Aprendiz

Estudió letras
Aprendió palabras
Escribió libros
Habitó corazones
Silencios
Situaciones
Ilustró momentos
Pensamientos
Emociones
Enhebró deseos
Sentimientos
Ilusiones
Despejó temores
Inquietudes
Y rencores
Despertó visiones
Ensueños
Creaciones
Recreó existencias
Vivencias
Sensaciones.

Parte médico

Parte médico de los pacientes que se atienden en esta institución:

Dulce tiene diabetes.
Concha, ladillas.
Amapola, alergia al polen.
Ventura, mala suerte.
Tristán padece tristeza.
Mar, escorbuto.
Aurora tiene insomnio.
Luna, vacío existencial.
Sol, fiebre.
Margarita, desamor.
Nieves, frío.
Lidia, ira.
Y por último, Angulo tiene un dolor intenso al final del nombre.

Tanta letra muerta

Letra muerta ya marchita
tinta gruesa que no palpita,
en tus trazos no hubo vida
no es como lava fundida
que no toca, que no hiere
que no llega, que no quiere
trasmitir algo al ser leída
comunión con tierra querida,
aunque un alma se derrita
con tu muerte no se excita.

Letra muerta está en la vía
que en un antro se recita,
no hay en tu sino alegría
pues nunca más resucitas.
Ni tu palabra regurgita
ni tu emoción se vomita.
Letra muerta y conocida
que te citan con porfía
cadáver de una estampida
no vive en ti la poesía.

Héctor

Se encuentran dos locos.

-¡Héctor!¿Sos vos o sos un clon?
-¿Cómo puedo saberlo?
-Fácil. Si podés apoyar el codo en la nuca sos original.
-A ver che…mmmm…está difícil….mmmm No, no puedo.
-Entonces sos clon de algún otro.
-Una lástima Juan Ramón. ¿Y ahora qué hago?
-En tu lugar, iría buscando refugio en Turquía porque te deben estar buscando.
-Uyy ¿quién?
-Quién no: interpol, el mossad, la kgb, la federal, … a ellos no le gustan las copias. La vas a tener que remar.
-Qué macana.
-Bueno viejo, te dejo porque tengo que seguir avivando giles.
-Chau che. Gracias. Saludos a tu gente.

Héctor sigue intentando apoyar el codo en la nuca mientras Juan Ramón camina, alejándose, con una rodilla apoyada en el mentón.

Otros tiempos

En el canto de la puerta había una moneda antigua, del año 1845. Cuando Cecil la vio reconoció que era una de las que le faltaba para completar su colección. La recogió y la guardó en un bolsillo del saco. Se quitó la corbata y la guardó en el mismo bolsillo. Tras ingresar, observó que había mucha gente sentada esperando ser atendida. Retiró un número, que el destino señaló como un número primo. Cecil tomó nota del suceso y se alegró. Por alguna razón, los números pares les resultaban aburridos para sostener su espera. Extravagancias de gente inquieta. Tenía por delante una cantidad considerable de gente que había acudido a realizar su trámite en un tiempo previo al que él se había acercado al establecimiento. Resolvió ir por un café. Cuando entró en el bar, una camarera le tendió la carta. Cecil, al verla, se sintió confundido. Era el tres de bastos. “Truco”, le dijo la camarera. Ignoró la propuesta y pidió un café, pero inmediatamente se arrepintió pues tenía veintiocho para el envido. Qué boludo, pensó, y buscó consuelo en el horóscopo del diario que tenía sobre la mesa. El mismo arrojó que ese día recibiría una importante suma de dinero proveniente de alguien ajeno a su realidad cotidiana. Alzó la vista y vio que un hombre portando un maletín se acercó hacia la mesa que de momento consideraba suya. El hombre se sentó frente a él, abrió el maletín y le dijo: tengo algo para usted. Cecil, sin asombro, le respondió que estaba al tanto, pero no sabía a cuánto ascendía el monto.
-¿Qué monto? –Inquirió el hombre- Tenga, es una invitación al empíreo.

Tras varios minutos de charla sectaria, el predicador se retiró y prosiguió con empeño su tarea en otra mesa, donde otra víctima de su perorata absorbería sus palabras con entusiasmo. Cecil recogió el folleto que le había sido entregado y lo observó con desdén. Sobre la mesa estaba también el café y dos medialunas que no pidió. Endulzó a gusto y bebió sin apuro y sin demoras. Se fumó un puro y devoró moras. Estaban agrias. Leyó el periódico, de atrás para adelante como solía hacerlo por costumbre, y de derecha a izquierda para agilizar su intelecto. Pidió la cuenta y la camarera se la trajo. Cecil la resolvió con la ayuda de unos fósforos que le sirvieron de apoyo. Al salir, extrajo la corbata del bolsillo y se la colocó sobre el cuello. Un aerobus pasó sobre su calva testa atiborrado de gente. Introdujo la mano nuevamente en idéntico bolsillo y tomó la moneda. La observó detenidamente y pudo apreciar que databa del año 1954. Qué bárbaro, pensó Cecil, cómo pasa el tiempo.

En común

Fotografía de Jorge Guardia

El espejo en que nos miramos y las telenovelas románticas,
El baile menos soñado y las ideologías neuróticas,
Las horas matutinas y la existencia digital,
Los recuerdos post mortem y el talento prenatal,
La sonoridad mecánica y la amplitud mental,
La noche apacible y el perfume pluvial,
El dolor de muelas y la epístola papal,
El sexo en el zaguán y la frivolidad trivial,
Las notificaciones sobre el cristal y los anuncios con megáfonos,
Lo que sobre la almohada escuchamos y un coro de reidores autóctonos.

Mariposas y donaire

Estimados lectores de pacotilla:
Que leéis cada tanto alguna frase,
¿No creéis que la luna en una fase
Os sonríe y guiña un ojo, la muy pilla?

¿No pensáis que el cometa en su viraje
Os saluda con su cola y su coraje?

¿No observáis la mariposa que se posa
Sobre la rosa en vuestras narices,
Tan jocosa que se jactan las perdices
De su vuelo rozagante que rebosa?

¿No creéis que esa frase de algún sabio
La haya dicho en verdad uno en escabio?

A ver tú que te creéis tan importante
Con tus aires y tus humos de triunfante
¿No observáis que te conoce hormiga alguna
Y siquiera la abeja reina a ti te juna?

Seguime, la corriente

A vos que me vas a seguir
te tengo nomás que decir
que no me vas a alcanzar
pues sé viajar por el mar.

No quiero seguidores
de blog, ni consumidores
de tiempo libre, señores,
ni quiero mil aduladores.

No me vengan a decir
que todos serán lectores,
curiosos observadores
de a ratos han de venir.

Qué estás buscando, pregunto,
que das vueltas por la red.
¿Es que acaso quiere usted
matar el tiempo en conjunto?

Si acaso buscás poesía
yo te entrego el alma mía.
Si el tiempo querés ceder
te invito a retroceder.

Si buscás una distracción
te ofrezco alguna canción,
si entonces querés volar
la mano dame al despegar.

Tal vez ya no quieras nada
de emociones estás cansada,
capaz no escribas una carta.
Del amor, tal vez, estás harta.

¿Hay algo llamado destino?
¿O es tan sólo desatino
de nuestra parte pensar
que todo se da al empezar?

Importante es que el camino
le sirva sólo al peregrino
para saber que al pasar
nada él se podrá llevar.

Esa es la ley de esta vida.
Por eso te quiero decir
que no olvides que venir
es sólo un viaje de ida.

Como una droga perdida
vos la quisiste buscar
pero te vas a encontrar
con una vida consumida.

Entonces, ¿me vas a seguir?
Hoy que ni vengo ni voy
lo que recuerdo lo doy
es mi modo de servir.

La corriente nos lleva al mar
de regreso, a nuestro hogar,
allí no hay ni ir ni venir
ni existe eso de seguir.

Seguime igual, si querés,
algo podés encontrar:
cuentos, poesía y el mar,
que me ha llevado, ya ves.

De todo lo que hice

Hice un curso de antropomorfismo
Y me dio negativo.
Me hice el test de alcoholemia
Y aprobé con ocho.
Hice terapia de grupo
Y gané la de plata.
Me hice el sota en la cola
Y saltó la banca.
Me hice mates con peperina
Y perdí por cuatro.

La inmoralidad de los inmortales

¿Qué perdura en este mundo? Una estatua ecuestre puede durar cientos de años, pero finalmente se funde y da nueva forma a otro jinete. Mi fotografía caduca a la velocidad de las noticias irrelevantes que salen con frecuencia cardíaca al tiempo que el rostro que la animó se avejenta con lentitud animal. La arquitectura garantiza un confort por un período más extenso que lo que duran apenas las penas, las glorias y el fatuo éxtasis de los triunfos. De parabienes, las cosas que compro y no se pudren ni corroen son viejas para el mercado en un santiamén y pronto darán vida a los cerros residuales de la civilización. Todo conjunto que se crea como construcción social es una metáfora del individuo, dando sensación de continuidad, un retazo de la existencia como síndrome del imperio, el mundo o la sociedad. La pilcha se desgasta, los pelos se caen, la sangre se dona. El berretín de que la vida es una sola fue apropiado para envilecer el consumo como mística del capitalismo. Las obras pictóricas se admiran durante siglos pero el vaivén del entramado artístico las relega al olvido. Los inmortales trascienden con su obra, o mejor dicho su obra trasciende la muerte, he aquí la inmoralidad sublime con que desentraña la cultura aquella pieza viva que descubre el hombre, como el Sol que ha estado allí, al unísono de su haz de luz, nosotros, las estrellas y el arte genuino. Esto lo revelan los beduinos al afirmar: nada será eternizado, lo eterno es siempre, de hecho polvo.

Fundamental

Antes que nada, soy fundamentalmente humano. Humanista hasta la médula y humanoide hasta el cerebroide, sin cédula. Soy fanático del fanatismo, aunque un poco escéptico del escepticismo. Agnóstico soy de vez en cuando y, en temporada baja, gestáltico. Cuando hace frío psicótico y en el verano soy calentón. Paranoico en la cola del súper y Supermario en los videojuegos. Jugador empedernido, ex fumador de Particulares y particularmente estúpido. Soy ingenioso en las finanzas y financista en la cobranza. Pobre de mente y demente espiritual. Mi fortuna no tiene igual. Soy riestra de hincha y cabeza de ajo. Soy menos que nadie y nada menos que todo. Soy asesino de moscas y mosquita muerta. Soy carmelito descalzo y calzo mocasines en otoño. Soy noble, soy un roble y visto sin moño. Soy mostachol de trigo candeal con salsa bolognesa sin queso. Soy un queso a las cartas. Soy cartero. Soy multifunción en la cocina, polifuncional en la cancha y no funciono en la oficina. Soy oficinista, malabarista, médico, patético, abogado, dopado, locutor, fumador, tachero, fachero, macho, facho, morrudo, boludo, timbero, fulero, conquistador de continentes, silbador prominente, lector, hueco, escritor, chueco, espectador, seco, melómano, mitómano, seductor, constructor, constipado, equilibrado, hombre bien parado, joven con hambre, viejo con calambres y soy sujeto tácito. Soy televidente y soy visionario. Soy evidente y no tengo horario. Soy republicano, república y anónimo. Soy conocido, conocimiento y conocedor. Soy vergonzoso y soy caradura. Soy contradictorio pero soy de lo más simple. Soy una luminaria sin peros. Soy lúcido, calvo, barbudo, lampiño, huraño, sociable, testarudo, apreciable y soy un peludo abombado. Empleado esmerado y empleador cagador. Soy cagón y soy un sorete. Soy valiente y uso bonete. Soy simpático, carismático, higiénico, fotogénico, soy asmático y hago fletes. También soy celíaco y sería bueno de no ser tan malo a los dados pero la gasto en los juegos de mente. Soy ocurrente y soy como el resto de la gente. Soy diferente, soy igual que los demás y soy un referente. Soy referí. Soy independiente. Soy funesto y soy suertudo. Soy un pelotudo sin importancia. Soy inteligencia sin trascendencia. Soy apenas mormón y soy demasiado glotón. Soy rubio de cabello negro. Soy un cabecita negra de corazón bonachón. Soy un corazón negro sin cabeza. Soy un hijo de puta y homosexual. Soy homofóbico y sexópata. Soy hetero y soy burócrata. Soy mujeriego y soy telépata. Soy reprimido, represor, gestor, opresor, oprimido. Supremamente atractivo. Soy afectivo con el efectivo. Soy supervisor de colectivo y soy colectivero superior. Soy querido. Soy sincero. Soy cornudo y aventurero. Soy padre, tío, cupido, hijo, hermano, cantante, amigo, marido, novio, sultano, compañero, abuelo, amante, sobrino, mengano, beduino, cuñado, bovino, nieto y vigilante. Soy seguidor, soy perseguido, soy persecutor y soy percutido. Soy curtido y chapado a la antigua. Soy moderno moderadamente, de algún modo actualizado y soy moderador. Soy moderado y charlatán. Soy callado y holgazán. Soy trabajador y soy trabalenguas. Soy destapador oficial de cervezas en bares clandestinos. Soy oficial de cabeza. Soy clandestino y tengo documentación que lo prueba. Soy probablemente un documento, soy de un país vecino. Soy un documental. Soy argentino. Soy siervo y soy servil. Soy un servidor, soy servido y soy servidumbre. Soy lumbre y soy lumbrera. Soy luneta trasera. Soy la delantera de Italia noventa. Soy del ochenta y soy un bocho. Soy pavo y estoy chocho. Soy romántico y un poco asqueroso. Soy bello y soy sarnoso. Soy pulcro, vulgar, digno, leal y soy un mugroso. Soy vegetariano y soy oriundo. Soy extranjero, profeta, nativo, inquilino, berreta y como actor de telenovela soy gracioso y soy inmundo. Soy artista, esquimal, payaso, licenciado, chofer, bufón, carenciado, liberal, equilibrista, mago, marginal, ciudadano, director, extra, pintor, barrendero y gerente de banco. Soy un pobre diablo y soy un señor. Soy un caballero y un admirador. Soy muy admirado, olímpicamente ignorado, medallista olímpico y soy ignorante. Soy un salame, soy ciruja y soy elegante. Soy bastante granuja y soy pedante. Soy un poco brujo y estimulante. Soy filántropo, crítico, crédulo, engreído, desconfiado, malhablado, presumido, sonámbulo, cítrico y antropófago. Soy robusto y lustrabotas. Soy adinerado sin par. Soy el presidente de una academia de letras detrás de bambalinas. Soy académico como una prima y analfabeto con respeto al peatón en la esquina. Soy irrespetuoso, soy majestuoso, soy recto, zaparrastroso y soy botánico. Soy bruto y soy ecuménico. Soy básicamente un delirante crónico y un cronista de delirios ajenos. Soy básico y soy ajeno a los complejos. Soy un don nadie sin don. Soy un don Juan. Soy donante de órganos de Juan. Soy orgánico. Soy organismo y soy organizado. Soy desorden. Soy caótico y desordenado. Soy ordenador y no acato órdenes. Soy un subordinado. Soy un organigrama literario. Soy tranquilo, locuaz, proclive, tenaz, infame, mordaz, osado, capaz. Soy incapaz de matar una hormiga. Soy una hormiga de la comunicación. Soy comunicador, comunicado y comunicando. Soy común y extraordinario. Soy como un código binario. Soy decimal y no tengo códigos. Soy en principio antropólogo. Soy al final un androide odontólogo. Soy oncólogo y soy de cáncer, soy un cangrejo psicólogo. Soy de a ratos un espejo. Soy como un gato muy viejo. Soy un perro de cuatro. Soy bípedo y soy lánguido. Soy un torpedo y soy un bramido. Soy brahmán y soy protestante. Soy una protesta mutante. Soy terrícola y soy carnívoro. Soy un cavernícola herbívoro. Soy un vegetal y soy un vejiga, soy un mal chef egresado del Iga. Soy cliente, paciente, ansioso y bondadoso. Soy amable y vanidoso. Soy culpable y perezoso. Soy Inodoro Pereyra. Soy indolente, interesante, culposo, interesado y soy doloroso. Soy un dolor de cabeza. Soy un cerebro privilegiado. Soy un descerebrado. Soy un monumento tallado. Soy una estatua de bronce. Soy inquieto y no tengo un cobre. Soy cobrador en bicicleta y uso gomina. Soy una máquina y una carreta en la banquina. Soy corredor de bolsa y mozo de magra propina. Soy animal pero no sé cuál. Soy cualquiera. Soy de madera. Soy un millonario de veraz. Soy un acaudalado sin causa. Soy improvisado y soy automático. Soy un autómata fallado. Soy autosuficiente. Soy eficiente e insuficiente. Soy insufrible. Soy divertido y me aburro normalmente. Soy subnormal. Soy más normal que la gente. Soy un normando, soy navegante y soy comandante. Soy como todo caminante. Soy peregrino y adicto al vino tinto. Soy albino y soy un extinto babuino. Soy baboso y soy divino. Soy abonado al casino. Soy cada tanto malhumorado. Soy un primor, soy desubicado y soy primitivo. Soy un rubor colorado. Soy cromosoma equis y una incógnita sin solución. Soy solucionador de problemas, resuelvo algoritmos y diagramo esquemas. Soy algebraico y pego mosaicos. Soy maestro, soy obrero y soy doctor. Soy un motor de tractor. Soy tracto, trayecto y no tengo tacto ni trayectoria. Tampoco tengo memoria, historia, ni pactos pero lo soy. Soy un lenguaje abstracto. Soy concreto y soy un desastre. De sastre no tengo secretos. Soy secretario y soy propietario. Soy detective privado. Soy chacarero, soy chatarrero y soy proletario. Soy sepulturero y estrafalario. Soy ordinario y soy pendenciero. Soy pacifista severo. Soy pacífico y soy análogamente atlántico.
Después de todo este cántico, soy fundamentalmente océano. O sea no soy lo que fui.

Tormento de escritor

Se sienta frente a la hoja en blanco
recuerda las batallas de Lepanto
que no sólo lo dejarían manco
llenaran de pasmo y del espanto.

Y surca como el mar el pensamiento
divaga en su pesar, en su tormento,
se deja atravesar por todo el viento
por lluvias y granizo, el firmamento.

En un rapto de súbita impresión
surge un vendaval de inspiración,
¿son musas o guía de constelación?
Lo cierto es como una revelación.

Escribe, va luchando con molinos
que le cierran el paso a sus caminos,
escribe a pesar de los torbellinos
de ráfagas intensas, de remolinos.

Y encuentra que el escrito es bueno
es pulcro, el manuscrito es ameno,
quizá en su tormento hay truenos
relámpagos que lo iluminan menos.

No es que sienta un bloqueo creativo
a pesar de la muerte se siente vivo,
pues la resurrección es paliativo
y está en la eternidad ser recreativo.

Le dice a su compadre nos marchamos
y el otro le pregunta a dónde vamos,
a buscar señal de que cabalgamos
si no encontramos perros les ladramos.

La cita



Ella camina, vestida de agua, donde reviste el maquillaje,
anda, camina, sigue de viaje y todos miran su blanca enagua.
Cosas y gente le abren paso, y caminando redime el ocaso
ellos que visten trajes de piel, ella tan dulce como la miel.
A la mirada de los señores no se le escapa su cabellera,
no la distraen ni los motores, ni las baldosas, ni billeteras
cuando el semáforo la habilita cruza tranquila la callecita,
en la vereda, mientras transita, piensa una frase para la cita.
Limpia su mesa la camarera, saca el teléfono de la cartera
pide un café, como cualquiera, manda mensajes mientras espera.
Se hace de noche, sale la luna, ante las faltas tiene vacuna.
Pero otra vez hoy le fallaron y hasta los loros tristes callaron,
pagó la cuenta sin dar propina y se marchó hacia la esquina.
Brota de un ojo una amapola, mientras se aleja, camina sola.

El momento presente

Hay cosas que tocan el momento
Lecciones que sirven de escarmiento,
Vistas que encubren el paisaje
Hay aves que nutren el follaje.

Hay algo en el momento presente
Destaca lo actual noble y vigente,
Hay ciertos vestigios de tu ausencia
El amor de ser está en la esencia.

Hay ciertos sabores en el goce
Dolores que ceden ante el roce
De nuestra limitada condición
Y hay además destino e ilusión.

Se amigan tu alma, la naturaleza
Y sin nada te sientes la realeza,
Hay también intuición y libertad
Y hay dicha, sublime majestad.

El ruido

¿Es la imagen adicción?
Suscita imaginación,
Un mosquito es picazón
Despertando comezón,
El ruido, similarmente,
Transita verbal en mente
La palabra, contradicción,
También suple la función
Como una triste canción,
Un verso es comunicación.

Palabras que comunican

Vivimos en mundos de ideas
Ideas que a su vez son palabras,
Palabras útiles para estar bien,
Palabras innecesarias
Palabras que a veces nos ayudan
Nos ayudan a evitar el mal,
Palabras huecas, palabras secas
Las que calientan y las que alientan
Palabras vivas, palabras ciertas
Palabras torpes, palabras muertas
palabras aparentemente importantes
Y las que se lleva el viento,
Palabras ágiles, palabras hábiles
Palabras que no son cuento,
Palabra era la de antes.
Palabras que comunican, transmiten
Las que suplican, las que remiten
Palabras que vuelven con furia
Palabras amorosas y bondadosas
Y las que quedan en las baldosas,
Palabras húmedas, palabras tiernas
Las que agradecen, ¿y las eternas?
Palabras sencillas, palabras varias
Palabras que nos cuentan historias.
De palabras se teje nuestro mundo
Sin palabras es el sentir profundo
Donde las vidas se estremecen
Donde palabras y amores florecen.

Necesitamos un post

Necesitamos un post que no nos haga pensar
Necesitamos un post que no nos dé qué opinar
Necesitamos un post que no nos impulse a juzgar
Necesitamos un post que no nos haga emocionar
Necesitamos un post que no nos dé de postear
Necesitamos un post…re.

Palabra perdida

Estaba escribiendo un cuento y cuando promediaba el nudo de la cuestión, se me escapó una palabra. La busqué infructuosamente en el diccionario, sin suerte. Pero no me apichoné y la busqué también en gugle, aunque no estaba ahí. Consulté con expertos que me dijeron que si no estaba ahí era porque no existía, pero ¿qué eran las palabras antes de llegar a la existencia? Era la oportunidad de darle vida, aunque eso sería parte de la discusión de si las palabras estaban vivas, o se les infundía vida al mencionarlas o era letra muerta, meros símbolos que facilitaban la comunicación. Mientras tanto, trenzados en debate, la palabra seguía sin aparecer aunque mantenía en la mente su presencia, como la de un fantasma sin nombre que merodea las habitaciones de la casa en los momentos en que el resto duerme. Releí el cuento, hasta donde había perdido la palabra y no pude deducir si se trataba de un monosílabo, una onomatopeya, un vigoroso verbo o un insustancial sustantivo. Lo único que tenía claro era que se trataba de una palabra que estaba pronta, no digo ya de inmediato, a hacer su aparición en el mismo. ¿Y qué papel jugaría ella en el cuento? ¿Qué rol cumpliría? ¿Qué funciones? Bueno, eso indudablemente lo dirían las líneas subsiguientes y, hasta quizás, las precedentes. Había algo, como una espina clavada en un dedo, que le impedía al cuento proseguir en su desarrollo tendiente a un desenlace específico, y la palabra perdida era sino importante, crucial; sin ella, cualquier camino emprendido sería otro diferente a aquél que hubiese recorrido naturalmente como fluye el río hacia el mar, sorteando las vicisitudes del terreno. Aunque valía la pena preguntarse si el artificio narrativo de un cuento se trataba de algo natural, por muchas aristas naturales que contenga y/o describa. Pero no me quería escapar del tema e irme por las ramas por temor -quizá justificado- a perderme como cierta palabra que cuando estaba pronta a aparecer en el cuento, escapó. Y con esto no quiero decir que no se la haya capturado, que alguien la haya retenido o pronunciado o que tal vez reposa en una poesía de Rubén Darío, sino que escapó de mi alcance y el cuento quedará trunco o sepultado hasta tanto regrese, se presente, la reconozca y le dé su lugar en el mismo, ocupando el espacio para el cual fue pensada, como cada gota de lluvia en otoño que moja la tierra, cumple su cometido y, luego entonces sí, desaparece.

Cuentos

Me encontré escribiendo
Me perdí leyendo,
Naufragué sintiendo
En dramática seriedad
En cuentos de libertad
En cautiva actualidad
Divagué creyendo,
Si me sigo yendo
Volveré viviendo.

Sepanlo

En la época presente, entre los avances conocidos en ciencia y tecnología, con todos los conocimientos disponibles y accesibles que hay es relativamente sencillo adquirirlos y acumularlos, por lo cual decir ‘yo sé’ no es enteramente erróneo pero no es toda la verdad, ya que el hecho de que uno sepa no concluye en lo que sabe; de ahí que resulta indispensable resaltar y destacar que no solamente yo sé, sino que simultánea o paralelamente yo sabo.

Cascarón

Va picando el pollito el cascarón
desde adentro es a puro corazón,
se disfraza de alegría tu intuición
en un año que renueva la ilusión,
la felicidad no es baja condición
es deseo y sueño, es premonición.

20xx

Se va un año
Se va al baño,
Se va por los acueductos
Escapa del calendario
Y los días hacen el empaque
Cambiando a nuevo almanaque,
Y vendrán otros domingos
Otros martes, otros agostos
Transitando vientos y mares
A traer viejas novedades
A traer antigüedades
Noticias y vaguedades.
¡Adiós año vencido!
Ahí viene tu reemplazante
Tal vez sea estimulante
Ver qué trae de conocido
Y qué trae por conocer,
tan sólo intriga saber
cómo llegará vestido.

de ideas y sensaciones

La vida es una maraña
de ideas y sensaciones
la vida a veces engaña
con sus contradicciones.

El año se me escabulle,
arena entre los dedos,
quizá el tiempo engulle
a todos nuestros credos.

Y sobreviven creencias
que adoptan las modas,
atisbos, reminiscencias
como baile en las bodas.

El día se ve tan claro
como agua de manantial,
quizás nos parece raro
un averno en lo celestial.

Despega, surca los aires
en vuelo tan magistral,
navega y cruza los mares
el crucero fenomenal.

Es el viaje una estadía
que obnubila sufrimientos,
pasajero de la osadía
que detiene pensamientos.

El silencio cobra sentido
cuando la palabra derrapa,
ruge el león malherido
siente que la vida escapa.

Se va

Se va un año del calendario
se va una vida del vecindario,
se pierden los sueños a diario
como gotas que deja el rocío
se pierden nubes en el estío
cual parábolas ante el hastío.

Y se van yendo de paseo
los refranes en el ajetreo
también se van del museo
los visitantes de la ciudad,
se va también la pubertad
y crecen ansias de libertad.

Seguro se irán los temores
pasiones ciegas, los rencores
pasan y pasan los motores
pasan aves, pasan palomas
se van malestares con bromas,
es la serenidad que asoma.

Novedad



La música tiende a relajar
las tensiones de este mar,
el alma tiende a cacarear
las piernas quieren bailar.

Y en la cabeza ya suena una canción
y el corazón se extasía en diversión,
en un día que celebra la bendición
es un nuevo muy antiguo notición.

El presagio de la noche es un rumor
los estruendos van augurando color
hasta el cielo tiene ese toque de humor
En la noche de paz, noche de amor.

El tiempo corre sin piedad
busca alcanzar la eternidad,
se detiene en osada libertad
y celebra el día la novedad.

Edad nueva para el hombre sin temor
sus preceptos iluminan lo interior
como el sol refulge en el exterior
y se funde toda luz ante el dolor.

Como un rey al que se hace alusión
es vivir la vida un canto a la redención,
Si la muerte dicta el fin de la ilusión
Ya habrá dicha para la resurrección.

La orquesta

En el medio de la noche
Un grillito vitoreaba
y cantaba una canción,
Unos sapos hacían coro
Y una rana el acordeón
Con maestría ya tocaba
Que la orquesta se formó
Con murciélagos, renacuajos
Tocando flauta y trombón
Y un búho al contrabajo
La vista no le despegaba.
El público estaba formado
Por multitud de mosquitos
Luciérnagas y escarabajos
Que aplaudían a rabiar,
Y un gato en la cornisa
Iluminaba con celular,
La luna como testigo
Del espectáculo natural
Se apareció con piyama
Y se olvidó maquillar,
Las arañas muy contentas
Con la orquesta y el croar
Tejían las telarañas
Mientras escuchaban cantar,
Al rato se despidieron
La noche y las cucarachas
Embargadas de emoción
Y el grillo, con voz serena,
Los invitó a descansar.
Mañana, con luna llena,
Los espera doble función

El sapo y la oruga

Una tarde de lluvia tenue, se encontraron un sapo y una oruga en el cordón cuneta de la calle Alem. La oruga se quedó mirando la fisonomía del sapo con curiosidad, mientras este cazaba al vuelo una mosca.
-Disculpame -le dijo el sapo a la oruga que prestaba atención a los detalles de la escena-, es que hoy no desayuné.
-Te entiendo -sostuvo la oruga-. A mí no me pasa porque siempre tengo alimento cerca, salvo que me manden al exilio en un desierto o a un octavo piso. Pero, ¿Nunca pensaste que esa mosca pudo ser una gran personalidad o una gran moscalidad en su caso, y vos te la devorás así tan a la ligera?
-Sí, lo pensé, pero la cadena alimenticia es así, qué le vamos a hacer. Cuando hay hambre, hay hambre hermano.
-Se nota que no te preocupa -dijo la oruga mientras ascendía a la vereda, por si las moscas-, no obstante, quizá esa mosca fue un ancestro tuyo antes de ser mosca, puede haber sido tu tátarabuelo ¿no te parece?
-No lo creo, los sapos somos siempre sapos, y en contadas veces, somos príncipes. ¿Pero moscas? Ni siquiera como castigo divino sería posible. Además, ¿vos qué sos, defensor de moscas y ausentes?
-En absoluto -dijo la oruga caminando hacia atrás-. Puedo ver que tu entendimiento en esta materia es muy limitado, querido amigo, sin embargo ¿No creés en vidas pasadas? ¿No pensaste que antes de esto pudiste ser otra “cosa”?
-Creáse o no, antes fui profesor de aeróbica, censista, bacán, peluche, licenciado en química, trapecista y médico de cabecera; pero siempre en condición de sapo, antes no recuerdo. -dijo el sapo dando un saltito hacia la oruga, que ya había empezado a trepar un cedro.
-Si, puede ser, pasa que olvidar es tan común como recordar. Pudiste haber sido además de príncipe y luego rey, un sultán o un zar, pero hombre.
-¡Qué sé yo!¡Es creer o reventar! -exclamó el sapo con entusiasmo.
Y eso fue lo último que dijo, antes de que lo aplaste un auto que estacionaba en el lugar.

Señales

Sensaciones, pensamientos
que decoran el momento
rostros viejos, educados
cámaras por todos lados
no registran las ideas
ni qué sienten las mareas,
va quedando en el archivo
lo que pasa, lo que ha sido
y lo que será proyectando
cómo el mundo va marchando
cómo avanza y retrocede
lo que pasa, o se sucede
cada paso que transita
el peatón o en calesita
el tránsito vehicular
el acontecer crepuscular
compras, ventas, trueques
en efectivo o con cheques
con tarjeta o con postales
lo que pasa, sus señales,
cada beso en la cantina
los que esperan en la esquina
y palabras en letreros
teléfonos monederos,
las prisas, viene la noche,
el apuro, timón del derroche
de dinero, de energía
que se cubre con la orgía
todos sedientos de carnes
lamentos de cada lunes,
lo que pasa, cada semana
pelos rebeldes por la mañana
las canas que aparecen
recuerdos que estremecen
todo parece marchar
es el vaivén al viajar
es el paso en el camino
es destreza ante el destino.

La burocracia de los vivos

El hombre yacía sobre el camastro entubado, con máscara de oxígeno y con cables que colgaban de sus brazos hacia el soporte metálico parado a un costado del mismo. Cada tanto sollozaba o pugnaba por respirar. Apenas abría los ojos, echaba un nublado vistazo a la habitación y volvía a cerrarlos.
-Umpiérrez…Umpiérrez –le hablaba la enfermera, esperando alguna reacción. Luego, cuando el hombre entreabría los ojos le preguntaba cómo estaba.
-Bien, nena, bien. –respondía el hombre con la poca fuerza que tenía, ya con los ojos cerrados.

La enfermera le hacía los controles correspondientes, aplicaba la inyección de turno y se marchaba con todos los aparatos a cuestas.
El hombre ya no razonaba con facilidad. Por momentos soñaba que estaba en una playa de esas con estatus de paradisíacas, por la vista y la tranquilidad que ostentan en comparación con el ajetreo, el ruido y la suciedad de otros lugares como metrópolis menos cercanos a lo que cualquiera imagina como un paraíso; y en el sueño, jugaba con unos amigos que parecía conocer de siempre, hasta que algo estaba por despertarlo y el hombre, consciente, se despedía:
-Todavía no me puedo quedar. Nos veremos en un rato. –decía en el sueño antes de abrir los ojos, dejando el sueño con la tristeza de hacerlo y la ilusión de regresar.

-Bien Umpiérrez –decía el doctor-, usted no está muerto de casualidad, o más bien por esas cosas que la ciencia poco explica, o al menos hasta donde llegan mis conocimientos clínicos.
-Al menos admite que es poco lo que sabe, doctor. –le replicaba el hombre hablando a través de la mascarilla, cuya voz salía con una estela de eco a través de la misma.
-Poco o suficiente, la cuestión es que a usted sólo le queda esperar. No podemos hacer nada más de lo que prescribí a las enfermeras, pero lamentablemente usted, Umpiérrez, se nos va.
-No pienso ir a ningún lado, y menos sin certificado de defunción. ¿Me lo podría firmar, doctor?
-A su debido tiempo, a su debido tiempo, Umpiérrez. –el doctor haciendo un gesto negativo con la cabeza, daba media vuelta y se retiraba de la habitación.

El hombre inicialmente falleció. Se sacó la mascarilla de oxígeno, se desentubó y se retiró los cables que le colgaban de los brazos y del pecho para luego retirarse de la habitación de cuidados intensivos y dirigirse a la cafetería del hospital. Caminó por largos pasillos en chancletas y sólo con un camisolín verde manzana que le dejaba la espalda al descubierto.

Al llegar a la cafetería, pidió un café y dos medialunas. El empleado que atendía allí lo miró fijo y le dijo:
-Señor, ¿usted no está muerto acaso?
-Efectivamente.-respondió vigoroso el hombre.
-Entonces no pretenderá que lo atendamos como si estuviera vivo.
-Joven, usted debe atender a todo el mundo por igual, sin distinciones entre vivo o muerto, joven o viejo, rico o pobre, enfermo o sano, macho o hembra.
-Acá sólo atendemos a los vivos. Los muertos no me mueven un pelo.

El hombre le surtió un cachetazo que lo despeinó.
-Está bien, está bien. Vamos a hacer una excepción con usted. Acomódese que le llevo el café.
-Gracias.

Tras beber el café y hojear las noticias del día, el hombre regresó a la habitación donde había estado varios días, se vistió y recogió sus adminículos y cuando se estaba por marchar del lugar fue interceptado por una enfermera que le recriminó haberse ido de la habitación de cuidados intensivos sin haber avisado.
-Señorita, los muertos no andan dando explicaciones de sus acciones ni rinden cuentas de las mismas porque para los vivos no tienen sustancia.
-Igualmente tendría que haber avisado. Además, ¿cómo anda por ahí entre los vivos sin llevar el certificado de defunción? Cualquiera lo podría confundir, imagínese hasta dónde podría llegar el malentendido.
-¡Bah! ¿Cuántos muertos caminan entre los vivos sin ser notados? ¿Usted los nota? Seguro que no, solamente tiene el recuerdo basado en su ausencia con el carácter de vivo. Sin embargo, ahí están, pugnando por tomar un café o luchando para cobrar su jubilación, o el seguro de vida…
-El seguro de vida lo cobran los vivos, no los muertos.
-…o haciendo los trámites necesarios para llevar una muerte digna, discutiendo inútilmente con la burocracia de los vivos.
-Y bueno, señor, no se hubiera muerto y todo sería más sencillo para usted.
-Claro, señorita, usted lo plantea como si fuera una cuestión de elección, cuando no hubo tal. Nadie me dijo dónde tenía que firmar si quería seguir vivo o tenía la intención de llevar esta muerte. –dijo el hombre ya con fastidio- ¿Está listo el certificado de defunción? Lo voy a necesitar para unas cuantas cuestiones de papelerío.
-No, el doctor todavía no lo firmó. ¿A dónde quiere que se lo enviemos? –inquirió la enfermera.
-Despreocúpese, lo vendré a buscar en unos días, cuando no haya más remedio.
-Disculpe Umpiérrez, usted ya no tiene remedio, le recuerdo que está muerto.
-¡Como sea! –refunfuñó el hombre. Y se marchó.

Tuvo la intención de tomar un colectivo, pero los distintos choferes se negaron a llevarlo, con excusas como de que sólo transportaban vivos, de que el colectivo no era un coche fúnebre, de que el convenio les prohibía trasladar cadáveres, etc. y no atendían ninguna de sus peticiones por más que insistiera con tesón, por lo que resolvió irse caminando hasta la Dependencia de Seguridad Social. Cuando cruzaba la zona céntrica, una niña que iba de la mano de quien sería su abuela, mirando al hombre le dijo a ésta:
-¡Mirá abuela! ¡Un muertito!
La abuela se horrorizó
-¡Ahhhh! ¡Un muerto! ¡Ahhh! ¡Llamen a una ambulancia!
-¿Qué pasa señora? –le preguntó un policía que estaba vigilando el orden en la zona.
-¡Un muerto! ¡Un muerto!  -decía la abuela señalando al hombre que proseguía caminando delante de ellos. El policía llamó por handy a la comisaría.
-¡Atención, atención! Tenemos un muerto caminando en Avenida Passo al dos mil cien. ¡Repito! Un muerto caminando en Avenida Passo al dos mil cien. Espero órdenes para proceder.
Otro hombre gritó desaforado:
-¡Ahhh! ¡Un muerto! –y tras decirlo cayó desmayado sobre la acera. El policía inmediatamente volvió a llamar por handy y pidió la asistencia de una ambulancia.
La gente se agolpó en el lugar, deteniendo su andar. Algunos alrededor de Umpiérrez, a quien miraban con una mezcla de horror, asombro y curiosidad, otros alrededor del hombre que se había desmayado. El hombre forcejeó un poco con quienes lo rodeaban, abriéndose paso entre los vivos y se dio a la fuga mientras el agente policial se había avocado a la tarea de despejar a quienes rodeaban al otro, hasta tanto reciba atención médica.

Tras esperar varios números delante, llegó el turno de ser atendido.
-¿Apellido?
-Umpiérrez.
-¿Nombre?
-Ángel.
-¿Edad?
-No, ya no corre.
-¿Cómo dice?
-¡¿No ve que estoy muerto?! –enfatizó el hombre como si la apariencia lo delatara.
-Ah claro, usted es un ángel.
-Disculpe, señorita, pero no tengo tiempo que perder. Uno nunca sabe cuánto durará esta muerte.
-Sinceramente, lo compadezco. Me dan mucha pena los muertos. –dijo la dependiente.
-Compadézcase de los vivos mejor, que con sus frágiles certezas construyen castillos en el aire.
-¿Y la muerte qué certezas le dio a usted?
-Ninguna, o quizá la única certeza valedera. Quién sabe.
-Igualmente acá sin el certificado de defunción no le vamos a poder realizar el trámite. Es un papel necesario e indispensable.
-¿Y no podría hacer una excepción? –sugirió el hombre con una sonrisa que lo confundía entre los vivos.
-Señor, no lo podemos atender como a uno vivo. El reglamento de la institución lo prohíbe. Mande a algún pariente suyo con el certificado y con todo gusto lo atendemos.

El hombre tras despedirse se retiró de la Dependencia y caminó y caminó y caminó, no sin antes sortear diversos obstáculos que detuvieron su marcha, como ser vivos que le querían vender cosas, viejos muertos conocidos que le daban charla de su recordada vida o de su nutrida muerte, otros muertos que le pedían algún consejo o guía para llevar una buena muerte, vivos que lo señalaban como algo a desterrar o a enterrar, vivos que se lo confundían con uno de ellos, muertos que se lo confundían con uno vivo, muertos que mendigaban, vivos que pisoteaban, muertos que aconsejaban, vivos lúcidos que le palmeaban el hombro y lo felicitaban por llevar una serena muerte y otros tantos que, por algún motivo u otro, le impedían llegar temprano a la playa de sus sueños.


Lo vivido

Todo lo vivido
Todo lo pensado
Todo lo soñado
Todo lo desado
Viaja a ningún lado
Sigue de costado
Queda cual legado
Como lo heredado,
Como por traslado
Sigue recostado
Cerca del tejado
Cerca y alejado
Junto a lo cargado
Duerme aletargado
Y al ser despertado
Vuelve recreado.

Lágrimas

Truena el campanario celestial
Celeste llora lágrimas de sal,
Malestar que se vuelve habitual
Donde todo siempre le resulta igual.
Nunca sale de su caja de cristal
Solamente a dar un paseo virtual.

Sin pensamiento

¿Qué son las palomas sin el viento,
qué es del hombre sin pensamiento?
¿Qué es del mar sin el oleaje,
qué es la boda sin el traje?
¿Qué es del alba sin la tierra,
qué es la madera sin la sierra?
¿Qué son los peces sin el río,
qué es de la nieve sin el frío?
¿Qué es de la tormenta sin el trueno,
qué es esto que cada vez sé menos?

Lo que fuere

Si es fruto del trabajo
O es obra del destino,
Si estafa es desatino
Algunos lo llaman bajo,
Si se asemeja al trueque
Al trocar tiempo, esfuerzo,
Si vale lo que un cheque
Y se cobra con escuerzos,
Si todo lo simplifica
O en falta la complica,
Si es también gratificación
O redunda en emoción,
Si es centro de atención
Ya de cualquier nación,
Si manda sin criterio
O es coima en ministerio,
Si a las personas mueve
O se moja cuando llueve,
Si te saca de apuros
O se cambia por duros,
Si es deuda o agujero
O es cobre en monedero,
Si en números se mide
O con palabras se pide,
Si paga el alimento
O es ladrillo y cemento,
Si me importa un cuerno
O te lleva al infierno,
Si sólo es un invento
O le hacen monumento,
Si sirve a buenas obras
O lloras si lo cobras,
Si sólo es que va y viene
O ayuda y entretiene,
Si es vil metal rastrero
O es cuenta del banquero,
Si es cambio o se acumula
O a la felicidad emula,
Si es tierra para sembrar
O facilita el bienestar,
Si es culpable de males
También tiene sus rivales,
Si es eso o tal vez un poco
O es lo nos vuelve locos,
Si lo damos por perdido
O le encontramos sentido,
Si es causa de distancia
O no se le da relevancia,
Si es un café, un licuado
O es algo del pasado,
Si al mundo lo involucra
Y por ello se lucra,
Si es un mal necesario
O un bien del recetario,
Si mal se distribuye
O al bien lo constituye,
Si es una recompensa
A una labor inmensa,
Si es amo o esclaviza
O si a todo relativiza,
Si sólo es la jactancia
O no le da importancia,
Si se pierde en los vicios
O se gana en los juicios,
Si es modo de intercambio
O no tiene recambio,
Si sólo es pasajero
O un turista de acero,
Si ronda el pensamiento
O te lo trae el viento,
Si es como aire en la rueda
O es sólo una moneda.

Luz

El sol sale para todos
Para todos, sí señor,
Pero de todos modos
El sol sale a lo mejor
Pese al dolor de codos
Del otro lado, señor;
Y si eso nos desorienta
Seguro que no amedrenta,
El sol que nunca nos falta
De Tokio hasta Punta Alta
Sale -pues nunca duerme-
Así no quiera al quererme,
Pues su luz hace alusión
Al hombre y a su ilusión
Que así la viva en poesía
Es grata la travesía,
Con dolores que nunca faltan
En colores, que a la vista saltan,
Con luz disipando la oscuridad
Con luz todo es claridad.

Dónde

 

Aquí comienza la vida
quién sabe dónde termina,
Aquí, sin más preámbulos
sino dónde pudiera ser,
Aquí comienza enseguida
quién sabe cuándo culmina,
Aquí, sin tanto ángulo
sólo es donde puede nacer.

Recortes

 

Entre frases y sentencias
recortan con vehemencia
de una pieza tan singular
como un texto al circular,
pierde sentido lo escrito
y torna breve el escrito
-disculpe si me repito-
perdiendo su integridad,
como si al ser recortaran
su particular capacidad,
miembros, su percepción
y de tal modo esparcieran
su nobleza, su condición
pintando azul con pincel
tan sólo una parte de él.
Con esto tan sólo digo
hay una voz que persigo,
es la voz de aquél autor
de un sentimiento rector,
que los recortes mutilan
sin ánimos de hacerlo
y aún debo reconocerlo
en esas frases anidan
sus huestes, lo que dejaron
de textos que conquistaron
a muchos lectores atentos
que se quedaron contentos
y entonces los recortaron
y a los libros olvidaron.
Así funciona el esquema
de las frases y fonemas,
pero si se siente perdido
entonces busque el sentido
del texto, de lo escrito
lo que transmite el escrito
-disculpe si me repito-.

La luna sobre un charco

 

Buscando la luna en el reflejo
no me dirás que es de viejo,
que el corazón no envejece
da la luz donde todo crece
que florece y que fructifica
y que a todo el mal rectifica.

La encuentro sobre un charco
nítida, como al mar un barco,
que ni el viento precipita
en su tenue movimiento,
y en sutil descubrimiento
es el corazón quien la recita.

Eloy

Si investigamos un poco el calendario, todos los días del mismo es el día de algo. El perro y el gato tienen el suyo, el médico, el arquero y el escritor, el técnico, el enfermero y el ruiseñor, la mujer, el pavo y el escultor. Nadie se queda afuera del calendario, cada profesión, cada oficio, cada animal tienen un día al año para homenajearlo. Padre, niño, jubilado; maestro, secretaria y el tarado; trabajador, teniente y el sonado.
Hay homenajes que se superponen, pero no se contraponen: el día del imbécil no se celebra el de la astucia, ni el día de la gaita festejamos el de la guitarra.
Por todo esto y por más, hay quien piensa que todavía falta un día o que está por llegar, y es el día menos pensando, pues simplemente es el día del hoy.

Como agua de lluvia

 

Llueve sobre la tierra
sobre los techos
sobre el cemento,
también sobre el pavimento
y sobre las baticuevas,
y todos los superhéroes
dormidos en la ciudad
no hacen más que soñar
un remedio pa´ la verdad.

Soñando ya no con luchas
soñando, soñando están
y los males al acecho
las miserias no se irán
con el agua de la lluvia
que al corazón lavará,
y el cerebro entristecido
no se dará por vencido
con paraguas a las calles saldrá.

Recorriendo las vidrieras
caras largas en la acera
encontrará alguna sonrisa
que viajando a toda prisa
algún charco pisará,
¿encontrará felicidad,
amor, carisma, ansiedad?
Seguramente lo hará
buscando con libertad.

Llueve sobre la tierra
sobre las cabezas
sobre los árboles,
también sobre el campanario
sobre las aves, los trenes,
y todos, todos mojados
mojado el abecedario
las palabras y los bienes
soñando que se secarán.

Algún día nos dirán
por qué el cielo bendice,
y seremos, quién te dice,
como agua de lluvia nomás,
llegando en las estaciones
rechazada y esperada
pisoteada, también amada,
despertando sensaciones
como algarabía, mojada.

Y al irnos habrá una fiesta
con el sol a toda orquesta,
las aves nos cantarán
y todos los corazones
secos, enloquecerán,
ya no habrá superhéroes
el bien se marchitará,
quizás, con tanta sequía,
un día nos recordarán.

Persistencia

 

Escribo y escribo
con pluma de ganso,
tecleo si vivo
escribo y me canso,
y varía lo que digo
lo que dejo en remanso
escribo y le sigo,
al soñar descanso.

Y repito rimas
y versos que auguran
resabios de paz
que en ti se inauguran,
cual si fueran obras
donde voces murmuran
ecos del sol y su haz
de luz que perdura.

En una canción
escrita en poesía
vibra de emoción
tu alma y la mía
cual premonición
de la fantasía,
real situación
de serena alegría.

Persisto escribiendo
en verso y en prosa
tecleando, sintiendo
que no es poca cosa,
y usted lo va viendo
cual profana diosa,
aún sigo viviendo
persisto en la rosa.

Voces de milenios

El celular es una vía
de escape a otro lugar,
nadie sabe muy bien
dónde está, dónde se es,
pues en un santiamén
la mente viaja también
de aquí p’allá y viceversa.
El pensamiento conversa
En aras del porvenir
Del omnipresente presente
Y de un pasado vigente,
El movimiento al lucir
Lo va cambiando de estado
Lo lleva de lado a lado
Tornando al mar inestable,
Volviendo todo descartable
Como una foto o un verso
E incluso el mismo universo
Que como no tiene entidad
Reviste libre identidad,
Y la noche, entre silencios,
Entre ruidos y entre sueños
Nos repite hasta el cansancio
Son las voces de milenios
Que en la aurora todo nace
Que en el día ya reluce
El estigma de las cruces
Cuando la esperanza yace
En la palma de la mano
Que te acerca al de un fulano
Al amigo y al hermano
Pues el mundo es novedad
Que de tantas, infinitas,
El goce en la variedad
Cubre espacios de lucecitas
De imágenes, palabra escrita
Poesía, magia y realidad.

¿Tóxica?

 

Las personas tóxicas son facilmente reconocibles. Por ejemplo, si a una de ellas la metés en una bañera, el agua cambia de color y pierde su cualidad de potable; otro ejemplo claro es cuando la persona tóxica entra en un ambiente, el aire se torna irrespirable y todos los allí presentes perecen en el acto ( salvo el agente patógeno incorporado ); otro claro ejemplo es cuando la persona tóxica camina sobre tierra fértil, toda la vegetación se marchita al instante e incluso las personas que directa o indirectamente estén en contacto con ellas pierden técnicamente la vida ( muchos pueden vegetar indefinidamente ).
Por todo esto, se ha creado un código para identificarlas que muchos han difundido con tesón y no tener que pasar a la inmortalidad a causa de su presencia.