Reventar

Hubo un tiempo en que creía todo. O cualquier cosa. Creía que Colón había descubierto América, creía que el capital se iba a derramar, creía que los velociraptores poblaron la Tierra, creía que las compañías telefónicas ofrecían beneficios y creía que nada es gratis en la vida.

Así como de un cardo ruso no salen manzanas libanesas, la ignorancia rancia no da el fruto del conocimiento ni es su cimiento.

Pero a la hora del ahora tampoco ni un poco me interesa, ni a Teresa, el conocimiento y no miento. Por amor.

Porque ahora creo.

Y no me vengas a decir que el amor no existe porque lo ví. Se disfrazó de mujer y me sonrió. Se disfrazó de madre y me regañó. Se disfrazó de hermano y me abrazó. Se disfrazó de hijo y me besó. Se disfrazó de perro y me orinó. Se disfrazó de seño y me enseñó. Se disfrazó de abuelo y me aconsejó. Se disfrazó de amigo y me creyó. Se disfrazó de cuento y te gustó.

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