Presente

En pocas palabras lo dijo
en su corazón quedó fijo:
de amar surgió la existencia
en el mar se funde tu presencia.

Ella quedóse dudando
entre pensamientos volando,
de a poco se ha ido alejando
sus cosas ha ido olvidando.

presente

¿El mar ha tragado tu sombra?
¿Cómo es que la vida te nombra,
reclama otra vez tu presencia
y tú sólo obsequias tu ausencia?

A veces la historia desgarra,
tu alma soltó las amarras,
el fin sólo ha sido el principio
de ti sólo vemos el ripio
como un jazmín se marchita
sin agua ni sol, no palpita,
coronada de flores te irás.
Se cruzó en el camino la paz.

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La noche oscura del alma está estrellada

Puedo escribir los versos más tristes ésta noche
escribir por ejemplo: “la noche está estrellada
y tiritan, azules, los astros a lo lejos”,
pero en vez de escribir toda esa paparruchada
que nadie comprenderá, me tomaré un buen fernet
y esperaré con paciencia, sonriente y feliz
que todo se vaya de a poco a la mierda.
Y veré mi cadáver pasar por la esquina
entre el llanto amoroso y la risa vecina
que recordará con ternura mi gracia feroz
cuando lleve el cajón con flores el coche
a despedir con alegría y sin rencores
a saludar a queridas y viejos amores,
que los muertos caminen es un artilugio
pero occiso que hable es un privilegio
de la dicha divina que toca al vivirla
pues la muerte es una sola y hay que morirla.

Estolidez

 

 

 

 

Una buena conexión inalámbrica
te permite ver películas cómicas
percibir sobre todo en ficciones
que lo real no vive en las canciones.

Si bajas más de un yiga en video
(no es lo mismo lo miro o lo leo)
escondelo en la rigidez de tu disco.
Lo mirás en tres de y quedás bizco.

El vecino tiene otra banda ancha
él navega, además, en su lancha,
internet está lleno de gente
que cree que navega su mente.

De palabras surgieron opiniones
sólo dicen, sugieren, renglones
simbolizan espacios en blanco
manchados, como aquél, era manco.

Lo que se ha dicho en un momento
no difiere de cualquier evento
donde hablen, comenten, opinen,
manifiesten vivencias, dirimen.

Considerémoslo brevemente:
que se diga no es lo que siente,
sólo emergen palabras al viento
el amor no es sólo sentimiento.

Si leés un día que ya se dijo
preferible usá teléfono fijo
para hacer tu llamado seguido
el cerebro estará agradecido.

Cualquier cosa que surja de impronta
el cede en linux no se te monta.
Qué tonto es haberme creído
que estas líneas tenían sentido.

Lo perdí y me quedé sin consuelo
alguien dijo éste será otro lelo.
Desconoce que mi coeficiente
desconfía de un tipo indecente.

Quien confía en su intelecto
no sabe que será abyecto
cuando quiera llegar a la cima
y cayendo encontrará la rima.

Llevá un tele derechito a Marte
para que al volver demos parte
de que allí encontramos la evidencia
que en planetas así hay inteligencia.

Las palabras son como diamantes,
canciones eran las de antes,
decime dónde quedó la sapiencia,
explicame, te tengo paciencia.

Quimeras

La mente sólo trata con la materia,

Veloz, intransigente, no descansa

Ni siquiera al despertar en sueños

Viaja por laberintos imaginarios

A situaciones de índole verosímil,

Por ello también se arrastra

Buscando grietas en toda tierra

Entre los rostros de su apariencia,

Que cae rendida cuando en quimeras

Se desentraña de tal su cerrazón

Y en la apertura y la redención

Se propicia el vuelo del espíritu

Que ve en la mente su fiel reflejo

Y ahora es vívida cada estación

Cada persona, cada alma en pena

Está atrapada en una ilusión

Y no da cuenta de sus cadenas

Que la han forjado cual bestia

A andar a tientas en la oscuridad

Y con el rostro desvencijado

Sonriente así bien iluminado

Por la pantalla del celular

O un cigarrillo a la medianoche

Con el mensaje que no va a llegar

Su espera recia ya no le fascina

Y así le hable hasta el Universo

Su desatino no va a escuchar.

Quizá perdido en una entrepierna

Será su grito tan visceral

Que una mañana frente al espejo

Un rostro amorfo sin vertical

Calará onda su verbigracia

Y una afeitada claudicará

Detrás de arrugas y seriedad

Donde la gracia de la retina

Sufre impresiones del más acá

Y ve en la muerte bella mujer

Que lo seduce su escote en ve

Su curvatura, sus largas piernas

Y esa dulzura tiene al hablar:

Acompáñame, no vamos a nadar

ni a ganar, tampoco a perder

No es el inicio, no es el fin;

Sígueme, o te vas a decepcionar.

Ya sin opciones para volar

Y rezagado en su corazón

No hay más asado sobre el tablón

Los displaceres que degustó

Son como hormigas en el sillón

Donde reposa en su porfía

No queda ají ni puta parió

El sabor de la boca y un beso

Que tras rozarlo lo despidió.

1984

La policía del pensamiento
Te busca, te persigue
Te quiere dar escarmiento
No creas que por distinto
Tan sólo es porque pensás
Y es ofender la consigna
De sonreír ya sin más
De ver lados positivos.
Te busca la policía
Y dicen que te investiga
Quieren saber si pensás
Porque eso pasó al olvido
Desde la televisión
Alguno podrás engañar
Pero te van a encontrar
Porque andás diciendo cosas
En contra del capital
Sos difícil de sobornar.
La policía del pensamiento
Tiene agentes hasta en tu casa
Algunos disimulados
Y otros bien declarados
Quieren saber si pensás
Qué cosa no es importante
Flagrante es ya si pensás
Esperan oírte opinar
Para ver si criticás.
La gente es muy susceptible
A la opinión general
Se ampara en el dicho de otro
Temiendo ser descubierto
Por eso todos opinan igual
Dicen que el miedo no es sonso
Y el juicio será similar
Ninguno podrá zafar
Ni lo podrán acallar
Al pensamiento general
Qué nadie supo pensar.
Se te permite decir
Frases que al parecer
Alguno una vez pensó
Mas no se te ocurra creer
Qué sos libre de pensar.
La policía te busca
Dicen que en algo andás
Por eso te van acusar
De lo turbio que vivís
Qué ahora no sos normal
La norma no fue pensar
Tan sólo catalogar
A cada uno en el bar
Y eso no está tan mal
No me vengas a decir
Qué al menos no te aburrís.
La policía del pensamiento
Te pone celda mental
Y de ahí no salís más,
En dicotomías quedás
En las que te vas a embolar
Pero como todo parece
De rítmica similar
Seguro ni cuenta te das
Y si despertás algún día
Te corre la policía.
Además debo decir
Qué todo ya fue pensado
Para que vos puedas comprar
Algún pensamiento embalado.
No te atrevas a pensar
Pues te voy a denunciar.

Jeremías

– Mañana me voy a visitar a tu madre. Le voy a contar de los ríos de color verde, de las aguas vivas del mar oleado, de las arenas y sus costas, del perfume de la espuma y las gaviotas. Le hablaré de algunas nubes, de la paz, de tu mirar y el Sol, un poco de la Luna y de ti. También, hablaré de la vida y las estrellas, un pino, los bosques extintos. Tomaremos un tinto. Reiremos. Viviremos. Le hablaré de la flor de tu jardín, de mi jazmín, le hablaré un poco de sí, de ti, nuevamente, y de mí. Le dejaré dos días después. Ese día, marcharé en rumbo a una playa cálida, del sur patagónico. Inexistente. Allí, le cantaré a quien me oiga, un canto al viento, fugaz. Un soplar solapado, sagaz. Una vibración susurrante, veloz. Y quien lo oiga, en nada se convertirá. Y será. Será vida, y nada, será. De allí, me marcharé hacia el oeste. Visitaré las catacumbas de la tribu Suruí. Me cantarán, me alabarán. Y beberemos, hasta que llegue el día. Y el día será… y todo colmará. Cuando la noche caiga, zarparé. Tomaré el primer buque hundido, misión: adentrarme en lo desconocido. En el que conoceré piratas, loros, tenientes, corvinas y marineras… quizá algunas tostadas de pan salvado. Sin mar, navegaré. Surcaré los pensamientos del humanoide cleptómano, y le recitaré un verso: “Aflojad la mano, dejad el afano. Sabed, es vano. Oíd, hermano”. Y volaré. Bajaré el primer avión que cruzará mi visión. Le detendré y contrataré a la más bella piloto de todos los tiempos habidos y por haber. Y por saber, le pediré: “Mostradme las maravillas de vuestra vida. Quiero ver la tierra con vuestros ojos. Prestádmelos”. Y recorreré los cielos, las nubes, el viento… sin asiento. Y caeré en picada. Justo al abrirse mi paracaídas, gritaré: “¡¡Yo soy Jeremías!!”. Pero nadie lo oirá. Nada será. Y nadaré. En piscinas repletas de bicicletas, algunas sin chavetas. Y un salvavidas hecho pelota, me rescatará. Iré a cataratas. Le operarán. Y allí, todo caerá…

Luego de un suspiro, Jeremías levantó su mirada, volvió a soplar, y con voz tosca, seca, agitó su garganta, y me dijo: -Te entiendo. Anoche comí lentejas y me cayeron densas.

Dos miradas

Observas el vuelo de un ave
de pronto vibra tu nave
parece que llega un mensaje
te invitan a realizar un viaje
vos decís que es suficiente
el divagar de la mente.
Se te cruza una pantalla
que muestra una diva en la playa
imágenes muy pintorescas
y de la calle unas grescas.
A vos no te mueve ni un pelo
el amor posesivo da celos
irradia el entorno de luces
la gente se aferra a las cruces,
olvida que allí en lo profundo
se halla un secreto rotundo
obsesionada por la videncia
de alguna nueva tendencia
llegó el último aparato
lo distraerá un buen rato,
después otra vez a lo mismo
del pensamiento un abismo.

Observas a un avión volando
una paloma viene bajando
trae en la pata un mensaje
que dice que viene de viaje
vos decís qué intrascendente
en qué se ocupa la mente.
Rápido, te calzás la malla
y vas directo a la playa
la gente muy pintoresca
todo es paz, ninguna gresca.
Después te secás el pelo
la dama se cubre con velos
el sol y la luna dan luces
tal vez un día las cruces
recordándonos lo rotundo
de un pensamiento profundo
de quien tuvo la videncia
no lo arrastró la tendencia,
ni era cualquier aparato
pero ha pasado un mal rato.
Y todo, escapar del abismo
el centro eres vos mismo.

La deuda


Te pido que me canceles
aquello que bien me debes.
Ya sé que tal vez no es mucho
ni alcance pa´comprar puchos.

Espero que hoy recuerdes
que un día te lo presté,
por eso ahora devolvé
los pesos que te acerqué.

Si no querés que te mande
matones para el ablande
andá juntando la plata
vendé, no sé, a tu gata.

Ya sé, me dirás, es poco,
tampoco te vuelvas loco,
vos reintegrame la guita
quizá te la cobre con quita.

No te quedes con la espina
ni la gastes en la cantina,
la plata no es de tus minas,
devolvé que esto es Argentina.

Si no querés llegar a algún juicio
tampoco me saques de quicio,
no quieras pasarte de vivo
devolvé nomás mi efectivo.

No olvides que a mi fortuna
le faltan algunos pesos
que presté una noche de luna
mientras compartía quesos.

Que sepas que con esmero,
también, dirás, con dinero
uno acumula riqueza
y no es sólo por destreza.

No olvides que a mi tesoro
lo forman también billetes,
monedas, lingotes de oro,
y deudas con señoretes.

Lo cobro siempre que pueda
lo mío nadie se queda,
ni veinte pesos le ceda
ni así sea una moneda.

Por fin te voy recordando
que me venís adeudando:
dos pesos me estás debiendo,
por hoy basta. Devolviendo.

A escritores


¡Ah! ¡Escritores!
Que insistís en decir
cuando no jay lectores
por vender un dólar
cargado de tintas
que naide comprende
tan sólo otros escritores.
¡Ah! ¡Escritores!
leed tú que entiendes
que sueñas volar
y no sólo viajar
sentado en asiento
y llamad a eso vuelo
por surcar el cielo
la turbina altiva.
¡Ah! ¡Escritores!
leed tú que buscas
el encuentro entre letras
palabras que dicen cosas
y frases de mamotretas
que embelesan rosas
y en su firma desluzcan.
¡Ah! ¡Escritores!
de conciencia extensa
y amplio vocabulario
penetrad con su voz
los surcos cerebrales
de todo el parvulario
que con túnica tersa
vendrá con su hoz
a buscaros legendario
para ser inmortales.
¡Ah! ¡Escritores!
No caed en la crueldad
de la sociedad indolente
levantad bien la frente
y decid en voz alta:
leed mis escritos
de paz y de humanidad
en honor a la verdad
a lo bello a lo tierno
a lo simple a lo grato
y pasad un buen rato
al olvidar vuestro infierno.
¡Ah! ¡Escritores!
Cuando haigan lectores
sus textos serán amores.
¡Ah! ¡Escritores!
Que en la gracia divina
su palabra será vitrina
en lo sideral vencedores.
¡Ah! ¡Escritores!
Despojad de sus temores
su insania, sus dolores
y olvidad los sinsabores
de escribir sin colores.
¡Ah! ¡Escritores!
Sin prestigio de antaño
que os salís del rebaño
del montón de escritores
que se jactan vendedores
de mercancías y logros
de pensamientos magros.
¡Ah! ¡Escritores!
Viviréis los honores
de dignidad incipiente
al afrontar irreverente
el desierto lector
que amalgama sector
de cultura y valores.
¡Ah! ¡Escritores!
numérologos obsecuentes
le dirán consecuentes
que su obra literaria
deberá ser mercenaria
de ideología pueril
en seriedad infantil
por numerosos errores.
¡Ah! ¡Escritores!
Que amáis la verdad
la bondad y la dicha
tarde caerá la ficha
de la oscura sociedad.
¡Ah! ¡Escritores!
No busquéis los elogios
su gloria correrá suerte
y en las almas vestigios
de su pureza lírica
quedará como empírica
cuando llegue la muerte
colmará en lo festivo
si el escrito está vivo.
¡Ah! ¡Escritores!
Elevad su tormento
escribid sin lamento
no caigáis en la lucha
y en tono imperativo
decid fuerte: la pucha
que vale la pena estar vivo.
¡Ah! ¡Escritores!
Que empeñáis su falacia
y así perdéis la gracia
rectificad el camino
que no es magro destino
del que escribe sincero
arte imperecedero.
¡Ah! Escritores…

Íntimo

Diariamente hay una mosca que revuela en mi cabeza
o tal vez es un mosquito que susurra mis pensamientos
dentro o fuera, esa mosca, ese mosquito, no tiene sutileza
para hacerse notar y él/ella se mueve al compás del viento
va de aquí, de allá, murmurando, en torbellino de imágenes
aguijonea cada tanto misteriosa este sentir en su murmullo
y a veces me hace creer que más que uno/a son millones
es un mosquito muy pícaro y veloz y sólo sé que dice “yo”.

Parábola de las miserias

Porque el neoliberalismo es como un hombre que se va lejos, y antes de irse llama a sus siervos y le entrega sus miserias.
A uno le dio cinco miserias, a otro dos miserias y al otro una miseria; a cada uno conforme a su aspiración, y luego se fue lejos.
Y el que había recibido cinco miserias, fue y negoció en la bolsa, y ganó otras cinco miserias.
Asimismo, el que había recibido dos, ganó otras dos miserias con los bancos.
Pero, el que había recibido una miseria, fue y cavó un pozo y enterró la miseria de su señor, para poder vivir feliz sin miseria alguna.
Después de mucho tiempo, regresó el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.
Y llegando el que había recibido cinco miserias, trajo otras cinco miserias, diciendo: “Señor, cinco miserias me entregaste, toma, he ganado otras cinco miserias sobre ellas”.
El Señor dijo: “bien, buen siervo y fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Ponte a cargo de éstas diez empresas de una de nuestras multinacionales. Despide gente, precariza los contratos, flexibiliza horarios que tenemos que producir más miserias”.
Llegando también el que había recibido dos miserias, dijo: “Señor, dos miserias me entregaste; aquí tienes, he ganado otras dos miserias sobre ellas”.
Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Ponte a cargo de éstas cinco empresas de otra de nuestras multinacionales. Recorta presupuestos en salud e higiene, viáticos y vacaciones. Busca mano de obra barata en algún país subdesarrollado y despide al resto que tenemos que producir más miserias”.
Pero llegando también el que había recibido una miseria, dijo: “Señor, te conocía que eres hombre duro y severo, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual me contuve para subsistir, y fui y escondí tu miseria en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”.
Respondiendo su señor, le dijo: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por lo tanto, debías haberle dado mi miseria a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses, y todas las miserias devengadas”.
“Quitadle, pues, la miseria, y dásela al que tiene diez miserias. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más, muchas miserias más; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado”.
“Y al siervo hereje del sistema echadle afuera a algún país socialista; allí será el llanto y el dolor de muelas”.

Nada menos, nada más

No hay intención de diálogo
ni siquiera la hay de monólogo
no hay aquí escondido un mensaje
esto es como decir nada
pero decirlo para que Usted se entere
y sepa que aquí nada se dice,
no es como otros que esconden
diciendo cosas con apariencia
que en definitiva dicen nada
pero al hacer tanto ruido
parece como si eso fuera algo.
Aquí no. Nada se dice claramente
y si Usted lee lo sabrá al fin y al cabo
porque desde un principio se dijo
que no había aquí siquiera diálogo
ni mucho menos monólogo
ni tan sólo escondido un mensaje.
Esto no es como esos escritos
donde el lector intrépido descubre
que el autor, pillo, escondió entre frases
algún tipo de o insinuó algún mensaje,
no Señor, de ninguna manera
aquí Usted no será engañado
en ese sentido puede estar tranquilo
porque no tiene que destripar mensaje
entre líneas, entre versos, entre frases
ya que no lo hay ni se da a entender.
Esto es como un decir, pero no
un decir algo, sino un decir nada
que aunque contenga letras, palabras
signos y puntos nada se dice
y así podríamos continuar hasta el hartazgo
el suyo, claro está, porque aquí nadie
se harta, ya que nadie dice lo que se dice
ni nadie lo podrá llamar la nada, el vacío
o cosas por el estilo para darle sensación
de algo, porque si la nada fuera algo
no sería por cierto esa nada a la que hace
mención aquél que habla de ella, ¿no?
Entonces, qué digo entonces, quién
dice entonces que nada se ha dicho
y se ha dicho por demás muy bien
puede Usted darse por satisfecho
o en caso contrario seguir buscando
en textos, palabras, versos y frases
algo que se haya dicho, que se diga
aunque efectivamente sea nada
porque no me vengan a decir
que se dice algo, puede ser algo
pero ese algo es un disfraz de nada
y no de la nada, que sabemos que no es
algo, tampoco es culpa de las palabras
que señalan e indican, pobres,
haciendo el trabajo pesado de la comunicación
para que después venga Usted y diga:
¡ah! Sí, eso es algo. No, Señor,
no hay que confundir lírica sin métrica
con mensaje, con diálogo, con monólogo,
las palabras ya tienen su propio peso
es por eso que Usted confunde eso
con algún tipo de comunicación
pero para la comunicación hacen falta dos
y aquí sólo está Usted, con un texto delante
y abajo un botón que dice me gusta.

Carta a mis lectores

Queridos lectores:

En éstos tiempos donde -más que nunca- leer es un placer y sólo pueden darse ese lujoso gusto aquellos que tienen algún tipo de fe en las letras, es interesante ver cómo se desenvuelven éstas entre nuestros conceptos previamente adquiridos y qué lugar le damos a lo que leemos entre las telarañas de lo preconcebido. Es por ello que al escribir ( y por ende, ustedes, al leer ) la comunicación puede tornarse fluida y estrecha entre dos sensibilidades, en éste caso el autor y el lector, o se vea tristemente entorpecida pues lo expuesto no tenga ninguna llegada al mismo, sea porque lo expresado no le dice nada, no le agrada o le es indiferente. En todo caso, mucho de lo escrito tiene que ver con lo vivido por ambos, por lo pensado, por lo creído, por lo entendido, y de allí surge la posibilidad de una comunicación entre el autor, con su escrito, con el lector, a través del mismo. Ésto trae aparejadas dos cuestiones: una, es que el lector se interese por la obra del autor del escrito y quiera conocer más; la otra, es que el lector se involucre con el escrito y tenga interés en comprender lo expuesto. En ambos casos, la comunicación se abre a nuevas dimensiones, más allá de que el lector tenga algún tipo de relación o no con el autor. Dicho esto, no quiero dejar pasar la oportunidad de invitarlos a visitar mi segundo blog, a quienes no lo conocen, Circo lunar ( https://circolunar.wordpress.com ), donde podrán encontrar textos de diversa índole, desestructurados, descatalogados, desgreñados y -casi- desintegrados, donde podrán leer y degustar más letras del mismo autor, con diversas cuestiones expuestas e indicios de otras no tan expuestas.

lunar2

Si bien, la cultura que embebe al autor, dada por su país de origen y residencia, los medios, la educación y demás, y al lector a veces puede ser una distancia insalvable, si se han interesado por algo de lo que aquí publicado es claro que tenemos cosas en común en nuestro carácter de seres humanos y es por ello que puede haber claramente comunicación, placer en la lectura, reflexión y alegría entre las letras y diversos y variopintos motivos para seguir los blogs, y con seguir no quiero decir apretar el botón donde dice seguir, sino interesarse en la obra del autor de los mismos que está destinada al lector. Al día de la fecha, hay publicadas más de trescientas entradas, entre cuentos, poesías y diversos textos, además de los cuentos y narraciones que pueden descargar aquí mismo, por lo que no se pueden quejar, al menos de aburrimiento, en todo caso sus protestas y reproches podrán viajar por otros canales, por lo que deberé pulir mis nuevos textos para seducirlos.

Sin más de momento, espero disfruten su visita por La otra mitad y nos veremos, letras mediante.

Saludos, Leandro.

El anhelo

La palabra es al espíritu
lo que al cuerpo el alimento
por eso escribo con ímpetu
poesía como escarmiento.

Cada término empleado
puede ser considerado
como un pedazo de pan
o un pez que llena zapan.

Buscando alguna palabra
que impacte en tu corazón
no encuentro ni abracadabra
que te abra en par el portón.

Por momentos, suelo bucear
y entre mil conceptos nadar,
más sólo hallo incertidumbre
no logro encender la lumbre.

Claridad que te ilumine
el camino imperceptible
de retorno, indescriptible,
a tí misma, al que camine.

Volver otra vez no quiero
a tener que repetirte,
ni quisiera ya decirte:
de tanto vivir me muero.

Acaso es que por buscar
palabras dentro del mar
perdido debo regresar,
salvarme de naufragar.

Si en una isla, he de acabar
quizá tu me puedas salvar
llevarme algo para morfar,
poesía o el vocablo triunfar.

Es que acaso la victoria
por siempre nuestra será
hasta tanto la memoria
la recuerde, no olvidará.

Y si rendido no encuentro
la palabra –tenaz- realidad,
la cambio por desencuentro
y entonces la llamo verdad.

Porque a veces por llamar
con otro nombre las cosas
nos podemos encontrar
espinas en vez de rosas.

Por eso le sigo buscando
alimento al corazón,
palabras a la razón
de ser que va navegando.

Encuentro poesía y verdad,
amor, vida y desencanto,
a veces encuentro el llanto
suspiro por la libertad.

Al fin me puedo encontrar
con mil palabras vacías
o llenas como alcancías
y nunca más vacilar.

Curioso ha sido buscar
palabras como alimento.
El espíritu está contento
y otra vez quiere volar.

El arte de pensar

Te sorprendería pensar que la gente no piensa
bueno, en realidad, piensa pero lo pensado lo pensó otro
es decir, uno pensó lo que el resto dice que piensa
el resto adhiere a ese pensamiento que le ha dado otro
lo repite, lo valora, lo malogra, pero no lo piensa
es decir, lo da como pensado por él cuando lo pensó otro
esto no tiene nada de novedoso para el que piensa
la masa acéfala es reacia y haragana para pensar lo otro
por eso le gusta decir que piensa cuando no piensa
le gusta hablar, sí, decir cosas que ha pensado algún otro
de allí surge que es imprescindible oír a quien piensa
para tener algo qué decir en todo tema aunque sea de otro
porque lo pensado, lo dicho, lo hablado no se piensa
se dice así sin más, sin pensar, aunque lo haya pensado otro
eso de pensar pasó al olvido, hoy no queda quien piensa
y si creés que todo esto fue pensado, lo habrá hecho otro
a mí no se me da por pensar, sólo digo lo que se piensa
aunque ese pensar no se haya pensado, sólo dicho por otro
y así sucesivamente, metafóricamente, digo que se piensa
aunque no haya nada que pensar, sólo decir lo que otro
y poner cara de que uno sabe, de que uno piensa
cuando sólo hay palabras volando, palabras de otro
que por ahí tiene un yo, y pienso que soy quien piensa
pero es un simbolismo, ese yo es el yo de algún otro
y se me infla el pecho decir que soy quien piensa
para terminar diciendo cualquier vanidad de otro
o escribo una poesía que parece que te hace pensar.

Despertares

Piloteaba una avioneta a gran altura cuando escuché que uno de los motores había comenzado a fallar. Los dos pasajeros que me acompañaban se mostraron alborotados, pero logré mantenerlos en calma diciéndoles que era normal, típico de este tipo de aviones. Al poco tiempo, el otro motor emitió un sonido estridente y luego se detuvo, dejando un espeso humo negro detrás del ala izquierda de la nave. La mujer que viajaba detrás de mí comenzó a gritar desaforadamente y esta vez no pude hacer nada por acallarla debido a que estaba abocado a la tarea de aterrizar. La nave se precipitaba al vacío y no la podía controlar. Pensaba en Nancy y se me cruzó la vívida imagen de ella diciéndome adiós. La nave se estrelló pero el estruendo del impacto me despertó. Me dolía la cabeza y fui en busca de una aspirina. La tragué ayudada por un poco de agua que serví en un vaso directamente de la canilla y luego miré que el blister de la que había sacado la pastilla decía “veneno”. Quise vomitarla pero ya era tarde. Me abrigué rápidamente y tomé un taxi desesperado. Hacía mucho frío y mis piernas temblaban. Pero no era por el frío. El miedo que sentía se estaba apoderando de mí. Casi paralizado, extraje un billete de cien y le pagué el viaje al chofer de aquél taxi. Golpeé la puerta del consultorio reiteradamente hasta que apareció Monfredi, el doctor que había atendido a mi familia desde que era un infante. Le expliqué la situación, lo que había sucedido y me respondió que era demasiado tarde. Me dijo que tendría que haberlo consultado antes de beber la cápsula, lo cual me pareció lógico pero a la vez ridículo. El doctor sentenció mis horas: te quedan dos horas como mucho, Arturo. No sabía qué hacer sinceramente. ¿Cuáles serían mis últimas visiones del mundo? Quería ver a Nancy, de algún modo me tenía que despedir de ella quien me había acompañado tantísimo tiempo. Cuando un hombre bajó de su vehículo que había estacionado frente al consultorio del doctor Monfredi le di un empujón y le quité las llaves. Conduje lo más rápido que pude, estaba a casi una hora de su casa y el tránsito era bastante fluido como para que no me demorara más tiempo en él del que suponía me llevaría hasta llegar a la casa de Nancy. Lamentablemente, cuando estaba a pocas cuadras de su casa una camioneta impactó el lateral del automóvil que conducía y terminó contra un semáforo. Me había golpeado la cabeza contra el parabrisas que estalló al instante. El conductor de la camioneta se bajó para ver mi estado, pero no pude atender su inquietud pues me quedaba sólo un rato con vida. Salí corriendo y a los pocos metros un dolor en el estómago me hizo retorcer. Me detuve y escupí, sobre la vereda, sangre. Pensaba si el choque me habría estropeado algún órgano o si el veneno ingerido sería el causante de semejante dolor. Ya no podía correr, el dolor era intenso y persistente. Además, encontré que el tobillo izquierdo se me había hinchado sobremanera. Me quité el zapato para evitar el dolor. No obstante, eso no ayudó demasiado. Cojeando, llegué a la casa de Nancy. Toqué timbre y apareció ella con su radiante belleza. Al verla caí sobre las frías y húmedas baldosas de la vereda. Ella gritó mi nombre, que fue lo último que oí antes de despertar. Me lavé los dientes y salí raudo a la casa de Nancy. Hacía tiempo que quería estar con ella y no me bastaba verla en sueños. Al caminar noté que se había levantado un terrible viento cubriendo mis ojos de arena. Había arena por todos lados y no podía siquiera mirar sin tener que cubrir la vista. Caminé y caminé atravesando el viento y la arena hasta que me encontré en un lugar donde no había edificios alrededor ni gente siquiera. ¿Tanto había caminado? Miré para los cuatro puntos cardinales pero el paisaje se observaba igual en todos los ángulos. Arena y más arena era todo lo que se veía. Sólo podía seguir avanzando. Lo hice tratando de que mis zapatos no se entierren demasiado en el terreno, pero igualmente se me llenaron de arena. A lo lejos divisé unas colas de zorro. Tenía sed, mucha sed. Quizá allí habría agua para beber. Llegué al lugar en el que había varias colas de zorro pero no había agua para tomar. Sentía mucho calor y la sed me estaba angustiando. Seguí caminando con las pocas fuerzas que me quedaban. No veía nada. La arena que me rodeaba me había dejado ciego. Grité pidiendo auxilio pero nadie me escuchó. Estaba tan solo que no podía recordar cómo había ido a parar a ese sitio ni tenía a quién recurrir para dejarlo. Tan sólo quería beber algo de agua para continuar mi periplo. ¿A dónde me dirigía? No podía recordarlo. Me arrastré unos pocos metros por la arena, tenía que seguir avanzando como fuera. De repente, oí un sonido agudo, aunque lejano. Parecía un instrumento musical. Era una flauta, lo adivinaba. Lo volví a escuchar y comprendí que era una armónica. Me puse de pie pensando que tal vez sería mi salvación. Desde el sur, observé la figura de un hombre sobre un camello. Estaba salvado. Seguramente tendría agua para darme y reintegrarme la vitalidad que necesitaba para proseguir. El hombre se acercó tocando la armónica. Cuando estuvo a pocos metros me hizo una reverencia quitándose el sombrero que llevaba puesto. Le pregunté si me podría dar agua, que estaba muriendo de sed. Negó mi petición, disculpándose, pero adujo que a escasos kilómetros al norte había un oasis del que podría beber hasta saciarme. Tenía que sacar fuerzas de donde no tenía para llegar al lugar. Me puse en marcha nuevamente detrás del hombre y su camello. Tenía calor pero ya no sudaba, estaba casi totalmente deshidratado. Caminé hasta donde pude, pero el cansancio y la falta de fuerzas me venció. Caí sobre la arena con los labios resecos. El sol pegaba en mi rostro e imaginé que el cielo se cubría de nubes y llovía copiosamente. Cerré los ojos vencido y una gota cayó sobre mi frente. Estaba delirando. Escuchaba cómo la lluvia golpeaba sobre el techo. Otra gota golpeó mi frente. Abrí los ojos y pude ver la mancha de humedad sobre el techo de la cual goteaba el agua que atravesaba el cielo raso. Bebí un vaso de agua y preparé café. Sonó el teléfono y lo atendí prontamente. Era Nancy, me dijo que era una basura y que no me quería ver más. A mí poco me importó, para mi propia sorpresa. Sonó el timbre y fui hasta la puerta a abrir. Era Nancy. Me abrazó y me besó como si no me hubiera visto en meses. Bebimos café y luego hicimos el amor. Nos quedamos remoloneando en la cama, pero no pudimos extender el momento porque tenía que visitar a don Ambrosio que me estaba esperando con sus virus. Cuando llegué a su casa me recibió con mates. Conversamos un rato antes de me que abocara a la tarea de limpiar la máquina. Cuando la encendí el monitor mostró la imagen de un bicho gruñendo. Era un gigantesco insecto. Tomé el mouse y se me desintegró en la mano. Saqué uno que llevaba en mi bolso y lo conecté. La impresora a un costado también había empezado a derretirse, al igual que el teclado. ¿Qué clase de virus había infectado la máquina de don Ambrosio? No lo pude saber porque también se desintegró el monitor y el gabinete. Don Ambrosio se acercó para ver lo sucedido y me culpó increíblemente cuando supo que todo el equipo se había desintegrado y yacían sus partes como una masa amorfa de plástico humeante. De mala forma me invitó a abandonar su casa y el trabajo por incompetente. Me retiré en silencio sin comprender y me tomé el colectivo cuando éste pasó por la parada. Al subirme, la máquina que se ocupaba de cobrar el boleto se desintegró cuando apoyé la tarjeta sobre ella. El chofer me propinó un insulto como nunca antes había oído y me obligó a bajar inmediatamente. Me apoyé sobre un parquímetro cuando para mi sorpresa éste se derritió ante mis ojos. Miré hacia arriba y pude ver que el sol tenía un tinte rosado y estaba en su máximo esplendor. Al bajar la vista pude ver cómo se derretía un inmenso edificio frente a mí. Y luego el contiguo, y luego otros, y luego toda la edificación circundante. Lo más curioso es que la gente continuaba como si nada. Parecía que sólo a mí me llamaba la atención el suceso. Todo se había desintegrado y sólo había gente circulando a pie en las inmediaciones. Desde la vereda de enfrente, alguien me gritó: ¡Arturo! Esa voz particular me despertó y al abrir los ojos y ver la hora, supe que llegaría tarde a la oficina. Ya era hora de cambiar el despertador que no lograba su cometido de despertarme eficientemente a horario, pero no el momento, pues seguía con sueño y tenía toda la mañana por delante para despertar.

No decaigas

No te dejes abatir por el mundo
alza la mirada, observa el cielo
tras cada estrella es lo profundo
ocurre así en tu alma tras el velo.

No te dejes vencer por lo terreno
vanagloria jactanciosa de su orgullo
en su estirpe vanidosa del murmullo,
que tu espíritu se revele a tí sereno.

No te dejes sucumbir a tu camino
que no hay como cumplir el destino
con la vista puesta en el firmamento
sempiterno nuestro sino sin tormento.

No te dejes arrastrar por la corriente
que te lleva hacia aguas tumultuosas
abismales y de orillas pedregosas
que te hunden con su pétreo referente.

No te dejes malgastar a tus talentos
y tus dotes magistrales que encubren
lo glorioso del vivir cuando deslumbren
a las almas que se apenan en lamentos.

No te dejes decaer ante el ocaso
de la sociedad que pierde el paso
de lo bello de lo simple de lo tierno
que te invita a perecer en el averno.

No te dejes abatir, vencer, ni arrastrar
no te dejes decaer, sucumbir, malgastar
que tu espíritu te eleve por encima
de la mentira, del engaño, del sopor
que le quite importancia a tu dolor
en el cielo de la gloria está tu cima.

Maremágnum

-La gente no lee, Vinicius. Es un hecho.
-Disiento contigo, Artemius. La gente lee, pero lee basura. Lee etiquetas de botellas, lee diálogos de series, lee doctrinas de autoayuda, lee frases y lee canciones. Lee también nombres y lee gestos. Lee siluetas y lee formas. Lee todo lo que se le presenta, como emoticones y grabaciones, Artemius.
-Si bien es cierto tu pensar, querido Vinicius, me refiero a que la gente ha dejado de leer literatura, para dar paso a otro tipo de lectura, un sesgo de lo que fue -Artemius torció la nariz, moviendo incluso el negro bigote, lo que llamó la atención de Vinicius- antaño. La celeridad de la vida posmoderna le ha quitado motus a la lectura, y no es sólo por el bombardeo masivo de mensajes que carecen de mensaje, sino porque se la ha vejado al orden de la inoperancia. Hasta se ha dicho que es un entretenimiento vetusto.
-Coincido, Artemius. ¿Qué puede decirnos Poe a esta altura de la civilización en que programamos teléfonos y filmamos el espacio? -Vinicius alzó los brazos en modo triunfal.
-Nada. Es un pobre imbécil.
-Pobres los imbéciles que le destinan su insania a la literatura, que creen que vender un millar de ejemplares es sinónimo de éxito, que tener su cuenta bancaria en movimiento les da vértigo, que…
-Que escriben como si estuvieran hablando con su pareja, ¡que escriben!, ¿qué escriben? -Artemius arqueó las cejas confundido, al tiempo que se refugiaba en el vaso de licor.
-Eso mismo quisiéramos ya saber. Éstos muchachitos que escriben imitando modelos consagrados, pongamos por caso Borges… ¿qué pensaría Verlaine de sus poesías filosóficas? “Piensa que de algún modo, ya estás muerto”, nos dice en su epitafio. ¿Piensa? ¡Eso ha pasado de moda, Artemius! -Vinicius se levantó de la silla invitando a un brindis, pero Artemius se contuvo agachando la cabeza.
-Desde ya, Vinicius, desde ya. Si no da rédito, si no ofrece ventaja alguna, no es motivo para pensarlo.
-¿Pensarlo, Artemius? “No hay tiempo para pensar/No hay tiempo para entender/No hay tiempo para vivir/Ni un tiempo para morir./La Biblia quedó obsoleta/Vigentes siguen tus tetas”, nos dice el poeta descarriado. Y cuánta razón ha de tener…
-Cierto es que todo lo cierto encierra desazón.
-¡Oh, Artemius! Lo has expresado bellamente. Es la desilusión, regla vital, a la que descendemos del maremágnum de la confusión existencial. Y la literatura no escapa a ella.
-Bien dicho, Vinicius. ¿Crees que acaso la misma reencontrará los canales por los cuales fluir entre aquellos dignos de mis letras?
-Tus letras no tienen dignidad alguna, querido Artemius. Lamento decírtelo por el aprecio mutuo que nos tenemos y la confianza que nos liga, es preferible que lo sepas de mis labios y no de un detractor de tu obra.
-Igualmente, duele… -Artemius bebió. Vinicius lo siguió.
-Ánimo. Hoy día lo que cunde es literatura clase Z a precio de bacanes. También la hay gratis, pero es aún más dolorosa. Tus letras pasarán desapercibidas por la crítica.
-¡Oh Vinicius! Si supieras cuánto ha costado delinear el argumento de mis poesías, la tesis de mis cuentos, la fuerza centrípeta de mis relatos y el motín de mis novelas. ¿Y a cambio? La desilusión, regla vital, a la que descendemos del maremágnum de la confusión existencial. Y mi literatura, al parecer, no escapa a ella.
-La gente no lee, Artemius, es un hecho.
-Mis letras no tienen dignidad alguna, querido Vinicius. Me duele reconocerlo por el aprecio mutuo que nos tenemos y la confianza que nos liga, pero es preferible que lo sepas de mis labios y no de un adulador de mi obra, antes que la leas. -Vinicius bebió. Artemius lo siguió.
-Escribes como si estuvieras hablando con tu mujer, que escribes…¿qué escribes?
-¿Escribir, Vinicius? “No hay tiempo para escribir/Ni tiempo para leer/No hay tiempo para saber/Ni tiempo para entender/La Biblia ya caducó/En un rato lo harás tú”, nos dice el profeta encrucijado. Pero no ha de tener razón…
-Si bien es cierto tu pensar, querido Artemius, pienso que la gente ha dejado de leer literatura, para dar paso a otro tipo de lectura, un sesgo de lo que fue -Vinicius torció la nariz, moviendo incluso el blanco bigote, lo que llamó la atención de Artemius- antaño. La celeridad de la vida posmoderna le ha quitado motus a la escritura, y no es sólo por el bombardeo masivo de mensajes que carecen de mensaje, sino porque se la ha vejado al orden de la inapetencia. Hasta se ha pensado que es un esparcimiento vetusto.
-Disiento contigo, Vinicius. La gente escribe, pero escribe basura. Escribe etiquetas de snacks, escribe diálogos de telenovelas, escribe poesías de autoayuda, escribe fraseos y escribe alguna especie de canciones sin armonía. Escribe también consejos que nunca emplearía y escribe sus logros. Escribe lo que debe ser y lo que hay que hacer. Escribe todo lo que se le presenta entre sus juicios, escribe todo como si se tratara de emoticones y de grabaciones, querido Vinicius.
-Desde ya, Artemius, desde ya. Si no da rédito, si no ofrece ventaja alguna, no es motivo para desearlo.
-¡Oh, Vinicius! Lo has expresado bellamente. -Artemius se levantó de la silla invitando a un brindis, pero Vinicius se contuvo agachando la cabeza.
-Igualmente, duele… -Vinicius bebió. Artemius lo siguió.