Fascinación

*Ante palabras de la licenciada Macarena Drimq.

Para todo lo que se le ocurría había una palabra adecuada que se adaptaba a la situación. Ni que hablar de calificativos que los conocía y empleaba en abundancia y locuazmente. Uno de los que más admiraba pero omitía pronunciar era pelotudo, con la entonación explicitada y exacerbada en grabaciones telefónicas del Dr. Tangalanga. Claro que en otros países del mismo idioma pero diferente contexto cultural ese término les era desconocido o de nula utilidad, aún incluso el mismo facultativo del humor y hasta inclusive el humor les resultaba inverosímil. ¿Cómo podía un agravio propiciar una sensación de calidez? Salvo en el caso de que el agraviado sea uno mismo, claro está. Ella creía que necesitaba un amplio vocabulario para que lo que tenía para decir llegue a un mayor número de gente. En pocas palabras, quería popularidad abarcando un número casi infinito de palabras. Como contrapartida, ese anhelo se truncó felizmente para ella cuando cayó en la cuenta que, para acaparar la atención de las masas, debía expresar de modo complejo algo o nada ( para el caso es lo mismo ) con palabras comúnmente explotadas. A sus discursos, muchas personas de diferentes estratos asistían a medida que se fue corriendo la bola de que había alguien que los comprendía y podían, de ese modo, encontrar la solución a sus problemas. El problema es que muchos creían ingenuamente que para diferentes problemas había una única solución y pensaban, así, que con un algoritmo que pudieran aprehender tendrían una vida diferente. Diferente a la que habían conocido. Y, de hecho, esto fue lo que hicieron muchos de ellos tras recibir el impacto de las palabras ( ni pocas, ni muchas, efectivas ) en cada discurso al que asistían. No sólo eso, sino que recomendaban a todos sus parientes, amigos y vecinos a que concurran a verla a las salas de conferencia. Porque acontecía que la veían y se convencían con eso. Aquello de escuchar estaba sólo reservado a unos pocos menos afortunados que, en su afán de que algo externo los guíe en una búsqueda netamente interior, seguían esperando carrozas que no iban a pasar frente a sus narices. Y entonces, sus discursos se tenían que hacer en lugares aptos para recibir cada vez a más cantidad de hombres, mujeres, niños y ancianos en pos de presenciar aquello. Allí, en uno de ellos, pudo apreciar que había logrado lo que alguna vez imaginó cuando los espectadores terminaban aplaudiéndola de pie. Aquí les presentamos el extracto de uno de sus más aclamados discursos.

“Lo importante es alcanzar tus sueños, para que al llegar a ellos surjan nuevos sueños que nos permitan, al alcanzarlos, tener frescos sueños que nos brinden la posibilidad de, al lograrlos, contar con sueños que con su cumplimiento nos invadan nuevos sueños que borren los surcos de los viejos con su cometido y llegue así a nosotros una oleada fresca de sueños que, tras su verificación nos permita decir que nada ha sido en vano pues tendremos, seguramente, tras ello nuevos y beatíficos sueños que seguramente se realizarán, dejando de lado toda posibilidad de truncarse, pues habremos dedicado nuestras energías en venerables sueños que nos llevarán a un estado del que podamos prescindir de otros sueños que no nos interesan, ni tampoco nos interesará otra realidad que no sea el cumplimiento y la evocación de nuestros entrañables sueños, que son nuestro verdadero tesoro”.

Anuncios

Comente ad honorem

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s