El árbol

Por un hombre se han calado los cimientos
de una vida libre de mandamientos
que sensible al dolor y al sufrimiento
se abre al sol y se dibuja con el viento.

He encontrado entre preceptos confusos
la vertiente que calma la sed y purga
el haberme distraído con las murgas
manantial de vida eterna para ilusos.

He cavado el pozo tan profundamente
que he dejado de correr detrás del oro
y aunque a veces el discurso de algún loro
se me atrapa y me arrastra la corriente
y otras veces es alguien que quiero mucho,
si mi alma está serena no lo escucho
y el tesoro de la dicha es permanente.

El que habla no es filósofo ni literato
es la voz que se te sirve en otro plato
como el cuerpo crece igual que una semilla
ahora el árbol da sus frutos, maravilla.

Y las aves allí posan en sus nidos
con sus cantos entristecen los gemidos
no sonríen, mas parecen muy felices
las estrellas no usan flash ni son actrices.

Abajo el mundo continuará allí rodando
y el tiempo se lo seguirá devorando,
dado vueltas con caritas maquilladas
y adornadas queriendo ser fotografiadas
creyendo que el tiempo mismo,
( patrimonio enzarzado del abismo )
en un sensual rapto de piedad
le hiciera un razonable lugarcito
en alguna fastuosa eternidad
igual que al simpático Pulgarcito.

¿Cuántas veces veré en el rostro del amigo
y de su voz oiré palabras de desacierto
tentando el corazón, el espíritu, mi abrigo
como un diablo ofrece el mundo en el desierto?

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¿No fue con la mano?

Lo teníamos controlado de movida. Primer minuto, córner para nosotros que tira el Mago al medio del área chica. Mal pateado, fácil para el arquero, si despega los tapones de la raya. Pero no salió. Rechaza una de las torres de Villa Mitre, sin manual del defensor posmoderno, al medio, apenas la saca del área al pecho del Tato, que sin dejarla picar saca un torpedo al ángulo izquierdo que desde la otra media luna veía a mi derecha. El arquero hizo vista, o se sacó una selfie con la pelota adentro, no sé. Me parece que ahí lo empezamos a perder porque el Tato se cuelga del alambrado y se come la amarilla que después resultó en la expulsión que dio vuelta lo que era un trámite sencillo. No pasan tres minutos y lo bajan al Conejo cuando pisaba el área. El árbitro lo cobró afuera y el línea no se movió, y eso que estaba al lado. Colgado del travesaño la vi adentro pero qué iba a discutir… Tiro libre para un zurdo, y en el equipo tenemos dos: el Mago y quien suscribe. Se lo pido porque me tenía fe pero el muy puto no me lo dio, menos mal que la metió porque sino todavía lo estoy puteando. No le pegó fuerte, pero el arquero de ellos hoy no estaba en su día. Alcanzó a tocarla, sí, pero no es una pantalla táctil, algo de fuerza le tenés que oponer, sino no la sacás. 2 a 0 y a esperar el pitazo final para dar la vuelta. Es un buen resultado el 2 a 0 si termina así y a tu equipo no le hicieron goles. Ahora si está abierto, no lo aguantás y te lo dan vuelta lo tenés que olvidar rápido porque las fechas siguientes te persiguen los fantasmas. Si vamos ganando y nos descuentan con algún gol choto nos miramos entre todos y empezamos a dudar. El problema es que después de este partido con Villa Mitre volvemos a jugar en marzo, cuando no haga tanto calor como hoy, y el recuerdo de una final te acompaña por lo menos hasta que abandonás la práctica de este deporte. En fin, estábamos tan tranquilos atrás que con Lorenzo hablábamos de los sorprendentes avances del mercado, que desde algún tiempo te ofrecía pizzas en las heladerías, quizá ensalada de tomate en un café y probablemente clases de danza y canto en las casas de comida rápida, hasta que por ahí la sacan para atrás y con Lorenzo amagamos a ir los dos, que al final no fue ninguno, se coló el tapón del siete de ellos –un metro cuarenta como mucho- la puntea por un costado y la corre pasándome por el otro. Lorenzo lo corrió pero ya era tarde. La tribuna de ellos enfrente se vino abajo. ¡Cómo gritaban esos monos! Parecía que no habían gritado un gol en quince años. “No es nada, Lorenzo, mala mía. No te calentés”, lo animo; pero por dentro estoy re caliente. No se puede ser tan boludo viejo. Vas o no vas, hay que tener decisión y tenés que ser firme con lo que decidís en ese suspiro, porque el error es doble: el tiempo que pierde dudando es el que después no te permite alcanzarlo en la carrera. Ya está. Se mandó la cagada y un par de boludos me quisieron cagar a pedos a mí. Los mandé a la mierda, al Tato y al Oruga, y cuando entrábamos al vestuario lo agarré del cogote para ponerle los puntos. Mudo se quedó el Tato, me miraba fijo sin pestañear con cara de perro arrepentido. Decí que Lorenzo es derecho y asumió la culpa delante del equipo… No patearon al arco en cuarenta y cinco minutos igual ya tenían un gol a favor. Planificamos el segundo tiempo: hacer correr la bola, con cualquier faul nos quedamos dos horas en el piso, sacar la tierra de la pelota con la camiseta antes de hacer el lateral, juntar las piedras que te tiran de la tribuna para detener el partido y esperar que el árbitro a los noventa adicione no más de tres minutos. Pero, ¡cómo te modifica todo una boludez! Al minuto, el Tato se salva de que lo rajen porque el ocho se le iba y lo agarró de la camiseta. La tribuna se lo quería comer al árbitro. Ahí cerrabas los ojos y se escuchaba: está amonestado, está amonestado, lo tiene que echar. Ahora, no sé si el Tato es boludo en serio o se quería rajar con la jermu temprano ( que está rebuena la rubia esa ) o capaz que está sordo y no escuchó, pero se plantó adelante de la pelota para que no saquen rápido, porque el Oruga todavía no había vuelto, y en un acto reflejo cuando van a sacar le patea la pelota. Afuera Tato y a llorar a la iglesia. Meten el centro bombeado y una de las torres que había pisado el área buscando el gol la baja cambiando de punta. Para mí cabeceó al arco, pero le dio con un cuerno y cruzó toda el área. La corre el 9 de Villa Mitre con el Oruga cerca, la pisa y entra pegado a la raya. “¡No lo toqués!”, le grito al tiempo que el Oruga le engancha la de apoyo. La exageró un poco, cayendo despatarrado, sí. Pero nadie puede dudar que lo bajó. Cuando al tipo lo veo acomodar la pelota en el círculo ( porque no hay ningún punto penal, como dicen algunos, en todo caso un círculo o una mancha sobre el pasto, ya que con ese criterio que usan, los jugadores, si los ves de un poco más lejos también son puntos, y también la cancha, la tierra entera y hasta tu vieja ) ya sé dos cosas: para dónde me voy a tirar y cuántas chances tengo de atajarlo. El 9 hizo pozo al lado de la pelota para no resbalar cuando apoye. Con ese indicio ya sé que le va a dar con fuerza y cuando apenas la suelta de las manos en el círculo mira para mi derecha sin darse cuenta que estoy atento a los detalles. Ahí va la pelota y cuando se acomoda las medias hago la cuenta: una de tres. Si va arriba, no llego en diez. Pero del medio para abajo tengo varias a favor. Después se para con las manos en la cintura mirando el otro palo, se cree que soy boludo. Hay que prender una vela para que no vaya pegada al palo y la saco, pero no tengo fósforos y en el Carminatti hay mucho viento. Escucho el silbato y vuelo al palo. Gol. Me pasó a cuarenta centímetros. Todavía escucho el silbido de la red del costado y lo veo a Lorenzo buscando la pelota que dio la vuelta hasta el otro palo. No habíamos sacado del medio, cuando veo que la pelota cruza toda el área, atrás del Oruga, y veo la casaca verde número 9. ¿Qué hace el loco éste dado vuelta? Capaz que se la baja al 8 que viene como una tromba. No, la baja de pecho y engancha para adentro buscando la de palo del Oruga que lo vuelva a tocar. La otra es que la amortigua con el muslo y tira el taco para el que entra por el medio. De última la cruza con la nuca, buscando el segundo palo y si le sale al arco y se mete al ángulo no se juega más al fútbol. Pero ninguno de mis vaticinios se cumple y escucho a la tribuna atrás mío que grita desaforada y el Oruga que patea de nuevo la pelota inflando la red con bronca. Levanto la mano para que cobren la mano, pero el árbitro corre más rápido que las casacas de Villa Mitre a subirse a la montaña humana sobre el gladiador. Me voy corriendo hasta el línea para reclamarle la mano y me hace un gesto para no decirme que me vaya a la mierda. Ahí veo en la platea a la gente agarrándose la cabeza porque no puede creer lo que acaba de ver. La puta madre, ¿qué me perdí? Capaz que fue una chilena. Ahí me fui de partido y para colmo los nuestros se quedaron mudos, o si cantaban ya no se escuchaba con los cantos de la otra banda. Apenas los volví a escuchar veinte minutos después silbando al arquero de ellos que se demoraba en hacer el saque de arco atándose los cordones o cuando algún lateral de ellos le alcanzaba una botella o una batería al referí que le tiraban desde la tribuna. Saqué un par de bochazos complicados antes del cuarto, un cabezazo abajo que la manotié al córner y un remate potente que se desvió en Lorenzo y me cambió el palo. El quinto me lo comí, no lo voy a discutir, era una pelota fácil que se me fue entre las piernas por confiado, aunque con el sexto, después de la expulsión de Toribio y el profe, ya estábamos jugados. Es la quinta liga al hilo que se llevan, tienen buen equipo, de otro nivel, y además se conocen de memoria, qué se le va a hacer. Cuando enfilamos para el túnel, los nuestros ya se habían ido y el “dale campeón” lo cantaban los otros. Te digo que estaba tan oscuro que nunca sospeché la luz al final, por más que Sueiro me caía simpático aunque no le creía, y ese silencio de ultratumba en el vestuario por suerte se rompía cuando escuchábamos algún estruendo. Uno sonó tan cerca que casi se me cae la placa que me habían dado antes de arrancar el partido. “Reconocimiento a la trayectoria… Doscientos partidos de liga en primera”. La metí en la mochila y en un momento le pregunté al Mago para develar la incógnita que me carcomía las entrañas: ¿No fue con la mano? Pero el Mago apenas si me miró. Bajó la cabeza para desatarse los cordones y se metió en la ducha. Esta noche lo miro por tevé y me saco las dudas.

Entretiempo en la fantasía

En el universo paralelo suceden cosas tanto ordinarias como oníricas, frecuentes como insólitas. Por ejemplo, cuenta Galeano en su último libro publicado allí que uno de los primeros acontecimientos que presenció fue el partido entre Apóstoles de Belén vs. Fariseos Siglo Cambalache, que culminó tres a tres. Pero lo que más llamó la atención a la curiosidad del escritor, fue lo que sucedió antes de comenzar el segundo tiempo, cuando un espectador atravesó toda la cancha con una soga al cuello y la lengua afuera para correr a abrazar al técnico de los primeros. Eduardo estaba sentado justo atrás del banco de suplentes y pudo escuchar aquél breve diálogo:
-¡Maestro! ¿Me hace un lugar en el equipo?
-Lo siento Judas, ya tengo los once.

Ping Pong

-Anoche no dormí bien. Daba vueltas y soñaba con arañas sobre el techo y un plato de lentejas.
-Hoy juega el Barsa, ¿no?
-Era un guiso de lentejas al que le faltaba sal. Entonces me levanto para ir a buscar el salero y cuando lo agarro, adentro, tenía lentejas.
-Acá el pronóstico dice que llueve. Nueve de máxima.
-Entonces lo dejo y empecé a pinchar las lentejas del guiso, pero como un tarado las pinchaba con el cuchillo. No sé por qué lo hacía.
-Largá el mate, ¿o tomás solo?
-Estaba bueno el guiso, pero en el plato hay un pelo. Lo quiero sacar y era larguísimo, mientras lo iba dejando caer en el piso se hacía una mata de pelo, de un solo pelo, ¿entendés? Que de tan grande parecía un perro.
-No sabés el picadito que te perdiste anoche. Ocho a tres, ganamos. Encima jugamos con uno menos casi todo el partido porque se jodió la rodilla el Turco.
-Y el perro sale corriendo y vuelve con una ramita. Me la daba para que se la tire. Después se la tiraba y volvía con un diario. Después con una pelota y después con un caracol. ¿De dónde lo sacaba?
-Tiré un penal a la mierda.
-En eso escucho la bocina de un barco, miro el horizonte y se venía un rompehielos hacia la costa. Bajo la vista y tenía los pies atrapados en el hielo.
-Pisó feo y se dobló para atrás. Se fue pedaleando con una pata. Pobre Turco…
-El rompehielos se me venía encima y entonces empecé a gritar y a hacerle señas para que se detenga, porque me pasaba por arriba. Hago fuerza con la zurda y arranco el pie con un pedazo de hielo.
-Me hicieron pagar la ronda de cerveza. Viste que siempre paga el equipo que pierde, pero los lungos se fueron rajando porque tenían otro partido en la Madriguera, jugaban contra los teros.
-Alzo el otro pie, no sé de dónde saqué fuerza y levanté todo el hielo en el que se había pegado el rompehielos, y empecé a correr sobre la arena buscando a Marta.
-Seguro que les rompieron el culo.
-Cada paso que daba desde el rompehielos me tocaban bocina para que me detenga y el capitán me gritaba, pero no le daba bola y seguía avanzando hacia la camioneta. La gente me insultaba porque con el rompehielos colgando del pie les tiraba las sombrillas a la mierda y a los pibitos le destruía los castillos de arena.
-Llegué borracho a casa y Clarita no me abrió. Siete cervezas me bajé.
-Subo a la camioneta y Marta me empezó a reprochar que había tardado demasiado, que no le prestaba atención, que no me ocupaba de ella, etcétera, etcétera.
-Me quedé dormido en el zaguán. ¡No sabés el frío que hacía!
-Me desperté porque el perro ladraba. Voy a ver afuera y pasaba un borracho cantando. Creo que era la marsellesa, pero no lo puedo asegurar.
-En el sueño, estaba mirando un álbum familiar, pero lo llamativo es que todas las fotos tenían los colores de la bandera de Francia.
-Prendo la computadora porque me había desvelado y me puse los auriculares, así veía una película y no despertaba a nadie.
-No estaban trucadas. Había una que me saqué con Zinedine Zidane, cuando me firmó la camiseta, ¿te acordás?
-Y cuando voy por la mitad de la película, se corta la conexión a internet.
-Ese día me lo encontré en el bar Tolo. Tenía un pedo bárbaro Zizú. Me abrazaba como si me conociera de la infancia.
-Trabajaba Al Pacino, que hacía de Dorotea Higgins, la mucama.
-Vomitó sobre la barra y el cantinero lo sacó a patadas.
-Entonces me quedé aventurando cómo podía ser el final. Lo primero que sospeché es que Rudy estaba soñando toda la historia, pero era muy trillada.
-Me hizo pagar la cuenta a mí.
-Le busqué la vuelta y me incliné a pensar que Truman tenía un amorío con Dorotea, y Víctor era un hijo de ese amor clandestino.
-Y en la foto de la selección campeona, tenían el escudo de Irlanda.
-Volvió la conexión y me puse a ver la otra mitad, pero empecé a tener sueño y la veía de a ratos mientras chateaba con el Goma.
-¡Claro! Era San Patricio, pero como estaba en la oficina atestado de papeles me había olvidado.
-Me contó que embarcaba a la siete y ya se estaba mareando.
-Fingí náuseas y me mandaron a casa.
-Al final no, Dorotea era la abuela de Rudy y Truman, primo hermano.
-Clarita me abrió la puerta cuando se iba al consultorio.
-Me pidió un certificado con reposo por diez días, pero no iba a despertar a Marta para que el Goma se haga el sota con el laburo.
-Me tomé un café mientras escuchaba las noticias, pero todavía tenía un mambo importante.
-Marta se despertó porque decía que el sonido de las teclas no la dejaba dormir.
-Dicen que van a sacar el iva. Hay que ver si será cierto.
-Le dejé la computadora porque se había despabilado, me metí en la cama y me desmayé.
-Hoy se me vence el gas.
-Y cuando estoy soñando que Al Pacino me cocinaba un guiso, ¿qué escucho?
-Mil quinientos.
-Las teclas.
-Busco la azucarera para endulzar y ¿a qué no sabés qué tenía adentro?
-Marta y la puta que te parió.
-Monedas¡Monedas!
-¿Qué iba a hacer? Es karma. Me tuve que levantar.
-Clarita jode con eso del azúcar y dice que mejor hay que cuidar el bolsillo y la salud.
-Preparo los mates y veo en el cielo raso una tremenda telaraña.
-Me lo tomé amargo.
-Agarro la escoba para sacarla y tiro el azúcar al piso.
-Dejé la taza en la pileta y me fui a dormir.
-Tuve que barrer.
-Se lavó.
-¿Me acompañás al almacén a buscar bicarbonato?
-Bueno che, me voy a la oficina.
-Pará que subo el calefactor.

Poema sin fines de lucro

Junto pedazos de cartón
botellas vacías, papeles
lo que le sobre de los anaqueles
alpargatas rotas, un latón,
ramas secas de laureles,
figuritas del Ancho Peuchele
y neumáticos de camión.

Recojo todo tipo de restos
yerba de ayer, cáscaras de banana
escobas viejas, palanganas,
no lo tiren en los cestos
los paso a buscar de mañana,
también marcos de ventana
y otros descartes funestos.

Levanto escombros triturados
pañuelos, tomates podridos,
paquetes de snacks vencidos
colillas de puchos fumados
amalgamas, canas, caños torcidos
medicamentos no recetados
cajitas de té, huevos cocidos,
libros mojados o ya leídos
boletas de luz y pañales meados.

Alzo lo que usted va tirando
ropa antigua, calzones rotos
celulares baja gama sin fotos
también recojo viejos pijamas
piezas de ajedrez, un tango
o un tablero de damas,
las patentes obsoletas de motos
jugadas de quinielas y lotos,
teclados, carozos de mango.

También junto viejos diarios
blogs marchitos, emoticones
discos compactos, disquettes,
aerosoles, frascos de mermelada,
frijoles, sueños y almohadas,
comentarios,
envases de tapas para empanadas
conceptos, recuerdos y lambadas,
cartas viejas, tejas y cassettes,
palabras que no dan letra a canciones
y del año pasado los calendarios.

Ojalá la rutina no se pierda
y no pare el desecho en el lodo
así logro acumular suficiente
mercadería que deja mi gente.
Después, al por mayor, vendo todo
y cierto día me voy a la mierda.

Historia parcial del mediocampo societario

En el Medio Oeste en general pasaba ( se cree también a medias que en el Medioevo y en lo mediato en Medio Oriente ) que a la gente las cosas le quedaban a mitad de camino, a medio hacer, justamente al mediodía: por ejemplo, los cortes de pelo quedaban a medio cortar ( o con raya al medio ), los medios les daban la mitad de las novedades, la construcción de medianeras se paralizaba a media altura, los grabados de por medio se estampaban a mediatinta, los medieros se quedaban sin medias en su stock, el médium perdía intermediación con las ánimas, la autoridad soberana se mediatizaba mediante influencias de medidas intenciones.

Por suerte, todo parecía completarse a medianoche de modo natural ( sólo si se observaba medianamente visible en el firmamento la medialuna ).