A mis bloggeros amigos que cayeron del mundo en tierra machada

Muere la neo España
la otra se despereza,
vivir a veces se empaña
el corazón lo endereza.

¡Oh españolit@! escribe
mas quítate esa lagaña
¡Levanta la pluma, escribe!
Escribe desde la entraña.

( Desteje en letras maraña
que por algo se empieza
y cuando tengas la firmeza
con tu voz hablará España.)

Desde que tú te has ido

Tengo bastante tiempo para ver qué hacer
despierto y puedo disfrutar amanecer
espera otro día tan lejos de tí.
El espejo no miente, me muestra mi semblante
aunque no estás tú.

La gente pasa y pasa camina normal
el ritmo de la vida me parece bien
era muy semejante cuando estabas tú
sé que era parecido cuando estabas tú.

Qué asunto tan sencillo que es vivir sin tí
no tengo que esperar, ni verte ni escuchar
el calor de mi cuerpo no clama por tí
ni idea dónde estás
Desde que tú te has ido me siento feliz.

La gente pasa y pasa camina normal
el ritmo de la vida me parece bien
era muy parecido cuando estabas tú
sé que era semejante a pesar de tí.

Ilusión óptica

Cuando Uno ve salir el Sol
sobre un tiempo de canciones
que crea ilustres separaciones
en la plena noche de Otro
yace un alazán en el camino,
más conoce Roma su vecino
que si su música tiene un mi bemol,
rendido ante magmas ilusiones
que lo sacrifica en regias prisiones
sin que siquiera llegue a sospechar
que su libre es cadena pa´comprar
aturdido en una rítmica vascular
que celebra tras su muerte cerebral
cegado en maravillosas visiones
como el bello galope de su potro.

Viene un canelón caminando y te dice: Hola, ¿Verdura? No, alelí con arroz, le respondés bajando la voz. No te escucho, dice el bocado, y vos das media vuelta y así te limpiás la nariz, por si sale un loco. ¡Colorado 23! Grita el saltimbanqui cubierto de crema de leche, ensartado con algún cubierto. No es cierto, me parece, le replicás vos, y ahí termina la escena.

La película termina con un final conmovedor, pero vos estás distraída, pensando en otra cosa, y no lo ves. Todos aplauden de pie, llorando de estupefacción, pidiendo “una más” al unísono, excepto el morrón envuelto que se quedó sin vos.

Ayer ibas a venir, y viniste, cuando te ibas. Como vino, no hay iva, ni ibas, al final no viniste y ese fue el principio.

Entonces, sonaba una melodía armoniosa en tus pensamientos, no tenía estrofas, ni poema alguno. Ahí pensaste: es de Neptuno. Aquella noche, recomenzó. La hoja en blanco, escribiste vos: Gracias por tanto, mi loco hermoso. Eternamente, teneme al tanto…

Sentido plagio

Todo pasa y todo queda,
yo nunca vi New York, no sé lo que es París.
Avanza el enemigo, a paso redoblado
oíd, mortales, el grito sagrado:
¡no culpes a la noche, no culpes a la playa!
La luz de mi condena son tus labios de seda,
bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez
que si se calla el cantor, la vida calla.

Se equivocó la paloma, se equivocaba
es un monstruo grande y pisa fuerte
cuando triste la patria esclavizada
tener labios sinceros es pura suerte
para decirte fuerte si sos una mierda o no.
Ahí anda don Atahualpa por los caminos del mundo
en ese mundo hay mentiras y falsedades
ahí veo un museo de grandes novedades.
Las mañanas y las tardes eran mías
no olvides hermano, vos sabés, no hay que jugar
por qué falsear… si ser uno es ganar
juguemos sin temor que hoy es el día,
los que estén en el camino, bienvenidos al tren,
we are the champions, my friend.

Digo cualquier pelotudez

Esto se trata de un experimento.
Algunos le llaman literatura
si se atiene fiel al reglamento
de composición en su escritura
y tienen razón, seguramente,
es por ello que no lo desmiento
mas no es mi intención, sencillamente,
sólo he cambiado de asiento
y estoy probando cómo se siente
si la inspiración no me abandona
y si lo hace o está remolona
la busco en un gorrión enfrente,
en el vuelo de alguna paloma
o en el sol que inaudito se asoma.

Digo cualquier pelotudez
y la escribo con elocuencia
puede tener bella apariencia
que oculte en poesía su sandez
y que induzca al ocasional lector
a pensar que se trata nuevamente
por nobleza u otro amable factor
de versos de rítmica hidalguía
que transmitan aparentemente
sensaciones vívidas de travesía.

Nada más lejos de la realidad.
No es que acaso le mienta,
sólo me gusta experimentar.
Tal vez le pueda agradar,
como un toque de pimienta,
una pavada puede ser verdad.

Digo cualquier pelotudez
y por si fuera poco la escribo,
no se trata de una dicotomía
entre mentiras y verdades
sino de la falta de lucidez.
Antes de tomar el del estribo
me someto a una lobotomía
que me injerte otras cualidades.

Aunque se piense que uno poco se esmera
hay todo un previo trabajo consagrado
que a esta tarea dócilmente me ha preparado.
Decir pelotudeces no lo hace cualquiera.

Digo cualquier pelotudez
y la digo con cierta elegancia
no es que piense con jactancia
que soy flor de pelotudo
pero huelo en la fragancia,
que sale en cada estornudo,
que tiene aroma y calidez
y se la respira con tolerancia.

Creo que es de suma importancia
decirla con cierta frecuencia,
al lector se le pide clemencia,
no quiero que se ponga rancia.

Digo cualquier pelotudez
aunque no esté convencido
la escribo muy contundente
y solemnemente la presento.
Digo cualquier pelotudez
-nunca me doy por vencido-
y si me aplaude mucha gente
me quedo con el nuevo asiento.

( Caso contrario, vuelvo al viejo,
que aún sirve aunque esté añejo ).

El viento trae

El viento trae una copla
yo sólo escucho que sopla.

Las nubes no te dejan ver
el sol que brilla sin ser.
La brisa llega y te toca
y a vos eso te pone loca,
no tanto como el malviviente
que te robó hasta un pendiente.
Tu cara me dice contame
un cuento breve, salame,
entonces te cuento el del oro
que se transformó en un anillo
gracias a un alquimista pillo.
Después lo trocó por un toro
a un paisano de confianza.
Cuando el cura pidió la alianza
el hombre dijo: esto es falso,
de acá nadie sale descalzo.
Así, se suspendió aquella boda,
no hubo arroz, perdiz ni soda.
Un niño lloró sin consuelo,
dijeron: dejalo, es su duelo.
Seguro no estaba en la lista,
era el hijo del alquimista
ajusticiado por el campesino
que no toleró ese vil timo.

De viejo contaba una historia
con algo de pena su gloria
había encontrado el tesoro
que en su corazón, vale oro.
Dejó como herencia su alquimia
murió, según dicen, de arritmia.

El viento trae una copla
yo sólo escucho que sopla.

Novedoso

Hugo le había comentado que tenía algo novedoso para mostrarle, que si bien era más viejo que Dios, lo asombraría más que ver su magnífica forma de ocho brazos y diez cabezas. Caminó hasta su casa tras bajar del colectivo. Estaba fatigado pues el viaje había sido largo y no encontró un asiento disponible. Encontró, sí, varios asientos, pero o bien estaban ocupados o bien tenían el cartelito de “reservado”. Y no estaba para transgredir normas de una sociedad pulcra de la cual era todavía parte integrante. Cuando llegó a la casa, tocó el timbre.
De la puerta, inmediatamente, surgió un inmenso triceratops parado en sus patas traseras que le abrió y lo hizo pasar. Los cuernos del triceratops rozaban el cielo raso de la casa, a pesar de ser ésta una construcción antigua de amplias dimensiones. Él se lo quedó mirando, con sorpresa, pero no de la forma que tenía delante sino de que fuera otra figura la que atendiera la puerta y no aquél a quien esperaba encontrar.
-¿A quién buscás? –dijo el no-extinto bicho.
-A Hugo, ¿se encuentra?
-No y no creo que regrese. –respondió el triceratops masticando restos de algo.
-¿Por qué estás tan seguro? Él me pidió que pase hoy.
-Sucede que me lo comí. –aseguró el triceratops cerrando la puerta.
-Ah, qué lástima, ahora me voy a quedar con la espina de lo que me quería mostrar.

El triceratops escupió algunas espinas sobre el parquet.
-A todo esto, ¿vos quién sos? –inquirió él con curiosidad.
-Yo soy yo mismo –dijo el triceratops.
-Está bien, pero me refiero a qué tenés que ver vos con Hugo.
-Nada en particular, él fue mi mentor por algún tiempo hasta que pintó el hambre y no tuve más remedio que devorarlo. A mí que no me vengan con galletitas.

El triceratops emitió un grave gruñido que hizo vibrar las ventanas. Él se sobresaltó. Después, sereno, se sentó en una silla a beber el café que el triceratops le sirvió con gentileza.
-Qué cosa, eh, será el destino… vaya a saber qué me quería mostrar este Hugo.
-Despreocupate, –dijo el triceratops- seguro que era cualquier pavada.

Los comentaristas

Dentro conviven tres comentaristas. Ignoro sus nombres, por eso a uno lo llamo el loco o el noble, a otro el cristo o el buda y al otro ninguno o cualquiera. Ellos conversan y a veces, por la mañana, los escucho. Por momentos es interesante, pero en otros las charlas se tornan densas y no puedo seguir el hilo de las mismas. No los he visto, pero he sentido su presencia y los he escuchado con total nitidez. No es que convivan en mi cerebro, pues esta mañana los he escuchado mientras conversaban en el comedor. Puede ser que sea el único que los escuche o el único que les preste atención, pero eso no quiere decir que ellos no existan. La existencia es conocimiento directo. Tal vez sean menos reales que otros integrantes del hogar, es cierto y no lo niego, pero no dejan de ofrecer entretenimiento tanto como ellos o un programa de tv. Lo que diferencia a los comentaristas de éste último es que ellos saben de mi existencia y éste no, aunque éste la usufructúa y aquellos ni se inmutan por el dinero. Es lo que creo en base a la escucha. Puede que me equivoque y tal vez ninguno esté amarrocando efectivo en algún escondite secreto al resguardo de mí. A los otros no les interesa.
-Comprendo tus sentencias -dice el loco- pero lejos de comprenderlas deberías dejar de enunciarlas como sentencias para que quien se acerque con sus sentencias pueda dejar de comprender sus enunciados.
-La noche no es misteriosa sino que un misterio es la noche. -sentencia el buda.
-Anoche hablaba de sus lectores españoles y deliberaba acerca de si sus escritos tendrían algún tipo de llegada en ellos. -afirma ninguno. Por expresiones de este tipo sabía, de antes, que ellos conocían algunos de mis pensamientos, sólo cuando éstos salían fuera como expresión en palabras. Los comentaristas no viven en mis pensamientos, eso es claro.
-Si la lectura se estanca en el nivel de la palabra, la lectura se convierte en hábito. -dice el cristo- El hábito se torna maquinal, la máquina sustituye lo vital, la vida sucumbe en lo trivial.
-Sí, pero hacéselo entender a un androide… -comenta el noble.
-Escribir también suele ser maquinal. La máquina reproduce sus registros, un tanto modificados. -agrega el buda.
-De España nos han llegado textos maravillosos: de Lope de Vega, de Quevedo, de Calderón… -dice cualquiera.
-Esos escritos difícilmente conmuevan en la época actual. -dice el loco- Se podrán estudiar y replicar de manera exitosa, pero el artista está en constante renovación. Incluso sus bases se mueven cuando se encuentra con una obra viva.
-Tal aseveración te la dije ayer, un tanto modificada. -dice el cristo.
-Si, pero a tu frialdad de expresión le doy el toque de dramatismo que tales aseveraciones merecen al ser vocalizadas. -comenta el loco enfático.

Por momentos escucho algunos movimientos, además de su conversación. El domingo abrí la heladera buscando un queso pategrás y no lo encontré. Interrogué a los integrantes del hogar y nadie reconoció haberlo ingerido, por lo que concluí que había sido alguno de los comentaristas. Pienso que ninguno se lo comió.

-Recuerdo una obra de teatro, que hablaba de un tema que ha surgido nuevamente en la escena actual, hablaba de algo así como socializar la verdad. -habla el noble- Al principio conversaban dos personajes de temas en apariencia profundos de la existencia. Relatividad, comunicación, el ser y otros. A medida que la obra avanza, van desfilando otros personajes que se suman a la charla y la temática de la conversación se va degradando.
-Sí, la he visto. -afirma cualquiera entre risas- Al final proponen cantar “una que sepamos todos”.
-Y finalmente cantan a coro el payaso Plin-plin. -concluye el loco.

-El arte se dirige al artista, aunque el consumidor de arte no se considere como tal. -sentencia el buda.
-¿El arte sublime? -inquiere el loco- ¿Habrá quién podrá considerarlo de tal modo?
-Siempre, el artista. -comenta el cristo en voz baja.
-De todos modos, lo artístico es con el tiempo más marginal. -dice cualquiera.
-En otros tiempos también lo fue. Habría que ver cómo entiendes lo marginal. Alguna política es marginal desde el punto de vista que está separada de las necesidades básicas de la gente. Así y todo, hasta se la elige para gobernar. -estima el noble.
-Creo que despertó. -dice el buda.

El silencio me hace pensar que los comentaristas se han ido. Me quedo quieto en la cama para escuchar si continúan hablando. Sólo se oye algún vehículo afuera. Todavía es temprano y el sol apenas comienza a asomar a través de un ventiluz en la cocina. Luego, los vuelvo a oír.
-Por no madrugar, muchos siquiera temprano amanecen. -afirma el loco.
-Es la hora de los enunciados. ¿Tenés otro? -pregunta cualquiera.
-Por no amanecer temprano a muchos los madrugan. -dice el noble.
-¡Ese es el mismo! -ninguno exclama.
-Es obvio que no. -dice el loco severo.
-No hay enunciados que hoy día confirmen lo que sentencian si no hay quién los comprenda. ¿De qué sirve aseverar que todo está en tu mente si tu mente sigue buscando fuera de sí? -pregunta el buda.
-El asunto deriva en la mística del universo, la horma de la existencia. -comenta el loco.
-No pasa tanto por ahí, sino en cómo se manifiesta en la práctica. -dice cualquiera.
-Dividirla en práctica y teórica sólo es una técnica de la práctica. -retruca el loco- Para reducirla a su mínima expresión y acotarla.

Oigo que se abre la puerta de la habitación de servicio y luego, a Irma, la empleada doméstica, dirigirse al baño.

-Lo artístico no se interesa tanto en generalidades, aunque generalmente tienda a difundirse ese tipo de expresiones artísticas. -dice el loco- La sensibilidad, en la escucha, la lectura, la visión, se adormece y sólo se busca así repetición alterada.
-O muere. -agrega parco el cristo.
-¿Con qué intención? -pregunta cualquiera.
-No lo sé. -dice el noble.
-La expresión también puede evocar estados de ánimo u opiniones que debaten entre sí y no dejar de ser artístico. La obra puede estar dirigida a sí misma o no estar dirigida al artista siquiera, lo cual vendría a ser lo mismo. -dice cualquiera con solemnidad.
-Si fuera lo mismo no haría falta expresarlo de otro modo. -asevera el loco- Eso se presta a confusión.
-¿Dónde está la confusión? En tu mente. -ninguno aclara.

Irma sale del baño y se dirige al comedor a preparar el desayuno. Oigo al insecticida salir del aerosol, a pesar de que le hemos dicho a Irma que no lo arroje previo al desayuno, y después sólo se escuchan sonidos de utensilios, tazas, pava y demás. Es hora de poner los pies sobre la tierra, como cada mañana después de escucharlos.

A veces pienso que los comentaristas son unas cuantas moscas.

Te destapa

Ahora que la felicidad
se embotella cada día
y donde la libertad
es comprar hasta el Suquía,
ya se puede celebrar
( aunque esté vacío el vaso )
ocultá bien tu pesar
( aunque ese no sea el caso )
que se te puede tildar
cuando se acerque el ocaso
de evitar acaparar
y de haber perdido el paso
a ese ritmo mercantil
de la urbe que te acoge
y de ya no ser servil
al esquema de tributo,
relajá la billetera
y comprate lo que quieras
si querés felicidad
o un muñequito de Pluto.

Un día no como hoy

Un día como hoy pero de otro año y probablemente distinto mes, es decir, no hoy, pasaban cosas –dícese- en diferentes puntos del espacio. Algunas similares a las que ocurren un día como hoy, pero en distintas ubicaciones espaciales de las cuales no hemos tomado nota.

Por ejemplo, un 23 de marzo de 1986, que debe haber sido el único 23 de marzo de 1986 en el calendario -estimamos-, fallecía probablemente algún pintor. Ese mismo día no como hoy, algún 15 de agosto, nacía posiblemente un estadista.

Un día como hoy, de un año por venir, tendrán varias novedades quienes estén allí presentes.

El mismo día, pero registrado en un tiempo pretérito, creemos siglos atrás en la historia, mes de mayo, no eran tantas ni había demasiados modos de difundirlas.

Otro día, no como hoy, sino como no hoy, era distinto, pero la temperatura, el viento y la humedad, eran como las de hoy.

Y un día exactamente como hoy hay quien afirmaba que ya era parte del ayer.

Pero ayer me indigesté, por eso hoy no como.