Casi

todo está mal.
Los árboles son la excepción
la regla es la deforestación
de la naturaleza más pura
como así también de la cultura.
Los buzos rotos están mal cosidos
los miserables están mal paridos
la intención está mal camuflada
la contaminación está mal disimulada
la estupidez está mal publicitada
la propaganda está mal concebida
la conciencia está mal comprendida
los pulóveres están mal tejidos
los matamoscas me tienen podrido
los dirigentes me da igual.

Las canciones están mal cantadas
los hechos están mal contados
los cuentos están mal leídos
las mentiras están mal narradas
las falacias están mal envasadas
y los soretes están mal cocidos.

Los dibujos están mal pintados
las poesías mal recitadas
las uñas están mal cortadas
las cabezas están mal peinadas
los huevos están mal rascados
y los loros están mal hablados.

Las comidas mal masticadas
las personas están mal pensadas
las frases están mal escritas
y ni hablemos de las papas fritas.

Los planetas están mal nombrados
los nombres están mal llamados
las llamadas están mal marcadas
y las marcas mal registradas.

Los sentidos están mal tratados
los tratados mal redactados
los flujos están mal encauzados
los calzones mal confeccionados
los pensamientos mal encaminados
los caminos mal señalizados
las señas mal interpretadas
las palabras mal utilizadas.

Las semillas están mal sembradas
las tierras están mal labradas
las yerbas están mal del mate
y la cordura está de remate.

Las preguntas están mal formuladas
las mascotas mal alimentadas
las familias mal comunicadas
los consumidores mal informados
los productores están mal parados
y los maestros mal educados.

También está mal el exceso de sal.
Las discográficas están mal orientadas
la música mal escuchada
las fotografías mal enfocadas
las redes mal entrazadas
los refranes están mal dichos
los castigos mal legalizados
los poetas están mal vistos
y los crápulas mal bichos.
Los escritores están francamente mal.

Las casas están mal de entrada
las calles mal asfaltadas
las ciudades mal iluminadas
las fortunas mal acumuladas
la basura está mal repartida
las migajas mal distribuidas
los doctores están mal pagados
los enfermos mal acompañados
los tiempos mal cronometrados
y los naipes están mal barajados.

Los actores (tienen) malos repertorios
las películas malos augurios
los augurios malos guiones
los conciertos malos preludios
los programas malos estudios
los estudiantes malos programas
los cuadros malas exposiciones
las exposiciones malas conclusiones
las novelas tienen malos dramas
los dramas malas actuaciones
las actuaciones malas filmaciones
las filmaciones malas direcciones
las directivas malas perspectivas
las perspectivas malas percepciones
las percepciones están mal observadas
las observaciones mal diagramadas
los diagramas
parecen estrofas
las estrofas
se van por las ramas.
Pero hay algo seguro
el arte tiene futuro
indudablemente promisorio.

Ideas para la pantalla grande

Les tiro un argumento a Hollywood, que quién te dice por ahí nunca se les ocurrió: se presenta alguna tensión por uno o varios conflictos ( aquí pueden ser ocurrentes ), hasta que en el camino del protagonista se le presenta una mujer, de quien se enamora y todo finalmente se encauza. Fin. Consumo masivo de pochoclos garantizado.

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El ingenioso hidalgo contra los algoritmos de viento

Descubrimos por qué Facebook no muestra nuestras publicaciones a los contactos.
Según el algoritmo, nuestras publicaciones resultan de interés para cierto número de gente o que tengan cierta afinidad con lo que publicamos a priori, de acuerdo a su comportamiento previo ( reacciones, comentarios, etc. ). Esto quiere decir, que si publicamos algo que podría llegar a interesarle a algún contacto, el algoritmo se lo muestra sí y sólo sí anteriormente interactuó con alguna de nuestras publicaciones anteriores; caso contrario, ni se molestará en mostrarlas o, lo que es peor, el contacto ni se molestará en prestarle atención a ellas si se le presentó por error.
También hay que tener en cuenta que la gente se va cansando y la atención se desvía muy rápido con las diversas publicaciones que ven durante el scroll de pantalla, por lo que el algoritmo trata de hacerle la vida más fácil a la gente: es como si le sirviera un café, le tendiera la cama y le preparara la bañera para un baño de inmersión, para esperarlo luego con la bata a la salida, todo muy placentero. No hay que pensar que el algoritmo es un turro que sólo quiere complicarnos nuestro paso por el Face, sino que sólo quiere que no pasemos ni un momento por el tan temido aburrimiento que, de concretarse, sería total responsabilidad del usuario por seguir publicaciones que no le colman su espíritu. Y en los casos en que nos alegremos de interactuar con publicaciones de otros contactos o páginas que nos brindan algún tipo de satisfacción, estas se nos seguirán mostrando siempre y cuando el contacto en cuestión publique algo nuevo ( aunque no tenga nada de novedoso la publicación ), ya que si dejó de publicar es probable que tengamos que asistirlo por estar atravesando éste una crisis existencial o, en su defecto, feneció efectivamente, por lo que habrá que darle el pésame a sus deudos y buscar publicaciones satisfactorias de algún otro contacto.
En síntesis, para llegar a un público más caudaloso, tendríamos que publicar cosas u opiniones en sintonía con la masa de gente que puede llegar a comprender o degustar nuestras publicaciones, por lo que quien debería cambiar de comportamiento no es el mentado algoritmo sino nosotros mismos hasta lograr la fórmula que nos dé el número que nos deje contentos. Pero con esto, vale decir, dejaríamos nuestra personalidad virtual al borde de la ciberdepresión ( aunque nuestro ser real esté en su plenitud ).
En otras palabras, para la fauna que cohabita el ámbito del like nuestras publicaciones son una mierda. No insistáis.

Los tres valientes

En Bulubú, un pueblito sin conexión con el resto del mundo, tanto que nadie fuera de él lo ubicaba en el mapa siquiera y nadie dentro sospechaba que el mundo continuaba más allá de los límites establecidos, habían inventado un dispositivo muy entretenido, aunque no demasiado útil, llamado la mente analítica, BLV por sus siglas en dialecto bulubuense, que rápidamente se puso en venta en los almacenes generales del pueblo mediante el cual, quienes lo adquirían, lo ponían en funcionamiento y podían emplear ese precioso tiempo en vivir.
Sólo unos pocos, se estima que tres habitantes, lo compraron. El resto le daba vueltas al asunto, lo encontraba innecesario o redundante, y desistía de hacerlo. La mayoría nunca supo del invento.
De los tres que lo compraron, uno creía que si lo ponía en funcionamiento tenía mucho que perder, por lo que lo dejó sobre la mesa para poder observarlo mejor y encararlo cuando encontrara el coraje de hacerlo, aunque nunca lo encendió. Cada tanto se lo quedaba observando con suspicacia, hasta que lo fue asimilando como al resto del mobiliario del lugar y dejó de llamarle la atención, hasta que lo olvidó.
El segundo, quiso ponerlo en funcionamiento enseguida, pero al enchufarlo el aparato hizo un cortocircuito y saltó la llave térmica. Cuando todo volvió al orden, resolvió que lo mejor sería devolverlo, porque le entró la desconfianza y comenzó a analizar la situación, lo que lo llevó a resignar el dinero que había pagado por él, ya que no se lo quisieron reintegrar, con tal de deshacerse del dispositivo.
El tercero, finalmente, era muy perezoso, y a pesar de que lo había adquirido con entusiasmo, le llevó casi cuarenta años ponerlo en funcionamiento, porque cuando se acordaba que lo tenía la pereza le ganaba y se decía a sí mismo que lo haría después, en otro momento, que estaba cansado, y cosas así.
El día que el BLV entró en funcionamiento, el hombre ya era viejo, muy viejo, y no recordaba ni para qué lo había comprado. Lo enchufó porque todavía sentía esa curiosidad vital que, cuando no se dejaba abatir por la pereza, sentía ganas de experimentar. Lo enchufó y lo prendió, y se sorprendió en una mezcla de alegría y extrañeza, tanto que los vecinos más cercanos, distantes a unos cien metros entre sí, lo oyeron exclamar: ¡Bulubu non siñal!

La casa recomienda

Para bajar a un pozo de estrellas

Marcial Souto

Editorial Dábale arroz

Joya literaria que no se presenta dos veces en la vida. Hay que revolver muchos estantes y recorrer varias librerías para encontrar algo de este calibre. Imperdible.

Valor de la casa: ⭐⭐⭐⭐🌟

Autodidacta

Generalmente, cuando de alguien se dice que es o fue autodidacta, el profesor y el alumno coinciden en la misma persona. Digo esto porque vi un cartel muy llamativo donde dictan un curso para ser autodidacta. El problema, como se imaginará el lector, es que al acometer la tarea de aprender a través de otros la forma, el método y o las técnicas para aprender de y por uno mismo se incurre en una contradicción en sí misma, en la cual uno acepta aprender de otros lo que debería aprender por sí mismo para llegar a ser lo que promete dicho curso, que inclusive otorga un certificado: Fulano completó sus estudios del curso y ahora es autodidacta calificado. Y no está mal, sólo que es como el que copia las respuestas y luego debe recetar una aspirina y termina recetando morfina porque le sonaba de algún lado, poniendo en duda sus facultades. En fin, les cuento todo esto porque me inscribí en dicho curso y aprobé con ocho, pero ahora, antes de querer aprender por mi cuenta justo ahora que tengo la certificación que me avala, me inscribí en un curso para aprender a desaprender, en el cual espero -sobre todo- desaprender lo aprendido y comenzar a recorrer el sendero del conocimiento de las cosas y del mundo pero, esta vez, aprendiendo por mí mismo, si es que no desaprendo lo aprendido en el último curso.

El debate que me perdió

Se armó un lindo debate, pero no estaba invitado, además no será televisado ni fue filmado. Me va a quedar la espina de saber qué se dijo y en torno a qué temas giró la discusión por estar muy ocupado, por no haber participado del intercambio de ideas, reiteradas, singulares u originales, y principalmente por no saber si tendría algo para aportarle al asunto en cuestión. Es más, me va a quedar la espina de tener tanto para decir en semejante situación que decirlo fuera de contexto sería un desperdicio de energías, de carga emotiva y de pensamiento concienzudo. Pero dice un viejo adagio que una espina saca a otra espina, por lo cual con esta me voy a sacar otra que me quedó aquella vez que participé de un debate en el que las ideas eran ociosas, plurales y perezosas y me dejé arrastrar por la corriente sin realizar un aporte clarificador, lúcido ni elocuente sino de lo más torpe que he dicho en mi trayectoria como orador. Por lo tanto, quedo a mano y resarcido con el público mediante esta intervención a modo de nota al pie.

TIC TAC

Es la hora del paseo habitual en el que recorro la zona céntrica cuando cae el sol sobre los edificios. Pateo algo que no alcanzo a descifrar de qué se trata. Lo recojo y lo sostengo con dos dedos, pulgar e índice, y puedo notar las acanaladas arrugas de los laterales. Sospecho que es de una aleación de hierro. Tiene zonas rugosas en casi toda la superficie, y alguna parte saliente en el frente. Podría tratarse de un clavo o un pequeño tornillo. Es frío como un cubito de hielo, pero en mis dedos rápidamente cobra calor. Es más pequeño que mis dedos, tanto que lo puedo sostener sólo con las yemas. En los otros laterales, tiene algunas hendiduras, una más profunda que la otra, que es pequeña y me doy cuenta de ella al introducir la uña. Y en la parta de abajo, es una profunda hendidura, con algún saliente del mismo material. Trato de figurarme una idea de quien lo inventó originalmente: el hombre estaría torneando alguna piedra hasta dar con la forma y para cumplir con la función o las funciones que se le encomendaron necesitó hacerle algún agujero de la mitad del grosor de un dedo e incrustarle una navaja pequeña. Probablemente, estaría con bastante tiempo a su merced, ensayando y errando, hasta dar con lo que pretendía. Luego, con el invento en mano, era hora de mostrárselo (y vendérselo ) al mundo. Lo sigo inspeccionando. Es compacto, no tiene bordes ni puntas filosas. Puedo apretarlo, ejercerle presión, y resiste sin problemas, difícilmente se rompa. Incluso podría arrojarlo al piso y no tendría consecuencias en su superficie. Es más, es tan duro que podría estropear los cerámicos si lo arrojo con fuerza, pero desisto de hacerlo, prefiero guardarlo en el bolsillo para cuando un dibujo en blanco y negro lo necesite y prosigo el recorrido esquivando transeúntes ante el trajín, observando gentes diversas, cada cual con sus inquietudes concomitantes al andar.

Ruso

Bajo la lluvia torrencial, un hombre con un paraguas se acercó al toldo de la carnicería que me guarecía de la tormenta. Caminaba lento a paso firme, como batallando el viento. Me llamó la atención que llevaba el paraguas colgado del brazo e ilógicamente no sobre su cabeza. ¡Pero qué torpeza, hombre! Estaba empapado hasta los tobillos. Me preguntó por la calle Ayacucho y le dije en ruso que no hablaba español. Eran las únicas palabras que sabía, aunque dudo que las hubiera entendido si hablara el idioma. Dio media vuelta y se marchó en dirección opuesta. Por regla general, desconfío de los idiotas.

Alambrado

Decepción tras decepción
Se va trazando el camino,
Y en un rapto de intuición
Se deshilvana el destino.

Paradojas existenciales
Ser tanto y no ser nada,
Siguen vivos los rituales
Y la amistad, camarada.

El tiempo se va poblando
De ausencias y referencias,
Y aún seguimos cantando.

La imagen sigue cambiando
Nutridos por las vivencias,
Y aún lo vamos pensando.

LOS COMENTARISTAS

“Y me doy cuenta de que no importa donde estoy, en una pequeña habitación llena de pensamientos, o en este universo infinito de estrellas y montañas, todo está en mi mente”.

Jack Kerouac

Dentro conviven tres comentaristas. Ignoro sus nombres, por eso a uno lo llamo el loco o el noble, a otro el buda y al otro “cualquiera”. Ellos conversan y a veces, por la mañana, los escucho. Por momentos es interesante, pero en otros las charlas se tornan densas y no puedo seguir el hilo de las mismas. No los he visto, pero he sentido su presencia y los he escuchado con total nitidez. No es que convivan en mi cerebro, pues esta mañana los he escuchado mientras conversaban en el comedor. Puede ser que sea el único que los escuche o el único que les preste atención, pero eso no quiere decir que ellos no existan. La existencia es conocimiento directo. Tal vez sean menos reales que otros integrantes del hogar, es cierto y no lo niego, pero no dejan de ofrecer entretenimiento tanto como estos o un programa de tv. Lo que diferencia a los comentaristas de éste último es que ellos saben de mi existencia y éste no, aunque éste la usufructúa y aquellos ni se inmutan por el dinero. Es lo que creo en base a la escucha. Puede que me equivoque y tal vez cualquiera esté amarrocando efectivo en algún escondite secreto al resguardo de mí. A los otros no les interesa.

-Comprendo tus sentencias -dice el loco- pero lejos de comprenderlas deberías dejar de enunciarlas como tales para que quien se acerque con sus sentencias pueda dejar de comprender sus enunciados.
-La noche no es misteriosa sino que un misterio es la noche. -sentencia el buda.
-Anoche hablaba de sus lectores españoles y deliberaba acerca de si sus escritos tendrían algún tipo de llegada en ellos. -afirma cualquiera. Por expresiones de este tipo sabía, de antes, que ellos conocían algunos de mis pensamientos, sólo cuando éstos salían fuera como expresión en palabras. Los comentaristas no viven en mis pensamientos, eso es claro.
-Si la lectura se estanca en el nivel de la palabra, la lectura se convierte en hábito. -dice el buda- El hábito se torna maquinal, la máquina sustituye lo vital, la vida sucumbe en lo trivial.
-Sí, pero hacéselo entender a un androide… -comenta el noble.

Los comentaristas por momentos parecen debatir sobre las ideas que van surgiendo y algunas cosas que aportan al debate no dejan de ser interesantes.

-Escribir también suele ser maquinal. La máquina reproduce sus registros, un tanto modificados. -agrega el buda.
-De España nos han llegado textos maravillosos: de Lope de Vega, de Quevedo, de Calderón… -dice cualquiera.
-Esos escritos difícilmente conmuevan en la época actual. -contradice el loco- Se podrán estudiar y replicar de manera exitosa, pero el artista está en constante renovación. Incluso sus bases se mueven cuando se encuentra con una obra viva.
-Tal aseveración te la dije ayer, un tanto modificada. -retruca el buda.
-Si, pero a tu frialdad de expresión le doy el toque de dramatismo que tales aseveraciones merecen al ser vocalizadas. -comenta el loco enfático.

Por momentos escucho algunos movimientos, además de su conversación. El domingo abrí la heladera buscando un queso pategrás y no lo encontré. Interrogué a los integrantes del hogar y nadie reconoció haberlo ingerido, por lo que concluí que había sido alguno de los comentaristas. Pienso que cualquiera se lo comió.

-Recuerdo una obra de teatro, que hablaba de un tema que ha surgido nuevamente en la escena actual, hablaba de algo así como socializar la verdad. -habla el noble- Al principio conversaban dos personajes de temas en apariencia profundos de la existencia. Relatividad, comunicación, el ser y otros. A medida que la obra avanza, van desfilando otros personajes que se suman a la charla y la temática de la conversación se va degradando.
-Sí, la he visto. -afirma cualquiera entre risas- Al final proponen cantar “una que sepamos todos”.
-Y finalmente cantan a coro el payaso Plin-plin. -concluye el loco.

Cuando entre los comentaristas se produce algún tipo de silencio llego a pensar que se han ido, aunque nunca logro identificar por dónde entran y salen. Pero luego de un lapso los vuelvo a oír con total nitidez.

-El arte se dirige al artista, aunque el consumidor de arte no se considere como tal. -sentencia el buda.
-¿El arte sublime? -inquiere el loco- ¿Habrá quién podrá considerarlo de tal modo?
-Siempre, el artista. -comenta el buda en voz baja.
-De todos modos, aquí lo artístico es con el tiempo más marginal. -dice cualquiera.
-En otros tiempos también lo fue. Habría que ver cómo entiendes lo marginal. Alguna política es marginal desde el punto de vista que está separada de las necesidades básicas de la gente. Así y todo, hasta se la elige para gobernar. -estima el noble.
-Creo que despertó. -dice el buda.

El silencio me hace pensar que los comentaristas se han ido. Me quedo quieto en la cama para escuchar si continúan hablando. Sólo se oye algún vehículo afuera. Todavía es temprano y el sol apenas comienza a asomar a través de un ventiluz en la cocina. Luego, alguna voz interrumpe mis observaciones.
-Por no madrugar, muchos siquiera temprano amanecen. -afirma el loco.
-¡Es la hora de los enunciados! ¿Tenés otro? -pregunta cualquiera.
-Por no amanecer temprano a muchos los madrugan. -dice el noble.
-¡Ese es el mismo! -cualquiera exclama.
-Es obvio que no. -dice el loco severo.
-No hay enunciados que hoy día confirmen lo que sentencian si no hay quién los comprenda. ¿De qué sirve aseverar que todo está en tu mente si tu mente sigue buscando fuera de sí? -pregunta el buda.
-El asunto deriva en la mística del universo, la horma de la existencia. -comenta el loco.
-No pasa tanto por ahí, sino en cómo se manifiesta en la práctica. -dice cualquiera.
-Dividirla en práctica y teórica sólo es una técnica de la práctica. -retruca el loco- Para reducir a su mínima expresión la experiencia y acotarla.

Oigo que se abre la puerta de la habitación de servicio y luego, a Irma, la empleada doméstica, dirigirse al baño.

-Lo artístico no se interesa tanto en generalidades, aunque generalmente tienda a difundirse ese tipo de expresiones artísticas. -dice el loco- La sensibilidad, en la escucha, la lectura, la visión, se adormece y sólo se busca así repetición alterada.
-O muere. -agrega parco el buda.
-¿Con qué intención? -pregunta cualquiera.
-No lo sé. -dice el noble.
-La expresión también puede evocar estados de ánimo u opiniones que debaten entre sí y no dejar de ser artístico. La obra puede estar dirigida a sí misma o no estar dirigida al artista siquiera, lo cual vendría a figurarse lo mismo. -dice cualquiera con solemnidad.
-Si fuera lo mismo no haría falta expresarlo de otro modo. -asevera el loco- Eso se presta a confusión.
-¿Dónde está la confusión? En tu mente. -cualquiera aclara.

Irma sale del baño y se dirige al comedor a preparar el desayuno. Oigo al insecticida salir del aerosol, a pesar de que le hemos dicho a Irma que no lo arroje previo al desayuno, y después sólo se escuchan sonidos de utensilios, tazas, pava y demás. Es hora de poner los pies sobre la tierra, como cada mañana después de escucharlos. Estos muchachos logran desviar mis pensamientos hacia temas que no manejo del todo.

A veces pienso que los comentaristas son unas cuantas moscas.

El escritor ante la cultura del meme

El escritor debe esquivar memes como un delantero gambetea defensores que entorpecen su camino hacia el gol, defensores de carcajada fácil y entendimiento torpe que nulifican toda comunicación entre aquél y el homologado lector devenido en consumidor de productos de la subcultura, por no decir los desechos de la cultura que otrora hubiesen tenido ninguna atención y hoy por hoy acaparan días y noches aventurando el giro estético, la nueva norma de entretenimiento, la parsimonia de cualquier comprensión y el subterfugio heredero del zapping de imágenes, el scroll continuo entronizado en la yema de los dedos. No por nada todo pasó a ser digital ( y digitable ).
Quizás el ejemplo del fútbol sea un tanto pedestre, porque el lenguaje futbolístico es demasiado gráfico comparado con la labor artesanal del escritor, que puede incluir amagues y desviaciones capaz de desconcertar a los más versados en pos de una eclosión de la consciencia inesperada pero venerada por todo buen lector. Porque, cómo no agradecer la caricia de las palabras que toca los rincones más profundos del ser cuando la sociedad tiende a lo vacuo. En definitiva, el escritor debe vencer sus propias falencias y los obstáculos que la misma cultura le impone y para ello, no basta con captar la atención del lector de ocasión, sino que lo debe conducir por un sendero que se va abriendo a medida que las palabras tejen el entramado, recordando el célebre verso: se hace camino al andar. Y al volver la vista atrás, se ven los memes que nunca se han de volver a pisar, añadirá, y lo hará por contrariar la senda donde todo se da masticado. No, el escritor de oficio le dará el alimento al lector pero éste lo deberá masticar antes de digerirlo, lo deberá trabajar un poco a través del entendimiento y su voz, su inventiva, su talento, su calidad humana, su ocurrencia harán el resto a través de la pluma. Porque al fin de cuentas lo que cuenta no es decir “qué mundo maravilloso bajo el arcoiris” sino ayudarlo y acercarlo a que lo perciba, lo sienta, lo viva y lo goce.

Visionario siglo XX

Hará unos 20 años, estábamos con mi viejo y mi hermano, entre mates, goles y charlas, y se me ocurrió decir la frase: “en el futuro, el fútbol se verá sólo por televisión”. Mi pesimismo en ese entonces se basaba en la constante y creciente violencia que se llevaba puestos los espectáculos y acaparaba la atención de los noticieros que, donde se debía hablar de lo deportivo, se hablaba de violencia pura y dura. A esto me retrucaron que se perdería lo lindo de presenciar y participar del mismo en la cancha, en las tribunas, ver el césped desde adentro, el canto de la gente, el olor al choripán, escupir al referí y muchas cosas más que la televisión por más emoción que le narre el relator no otorga.
Ahora que el fútbol –incluso en torneos de competencia inferior gracias a Ticketek- se ve sólo por tv, pandemia inesperada de por medio, pienso que un poco los que vaticinan el futuro tienen una carga de pócima pésima que aventuran todo negro, cuando el abanico de colores que se abre al porvenir es infinito, centrando la atención del oyente en un punto muy oscuro que, como el yin y el yang, siempre ha de haber al menos uno. Por eso no hay que recurrir al tarot, salvo que uno se las vea negras desde el vamos y desea que se lo confirmen.

Hay un lugar para cada cosa

El bromista no está del todo bien visto en la sociedad de consumo, máxime si este aparece en lugares donde se tejen cosas de apariencia importantes. Por ejemplo, es factible escucharlas en un velorio pero uno no puede entrar en la verdulería y decir: dame un kilo de pancartas. Y esto ocurre principalmente por tres motivos: el primero, es porque el verdulero puede quedar estupefacto o descolocado e inmediatamente declararse incompetente; el segundo, es que la broma se corra rápido como reguero de pólvora y todo el mundo aburra a los verduleros con la misma broma, casi obligándolos a sonreír de compromiso ante la posible venta de dos tomates perita; y el tercero, es porque corremos el riesgo de que sí, nos den el kilo de pancartas, pero por la cabeza.

LUCERO

Despertarse con ánimos renovados,
ya veremos qué trae el universo
seguramente un poco de aire fresco
y en la tinta, términos inesperados.

¿Pero qué son los términos que llegan
a la vista, a todas luces consagrados?
Es lo que nos dicen cuando pegan
y se quedan, nos siguen a todos lados.

Qué será esta palabrita prometedora
que entusiasma, que refleja, que ilumina
nuestra magra penumbra en esta hora.

Será que abre puertas al entendimiento
y el alma bajo el sol baila y camina
despierta al abrigo del firmamento.

A media tinta

El último eclipse nos dejó en penumbras
La inspiración parece haberse disecado,
En el cielo una estrella o una mujer brilla
Y aquí abajo este festejo también duele.

Una marcha, una congregación despierta
A la gente que por las noches trabaja
A quienes se adormecen en indiferencia
Ante el agravio y el sopor de la (in)justicia.

¿La cura tardía o la bendita prevención?
Ser humano no se enseña, empero
Se aprende y se ejerce, por convicción.

Hasta aquí llegamos, veintiuno, iluminados
Con muchos errores, enceguecidos, despechados, pero
Algo cambiará pues vivíamos equivocados.

Inventos ergoeconómicos

Fui de shopping a un “todo por 2 ( mil ) pesos” y me di cuenta de todas las necesidades de las que carezco, a pesar de las bondades de los adelantos técnicos que cada día nos sorprenden, como el sacacorchos automático y el inflador a batería solar, en negocios de este tipo. Y más allá de que hay carencias peores que otras, la carencia de necesidades no por abundancia sino por carencia de interés, no deja de convertirte en carenciado.
Por mi parte, luego del paseo, me guardé los dos pesos en el bolsillo esperando que llegue de una buena vez el mate para tomar acostado.

Monocromía

Un día que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro pero que en el fondo no es más ( ni menos ) que un día muy parecido a otro.

DIÁLOGO CON FACE SIN ROSTROS

¿Qué estás pensando?
No te incumbe.
¿Qué estás pensando?
Ya te respondí.
¿Qué estás pensando?
Si seguís insistiendo te lo voy a tener que decir.
¿Qué estás pensando?
¡Uf! Tantas cosas…
¿Qué estás pensando?
No sé porque lo que estaba pensando cuando me hiciste la pregunta no es lo que pienso ahora que no me preguntás qué estoy pensando.
¿Qué estás pensando?
En realidad, nada, pero debo tener cara de que pienso bastante y eso a vos te tiene intrigado.
¿Qué estás pensando?
Estoy despejando una incógnita.
¿Qué estás pensando?
Que X debe pasar restando.
¿Qué estás pensando?
¿Que qué estoy pensando?
¿Qué estás pensando?
En la misteriosa composición de tu pregunta y las azarosas respuestas que obtenés.
¿Qué estás pensando?
En la opacidad del gris de la materia.
¿Qué estás pensando?
Tenés demasiado tesón, ¿ya te lo dijeron?
¿Qué estás pensando?
Si las subas tarifarias del agua buscan con un sentido común reducir el perjuicio de la humedad en las cosas y la gente.
¿Qué estás pensando?
No, ahora te equivocaste, estaba hablando por teléfono.
¿Qué estás pensando?
Qué es eso de qué.
¿Qué estás pensando?
Vos sos el que ríe último, pero reís peor.
¿Qué estás pensando?
Me remonto al siglo catorce.
¿Qué estás pensando?
Volver al veintiuno.
¿Qué estás pensando?
No sé, porque todavía debo ir por el dieciocho y el pensamiento viene rezagado.
¿Qué estás pensando?
Bueno, eso de estar…
¿Qué estás pensando?
En lo reiterativo de tu canto. ¿Qué pretende usted de mi?
¿Qué estás pensando?
Bueno, te lo voy a decir, pero con una condición.
¿Qué estás pensando?
Cuando vos ponés las condiciones yo te las acepto, aunque tus términos no me convenzan.
¿Qué estás pensando?
Me tenés cansado.
¿Qué estás pensando?
A esta altura del tanque el agua no sube frecuentemente.
¿Qué tienes en mente?
Parece que cambiaste de argumento…
¿Qué tienes en mente?
Aserrín, por si preciso tocar madera.
¿Qué tienes en mente?
Nostalgia por tu pregunta clásica.
¿Qué estás pensando?
No sé, pero le voy a trasladar tu pregunta a los demás para sacarle temas de conversación.

Respuestas a preguntas que nadie pidió

Ciertas personas se horrorizan por los errores ortográficos de las gentes que se expresan por escrito pero no por sus horrores del pensamiento.
Por otra parte, sólo puede preguntarse para qué sirve pensar alguien que no ejerció el arte de pensar jamás pero que a todas luces fue pensado.
Y para despedirme, la nobleza del hombre se expresa en pensamiento, palabra y acción, por lo que si la raíz está podrida los frutos serán secos y amargos.

UN SEÑOR EN MI CAMINO

Hilvanando un discurso
que cayó en saco roto
me encontré con un viejo,
un señor, con un sabio
con una exponencial trinidad
que me decía mirando
con los ojos ciegos:
Si hay sol, es de día.
Si hay luna, es de noche.
Si no hay noche ni sol
Estás muerto.
Entonces,
si la vida es tan simple,
tan amable, tan noble,
¿por qué existe el amor?
¿para qué la paciencia?
¿para qué el arco iris?

Encantado, mucho gusto

Como en un clásico juego infantil, a veces la vida parece una cadena de encantos y desencantos, de situaciones que nos dejan petrificados y de sentimientos que nos ponen a correr de contentos a buscar contagiar esa alegría que nos desborda que no hace más que convertirse en un mágico encanto para aquellos que nos miran con ojos desencantados, esperando que alguien los toque para ponerse a correr nuevamente y que el juego cobre dinamismo.

PARA QUÉ SIRVE UN BLOG



Sin dudas, un blog ofrece numerosas posibilidades para la comunicación, y a su vez, es una responsabilidad. En un blog se puede hablar de un tema A, y apelando a la libertad de expresión se lo puede hacer partiendo desde A1 e ir llevándolo por diversas y complejas etapas hasta A9, o simplificarlo y pasar a un tema B como en una conversación que pasa rápidamente del clima del día al precio de los alimentos. Es importante notar que al tratar un tema C, no necesariamente debe decantar en un tema D, pero hay que evitar a toda costa caer en la tentación de ir a parar a un tema Z demasiado rápido, pues sería como saltar del balcón de una planta baja. Ridículo. Lo que sí es válido, es partir de un tema Y, pasar por N y llegar a B, que es más o menos como hablar de macroeconomía con metáforas gastronómicas dirigido al comensal de turno que nos observa en una estación de servicio.
Otro tema no menos importante a la hora de comunicarse a través de un blog, es tener presente a quién va dirigido. Esto se puede estipular de antemano, explicitándolo ( este texto va dirigido a mujeres de treinta a cuarenta años, que le guste el chocolate, etc. ), o se puede dejar abierto y que el visitante opte por sentirse tocado o no, lo cual puede resultar en azar. Los lectores, por norma general, son curiosos como turistas, y pasan a echar un vistazo y ver qué se pueden llevar. También, como puede verse en muchas ocasiones, se puede dejar en claro que lo expuesto va dirigido a uno mismo, en cuyo caso el visitante ocasional hará las veces de voyeur, si el instinto de curiosidad lo lleva a adentrarse en la lectura, a pesar de la advertencia.
Por otra parte, este ítem se puede dejar en blanco y dirigirse a cualquiera que opte por pasar por el blog o a todo el mundo, aún sabiendo que la figura semántica es ficticia, pero nos puede encauzar la comunicación desde el comienzo.
En el momento de leer, es curioso prestar atención al modo de lectura que se popularizó en los últimos tiempos desde la llegada de internet, Google, Wikipedia, las redes, etc. que consta de un ejercicio veloz acumulativo, donde raras veces ( y en contados lectores ) se pretende entender nada ( a excepción de lo obvio ), con la consecuente dificultad inherente a la comunicación mediante medios escritos. No obstante, hay sobre la faz terrestre lectores para todos los gustos, lo cual no se traduce en numerosos pero sí en alguien capaz de descifrar las ocurrencias ( o al menos en intención ) de quien abre un blog para comunicarse con otros.
Debido a que el blog, salvo para los seguidores diarios del mismo, es virtualmente anacrónico a la temática diaria, se pueden tratar temas que no sean vox pópuli o que la moda haya sacado las cuestiones fuera del foco de atención. Un texto en la web puede dormir años, y resucitar con un lector caído en batalla.
Otras de las posibilidades de un blog son: contar, narrar, traducir, aburrir, cansar, distraer, entretener, consumir tiempo de vida del lector, obsequiar pensamientos, divertir, conquistar amoríos, perder seguidores, ganar lectores, dar a conocer lo que uno hace, difundir conocimientos, regalar entendimientos, prestar vocabulario y demás, todo supeditado a la comprensión lectora del visitante en cuestión.
Por último, y para despedirnos, queda tener presente que un blog puede ser un refugio para el lector, un remanso o un lago donde se distiende de las tensiones cotidianas que ofrece la vida en sociedad, por lo que tener un blog es, no sólo un aporte a la cultura, sino una ofrenda a la comunidad. Para todo lo demás, existe Facebook.

ERA ILUMINADA

Estaba pensando, y disculpen lo inoportuno de hacerlo en estos tiempos, quiero decir en los últimos cincuenta años, hasta el momento en que me interrumpieron con la típica pregunta ¿Qué estás pensando? por lo cual no tuve más que hacer a un lado todos los vericuetos, rebusques e itinerarios de mi esfera de cavilaciones y respondí a la altura de las modas que corren:
-Nada, che.

No me sigas

No me sigas, no, no me sigas
No creas que aunque me veas
Andando por ahí, balbuceando,
Esgrimiendo palabras, poetizando,
Llegarás a algún lugar de reposo,
No, no me sigas. No me digas
Que querés algo de lo que tengo
No, o no ves que yo no tengo
Mucho menos de lo que tienes
Y no entiendo por qué vienes
Los bienes inmateriales no se ven
A simple vista. Llévatelos si gustas
Pero no me sigas, no, no me sigas
Llevate la tranquilidad, el deseo
La calma de la aurora, llévatela
Y si encuentras paz hazla tuya
Pero por favor no me sigas
Que no te arrastren las palabras
El pensamiento es un océano
Y es necesario saber nadar.
Por eso, atraviesa el firmamento
Desde el convento hasta las nubes
Busca la base del arcoiris
Zambúllete en el río dos veces
Y dime si eres el mismo,
Surca el abismo, merodea la inmensidad
Anhela la felicidad, vive tus sueños
Hazlo con la gracia de los dioses
Ríe con gozo, goza el placer
Degusta, saborea, palpa, piensa
Pero de ninguna manera me sigas
Que mi voz te acompañe,
Y que no se empañe tu vista
¿O no ves que yo no voy?
No me dejes tus huellas
Que guíen a otros caminos,
No vengas, no derrames el llanto
No pidas, sólo escucha el susurro
Del viento: no me sigas, no,
Que yo no voy, no, yo sólo soy.

Influencia y afluencia de público

En el curioso mundo de la virtual realidad ocurre que todos se ponen de ejemplo de vida a seguir, pero no hay quien siga el ejemplo porque cada quien es su propio ejemplo. En algunos casos, se tiran flores entre sí, a modo de ejemplo. Por su parte, a los disidentes les llega el escarnio público, a modo ejemplificador. Y el público, que no come vidrio, lamenta las pérdidas con cierto rubor: No era un ejemplo de vida, era una vida de ejemplo.

CABELLOS SALVAJES

No hay acuerdo, señores, no-hay-acuerdo. ¿Estamos de acuerdo? No recuerdo cuándo comenzó el desacuerdo, sólo sabemos que estar cuerdo es una excepción, la norma es el desacuerdo y ¿alguien se acuerda a esta altura quién empezó a tirar de la cuerda? Tenemos, nada más ni nada menos, que el recuerdo vociferando algo en lo que todos estábamos de acuerdo: ¡la puta, que vale la pena estar cuerdo!

ESTOLIDEZ

Una buena conexión inalámbrica
te permite ver películas cómicas
percibir sobre todo en ficciones
que lo real no vive en las canciones.

Si bajas más de un yiga en video
(no es lo mismo lo miro o lo leo)
escondelo en la rigidez de tu disco.
Lo mirás en tres de y quedás bizco.

El vecino tiene otra banda ancha
él navega, además, en su lancha,
internet está lleno de gente
que cree que navega su mente.

De palabras surgieron opiniones
sólo dicen, sugieren, renglones
simbolizan espacios en blanco
manchados, como aquél, era manco.

Lo que se ha dicho en un momento
no difiere de cualquier evento
donde hablen, comenten, opinen,
manifiesten vivencias, dirimen.

Considerémoslo brevemente:
que se diga no es lo que siente,
sólo emergen palabras al viento
el amor no es sólo sentimiento.

Si leés un día que ya se dijo
preferible usá teléfono fijo
para hacer tu llamado seguido
el cerebro estará agradecido.

Cualquier cosa que surja de impronta
el cede en linux no se te monta.
Qué tonto es haberme creído
que estas líneas tenían sentido.

Lo perdí y me quedé sin consuelo
alguien dijo éste será otro lelo.
Desconoce que mi coeficiente
desconfía de un tipo indecente.

Quien confía en su intelecto
no sabe que será abyecto
cuando quiera llegar a la cima
y cayendo encontrará la rima.

Llevá un tele derechito a Marte
para que al volver demos parte
de que allí encontramos la evidencia
que en planetas así hay inteligencia.

Las palabras son como diamantes,
canciones eran las de antes,
decime dónde quedó la sapiencia,
explicame, te tengo paciencia.

El destino insinuaba el origen

No tengo plata, ni tengo arrastre
No tengo amarras ni tengo lastre,
No tengo ideas ni corolario
No tengo galgos ni un dromedario.

No tengo dónde caerme muerto
No tengo fanas ni seguidores
No tengo plato ni tenedores
No tengo sed en este desierto.

No tengo nada ni mucho menos
No tengo idilios ni tengo frenos
No tengo ni lo que tiene un croto.

No tengo escape ni escaparate
No tengo modales ni flor de loto
No tengo inicios ni tengo remate.

No es que no tuve es que no tengo
Pues acá arriba no hay posesiones
No hay divisiones ni distinciones

Y cada quien es como cualquiera
Que nada tienen en esta esfera
No como abajo de donde provengo.

Acá no llueve, eso es un hecho
Y todos caen, tarde o temprano
Ni vacaciones, pues no hay verano
Acá en el cielo no tengo techo.

Un punto aparte para mi muerte
Es sólo un ítem en el camino,
Y aunque de a ratos lo grite fuerte
No son recuerdos de un peregrino.

Arte sano

Para los que producimos arte en general y literatura en particular, lo más difícil es que la obra tenga cierta difusión. En líneas generales, el artista se ve obligado a convertirse –además de creador- en un vendedor de su obra, y eso no es apto para todos pues puede llegar a ser incómodo para quien no esté habituado ( algunos tienen mucha “cancha” en marketing, mejor aún que sus dotes artísticos, y venden bien ). Una vez que la obra literaria tiene difusión, encuentra a los consumidores, lectores e interesados en leerla, ya que hay para todos los gustos. Hay muchos tipos de lectores –como describió y clasificó Macedonio Fernández- y la literatura ofrece un abanico de posibilidades para que cada quien encuentre, con un poco de esmero, lo que anda buscando a la hora de leer, aunque muchas veces esa búsqueda se puede ver retrasada por otras formas de esparcimiento espiritual, tal como ocurre con la alimentación cuando ingerimos comida chatarra y nos terminamos habituando. En fin, escarbando un poco en la cultura, nos podemos encontrar con cosas por demás interesantes.
Con motivo de haber llegado a las 1000 entradas en el blog La otra mitad, quería enviarle un afectuoso saludo a quienes saborean a diario o esporádicamente mis escritos por aquí, y dejarle algunos enlaces a algunas de las piezas que van quedando abajo por la dinámica propia de este tipo de plataformas, para que le echen un vistazo, si gustan.
Les recuerdo que en la pestaña “Libros” pueden adquirir mis primeras obras impresas desde cualquier lugar de la Tierra, y de paso les anticipo que estaría proyectando dos nuevos libros y esperando llegar a, quién dice, 2000 entradas por aquí para que puedan leer un poco más de lo que hago en materia literaria.
Un abrazo

Los enlaces:

PROYECTO DE POESÍA

¿QUÉ ES LA POESÍA?

PINCELADAS XII

VIDA DEL BLOG

OLOR A GOL

QUÉ COSAS TIENE LA VIDA, DOÑA AMELIA

Las letras también se mueven

El ingenio popular opera de manera eficaz y directa cuando entra en acción. En una esquina de importante tránsito, un cartel que predicaba la buena conducta al volante, con fondo amarillo, diciendo “CEDA EL PASO” fue rectificado con cambios mínimos en pos de los paliativos tendientes al mantenimiento del espacio que tenemos en común, y ahora reza “CUIDE EL POZO”. Ahora los transeúntes que pasan por ahí cada tanto lo riegan o le dejan una flor, y el pozo brota de alegría. Por su parte, los conductores lo toman como un error del letrista y se atienen a lo que debería decir el cartel: “CUIDADO CON EL POZO”.

Desviaciones en la currícula

Los que tienen algo para decir, por un misterio llamado vida, han optado por callar; el resto es ruido, cháchara, palabras sin substancia. Y existe allí, en la dicotomía entre materia y substancia -de la cual se impregna el arte-, una cuestión digna de esta investigación y experimentación que llamamos, con sobrados motivos, vida.
A la hora de la comunicación, la gente se echó a dormir, y en un sueño variopinto dedujo lo que el inconsciente tenía para decirle, aquello que en la vida consciente le resultaba esquivo o de difícil interpretación por lo intrincado del mensaje y las diversas desviaciones que lo llevaban a encallar antes de arribar a buen puerto.
La juventud en cualquier época está perdida, pero no por las razones que argumentan los sociólogos veteranos, sino por la incapacidad que muestran para decir dos o tres disparates al día, lo cual los prevendría en la adultez de caer en un hospicio y en la vejez de sacárselos de encima, todo por resultar poco serios ( como la sociedad demanda ) al intentarlo de manera tardía y con torpeza, justamente por exceso de seriedad.
La gente toca temas que no los toca, y los toca con la maestría en que lo hace un pianista con el piano, componiendo diversas teorías que al oído suenan bien pero ajenos a la experiencia, y por tal caso la palabra no es fuente de vida, como podría serlo el agua vital con la sed, sino que pasa su tiempo como entretenimiento parcial, que muchas veces opta por convertirse en dedicación a tiempo completo, abarcando los sueños, las constelaciones y el aire común que respiramos sin tomar nota.

Esperanza, deseo, y fantasías

Poco a poco la sociedad va retomando su cauce normal, aunque con sus cuidados encima, con sus temores a cuestas, con las pérdidas en la mochila, con las derrotas en el bolsillo. Detrás de los barbijos intuimos la sonrisa, el deseo, la ternura. Quizás los ojos brillen más que antes ( ¿o será por San Valentín que asoma? ), tal vez las simples cosas y las relaciones sencillas nos vuelvan a complacer, seguramente muchos esperarán las elecciones para poder sacarse los ojos nuevamente ( y mirar desde los huecos ), quizá algunos comprendan al fin que el tiempo es un don que se da limitado por su concepción misma y no lo dilapidarán en trivialidades, quizás haya quien comprenda que lo que se comparte -además del pan- es la felicidad, una callecita angosta en la que hombres y mujeres, jóvenes y niños, regordetes y ancianos, lloran y se dan la mano, juegan como en un perfecto sueño de bombuchas, de verano, de caretas, carcajadas y tardes llenas de ilusión y realidad en las que la luz baña los rostros de la humanidad.

Reptiloides

Hay que decirlo: la gente se trastorna con facilidad. Lo fácil sería culpar al dinero, al sexo, a las drogas, al rockanroll, al reggaetón, al alcohol, a la iglesia, a la política. Pero lo sensato es decir que no es tan sencillo. La neurosis se ha vuelto norma en las últimas décadas, lamentablemente. El móvil del trastornado puede ser muy variado y abarcar desde el deseo, la ambición, el poder, el anhelo, el éxtasis, el sueño, el insomnio y demás. Por lo corriente, es razonable considerar a todo el mundo como un trastornado, al menos en potencia, y, en todo caso, tendrá tiempo de demostrar su cordura, al revés del sistema judicial. Ésta cláusula, éste anticipo, nos permite justificar su accionar, el accionar del mundo, como preso de una gran lógica: la lógica del trastorno. De ésta manera, los comportamientos templados estarían acompañados no ya de la razón sino de un temor a caer en la lógica del trastorno que acompaña el movimiento pendular de la sociedad. Las discusiones fútiles, la violencia radical, el voto ignorante, la risa insensible, la actuación para cámaras, la voz en off, la palabra hiriente, el maltrato no sólo animal sino entre humanos, y todo lo demás no serían parte de un supuesto caos universal, sino que se enmarcarían mansa y fielmente al trastorno, lógico de los tiempos que vivimos, que sería el orden social y el status quo. Si, por casualidad, ven alguien demasiado cuerdo por ahí, sereno sin inquietudes ni problemática creciente, es muy probable que su origen esté más allá de las galaxias conocidas, lejos del trastorno general de la tierra que habitamos.

Encaremos el porvenir con seriedad


Los puntos a tener en cuenta para atravesar las situaciones más complejas del sendero de luz y oscuridad, de éxitos sin moralejas y de cuentos sin vericuetos, de ocurrencia y desazón, de goce y dolor, de alegrías y catacumbas y de entretenimiento feroz y aburrimiento atroz, son:

Inteligencia emocional
Negligencia visceral
Intransigencia digital
Astringencia dominical

Sorteados todos los obstáculos, estaremos en condiciones de proceder, tal como indica la carta magna y el corte de manga, ¡Avanti!

CREAR O REVENTAR

Mens sana, comé manzana,
la salud es para el mañana,
no basta corpore sano
se pudre y come el gusano.

Libera de ti esa amarra,
la mente es como una garra
que no deja despegar
cuando tú quieres volar.

Corazón que cruza el abismo
que separa a vos de vos mismo
dará las explicaciones
que otrora eran confusiones.

Pregunta mal formulada
no puede ser contestada
mas debe ser repensada,
mejor no preguntar nada.

De la nada surgió todo,
del agua y la arena, lodo,
el cielo inspiró un suspiro,
¿Desnuda estás o deliro?

Tu belleza es la evidencia
que Dios padece demencia,
o cómo podés explicar
que acaso te dejó escapar.

Tal vez en su imaginación
piensa en otra creación
como un gorrión o aguilucho
que no lo distraiga mucho.

Pues si quedara observando
a ti, bella, contemplando
no atendería las plegarias
que claman a sus malarias.

Pero no hablemos de algo
que tú ni yo conocemos.
Dale de comer al galgo
así fuertes creceremos.

Él es otra maravilla
ya sé, dirás, que se pilla,
es un pequeño tesoro
no es un lingote de oro.

Todo lo bello y bonito
ocupa un espacio finito
de esta manifestación
que algunos llaman creación.

No sólo crearon los dioses
¿Te pasa algo que toses?
Cuidá la salud querida
es lo más preciado esta vida.

¿Cómo surgió la alegría
que te creó una poesía?
Así surgirá esplendorosa
tu alma y será asombrosa
una vida o fantasía
plena, solemne, hermosa.

URGENCIA

Vicente se había preparado unos mates. Sentado en el comedor, mientras tomaba uno, aparece su hijo con cierta urgencia.
-Viejo, necesito urgente el coche. El Tecla se quebró una pata acá en la canchita y lo tenemos que llevar al hospital. No sabés cómo está.
– Me imagino. Sangre por todos lados y vos encima querés que te largue el auto así nomás. Y todo por un raspón.
– No, viejo. Tiene una quebradura que se le salen todos los huesos de la piel.
– Si, son cosas que pasan. Gajes del oficio, se le dicen. Si jugaba de árbitro esas cosas no le pasan. Aunque por ahí se ligaba un botellazo en la marola.
– Bueno, ¿me prestás el auto o nos llevás vos al hospital?
– ¿Por esa pavada? Vayan caminando, ¿qué serán? Veinte, veinticinco cuadras, así de paso le afloja el hematoma a ese infeliz…
– ¡Qué hematoma! Te digo que se que-bró.
– ¿Si es para tanto por qué no llaman una ambulancia? Los pibes de hoy en día no sé en qué tienen la cabeza… piensan en boludeces. ¿Para qué practicar un deporte de verdad que te podés raspar como ese infeliz del Tecla cuando te podés quedar en tu casa calentito y limpio, apretás dos botones y jugás como si fueras el 9 del Real de Madrid? Hay cosas que no se explican…
– Chau viejo, gracias.
– El diablo sabe por diablo, pero más sabe tu viejo. No por mucho ayudar a Dios se madruga más temprano.

De una habitación sale Ana María, se para frente a un espejo y mientras se peina le habla a su marido.
– Vicente, ¿qué quería el Matías que andaba tan apurado?
– Andá a saber qué quería el borrego ese. Siempre te viene con cuentos. Habrá aprendido de vos.
– ¿De mí?
– Sí, claro que de vos. ¿Te acordás cuando nos vino con la historia esa de que le había robado la gorra a un policía? Pálido estaba de lo asustado que vino.
– Pero era verdad. La gorra la tiene en un cajón. –dice Ana María.
– ¿Qué va a tener ese? Mirá que el policía le va a prestar la gorra al infeliz del Matías…
– ¿Prestar? El Matías se la robó a la gorra. O no te acordás que tuvimos que ir a declarar a la comisaría…
– No creo. Hay cosas que no se explican. ¿O vos pensás que el policía le va a prestar la gorra al Matías? Decime, para qué. ¿Para qué? Tenía una fiesta de esas, ¿cómo se les dice? Jálogüin. Me imagino al Matías disfrazado de policía y me da escalofrío.
– No, viejo, Halloween es otra cosa. –dice Ana María.
– ¿Vos qué sabés? Capaz que hablamos de lo mismo pero con distintas palabras. Tantos años de discusión tirados a la basura. ¿Qué vamos a hacer con tantos años de discusión? Capaz que sacamos algo en limpio. ¿Quién te dice? Vos que le creés todo a ese infeliz del Matías, ¿me querés decir para qué vino recién?
– Pero si yo no lo vi, estuvo hablando con vos.
– ¿Conmigo? –pregunta Vicente confundido.
– Sí, viejo, con vos.
– Cómo te gusta contrariarme…
– Vicente, sacá el auto que me tenés que llevar a lo de Chelita. Me está esperando con unas tortafritas. Dale que después le pido que me dé algunas para vos. Seguro que ya me guardó, sabe que te encantan.
– ¡Uh! La última vez que comí de esas porquerías me indigesté. Me hiciste acordar y ahora me dieron unas arcadas… agghhh
– No, viejo, eso fue con los canelones de la Gladys.
– Agghhh…
– Dale, viejo. Llevame que estoy llegando tarde.
– Pero a vos te parece que con los mates recién preparados tenga que dejar todo para sacar el auto, llevarte hasta lo de esa amiga tuya que, vamos a ser honesto, es una infeliz. No me lo niegues. Te tengo que llevar a lo de esa infeliz y después venís toda angustiada porque no puede seguir viviendo sin ese que tuvo por marido, que extraña y no sé qué más. ¿Para eso querés que saque el auto ahora? Aguantá. En una hora me tengo que ir a buscar unos destornilladores a la ferretería.
– Me están esperando Vicente. –le dice Ana María con cierta impaciencia en sus gestos.
– Que espere. O vos conocés a alguien que se haya muerto por esperar. Capaz que se murió de viejo y esperando, pero la causa no fue la espera misma. Eso te lo discuto a muerte. Paro cardiorespiratorio, en todo caso. Además, tanto apuro para qué, me querés decir. Después venís toda así, ¿cómo se dice? Acongojada. ¿Y todo por qué? Por haber estado tres horas escuchando los lamentos de esa otra infeliz.
– Chau, me voy en taxi. –se despide Ana María.

Vicente se ceba un mate y, luego, lo toma. Se levanta, va hasta donde tiene la radio y sintoniza otra emisora. Calienta un poco el agua de la pava y vuelve a ubicarse en el mismo lugar del comedor. Entre tanto, entra Dani, su hija menor acompañada de una amiga.
– Hola pa.
– Hola chiquita, ¿trajiste visitas a casa? –dice Vicente mientras saluda con un beso a cada una.
– No, pa. Ceci me acompañó hasta casa para ver si la podés llevar hasta la suya. Hoy no hay colectivos por paro de choferes.
– Y no es para menos. ¿A vos te parece poner el lomo todo el día por dos pesos que no te alcanzan ni para pagarte un chegusán? Lo único que falta es que se tengan que pagar el combustible para poder trabajar. ¿En qué cabeza cabe? En la mía seguro que no. No sé cuánto estarán cobrando, pero te digo que igual es poco. Además, te cruzás con un atorrante que no tiene nada mejor que hacer…¿y? ¿Qué hacés? Le tenés que romper la marola con el volante.
– Bueno pa. ¿La llevamos?
– ¿A tu edad sabés cuántos kilómetros caminaba por día? Treinta y dos. Diez para ir a la escuela, diez para volver y doce haciendo los mandados a la vieja. Tu abuela, descansa en paz. Todos los días. Cinco kilos de papas, dos calabazas. Después el pan de lo de don Octavio, la leche del tambo… Y acá tu amiga que no puede caminar ¿cuánto?
– ¡Qué se yo! ¿5 kilómetros?.
– Cinco kilómetros. No me hagás reír que me vas a hacer volcar el mate. Ahora, decime, vos querés que deje todo así, que apague la radio, saque el auto y deje el mate recién hecho para llevar a tu amiga hasta la otra punta con qué excusa más ingenua: el paro de choferes. Contate otra porque con esa no vamos a ningún lado.
– Vamos afuera que te acompaño hasta la esquina Ceci. –le dice Dani a su amiga y se retiran de la casa.

Vicente se levanta con la pava, le agrega agua y la pone al fuego a calentar. Pocos minutos después, vuelve a entrar Dani mientras Vicente está hurgando en la heladera.
– Chiquita, ¿viste donde quedó el salamín que me compré la otra noche?
– No quedó. Se lo terminó el Mati con el Tecla ayer.
– ¡Si serán infelices!

Vicente tomó las llaves del auto y salió urgente de la casa. Dani lo miraba desde la ventana. En eso, ve que su padre deja el auto estacionado frente a la casa, se baja e ingresa a la misma.
– Chiquita, vigilame la pava que dejé sobre el fuego que ahora vengo. Voy hasta la fiambrería.
– Si, pa. –le respondió Dani, mientras reflejaba su expresión declarando por lo bajo: hay cosas que no se explican.

PROLIFERA

En los aires
Se respira el descreimiento
Basado en la desconfianza,
La de tanto haber creído
En bobas adivinanzas
Y en preceptos confusos
Que embotaron a la mente.
En un raro escepticismo
Que confluye en el presente
Se niegan también certezas
Con grito feroz y estridente,
Será tal vez que las gentes
Se hartaron del engaño frecuente
O será que aquél nihilismo
Los dejó solos como reclusos
A solas con su pensamiento,
El mismo tiene potestad
De dar y negar felicidad,
Él, de palabras constituido
Y siempre detrás del viento
En los aires.

LUMINISCENCIA

El sensei le había dicho a Arturo aquél día en tono monocorde: alcanzarás la iluminación en el instante menos pensado. El que ha recorrido el camino era un japonés bajito de rostro pálido que hablaba muy mal español. Arturo se marchó cabizbajo a la espera del colectivo. En la parada había un hombre con cara de foca y, a su lado, una foca con rostro de hombre, atada a través de un collar.
-Lindo día. –dijo la foca.
-Sí. Está lindo. –agregó Arturo.
-¿Cree que hoy pasará a horario? Me esperan para almorzar abadejo.
-Están viniendo a horario normalmente. –dijo Arturo.

De pronto, a la distancia, se observó venir el 48. La foca aplaudía alegremente. Los tres abordaron el colectivo, junto con un idiota que llegó corriendo. El chofer le dijo al idiota que coloque su tarjeta en la máquina para costear el viaje pero el idiota no entendía el procedimiento. Arturo regresó tras sus pasos y lo socorrió.
-Gracias. –dijo el idiota.
-No hay de qué. –respondió Arturo.
-No entiendo cómo funciona esta aparatología.
-Cuesta al principio hasta entrar en confianza con la tecnología. –agregó Arturo.
-De los setenta para acá no entiendo un pomo. Las cosas cambian demasiado.

A Arturo le caía simpático el idiota. Se sentaron juntos en un asiento doble, Arturo del lado de la ventanilla. El idiota observaba con curiosidad a un niño que jugaba con un dispositivo electrónico.
-Antes todo era más simple. Ahora hasta entretenerse es complicado. ¿Por qué cambian todo con lo bien que vivíamos?
-Lo hacen para beneplácito del consumidor. Inventan cosas que llaman la atención por lo novedosas, pero no necesariamente hay que utilizar todo lo nuevo que sale al mercado. –explicó Arturo.
-Yo no sé… Pareciera que si uno no compra las novedades uno fuera un idiota. –Dijo el idiota- Pero qué voy a comprar si no entiendo ni cómo se usan.
-Son formas modernas de matar el aburrimiento.
-No veo cómo me puedo divertir con algo así en ésta época donde todo parece brillar en una pantalla.
-Así es, es la era de la luminiscencia. –Agregó Arturo- La virtualización de la inteligencia.
-O la realización de la idiotez. –dijo el idiota.

Arturo se rió. El idiota le despertaba cierta ternura con sus comprensiones. Sin dudas, habían ocurrido cambios drásticos en la sociedad en los últimos años, modificando las costumbres de la gente sobre la tierra como nunca antes había ocurrido, y los que quedaban al margen de los cambios se sentían desorientados en una soledad que los dejaba cavilando en otros tiempos. Tal era el caso del idiota que no había asimilado los cambios. Al colectivo subió un neurópata con temblores. El idiota lo miró y Arturo también le prestó atención.
-¿Qué le pasa? –inquirió el idiota en voz baja.
-Son los nervios. –dijo Arturo.
-Yo cuando me pongo nervioso me tomo un té de tilo y se me pasa.
-Es bueno para eso.

El idiota se despidió de Arturo pero no sabía cómo bajarse. Arturo se levantó y presionó el timbre, el colectivo detuvo su marcha y el idiota se bajó tras agradecerle. A las pocas cuadras, Arturo se bajó. Ya estaba llegando a su casa, cuando un hombre le pidió unas monedas. Buscó en sus bolsillos algo de cambio para darle y se lo tendió. El hombre le agradeció y le convidó un trozo de queso que tenía. Arturo no quiso menospreciarlo y probó un bocado. Luego se despidió y entró en su vivienda. Cuando lo hizo, comprobó que no tenía luz. La claridad del día le permitió comprobar que no había ningún desperfecto en la instalación. ¿Qué había pasado?, se preguntó. Salió de la casa y golpeó en lo de su vecina. Le preguntó si tenía luz y ella le dijo que había un corte hasta el mediodía. Regresó a su casa y se preparó una taza grande de café. Sonó el timbre que era inalámbrico y Arturo fue hasta la puerta a atender. No era otra que Nancy, su novia, quien llegaba con una docena de facturas en mano, entre las cuales sobresalían las medialunas, las carasucias y las bolas de fraile. Arturo encendió un pequeño cabo de una vela, pues su casa era bastante oscura sin luz artificial, y la colocó sobre la mesa. Nancy tenía un hambre voraz y devoró una bola de fraile de dos mordiscones. Arturo apenas si había probado una medialuna salada.
-Este es un momento mágico. La luz de la vela le da el toque justo de romanticismo a nuestra relación. –dijo Nancy.
-Qué se yo. –dijo Arturo.
-Juntos, bebiendo café, el encuentro esperado se da en condiciones favorables para hacer el amor en una velada soñada.

Caminaron hasta la habitación fundidos en un abrazo interminable. Sus cuerpos se vistieron de piel y sus ropas cayeron dispersas por la habitación. Un beso sentenció la unión del amor en el acto sexual. Nancy tenía la cabellera revoloteada y reposaba sobre el pecho de Arturo. Éste tenía ganas de fumar pero los cigarrillos habían quedado en el comedor. Ella le hablaba del presente y los vaivenes del tiempo. Lo vivido en armonía y el porvenir que se venía. Arturo sólo pensaba en fumar pero se aguantaba las ganas momentáneamente. Después de un rato, ambos se vistieron y volvieron al comedor. Nancy dijo que se iría y no tardó en cumplir con lo prometido, tras despedirse con un beso. Arturo cerró la puerta y se quedó pensando, no en lo acaecido, sino en la vívida imagen de su maestro, evocando aquellas palabras que tanto le habían aclarado su visión de las cosas. De repente, la heladera había empezado a funcionar emitiendo un sonido grave al arrancar el motor. La luz del comedor se había encendido y Arturo se sacó las ganas encendiendo un cigarrillo. Largó una bocanada de humo que cubrió el ambiente. Observó la punta del cigarrillo encendido y miró cómo la vela, consumida en su totalidad, se estaba apagando. Del cigarrillo cayó una brasa sobre el cenicero que hizo un pequeño fogonazo. Arturo, sorprendido, pensó: qué más da. Fuego, amor, humo, ilusión. La vela se apagó completamente dejando un hilo de humo en el aire. En ese momento, alcanza el nirvana.

Programa educativo de doctrina ortodoxa

Por favor, señores docentes, no adoctrinen a nuestros niños con ideologías partidarias. Adoctrínenlos en el valor del dinero, la concepción de un mundo con dinosaurios y la importancia de creerse superiores a sus semejantes para que el mundo transcurra como hasta entonces. Y no olviden adoctrinarlos en la imposibilidad de cuestionarlo, reformularlo y transformarlo como indica el programa.

ENTRETENIMIENTO PARA INTELECTUALES OBSOLESCENTEMENTE PROGRAMADOS

Una avería en la computadora me dejó momentáneamente sin música. El día aparecía ruidoso y las cosas parecían funcionar mal desde el vamos, y esa apreciación mía se vio acrecentada cuando un camión embistió un automóvil estacionado en la esquina, lo cual captó la atención de innumerables vecinos y transeúntes que se agolparon por curiosidad a observar el acontecimiento, que para su sorpresa ya había acontecido con anterioridad, con lo que muchos se dedicaban a recrear en la imaginación cómo pudo haber sido que se dio esa situación, que no dejó vidrios esparcidos ni heridos, pero que el estruendo del impacto había cortado en dos la mañana.
Dejé corriendo un programa con la esperanza de recobrar la música, y en el mientras tanto me puse a repasar las fotografías que tenía en el teléfono: paisajes de lugares remotos y concurridos, noches tibias con luz de luna, atardeceres que reflejan las nubes, selfies de mis seres queridos y sus mascotas o con sus bebés, alguna que otra noticia rescatada de la caída al abismo del olvido, un posteo en redes y algún que otro ‘meme’ ( que obliga a reír ). Cuando el silencio parecía acompañar los pasos de mis ocupaciones, volvió la música casi sin interrupciones. “No te va gustar”, me dije, pero mi otro yo se sentía complacido. En la división interna, ambos discuten, conversan, se amigan, a veces se ponen de acuerdo, se animan, se entretienen y disputan con la temática que los tenga en cuestión durante el día o el sueño. A veces hay unidad, comunión, y los dos se vuelven uno, y todo es armonía, sin conflictos, mientras que en otras oportunidades se observa claramente la polaridad y el cielo se cubre de nubarrones con probabilidades de tormentas ( con posible caída de granizo, agregaría cualquier meteorólogo avispado ). Pensar que la zona de confort de algunos es un par de cartones para recostarse me dio la sensación de que el psicoanálisis es una práctica válida para ciertas clases, pero la sentencias de las que dispone no aplican en casos donde el desarrollo se ve postergado sistemáticamente por los gestores del sistema político económico de explotación de recursos y personas para usufructo de aquellos que nunca se sacian con la abundancia. En definitiva, el sentimiento egótico muchas veces confundido con instinto de supervivencia ha mellado la sociedad a tal punto de que todos quieren ser Buenos Aires, y Buenos Aires quiere ser Europa, y Europa quiere ser Europa pero estar en Marte.
Ya era el mediodía y la música sonaba bien, acorde a los tiempos que corren maratones en silla de ruedas. A modo de introducción, la música ofrece una salida decorosa, al menos ciertas músicas, y el vislumbre de una vida feliz, más allá de que la felicidad pudiera no ser foco de conciencia, sino que ésta se relame en el conflicto, y es ella quien viene y va en un arpegio monocorde con el trasfondo de la felicidad que a veces no se ve, como ocurre con el sol, tapado con un dedo.
Si al día le faltaban condimentos, la llegada del otoño estival trajo aparejada una merma en los exaltados ánimos por la inflación ad infinitum que nos hace correr todo el día atrás de un plato de arroz y éste, esquivo como sortija de calesita, se nos aleja hasta la medianoche cuando cedemos al triunfo de los sueños la corona de laureles que nos facilite un buen reposo. El costo de la nafta corre a cuenta de las pesadillas que nos despiertan.
Cada tanto aparece sobre el firmamento un color o una mezcla de colores que ofrendan cierto alivio al observador, en la aurora o el ocaso, para regocijo del espíritu, muchas veces apagado por la persistente y llamativa novedad, que se deleita en la natural cosmovisión de los fenómenos que, como la imagen, pasan y cambian. La historia no constata la belleza de las cosas y aquí la música ya era un canto a la victoria.

Lo que me gusta de tí

Me gusta cuando hablas
Porque estás presente
Y tu voz se siente
Tan alegremente.
Te extraño cuando duermes
Y la soledad
Se ve acrecentada
Con trivialidades,
Con las vanidades
De la gente torpe.
Me gusta cuando vuelves
A poblar mi mundo
Con todo lo que sabes
Y con lo que entiendes
Con todo lo rotundo
Que escapa a la razón.
Te extraño cuando tengo
Que irme a trabajar
Que irme a recorrer
Los senderos magros
Que sólo me conducen
Muy lejos de vos.
Me gusta cuando estás
Aquí para contarte
Lo que de tí me gusta
Y lo que te extraño
Cuando plasmo en arte
Lo que no me asusta
Que se lea en baños.

Desandar

No estar cómodo en una ideología
Atravesar el camino, desentrañarlo
Aminorar, aventurar, jugar el juego
Abrirse paso al calor de una poesía.

Mudar el entretemiento por valor
Esquizofrenia por la comunicación,
Atizar el lánguido triunfo del amor
Ante escuálidos vestigios de creación.

Del impulso a la ocurrencia, chispazo
Retrocede sin excusas la imaginación
En la mente, de repente, un fogonazo

Que anticipa cual tarot el movimiento.
En su rostro lo que otrora fue ilusión,
En la palma, un fecundo sentimiento.

El lenguaje

Si tres mil años después están intentando descifrar qué quisieron decir los faraones egipcios con unos jeroglíficos, imaginate lo que tardará la posteridad en comprender el lenguaje de emoticones, si es que decía algo, pensarán los arqueólogos del cerebro.
El pasado nos acecha.

Karmesse

En el verde que se mece
Ante el sol al que florece
Va cantando la canción
Con un dejo de emoción,
“Te quiero nena”
I love you baby,
Carga la pena
Y en un resabio de redención
Purga su alma de maldición,
El sueño se desvanece
Y sin tristezas desaparece.

OPCIONES PARA EL FIN DE SEMANA

“Vendrá la muerte y me encontrará en chancletas” es uno de esos discos que calan profundo por su simpleza y armonía, que tocan en el momento y luego dejan una sensación de tranquilidad, lo cual lo convierte en adictivo.
A su vez, “La pandemia nos está volviendo más idiotas” es una película típica donde la acción desmesurada suple la escasa lucidez a la hora de escribir un guión, por lo cual cumple una función de entretenimiento y no mucho más que eso. Con buenas actuaciones de -más que actores- atletas profesionales, nos podemos olvidar la carencia de diálogos que nos alimenten y o de una trama que nos dé qué pensar.
Por su parte, “El libro de la Nada” es una lectura amena y, principalmente, aburrida que nos dará la posibilidad de escapar al vacío comunicacional superpoblado de imágenes actual, para caer en otra red,que en este caso es telaraña, nada más ni nada menos que de palabras, por lo cual deducimos que el título es cuanto menos engañoso.

Pacto

Tengo un pacto de convivencia con los mosquitos: no los mato a cambio de que no me piquen. Ellos, dada la desigualdad de envergadura, por norma, aceptan a gusto.
No obstante, hay algunos que ignoran dicho pacto y se atreven a alimentarse a costa de mi sangre. Por las dudas de cometer el atropello de matar a uno de ellos que efectivamente sí respete el pacto no tomo medidas drásticas, sino que simplemente mantengo mi palabra porque comprendo que siempre puede haber algún rebelde.
Eso sí, al que anoche me picó el culo cuando dormía se la tengo jurada.

Locución trunca

No tengo mucho para contar, narrar, decir o como quieras llamarle y además no hay mucho tiempo, ganas, interés o como quieras llamarle, máxime si no querés escuchar, mirar, leer o como quieras llamarle, teniendo en cuenta que hay muchos entretenimientos, distracciones, boludeces o como quieras llamarle que nos consumen el día, la atención, el cerebro o como quieras llamarle y que se nos pasa la vida, el paseo, la diversión o como quieras llamarle sin que lleguemos a una comunicación profunda, interesante, fluida o como quieras llamarle y pareciera que es lo mismo decir tal o cual cosa, gilada, ocurrencia o como quieras llamarle y era preferible optar por comunicarse con emojis, dibujitos, fotos o como quieras llamarle por lo que seríamos frente a la pantalla sólo dos perejiles, papanatas, nabos o como quieras llamarle y la palabra, don profundamente humano, serviría para limpiarse el tujes, culo, instinto o como quieras llamarle menos para pensar, reflexionar, comunicar o como quieras llamarle y pasaríamos a formar parte de la existencia de las especies más bajas como gusanos, bichos, insectos o como quieras llamarle por lo que lo que digamos no tendría mucho valor, importancia, substancia o como quieras llamarle para lo cual no habría tanto por saber, entender, comprender o como quieras llamarle y quedaría trunca nuestra locución teniendo en cuenta las posibilidades de todo lo que hay para contar, narrar, decir o como quieras llamarle.