La silla del comedor

Hay una silla en el comedor que me inquieta. La miro atento, porque temo que se vaya a otro ambiente, a otro lugar, por ejemplo al living. O que en una de esas aparezca en el baño, aunque esto es bastante improbable porque en el baño hace mucho frío y la susodicha es friolenta. Mis temores no son infundados, la he visto andar cojeando con sus cuatro patas de acá para allá alrededor de la mesa, aparentemente sin rumbo determinado. No obstante, cuando sabe que voy a hacer uso de ella no se le mueve un pelo, porque no tiene; quiero decir que no se inmuta.
Un día la vi bailando una tarantela y en un paso mató una tarántula que bailaba al compás.
Esa silla me inquieta, como la movediza, es algo que uno nunca sabe lo que va a hacer. De sólo pensar que en algún momento me voy a encontrar con su ausencia me angustio. Puede salir a pasear y no tener el instinto agudizado como para regresar. Por eso cuando me voy la dejo atada a la mesa; cuando estoy en casa que haga lo que le plazca, si quiere saltar es libre de hacerlo y tiene cualidades para participar en competiciones olímpicas incluso.
Esa silla es singular, y aunque se parece a las otras, se ve que evolucionó y ha desarrollado facultades que las otras todavía no. Por eso la quiero domesticar, le hablo y le enseño a comportarse en público, para que además las otras no entren en rebelión, se den a la fuga y me tenga que sentar en el suelo.

Anuncios

Caras, dicen

Pedí un pucho y me dieron puchero
La cenicienta se llevó el cenicero.
Prendí el horno y me costó un hornero
La billetera se tornó monedero.

Dicen que las cosas están caras
Y que caras eran las de antes,
Que ahora tenemos caruchas
Tantas batallas, tantas luchas
Que igual seguiremos adelante
Con caruchas o expresiones raras.

Pedí un kilo y ¿qué me dieron? Kimono.
El censor se quedó con el verso
Un sensor detectó el universo
Y la descendencia del mono.

Dicen que han cambiado las caras
Que ahora algunas son tan delicadas
Tan ligeras como si fueran aladas
Que una app hasta te quita las taras.

Que la depre te vigila los pasos
Te persigue dando manotazos,
Dicen que se cura de un susto
Que la cara se torna rostro adusto,
Y se va dejándote zigzagueando
En el aire te quedás pedaleando.

Dicen tanto que por ahí confunden
Muchas voces son las que difunden
Algunas que nos llegan de caras
Caras viejas, maquilladas o claras
Que el tiempo no es, sólo es ahora
Que es dinero y te lo cobran por hora.

Las caras cambian con el ajetreo
Tu carita cambia cuando la veo
Las caras cambian y no es novedad
no me sorprende esta realidad
Quizá el asombro lo da la crueldad
No las caras, ni la vanidad.

Dicen que cambia hasta el alimento
Cambia en estación o con el viento
Y lo que no cambia es el firmamento
Ni los astros que le dan juramento.
Dicen que la cara es la única verdad
El semblante rubrica con veracidad
Lo que el alma siente con tenacidad
La otra cara de la inmortalidad.

Expectativas

Las cosas no siempre salen como esperamos, esto es claro; por ejemplo, llamás por teléfono a un amigo y atiende un cardenal y te ligás un sermón; o le jugás todo a la cabeza y sale espalda o bíceps; pero en otros casos, las cosas no sólo no salen como esperamos sino que ni siquiera salen; por ejemplo, ante una situación dada querés decir enfático ‘recórcholis’ y te das cuenta que te falta el sacacorchos; o vas a aplaudir ante algo que te genera emoción y se te quedan los dedos pegados del frío. Y en otras, las cosas no sólo no salen como esperamos sino que salen de un modo arbitrario; por ejemplo, tirás una moneda eligiendo cara, y no sólo no sale cruz, sino que sale carísima; o querés recordar el nombre de esa canción que pasan por radio y recordás aquello que tanto habías creído olvidar. Pero además, hay veces que las cosas se presentan de modo espontáneo, sin comparación con otras situaciones que nos den directivas de cómo habíamos obrado entonces, lo cual nos da la oportunidad de improvisar o, en su defecto, de probar con salidas alternativas.
Pero en esta relación convexa entre nosotros y las cosas, vemos muchas veces que no son las cosas en sí las que nos provocan diversas sensaciones, sino que es lo que esperamos de ellas. ¡Qué cosa caprichosa!

El penal

Un jugador fue a patear un penal y lo metieron adentro por daños -y por años- a un edificio público.
Una vez dentro, recibió atención médica porque tenía varias fracturas en el pie con el que le dio de lleno a rejas, puertas y paredes.
Como oficio, escogió ser pintor. Allí fue que pintó en un cuadro una vía de escape del penal por la que -a la postre- se fugarían él y un compañero de celda.
El cuadro, hoy día, se exhibe en el Museo de Bellas Artes, suscitando un impacto vertiginoso en el observador que, muchas veces, los lleva a abandonar el museo a través del mismo.
Otros, fervorosos, después de una minuciosa observación exclaman frases de admiración: ¡Qué jugador!
Sin embargo, nunca faltan los intelectuales que le reprochan haber emprendido la huida ante el nerviosismo de tener que definir un penal pictórico.

Literal

Despertar, un día, incierto
ver el tamiz de la realidad
cómo teje la dramaturgia
oscilante fantasía verdad,
que socava los cimientos
de toda, incluso, literalidad
promueve sin condimentos
deletrear toda sonoridad
de la materia y su liturgia,
desdramatízalo con sobriedad,
en el punto estará el acierto.

Un puente

 

La cabeza que todo lo procesa
se despieza en alguna certeza,
y tropieza con dudas o rarezas.
Corazón en paciente situación
da razón para torcer el timón,
desazón que le causa comezón.

Todo cambia cuando algo permanece
-permanece no es la palabra exacta-
algo cambia, alguna queda intacta
el espíritu del ser también se mece.

Y ser, entre vacíos y renglones,
y ser, en plenitudes y verdades,
y ser, en multitudes, soledades,
y ser, entre silencios y sermones.

Un puente que surcara el abismo
que te separa a ti de ti mismo,
y desde él observar el firmamento
observar como bulle el pensamiento.

Un puente que surcara simbolismo
que te conecta a ti contigo mismo
lo indeseado con todo lo más amado
lo perdido con todo lo conquistado.

Y entre lunas pasajeras de la noche
relatar despilfarros del derroche,
y entre el sol con la luz del mediodía
crece el alma al ritmo de una poesía.

 

 

Aletea

Una mosca se pasea por la pieza
Aletea y se me posa en la cabeza
Científicos dicen que todo observa
Pero nada en memoria ella conserva,
Vuela cerca cuando el instinto pauso,
¡Qué lástima matarla de un aplauso!

Somos

Hay quienes dicen que somos gotitas en un vasto océano; que somos fueguitos en lo infernal; estalactitas en un gigantesco glaciar; hormigas en una extensa llanura; palomas en el amplio horizonte; que somos como estrellitas en lo sideral; lucecitas en la oscuridad; humanos en lo natural; sombras de la luminosidad; que somos voz en el tierno silencio; murmullos en la sociedad; sueños en la noche apacible; palabras en la historia antigua; vida soñando eternidad.

No cortejes la tristeza

No cortejes la tristeza
Si te encuentra con flaqueza
Se te sube a la pereza
Y se te instala en la pieza.

Mejor trátala cual visitante
Obsérvala, sagaz, expectante
Como si fuera algo redundante
Que se viste algo extravagante.

Y si te resulta intrigante
Déjala sobre un estante
Que espere por un instante
Si te resulta estimulante.

Como adorno al que no rezas
Como vidriera de rarezas
Obsérvala con destreza
Que no ceda tu entereza.

A la sombra de un imbécil

No veía el sol
Cielo raso tenebroso
Ocupaba su lugar,
No era solo cielo raso
Había ojos en las paredes
que observaban a distancia
Plural y prudencial
Los actos del hombre
Sus manos laboriosas
Su pereza, su paladear
sin oír ni su pensar
¡Si estas paredes hablaran!
Temblaría el sacristán.
A la sombra de un imbécil
se albergaba el asombrado
No había luz ni al final
Ni al transitar el túnel,
Todo opaco, guarecido
De la lluvia, la tormenta
Que tronaba amenazante,
Era la sombra gigante
Que cabía hasta un camello.
Y con la sed del desierto
Fue viendo como un tuerto
Que el sol estaba detrás
Y al dar dos pasos nomás
Vio proyectada la suya
Pequeña cual hormiga criolla
Breve como aleteo de colibrí.
El hombre, de escasas luces
mas de sentir sereno,
Pensó firme con tenacidad:
¿A quién dará cobijo mi imbecilidad?

Acto seguido

Mediante este sencillo acto
dudando
si doy fe o me retracto
de lo hasta aquí expuesto
sólo dejo de manifiesto
pensando
haber pensado o sentido
sólo consta literario
que haber escrito o vivido
bailando
se itera en el calendario,
como todo miércoles,
constancia de caracoles
danzando
que devoran con ahínco
malvones sin dar brinco
manyando
lo que otrora fue obra
hoy es vida y se la cobra
pagando
que lo dicho puede ser
divagando
palabras por conocer
que al juntarse, al proceder,
forman algo al decir
marchando
que me puedan conducir
al camino a recorrer
andando
que al estar, que al existir
soñando
tiene sentido el vivir
cantando.

Luz de fondo

Con luz de fondo, cielo profundo
aquél horizonte me lo confundo
con ese otro que tiñe lejos
multicolores a los objetos
de pensamientos a los sujetos
todo a la vista con catalejos,
y en el perfume, pantalón roto,
ver el atardecer desde una foto.

En la palma de la mano

Un teléfono en la palma durmiendo
Plácido, en calma, navegando
Sube la marea hasta la red
Baja la vista cuando siente sed.
Toma un mate, observa alrededor,
Piensa si su suerte tiene redentor
Bebe, sorbo a sorbo, verso a verso
Respira hondo si se siente inmerso
La música, ¿compañía o distracción?
A veces transforma con inspiración
Cual notificación vibra en el pecho,
Y sugiere elevarse hasta el techo,
‘Trato hecho’, dicta la constelación,
Que le guía en la caída, la emoción,
En la búsqueda de -aún- satisfacción
Nadie dijo que ese no es un derecho.
Y en un rapto, un mensaje revelador:
Batería baja, conecte el cargador.

La vida como un paseo

Alina salió a recorrer la ciudad, sola, ya que Eber se quedaría viendo el partido por tevé. En principio, tenía intenciones de pasear por la galería, por lo que fue hasta allí y pudo ver los locales comerciales que emergían muy vistosos, llamando la atención de los paseantes con luces con intermitencias multicolor. Uno de ellos exhibía en la vidriera cuadros pintados con acuarelas de la misma dueña, que Alina observó con curiosidad.
Entró.
La mujer lucía ataviada con un largo vestido veraniego de colores vivos naranjas, amarillos y ocres, fumando un parisienne. El rostro mostraba algunas pequeñas arrugas en las comisuras de la boca, como por haber reído demasiado. Sus ojos eran cálidos, oscuros pero luminosos. Observó a Alina de la cabeza hasta los pies.

-Y bien… ¿te gustan mis cuadros? –inquirió con impaciencia.
-¡Si! Son muy bonitos. Especialmente ese de allí. –señaló Alina uno sobre un lateral del local- Es precioso.
-Muchas gracias. Es lindo recibir elogios. A veces pienso que una se esmera en pos de ellos, aunque luego lo descreo, pues tal vez ni llegan, o no saben siquiera el camino para hacerlo.
-Es que… la gente prefiere recibir antes que dar algo, siquiera un elogio.
-Tal vez, o tal vez no sea eso siquiera. Pareciera como que cuesta soltar palabras y gestos de amor por el temor a la incomprensión o a la supuesta correspondencia del mismo. La gente es rara, y luego dicen que la rara es una…
-Bueno, usted no se viste muy normal que digamos y pintar no es algo cotidiano para la mayoría de la gente. –sentenció Alina con calma- A mí particularmente me gustan sus cuadros, y me gusta cómo se viste, es… osado. Aunque en esta época lo raro quizá pase más por otros canales, no tanto por las apariencias ni los modos sino por sensaciones conceptuales.
-Tal vez, o tal vez siquiera lo sea. Fíjate que lo raro como tú lo concibes sólo es raro cuando se da por única vez, pero si lo vemos ya dos veces no se nos hace tan raro. Yo me refiero a lo raro no en el sentido de extravagante sino a que la norma ha cambiado con los últimos años, los avances tecnológicos y el retroceso ideológico y eso es precisamente lo que le da carácter de raro a la gente. Es como si todo fuera conocido y cognoscible, excepto la gente, que sólo muestra lo que quiere mostrar como si lo demás –sentimientos, pensamientos, creencias y aversiones- no existiera.
-Es que… la gente prefiere sentirse cómoda, no bucear las profundidades que menciona usted.
-¡Ah! ¡Bucear! Eso sí que es raro. ¡Imagínate bucear un cuadro!
Alina se quedó observando largo rato con sigilo los cuadros, uno a uno, mientras éstos penetraban en su alma. La mujer había encendido otro parisienne y Alina sintió el deseo de respirar aire puro, por lo que se despidió y salió por donde había entrado hacia la galería.
Caminó hacia el interior, sin saber si en algún extremo habría otra salida o debería regresar. Un hombre harapiento que venía en dirección opuesta se detuvo delate de ella y le pidió “monedas”. Alina negó con la cabeza.
-Vamos, puede darme unas monedas.
-Es que… no tengo.
-Con monedas me refiero a algún dinero que usted me pudiera facilitar para sobrellevar esta dolorosa situación que estoy viviendo.
-¿La situación de mendicidad? –inquirió temerosa Alina.
-¡No sólo eso! Perdí mi empleo y perdí mi familia. Una cosa llevó a la otra. Mi estado de salud no es el mejor, por si fuera poco.
El hombre, de barba desprolija, se quedó mirando las manos de Alina que ingresaban con cuidado en su cartera. Ella extrajo un billete con cautela, pues temía alguna reacción, y se lo dio, lo cual fue agradecido con amabilidad por el hombre de los harapos, quien siguió su camino.
Un mujer, sentada sobre una banqueta en la puerta de otro local, había estado observando la escena. La miró a Alina cuando ésta seguía con la mirada a aquél.
-Es un tiro que le hace. –dijo la mujer.
-¿Cómo dice? –preguntó Alina sin saber de qué le estaban hablando.
-No tiene familia. O más bien: su familia somos nosotros. Nosotros lo cuidamos y le damos de vestir y de comer, pero él prefiere mendigar.
-¿Y el empleo que perdió?
-Eso fue hace tiempo y todavía le dura el cuento –dijo la mujer que bebía un líquido espeso color ámbar de una copa larga-. Era fotógrafo en una revista de moda, cuando las cámaras no eran tantas.
Alina miró el local donde la mujer esperaba algún cliente. Había diversas artesanías muy variopintas, desde duendes y brujas labradas hasta lunas y estrellas talladas. Saludó con cortesía y siguió galería adentro.
Parado en el umbral de la puerta de un local, entre dos malvones, había un hombre calvo, con un tatuaje en la punta de la nariz. Alina mientras se acercaba lo venía relojeando y esperaba no tener que detenerse a conversar con él.
-Oye, no le lleves el apunte. –dijo el calvo.
-¿Cómo dice? –Alina con desgano detuvo su marcha para conversar.
-La vi hablando con Sonia, está sonada. Seguramente le ha dicho que nadie ha de ser quien dice ser.
-Algo así, me habló del hombre pidiendo monedas.
-Pedir o dar, esa es una buena cuestión. ¿Usté qué prefiere?
-Prefiero no contestar tajantemente, pues hay situaciones en las que uno siente el deber de dar y otras siente que es empujada a pedir, por lo que no sé si trata de una libre elección.
-¡Vamos! Considere bien el asunto. No todo el mundo puede dar, ¿no le parece?
-O sea que se trata más bien de una cuestión de poder. –sentenció Alina.
-Como poder, puede…ser. ¿Usted conoce gente que da?
-Poca.
-Así es, la gente que da es poca, es gente rara.
-Parece que todos los comerciantes de esta galería siempre le encuentran algo raro a la vida. –dijo Alina ya con fastidio.
-Es que lo común, lo trivial, lo rutinario, suele dar sensación de comodidad hasta el hartazgo. Es ahí cuando se busca lo raro, lo distinto, lo único ¿no le parece?
-No, no me parece que sea así.  La comodidad tiene su encanto.
-Desde luego, desde luego –añadió el hombre calvo-, pero hay que considerar que puede conducir a la pereza del alma, lo que se conoce como “dormirse en los laureles”.
Alina echó un vistazo al local que estaba lleno de plantas. Jazmines por doquier captaban su atención. Y sobre una estantería había distintos plantines de helechos y cactus. Se despidió y retomó su camino para salir de esa galería que pocas alegrías le había obsequiado, no sin tener que desatender algún comerciante que deseaba conversar con ella de lo que fuera.
Cruzó la calle y recorrió lugares que conocía de chica pero que hacía tiempo no veía, salvo en publicidades en la tevé. En un local centenario, pidió dos churros de dulce de leche bañados en chocolate y se los fue comiendo por el camino para alegría del paladar.
Mientras terminaba de masticar el último bocado, una mujer la saludó efusiva.
-¡Alina! ¿Cómo estás? ¡Qué alegría verte!
-Hola –dijo escuetamente Alina soltándose del abrazo-, pero… ¿de dónde nos conocemos?
-Yo soy Elsa Rampión, hicimos juntos el secundario en el Normal, ¿te acordás? Han pasado unos cuantos años pero estás igual que por aquél entonces.

Alina la observó al detalle. La mujer tendría su edad pero estaba muy avejentada.
-Tuve tres nenes, que ahora están grandecitos, tanto que dos ya trabajan, y después me separé. Es una nueva vida, ¿sabés? No dependés de los horarios de los demás ni de sus necesidades; es como una mochila que una va soltando.
-Claro, te entiendo.
-¿Y vos? ¿Seguís soltera? ¿Tenés novio?
-No, me casé hace siete años después de otros tantos de noviazgo. La convivencia cambió algunas cosas pero mientras haya amor todo se puede sobrellevar.
-Seguramente, seguramente. Te entiendo porque con mis hijos soy igual, o era, hasta que dejaron de necesitarme.
Intercambiaron un par de recuerdos de aquella época escolar y cada una siguió como si el encuentro nada hubiera cambiado en ellas.
Alina luego de entrar y salir de otros locales comerciales, a los que lo hacía por curiosidad para ver si había entrado alguna prenda que había visto en algún desfile o en alguna publicidad en las revistas que solía comprar, se cansó y paró un taxi.
El chofer le habló de lo mal que se vivía en esa ciudad, de lo malo que eran los servicios que el municipio prestaba y de la difícil situación económica que atravesaban las familias en general. Alina le dio la razón en todo, pero le dijo que siempre había motivos para buscar que la vida sea mejor que lo que se nos ha presentado.
-Hay cosas que no van a cambiar de un momento a otro, por lo que muchas veces es mejor pensar en construir, para el futuro, sembrar, por el porvenir. –dijo Alina, cuyas palabras recalaron en un silencio dentro del habitáculo que sólo se vio interrumpido por el inicio de una balada a través de los parlantes del mismo.
Se bajó del taxi en la puerta de su casa. Ya estaba muy oscuro y algunas luces comenzaban a darle un tinte menos tristón a la ciudad. La penumbra, emparentada con la depresión, alejaba todo atisbo alegre en las fachadas.
Al entrar, lo encontró a Eber sentado sobre el sofá, control remoto en mano.
-Hola amor.
-¡Hola! ¿Cómo te fue mi amor? –preguntó Eber dejando a un lado la tevé, el control remoto y su comodidad.
-Bien. Estuve recorriendo un poco esta enorme ciudad.¿Sabes? A veces pienso que la vida es como un paseo, donde se recorren lugares y calles, conoces gente y vidas, vives emociones y sensaciones, aprecias la bondad y la belleza, descrees de ideas y de cosas, y andas de aquí para allá sin rumbo, porque una sabe que en el fondo, tarde o temprano, siempre se vuelve a casa.
-Es verdad, y ya que hablamos de la casa estoy pensando en que le hace falta una buena mano de pintura, ¿no te parece?

Microrelato o Relato en colectivo

Iba un relato incipiente en colectivo, aferrado bien de un caño para que no se le escapen las palabras. El chofer, un drama mal elucubrado, detuvo el andar del vehículo para que suba una bella poesía. Todos los pasajeros –o casi todos, ya que viajaba en los primeros asientos una novela no vidente- se quedaron enmudecidos al observarla subir, salvo una égloga que emitía opiniones de envidia, tales como: qué escote provocativo, o miren cómo muestra las piernas ésta zorra. La bella poesía avanzó sensualmente por el pasillo hasta encontrar un asiento libre que, gentilmente, le cedió un anciano cuento tibetano. El relato se arrimó para entablar conversación y, como no tuvo mejor idea, comenzó diciéndole “había una vez…”. La poesía se quitó las gafas oscuras y lo miró con ternura. Luego, endureció la mirada y le dijo: Es cierto que había una vez/ pero esta vez/ no es la misma que aquella./ Sólo esta vez ella/ recorre su camino/ a pesar del destino/ que a veces malogrado/ esconde el entramado/ alguna maravilla/ rezando en la capilla/ Y si no la oye Dios/ para ello estás vos.
El relato se quedó sin aliento y cuando giró la vista, vacío estaba el asiento. La bella poesía se había bajado, por la puerta trasera, quizá, o tal vez saltó por la ventanilla.

La poesía silenciosa

Nada decía
nada callaba
no blasfemaba
ni tarareaba
ni criticaba
otra poesía.

No era que abría
mil emociones
ni sensaciones
ni sentimientos
algo olvidados
eran sentenciados
a remordimientos
de otra poesía.

No elucidaba
varias cuestiones
ni reclamaba
nominaciones
ni premiaciones
en los concursos
pues sus recursos
escatimaban
con alevosía
los de otra poesía.

Simple y tardía
muy silenciosa
cual melodía
fiel, vanidosa
se maquillaba
como babosa
luego escapaba
por las baldosas
y su travesía
le recordaba
otra poesía.

Resfrío

La nube trae su carga
se acerca y la descarga
el sol hará lo propio
la luz es como un opio
despierta y te hipnotiza,
si el hito paraliza
renueva el movimiento
y en el presentimiento
renace la esperanza,
ser bienaventuranza
es como un artificio
que rompe el maleficio
de alguna mala racha.
Si tu suerte la tacha
cual pañuelo al resfrío
al resguardo del frío
revocará la idea
al subir la marea,
alegría contagiosa
de tu gripe amorosa.

Un agujero

Un agujero cumple con diversas propiedades. Una de ellas es la capacidad para el ingreso de objetos, animales, personas, dependiendo de sus dimensiones. Aunque el egreso podría ser un poco más complejo que el mismo. No obstante, el ingreso puede ser por caída, si el agujero se sitúa en el suelo, o por elevación, si el agujero está, digamos, en el cielo. Pero como el cielo es inmenso y sin fisuras, los agujeros suelen ubicarse más bien en el suelo, por lo que dejamos de llamarlo agujero, sino pozo.
En el pozo puede haber compañía tanto como sentir una soledad que agobie, tales son las características de un pozo. Y la soledad en un pozo, donde la carencia fundamental es de luz, puede ser un signo de investigación. Nos podríamos preguntar por qué caímos en ese pozo, por qué fuimos nosotros quienes caímos en él, por qué no cayó alguien más con nosotros o, un poco más lúcidos, por qué caemos en pozos ´separados´ unos de otros. Este último punto es fundamental para nuestra investigación.
A partir de él, sabemos que la caída es solitaria, pero que no es única, por lo que tendríamos –potencialmente- que afrontarla solos pero valiéndonos de la experiencia de los demás y propia, de quienes han pasado o pasan por lo mismo, vale decir, caer en un pozo, cosa habitual para todo caminante. Y esa condición, la de caminantes, la de quienes recorren el sendero, es la que se ve truncada con la caída, porque cesa el movimiento. Entonces, una buena medida sería la de ´andar´, estar en el ruedo, y aunque momentáneamente nos parezca que lo hacemos como hámster en una rueda dentro de una jaula, es lo que quizá nos dé la posibilidad, al desengañarnos, de retomar la senda de lo que consideramos nuestro bienestar. Porque agujeros en el suelo hay muchos, algunos más profundos y oscuros que otros, pero –como decía Marilina Ross- aunque no lo veamos, el sol siempre está.

Tiritaremos

Cuando haga frío
tiritaremos
Con la brisa
Con la llovizna
Y en un abrazo
Nos fundiremos
Entre sábanas
Entre frazadas
Y en la mirada
Nos perderemos
Como nave en el cielo
Como navío en el mar
Y en un beso
Coincidiremos
Como el ocaso
Y el horizonte
Cuando haga frío.

Congelados

Frío en la ciudad
Helados los campos
Brisa que congela
Sonrisas y llantos,
Castañea la muela
Esperando el juicio
Víctima de silicio
De costumbre, libertad,
Sin carga que duela
En batería de litio.

La soledad del boquete

Se sentía solo el boquete
vacío en su inmensidad
la pared era tan grande
como el ancho horizonte
en lo alto tocaba nubes
de las que caían granizo
y todo tipo de lluvias
lloviznas y algún hechizo.
Y en el medio, justo, justo
el boquete tan gigante
que pasaba por delante
un avión aterrizando.
Entonces, dijo pensando:
hoy me tengo que llenar;
se tragó un par de camiones
colectivos y tractores
roedores y muchedumbres;
seguía quedando espacio
y el boquete dijo desnudo,
por favor, no me alumbres
a pesar de lo tragado
me sigo sintiendo vacío.
Y, así, seguía pensativo
mientras las manos obreras
con cuchara y hormigón
de a poco lo iban tapando.

Enredados

Vivimos, envueltos en redes
De amistades y familiares
De sentires y novedades
Redes de cosas vulgares
Y esas cargadas de humores,
Telarañas de pensamientos
Ilusiones hasta el firmamento.
Y así nos damos la mano
Como noble ser humano
En fraterno sentimiento
Al cobijo del sufrimiento
Y con sueños compartidos
Con momentos divertidos
Damos brillo al presente
Que es nuestro referente.
Y así, entre redes, vivimos
Mas luego nos desenredamos
Perdidos sin saber qué buscamos
O por haberlo creído lloramos
Nos miramos bien, nos reímos
Y entonces nos encontramos.

Tu voz llega

 

Tu voz oculta una rosa
que regada por el llanto
crece en cada quebranto
crece y se rectifica
fructifica y dulcifica,
tu voz será luminosa.

Tu voz, que llega y toca
palabra que dice tu boca
al sentir que lo trastoca
le dan nueva vitalidad
al vivir, desear, realidad
tu voz, tu sensibilidad.

Tu voz habla de adentro
propiciando el encuentro
entre estos dos corazones
que se unen sin razones
y danzan juntos al centro
donde coincidimos, dentro.

Frío de frente

 

Frío que se siente
frío que no miente
y con un tapado
salgo agazapado.

Frío que te empaña
vicios, sexo, mañas
frío que amontona
a muchas personas.

Frío que avejenta
que corta la venta,
frío que se pega
cada vez que llega.

Frío de este lado
frío en el costado
frío que de frente
te seca la mente.

Frío que se queda
se irá cuando pueda
frío que en templanza
surge la esperanza.

Demoras

Se hacen largas las horas
A la espera del encuentro
Parece eterno el momento
Cuando cuento las demoras.

Será que esperar es amar
Y por amor desesperar,
Será que amar es hallar
Sabrá el amor esperar.

Y pasan las horas aciagas
se curan heridas y llagas
Se alejan las tardes nubladas
Nos envuelven nuestras miradas.

El encuentro se cubre de gozo
las sienes hallan reposo,
la vida observa con retraso
Nos fundimos en otro abrazo.

Y así, las horas contadas
Se nos hacen desgastadas
Perder el tiempo en pavadas
Serán lecciones pesadas.

Hasta que por fin nuevamente,
Compartamos el ambiente
Y vivamos libremente
Amor consecuentemente.

 

 

Música

Música de fondo
piano que estremece
la voz no languidece
el coro cala hondo.

Y todo se aproxima
se mezclan los latidos
conviven los sentidos
se junta, se te arrima.

La música transmite
con ritmo y alegría
con suavidad, en armonía
lo que la voz no emite.

Al darle una poesía
a ese mágico lenguaje
bebemos el brebaje
sorbiendo melodía.

Y otra vez la poesía

Y otra vez la poesía
invade con sensaciones
el comedor, las habitaciones
el baño, la celosía.
Invade los corazones
entrañas con alegría
huesos con algarabía
con tristezas, con desazones.

Y otra vez la poesía
invade con sentimientos
las obras, los pensamientos
con rubor y con valía.
Invade la palabra también
la voz, cada discurso
invade como recurso
en el camino del bien.

Y otra vez la poesía
invade también la Tierra
y en breves versos se aferra
a su sutil valentía.
Invade libros, pantallas
recitales y grabaciones
invade constelaciones
con ardor y con agallas.

Y la poesía, otra vez,
recobre como el mar al pez
nuestra fe, nuestra vida
al confiar comprometida.

 

Adicciones

 

Héctor fumaba como un cornudo. No es que los cornudos fumaran de tal o cual forma, o en tal o cual cantidad, sino que la expresión “fumaba como un cornudo” le daba el tinte suficiente como para determinar que Héctor fumaba, tanto de frente como de perfil. Y en eso estaba el mismo Héctor cuando sonó su teléfono desde un número desconocido ( por él, claro está ). No sin antes vacilar, atendió.
-Hola Héctor, sabemos lo que estás haciendo y te queremos ayudar.
-¿Quién habla?-titubeó Héctor.
-Le hablamos desde la Secretaría de Salud, precisamente desde el Departamento de Control de las Adicciones.
-Sí, está bien, ¿pero quién habla?
-Mi nombre es Janette y estamos para ayudarlo, Héctor.
-¿A esta altura del partido me quieren cambiar? Me parece que se confundieron de Héctor… Probá con el siguiente de la lista a ver qué pasa.
-Héctor, por favor, apague ese cigarrillo y escuche.
Volvió a titubear y a vacilar con el cigarrillo entre sus dedos. Optó por darle una última pitada, con el teléfono al oído, y luego, a desgana, apagarlo con bronca sobre el cenicero.
-Escuche: su adicción se ha vuelto caótica y fuera de control, ya no tiene dominio de sus acciones y esto se debe a la falta de valor que le da a su palabra.
-¿De qué me estás hablando Janette? ¿Cómo sabés que falto a mi palabra? ¿Acaso te dije que iba a dejar de fumar ayer?
-Vamos Héctor, lo conocemos. Tenemos estudiado su caso. Y estamos comunicándonos con usted porque sabemos que no es un caso perdido, como tantos. Hay muchas esperanzas puestas en su persona. Aquí en el departamento incluso se han hecho apuestas a favor de que iba a dejar el mal hábito.
-Espero poder defraudarlos.
-Seamos sensatos Héctor. Su salud está amenazada. Nadie en su sano juicio puede tolerar tamaños momentos de estrés desmedido por los que suele pasar a diario. Usted, inocuamente, cree canalizarlo a través de sus charlas con amistades, cigarrillo y café mediante. Pero por algún lado salta la liebre.
-Es usted muy perspicaz Janette, pero no creo que logre hacerme desistir de mi ímpetu por llevar adelante una vida que, no sin altibajos, me ha dado felicidad.
Héctor encendió otro cigarrillo mientras dejaba sobre la mesa el teléfono en altavoz. Del otro lado se oyó un soplido, con un dejo de cansancio. A su vez, Héctor sopló el humo con un canso de dejancio.
-Mire Héctor, si por las buenas no quiere entenderlo, no nos quedará más remedio que hacerlo por las malas.
-¡Ah! ¡Se puso bravo el asunto!
-Tal cual.
-Y bien, ¿cómo sería entonces por las malas Janette?
-La solución a su problema de adicción sería el siguiente: Observando su acción desmedida y poco comprometida, sus comentarios procaces, sus opiniones ligeras, a través de la red social Facebook, no nos quedará otra que solicitarle a Mark cierre su cuenta por tiempo indeterminado, hasta tanto usted, estimado Héctor, se reeduque y clarifique sus ideas. Mientras tanto, puede contar con nosotros que le ofrecemos una terapia alternativa para combatir el estrés.
-Ppero… ¿entonces ustedes están al tanto de las zonceras que comento por ahí? –Héctor volvió a tomar el teléfono y colocarlo junto al oído para escuchar mejor.
-Desde ya. Nosotros velamos por la salud de la ciudadanía y queremos lo mejor tanto para usted como para el resto de los ciudadanos. Ocurre que a veces no nos dan los tiempos para ocuparnos de todos. Después de todo, no tenemos tantas manos.
-Entiendo. Bueno, este… prometo comportarme como todo el mundo. Pasa que a veces se me sale la cadena Janette. Igualmente, haré la terapia que me ofrecen.
-Se entiende, cualquiera pasa por momentos de bronca, euforia, desazón. Puede expresarse, Héctor, no nos preocupa eso. Lo que nos ocupa es su salú, ¿me explico?
-Si, si, pero, ¿y el cigarrillo? Creí que me llamaban por eso. Ya llevo tres al hilo en esta conversación.
-¡Ah! ¡El cigarrillo! Y qué le puedo decir que ya no sepa… Si va a fumar, desgraciado, hágalo moderadamente, estimado Héctor.
-Gracias.
-Hasta luego. Lo volveremos a llamar para constatar progresos en su escisión de la adicción.
-Adiós.

Frío frío

El frío helando los huesos
narices, rostros, espejos
los dedos y los bostezos
helando llega muy lejos.

Hola ola polar, ¿qué tal?
¿has venido a curar el mal?
Dicen que tus heladas
traen pestes escarchadas.

Y con este frío tan vivo
se congela hasta el estornudo,
pero en el abrazo furtivo
el calor nos funde cual nudo.

Por suerte tenemos el mate
poesía, canción, disparates
para atravesar el momento
de este frío de escarmiento
tu boca, tu voz, tus manos
hacen el ambiente humano.

Ya cuando llega la noche
de tiritar a incandescente
decir algo intrascendente:
¡Pero mirá qué frío, che!

La poesía que cambiaría algunas cosas

Llegó con suavidad
Nadie supo bien
Si fue un atardecer
O una noche cualquiera
Aunque no las haya siquiera
O fue un amanecer
En un pueblo, dos o cien
Trayendo libertad.

Llegó con suavidad
Tocando las almas
Que doloridas clamaban
Piedad y esperanza
Calor y bonanza
Y en un coro cantaban
Batiendo palmas:
Llegó la libertad.

Llegó con suavidad
Cantada o recitada
Recorriendo los confines
Pasamanos y adoquines
Por las voces aclamada
Coronando libertad.

Llegó con suavidad
Con una tierna dulzura
Que bebían los oyentes
Propiciando entre las gentes
Que aunque nada asegura
Promovía libertad.

Y así como llegó
Con suavidad
Por libertad
El sentir nos legó.

Raso

Miraba recostado el cielo raso
Tan cercano que se confunde
Con un latido, con un abrazo
Mas sólo había temor que cunde
Cuando un pensamiento rastrero
Me hacía danzar por lo bajo.
Ya en la mesa, una naranja desgajo
Opté por el cielo verdadero.

Gotas

Cae la lluvia sobre la acera
sobre jardines, sobre los techos
gota a gota va regando
a la Tierra irá renovando.

Cae y no cesa en su tarea
sobre malvones, sobre helechos
gota a gota va pereciendo
para en las vidas seguir viviendo.

 

Maravillas

Maravillas naturales
que en lo vasto estremecen
monumentos esculturales
que en la historia se mecen.

Inventos originales
que en la mente se cuecen
canciones magistrales
que en el trance adormecen.

De todas las maravillas
colibrí, hurón, ardillas
algunas nos aproximan
a lo natural nos arriman.

De todos los monumentos
busto, mástil y juramentos
algunos nos recuerdan
a la sociedad nos acercan.

De todos los inventos
electrónicos entretenimientos
algunos nos divierten
en humanos nos convierten.

De todas las canciones
pop, rock, reguetones
algunas nos sublevan
por los aires nos elevan.

 

Oportunidad

Pensamientos colectivos
Expresados en singular
Por pasiones sometidos
A algún vicio circular.

Desmigajan el trayecto
Para poder regresar
Fundidos en un proyecto
Que posibilite progresar.

Buscando oportunidades
Que permitan laburar
Sorteando dificultades
Que clarifiquen el pensar.

Hay deseos comprometidos
Con la vida, con el par
Sueños que serán cumplidos
Porque el soñar es desear.

Distensiones

 

Buenos días, despedidas
Conversaciones incluidas
Conclusiones diferidas
Ilusiones compartidas.

Rencores, malentendidos
desencuentros sostenidos
reencuentros divertidos
pasatiempos distendidos.

Entredichos, confusiones
seducciones y pasiones
reconfortantes relaciones
musicales sensaciones.

Diálogos inquietantes
malhumores irritantes
miradas cautivantes
palabras aliviantes.

Apoyos como espadas
alegrías maquilladas
dolores, carcajadas
sentir tras las cascadas.

Se derriten los sabores
navegando en los temores
al ritmo de los motores
ansiando tiempos mejores.

Las horas lentas

A veces el alma se ahoga
inocente en un vaso de agua
si llueve olvida el paraguas
y tras el llanto se desahoga.

Es hora de abrirse camino
ver otras formas de pensar
la vida no es sólo pasar
es atravesar el destino.

Y el obstáculo vespertino
merodeando con dificultades
surge como las frivolidades
se sortea con gracia y atino.

Cuando llega la hora boga
para salir de ese trance
y tras evitar el percance
vuelve a reír si hay joda.

Los que dan

Trabajar, con las manos
Con la sien
A pulmón.
Querer progresar
O trabajar por él
Y por ella, por ellas,
Y por el deseo de realización
Entre el sueño y la aurora.
Sueños que se desvanecen
Y otros que prosiguen
Tras el sueño;
Y entre sombras
Donde el trabajo se eclipsa
Luces que se encienden
Otras que se apagan por un rato.
Y bajo las estrellas
La ilusión que se despliega
La esperanza como luz
De a ratos lejana, de a ratos tardía
transformando letanías
Que movilizan
Montañas de yerros
De esperas marchitas
Del tiempo pasando
Machacando la paciencia
Y encontrar motivos
Encontrarse vivo
Síntoma de renovación
De vuelta en el ruedo
Porque el hombre resuelto
Recuerda que trabajar
Espanta ciertos males
Que acechan por lo bajo.

Encuentros fortuitos

Gente que bien va
Otra que parece ir,
Alguno que tiende a venir;
Cambia el recorrido
Sin decir “agua va”;
Otro que vuelve a pasar
Uno se da por vencido
Y se echa a pernoctar.
Pasan, pasamos
Y algo dejamos
Nos damos la mano
Nos abrazamos
Y hasta quizá nos encontramos,
A veces nos damos ánimo:
seguimos en contacto
todo va a mejorar
nos vemos
llamame
ya va a pasar
escribime
y nos despedimos con un dejo
de certeza,
confiamos.
La vida otorga nobleza
sublime
pues vamos
Como un almendro añejo
a florecer,
porque eso también es querer.

Suyas

Su teléfono hacía las veces de cerebro.
Su voz, repetía como un eco opiniones adosadas tanto a las ‘suyas’ que eran casi indistinguibles unas de otras. Y este mecanismo había obrado así por lustros.
Pudo corroborar que en nada se diferenciaban de aquellas que había ido recogiendo, a las que observaba con simpatía, un cariño reservado a la persona por motivos ajenos a las mismas.
Un día, marcado en el calendario digital como viernes 11 de …bre, empezó, dícese dio inicio, a escudriñar lo que traía a cuestas. Encontró, no sin sorpresa, algún conocimiento que, en su momento, lo guardó como opinión. Lo valoraba, lo llevaba como un tesoro olvidado, pero no sabía hasta entonces de su condición.
Sus ojos describían órbitas elípticas que no guardaban reposo siquiera en sueños, al menos los ojos internos. Las puertas del infierno se abrían de par en par, para entrar, para salir. En el umbral había a un lado un cancerbero que, lejos de amedrentar, uno se apenaba de verlo yacer huesudo y moribundo al custodio de semejante empresa. Y al otro lado, un enorme jabalí de unos colmillos largos y filosos, de cuyo escupitajo habría surgido el hombre. El cancerbero llamado Tan daba la orden con un gruñido lastimero para que Athos, el jabalí, atacara cuando un interno quisiese salir. Como contrapartida, Athos emitía unos gemidos histéricos que parecían una estúpida risa, mientras Tan se acurrucaba con la vista perdida en el horizonte, dejando el paso libre al visitante aventurado.
Sus manos obraban cual máquina inerme que reincide en sus acciones, como el crepúsculo que en su iteración pierde observadores, pero en su mística los conmueve, y el observador torna sobre sí embriagado con la prístina visión. Y esa reincidencia opacaba el destino creador que portaban, mas no llegaba a dominarlo en sus fatuos malabares que le daban, ni más ni menos, que el sustento diario.
Su corazón bombeaba y bombardeaba sus arterias de sopor, tedio cotidiano con disfraz de diversión, que le eyectaba una sonrisa paulatina que en cualquier conversación se salía de las comisuras amenazando al interlocutor con morderle las orejas, o al menos es lo que aventuraba Gracie cuando conversaban de amores perdidos y del futuro esquivo.
Su nariz tomaba registros del ambiente que no coincidían con el pronóstico. El olor a putrefacción al pasar por donde los mendicantes recogían las sobras de fast food slow death le abría surcos entre las imágenes que poblaban su pensar.
Su sangre recorría caminos previamente trazados, con bifurcaciones y empalmes donde se desviaba su conducta, cabalgada por su carácter. Al llegar a sus extremidades inferiores, un magma efervescente de prejuicios le aquejaba, propiciándole migrañas inacabables, sostenidas por rígidos tendones.
Su estómago fluctuaba al procesar, y esas fluctuaciones emitían penosos quejidos o segregaban llantos emotivos que pugnaban entre lagrimales por salir de las trincheras.
Su teléfono, que hacía las veces de apéndice, sería extirpado por una cirujana que cumplía funciones de terapeuta en el empíreo, ante el discurso anodino de sus cavilaciones.

Vida del blog

Podía decirse que el blog estaba vivo, a pesar de que no respiraba el mismo aire que nosotros. En realidad, nosotros respirábamos aire pero no era el mismo en todos lados, ya que muchos lo respirábamos con otros aditivos, polución, smog, alquitrán y demás impurezas. Pero no todos, dependiendo su situación geográfica y económica. El blog estaba vivo, pero no era por mérito propio –exclusivamente- sino por la asistencia de cientos de visitantes que le daban color, como las flores a un cementerio, y eso hacía pensar que el mismo era un lugar donde los visitantes –al menos en principio- estaban tan vivos como el mismo blog.

Pero el blog no despertaba curiosidad alguna, ni tampoco podía decirse que se le rendía pleitesía, o que abrigaba admiración. El blog estaba vivo en términos virtuales porque había movimiento, que es lo que llama la atención, cosa que la quietud no hace, al menos en el observador tuerto.
Dicho movimiento era dado por factores que –cuentan los astrofísicos- están determinados por las órbitas de los planetas, el brillo de las constelaciones, las parábolas de los meteoritos y la indumentaria de las estrellas de Hollywood en noches de gala. Todos los astros de la galaxia –incluso futbolistas de renombre- coincidían en la encumbrada posición del blog ante los innumerables visitantes.

Pero el blog, una tarde de invierno como todas las tardes de invierno en que mueren los árboles, murió, no en términos virtuales sino astrales. Nadie volvió a pisar ese lugar en el ciberespacio caído en desgracia. Los visitantes fueron redirigidos hacia otras distracciones por la Osa Mayor, Mbappé y el anillo de Saturno que dirigían la batuta. Ni siquiera ellos sabían ni comprendían su accionar. El aburrimiento era así, caprichoso, movía las cosas y la gente de un lado para otro.

Con el tiempo o sin él, años después, el blog quedó firmemente enraizado en la nube como un árbol dador de vida, como un olmo que ofrece peras, una ridícula e inverosímil expresión literaria, como un arroyo que lleva, de la fuente al océano, inagotable, manantial de vida que las bestias solían beber en sus orillas.
Cada tanto aparecía un muerto buscando vida, alejado de la subsistencia mundana, y se encontraba con ese reguero de manantial, con ese trasfondo de agua pura que detentaba el blog sumergido en la deep web. Y el muerto bebía y volvía a la vida. Luego se marchaba para volver a morir, o distraerse, según lo que dictaran los astros.
Y así fueron arribando al blog incontables vivos, muertos, bobos y tuertos, otra vez a ponerle condimentos a la sepultura, desde donde resucitó el mismo blog, para asombro de algunos pocos que lo habían dado por muerto. A los vivos le resbalaba vida y muerte. Y muchos bebieron de sus aguas, comieron de sus peras, recobrando vida.
Esto fue mal visto por algunos directores y guionistas en Hollywood, que creían ver mermar sus ventas en productos de merchandising, por lo que solicitaron sea retirado de la existencia.
Pero había un pequeño problema: el blog había cobrado eternidad y ya no podían matarlo; a lo sumo, esconderlo, ocultarlo.
Se les ocurrió eliminar el servidor que lo alojaba y con eso creyeron que sería suficiente para destruirlo.

Hay quienes dicen que hoy el blog está alojado en la red interna de una multinacional de gerentes franceses; otros dicen que el blog sólo es accesible desde el África meridional; y algunos afirman que el blog está sentado a la izquierda del Señor por los siglos de los siglos.
También están los que juran que el blog ha sido visto desde Andrómeda y que se actualiza los jueves por la noche.

Intacta

Otra vez tu y yo frente a frente. Un doble espejo que refleja lo que somos. El silencio cala profundo en nuestros corazones y se instala densamente en el aire que nos circunda. Algunas teclas se interponen y, lejos de separarnos, nos acercan el uno al otro. De la blanca pureza que te caracteriza sólo queda el trasfondo de lo que eres. Sobre ti se imprimen caracteres que dan forma a algo tangible y con el poder intrínseco de la interpretación a la que será sometido. ¿Qué se puede decir de mi que no lo reflejes tú? Lo que se ha dicho y lo que no. Lo que se entiende y lo que queda en el tintero aún por decir. Algunas letras hablarán de ti y te alabarán. Sin embargo, qué decir de esos ojos expectantes que se quedan fijos ante tu radiante luminosidad. Eres el fondo de este texto y casi pasas desapercibida. Pensar que sin ti no habría letra posible. Eres una inagotable posibilidad en la que se puede plasmar la nobleza de un pensamiento profundo o el vil insulto despechado. Pero… ¿de dónde saca sus más valiosos tesoros el hombre? Aquél que te capta en tu simplicidad no olvida que de la nada trascendente que insinúas surgen innumerables hechos que reflejan tu plena vacuidad, que es completa en sí misma. Quien emplea el vocabulario para llegar a otro corazón sabe que en ti se funden acentos, vocales y consonantes, mezclados entre signos comunes que formarán palabras, y crecerán en oraciones, ramificándose en frases ordinarias y de las otras para llegar a aquél que te ignora concentrando su atención en lo propiamente dicho, pero sabiendo que eres tú quien da esa posibilidad de hacer blanco en una aletargada conciencia acostumbrada a pasar por alto la fuente perenne que imparte realidad a la existencia de las cosas.
Y allí sigues tú, intacta como siempre. Pareciera que las letras precedentes no te hubieran tocado.

Sendas

 

El canto guarda el silencio
la voz llega con prudencia
el alma se eleva, denuncio,
mente juega a la ocurrencia.

Escuchar el plácido canto
lo que encomienda la voz,
se aplaca el alma con tos
discrepa el juicio, en tanto.

Cantar los vicios descarta
-con vos todo es diferente-
confunde el alma a la gente
mente juega su última carta.

Qué bello el canto tan lírico
cuando nos despierta la voz
su alma no teme a la hoz
mente duerme en lo onírico.

Es el canto que estremece
esa voz que al salir de boca
llega al alma, no equivoca,
a mente le pide que rece.

Pues el canto y su canción
llega la voz cuando exalta
el alma que también salta
cruza mente en devoción.

 

 

//Fotografía: Jorge Guardia

Cada tanto se va la vida

Se va la vida cada tanto
se escapa de nuestras manos
se van amigos y hermanos
se va como este quebranto.

Y la forma desaparece
nos queda lo que vivimos,
pensando en lo que perdimos
el corazón se entristece.

Aventurar un reencuentro
en sueño, alucinaciones
en cielos o ensoñaciones
la vida que llevo dentro.

Quedando lo que dejamos
las manos tan laboriosas
rebuznes si nos quejamos
palabras algo curiosas
abrazos cuando nos vamos
miradas tal vez furiosas
consejos que regalamos.

Y se va también con ella
los planes que realizamos
pues a veces imaginamos
una eternidad tan bella.

Otras veces encontramos
en otro rostro el alivio
en otro aliento tan tibio
lo que aún recordamos.

Será que Vida no mata
al menos es un murmullo,
será que tan sólo es tuyo
lo que ni Muerte arrebata.

Singular

Hay muchos espectadores
El teatro está atestado
Cuando el show ha comenzado
Se dispersan los lectores.

Espectáculo vespertino
Por las noches sin derroches
Ya deambulan en sus coches,
Con la música el vecino.

La soledad en este siglo
Ha quedado sentenciada
Sojuzgada en el banquillo
Moribunda, conectada.

Y un aplauso como un eco
Se oye manso en el pasillo
Un remanso para el grillo
Hay si el cantor deja hueco.

Y el que lo vive lo escribe
Así el mensaje transmuta
O se olvida en la disputa
Con dolor quien lo recibe.

Dejar un verso de herencia
Que no tiene competencia,
Y si es leído o es creído
Tal vez quizá comprendido.

La belleza es tan confiada
Que se muestra sin prejuicio
Y así se vista de oficio
Gusta de ser apreciada.

Centinela atento al yerro
¡Pibe no te equivoques!
Con tu lengua no revoques;
Te quiere meter el perro.

O será que sencilla mente
Decanta por el surgente.
Letra que no has de leer,
Hombre, déjala correr.

Porque no todo te toca
Porque no toda voz llega,
Si una poesía en tu boca
alza tu alma y despega.

Qué seremos, lo que fuimos,
Dónde fue que no lo vimos
Quizá la última estocada
Es la que nunca fue dada.

Y se repiten las cosas
Pasos, rostros, ¿mariposas?
Decires, nombres, sermones
Si miras también opiniones.

Pero hay algo puntualmente
Singular, único, esquivo
Que no se da virtualmente
Signo de sentirse vivo.

Y en el día, bien temprano
Sentir la dicha en la mano
Y abajo un pie que tropieza
Por si se aburre, bosteza.

Y al despertarlo el jilguero
Asoma por el agujero,
Será que será posible
Veraz vida impredecible.

Saber

El otro día iba caminando
no recuerdo bien si era domingo
o si era martes, feriado o día festivo,
lo cierto es que iba caminando
y de repente, de pronto, de improviso
me di cuenta de algo insólito
ese día, festivo, feriado o domingo
o quién sabe a ciencia cierta
si era martes en el calendario,
digo que de pronto, de repente
como un shock informativo
me di cuenta, que iba caminando
el otro día, aquél día pasado
pasado de moda, olvidado en el tiempo
iba caminando, y no sé si mirando
seguramente algo iría mirando
pero lo cierto, sin ninguna duda
es que el otro día iba caminando
y para mi sorpresa me di cuenta
como descubrir una revelación
fue tal el impacto tremendo
que ese día, domingo, festivo, feriado
o quién tiene potestad para decir que era martes
o si había testigos de que iba caminado
quizá alguno vio lo mismo que supe
ese día en que iba caminando
y tal vez, por qué no, quién te dice, mirando
aunque no recuerdo qué iría mirando
ni tampoco si era entonces domingo
lo cierto, ese día feriado, martes, festivo
es que el otro día iba caminando
y de improviso, de repente, de pronto
supe sin intermediación alguna
pues nadie me dijo, ni me lo contaron
como esos que dicen que hoy es domingo
iba mirando o tal vez caminando
o quizás caminando algo iría mirando
ya quisiera saber qué es lo que iba mirando
porque al ir caminando, quién diría pensando,
es incierto el destino de quien va caminando
pues ni siquiera sabe si es martes o domingo,
más allá del dilema algo iría mirando
pueden ser las pisadas o las aves aladas
que no saben de días, feriados o festivos,
iba ese día además de mirando
ese día certero, ese día impreciso
lo supe de pronto sin previo aviso
que iba tranquilamente ese día caminando
aunque ingenuamente algo iría mirando
y pensando, inventando, pergeñando bobadas
o tal vez el ingenio estaría trabajando
como aquellos que hacen los calendarios
con los días festivos, feriados y domingos
hasta incluso los martes de cada semana,
iba el otro día pensando y caminando
mientras iba mirando, mientras iba escuchando
qué iría escuchando, el tránsito o las palabras
que suelta la gente cuando dice es domingo
en los días feriados, en los días festivos,
iba ese día, caminando y mirando
que no sé si era martes, que no sé si pensaba
y ese día lo supe, cuando iba escuchando.

Esperar con paciencia

 

Es la brisa fría de mayo
rozando tus tibios labios,
es este sol tan timorato
que asoma y que no calienta,
es el frío de este otoño
las hojas secas volando
es el árbol que da sombra
flaca como tus ansias.

Es comunicación a distancia
a través de mensajes grabados,
es esperar que una canción
toque esta frágil ilusión
o escuchar un bandoneón
y aventurar la primavera,
es una vidriera cualquiera
es el destino del lacayo.

Es como un mozo sin moño
que atiende a cada clienta,
es esperar con paciencia
encontrar las palabras justas,
es el fruto del trabajo
que se lleva el patrón, el Estado
es el pan de cada día
es un refrán olvidado.

Es el beso de despedida
es la luz de los escabios
es tu cara si te asustas
o un momento de relajo,
es una voz que te nombra
frente a una luz de neón
es soñar con loterías
es imaginarse la vida.

Es dormir en los laureles
esperando que algo cambie,
es olvidarse los pinceles
engancharse en las contiendas,
( pasa un viejo en musculosa )
es una palabra divergente
la mirada tan urgente
que se te clava en la nuca.

Es el crujir de la tutuca
la sonrisa displicente
es un cine abandonado
es recuperar las riendas
y acariciar el caballo,
es atravesar el sendero
que a veces congela sentidos,
es un hogar devastado.

Es el ala de la mariposa
la caricia en el regazo
el sueño del moribundo
el cese de los latidos,
es la broma del pelmazo
es el consejo certero
despertarse entre la gente,
es la caída a este mundo.

Media

Hacía ruido la media
Divorciada, sola, impar,
Creía un día alcanzar
La riqueza del Edén,
Digna de todo can-can,
Y en un rapto singular
Se descuidó al optar
De cajón y fue a parar
Al borde del terraplén,
Donde polillas morfaban
Y en la miseria caía.
Se tuvo que recortar.
Es zoquete por rebeldía
Y hoy la recibe su par.

Armonizando

 

De la lluvia, inundaciones,
de los músicos, grabaciones,
del poeta, creaciones
y en tu mente narraciones.

Todo surge de improviso
una nueva vida, aviso,
cuando la paz es alcanzada
por ti misma conquistada.

Brilla el color, la alegría
rima el gorrión, armonía,
canta el jilguero elocuente
y tu corazón lo siente.

Pasa la gente, camina,
tira un beso la vecina,
juegan los niños saltando
tu alma ha estado esperando.

Todo ese tiempo marchito
que buscabas ciegamente
poner en orden tu mente
y ella lo encuentra, recito.

Pues un mundo de quimeras
no entrega buenas peras
quien lo espera de ese olmo
llega al colmo del colmo.

Pero no te culpes, querida,
nadie te ha dicho en vida
que tú eres lo importante
y no es que quiera robarte.

Sólo comparto un sentido
tras haberlo conocido,
ni pudiera así entregarte
ello en una pieza de arte.

Pues en él iría mi vida
pero debo seguir viviendo
para continuar escribiendo
a la belleza perdida.