Dequeísmo

Deque te conozco duermo poco
Deque te besé sufro como loco.
¿Deque me acuerdo? Usar el bidet.
Deque te prometí ya lo olvidé.
Deque te vi, sólo en ti pensé.
¿Deque me alegro? No lo sé.

En mi pensar pequé.
Tu belleza me desahucia.
-¡Oh! ¡Muchas gracias!
-No hay dequé.

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Fe de e-ratas

Debido a una mala traducción, que pasó del indi al inglés británico de ahí al cantonés, del cantonés al italiano posmoderno y de éste al español globalizado de nuestros días, la frase cabecera de los new age que tanto se esmeraron en difundir a los cuatro vientos y diseminar en toda la www no era cabalmente lo que los sabios orientales habrían querido señalar, por lo que deberán realizar las correcciones necesarias para que las cosas retomen el curso que efectivamente tendrían que haber tenido de no ser por esa errata, sino que es ( maomeno ) así: TODO INFLUYE.
Quedan bajo aviso.

No ilumina, alumbra

Pensamientos inconexos
Sin distinción de sexos
Pupilas que estrangulan
Fotogramas manipulan
Percepciones alteradas
En cabezas ajetreadas.
La luz que no enceguece
No calma y no perece
Se vuelve intoxicante
Adictiva, estimulante,
Lejos de conocernos
De amarnos, poseernos
Más bien entretenernos
Tiempo no es aquello
Que peina tu cabello,
La vida se debate
El corazón bien late
Entre dos parpadeos
O algunos cacareos.
Sentir es relegado
Rescato su legado
Que deja como herencia
Fulgor e incandescencia.

Reunión cumbre

La Comisión de Asuntos Espaciales estaba en plena reunión cuando una señorita vestida con uniforme de servicio interrumpió.
-Perdonen, ¿se les apetece algo?
-Traigame un whisky doble. –dijo el Secretario General.
-A mí un cortado y dos medialunas. –dijo otro ( otro sujeto, no otro Secretario General, pues había sólo uno).
-Para mí una porción de fritas. –dijo Wagner.
-Yo quiero vitel toné y una botella de vino malbec. –dijo otro ( otro sujeto, no otro Wagner, pues había sólo uno).
-Yo paso. –dijo otro.
-Adelante. –le dijo la señorita y aquél, entrando, se sentó alrededor de los otros.
-A mí tráigame un libro. El que más bronca le de. –dijo el que todavía no había hablado hasta ese momento.
-Bien, ¿algo más? –preguntó la señorita vestida con uniforme de servicio a los presentes.
-El murciélago es el único mamífero volador. –dijo Wagner haciendo una reverencia.

La señorita vestida con uniforme de servicio se retiró y cerró la puerta con tanta vehemencia que la hizo giratoria. Wagner se puso de pie y caminaba alrededor de la mesa, que era redonda, y de los allí presentes que se sentaban alrededor de ella en respectivas sillas, excepto el Secretario General, que estaba sentado en la mismísima mesa.
-Señores, -dijo Wagner en tono solemne- nuestro planeta no puede tolerar que los visitantes no se identifiquen como nuestras normas lo exigen. La ley es la ley, y hay que respetarla. No importa si sean de Marte, Plutón o de la Tierra. Todos somos iguales ante la ley.
-Objeción. –dijo uno. Los demás, a excepción de Wagner y el Secretario General se pusieron a golpear la mesa con las manos con efusividad, al igual que aquél que había hablado.
-¡Orden!¡Orden en la sala! –exclamó el Secretario General. Y luego le dijo a Wagner- Continúe.
-Gracias, usía. Como les decía, no podemos permitir que una jupiterina ande suelta sin presentar certificado cuando las cosas lo ameriten. Debemos registrarlos a todos, sean de donde sean, y que paguen los impuestos como todo el mundo. ¡Bah! Como la gente de la Tierra. Porque tenemos por costumbre decir todo el mundo a la gente, porque hasta hace algún tiempo, todos esos seres interplanetarios no eran considerados gente aunque en su fuero íntimo lo sean. Falta la declaración de la ONU que lo avale. Mientras tanto, ellos aunque habiten y convivan con nuestros coterráneos no son tales y, de avalar este proyecto, pasarán a ser considerados de igual modo que doña Gaulípides, don Carelos o quien fuera.
-No estoy de acuerdo con su postura. –Dijo don Carelos- No somos iguales. Sus costumbres no son las nuestras. Sus ideologías no son las nuestras. Sus banderas no son las nuestras. Sus…
-Está bien, comprendimos a dónde quiere ir. –lo interrumpió el Secretario General. Y luego le dijo a Wagner- Usted, energúmeno, vaya al grano.

Wagner fue. No estaba muy lejos de él, pues lo tenía en la punta de la nariz. Se quedó por un momento mirándolo, intercalando momentos en que lo hacía con el ojo derecho y otros en que lo hacía con el ojo izquierdo, salvo cuando lo miraba con los dos al mismo tiempo, pero en diferentes lapsos.
-¿Qué hace, Wagner? ¿Se siente bien?
-Órdenes. –respondió Wagner a la primera pregunta.

Don Carelos tomó la palabra y se la pasó al Secretario General. Este esquivó, primero a uno, después a otro y se la dio con maestría a un tercero. Éste, ni lerdo ni perezoso, se la pasó a Wagner, que se le escapó porque se había quedado bizco y no la vio. Ahí la tomó nuevamente el Secretario General. Sin usarla, se la pasó nuevamente a don Carelos. Éste gambeteó a uno primero y a un tercero después, pero se la arrebató de arremetida un segundo. Segundo Sombra se la quedó en su poder e hizo uso de ella, pero no habló. El que sí lo hizo fue el Secretario General, pero para decirle a Wagner que retome el discurso. Wagner estaba tan concentrado observando la punta de su nariz que no lo oyó, por lo que quien habló fue Segundo Sombra, de la manera que sigue:
-¡Gol!
-¿Quién lo hizo? –preguntó don Carelos inquisitivamente.

Segundo Sombra no le respondió y se quedó escuchando el relato a través de los auriculares que a su vez estaban conectados a una pequeña radio del tamaño de un dedal que llevaba en el bolsillo de la camisa. En ese momento ingresó por la puerta giratoria una señorita vestida de uniforme de servicio con una bandeja en la que traía un whisky doble, un cortado, dos medialunas, una porción de fritas, vitel toné, una botella de vino malbec, una biografía de Passo y un libro. Las dispuso en orden alternativo al que los allí presentes lo habían solicitado. Esto provocó que varios de ellos se enojaran por la atención recibida y empezaran a golpear la mesa salvajemente con las manos, lo que provocó que la mesa se partiera en dos partes de similar superficie.
-¡Orden!¡Orden en la sala! –dijo don Carelos.
-¡Oiga! Eso lo debo decir yo. –Exclamó el Secretario General que había quedado sentado con partes de su trasero en mitades diferentes de la mesa- Y usted devuélvame el whisky. –Esto se lo dijo a Wagner que había salido del trance y bebía con ansiedad.
-¿Quién pidió vitel toné? –preguntó Segundo Sombra.
– Yo. –dijo otro ( otro sujeto, no otro Segundo Sombra, pues había sólo uno, y no era segundo de nada, excepto que se llamaba así ).
-¡Qué buenas están estas papas! –exclamó el que hasta ese momento no había hablado, excepto para pedirle un libro a la señorita vestida de uniforme de servicio.
-¡Devolvémelas, rufián! –exclamó Wagner.
-Nunca estuvieron en tu poder, por lo tanto no puedo devolvértelas. –argumentó Rufián.
-Eso está por verse… –dijo Wagner y en un descuido de aquél le arrebató el plato con la porción de papas fritas, aunque algunas quedaron en la mitad de la mesa próxima a la que estaba sentado Rufián.
-¿Qué es esto, una biografía de Passo? –cuestionó el que hasta este momento de la historia desconocemos de quién se trataba. No desconocemos nosotros, sino ustedes.

Los presentes intercambiaron entre sí lo que les habían traído hasta quedar conformes con lo que habían pedido, excepto el Secretario General, que había pedido un whisky doble y ahora sólo tenía un whisky y se mostraba molesto por ello. También Wagner se mostraba disconforme con la ración de papas que tenía, pues había observado a otro ( otro sujeto, no otro… bueno, entienden como viene la mano) comerse unas cuantas, pero lo había suplido bebiendo el whisky que le tocó en suerte, por lo que se daba por hecho.
-Pero esto… ¡Esto es un libro de quejas! –exclamó Rufián contrariado.
-Bueno, pero sigue siendo un libro, que es lo que pediste. –le explicó don Carelos.
-Vos pediste un libro y ahí lo tenés. –le dijo Segundo Sombra.
-… el que más bronca le de, le dijiste. –argumentó Wagner.
-Doy fe. –dijo el Secretario General.
-Esas fueron las palabras que empleaste. –dijo el que quedaba presente de razón aguda y con mirada acusadora.

Rufián salió para reclamar por la puerta giratoria, pero dio tantas vueltas que no supo si salía o estaba entrando. Cuando volvió a aparecer frente a los presentes se lo veía algo mareado y el Secretario General le habló:
-¿Qué hace, Rufián? ¿Se siente bien?
-Ordene. –contestó aquél.
-Siéntese. –le ordenó el Secretario General. Y luego le habló a Wagner- Usted, energúmeno, devuélvame el whisky.

Efectivamente Wagner bebía del vaso con whisky que había pedido el Secretario General. Pero esta vez, lejos de entregárselo a su legítimo solicitante, se lo bebió íntegro ( al contenido, no al vaso que en ese momento todavía era sólido y, por lo tanto, no podía beberlo, por lo que lo comió).

Pinceladas V

 

Parejas, familias y amigos están congregados alrededor del mate en torno a una estatua de San Martín que pronto será reemplazada por la de un yaguareté o un guanaco autóctono. A la historia siempre se le puede agregar un antes, como lo hacían las hipótesis paleontológicas ampliamente difundidas y aceptadas, total pocos se iban a dar cuenta del fraude y si se lo contradecían abiertamente se los iba a tomar por locos. Por eso había que andar con sigilo. En el monumento había varios grafittis que las últimas pinceladas no habían alcanzado a cubrir bien. Una niña andaba en bicicleta y un chico lo hacía en una patineta eléctrica, ambos contentos y sin dilemas en su inocente pureza original. Desde esa posición en el parque se pueden observar las construcciones alejado del ruido de la ciudad e impregnado por la vida natural que allí se presenta. Pero había que volver, hay que volver tarde o temprano. Bajé por la pendiente hacia la calle 11 de septiembre y varios obreros de la construcción hacían su aporte a la arquitectura puntaltense. Ruidos de palas, mazas, cortafierros, taladros, amoladoras y hasta alguna hormigonera en tan solo cien metros daban cuenta del ajetreado trabajo de los albañiles y sus peones con el que finalizaban las labores esa tarde. Desciendo la empinada calle Espora y por delante cruza un colectivo repleto de hinchas con banderas y entonando cánticos o insultos cantados. Es una visión de otro tiempo, en enero no hay fútbol en la ciudad. Igual me parece que son fanáticos de Comercial de Ingeniero White. Algunas luces del tendido eléctrico ya se encendieron a pesar de que todavía el sol no bajó. Para contribuir al ahorro de energía que propone el gobierno le pido una gomera a un chico que se entretiene tirándole a unos pájaros y en el primer intento le doy al foco. Por un momento soy el niño que no sabe nada del vandalismo que se habla en las noticias. Intercambiamos roles, avanzo y me alejo. Me detengo frente a la fachada de una casa mal pintada. Por el ladrido de los perros me doy cuenta que es mi casa y me observo a través de las paredes sentado escuchando música de Bill Evans que los sonoros escapes de las motocicletas que pasan por la cuadra no permiten apreciar en plenitud. Atravieso las paredes y estoy otra vez en la vereda caminando. Mis hijas me saludan al llegar con amigas e intercambiamos besos y una breve conversación acerca de dónde andaba cada uno, cómo estuvo el día y otros diretes. Sigo con rumbo oeste según indica la brújula, ahora apurado porque son las últimas horas de vacaciones y aún no me fui. Me topo con una bella mujer, que a su vez es dios. Algún distraído puede pensar que es un travesti. No es así. Me dice que el hombre está condenado a vivir. No la escucho más a pesar de que me sigue hablando y continúo caminando. Llego a las vías tapadas por la tierra y miro para ver si viene algún tren, por las dudas. Con tantos cambios uno nunca sabe cuál es el último tren que pasa en la vida. Subo al terraplén y detrás del alambrado la figura de un soldado con un perro ambos pintados de negro mate, en un cartel, me dicen que el paso está prohibido. Emprendo la vuelta para ver qué señala el exiliado General.

Imperfecciones

El imbécil sabe perfectamente que no hay perfección en la manifestación. Podrá haber un estado de suma belleza, un acto sublime, una pose suprema, una disertación magnífica que capte su atención. Sin embargo, el imbécil estará pendiente del momento en que se te vuelque el mate, yerres una palabra, patees una silla o equivoques un nombre para decirte:
-¡Eres un estúpido!

Cruce de palabras

Para los amantes de los juegos de mente y el entretenimiento intelectual, aquí les presentamos una definiciones.
( Diagrama al dorso )

1- Derivado de la derivación.
2- Unicornio acéfalo con cuerpo de ganso.
3- Término con el que se designa todo aquello que desconocemos o es difícil mencionar.
4- Dispositivo natural adherido al rostro humano que viene en diversas tonalidades provista de dos orificios generalmente de similar diámetro donde suelen alojarse palillos puntiagudos que de allí surgen con el objetivo de detener el ingreso de todo tipo de suciedad y microorganismos mediante el cual se perciben las sensaciones exteriores provenientes de diversas fuentes esparcidas a través del aire en el cual finalmente se pierden.
5- Diferencia, similitud.
6- ( Peter … ) Célebre compositor austrohúngaro que radicado en el País Vasco compuso melodías características de Grecia, consideradas por los romanos como precursora del rock argentino, desechada por sus pares uruguayos quienes la despreciaron por ser poco representativa del reggaetón caribeño, más conocido como cumbia-artesanía fundada en República Dominicana.
7- Sintomatología de ecología lógicamente patológica.
8- Síncope de tú.
9- Teoría formulada por Herz Zog mediante la cual expresa que toda teoría es, salvo que exprese lo contrario.
10- Complete a gusto, libre albedrío.
11- Sátiro pérfido sicótico de nuestra misericordiosa señora de la divinidad.
12- Capital del estado de Wakshalaban Obai en la península de Silifrings de la república oriental de Xantarabi Demó en la quinta luna de Plutón, según la literatura rusa.
13- Brebaje que surge de la mezcla de té, azúcar, sodio, silicio, solsticio invernal, sal, sacarina, harina, sacarosa, pétalos de rosa, uña de gato pardo, pluma de pingüino disecado, restos fósiles de momia árabe, orina de murciélago, ojo izquierdo de bacalao, pluma de tero alzado, astillas de metegol gastado, saliva de camello, agua, pan rallado, carbón hidratado, acidofotolesconcetedorinagalondopina y yerba mate.
14- Número primo de pi.
15- ( Hans… ) Inventor del teleperidonocoto.
16- Muy evidente.

Consejos para Lucecita

I  CUIDA LA SALUD.

La salud es algo que no valoramos hasta que perdemos parte de ella. Esto es así porque la salud generalmente viene “de fábrica”. Sin embargo, gozar de buena salud no es poco y es el soporte de otros disfrutes. La salud se puede ir deteriorando por sus descuidos, más allá del desgaste natural del cuerpo. Cuidarla incluye comer bien, dormir bien y realizar actividad física.
Gozar de buena salud es parte integral de tu bienestar.

II ALIMENTA LA CURIOSIDAD.

El anhelo de conocer es innato, pero con el ajetreo y lo cotidiano se va obnubilando. Por eso es importante redescubrirlo y permitirle que se abra. “Conocer” es una palabra que nos ayuda a conducirnos en la vida. Conocer algo o alguien es profundizar en él. Cuando conocemos algo lo podemos llegar a amar, y el amor ayuda a conocernos, nuestras limitaciones, nuestras particularidades y nuestra infinitud.

III FOMENTA EL CONOCIMIENTO

Dale tu mayor atención a las cuestiones que sean de tu interés. Empieza por hacerlo en tus momentos libres, aunque sea leer un breve texto o escuchar a alguien que sepa del tema o lo que sirva a tu interés particular por conocer más y mejor y fomenta que se despliegue en el tiempo. Los temas que te interesen merecen ser conocidos integralmente y no sólo de oídas. Hay asuntos que deben conocerse de primera mano, a esto se le llamaba “ir a la fuente”. La opinión difiere del conocimiento.
No es posible saber todo ni entender todo, pero lo que llame tu atención debés conocerlo bien.

IV DESARROLLA TU CREATIVIDAD

Crear es una posibilidad inherente (tuya), no sólo de excéntricos. Cuando algo surge de tu interior y se plasma en algo tangible, estás creando. Cuando le das forma a algo que sólo era un pensamiento, creás. La creatividad se fomenta en muchos actos cotidianos, cuando te preguntás ¿cómo se hace esto?, desarrollás tu propia creatividad para realizarlo. Un magnífico edificio que hoy toca el cielo empezó con un pensamiento. Con creatividad, el vivir se enriquece y brilla por sí mismo.

V PROCURA LA FELICIDAD

Concíbela no como algo lejano e inalcanzable sino como un estado natural factible. Lo que está bien es lo normal. Desde ahí se parte y allí se está. Ser feliz no tiene por qué ser un logro, pero puede ser una actitud. La felicidad además te sirve para ayudar a los demás a ser felices o a vislumbrar su propia felicidad. Y la felicidad es un lindo estado en el cual vivir en plenitud.

Tan nuestro

Cada frustración
Que nos malogra
Es como una flor
Que se marchita,
Cuando creemos
Que somos la flor
Algo de nosotros
Muere con ella.
Pero la lluvia
Vuelve a caer
Y con ella misma
Hay otra flor
Que vemos nacer,
Con la esperanza
Imperturbable
De vida y sol
Que nuestro deseo
Más perdurable
Va a florecer.

La búsqueda

 

Vincent caminó con la valija a cuestas hacia donde le había indicado la chica del locutorio. No era demasiado lejos, pero con la valija se le hizo un poco cansador. En ese momento, lo que más deseaba el muchacho era darse un baño. Unas cuantas cuadras delante, encontró como bien le había dicho la jovencita del locutorio la casa con forma de ovni. Golpeó la puerta un par de veces y nadie atendió. Observó un viejo cartel sobre la misma que decía “Ferretería”, y debajo, a un costado, otro cartel aún más antiguo en el que se leía “Quiosco”. Volvió a golpear, pero sin suerte. Pudo ver a doscientos metros de allí el gran cartel de un camping y decidió ir hasta allí, para ver si conseguía darse la tan ansiada ducha.

Al llegar al camping, habló con un encargado del mismo, a quien le solicitó el uso de las duchas.
– Ningún problema. Son 70 pesos, joven. –dijo el hombre.

Vincent abonó con cambio y procedió a ducharse. Mientras lo hacía pensó en cuando se marchó finalmente de Urquizeida: la decisión de partir ya estaba tomada hacía mucho tiempo y no había intersticio en el cual se presente alguna duda. Ni siquiera el ferviente deseo de Gloria de continuar a su lado. Ni siquiera el estado de su madre, que tarde o temprano necesitaría la asistencia de alguien. Ni siquiera la amistad de Álvaro, quien lo había acompañado en todos esos años de juventud, sueños e incomprensión.

Regresó a la casa con forma de ovni tras vesitirse y la observó con mayor detenimiento. Era una bonita construcción, aunque arquitectónicamente deficiente. Estaba emplazada en un hoyo y era seguramente incómodo para vivir allí, debido a que era muy pequeña. Volvió a golpear y nadie atendió su llamado. Le preguntó después a un hombre que salía de una vivienda contigua si sabía dónde se encontraba el hombre de la casa.
-¿Quién, el marciano? –Preguntó el hombre- Estará pescando. –agregó.
– ¿Sabe si regresará pronto?
– A mediodía siempre se lo encuentra. Debe estar de regreso.
– Gracias.


Vincent esperó durante un buen rato afuera del falso platillo volador. Luego de un tiempo, un hombre de edad se acercó a la casa trayendo consigo dos peces grandes en un balde y una caña de pesca en la otra. Cuando se encontró con el muchacho en la puerta de su casa, saludó.
– Hola joven, ¿qué se le ofrece?
– ¿Alsinina? ¿Javier Alsinina?
– Así es caballero. ¿Quién es usted?
– ¿Qué tal? Soy Vincent Toriniga. Vengo enviado por Yardel, quien dijo ser un viejo amigo suyo.
– ¿Amigo de ese sátrapa? Lo he conocido durante buen tiempo, nada más. ¿Qué le ha dicho de mí?
– Que usted puede ayudarme en mi búsqueda y que podría contarme la historia de Garriazábal.
– El hombre de mayor éxito de la villa balnearia. ¿Qué has conocido del balneario hasta aquí?
– Recorrimos la costanera con un oficial de la policía.
– Seguramente has visto la casa con forma de molino, es la vivienda de un escritor, construida en honor al Quijote. También hay una vivienda que es un barco que se adaptó para ser habitada. Muy llamativa, todos se acercan a verla. No creas que mi casa es la única que visitan los turistas.
– ¿Quién construyó esta curiosidad?
– Yo lo hice. Tiene unos cuantos años y no he cuidado demasiado su mantenimiento.
– ¿Tuvo un comercio aquí mismo?
– Hubo tres, pero no fueron míos. Por aquél entonces la alquilaba, mientras vivía en Urquizeida. Hubo un quiosco, una ferretería y un puesto de libros, diarios y revistas. Después de aquello me vine a vivir aquí. No es lo más cómodo, pero cumple con el objetivo de cobijarlo a uno. Vamos a comer algo. De saber que tendría visitas me hubiese quedado pescando un rato más.
– ¿Buena pesca?
– No, mala. Me ha llevado toda la mañana sacar sólo estas dos corvinas. Hay días en que estoy solamente unos cuantos minutos para pescar lo que comeré en el día. Como no tengo congelador no pesco de más. Sólo lo que comeré ese día. Si no, se echa a perder.

Ingresaron a la vivienda. Todo estaba muy prolijo, pero el olor a pescado predominaba en el ambiente, único de la casa. Había allí una cama, una mesa con tres sillas, la cocina con una pequeña mesada y una heladera diminuta. Vincent observó que había algunos pósters con figuras de naves espaciales, cohetes y algunas con la inscripción de la NASA. También había sobre una repisa unos muñecos estrafalarios que simulaban ser seres extraterrestres. Alsinina prendió una hornalla, colocó una sartén sobre la misma y le agregó un poco de aceite. Luego, comieron prácticamente en silencio, Alsinina interrumpió al muchacho un par de veces para preguntarle si estaba bueno el pescado, ofrecerle sal, pan o servirle un poco más de vino blanco. Cuando terminaron, Alsinina se disculpó para pasar al baño, que quedaba detrás de la vivienda, fuera de la misma. Cuando regresó, encaró a Vincent con el asunto que lo había traído.
– Muchacho, si querés oír la historia de Garriazábal, primero debes tenerlo a menos de un metro, para que su impacto en ti sea menor.
– Bien. ¿Dónde he de verlo?
– Siguiendo por esta misma cuadra, más allá del camping, hay un campo llamado “La madriguera”. Deberás ir hasta la estancia y pedir al peón que te deje acercarte al patrón, Garriazábal. Él te indicará el camino, son unos dos kilómetros adentro del mismo campo. Cuando regreses, hablaremos de él.
– ¿Es indispensable que vaya hasta allí?
– Sí. En tu búsqueda es necesario que así sea. Caso contrario, la historia no te llegará.

Vincent se marchó en busca de Garriazábal. Pasó por el camping y llegó a La madriguera. Cruzó la tranquera y se dirigió hasta la estancia, unos 500 metros alejada del camino. Al llegar, lo recibió un hombre que venía cabalgando un potro.
– Vengo a ver a Garriazábal.
– El patrón. Allá, en el panteón. –dijo el peón señalando el horizonte.
Vincent caminó hasta el lugar que le había indicado. Está muerto, pensaba. El hombre de mayor éxito de este lugar ha fallecido. Podría habérmelo comunicado Alsinina, con eso era suficiente. Quizá no habría de creerlo, supuso. ¿A qué venía todo esto? Un hombre de mucho éxito, muerto. Como todo hombre ¿Qué me querían mostrar Alsinina y Yardel con este asunto? Habrá que oír la historia de Garriazábal, pensaba el joven. Cuando llegó al panteón se encontró con un lugar lujoso. Había varias tumbas, entre ellas pudo leer las placas de Miguel Arcángel Garriazábal, Esther Silbia Roldán viuda de Garriazábal y otra a nombre de A. J. Garriazábal. El lugar estaba rodeado por un estacionamiento de grandes proporciones y unos cuantos árboles. En el panteón, Vincent pudo ver una sala de juegos para niños y comprobó que el mismo contaba con aire acondicionado y dispenser de bebidas. La cúpula del panteón era majestuosa. Los cristales formaban figuras que a la luz del sol relucían impecablemente. Vincent observó todo con asombro. Tras permanecer un momento allí se despidió. En el camino, volvió a cruzarse con el peón a caballo quien lo despidió con un gesto. Esas visitas al panteón Garriazábal debían ser habituales por los curiosos turistas, pensaba el muchacho.

Cuando llegó a la casa con forma de ovni de Javier Alsinina, éste estaba fuera de la misma regando algunas plantas que allí vivían. Vincent saludó con un gesto con la cabeza. Alsinina le dijo que esperara que termine con eso, que ya estaría con él. Continuó con la tarea que estaba haciendo hasta que todas las plantas de allí hubieren recibido la cantidad de agua necesaria.
– Creías que sería una historia más la que oirías de ese hombre. No es una historia de relleno, como esas en que ponen a un pobre paisano diciendo que fue secuestrado por naves interplanetarias. Da vergüenza ajena, vaya idiotez. Hoy día, por suerte, ya es sabido por la gran mayoría que los seres planetarios no secuestran a nadie aquí, sino que sólo viajan voluntarios. Hubo tiempos en que le hicieron mala fama pues los gobiernos temían perder credibilidad ante la sensibilidad de estos seres.
– ¿Ha conocido a alguno de ellos?
– ¡Claro! Dos veces estuve en Marte. Pero no fue un secuestro, ¡paparruchadas! Me presenté como voluntario. Debieron hacerme un estudio cardiopulmonar y unos cuantos más para saber si era apto para tales viajes y luego me llevaron. Una vez allí tomas otra dimensión de las cosas sobre la Tierra. No lo observas con desdén, no me malinterpretes, muchacho, no. Digo que tomas una real dimensión del escenario donde todo ocurre. Por eso, ellos son tan pacíficos y viven en una concordancia pasmosa. Te costaría creerlo. Los últimos años han estado ayudando al hombre a comprender la existencia, a amigarse con toda forma de vida. Pero nadie puede ser obligado a ello, tiene que estar dentro de cada uno el deseo de llegar a ese estado.
– ¿Cómo son los marcianos?
– Si te refieres a su forma física no hay diferencia con los humanos, excepto que ellos no tienen orejas, aunque varios de ellos se colocan un dispositivo que simula ser un par de orejas para pasar desapercibido. Escuchan a través de todo el organismo. En general, te podría decir que son más bien delgados y altos, pero no todos son así. Para transitar libremente sobre la Tierra deben tramitar un permiso ante la NASA y conseguir un empleo en menos de un mes, pues de lo contrario son deportados.
– Creí que eran todas paranoias…
– Muchas veces lo son. Gente que por unos cuantos billetes es capaz de cualquier estupidez. Difaman sin ningún tipo de pudor con total ignorancia del tema.
– Alsinina, no se ofenda, pero no he venido hasta aquí para escuchar historias de extraterrestres.
– No me ofendo, muchacho. Sé que a veces puede ser cansador este tema. En general, nadie viene a visitarme por Garriazábal sino que vienen aquí por la casa y los marcianos. Sobre todo los más pequeños, deseosos de conocer. La gente mayor, mayormente, está cansada de historias y, tal vez, de sus vidas, y no prestan demasiada atención a las anécdotas marcianas. Hubo un tiempo en que escribía para la revista “Cinco metros” dichas anécdotas, si te interesa…
– No, sinceramente, no me interesan los marcianos Alsinina. Le agradezco su buena voluntad, pero el tema no me llama mínimamente la atención.
– Disculpe, joven. A veces canso y me reitero. Es que esos viajes me han marcado para el resto de mi vida. Antes de ello no creo que haya vivido. Resultó que todo lo sucedido anteriormente al primer viaje fue como si uno estuviera envuelto en un sueño en el cual nada podía llegar a buen puerto. Luego de aquél entonces, todo cobró significación, no sé si llegas a comprenderlo muchacho. Lleva su tiempo, lo sé, pero un día arribarás a las conclusiones a las que he arribado. Si quieres, puedo ponerte en contacto con ellos para que cuando gustes realices el viaje bautismal…
– No, gracias Alsinina. Le he dicho que no me interesa nada vinculado a Marte, y si usted va a seguir estándolo creo que deberé abandonar su casa ahora mismo.
– Tranquilo, joven, con ese carácter no va a llegar muy lejos. No a Marte, desde ya. Tomaremos algo y le hablaré de lo que ha venido a escuchar: Miguel Arcángel Garriazábal.

Alsinina abrió una botella de vino y sirvió igual cantidad en dos vasos. Le dio uno de ellos al muchacho quien agradeció. Luego, Alsinina, bebió. A Vincent le habían quedado rondando en sus pensamientos las historias de Marte, el panteón de Garriazábal y la charla con Gloria, la que por momentos recordaba. Alsinina le despejó los recuerdos hablando pausadamente mientras bebía de a sorbos cortos el vino.

-Bien, te hablaré de Garriazábal, que es a lo que has venido. No quiero aburrirte, dime si lo hago. Miguel Arcángel Garriazábal era un pobre muchacho, hijo de inmigrantes españoles. Su padre fue dueño de una panadería, a duras penas llegaban a pagar sus cuentas. Quizás movido por las dificultades que tuvo en su infancia, tal vez por la educación que recibió en un colegio privado, quién sabe si lo motivó el deseo de progreso que por ese entonces era el grito de moda, el muchacho creció cargado con el deseo de éxito y riquezas. Se diplomó como arquitecto y su primer trabajo fue aquí, en la villa balnearia. Diseñó una casa que por ese entonces era la mayor construcción de la villa balnearia. Con el dinero que obtuvo allí, compró un terreno. Para aquella época los visitantes eran turistas de Urquizeida, principalmente, ya que pobladores de lugares remotos no se acercaban al balneario, que era desconocido para el resto del país. Ni hablar para la gente del norte. Salvo quienes tenían familiares en Urquizeida, era difícil localizarla en un mapa de rutas. Su obra repercutió en todos los visitantes del balneario, tal es así que dicha casa se había convertido en centro de atracción para los que venían de visita. No tardaron en llegarle nuevas propuestas de trabajo. El dinero que obtenía lo destinaba a comprar terrenos. Luego construyó su primera casa, cuyo destino era obtener una renta durante la temporada estival. Luego construyó otra casa, con el mismo fin. Cuando obtuvo suficiente dinero, construyó un hotel. Después se compró el campo que visitaste hoy. Hoy tiene cerca de trescientos terrenos, además de más de ciento veinte casas y cinco hoteles. Se trajo los restos de sus padres y construyó allí en el campo el panteón que has visto. La historia no termina allí. Este hombre ha dejado por escrito cuáles son los negocios que han de hacerse con sus bienes. Dejó detallado cuál debe ser el destino del dinero que sigue obteniendo de la renta y todos los pormenores. El hombre ha extendido más allá de su propia existencia el tiempo de su vida. ¿Tu crees que él aún vive? Lo has visto. Sin embargo, su idea del éxito continúa como de una manera rodada.
– No logro entender qué me quiere revelar con esta historia Alsinina.
– No hay nada que por mi cuenta esté intentando inculcar en ti, joven. La historia se revela por sí misma. Es una idea de éxito llevada al extremo. Más allá de la duración de una vida. Quiero que te preguntes si es esto lo que buscas para ti.
– No lo creo. Más bien, lo que busco… es alcanzar eso que me diferencie. Un logro de proporciones indiscutibles…
– Está bien, muchacho. Garriazábal ha cumplido su propósito. Su historia marca a todos los que lo conocieron o conocen su historia luego. Como historia de superación, Garriazábal ha sido un ejemplo para todos. Luego, lo suyo se convirtió en una horrible obsesión de la que el pobre Miguel Arcángel Garriazábal no pudo, o quizás no supo, escapar. A veces, se decía, no tenía tiempo para nadie más que para las cuentas que hacía a diario. Hay quien dice que olvidó vivir. Otros dicen que vivir no es más que eso. Nadie culpa a Garriazábal. Él despertaba tanto simpatías como a detractores. Sin embargo, la vida de Garriazábal no ha sido en vano. No sé, si tal vez para él lo ha sido. Pero no para los que buscan una historia que les sirva de guía. Garriazábal consideró que él continuaría viviendo si su idea continuaba en marcha, ¿entiendes? Él pensaba que su vida continuaría en tanto se siguieran construyendo casas destinadas a la renta, se siguieran comprando terrenos, los hoteles continuaran albergando turistas, etcétera. Su vida se convirtió en una ecuación matemática.
– No me resulta claro. Me parece que hice todos esos kilómetros al divino botón. Por no decir al pedo, para no faltarle el respeto.
– Aún eres demasiado joven, muchacho.

El muchacho se retiró de la casa con forma de ovni. Al salir se tropezó con un muñeco con forma de alien. Alsinina le ofreció pasar la noche allí, antes de que Vincet continúe su periplo, por lo que decidió recorrer la villa balnearia esa tarde. Su amigo Álvaro le escribió por whatsapp:
-¿Cómo estás, amigo? Aquí se te extraña.
-Te voy a ser franco. Un poco también extraño.
-Dejaste toda tu vida detrás de un sueño.
– Lo sé.
– ¿Qué has conseguido hasta ahora?
– Insensateces. Montones de nada.
– Recordá que aquí siempre tendrás tu lugar esperándote.
– Lo sé.

Esa noche, Alsinina quiso conversarle al muchacho más acerca de sus anécdotas interplanetarias, pero el joven, astuto, lo disuadió cambiando la charla a temas como la historia del balneario. Alsinina le comentó que aquella playa tenía la peculiaridad de que se podía ver el amanecer y el crepúsculo, ambos sobre el mar, fenómeno que se daba por su situación geográfica. Era tarde y ambos acordaron dormirse. Al día siguiente, Vincent continuaría con su camino. Observó por última vez el interior de aquél llamativo ovni construido para ser habitado por aquél excéntrico hombre que le había dado hospedaje.

El humor pierde

Prohibieron expresiones humorísticas por decreto. Dicen que fue para que nos convirtiéramos definitivamente en un país serio, como en otros donde el humor se reemplazó por burlas y humillaciones. Muchos festejaron contentos; otros aplaudieron con solemnidad; algunos se lo tomaron a risa.

Pero no es joda, así que no me vengas a decir que no tiene gracia.

Sorteando las dificultades

Hubo un tiempo en que Horacio la pasó realmente mal. Su situación económica era magra y no la supo revertir. Además, por una cuestión fortuita que le advino que los hombres de ciencias sabrán explicar llegado el momento, pues para todo lo que no tiene explicación existe una explicación que llegado el caso la explique, su apariencia se vio reducida mientras lavaba un frasco de mayonesa a tal número que cayó en él. No sólo cayó dentro del frasco sino que le sobraba muchísimo espacio. Allí estuvo un tiempo del que se mantuvo vivo gracias al agua que todavía quedaba dentro del mismo y a restos de mayonesa de un volumen apreciable que aún no había terminado de limpiar. Cuando sus esperanzas de sobrevivir flaqueaban, un niño tomó el frasco y Horacio se quiso comunicar con él.
-¡Niño!-le decía Horacio al pequeño, aunque la apariencia del pequeño era en número muy superior a la de Horacio que hacía que el que se sintiera pequeño fuera él- ¡Ayúdame!¡Sácame de aquí!

El niño, lejos de oírlo, siguió con sus planes que previamente había trazado: le había hecho a la tapa unos agujeros con un clavo y colocó dentro del frasco una araña. El octópodo comenzó a tejer una inmensa red dentro del frasco en la que pronto se vieron atrapadas moscas, hormigas y otros gigantescos insectos con los que la araña se hizo un festín. También Horacio hizo lo propio con los restos que dejaba caer la araña al fondo del frasco. Fue un tiempo en el que ni a Horacio ni a la araña(a quien Horacio llamaba Mirna) no les faltó nada. Sin embargo, esos tiempos de bonanza se terminaron. El niño dejó de alimentar a su mascota y la abandonó a su suerte. Mirna comenzó a padecer los síntomas del hambre, al igual que Horacio. Sin recursos para darle fin a ese malestar, excepto el exterminio del uno al otro, acabando así con la pacífica convivencia que habían tenido hasta entonces en un mismo ambiente, se vieron obligados a enfrentarse para contrarrestar los embates de esa dolencia. Mirna fue quien avanzó primero hacia Horacio; éste se acurrucó en el fondo del frasco y ella no le pudo dar alcance. Le lanzó parte de su tejido arácnido, pero Horacio se las ingenió para desenredarse rápidamente. Mirna bajó al fondo y ahí Horacio le quebró una de sus patas traseras. Mirna, malherida, pero no de muerte, retrocedió y Horacio hizo lo mismo. Cuando ella avanzó en dirección a –y con intenciones de- destruir a Horacio, éste se echó para atrás dejando estirada la pata de Mirna que anteriormente le había extirpado. Mirna, obsesionada con que la figura de Horacio sería un paliativo más que suficiente para el hambre que hasta ese entonces la aquejaba, se lanzó sobre él y la pata atravesó su opistosoma, siendo esta herida sí mortal para Mirna. Horacio, apenado por el exterminio de quien hubiera sido su única compañía en tanto tiempo, no tuvo más remedio que comérsela para poder así subsistir.

El tiempo transcurrió con normalidad, y Horacio se hacía la idea de que vivir allí no estaba tan mal. Lejos de los peligros de tener un mundo a su alrededor, vivía con suma tranquilidad. Pero eso duró poco, porque un anciano pronto tomó el frasco para darle otra utilidad. Lo llenó de tornillos, clavos, tuercas y arandelas, una de las cuales golpeó en un par de costillas de Horacio, hiriéndolo, mas no de gravedad. Horacio trepó por la estructura de acero y pudo encontrar insectos y hojas que le sirvieron de alimento en aquél momento, pero no escaló tanto como para poder salir del frasco. Cada recoveco que sorteaba para avanzar en dirección hacia arriba del mismo era un progreso inútil porque la tapa había quedado muy por encima de los bulones superiores. Cuando Horacio comprendió que no podría escapar, regresó al fondo del frasco y allí vivió esperando mejore su suerte.

Fue así que el frasco fue a parar a un lugar donde se reciclaban materiales. Un hombre vació el frasco para extraer el contenido, pero Horacio haciendo sopapa con las palmas de las manos permaneció firme en él, evitando una caída que podría haber sido mortal. El hombre le pasó un trapo dentro del frasco para limpiarlo y Horacio pudo permanecer en él gracias a que lo conocía mejor que nadie y sabía sortear los embates del destino, en este caso un enorme trapo. Le gritó al hombre para que lo ayudara, pero fue inútil pues aquél no lo escuchó.

Le pusieron una tapa nueva al frasco y lo enviaron a la fábrica de mayonesa para reutilizar. Cuando el frasco fue rellenado con mayonesa, Horacio creyó estar en el paraíso. Un mar de mayonesa para él sólo, que le servía tanto para relajarse como para alimentarse. El frasco fue a parar a una de las góndolas de un supermercado hasta que una mujer decidió comprarlo, sin advertir que dentro vivía un ser humano diminuto. Al frasco lo guardó en una alacena, pero la mayonesa comenzó a descomponerse. Un niño quiso utilizar la mayonesa, pero al primer bocado le sintió un gusto rancio y se dispuso a tirar el frasco a la basura.
-¡Niño! –le gritó Horacio.

El niño lo oyó. Observó con cuidado el frasco y divisó la pequeña figura de Horacio dentro del mismo.
-¿Qué hace ahí? –le preguntó.
-Vivo aquí. Hace tiempo que estoy aquí y no he podido salir aún. –Le replicó Horacio- ¿Me podrías ayudar?
-Bueno, pero primero tendrá que contestar a tres preguntas. –le explicó el pequeño.
-¡Adelante! –dijo Horacio.
-¿Cuál es la capital de Nueva Delhi?
-Nueva Delhi es la capital de India. –respondió Horacio.
-No. Nueva Delhi creció de tal forma que fue absorbiendo a las ciudades aledañas y se extendió tanto que absorbió a la India misma, e incluso parte de Pakistán, Afganistán y Nepal. Su capital es Gandhi.
-¡Oh! –exclamó Horacio con asombro.
-Otra: ¿cuál es la moneda oficial de Italia? –preguntó el niño.
-En Italia se utilizan los euros. –esgrimió Horacio.
-No. Italia dejó de usarlos cuando se unió a la Confederación de Naciones Africanas. Desde entonces, la moneda oficial son los congoleños. Pero antes de eso, debido a varias crisis institucionales pasó por los berluscos, las tanitas e incluso adoptó la moneda oficial del Vaticano como propia.
-¡Oh! –Exclamó Horacio- Han cambiado algunas cosas este tiempo…
-Tercera pregunta: ¿de qué color es la bandera nacional? –inquirió el niño.
-Azul y blanca. –respondió Horacio con seguridad.
-No. Esa dejó de emplearse desde octubre pasado. Ahora, luego de la votación que se hizo ese año, se adoptó la clásica verdinegra con ribetes dorados y vivos lila, atravesada por una franja albirroja, cruzada verticalmente por ondas violetas y círculos azules, naranjas y rombos amarillos, distribuidos equitativamente en toda la superficie.
-¡Oh! No estaba enterado de tal cosa. ¿El himno también cambió?
-Se adoptó como himno la canción Pensar en nada, de León Gieco, pero la versión oficial es la que canta María Marta Serra Lima.
– Las cosas que pasan y uno ni se entera…
-Así es. Se ha perdido de mucho usted nadando en mayonesa.
-Y bien… ¿me ayudarás a salir?
-Claro. –dijo el niño.

El pequeño tomó un tenedor y lo introdujo en el frasco. Horacio se asió firmemente de él y el niño lo sacó fuera del mismo. La primera impresión que obtuvo Horacio fue la de un gran temor que lo inhibió. Sintió el correr del viento que lo envolvía y eso lo amedrentó sobremanera. No obstante, el temor desapareció cuando Horacio recobró su apariencia anterior, la que tenía previo a caer en el frasco. No cambió su apariencia en sí que era similar a la que tenía dentro del frasco, sino su tamaño. Horacio no tomó nota del cambio de ambiente, en principio, y al posar una mosca sobre su mano izquierda, éste la atrapó con agilidad y se la comió.

Amanece en el Facebook

Amanece en el facebook, no me importa dónde estoy
me he dormido chateando y he soñado tan intenso
y en ese sueño yo me veía en el whatsapp, pero no
no era un sueño porque me clavaban el visto.

Este paisaje es tan extraño, se parece un balón esférico
los participantes opinan de todo, como si supieran algo.
Y en ese sueño yo me veía en una foto, pero no
no era un sueño porque en la selfie estaba yo.

A medida que megustamos mis recuerdos me estremecen
y en un soplo veo proyectado como un flash mi biografía.
Ya no sé si el facebook está arriba, abajo o dentro de mí
y aunque el paisaje sea tan extraño parezco haber estado allí.

Pinceladas IV

 

Seguí caminando mirando hacia la Punta Alta bajo un cañón escondida en la Base Naval. Cuando el tiempo sobra, el trabajo escasea. No tenía inquietudes pasadas ni por venir, pero igual los pensamientos se debatían en el tiempo. La nostalgia me dice que el pasado fue más feliz. La esperanza señala al futuro como el tiempo promisorio. Ambos divagues sirven para evadir el presente que se presenta como aburrido y a lo atemporal como inexistente, cuando es lo que le da el toque de sentido al mero vivir. Pero la tendencia social es la acaparación, y no me quería quedar sin mi pedazo de la torta. Entré a Zama y pedí una porción. En el camino pasé por el supermercado chino sito en calle Rivadavia también y compré yerba para un mes y, por supuesto, para esa tarde también. La joven que estaba en la caja no hablaba bien el español pero los números los manejaba a la perfección. Cuando salí pasé por la última calesita en estado de semiabandono. Había un revistero en el cual compré un libro que me llamó la atención. No fue por el título, ni por el autor, ni siquiera por el diseño de tapa. Era de una editorial uruguaya que había publicado un libro más que interesante de un autor de aquél país. Torta, mates y un libro me decían que no era una tarde más. De pronto empieza a llover y lamento no haber salido en auto o no haber tenido la precaución de mirar el pronóstico del tiempo. A los chicos que hacen piruetas en patinetas sobre el edificio del registro civil no les importa. Busco refugio bajo un toldo y espero un remisse. Por suerte el libro vino envuelto en nylon por lo que está protegido contra el agua. Si es malo tal vez me sirva para dar comienzo a un asado en alguna oportunidad. Todo es sagrado hasta que sabe a impureza. Los pocos paraguas que veía habían crecido en tamaño con respecto a otros más antiguos. Alcé la mirada al cielo y todo arriba se había tornado gris, a excepción del blanco de la iglesia María Auxiliadora. El auxilio que esperaba de un remisse se hacía desear. Extrañamente cuando llueve no se oye música en las calles y el sonido de la lluvia prevalece junto con el de los motores que transitan por el asfalto. Pasa un remisse y le hago señas. Se detiene, por suerte, y me traslada a la vivienda. El chofer va escuchando debates de la actualidad social que pronto serán olvidados. Por lo menos se entretiene durante el viaje diario. Las esquinas presentan abundante cantidad de agua, pero todos pasan con cuidado. Llegamos pronto a casa y me despido cuando me estoy bajando del coche. Abro la puerta y rápidamente compruebo que se me cortó la luz. Le pregunto a la vecina, que sale con un paraguas, si ella tiene y me responde que no, también se le cortó. Entro tranquilo y recuerdo aquellos tiempos en que los cortes eran frecuentes cuando llovía y se propiciaba un encuentro diferente familiar iluminados por la luz de una vela y con una radio a pilas. Después volvía la televisión y las burbujas. En esos tiempos me topé con un disco de Sex Pistols que nunca escuché titulado “La estafa continua” o “La estafa continúa”. Un acento puede significar una gran diferencia, a saber, que puede denotar que la estafa es persistente o casi permanente, o bien que en algún momento comenzó y aún sigue vigente, pero con el indicio de que tendrá fin. A fin de cuentas, lo que cuenta es que había una estafa en curso y me dispuse a investigar.

Equis

Estimado sujeto/su jeta:
Le queremos mostrar nuestro agrado por su gesta/su gesto.
Desconocemos lo que usted genera/género.
Sabemos que lo suyo viene a tono de lamento/la menta.
Asímismo, nosotros no seguimos sus modos/modas.
Agradecemos igualmente lo que usted daría/Darío.
Entendemos que su haz de luz se apaga/sea pago.
También le debemos el tributo a Dios/a Díaz.
Un saludo/saludá.

El lenguaje irreverente del ser

Llegué tarde desde que caminé desde el andén del tren, entre Esteche y Hernández. Me puse suéter verde y regresé. El mequetrefe del jefe me entretiene:
-¡Pérez! ¡Dele que me olvidé del cable!
Es bastante impaciente. Me pide boludeces y que le deje el volquete libre. Me alejé. Después me encontré billetes en el sobre de Inés, le apoyé el paquete:
-¡Qué ojete que tenés! Tocame el pene.
-¡Callate, pedante! ¡Comete ese bife! -me dice después del golpe de revés.
-¿Querés coger? Subite. Tenés goce libre.
-Depende… ¿tenés detergente? -me retuerce el marote Inés.
-¿Qué tenés en el pesebre? -le retruqué entre dientes.
-¿Querés ver? Llamame el viernes. Silbame antes.
Se fue diligente y elegantemente. Miré ese traste. Me quedé caliente y retomé el viaje. En frente, divisé el plumaje de ese orate de Méndez. Medité verle y hablarle. Crucé valientemente. Le dije:
-¡Levantate salame! ¿Qué hacés en el durmiente?
-Me tiré. Me enfermé. Me engripé y me vacuné. Me quedé conforme.
-¡Paciente torpe, Méndez! Entregate, tenés que vender.
-Never. El pupitre que fue del desguace es suficiente.
-¿Compraste el desodorante el jueves? -le pregunté.
-El miércoles. Empecé clases de ajedrez en el “Godínez”. Es buen deporte.
-Te felicité anteriormente. Escuchame: traete el soporte del tele de led. -le dije.
-Que el elefante demente celebre el martes trece, Pérez. Enterate, siempre puede haber peces soeces.
-Hacete coger, deficiente.
Le dejé. Es imberbe Méndez, me trae languidez. Regresé en serie. Visualicé el remisse de Andrés. Le detuve.
-Llevame.
-Tenés que pagarme.
-Ponele…
-Jodete. Que te lleve el presidente.
Se fue. Me quedé en el café. Metete en el toilet, me dije. Tomé el cel. Llamé entre heces y papeles. Atiende Inés:
-¿Quién es?
-Pérez. Te silbé antes.
-Contame, ¿tenés leche en el estuche?
-Decime, ¿querés verme? Te llevé flores este mes.
-Querete, Pérez. ¿Tenés que ser petulante? Podés amarme, besarme, siempre que toques suavemente este clavel.
-Disculpame, en vez de hacer que se me seque el tanque podés abrirte.
-Te perdoné. Volvé. Trae chocolates que te dejen inconsciente.
-Inés, te pregunté y pendiente escucharte quedé.
-¿Qué te aflige?
-Decime, ¿me querés?
-Despreocupate, prendé el follaje que este bosque arde.
Corté. Seré infame. Siempre que me olvide, recordaré desde el alféizer: el comprender de mujer me hace doler, es menester atender ese saber. Me senté en el retrete y estornudé.

Estudio respecto a la lectura actual

Un reciente estudio realizado por la Universidad de Cambridge reveló las razones del por qué la gente no lee literatura. Entre ellas y los argumentos dados se destacan: el aburrimiento frente a otros modos de entretenimiento ( 21 % ), la imposibilidad de tener una comunicación fluida con el autor -dejarle comentarios, poner me gusta, etc.- ( 13% ), no comprendió la pregunta (12%), no sabe de qué le están hablando (10%), leer no se usa más ( 8%) y ¿eso con qué se come? ( 7% ).
Por otra parte, entre quienes leen libros de autoayuda, el estudio arrojó las siguientes opiniones: me sirvió para entender los aspectos de mi vida ( 9%), entretenido pero eran todas mentiras ( 12%), el autor es un chanta ( 14%), diez años después de habérmelo creído me di cuenta que era mentira ( 17%), no sirve para nada y no es artístico( 17%) y entretenido pero era todo mentira (18%).
A su vez, entre quienes leen crónica periodística, las opiniones vertidas revelaron estudios muy variados: no distingue el hecho de las opiniones ( 22%), es imposible encontrar un hecho ( 15%), no hay hechos en la crónica ( 12%), las opiniones falsean el hecho ( 11%), el entramado de opiniones es el hecho ( 9%) y la opinión dada por el periodista en la crónica oculta el hecho ( 8%).
Mientras tanto, aquellos que no leen literatura, autoayuda, ni crónica periodística, ni entre líneas, no pudieron responder a las cuestiones pues el estudio se realizó por escrito y, a pesar de que en algún tiempo pretérito sabían leer, hoy día no tienen fe en esa ciencia medieval que es la lectura.

El hombre universal

En el hombre cohabitan tres deidades: la Creación, la Preservación y la Destrucción. Es probable que en algunos especímenes se manifieste de modo más tangible alguna de las tres por encima de las otras. Hay creadores locos que tras su obra la destruyen; otros preservan creaciones ajenas; mientras que otros crean desde los restos de la destrucción. La combinaciones de estas potencias son infinitas. El hombre es en verdad un dios que ignora sus posibilidades, o una trinidad divina que sufre a partir del desconocimiento de su propia envergadura. Esa trilogía que se manifiesta en el hombre es la que rige los procesos del universo: Creación, Preservación, Destrucción. Por ello mismo, puede decirse que el hombre, como metasímbolo, es el propio Universo.

Pinceladas III

 

Estoy en la carnicería esperando que digan en voz alta mi número. Faltan dos. Un hombre recibe un llamado por teléfono y se va a atender afuera. Dicen mi número y pido dos kilos de asado y otros tantos de vacío. Pago con tarjeta, además, la bolsa de leña y algo de pan. Es domingo y ya se ve el humo invadiendo el aire sobre las casas de Punta Alta. No sé si menos que antes. El antes y el después son meras conjeturas. Cuando estoy por arrancar con el fuego llega mi cuñado y me dice que lo hace él, mientras que ya empezó por el vino. Aprovecho para darle unas pinceladas a las rejas que me dan la sensación de que brindan seguridad. Por lo menos si un ladrón se le ocurre saltarlas lo mínimo que espero es que se pinche un huevo. Alguien ya preparó mates y se acerca para ofrecerme uno. Me limpio las manos manchadas con pintura con un poco de aguarrás y lo bebo. El vecino me pregunta si tengo internet; le digo que hoy no conecté ningún dispositivo así que no sé. Vuelve al rato para avisarme que ya tenía conexión, pero andaba lenta. Se escuchan las últimas campanadas tocadas por un monaguillo. Es temprano para el asado, pero tarde para ir a misa. Por suerte la congregación en facebook está abierta las veinticuatro horas. Miro las rejas y considero que el trabajo está cumplido. Me voy a caminar con el perro. Una vecina hace lo mismo y los animales se olfatean entre sí. A mi olfato llega el olor de algún pollo que ya está sobre la parrilla. En un quiosco que atienden desde la ventana adornado con globos multicolores pido un paquete de pastillas. Pago y espero el vuelto que no va a llegar porque parece que el precio era justo el billete que entregué. Está justo, me dice la niña que me atiende, y me voy. En una esquina el asfalto se hundió y un cráneo ocupando funciones públicas pergeñó la idea de poner un cartel que indique que hay un badén. Pobre el burro que pone el lomo. El perro ya está con la lengua afuera y a mí me duelen las piernas por lo que empezamos a emprender la vuelta a casa. Me detiene una compañera de colegio que no recuerdo y me acuerdo del cuento del tío. Los recuerdos parecen darle placer, como si lo que apareciera en la pantalla de la memoria fuera de un tiempo feliz. Sin embargo no, en ese tiempo todo era igual, pero el fin de una historia parecía inexistente y la juventud no tenía preocupaciones a la vista ni problemas por resolver. Nos despedimos con un beso y cada quien retorna a lo que lo atañe. Los perros ladran atrás de las rejas y detrás de los portones de las casas, cuando escuchan pasar al que me acompaña. Pocos autos por la calle circulan sin la prisa de la semana. Hay boletas de partidos políticos en el buzón de una casa abandonada a su suerte esperando la sucesión por los herederos, si es que los tuvo, y enfrente un automóvil de otra época que duró más que lo estimado: un Ford T bordó. Adelante de ese, un Ford Ka del mismo color, que extrañamente no sufrió un boicot mediático por la connotación política. Suena la sirena de los bomberos y varios perros empiezan a aullar. No hay remisses, ni motos que hagan demasiado ruido y casi no se ven colectivos. Pasan algunas lanchas o kayaks, pero todavía no está lloviendo. Llegamos a casa y la mesa está casi lista con diversas ensaladas sobre ella. Está la familia, los niños, el vino, el asado, pero tengo la sensación de que algo falta. Me siento en el sillón y busco un párrafo de Kafka que no publican en internet.

Publicaciones

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Aquí les dejo unas muestras

 


 

¡Salud!

Entretiempo en la fantasía

En el universo paralelo suceden cosas tanto ordinarias como oníricas, frecuentes como insólitas. Por ejemplo, cuenta Eduardo Galeano en su último libro publicado allí que uno de los primeros acontecimientos que presenció fue el partido entre Apóstoles de Belén vs. Fariseos Siglo Cambalache, que culminó tres a tres. Pero lo que más llamó la atención a la curiosidad del escritor, fue lo que sucedió antes de comenzar el segundo tiempo, cuando un espectador atravesó toda la cancha con una soga al cuello y la lengua afuera para correr a abrazar al técnico de los primeros. Galeano estaba sentado justo atrás del banco de suplentes y pudo escuchar aquél breve diálogo:
-¡Maestro! ¿Me hace un lugar en el equipo?
-Lo siento Judas, ya tengo los once.

Pinceladas II

Me detiene un hombre para preguntarme cómo hace para salir a Bahía y cortésmente le señalo el camino. Como vista gratuita tendrá el cementerio local para confirmar que el tiempo es limitado. Una pareja de recién enamorados me pregunta dónde encontrar un cine y, con rubor, le indico el mismo camino que al anterior caballero. Desapareció la pantalla grande acá, pero las domésticas siguen creciendo a paso firme. Otros pasan hablando por celular sin tener mucho por decir. Y los más jóvenes siguen chateando creyendo que están conversando. Baja de un camión un hombre de gruesos bigotes y me pide que le indique algún hotel barato para pasar la noche. Los más barato es pensar; el aire acondicionado y el agua potable han subido al compás de la inflación. Un perro anda suelto buscando algo para comer entre unas bolsas de desperdicios. Continúo caminando y observo a un pintor retocando la fachada de una casa de frente marrón con vivos blancos. Veo muchas casas que no tienen ventanas a la calle. Los que miran afuera lo hacen a través de la tecnología de la época. Tal vez por las ventanas a la calle lo hace sólo alguna viejecita que ya hizo lo que tenía por hacer en vida y nada más le queda esperar. O quienes esperan que algún cliente ingrese a sus locales de venta al público. Uno entra a una rotisería tras dejar el auto en marcha y me pide que si veo que vienen los agentes de tránsito les diga que es un minuto. No me alcanza a escuchar cuando le digo que me estoy yendo. No sé dónde voy, pero me alejo, lo que quiere decir que me acerco a otra cosa o lugar. Bueno, un lugar es un conjunto de cosas. O un vacío de cosas en todo caso como un desierto, aunque no tanto porque hay tierra, espacio, fuego, aire, pero escasea el agua. Tengo sed y me compro una coca en el camino. En la calle no hay vendedores de ningún tipo. Si te tocan el timbre tenés dos posibilidades: o te vienen a cobrar o buscan fieles para las religiones que quedaron de pie. Si es visita te llaman por teléfono desde la puerta y si es un remisse te toca bocina. Suena una bocina y miro para ver quién está detrás de los vidrios polarizados, pero el saludo es para una mujer que viene caminando de frente y agita la mano en señal de que el saludo era para ella. Uno toca bocina y desde el auto que atraviesa la calle transversalmente le responden. Nadie grita “diario” y al afilador se lo escucha una ocasión cada semestre, pero bastante seguido se escucha por un altoparlante que todavía compran calefones. Pienso en el calefactor y considero que lo tengo que hacer ver antes de que llegue el invierno. De paso me compro una frazada que en esta época no sé por qué parecen menos costosas. Me dicen que todavía no entraron, debe ser por eso. De inversiones no sé nada, pero por las dudas pregunto el precio del ladrillo. Antes de cruzar por la esquina miro para ver si viene algún vehículo y veo que en calle Luiggi hay cinco contenedores y un ciruja en dos de ellos buscando hacerse unos pesos con lo que derrama el capital. Después te dicen que no hay laburo o que los jóvenes no tienen porvenir en la ciudad si no entran a la fuerzas. Hay un personaje que en su locura le da un tono de color a las calles corriendo los autos. Había otro que tomaba vino con el mate sentado en la vereda. Una chica que apenas supera los veinte años tiene más tinta en la piel que sangre en las venas. La miro y me sonríe. Hace calor y esta noche de verano no habrá bailes ni sueños.

Noticias de ayer

TITULARES

-Balearon las islas Baleares.
-Connecticut perdió la conexión por dos horas.
-Ladrón ladró como perro policía y escapó con botín de Bottinelli.
-Descubren la cura para la curia.
-Teólogo afirma: Dios existe, pero no está en sus cabales.
-Despenalizarían los penales.
-Todo sube: desde hoy el nivel del mar es cien metros más caro.

Crear o reventar

Mens sana, comé manzana,
la salud es para el mañana,
no basta corpore sano
se pudre y come el gusano.

Libera de ti esa amarra,
la mente es como una garra
que no deja despegar
cuando tú quieres volar.

Corazón que cruza el abismo
que separa a vos de vos mismo
dará las explicaciones
que otrora eran confusiones.

Pregunta mal formulada
no puede ser contestada
mas debe ser repensada,
mejor no preguntar nada.

De la nada surgió todo,
del agua y la arena, lodo,
el cielo inspiró un suspiro,
¿Desnuda estás o deliro?

Tu belleza es la evidencia
que Dios padece demencia,
o cómo podés explicar
que acaso te dejó escapar.

Tal vez en su imaginación
piensa en otra creación
como un gorrión o aguilucho
que no lo distraiga mucho.

Pues si quedara observando
a ti, bella, contemplando
no atendería las plegarias
que claman a sus malarias.

Pero no hablemos de algo
que tú ni yo conocemos.
Dale de comer al galgo
así fuertes creceremos.

Él es otra maravilla
ya sé, dirás, que se pilla,
es un pequeño tesoro
no es un lingote de oro.

Todo lo bello y bonito
ocupa un espacio finito
de esta manifestación
que algunos llaman creación.

No sólo crearon los dioses
¿Te pasa algo que toses?
Cuidá la salud querida
es lo más preciado esta vida.

¿Cómo surgió la alegría
que te creó una poesía?
Así surgirá esplendorosa
tu alma y será asombrosa
una vida o fantasía
plena, solemne, hermosa.

Mi escuela

Todo mundo, hacer escuela.
Y a visitar a mi abuela.

Te voy a enseñar la A:
Antuán San Exuperí.
A comerse El principito,
crudo, seco, cocidito.

Y si de una no entendés,
tragátelo dos o tres;
doscientas cincuenta más.
Seguro que un día entrás.

No hay nada, más, sólo vos,
el vino, el pucho, la tos.
Pan comido un día será,
la noche el día convertirá.

Es que me desvivo por tí,
pará un poco con el ají.

Yo quiero lo mejor… Para usted,
simple, bella, stop: pared.

Por eso le hablo del día,
tu paz, mi gracia, alegría.
De un pavo, real o imberbe,
hace que el ritmo te enerve,
del canto de un loro azabache,
andá despacio, ojo: un bache.
Del vuelo del perro andaluz,
no tiene capa, cual avestruz.

Del salto de las calandrias,
y el correr del esturión.
De la calma del centurión,
y la luz de las centurias.
De la guerra, antigua, atroz,
empezá por el arroz.

De eso que han de beber los dioses,
del queso, el pan, agua, y las voces.
De tu andar, sereno, brilloso, cautivo,
las nubes, el agua, repito, es río vivo.
Del santo, tu tumba, el rumbo, azulado,
la voz, un ave, los pinos, jazmín, el prado.
Los campos, la vida, el viento, una flor,
tu fruto, será, para el mundo, el color
que ilumine, a su paso y encienda, veloz,
como un rayo, destino, cual lobo feroz,
en un cuento creído, por tí, mi alborada.
Si un día caés, entre garras, malhumorada,
al alzar la mirada, ese día verás, cansada,
que te fuiste a lo vano, gusano, paspada.

No hay nada, mi vida, mi amada, mi alma, mi luz, corazón, mi lumbrera, fulgor.
Sólo tú, tu espejismo, tu sueño, mi voz, la poesía llega y te saca de tu sopor.

A veces, pasa.
Ayer, llegó.
Anoche, vino.
Alguna es.
Al verte soy.
Al ver, sería.
A ser sin más.
Adiós poesía.

 

Palabras de uso poco frecuente

Hay verbos que han quedado en desuso, obsoletos, perdidos en el espacio no porque sean antiguos en sí sino porque su uso ha sido muy limitado entre interlocutores de habla hispana, que no obstante aún podemos -raras veces- observar cómo se usan aunque no sepamos bien qué es lo que indican, lo que señalan. Aquí presentamos algunos ejemplos de palabras de poco uso en el español corriente de nuestra época, y si alguno conoce sus significados podría realizar una contribución a la causa.

Esa noche, la mancuerna bujía al ritmo del gong.
Acción y efecto de bujir. Se conjuga como crujir. Ejemplo: El inodoro de esta casa buje impecablemente.

Si nos viera nuestro hijo ajuar al unísono…
Se conjuga como ajar. Ejemplo: Mi amor ahora ajo en polvo.

Katia, amada mía, ¡ya basta de celular!
Se conjuga como telefonear. Ejemplo: Hoy no te puedo celular porque trabajo.

Estoy dudando entre anular o collar.
Se conjuga como callar. Ejemplo: ¡Deberías pensar en vez de collar!

Hoy quien tanto soñé durmiendo.
Acción y efecto de her. Se conjuga como ser. Ejemplo: Luke, hoy tu padre.

Sin palabras

Necesito la letra de una canción
para sostener esta efímera emoción
y prolongar en el tiempo su duración,
pero no toda, me basta con sólo un renglón.

También me puede servir alguna frase
o un pedacito de ella que no se pase
de extensa pues luego debo recordarla
cuando otro sentir venga a taparla.

Una sentencia, seis vocablos, una definición
la emoción requiere algún tipo de expresión
verbal, no me alcanza con una sensación
que la grafique, no sirve aquí la imaginación.

De una enciclopedia puede ser alguna fase
astral o un ciclo vital o un cuento que versase
de aquello para lo que no tengo explicación
ni palabras, gestos, ni una torpe declaración.

Es un poco vergonzosa esta particular situación
pero como buen lingüista no paso ningún papelón
pues siempre tengo en un bolsillo del pantalón
para que me entiendan un expresivo emoticón.