiciones, pero no hubo encuentro, por lo que cambiamos de sintonía a la espera de un nuevo acercamiento. El Satélite, como he dicho, sabe y mucho, y no acepta que su interlocutor no sepa, por lo que exige, al menos, opinión o veredicto, aún desde el desconocimiento o el desinterés por el tema que se esté tratando, y eso resulta un poco incómodo, más cuando no tengo ni remotas ganas de emitir juicio u opinión.

Estimo que las primeras impresiones de la mañana, lo que recibimos tanto visual, como auditivas o gustativas, son las que condicionan el resto del día, estados anímicos, claridad en la comunicación y demás.  Spinetta rasgaba la guitarra con alevosía, su voz casi no se percibía hasta que un agudo canto salía de los parlantes, alegando “no estar atado a ningún sueño ya”. El perrito rasguñaba la puerta pidiendo atención, alimento o algo por el estilo; sabía bien que tenía alimento suficiente como para querer un poco de atención esta mañana no tan fría como las anteriores. Esa moto que pasaba tenía un desperfecto en el caño de escape que le hacía emitir explosiones como de una granada cada treinta metros. Las teclas al escribir esto sonaban al compás de Almendra, salvo cuando mis dedos se detenían rascando la cabeza en busca de poner en funcionamiento el cerebro, quizás aletargado por el recuerdo. Un gorrión canturreaba sobre el árbol que da a la ventana, y pronto otros se unieron al coro. Sorber el mate me hacía recordar tradiciones, rondas de amigos riendo y conversando en el living de mi casa paterna. Los coolers o ventiladores de la computadora trabajan sin descanso en  una vibración que no me molesta ni me saca de mis cavilaciones, pero hacen notar su presencia. Otra canción de Spinetta callaba ahora en los parlantes y me permitía escuchar el ruido de mis vísceras reclamando, tal vez, alguna ingesta. Ahora el gorrión había formado una banda musical aprovechando que los perros se quedaban a dormir hasta muy entrada la mañana y no los correteaban si descendían a picotear algo en las veredas o a tomar un baño en los charcos. Mi respiración era intermitente. Los zapatos apenas se sentían al dar unos pasos hasta el baño, podía estar tranquilo de no interrumpir el descanso de nadie en la casa. El correr del agua siempre me da la sensación de estar en pleno contacto con la naturaleza. Se oyó el primer ladrido de la mañana y los vehículos ahora aparecían más regularmente. Un conductor encendió un cigarrillo al doblar por la esquina. Tosí un poco por una carraspera en la garganta. Ya aparecían los camiones con su rugir detrás del silencio interrumpido. Al rato, el hipo se había hecho presente en mi organismo. Si bien por la noche no tendría ni tiempo ni intención de recordar estas nimiedades, serían la base de lo que el día me estaba obsequiando: una caminata placentera, charlas fructíferas, un beso delicioso.

Hermeticosas

“Todo es dual; todo tiene polos; todo su par de opuestos”
Hermes Trimegisto

Fui temprano a ver al doctor Bloom pero no lo encontré. En su lugar, entre los pasillos, apareció otro doctor, mucho más joven, que me dijo que llegaría cerca de una hora más tarde de la que había asistido al encuentro. Pegué la vuelta y se veía que el trajín había comenzado mucho más temprano para todo el mundo que el día anterior o, al menos, era la impresión que me daba. Al regresar preparé el mate. No voy a hablar del frío que hace, salvo para decir que los pastos, bien temprano, estaban blancos como el marfil y duros como el granito. Digamos que “hice tiempo” hasta el encuentro con el doctor Bloom, es decir, lo malgasté en naderías, ya que ni siquiera escuché música ese rato ( ¿habrá gente que escuche música como actividad exclusiva y excluyente hoy día?). Comenzó la sucesión de mensajes que no pude atender porque tenía el encuentro que me había tenido pensando en decirle todo lo que le quería decir y cómo hacerlo. Es notorio que es más valioso a mi juicio lo que le tengo para decir que lo que él me diga. No obstante, siempre saco cosas en limpio de lo que me dice o insinúa. Me fui nuevamente a verlo y no había nadie. Caminé por los pasillos y pregunté en el laboratorio. Una joven bioquímica me dijo que había un cartel con los horarios de atención del doctor. Mintió, no había ningún cartel. Me quedé esperando afuera con la intención de verlo aparecer con su andar divertido. Pero nunca llegó. Al rato salió una mujer flaca mal nutrida a la que apenas se le veían los ojos que no sé qué función cumpliría allí diciendo que el doctor hoy no iba a ir, o no podía aseverarlo, que lo más seguro era volver mañana, por lo que me fui sin verlo mordiendo lo que tenía para hablar. Después hablé con il capocannoniere por teléfono y lo encontré de maravillas. Al oírlo, ya en la voz se le notaba un repunte anímico increíble, con el vigor que lo caracteriza, contándome de las mejorías en la salud, por lo que me dejó muy contento.

Al rato empezó la cerbatana de mensajes vía whatsapp. Y entre ellas, lo más rescatable, fue un cuento que me envío el Ingeniero Luiggi a través de un audio. Con su voz grave, interpretando un diálogo -del que no voy a dar detalles- que me gustó. Lo llamativo del asunto, no era la interpretación, que fue impecable como la de un excelente lector, sino que la autoría del cuento era propia, y eso me conmovió porque era inesperado,  además era un buen cuento. Ahora tengo un competidor impensado en la literatura. Debo apurarme a escribir todo lo que imagino, pienso, veo y percibo antes de que otro lo haga por mí y se lleve los laureles de la gloria o los tomates de la detracción de los lectores.

Habría que hablar de solidaridad, como hacen las campañas, para aquellos que esperan afuera en el almacén con temperaturas tan bajas. La gente se queda hablando adentro minutos que pueden ser letales para los que están afuera. Se me hacía larguísima la espera y ya imaginaba que estarían hablando del frío que hace desde que llegaron las lluvias, sin darse cuenta que más frío hace para los que están afuera del almacén. Finalmente, pude entrar cuando una persona salió y no tuve más ingenio que preguntar cómo andaban a los allí presentes, cuestión que derivó en charlas en torno a qué otra cosa que: el frío. Todos nos damos consejos sin que se nos pidan de cómo afrontarlo y nos preguntamos cómo se hace para llevar esta situación. Le preguntaría a mi abogado qué fórmula tiene para ello pero se contagió de covid y está incomunicado. Compré lo que fui a buscar y volví. Vi una publicación que me llamó la atención, que me terminó llevando a encontrar dos editoriales candidatas a publicar mis poesías, por lo que rápidamente me puse en contacto y quedé a la espera de alguna respuesta, aunque el asunto me tiene sin muchas ilusiones por el contexto que parece no ser favorable, según los más criteriosos, para que la gente lea, y nunca lo es. Los momentos de lectura son raptos que el lector, ocasional o asiduo, tiene para “robarle” a otras cosas que le consumen el tiempo del que dispone, según las particularidades de cada uno.

Luego de un tiempo de atenciones, cuidados y ejercicios, vi que todos parecían contentos de emprender el día, y con él la vida, por lo que me desentendí de gente y cosas para atender otras gentes y otras cosas. Uno tiene que desentenderse cotidianamente, es una acción que trae aparejada muchos beneficios. Los hindúes hablan de desapego, pero no sé si a nosotros esa palabra nos dice algo; en cambio, desentender, lo cual no significa descuidar sino todo lo contrario, cuidar y entender que todo puede cuidar de sí mismo dadas las condiciones, me parece que nos dice algo más que lo que oímos de un brahmín. La cuestión es que tuvimos una comunicación visual con El Satélite, como siempre muy jugosa, sin llegar a nada en concreto y siempre yéndonos por las ramas, pasando por la primera película Matrix y el Kybalion que nos dice que la mente es todo, hasta diversas teorías especulativas que llegan a nuestros oídos. El Satélite sabe mucho, de varios temas, pero más que embeberme de su sapiencia me gusta cuando empezamos a divagar en las charlas y se desvían de su cauce natural para entrar en lo especulativo, los delirios con tintes científicos y el viaje imaginario con soluciones chamánicas para los problemas del mundo.

Cuando me estaba yendo por sexta o séptima vez en el día, me llegó la lista de los nuevos ingresos de libros en un reciente descubrimiento de proveedor de libros en la ciudad ( ciudad donde sólo hay una librería con local comercial, dedicada a la venta de libros escolares, principalmente ) y encargué un par, uno de poesía y una novela, que me van a estar llegando en los próximos días. A veces me pregunto por qué entretenerse con letras cuando es más fácil hacerlo con una pelota e incluso tener algún tipo de protagonismo, pero sin buscar respuestas ni justificativos; sencillamente, son cosas que no van por los mismos carriles aunque no opuestos y cada una tiene su cuota de gratificación, de placer, que es lo que nos seduce y nos atrae, y en ellos nos desenvolvemos. Quizás incluso habrá tiempo para escribir las memorias de un goleador o para patear un penal en una cancha de fútbol 5 entre jubilados del rock and roll.

Tres versiones de canto

No sé qué había soñado pero como de costumbre el sueño me dejó pensando en toda suerte de cuestiones a las que no les dedico gran cosa a lo largo del día. Después del café, lo primero que sentí al salir fue el aire helado en el rostro. Como escritor invernal, ahora entiendo el chiste aquél en el que te preguntan capciosamente si vos sabés lo que es el arte, y más que entenderlo lo padezco como todo artista de países en las vías del desarrollo. Un par de gorriones disputaban con bullicio por un poco de luz solar en una rama. Es suposición de mi parte, aunque tal vez me equivoque y juegan al amor. Descubrí los primeros charcos congelados sobre el pavimento, réplicas de pistas de hielo que evitan los motociclistas. A esa hora de la mañana sólo puede haber dos negocios abiertos en el barrio: el forraje y la panadería. Como los perros ya tienen alimento resolví buscar alguno para mí. Entré en la panadería y el contraste de ambientes era muy notorio. Lo cálido del lugar daba mucho placer, y ni hablemos de la degustación culinaria a la que estaba a punto de sucumbir seducido por el aroma exquisito que emanaba de los hornos y las estanterías del local. Regresé por calles distintas a las que había ido, y en el camino encontré una piedra extraña en un lugar poco usual erguida como un tótem al que las hormigas le rendirían un culto pagano, con sacrificios y ofrendas a la deidad si llegaban, atravesando la vereda ante el peligro de los peatones que transitasen el lugar; las que morían en la travesía o ahogadas por las lluvias serían ofrendadas al tótem como muestra de lealtad del pueblo; las que resultasen malheridas de un pisotón serían sacrificadas. Luego, al seguir camino recordé uno de los sueños. Se había hecho un gran silencio, y en el silencio, comenzaron a cantar. Eran cantos desgarradores, lastimeros, una mezcla de tonos agudos como lloriqueos y graves como de truenos, presagiando la tormenta que se avecinaba con oscuros nubarrones. El golpeteo de los tambores con fervor entusiasmaba a los que hacían el coro, coro desprolijo en su lenguaje nativo que no pude comprender. Enseguida, las mujeres se dispusieron a danzar frente a la fogata, con saltos acrobáticos por encima del fuego corriendo un riesgo que las llenaba de adrenalina y las hacía sonreír con cada triunfo. Los dos ancianos que se erguían  entronizados en las rocas empezaron a recitar salmos o poesías cuando aquellos se hubieron callado. Todos nos sentamos alrededor de la fogata para escucharlos hasta que apareció el primer trueno de la bóveda celestial y cayeron las primeras gotas, gordas, gruesas, que pegaban en los cuerpos desnudos de todos los que participaban del ritual, gotas que pronto se transformaron en un aguacero que arreciaba sobre todos y nos tuvimos que guarecer en las chozas. A través de la paja, aún podía ver el fuego y cómo, poco a poco, iba apagándose por la lluvia.

Hay cuentos que son reveladores, pero hay otros que son disparadores de la motivación, de la vocación. Uno de estos últimos es “El milagro secreto”, de Borges, el cual es como una alegoría de la vida misma y, si bien el protagonista escribe, se podría tratar de un cocinero, un músico o un hombre de negocios tranquilamente si el lector lo considera. Seguí caminando hasta llegar a casa. Comí unos pocos bizcochos, que aún estaban tibios, preparé el mate, puse a andar el lavarropas y se disipó el manto de silencio que cubría el ambiente. Comenzaron las charlas, los camiones y la música. No fue hasta media mañana, al oír un perro, cuando tuve un atisbo de otro de los sueños que había tenido en la noche: Estaba en un recital y se produjo un silencio muy pronunciado que generó inquietud y expectativa. Algo pasaba en los parlantes o el equipo de sonido. Los técnicos corrían de un lado a otro ante la impaciencia del público. El bajista se arrimó a la primera fila y acompañó al público que había comenzado a cantar, aunque más atrás sólo se escuchaba el canto del público, las voces desaforadas de la muchedumbre. El cantante pateó un parlante con rabia, ni siquiera les podía dar un mensaje esperanzador o decirle que les devolverían el valor de las entradas si no solucionaban  el desperfecto. La gente seguía y seguía cantando siempre la misma canción, principalmente el estribillo, repitiéndose hasta el cansancio. Con el correr de los minutos, y la desesperación de sonidistas y técnicos, la desesperanza de la banda -que creí reconocer como No te va gustar– por ver fracasar el recital y el desconcierto del público, los cantos se convirtieron en bulla y griterío, incluso hubo forcejeos y algunas piñas volaron por el aire. Muchos comenzaron a retirarse, otros querían subirse al escenario, pero el personal de seguridad actuó rápidamente para impedirlo; de hecho, varios fueron arrojados entre los otros con una fuerza bestial y uno me cayó encima. Hubo corridas, gases, y banderas incendiadas. La banda hizo gestos de disculpas y se marchó. La voz cantante del grupo intentó decir algunas palabras al público pero nadie lo escuchó. Todos oscilaban entre el fervor y la desazón, o una mezcla de ambos. Furia y desilusión también enturbiaban el ambiente. Los cantos habían cesado. Quedaba el humo y los reproches por lo bajo entre la gente que se retiraba del estadio, caminando lentamente, prometiendo volver.

Sonaban las notificaciones del hot sale en el celular, que no atendía, y llamó el cartero, que sí atendí. El mate se había enfriado por lo que tuve que calentar el agua. Aproveché para cambiar la yerba, esta vez por Verdeflor. Atendí a los perros que, a pesar del frío, celebraban la mañana. El mecánico había comenzado a trabajar con los motores, que se hacían escuchar a pesar de la distancia. Envié varios mensajes pero todavía cada quien estaría con sus sueños a cuestas, por lo que no respondían. Un carro tirado por un caballo pasó como casi todas las mañanas, antes del mediodía, que se me venía encima como un tren a todo vapor y pronto otras actividades, noticias apareciendo y quehaceres me llevarían a dejar lo que tenía pensado para el día. Al observar el caballo, recordé el otro sueño que me inquietó durante el descanso nocturno. En mis cuentos no hay espacio para la guerra, al menos en la cosecha hasta la fecha, pero en mis sueños pareciera que sí, y al parecer era un soldado. Un grupo de cinco comenzaron a cantar. Estaban atemorizados por el horror de lo acaecido minutos antes. Los otros soldados no decían nada, aparentemente aguardaban alguna orden del coronel. Entonaron una canción que León Gieco había hecho popular: Como la cigarra. Y aquellos cantaban “tantas veces me mataron” en un coro auténtico, como si lo hubiesen estado ensayando hacía meses. Los soldados que los rodeaban y apuntaban con los fusiles M46 se miraban entre ellos sin comprender el acto de aquellos. El soldado Henry Pierce ( alguien lo nombró ) se reía con ahínco en una carcajada que estremecía a los improvisados cantantes, aunque no tanto como para interrumpirlos, pues seguían abrazados entonando “tantas veces me morí”. De repente, sonó el intercomunicador del soldado Pierce con órdenes del coronel: ejecútelos. La balacera de los fusiles M46 no se hizo esperar y acabó con el canto de los cinco soldados, que supe en ese momento eran desertores. No alcancé a escuchar nada más luego de que el silencio vuelva a cubrir todo el ambiente. Me alejé, con una lágrima rodando por mis mejillas que no supe que había salido de mis lagrimales hasta que la sentí en los labios. Ya estaba bastante lejos de aquella matanza y supe que no me iban a escuchar cuando entoné el verso final: “Sin embargo estoy aquí, resucitando”.

A pesar de los cantos, el silencio, la música que me acompaña en la mañana, no tengo registros del orden de tales sueños, más que como vino su tenue visualización en la vigilia. Lo que me queda en limpio es que tendría que haber aprendido idiomas para comprender el canto de los nativos, cosa que todavía estoy a tiempo de hacer. y que en los recitales los rituales pueden fallar. El soldado me recordó que en Henry -librería en Bahía Blanca- se pueden conseguir mis libros.

Cómo escribir poesía de ciencia ficción

En derredor de un planetoide
o viajando en un asteroide
plasma con sigilo un verso
que atraviese todo el universo.

Estampa con tinta el corazón
desde Mercurio hasta Plutón,
que haga un trecho a la luna
el poema, cual canción de cuna.

En atención al gran concurso
inyéctale zinc al extraterrestre,
metáforas de alien, como recurso.

No olvides cargar en la nave
alegorías un tanto pedestres,
humano en lo sideral, es clave.

Recorre el infinito cosmos
evadiendo lo que, creo, somos,
comparando civilizaciones
y que rime con tus creaciones.

Por último, no menos importante
deja estrellas de vista intrigante,
no cultives nobles sentimientos
en el espacio sabes que no hay viento.

Días y problemas


Esta semana tuvimos algunos problemas de esos que aparecen para sacarte de lo rutinario, cosas imprevistas pero previsibles o al menos factibles. Entre ellas, se rompió el lavarropas que ya venía castigado, con un funcionamiento que dejaba mucho que desear. En principio me lo tomé tranquilo, sabiendo que le tenía que buscar una solución rápida y económica. El sábado vino Maratón e insistió en que quería verlo y meterle mano. No quería molestarlo pero su personalidad me llevó a ceder y dejarlo que haga lo que le parezca. Contra mi pronóstico, encontró la falla de por qué el lavarropas no arrancaba en ningún programa: se trataba del cierre electrónico de la tapa frontal. En un arreglo que le había hecho yo, para que pudiera cerrar la tapa, el electrónico se había soltado ( aunque estimo que tal vez se soltó en uno de los centrifugados cuando dejó de funcionar ) y los programas no detectaban el cierre de la puerta, por eso es que no iniciaban. Habremos estado cerca de dos horas para que quede finalmente en funcionamiento y bien presentado, ya que mostraba otros desperfectos de orden estético; lo que más tiempo nos llevó fue encontrar los tornillos adecuados para cada ensamble. Es increíble la cantidad y variedad de tornillos en existencia. Después lo probamos con ropa que había quedado sin lavar y el funcionamiento fue impecable.
Cambiando de tema, descubrí un sitio en Internet que te permite escuchar radios de casi cualquier lugar de la Tierra, desde FM hasta AM. Anoche me quede escuchando “Uruguayeces”, en Radio Maragata, y me di un gran gusto con ese paseo musical de tan rico espectro armónico-melodioso. A decir verdad, no fue un descubrimiento propio este sitio, sino que me lo había pasado Maratón en algún momento que no le presté demasiada atención al asunto pero que había guardado entre los favoritos. Ahora, mientras escribo esto, radio Maragata mutó drásticamente de la delicia cultural de música local al popular internacional, bastante soso, Enrique Iglesias, lo que me lleva a viajar a Ciudad de la Costa y escuchar radio Versos compartidos, donde pasan algo de Ratablanca,  para continuar con Ricardo Arjona, ¡vaya manera de atravesar el Río de la Plata!
Gran parte de las radios de frecuencia modulada se repiten unas a otras, como si los encargados de pasar música no tuvieran gustos musicales propios, o estos se hubieran amalgamado en una masa compacta que no les permitiera elegir qué música pasar, en nombre del gusto de una supuesta mayoría, que también carece de gusto propio, pero en este caso sin opciones ya qua la música que se le ofrece se repite hasta que queda embutida en la corteza cerebral de los oyentes como un rítmico tic-tac.
Otro de los problemas que se suscitó estos últimos días no era en realidad un problema en sí, sino que había estado intentando ponerme en contacto con algún editor para que acceda a leer mi segunda selección de poesías y se dignase a publicarlas. De cuatro, sólo dos me respondieron y ¡con mucha amabilidad! ( Santos Locos y Caleta Olivia ), pese a la situación de pandemia, virus, incertidumbre y preocupación en la que estamos inmersos. Ambos me dijeron que no tienen pensando publicar nada, salvo intentar “sacar” lo que les quedaba pendiente, postergado por lo acaecido. Uno de ellos me señaló, además, que para las editoriales pequeñas es un momento pésimo. En este momento se me ocurre recordar varios artículos o publicaciones en los que hablo del escaso interés en la literatura, al menos en la parte de población que me toca conocer un poco más de cerca, pero no quiero ahondar en el tema ahora, para eso los escribí en su momento y están por allí publicados donde cae cada tanto algún internauta a echarle un vistazo, pero vale decir que no es solamente una apreciación mía sino también de editores que manejan y entienden la cuestión comercial, ya que qué mejor situación para vender libros que estando la gente obligada a permanecer en sus casas. Sencillamente, hay escaso interés. Maratón me sugirió que busque publicar en España, cuestión que ni se me pasa por la cabeza, entre tanta gente miles de versos mejor versada que yo estimo que no tendrían casi valor mis textos, si bien en el blog son leídos por muchos españoles, al menos con curiosidad. De momento, me queda insistir con alguna editorial con las que aún no tuve contacto y esperar una respuesta favorable a mis intenciones, aunque es incierto.
Otro de los problemas (y vaya si es un problema) de estos días es cómo pasar el frío y no morir en el intento. Esta zona está más cerca de ser antártica que caribeña, por lo que las temperaturas bajas ya se tornan intolerables. Por momentos me canso de sólo pensar en el frío que estamos pasando y de hablar de él, que ya no sé cómo combatir, después de acumular prenda sobre prenda. Habrá que hacer alguna instalación para los próximos inviernos, y una salamandra se muestra como una buena posibilidad, al menos para poder escribir unas líneas decentes que no tiriten sobre la pantalla. Cuando salga a la calle, habrá que apechugar y usar bufanda.
Luego de un tiempo, las redes sociales se me tornan predecibles. Hoy día, parece más fácil ser algoritmo que persona. Como toda adicción, me comen la cabeza como un Pac-man, y urge hacerse un espacio-tiempo no-virtual donde vivir. Las bondades que me ofrecen contrastan con el tiempo que siento perdido por no ocuparme de otras cosas, que se lo puedo dedicar a gente en persona y a leer y escribir, actos mucho más sustanciosos, jugosos y si se quiere lúdicos, que me producen mayor movilización y satisfacción. Por eso las dejé en suspenso hace unos cuantos días ( días en los que leí varios libros deliciosos ), sin desatenderlas, pero tampoco darles una atención desmesurada y poco afín a las cosas que sinceramente me interesan.
El otro problema que surge en estos últimos tiempos son los vaivenes en la salud de mis seres queridos y allegados, lo que incluye el padecimiento de tanta gente con esta enfermedad y las que ya existían, pues cuando la salud trastabilla todo parece bambolear y uno se carga de tristezas. Si bien sé que toda situación es transitoria y luego se tiende al equilibrio, no dejan de ser momentos de inestabilidad, drama y penurias. No obstante, me tranquiliza aquello que leí por allí, creo que en alguna revista no partidaria de los conocimientos impartidos por la NASA, en el que dicen que en la creación de un próximo Universo, la salud sería tan contagiosa como la risa.

Ajetreo

¡Qué día complicado! Compuse propuse repuse dispuse
Compaginé imaginé encaraginé
Divagué vagué amagué sufragué
Empaqué opaqué saqué destaqué
Vestí resistí desistí insistí revestí y todavía tengo tiempo de existir en modo virtual.

En mi sueño eres tú

Otro sueño que se esfuma
Esperanza de esta pluma
Por darle voz al corazón
Que navega sin timón.

Otro sueño a la deriva
Sin embargo sigue viva
La connotación lasciva
De esta lengua primitiva.

Otro sueño que despiertan
Disgresiones encubiertas,
Conclusiones tan inciertas
Que ni al viento lo conviertan.

Otro sueño que se aplaza
Que derrapa y se desplaza
Cual paloma de la plaza
Picoteando una calabaza.

Otro sueño, otra muerte
Me engaña y me divierte,
Y aunque no tenga la suerte
Tengo el gusto de quererte.