Los comentaristas

Dentro conviven tres comentaristas. Ignoro sus nombres, por eso a uno lo llamo el loco o el noble, a otro el cristo o el buda y al otro ninguno o cualquiera. Ellos conversan y a veces, por la mañana, los escucho. Por momentos es interesante, pero en otros las charlas se tornan densas y no puedo seguir el hilo de las mismas. No los he visto, pero he sentido su presencia y los he escuchado con total nitidez. No es que convivan en mi cerebro, pues esta mañana los he escuchado mientras conversaban en el comedor. Puede ser que sea el único que los escuche o el único que les preste atención, pero eso no quiere decir que ellos no existan. La existencia es conocimiento directo. Tal vez sean menos reales que otros integrantes del hogar, es cierto y no lo niego, pero no dejan de ofrecer entretenimiento tanto como ellos o un programa de tv. Lo que diferencia a los comentaristas de éste último es que ellos saben de mi existencia y éste no, aunque éste la usufructúa y aquellos ni se inmutan por el dinero. Es lo que creo en base a la escucha. Puede que me equivoque y tal vez ninguno esté amarrocando efectivo en algún escondite secreto al resguardo de mí. A los otros no les interesa.
-Comprendo tus sentencias -dice el loco- pero lejos de comprenderlas deberías dejar de enunciarlas como sentencias para que quien se acerque con sus sentencias pueda dejar de comprender sus enunciados.
-La noche no es misteriosa sino que un misterio es la noche. -sentencia el buda.
-Anoche hablaba de sus lectores españoles y deliberaba acerca de si sus escritos tendrían algún tipo de llegada en ellos. -afirma ninguno. Por expresiones de este tipo sabía, de antes, que ellos conocían algunos de mis pensamientos, sólo cuando éstos salían fuera como expresión en palabras. Los comentaristas no viven en mis pensamientos, eso es claro.
-Si la lectura se estanca en el nivel de la palabra, la lectura se convierte en hábito. -dice el cristo- El hábito se torna maquinal, la máquina sustituye lo vital, la vida sucumbe en lo trivial.
-Sí, pero hacéselo entender a un androide… -comenta el noble.
-Escribir también suele ser maquinal. La máquina reproduce sus registros, un tanto modificados. -agrega el buda.
-De España nos han llegado textos maravillosos: de Lope de Vega, de Quevedo, de Calderón… -dice cualquiera.
-Esos escritos difícilmente conmuevan en la época actual. -dice el loco- Se podrán estudiar y replicar de manera exitosa, pero el artista está en constante renovación. Incluso sus bases se mueven cuando se encuentra con una obra viva.
-Tal aseveración te la dije ayer, un tanto modificada. -dice el cristo.
-Si, pero a tu frialdad de expresión le doy el toque de dramatismo que tales aseveraciones merecen al ser vocalizadas. -comenta el loco enfático.

Por momentos escucho algunos movimientos, además de su conversación. El domingo abrí la heladera buscando un queso pategrás y no lo encontré. Interrogué a los integrantes del hogar y nadie reconoció haberlo ingerido, por lo que concluí que había sido alguno de los comentaristas. Pienso que ninguno se lo comió.

-Recuerdo una obra de teatro, que hablaba de un tema que ha surgido nuevamente en la escena actual, hablaba de algo así como socializar la verdad. -habla el noble- Al principio conversaban dos personajes de temas en apariencia profundos de la existencia. Relatividad, comunicación, el ser y otros. A medida que la obra avanza, van desfilando otros personajes que se suman a la charla y la temática de la conversación se va degradando.
-Sí, la he visto. -afirma cualquiera entre risas- Al final proponen cantar “una que sepamos todos”.
-Y finalmente cantan a coro el payaso Plin-plin. -concluye el loco.

-El arte se dirige al artista, aunque el consumidor de arte no se considere como tal. -sentencia el buda.
-¿El arte sublime? -inquiere el loco- ¿Habrá quién podrá considerarlo de tal modo?
-Siempre, el artista. -comenta el cristo en voz baja.
-De todos modos, lo artístico es con el tiempo más marginal. -dice cualquiera.
-En otros tiempos también lo fue. Habría que ver cómo entiendes lo marginal. Alguna política es marginal desde el punto de vista que está separada de las necesidades básicas de la gente. Así y todo, hasta se la elige para gobernar. -estima el noble.
-Creo que despertó. -dice el buda.

El silencio me hace pensar que los comentaristas se han ido. Me quedo quieto en la cama para escuchar si continúan hablando. Sólo se oye algún vehículo afuera. Todavía es temprano y el sol apenas comienza a asomar a través de un ventiluz en la cocina. Luego, los vuelvo a oír.
-Por no madrugar, muchos siquiera temprano amanecen. -afirma el loco.
-Es la hora de los enunciados. ¿Tenés otro? -pregunta cualquiera.
-Por no amanecer temprano a muchos los madrugan. -dice el noble.
-¡Ese es el mismo! -ninguno exclama.
-Es obvio que no. -dice el loco severo.
-No hay enunciados que hoy día confirmen lo que sentencian si no hay quién los comprenda. ¿De qué sirve aseverar que todo está en tu mente si tu mente sigue buscando fuera de sí? -pregunta el buda.
-El asunto deriva en la mística del universo, la horma de la existencia. -comenta el loco.
-No pasa tanto por ahí, sino en cómo se manifiesta en la práctica. -dice cualquiera.
-Dividirla en práctica y teórica sólo es una técnica de la práctica. -retruca el loco- Para reducirla a su mínima expresión y acotarla.

Oigo que se abre la puerta de la habitación de servicio y luego, a Irma, la empleada doméstica, dirigirse al baño.

-Lo artístico no se interesa tanto en generalidades, aunque generalmente tienda a difundirse ese tipo de expresiones artísticas. -dice el loco- La sensibilidad, en la escucha, la lectura, la visión, se adormece y sólo se busca así repetición alterada.
-O muere. -agrega parco el cristo.
-¿Con qué intención? -pregunta cualquiera.
-No lo sé. -dice el noble.
-La expresión también puede evocar estados de ánimo u opiniones que debaten entre sí y no dejar de ser artístico. La obra puede estar dirigida a sí misma o no estar dirigida al artista siquiera, lo cual vendría a ser lo mismo. -dice cualquiera con solemnidad.
-Si fuera lo mismo no haría falta expresarlo de otro modo. -asevera el loco- Eso se presta a confusión.
-¿Dónde está la confusión? En tu mente. -ninguno aclara.

Irma sale del baño y se dirige al comedor a preparar el desayuno. Oigo al insecticida salir del aerosol, a pesar de que le hemos dicho a Irma que no lo arroje previo al desayuno, y después sólo se escuchan sonidos de utensilios, tazas, pava y demás. Es hora de poner los pies sobre la tierra, como cada mañana después de escucharlos.

A veces pienso que los comentaristas son unas cuantas moscas.

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