Literatura universal ( Microcuento )

Un hombre nació, vivió decorosamente, sorteó dificultades, se enredó en otras, entabló relaciones, destrabó compromisos, tuvo problemas -es cierto- pero no por ello se amilanó, se desanimó, fue un ferviente entusiasta, incluso quizás trabajó, creyó, creó, se desilusionó, amó la vida por momentos, estuvo en guerra con la existencia, hizo lo que todos hacen. Murió. Pero el final nos deja una enseñanza.

El sota ( Microcuento)

Ayer te llamé, pero no estabas. Barajé la posibilidad de encontrarte en el café. Cuando me quise acordar, ya te había olvidado. ¿Dónde te habías metido? Esperé. Fumé dos pitadas y me asquié. Guita no me sobra, pero un pucho es un pucho, y lo guardé. Había mucha gente caminando. Inicié una conversación con la vecina de mesa. Jodimos, bromeamos y en un momento incluso nos abrazamos. Kiosco cerca para comprar forros no veía. Largamos la carcajada.
-Mirá, sería bueno continuar con esto en un ambiente más cálido. ¿No te parece?
¡Ñandúes y comadrejas! Oí su sensual voz generarme un cosquilleo que bajaba desde el cerebro hasta mi entrepierna. Podría avanzar y tirarme a la pileta, pero algo que vi en su cartera me hizo dudar. Quizás era cuestión de… Reculé. Siempre recuerdo las palabras de mi amigo Marlon que me invitaban a desconfiar. Tomate un tiempo y pensá, me decía. ¿Usted qué haría? Viérame en semejante situación, de calor en ebullición. Wanda Nara, fea a su lado, me dijo que tardé mucho en decidirme y se fue, antes de responderme cuando le pregunté por su nombre. Xiomara, imaginé.
-¿Yo? Zoilo, la hubiésemos pasado bien. -le grité, pero ya iba cruzando la avenida y creo que no me escuchó.

Azul marino

Borro más de lo que escribo
y la tinta no me mancha,
en algún verso sigo vivo
en los otros, banda ancha.

Tiempos fuleros tocaron
de pluma, barbijo y lanza,
Don Quijote y Sancho Panza
un camino nos trazaron.

Pero esto es el tercer mundo
dimensión de la Providencia,
de atardeceres profundos
de mate, amor, negligencias.

Y entre amistades virtuales
se gestan las tradiciones,
y en cotidianos rituales
se nutren las religiones.

El tiempo todo lo cambia
el viento nos aglutina,
en los desiertos de Zambia
en Patagonia argentina.

Mientras, sigo borrando
en la memoria viajando,
trabajo la hoja en blanco
si no lo escribo me estanco.

Vivimos como podemos
amamos como queremos,
deseamos cuando nos dejan
si nos dormimos festejan.

Sean eternos los laureles
los espejos de oropeles,
los millones de colores
los discursos, los olores.

Sean eternos los amores
las orgías, los errores,
todo menos los dolores
las fortunas, pormenores.

Acostumbrarse a lo injusto
es moda en tono vetusto,
con daños de larga data
donde se pierde y empata.

Sociedad y carambola
del río que contamina,
está la luna tan sola
sólo nos queda la espina.

Mas no todo se marchita
ni hará que el mal se repita,
quien cante «la vida es buena»
hará que valga la pena.

Con las olas sueña el mar
quisiera seguir viviendo,
si se me da por soñar
a veces muero escribiendo.

De a ratos, la vida duele
de a ratos, hay alegrías
de a ratos, el hombre suele
de a ratos vestir poesías.

Me despido, esta noche,
entonces le pongo el broche
de baratija y de latón,
sólo pongo el corazón
la tinta, la hoja y la pluma
el mar le pone su espuma.


EL BASURAL ( Microcuento )

Los desechos de la ciudad se reúnen para conversar, una bolsa habla de hermandad, una caja de falta de humanidad.
-¿A vos por qué te tiraron?
-Dicen que huelo mal y no sirvo para nada, casi como a un anciano que mandan al asilo.
-A mí me dijeron que soy descartable. ¿A vos te parece? Como naipe en el chinchón me tratan.
-Bueno, pero la sacaste barata, te podrían haber reciclado.
-Esto debe ser el purgatorio. De acá nos mandan a ese infierno que llaman el basural. –dijo la caja.
-No creo que lleguemos a tanto, yo por mi parte volveré y seré botella.
-¡Ahhh el viejo anhelo de volver! De reminiscencias y nostalgias de la buena vida, cuando éramos útiles.

Leer es un acto poético, Juan José Saer

La lectura exige una dosis de inspiración. No se lee todos los días de la misma manera y muchas veces se lee sin inspiración. Leer no es la actividad voluntaria que determinan las necesidades del saber, sino un acto poético que si se realiza en frío no produce ninguna modificación en el sujeto. La lectura […]

Leer es un acto poético, Juan José Saer

Saer o no saer, esa puede ser otra de las cuestiones. Gracias Calle del Orco.

SESIÓN ( Microcuento )

A fines de los 90, Julio, en su curiosidad juvenil, se dispuso a estudiar psicología, pero no porque tenía intenciones de ejercer la profesión, sino para tener un conocimiento más cabal de las cosas y la gente. Fue así, que tras leer un bibliorato gordo y pesado de numerosas sintomatologías, llegó con justeza y convicción, luego de un estudio exhaustivo de sí mismo y el conocimiento al que acababa de acceder, a diagnosticarse todo, al menos todo lo que se detallaba en esa publicación, desde obsesiones y pasando por manías hasta la inmortalidad.
Y quién sabe si hoy día en las sesiones semanales de psicoanálisis con el doctor Bloom que tan bien le sientan ( pese a que las realiza acostado ) no descubre algo más de su ser.

Creo que sí

Creo en DOS creador del archivo y las carpetas
que abrió puertas y dio a luz a las ventanas
que en su inicio propagaron cual paganas
nuevas costumbres transformadas en rituales
que hoy se yerguen extendidos y virtuales
sin el encanto de tus dos hermosas tetas.

Un dos tres… adentro

Mantenerse a flote entre tanta agua
Respirar e inspirar y volver a respirar
En este valle de lágrimas y sollozos
En la fachada festiva y de agitación
En el ajetreo, en la calma vacilante,
En el palabrerío, el silencio y el bullicio,
Respirar, volver a inspirar, suspirar
Y moverse, como transeúnte pensar
En el hospitalario sentimiento,
Ante el trajín de nuestras emociones
A flote, tras haberse hundido, a flote
Respirar, inspirar, volver a suspirar
Ver los sueños, y dormir, dormir
Porque es tan necesario dormir
Como despertar, como soñar,
Darle un descanso al parloteo
Y hablar, perderse en la conversación
Encontrarse nuevamente en la ensoñación
Trabajando, aprendiendo, discurriendo
Transitando, esperando, bostezando
Y levantarse tras el tropezón, auch,
Que a veces duele, que se resiente
Y avanzar a pura fuerza de voluntad
Porque es la forma de vislumbrar
Un porvenir que valga toda pena
Con las cargas a cuestas, la cuesta
Lo que cuesta la voz que perdura
La que sana, la voz que acaricia,
Y atornillarse a la silla, brincar,
Bailar en el medio de la disputa
Y decir lo que siento, en susurros
Al oído del viento, bajo el sol,
A la luna, con los rayos de Neptuno.

Las cosas que van quedando atrás

Si no escribo parece que falta algo. Escribir también puede ser darle significado a todo lo demás, comunicarse con otros de un modo sublime. Es también una obsesión, claro está, parte integral de todo escritor. Peri Rossi, que no me dice mucho, ganó el Cervantes. Estar disconforme con la cultura es común, salvo que todos lo canalizamos de distintas maneras. El malestar en la cultura, tituló Freud. Y exceptuando los problemas de orden físico, todos buscamos atenuarlo: con la regia poesía, a través del apetito sexual, con el disfraz de las adiciones, mediante la interpelación del arte o con la búsqueda de un diálogo sustancioso que a veces se transforma en un diálogo entre las dos caras de uno mismo, diríase los hemisferios. La satisfacción y su búsqueda, el encuentro y la pérdida, son solamente variantes, puntas, de un todo holístico que en diferentes planos actúan en nuestro ser, muchas veces postergados por los compromisos o porque la vida impone condiciones, como un pequeño peaje que nos cobra por el paso sobre tierras previamente conquistadas, dominadas a fuerza de destrozar el valor de la palabra y legitimar el costo del envase. No logré cambiar el mundo y tampoco era mi intención, qué más da, pero esta cerveza bien fría nada me va a impedir destaparla.

Fotografía del ojo artístico de Jorge Guardia, en La Plata.

Epifanía ( microcuento )

Más allá de los argumentos de Darwin, por momentos más que un mono me siento el árbol del que desciende, con anchas y profundas raíces, sediento, un refugio para ciertos pájaros que vuelan y vuelan para anidar en mí. Y también me siento la sombra debajo, en la que los perros reposan y beben el agua que gentilmente les ofrece la vecina. Mis sueños, en tanto que árbol, son el viento que mece, la lluvia que baña, el sol que vivifica y una mirada cómplice. Todo lo demás es vigilia, despierto, casi casi como los hombres que pasan caminando y me arrancan las hojas y los niños que me quiebran las ramas y los borrachos que me orinan, muriendo y renaciendo con las estaciones bajo el haz de luz de luna que me nombra:
-¿Estás durmiendo, Evaristo?

Raras veces le contesto.

Nota para quienes siguen «La otra mitad»

El sitio de alojamiento del blog, WordPress, dispuso que se publiquen entradas «patrocinadas» en los sitios gratuitos como el presente, La otra mitad, para intereses propios comerciales, ajenos a los de los autores de cada uno de ellos, con todas las molestias incluidas.

Por el momento, es posible que vean entradas y publicaciones sin relación con otras publicaciones e intereses propios.

Mis disculpas del caso.

Un abrazo.

La depresión le vigila los pasos

La vida se le presenta con baches a Eduardo, como el pavimento, con huecos vacíos, con pozos anímicos, tras una marea de gente ansiosa, tras un mar de apatía e indiferencia, tras un vendaval de impresiones que el vivir diurno ofrece despojándolo de los sueños. El ritmo fluye, la vilipendiada armonía se enturbia con el ronroneo de los diversos motores, la música se torna mecánica, las voces metálicas, los abrazos se postergan, los puños se chocan en señal de disidencia. La antojadiza normalidad le muestra coreografías de danzas frenéticas y circulares. La moda atropella cualquier intento de reflexión, lo embiste, lo arrolla, y la ambulancia hace el resto del trabajo sucio. Dolores y penas se quedan en las profundidades, dentro, esperando el proceso que las purgue, esperando el retorno a algún atisbo de felicidad, aunque más no sea momentánea.
Esperar que el afuera le traiga lo que no está adentro, lo que no está en ningún lado, esperar palabras, rascar la superficie, observar imágenes en movimiento, fotografías estáticas, el correr del arroyo, el vuelo de las aves, el tránsito vehicular, el ajedrecístico tránsito vehicular, observar y escuchar, aburrirse, morir en el intento de vivir, respirar profundamente para refutarlo, hablar para negar la muerte, dar consuelo, llorar a mares, despertar con alegría, despertar con sueño, despertar sin levantarse, despertar en la oscuridad, despertar muy tarde para estar despierto, despertar porque es el único remedio. Y luego suspirar, y luego inspirar, dar vueltas en la cama, dar vueltas las ideas, dar vueltas los pelos, la cabeza, recorre la casa, dar vueltas por la ciudad sin mirar nada como si fuera la primera vez, sin mirar, mirando al cruzar la calle, mirando vidrieras, mirando pasar la gente, la gente común, la gente en su mundo, en el mundo en común, mirando a los que trabajan, a los que duermen, a los que andan, y luego caminar o más bien deambular, con los pies rozando las baldosas, tropezar. Subirse al auto y olvidar, manejar y no pensar, volver y recordar. Prender la televisión y buscar, buscar, buscar. Apagarla y dormir, y en el transcurso soñar. Desayunar a las 3pm. Y en el intento de hacer cosas, las cosas lo van haciendo. Erguirse, doblegarse, redoblar la apuesta. Limpiar todo, purgarlo, limarlo, extirpar impurezas. Mirar el espejo de reojo, con desconfianza, con cautela, con expectación, con sorpresa. Sonreír. No, no era lo que pensaba Eduardo: Era lo que pensaba. Pero ya no. Levantarse, una vez más, levantarse y andar.

A Propósito de la Neutralidad Literaria

Por. Karol Bolaños Hace dos días estuve escuchando una mesa redonda virtual dónde se discutía alrededor de una polémica nacional. Se trataba de la participación de escritoras y escritores colombianos en una feria del libro. Fue interesante ver las construcciones humanas y culturales que se hacen los intelectuales del país; ya que, mostraba una paradoja […]

A Propósito de la Neutralidad Literaria

Utilizar la herramienta del intelecto al servicio de lo humano. Esa parecería ser una buena aspiración en lo artístico, en la literatura. Pero bueno, lean el post porque esta chica entiende muy bien ( es Colombia, pero aplica a Latinoamérica ).

Idas y venidas

El pensamiento se turba cuando acaecen los temores. La pena parece quedar en el pasado, con los padecimientos a cuestas. Las alegrías van y vienen, como las bicicletas, como las palomas, como la suave brisa que toca la punta de la nariz. Sorbo un mate y reflexiono, sorbe el griego. Me pregunto si alguien leerá lo que escribo, si alguien cae en la tentación de dormirse en los laureles, si alguien pasa y escucha la voz que acaricia, me pregunto si alguien se pregunta. Las estaciones se suceden como se suceden las situaciones, como seducen las palabras, como se suceden las genealogías: con flores, con lluvias, con el Pampero sobre el tejado. Calma, calma… La vida es una promesa presente, persistente, un velo para descubrir y encontrar belleza y verdad en lo cotidiano, debajo de la alfombra de la rutina, un paseo por el cosmos con o sin estrellas, con o sin cometas, una vista panorámica, un momento de comunicación. Ni todo es oscuro como lo pinta el noticiero, ni todo contiene la luminosidad de las noches de Van Gogh, y en el medio, justo justo, esperamos con anhelo, entre sueños, esperamos sin esperar nada, la transición de un sueño a otro, de un sentimiento a otro, agazapados, prestos a soltar la carcajada o el llanto, porque la vida, porque esta vida, sí, porque la vida…sí.

Un domingo que trae soles

Domingo, domingo… Domingo va, domingo viene, el domingo nos entretiene. Domingo Faustino, domingo perdón, qué lindo el domingo: para descansar, para caminar, para trabajar. Domingo para recrearse, domingocio, en el que se me escabullen las palabras, al que acuden sentimientos encontrados y sensaciones perdidas, en el que aperecen visiones de días felices, de momentos de otros tiempos, domingo para recordar, domingol, termina una semana en el que empieza un mes, domingo cargado de olvidos. ¿Pero quién necesita recordar cuando tenemos un presente vívido, lúcido? Es un día de encuentros y también de desencuentros, de abrazos, de indiferencia, el domingo las repulsiones se toman un descanso, todo es agradable: quedarse en la cama, escuchar el viento, hacer el amor, dormir hasta el mediodía, el mate amargo, los borrachos del after, las picadas, laboriar sin descanso, el reguetón, la mortadela, Mafalda, las redes, barrer la vereda, perder el tiempo, Ricardo Arjona. Un llamado telefónico desentona con la armonía que se siente…¿Quién será? ¡Pero claro! es Claro ofreciendo servicios, todo es claro un domingo, y mucho más si el sol nos acompaña desde lo más profundo de nuestros corazones, de la sinceridad, de amar el bien y querer el bienestar, de sentir que durante cinco minutos -un fugaz domingo entre las dunas pampeanas- somos felices y con eso nos basta para encarar la vida con los ojos humedecidos, el cerebro fresco, abiertos a lo que la vida traiga, nubes o vapor, anhelantes, peregrinos del Universo, vástagos del pavimento en esta primavera prometedora.

Escribir un poema

Escribir, cuando el mundo se oscurece,
darle un verso, de revés, al que fenece
la palabra postergada por la pluma
es la voz de nuestro océano y su espuma.

Escribir, cuando el mundo se envilece,
cuando todo el pensamiento entristece
que no acalle el corazón en esta rima
que se eleve el sentimiento hacia la cima.

Escribir, cuando todo parece una fiesta,
cuando penan cabizbajos sinsabores,
escribir, como atisbo sideral de la protesta.

Escribir, ante toda cabal indiferencia
que el poema va cincelando colores
cuando el alma va encontrando referencia.

Domingo vista al mar

Otro domingo que nos tapa la frazada de la lluvia, otro domingo sin sol asomando en la ventana. Otro domingo enredado, ¿O será el mismo? Cada momento tiene un toque único, un pequeño roce con la eternidad que raras veces nos llama la atención, subsumidos en el ansia de captar imágenes a toda velocidad, más rápidos que furiosos, durante el cual pasa el instante -efímero- casi como pasa nuestra vida por la Historia. Pero las historias no siempre tienen correlato, no siempre son novelas magistrales o películas sumamente entretenidas, sino que se cuentan de a sorbos, en pequeños sabores como el café de un domingo del que no sabemos o no tenemos la certeza de considerarlo como único o como uno más, como la mermelada sobre el aroma de la tostada, sí, un poco quemada, como el barro que pisamos al asomarnos a la vida, ese barro que nos da forma, o como la salsa que baña los tallarines con una hoja de laurel en el fondo de la olla. Los sabores, los olores, el primer beso de la mañana, o los primeros «buen día» que llegan, son los deseos de la misma vida que me invitan a descubrirla, a desplegar el día en el iris de los ojos, en el palpitar del corazón, en los pétalos mojados de las rosas que asoman anunciando la primavera, despidiendo el invierno que nos dejó el cerebro helado, cubierto de nieve donde los pensamientos esquían y tropiezan. Los domingos se me da por ningunear, pero no a la gente que goza de los bienes y sufre las miserias como uno y como cualquiera, no, se me da por ningunear los malestares. Hoy, domingo repetido, domingo particular, domingo único, plácido domingo, no hay mal que me hunda, no hay malestar que me acongoje, porque todos saben que el domingo tiene su magia sagrada en la que podemos reposar, es un día en el cual podemos olvidar todos los males de la existencia que nos aquejan, como si fuera un pequeño respiro que se tomara para proseguir el camino de nuestras vidas con la frescura que dan las ideas renovadas. El día se humedece y los truenos son la música de ambiente de un capítulo donde las bicicletas brillan con ausencia. Los colores de las viviendas se desdibujan en tonos grises, los limpiaparabrisas hacen las veces de trabajadores infatigables para aclarar la visión del conductor, claridad que a veces necesitamos tanto como un plato de comida o un vaso de vino para ver las cosas un poco mejor, más serenos. Sí, es domingo, y se refleja en un billete de cincuenta pesos caído en un charco o en un busto del parque Sarmiento bañado con gel, y si bien la lluvia pareciera entristecernos, esa lluvia que le pone una pausa al sentimiento nos dará la pauta para encontrar el brillo de la vida y de las cosas, un domingo perdido en el almanaque, quizás en un rincón de nuestras más lúcidas ocurrencias.

Resurrección ( microcuento )

Era medianoche, hora del brindis, y Arturo literalmente volaba de fiebre, al punto de transpirar más que la copa de champagne de su mano. Pero nunca se enteró. Había dejado de tomarse la temperatura cuando la última semana de octubre descubrió en su anomalía, tras seis días consecutivos, que siempre le daba entre ventisiete y ventiocho grados, por lo que -pensó- si los médicos sabían esto lo iban a querer enterrar. Dicen que cuando el cajón tocó tierra, esa Navidad, todavía el vapor ascendía los ocho metros hasta la visibilidad de sus deudos.

Luna trepanuit

La luna va escalando el firmamento
de estrellas se cubre el pensamiento,
me corren treinta metros el horizonte
es hora de que el corazón lo remonte.

El cielo no está afuera ni está adentro
de la escena vital no es más quel centro,
y cuando sale el sol sobre los tejados
se derriten sentimientos avejentados.

Una frase elaborada (casi atragantada)
espera oportunidad de verse iluminada
y cuando emerge subrepticia evoca
el vuelo de las almas que su voz toca.

La palabra, vapuleada, sutil, victoriosa
por momentos cala hondo esplendorosa,
cuando en otros pasara desapercibida
como estrella fugaz por nuestra vida.

Al sur de la frontera

No sé qué ocurre detrás de la pantalla que les muestra este texto, pero por estos lares llueve, y llueve más adentro que afuera. Será por las goteras, goteras en los sentimientos al ver a través de las pantallas, al recorrer las calles, las miserias que se viven y que padece nuestra gente, sentimientos encontrados porque, claro, así mismo se gozan de los bienes que la vida ofrece. Sí, hay cuestiones de injusticia que podemos corregir con entusiasmo, y siempre podemos dar una mano a quien lo requiera, pero hay otras que en el mundo maquinal escapan a nuestra jurisdicción, a nuestro ámbito del quehacer y es allí donde una palabra cálida, sentida, puede aliviar los malestares como la medicina que llega justo cuando nuestros males se acrecientan, cuando la esperanza se marchita como el frío invierno en un suave chillido musical de la mente. Necesitamos un nosotros que prescinda del ustedes, por anexo, por humanidad o por lo que corno fuera, un nosotros bien entendido, un tú-y-yo sin conjunciones que nos separen, algo que sólo ocurre con la maravilla que place la música que nos invita a bailar. Llueve, casi lo había olvidado estando empapado de agua destilada, y es una lluvia que nos invita a buscar refugio y a soñar, como lo hacen los niños sin pretextos, aunque con los berrinches típicos porque querrían seguir jugando. La calle es tan gris como el domingo, pero los lectores tienen 32 mil colores en las pantallas que le impiden ver. El día no es triste, ni alegre, ni divertido, es el cuadro que pintamos con los pinceles del alma, esperando, sintiendo, conversando, escuchando, dando un poco de cada uno de nosotros cuando un ser humano se acerca con curiosidad y dialogamos acerca del porvenir, de nuestra gente, de esta lluvia insidiosa que no nos permite acariciar la primavera.

Fotografía de Jorge Guardia

Doblan las campanas

Suenan las campanas
todas las mañanas
suenan seguidillo
salvo los domingos
que se van al bingo
nuestros monaguillos.

Pero por las noches
se pasean en coches
( cuando cantan grillos
allá en las afueras
o aquí en las aceras )
nuestros monaguillos.

Se toman el vino
cuando el arzobispo
la sangre de Cristo
sirve con atino
y miran muy pillos
nuestros monaguillos.

Pero las sotanas
blancas y lejanas
nunca se les mancha
cuando en banda ancha
navegan sencillos
nuestros monaguillos.

Nos cortan los pastos
juntan con rastrillos
mastican las hostias
se van con sus novias
lejos de ser castos
nuestros monaguillos.

Tocan las campanas
para despertarnos
todas las mañanas
para convocarnos,
pero en la liturgia
duermen la vigilia
sueñan sentadillos
nuestros monaguillos.

Los poetas

Los poetas caminamos entre líneas,
algunos van silbando una canción
otros van pensando lindas rimas
pero todos al tuntún del corazón.

Los poetas creamos desorganizados,
(tenemos orden en nuestro desorden)
disparamos los poemas disfrazados
como flechas, esperando que lleguen.

Sus puntas no lastiman, inocentes,
son palabras tan suaves, derretidas,
que acarician heridas impertinentes.

Los poetas, subibajas de emociones,
alter-egos de almas incomprendidas
dan vida en versos sin pretensiones.

¡Los Blogs Nadie los Ve!

Hace una semana, mi amor, estaba conversando y quiso contar las cosas que hacía. En consecuencia, mencionó mi blog. Me pareció curioso lo que me contó en términos de secreto. Se acercó y me susurro casi al oído: -mira, ellos dicen que los blogs nadie los ve. -Es cierto, le dije. Él me miró con […]

¡Los Blogs Nadie los Ve!

Por gente que piensa lindo y escribe lindo como Karol, es por la que hay muchos blogs tanto como el suyo que vale la pena leerlos.

Lecturas óptimas

Muy recomendable lectura la del libro «El sueño del tsunami» de Martín Cristal. Ocho cuentos magníficos, a cuál mejor, con una inventiva admirable y un desarrollo de impecables condiciones. Gratificante y más que placentera lectura.

Cuenta el autor que, además, se lo puede escuchar a través de Spotify.

Editorial: Dábale arroz

Puntuación de la casa: ⭐⭐⭐⭐🎶

Que llueva, que llueva

Se vino el agua, la vieja está en la cueva, los pajaritos barruntan, algunos te la juntan. El invierno no se quiere ir, se vino a despedir, se queda a maldecir con gotas de emoción, con otro chaparrón. Nos queda el barro, las lentejas, el asador criollo, la democracia. Nos queda la mañana fresca, en la que asomó el sol por las hendijas de la persiana, las palomas blancas, el oropel, el terciopelo, las guirnaldas, el chapuzón. Nos quedan las redes sociales, el teléfono inteligente, la estupidez, el charco en el cordón cuneta, el ombligo, la telequinesis. Nos quedará septiembre si es que llega, si se adelanta, Santa Rosa y el tarot, nos queda Netflix y la programación analógica, el cerebro gastado, la vacunación, tu sonrisa, mi voz, la Patria, el mar Argentino, el Río de la Plata, la religión, y un sapucay. Nos queda todo el día por delante, la noche por detrás, el gris del cielo, el saldo, las cuentas por pagar. Nos quedan las preguntas que nos hacemos, las respuestas que no buscamos, las miradas que esquivamos, los pasos por dar, las tostadas, el mate cocido. Nos queda el diario de ayer, el porvenir, el chango pelado, el crédito, la fotogenia. El olor a tierra mojada nos interpela, nos almidona, nos humedece. Nos queda la primavera, el aire acondicionado, nos queda apagar el calefactor, encender la radio, buscar algo para mirar que nos distraiga, que nos dé qué pensar, que no me haga pensar, que nos haga vibrar. Este último día de agosto, intrépido, vertiginoso, lluvioso, inestable como los corazones frágiles, nos quedamos a ver qué trae la suerte a nuestras pequeñas vidas.

Veremos

Si el día fuera una noche
La vida, un viaje en coche,
El sueño, cuna del verso,
El mate un microuniverso
El cosmos todos los sueños
La infancia, mundos risueños,
La noche madre del día
Mi antorcha, pluma y poesía,
Si la voz siembra ilusiones
Si ellas liberan tensiones,
Si el vivir se torna armonía
Si hablar cobra melodía,
Si cada sueño es compartido
Si el poema tiene sentido.

El muro que no cae

El antiguo corrector ortográfico de mi teléfono, al escribir la palabra “otro” me la cambiaba automáticamente por “muro”. Lógicamente, esto obedecía a que los números que representaban cada letra eran los mismos. Sin embargo, cuántas veces nos encontramos ante un muro en el otro, insensible como piedra, sordo como tapia, cuando lo único que necesitábamos, antes de que nos venciera el sueño, era una palabra sentida. No obstante, la Vida misma siempre busca llegar al que está buscando, quizá de un modo incomprensible, y esa palabra, ese aliento vital, nos llega desde una página, desde un diálogo en una película, cuando el alma se ahoga en el lago del desaliento. Por eso, aunque duela y sea costoso, lo mejor es resistir, no ceder los terrenos conquistados, porque cada paso que hemos dado en el camino, incluidos los pasos en falso, nos han enseñado a caminar mejor, a mantenernos erguidos ante la indiferencia y a no reflejar con nuestros actos todo aquello que nos doblega en la calidad humana, cuando la única luz que alcanzamos a observar es la del fondo de las pantallas de los televisores que nos han entrenado para ser dóciles espectadores de nuestra propia vida. Y quizás, de tanto oír con desgano que somos seres de luz, un día lleguemos a luminarias.

Seguiremos buscando

Buscando un punto
de esta sociedad
donde las tensiones
lejos de acumularse
se liberen,
donde lo que pensamos
lejos de chocarse
se encuentre,
donde los sentimientos
lejos de marchitarse
florezcan,
donde las intenciones
lejos de adormecerse
se siembren,
donde las bondades
lejos de envilecerse
actúen.
Buscando un punto
entre la sociedad
donde viva
entre el alba y la luna
algún tipo de amor
o el amor de todo tipo
donde la vida
es compartir
a cualquier hora
y es un camino
para ir y venir
o simplemente
para vivir
para dormir
y que al soñar
todos los males
se desvanezcan
como la espuma
sobre la arena
con la que haremos
castillos
crepusculares.

Epifanía de escritores

No sé cómo vienen ustedes, mis estimados colegas de pluma que manchan de tinta las flores, con vuestros lectores en estos tiempos, pero a mí me lee a diario nada más ni nada menos que nuestro criollo y nunca bien ponderado Don Corrector Ortográfico, estratega de la parapsicología y videncias y gerente de viáticos imperecederos. Con esto no quiero despertar vuestra envidia, si no los lee ni mi abuela resucitada, ni mucho menos, cuando obsequian con palabras bonitas, crudas, resecas grandes sensaciones que colmarían de emoción a una mortaja, pero baste con decirle que hay que seguir afilando el lápiz, que hay que entintar la hoja en blanco con los mejores sentimientos en pos de las generaciones venideras, no claudicar ante el avance de la hermenéutica, y sobre todo hay que darle cauce al río verbal para que los lectores del mañana tengan la posibilidad de dormir calentitos y soñar, porque este mundo lo soñaron nuestros antepasados y mal que mal tiene su toque de belleza en los jardines primaverales de la cultura, con entrada libre a cambio de un paquete de arroz, y en los museos apostados en las mazmorras de la civilización encontraremos, sin descifrar, los papiros que nos indiquen la ruta de regreso a nuestras más bellas ensoñaciones. Por eso y por mucho más, escribid al alba y al poniente, escribidle a la bella durmiente, escribidle a la gente, que si alguien os lee, un solo varón, habremos vencido al convenio colectivo de la estolidez que nos tenía sojuzgados a la intemperie de la idolatría pop, guardados en un rincón, como una planta de potus sin regar, esperando la muerte. Recordad que alguien leerá el título de vuestras vidas y se colmará de gozo.

Negoción

Carlos se puso un negocio de pensamientos. Colocó unos cuantos muy lindos, profundos, reflexivos, en fin una gran variedad en la vidriera, que no tardaron en llamar la atención de los que paseaban por el centro. Al principio, se llenó de curiosos, que le daban movimiento al local que de lunes a sábado estaba repleto, atestado de gente.
Pero le va mal, pobre. En dos meses no vendió un puto pensamiento, a pesar de que le rebajó el precio. El último curioso que pasó por el negocio de Carlos le dijo que estaban bien, accesibles, pero no tenía lugar donde meterlos.

Con total normalidad

¿Wi-Fi gratis?
El amor a un clic de distancia
La amistad,
Nuestra voz cobra relevancia
El día del niño
Despedir de a poco el invierno
El cariño
El sueño que se torna eterno
La palabra sincera
La medicina que calma el dolor
La risa verdadera
Nuestro sentir a todo color
(feliz a su modo).
Abrefácil, pegafácil, limpiafácil
y así y todo
Nos queda esta vida difícil.

En miras al porvenir

La gente está más en comunión de lo que la gente cree, basta con echarle un vistazo a lo que la gente querría mirar.

La gente que mira tevé
La gente que mira películas
La gente que mira noticias al amanecer
La gente que mira el face
La gente que mira las fotos del día
La gente que mira el celular
La gente que mira sin ver
La gente que mira sin ser
La gente que mira y no ve
La gente que mira mirar
La gente que mira pasar
La gente que mira la luna
La gente que mira los autos
La gente que mira vidrieras
La gente que mira el espejo
La gente que mira de lejos
La gente que mira a través
La gente que mira la web
La gente que mira zapatos
La gente que mira tapas de libros
La gente que mira hacia atrás
La gente que mira el futuro
La gente que mira lápidas
La gente que mira los árboles
La gente que mira llover
La gente que mira el pronóstico
La gente que mira el paisaje
La gente que mira a la cara
La gente que mira al revés
La gente que mira los culos
La gente que mira las casas
La gente que mira tevé.

Las divisiones se dan en el plano del observador, que es el de la gente que mira el mundo.

Lectores que van y vienen

Se me han ido los lectores,
por covid, por desertores
por dormirse en los laureles
a guardarse en los cuarteles,
se han ido con el viento
a trocar un pensamiento
a refugiarse en la tevé
en Netflix, en internet
se han ido y otros vienen
con mis letras se entretienen
con las tuyas, con las nuestras
un botón para las muestras
buscando romper la imagen
tiranías de las comunicaciones
dejando la voz al margen
en el seno de las interpretaciones
que no tocan lo profundo
la belleza de este mundo,
se han ido o los encontró la muerte
o quizás cambió la suerte
y otros ocupan su lugar
llevándose sólo lo puesto
o se les dio por jugar
a tener vida de repuesto,
se han ido buscando vida
o un plato de comida,
se han ido en el ajetreo
como se fue Ptolomeo.
Me falta sociología
para entender travesías
mas tengo psicología
y en el alma diez mil poesías.

Respiremos

Simplificar las complejidades
Usurpar el vacío de la existencia
Sonreírle a las dificultades
Posponer el alboroto
Inspirarse en el trabajo noble
Reintegrarse al coro visceral
Avanzar sobre las piedras del sendero
Rescatar del charco lo valioso

La hora de la lectura

Compro libros que no sé si la vida me va a permitir leerlos, no sé si el tiempo me ofrendará la posibilidad de concederme las horas necesarias para enfrascarme, entre el trajín de lo cotidiano y los quehaceres, entre la voz que sale y se desmigaja y el poniente que me dice que el día se tira a reposar. Los tengo en un rincón, despojados del valor de mercado, como quien espera estacionar el vino, para degustarlos y sacarle el jugo cuando los minutos no me cobren peaje, para cuando la aventura sobre un caballo me diga: ¿Vamos a dar un paseo?

Se fue volando

Se va otro domingo del calendario de los años, en el que logré posponer todo lo que me pospuse, predispuesto a soñar hacer en el sueño todo lo que no hice en la vigilia, como volar remontado en un barrilete, y seguramente cumpliré con el cometido porque la vida es de los que se atreven y felices y dulces, los sueños, aunque a veces vengan con Chuker.
Por lo pronto, escatimemos la relevancia de sus tramas, y quedémonos con la imagen final, que representa la alegría de un nuevo despertar y la danza de un corazón contento que no se cansa de bombear cada noche nuevos y narcóticos sueños o cómicas pesadillas.
Basta por hoy, bajame el telón, que aparezcan la luna, las estrellas, los planetas, las brujas con sus escobas, los barriletes nocturnos, las lámparas led, los que bailan por un sueño, los que viven por un sueldo, los chicos en las aulas, los maulas, los dichos de Tata y Mama, el día de la Tierra, el día que caiga agua, los pastos blancos, las heladas, los helados, los pelados, los preludios, la euforia sobre el colchón, el salchichón, que aparezcan la confianza en la bondad, el interés, la comprensión. Y que YouTube y Facebook se traguen las publicidades. En definitiva, los domingos tienen por costumbre irse por donde vinieron, y el de hoy es tan sólo el primero en anunciarlo este Agosto, pero queremos creer que los demás no se quedarán atrás en este camino rumbo a la infinitud. Nos queda lo vivido, nos quedan las sensaciones, lo que no queda es tiempo para seguir narrando todo lo que viene, lo que trae un nuevo día, cuando los sueños cobran dinamismo y el entusiasmo por encarar la vida, se hace vívido con un nuevo amanecer.
Pero en este juego de dados, sólo por hoy, tachame la doble.

Pareciera

A veces, globalizados, la vida es un scroll de pantalla, con mucho para mirar, poco para conservar o retener. Las imágenes se convierten en un río caudaloso, en un torrente vertiginoso sin mucho por decir, más que detractar nuestra atención. ¿Y quién es el beneficiario? Lindo título para una película. Antaño, la vida se comparaba a una película, hoy es un scroll cuasi infinito donde la muerte se nos presenta como un pantallazo azul, tieso, inexpresable, en el que esperamos que aparezca el técnico que venga a solucionar el desperfecto o nos restaure a valores de fábrica para reemprender nuestro camino en las viñas del Scroll.

Profesionales

Había faltado el arquero, en cancha de 11, y nos turnábamos para atajar un rato algunos jugadores. En un momento, le tiraron el palo a Mauro para que vaya al arco, pero éste se negó, aduciendo que él era peluquero y que usaba las manos para trabajar. Entonces, entrado en temperatura, el Roper le retrucó: ¿! Y nosotros con qué trabajamos, con el culo!?
Aún teniendo razones en su justificación, no hay que calentarse, y hay que atajar las que vengan.
En mi caso, por ejemplo, mi herramienta de trabajo es la cabeza, por eso cuando tiran un centro yo nunca cabeceo ni para despejar.

Leer es una avenida de poco tránsito

Con la lectura el día tiene un paso lento. El trajín de los peatones son frases u oraciones que parecieran pasar como la señora va con los años y el gorro a cuestas hacia el almacén, o como el hombre camina con la barba por la mañana atravesando el aguanieve en busca de un atado de cigarrillos que le permitan pensar en otra cosa, y no en los males de la vida, que se disuelve como humo en el ambiente. Las palabras caminan, lento pero firme. Nunca en fila india, sino dispersas, noctámbulas, quizás con un hilo conductor que las lleva como buen pastor a las ovejas a un prado verde y a un afluente. Con la lectura, la vida se torna calma, como cuando la hamaca de las frustraciones se detiene y dejamos de prestarle atención, la atención de niños, al movimiento y nos centramos, nos enfocamos, en el paisaje que nos rodea como esa madre al niño que busca el refugio, el calor, y empieza a conocer el amor. Los puntos suspensivos propician la pausa justa para atarse los cordones y proseguir el camino sin tropiezos. Los puntos seguidos son como el parpadeo de los ojos, como el suspiro que nos permite llenar los pulmones, y continuar apalabrando el aire. Detenerse en una palabra, en una oración, puede transformar nuestra vida. Pero no hay tiempo para detenerse, porque el texto prosigue, porque el trajín continúa, porque esta lluvia no cesa, porque la música nos hace bailar para no perder la silla cuando se detenga. Y vaya si hemos bailado… Por eso continúa este periplo, por este sendero. Porque el camino que recorro aún no está trazado, y caminar es ir viendo cómo se abren las puertas de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que seremos.

¿Cómo no se me ocurrió antes?

APROVECHAR EL VIAJE

Ya que vas para allá, traeme un postigo.
Ya que vas para allá, descargame las cebollas.
Ya que vas para allá, aplaname el Uritorco.
Ya que vas para allá, levantate un paredón.
Ya que vas para allá, calculá la distancia a Venus.
Ya que vas para allá, pedí autógrafos.
Ya que vas para allá, ventilá el estadio.

Pasen y vean, señores

RÉPLICA EN MINIATURA DE CÓMO SE CONFORMA EL MUNDO DEL QUEHACER

Hay uno que hace algo, bueno o malo, útil o inútil, eso lo determina un consorcio de 70 personas. Hay uno que limpia y ordena lo que el otro hace o deshace. Hay dos o tres que aplauden lo que el otro hizo. Hay 10 que apenas si comen y se enteran de lo que hizo y hay 15 que se dan la gran vida a costa de lo que el otro hizo. El resto son unas 900 personas que miran toda la escena sentados en un sofá o acostados en una cama, reprueban, juzgan lo hecho y el estado de cosas, alzan la voz diciendo cosas como: ¿¡Pero por qué nadie hace nada?! Qué injusticia. Y luego se van o se quedan a dormir.

Claro, es un mundo pequeño, visto desde las anteojeras de un alazán, una réplica en miniatura de unas pocas personas en el ámbito del quehacer, digamos unas mil personas, y nadie lo extrapolaría a escala global porque hay muchísima gente, infinidad, que ha hecho cosas por los demás, por el mundo o por la vida misma y lo hace a diario pero eso no tiene incidencia en la práctica del quehacer cotidiano, que tanto nos da que hablar a los charlatanes de turno.

Arena de mar

Ufff…hay tantas cosas que nos pueden salvar del sufrimiento como la medicina adecuada: un amor, la sonrisa de una hija, terapias clásicas o alternativas, la palabra justa, un arte, la artesanía, un momento a solas, un coito, el primer mate de la mañana, una película espantosa, una frase en sentido figurado, la cebolla y el morrón, respirar profundo hasta perder el aliento, mirar la luna, el vino, la noche de paz, Jesús, una melodía armónica, la voz de un cantante, la letra de una canción, un libro o un pasaje de él, decir lo que pensamos, callar, afrontar el dolor, resolver un problema, resolver otro, recordar y olvidar, olvidar o recordar, besar, amar, sentir, gozar, escribir desde el alma, desde las venas, desde las tripas, razonar, entrar en razón, amar ( sí, una y otra vez ), cantar en la calle, recitar poesías, Darío, caminar mientras, caminar durante, caminar a pesar de, contar los años, perder la cuenta, soñar, dormir, despertar, inventar, crear, transformar, hablar sin decir tanto, decir sin hablar mucho, salvar, dar más, pedir, trabajar, escuchar a alguien, la amistad, oír, vivir. Pero hay algo que no podemos salvar, y es el instante que pasa y, sin aviso, se va.

Reivindica

Muchos recuerdan el monólogo de Segismundo de Calderón de la Barca o parte de él, pero no lo recuerdan como poesía sino como máxima; otros, en cambio, lo interpretan como disparate o metáfora desaforada; muchos lo hicieron parte de su vida ( o de su sueño, según convenga ). Lo cierto es que ha dado que hablar durante siglos, que hablar y que escribir. A mí, por ejemplo, se me ocurrieron estos versos, que el tiempo ( y la almohada ) dirá si son válidos.

***

Yo vivo soñando aquí
y no todo el sueño vi.
¿Qué es el sueño? Una lección
un misterio, una atracción.
Pues bien, durmamos  señores,
la cama comprometida,
que cada sueño es la vida
y nuestra vida, vida es.

RECREANDO LOS DOMINGOS

Otro domingo que me encuentra trabajando, que me despierta trabajando, que me obnubila trabajando. El frío palpita en las paredes, mientras los noticiarios dan cuenta del calor agobiante en otras regiones septentrionales que decantan en incendios, aquí el frío conversa con el alba y con el cenit, conversaciones que tropiezan porque todos tienen algo que decir y poco que escuchar. Son los estentóreos coletazos de la globalización. Lo inmediato es paliar la ola polar con una frazada, con un poncho de alpaca, con unos mates que a la distancia desde la metafísica europea o desde la naturaleza caribeña observan con curiosidad la excéntrica costumbre nuestra, que la pandemia ( y la lógica neoliberal ) ha querido derribar como uno de los tantos daños colaterales que está dejando. Sube la yerba y chupo. Y pienso. El mate favorece la facultad del pensar, y del sentir, y del gastar bien el tiempo, atentando contra el consumismo. Pero cortemos un poco con esta disyuntiva, con estas divagaciones pueriles que cualquiera tenga por hábito el mate, la conversación, el pensamiento, ya habrá dejado atrás para dar cuenta de los beneficios inmediatos y a largo plazo, de largo aliento –como al escribir una novela- que trae aparejada esta costumbre, y pasemos a algo de carácter más universal, como la poesía. Y el universo no sería el mismo, con sus bondades y torpezas, sin el valor que nos ofrece la poesía, ni sin su sabor ni su aroma ni su cálido paso por nuestras vidas, ni su…


LA VIDA EN COLORES

A mi viejita

Caminamos de la mano y a la par
las fronteras de la civilización,
la mañana es una conversación
en la cultura que no llamamos mar.

Pero es vasta, profunda y superficial,
como el mate que no hemos de compartir
compartimos el sentido de vivir
el dolor y la alegría existencial.

Transitamos, eso no es poco decir
el tiempo se nos escurre sin rencor
recordando y dando gracias de existir.

Viejilinda atravesamos el color
como un arco ( iris ) al escribir,
cultivaste la semilla del amor.

Pensar que el domingo pasa con o sin poesía para muchos, pero sin música sería un error, decía Nietzsche. Y Perales compuso una canción de maravilla, para bailar y cantar, para sentirla en lo más hondo del corazón cuando late. Y pensar que hay gente que se ahoga escapando de una vida tortuosa, en barcas que no salvan, de contextos que duelen en los huesos y en la piel, donde el alma no puede respirar, como respira este mate, que sube, que baja, con este frío que congela el pensamiento, que entumece los sentidos. Pero tenemos música, tenemos poesía, y es motivo de celebración y agradecimiento, porque en el fondo ( a la derecha ) somos un poco de eso también.

Pleamar a las 15

A Martín

Hoy el cielo estuvo gris,
lo supongo pues no lo vi
lo sospecho, me lo perdí
en amargo sabor anís.

No vi volar las palomas
que anidaran remolonas
en el monte, en las lomas
un cielo de punto y comas.

Me caigo y me levanto,
como pluma de Lepanto
sin la estirpe del santo
amén del sagrado manto.

La vida tiene sus goces,
la convivencia, sus roces,
mi espíritu cicatrices
mi ansia las directrices.

Y el camino a transitar
tiene el encanto del mar,
como el encuentro en el bar
o por la amistad, celebrar.

El encanto de lo fugaz

Hola, ¿Alguien lee esto? Y en caso afirmativo, ¿En qué tiempo lo lee? Me inquieta la curiosidad… Me intriga, ¿Es verano? ¿Llueve afuera? En definitiva si se tomó un tiempo para buscar algo para leer, es porque -un poco- lo que pase con el tiempo no resulta significativo. La naturaleza habla en un idioma que pocos saben leer, si es que quedan entre nosotros quienes puedan hacerlo. ¡Bueno! Algunos saben al dedillo predecir lluvias, heladas y cuestiones metereológicas por el estilo. Pero en estos momentos nos resulta irrelevante, porque buscamos algo que nos diga algo, alguna comunicación que pasara por entretenimiento que nos llegue, en este momento en que lee, y que nos permita pensar, pensar o sentir, en cosas que no siempre se nos ocurren, o se nos ocurren pensarlas pero no le prestamos atención, o quisiéramos prestarle atención pero el tiempo es escaso. Como diría Mark Twain, el tiempo está delante, el tiempo está detrás, pero en el presente el tiempo no existe(sic), ¿o fue Tolstoi? aunque sabemos que es un bien limitado y por eso toda exploración del tiempo a lo largo y a lo ancho ( y a lo profundo ) nunca supone una dilapidación, sino una experimentación justificada por demás. Porque experimentar ( qué palabra experimentar..) en su amplia expresión ( y vaya si el vivir no es expresión ) puede ser lo que le otorgue el valor significativo que a veces se nos escapa cuando las ideas derrapan en nuestra mente, ideas que como el tiempo a veces se tornan difusas y no las llegamos a apreciar con la suficiente claridad para darle el valor que nos sirva de sustento. Caminante, ¿No hay camino? El tiempo es eso que hay que andar, andar y desandar, al derecho y al revés, es la moneda de cambio, el jinete sin cabeza, la calabaza a la medianoche, el espejo en el rincón húmedo, el grafitti en el tapial, las pilas sulfatadas, el poema inerme, la música, el puré de papas, el humor en Canterville. Tiempo, necesito tiempo, quisiera tiempo, para no perderlo, para guardarlo en un bolsillo a prueba de finitudes, guardarlo en una caja fuerte que lo preserve, que lo preserve por la eternidad, de la eternidad, que lo preserve de los embates del tiempo, y si alguno no cree en las contrariedades que las ponga a prueba en el tiempo. Y que descubra qué es lo que perdura, más allá de estas ¿palabras?… fugaces, pueriles, eternas, porfiadas.

Pasa y queda

Se va el domingo con la sensación de que nada nos queda,

de que ha pasado sin más, de que ha pasado nomás,

de que hemos pasado nomás, de que hemos pasado sin más,

( ni menos )

y sabiendo sin certezas de que no nos queda más ( que ),

salvo…

El domingo en la retina

Se va el domingo, se va nomás, se va quizás. Lo despedimos con hidalguía: ¡Chau, culiao, volvé pronto!

El domingo nos mira con cara de dinosaurio de peluche, muestra los dientes largos y finos, y responde con la altura de un diplomático francés: en siete días estoy con ustedes.

Nos queda la sensación de cercanía de aquellos en quienes vemos un reflejo de los que ya no están, con sus características irremplazables, más allá de sus roles, quienes en su caracter de únicos muestran, además, líneas delgadas de semejanzas entre una persona y aquellos, afirmando la familiaridad cuando está nuestro querer de por medio.

Volverá el domingo, con sus rasgos particulares, con sus bondades, con sus celebraciones, y hasta es posible que se despida con el poniente.

A pedido

Me vienen pidiendo ( el público ) que la corte un poco con las ficciones y que cuente COSAS QUE PASAN o que hayan pasado de verdad, es decir, que narre desde la memoria y no tanto desde la inventiva o la imaginación, porque ( por más que la realidad abrume y fastidie, es lo que hay ) el público quiere saber.

Así que, aquí vamos a contar cosas que pasan y espero que no se aburran con la verdad.

Pasa la 503, con dos pasajeros y el chofer más que atento. Pasa la señora con el changuito lleno de naranjas y cebollas. Pasa el noticiero con penas y glorias. Pasa el amor, pasa la esperanza. Pasan autos y camiones. Pasa la elegancia. Pasa la ambulancia, con y sin sirena. Pasa la juventud, pasa la vejez, pasa la moda. Pasan las bicicletas y los peatones. Pasa la norma, pasa la justicia y la balanza. Pasa gente caminando. Pasa gente bostezando. Pasa gente poetizando. Pasa el remisse, pasa el colectivo vacío. Pasa la más maravillosa música. Pasa junio. Pasa el fin de semana. Pasan celebridades y anónimos. Pasan cosas que son difíciles de describir. Pasan descripciones. Pasa Cortázar. Pasan rumores. Pasa el humor. Pasapalabra. Pasa la vida… y te sonríe.

NO SE CALLA LA POESÍA

me estoy aburguesando
en mi zona del conforte,
en la música del silencio
en la cumbre poética
en el llano estético
en el valle esquelético
en las runas circulares.
¿Status quo vincit?
Leo nardos de Da Vinci.
Como toda revolución
lírica, anatómica
que cae en manos ociosas
labran el ayer con entusiasmo
auguran del futuro los orgasmos,
mas la cauta parsimonia
el vientre plano
la rítmica alegría
dejan todo intacto
y un solo de haz de poesía.

SEGUIDORES AL OTRO LADO DE LA VENTANA

Por costumbre o hábito, suelo publicar en este blog directamente mis textos, generalmente cuentos o poesías, y también algunos otros que no tienen una estructura bien definida, por lo cual no me detengo un momento a hablar del hecho que consiste en llevar un blog adelante, salvo desde el punto de vista de la escritura. Pero en esta ocasión, quería agradecerle a quienes se detienen unos minutos a leer por aquí, por este espacio ¿virtual? y dejan su huella con un like, si es que tienen cuenta en WordPress, o algún comentario de aquellos más osados o a los que la lectura les ameritó decir algo al respecto.
Cuando escribo y publico espero que lo expuesto pueda llegar a gustarles y si transmite algo más, mucho mejor, pero a la hora de crear a través de la palabra uno no sabe ni a quiénes ni de dónde serán los que les pueden gustar mis publicaciones, por diversos motivos culturales, etarios, intereses, etc. Por lo tanto, les agradezco a cada uno de los que visitan y visitaron al día de hoy este lugar, llamado La otra mitad, en referencia a que es el lector la otra mitad de cada texto, es decir, cada uno de ustedes.
Un abrazo.