Viene un canelón caminando y te dice: Hola, ¿Verdura? No, alelí con arroz, le respondés bajando la voz. No te escucho, dice el bocado, y vos das media vuelta y así te limpiás la nariz, por si sale un loco. ¡Colorado 23! Grita el saltimbanqui cubierto de crema de leche, ensartado con algún cubierto. No es cierto, me parece, le replicás vos, y ahí termina la escena.

La película termina con un final conmovedor, pero vos estás distraída, pensando en otra cosa, y no lo ves. Todos aplauden de pie, llorando de estupefacción, pidiendo “una más” al unísono, excepto el morrón envuelto que se quedó sin vos.

Ayer ibas a venir, y viniste, cuando te ibas. Como vino, no hay iva, ni ibas, al final no viniste y ese fue el principio.

Entonces, sonaba una melodía armoniosa en tus pensamientos, no tenía estrofas, ni poema alguno. Ahí pensaste: es de Neptuno. Aquella noche, recomenzó. La hoja en blanco, escribiste vos: Gracias por tanto, mi loco hermoso. Eternamente, teneme al tanto…

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