Me gusta, el virus

El virus había infectado a Sixto sin que él siquiera lo supiera ( me gusta ). Creía de buena fe que su conducta era “normal”, sin embargo todo su comportamiento lo dominaba el virus ( no me gusta ). Las sospechas de que había algo anómalo que no era inherente a él comenzaron cuando no supo dictaminar su agrado o desagrado por una situación que se le presentó ( ehhh…  me gusta). Ante sus ojos tuvo una breve pero lúcida visión: se le presentó Napoleón y le firmó un autógrafo ( no me gusta ). Sixto le comentó que estaba fascinado con su historia pero el general lo ignoró olímpicamente y le dijo que guardara sus elogios para quien los mereciera ( me gusta ). De esa manera, la visión se disipó y Sixto quedó evocándola durante algunos meses, considerando entre sus concepciones qué era la realidad al fin de cuentas ( me gusta ). Entre sus pensamientos, danzaron historias de otros generales de diversos lugares, pero nada comparable a la visión de Bonaparte ( no me gusta ). Recordó a Perón y su exilio, San Martín y su danza árabe, General Hacha y su siesta dominical ( me gusta ). Luego, decidió consultar a un especialista que determinara si su acepción de la vida se correspondía con el estado natural de ser o era un indicio de la culturización tecnológica de los últimos siglos ( me gusta ). Pero no lo encontró ( no me gusta ), al especialista ( me gusta). Entonces se dispuso a estudiar el asunto por su cuenta, valiéndose de todos los recursos con los que podía contar para dar en el clavo ( me gusta ). Tardó diez años ( no me gusta ) en comprender, pero a pesar de ello no llegó a una conclusión contundente ( me gusta ). Sixto sólo sabía que lo había arrastrado una corriente como cualquier moda, pero él ya no podía dejar de fluir sin que su dedo se levantara en señal de agrado o reprobación de cualquier asunto que se le presentara ante sí ( me gusta ). Un científico le dijo que lo suyo, aunque era banal, se había propagado como un virus de computadoras en el pensamiento universal ( no me gusta ) pero que tenía un remedio definitivo y lógico ( me gusta ). La muerte ( no me gusta ). Cuando Sixto llegó a la vejez, poco antes de su muerte, tenía en su haber un saldo positivo de agrados ( me gusta ) equivalente a la distancia que separa a Plutón de la Estación Espacial Gustavo Alegre ( no me gusta ). Y con ello, murió feliz ( me gusta). En su lápida hay una leyenda que reza: En lugar de flores, dejame un “me gusta”.

Anuncios

3 comentarios en “Me gusta, el virus

Comente ad honorem

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s