Ping Pong

-Anoche no dormí bien. Daba vueltas y soñaba con arañas sobre el techo y un plato de lentejas.
-Hoy juega el Barsa, ¿no?
-Era un guiso de lentejas al que le faltaba sal. Entonces me levanto para ir a buscar el salero y cuando lo agarro, adentro, tenía lentejas.
-Acá el pronóstico dice que llueve. Nueve de máxima.
-Entonces lo dejo y empecé a pinchar las lentejas del guiso, pero como un tarado las pinchaba con el cuchillo. No sé por qué lo hacía.
-Largá el mate, ¿o tomás solo?
-Estaba bueno el guiso, pero en el plato hay un pelo. Lo quiero sacar y era larguísimo, mientras lo iba dejando caer en el piso se hacía una mata de pelo, de un solo pelo, ¿entendés? Que de tan grande parecía un perro.
-No sabés el picadito que te perdiste anoche. Ocho a tres, ganamos. Encima jugamos con uno menos casi todo el partido porque se jodió la rodilla el Turco.
-Y el perro sale corriendo y vuelve con una ramita. Me la daba para que se la tire. Después se la tiraba y volvía con un diario. Después con una pelota y después con un caracol. ¿De dónde lo sacaba?
-Tiré un penal a la mierda.
-En eso escucho la bocina de un barco, miro el horizonte y se venía un rompehielos hacia la costa. Bajo la vista y tenía los pies atrapados en el hielo.
-Pisó feo y se dobló para atrás. Se fue pedaleando con una pata. Pobre Turco…
-El rompehielos se me venía encima y entonces empecé a gritar y a hacerle señas para que se detenga, porque me pasaba por arriba. Hago fuerza con la zurda y arranco el pie con un pedazo de hielo.
-Me hicieron pagar la ronda de cerveza. Viste que siempre paga el equipo que pierde, pero los lungos se fueron rajando porque tenían otro partido en la Madriguera, jugaban contra los teros.
-Alzo el otro pie, no sé de dónde saqué fuerza y levanté todo el hielo en el que se había pegado el rompehielos, y empecé a correr sobre la arena buscando a Marta.
-Seguro que les rompieron el culo.
-Cada paso que daba desde el rompehielos me tocaban bocina para que me detenga y el capitán me gritaba, pero no le daba bola y seguía avanzando hacia la camioneta. La gente me insultaba porque con el rompehielos colgando del pie les tiraba las sombrillas a la mierda y a los pibitos le destruía los castillos de arena.
-Llegué borracho a casa y Clarita no me abrió. Siete cervezas me bajé.
-Subo a la camioneta y Marta me empezó a reprochar que había tardado demasiado, que no le prestaba atención, que no me ocupaba de ella, etcétera, etcétera.
-Me quedé dormido en el zaguán. ¡No sabés el frío que hacía!
-Me desperté porque el perro ladraba. Voy a ver afuera y pasaba un borracho cantando. Creo que era la marsellesa, pero no lo puedo asegurar.
-En el sueño, estaba mirando un álbum familiar, pero lo llamativo es que todas las fotos tenían los colores de la bandera de Francia.
-Prendo la computadora porque me había desvelado y me puse los auriculares, así veía una película y no despertaba a nadie.
-No estaban trucadas. Había una que me saqué con Zinedine Zidane, cuando me firmó la camiseta, ¿te acordás?
-Y cuando voy por la mitad de la película, se corta la conexión a internet.
-Ese día me lo encontré en el bar Tolo. Tenía un pedo bárbaro Zizú. Me abrazaba como si me conociera de la infancia.
-Trabajaba Al Pacino, que hacía de Dorotea Higgins, la mucama.
-Vomitó sobre la barra y el cantinero lo sacó a patadas.
-Entonces me quedé aventurando cómo podía ser el final. Lo primero que sospeché es que Rudy estaba soñando toda la historia, pero era muy trillada.
-Me hizo pagar la cuenta a mí.
-Le busqué la vuelta y me incliné a pensar que Truman tenía un amorío con Dorotea, y Víctor era un hijo de ese amor clandestino.
-Y en la foto de la selección campeona, tenían el escudo de Irlanda.
-Volvió la conexión y me puse a ver la otra mitad, pero empecé a tener sueño y la veía de a ratos mientras chateaba con el Goma.
-¡Claro! Era San Patricio, pero como estaba en la oficina atestado de papeles me había olvidado.
-Me contó que embarcaba a la siete y ya se estaba mareando.
-Fingí náuseas y me mandaron a casa.
-Al final no, Dorotea era la abuela de Rudy y Truman, primo hermano.
-Clarita me abrió la puerta cuando se iba al consultorio.
-Me pidió un certificado con reposo por diez días, pero no iba a despertar a Marta para que el Goma se haga el sota con el laburo.
-Me tomé un café mientras escuchaba las noticias, pero todavía tenía un mambo importante.
-Marta se despertó porque decía que el sonido de las teclas no la dejaba dormir.
-Dicen que van a sacar el iva. Hay que ver si será cierto.
-Le dejé la computadora porque se había despabilado, me metí en la cama y me desmayé.
-Hoy se me vence el gas.
-Y cuando estoy soñando que Al Pacino me cocinaba un guiso, ¿qué escucho?
-Mil quinientos.
-Las teclas.
-Busco la azucarera para endulzar y ¿a qué no sabés qué tenía adentro?
-Marta y la puta que te parió.
-Monedas¡Monedas!
-¿Qué iba a hacer? Es karma. Me tuve que levantar.
-Clarita jode con eso del azúcar y dice que mejor hay que cuidar el bolsillo y la salud.
-Preparo los mates y veo en el cielo raso una tremenda telaraña.
-Me lo tomé amargo.
-Agarro la escoba para sacarla y tiro el azúcar al piso.
-Dejé la taza en la pileta y me fui a dormir.
-Tuve que barrer.
-Se lavó.
-¿Me acompañás al almacén a buscar bicarbonato?
-Bueno che, me voy a la oficina.
-Pará que subo el calefactor.

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