Bajo el sol

Todo es nuevo bajo el sol. Cualquier cosa se puede mostrar, diciendo, miren acá, esto es nuevo, aunque el material del que esté hecho ya es en los siglos que nos han precedido. El hombre que busca los repuestos para su motor tiene manchas de grasa nuevas. La señora con el changuito que hace las compras lleva un limón nuevo. La joven que pasa con los libros bajo el brazo viste un suéter nuevo. El ave que canta en pleno vuelo realiza un canto fresco, nuevo. La brisa trayendo aire limpio es la novedad del día.

Cualquier cosa aprovecha el hombre para colmar su corazón este día. Aún sabiendo que su quehacer no será eterno, él se entrega voluntariamente a la cotidianeidad de lo nuevo. Yo no voy a dar mi corazón a inquirir ni buscar con sabiduría todo lo que se hace bajo el cielo; ese penoso trabajo que dio Dios a los hombres, pero que se ocupe él. No voy a andar mirando todas las cosas que se hacen bajo el sol, para luego decir: miren aquí, todo es vanidad y aflicción para el espíritu. No. No voy a dedicar mi corazón a conocer la sabiduría, ni tampoco a entender las locuras y los desvaríos, para saber después que también esto es aflicción para el espíritu. A mayor conocimiento, mayor dolor, parecería ser el lema de todo filósofo que no ha llegado a comprender, por eso lo repito como un papagayo.

Yo no le diría a mi corazón que lo probaría con alegrías, para que goce de distintos bienes, porque sé que él me mandaría al demonio. La risa me dijo: me haces llorar, y el placer me dijo: che, qué bueno que está esto. Iba a llenar mi estómago de vino y otros deliciosos licores, pero mi corazón dijo: ¡shhh! no hagas ruido que estoy durmiendo. Entonces imaginé que agrandaba mi obra, que edificaba casas, que plantaba viñas, me hice huertos y jardines para plantar en ellos árboles frutales, muchas cosas más realicé, incluso guardé montones de plata y oro para que cuando no pueda hacer cosas algún otro las haga por mí. Y miré todo lo que habían hecho por mí, y les dije: che, esto también me aflige el espíritu, ¿no lo habrán hecho debajo del sol? Entonces me avivé, pensando que lo mismo que le pasa al tonto le pasa al sabio, por lo que ¿Para qué voy a trabajar para hacerme más sabio? No hay que ser tan pelotudo. Además, del sabio y del tonto todos se han de olvidar en los días venideros, y es más, por muy sabio que seas también te alcanza la muerte. Después de pensar esto dije: pucha, tan tonto no soy. Entonces vi la vida con otros ojos y agradecí este milagro que significa estar vivo por ahí. Agradecí el trabajo que había hecho bajo el sol, el cual a mi muerte otros lo habrán de tomar para sí. Entonces, otra vez, mi corazón se llenó de alegría por todo el trabajo hecho aunque no distinguía si sería al tonto o al sabio en quienes caería la obra que había realizado. Porque a pesar de los dolores que dan los días y de las molestias que da el trabajo, el corazón así reposa colmado de satisfacción. Hay algo mejor que buscar la alegría en cosas como comer, beber o hurgarse el ombligo, que es alegrar el alma del hombre. Por eso, se puede decir que Dios le da sabiduría y conocimiento al hombre que le agrada, pero al que le cae mal por lo que fuera lo tienta a juntar montones de cosas para matarlo de tanto acumular. De guacho nomás.

Estoy sospechando de que también esto es vanidad, ¿o será que no hay nada nuevo bajo el sol? Cuando sea el tiempo de hacerlo lo estudio adecuadamente.

Anuncios

Comente ad honorem

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s