Dudas

El universo está lleno de cosas
cosas que se parecen a otras cosas
también hay cosas únicas, pero
todos las ven parecidas a otras cosas.
Las cosas son apariencias de cosas,
de cosas de apariencia dudosa.
Y hay dudas que aparentan ser cosas
y todos se preguntan: ¿Y esto qué es?

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Breve ensayo de la actualidad literaria

Las comprensiones vitales son lentas, en tanto que las impresiones son fugaces y veloces, en sucesión continua. Allí, creo, radican las razones del por qué la literatura ha perdido valor y se ha desestimado la lectura en pos de recoger impresiones, descartando todo anhelo de comprensión, y por ende, la palabra misma, que tiene un potencial infinito, también ha quedado relegada en sociedad a mero entretenimiento, no sólo la escrita sino la oral también. Entre tanto palabrerío cargado de juicio y opinión, se tiende a creer y considerar que de eso se trata la comunicación. El arte en general, y la literatura en particular, es comunicación; un anhelo inherente a la existencia que se va gestando en el fuero íntimo del autor, si es que tiene ese génesis motivacional y no sólo el de tener un producto propio para colocar en el mercado. Así como la Música engloba la música sublime, sutil, delicada, armónica y la música bruta, baja, grosera, grotesca, la Literatura se nutre de la literatura elevada, aguda, sagaz, inteligente, sensible, y se contamina así mismo de la literatura pobre, ególatra, tosca, rudimentaria, pueril. En todo caso, siempre depende de alguien que lo valore como tal, y no es cristalino el mercado editorial. Hay obras que sobreviven el paso del tiempo por su profundidad, su claridad, su llegada al público lector; y hay otras que ocupan un espacio considerable que sólo dura un momento, entre aquellas que no tienen difusión. La literatura, hoy día, es el autor: por sus obras los conoceréis/por el fruto se conoce el árbol. No hay un análisis literario exaustivo en el siglo XXI ni es materia que se pueda llegar a conocer porque lo que se escribe es tanto que no hay quién tenga conocimiento de todo aquello susceptible de considerarse de alto impacto para el lector.
En el Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio Fernández se hace un repaso y una descripción de los diferentes tipos de lectores: el lector accidentado, el lector de vidriera, el lector artista, el lector salteado, el lector seguido, etc. Si éstos tipos de lectores existían en aquella época que inspiró a Macedonio a escribir tan desenvuelto, qué decir de ésta en que se lee cada vez menos para darle paso a la autoayuda -de ejemplo- en busca de la lectura con un fin puramente utilitario, cuando es claro que el arte ( a pesar de ser producto ) niega el aspecto utilitario de la existencia. De tal modo, muchos títulos que se consagran entre lectores lo hacen desde el punto de vista comercial; el mercado rige: qué leer, qué escuchar, qué mirar. Esto tiene dos consecuencias e implicancias directas: la pérdida de criterio por parte del lector-oyente-espectador; y la masificación de la conciencia. Todo se aúna en un supuesto sentido de común, donde todos entienden lo mismo, cuando en realidad lo que es lo mismo es la opinión, quedando todo en el nivel de la palabra. Y es justamente allí donde reside la dicotomía entre la vida llamada real y el arte, esa separatividad inexistente en lo fáctico, porque el lector ha separado aquello entre realidad y ficción, un concepto de realidad eyectado y sostenido por otros modos de entretenimiento, como los medios, también regidos por el mercado ( rating ). Cuando sale un nuevo libro, se lo titula de “un éxito”, una canción de “un hit”, en una película se hace gala de la cantidad de espectadores; en síntesis, se fomenta lo masivo, como si la masa estuviera dentro de algún tipo de doctrina sideral que quien queda afuera se está perdiendo algo de suma importancia/relevancia. La masa busca la popularidad, la muchedumbre, que no siempre ( y en el mayor de los casos por una cuestión de índole semántica ) está plasmada en calidad, ya sea de arriba hacia abajo o en dirección inversa aplaudiendo. Y eso, ha ahuyentado a cantidad lectores, relegándolos a buscar otro tipo de entretenimiento, cuando el arte genuino no tiene por motivo entretener, aunque pueda hacerlo también. La literatura puede ofrecer un amplio espectro de posibilidades en su potencialidad, donde los beneficios que obtiene el lector carecen de inmediatez, como la impresión de un videoclip, siempre insaciable que lo adentra al espectador en un loop o ciclo iterativo del que no sale por motus propio, salvo contadas excepciones.
Aquí no se trata de contrastar un tipo de arte con otros ni hacer un tipo de valoración de uno por sobre los demás, sino que se da un panorama de lo que actualmente sucede, y viene sucediendo, con la literatura.
Los autores pueden caer en esa tendencia de la popularidad y, con su obra, buscar el efecto, lograr en el lector ese impacto momentáneo y atraparlo en el ciclo de lectura, donde quien queda apresado es el propio autor, presa de la volatilidad de la época, en desmedro de su obra. Para tal, se atienen a las estadísticas que le brinda la publicación, donde la palabra -para sí- pasa a un segundo plano en el que se ve sustituido por los números y su consecuente obsesión. Los motivos de cada autor para escribir pueden ser muy variados y no se hace aquí un juicio a cada uno de ellos, que pueden ser muy valederos, pero quien se adentra en el mundo de la literatura debería conceder un espacio crucial al poder de la palabra, en ésta época de pantallas e imágenes, y en las venideras.

Descomposición

Muere, aferrado a sus cosas
con la carga de lo mentido
muere sin haber vivido
muere con su vanidad
muere, tras lo vacuo,
muere y comprende ya
que nada de sí vivirá
muere arrepentido
yaciendo podrido
porque sabe que,
definitivamente,
muere.

Atilio

Cuando entré en el salón, Osvaldo ya estaba hablando de Atilio.

Pero sí, viejo, les digo que Atilio es más falso que un billete de mil. Ustedes porque no lo conocen, ni saben de qué les hablo. Sí, ya sé que lo han tratado. Sí, es cierto, pero lo tratan muy superficialmente. Le hablan de los fenómenos del tiempo y esas cosas. Nubes, humedad, frío, granizo. No, viejo, ustedes no lo conocen. Si bien sé que más de uno de ustedes lo invitó a tomar una cervecita, sí. Ya sé que más de uno de ustedes estuvo tomando unos mates varias veces con el Atilio. Sí, ya sé que más de uno de ustedes se ha comido varias picaditas con él, ya sé. Pero les digo que es lo más falso que me ha tocado conocer.

El Atilio es un tipo que, de entrada, dije: este tipo es más falso que yo, y todos ustedes saben bien que si hay alguien falso, ese alguien soy yo. Pero desde que lo vi, todo en él me parecía falso. Me hacía dudar hasta de la existencia, les diría. Pasa que el tipo es demasiado falso, tanto que les diría que es auténticamente falso.

Ustedes, sé, prefieren no creer. Sí, sé que es algo difícil de digerir. Uno con este tipo de cosas se indigesta. Te agarra un dolor de tripas de no aguantar. Pero bueno, viejo, alguien se lo tenía que decir. Alguien se lo iba a hacer entender, tarde o temprano. Y, ¿para qué perder tiempo? No hay que dejar pasar la oportunidad. Este tipo de cosas se presenta una vez cada setecientos años, viejo. Ustedes porque no quieren creer. Sí, sé que a veces han dudado porque el Atilio trata a todos muy amablemente, propio de su simpatía, y esto un poco los confunde. Ya sé, viejo. Pero les puedo asegurar que el tipo es falso, es lo más falso que se ha visto y se verá en mucho tiempo. Es más falso que yo, no sé si entienden lo que les digo con eso, y eso que con eso les digo mucho.

Sí, más de uno me va a decir que quién es tan auténtico como para decir una cosa así del Atilio, y por supuesto, soy el menos indicado en ese aspecto, yo que soy bien falso cuando hace falta. Pero les puedo asegurar que no hace falta tanto para entender de lo que les estoy hablando cuando les digo que el tipo es más falso que ese tipo que salió por todos lados diciendo que era la reencarnación de Gardel, ¿se acuerdan? Al principio, comenzó como una broma, después el tipo juraba y recontrajuraba que era Gardel, hasta que le dieron un voleo en el culo de todos lados y ahora canta a la gorra en una plaza. Desentona que da gusto, pero canta. Bueno, el Atilio es todavía más falso que ese. Y ya sé que ustedes me van a decir que quién no ha mentido un poco en vida cada tanto y, sí, es cierto, pero lo que les digo del Atilio es otra cosa. No digo que el tipo sea un mentiroso, no, nada que ver. Capaz que el Atilio hace todo de buena fe y hasta capaz, miren lo que les digo, capaz que ni él tiene conciencia de su falsedad. Es que el tema es por demás delicado, por eso los reuní a ustedes acá. Por eso a algunos que, por más que estaban interesados, los tuve que fletar viejo. Sólo algunos eran capaces de comprender el asunto. Pero de comprender a fondo. Porque cualquiera puede decir, sí, el Atilio es falso, y con eso da por terminado el asunto. No viejo, acá hay algo serio. Hay algo que desde que lo vi dije: esto no me gusta nada. Por eso decidí llevar el asunto hasta lo último. Y cuando ustedes lleguen a las conclusiones a las que arribé ahí, recién, van a tener una dimensión de todo esto. Porque desde que lo vi dije este tipo es más falso que yo, y eso que si es necesario soy bien falso.

Pero el tema no es para que se lo tome ninguno a la ligera. Y si alguno me dice que soy tremendista le pido que se abroche bien el cinturón porque cuando tenga un atisbo de lo que les hablo se le va a caer el culo. Porque, viejo, acá ninguno me va a negar que no hay felicidad que dure cien años, y cuando vi a este tipo desde la primera vez, desde la primera vez, dije: acá hay algo que no va. Y no se los voy discutir, al principio no sabía bien qué era, pero decía este tipo es más falso que yo. Pero no sabía qué era. Por eso lo estuve estudiando. Me tomé todo el tiempo necesario porque quería llegar a fondo. Ya sé, más de uno va a decir ahora “ya me parecía raro”, pero no, no les hablo de eso. No, viejo. No. Les hablo de otra cosa, esto es algo serio.

Lo primero que estudié fueron sus movimientos. Y más de uno de ustedes va a coincidir en que tiene sus maneras suaves de moverse, aunque ninguno puede negar que a veces es bastante bruto el Atilio. Y yo decía: este tipo es falso, más falso que yo. Y eso que soy falso si es necesario. Pero no sé, había algo en el Atilio que no me gustaba. Y que ninguno de ustedes se pase de vivo diciéndome lo feo que es el Atilio porque no les hablo de eso. Había algo raro en el tipo y lo seguí estudiando, porque yo no me iba a quedar con la espina. El tipo contestaba todo con una frialdad que me hacía pensar en una sola cosa: este tipo es falso. Y no dudaba, eh. No, viejo. Estaba seguro. Por eso un día le preparamos una trampa. Junto con el Rola. El Rola se consiguió uno de esos aparatos de rayos equis, no me pregunten cómo lo consiguió porque ustedes saben que al Rola le piden un mamut y el Rola te lo consigue. No sé cómo hace. El tema es que disfrazamos el aparato en el comedor de la casa del Rola y lo invitamos al Atilio con alguna excusa. Me parece que lo invitamos a ver un partido en la tele, no me acuerdo. Resulta que lo llevamos al Atilio y preparamos todo para hacerle unas placas, que acá las tengo y ahora se las voy a pasar. Les digo que nos costó un huevo porque tuvimos que hacer toda una ceremonia. Encima el partido era una cagada, no le hacían un gol a nadie ni aunque jugaran dos días de corrido. Igual le pudimos sacar estas tres placas al Atilio, que ustedes pueden ver. Una es del brazo izquierdo, otra de una pierna y la que queda del otro pie. Como pueden ver, el tipo no tiene huesos. No, así como lo escuchan. No tiene huesos. Ahí se ve clarito que el tipo está armado con unos fierros. El Rola dice que son de acero inoxidable, no sé. Habría que hacer un estudio más exhaustivo. Tomar alguna muestra, qué se yo. A mí me basta con lo que obtuve. Alguno me va a decir, ya sé, que más de uno tiene un clavo, o que quién no conoce de los miembros biónicos. Pero no, viejo, no. El tipo está constituido íntegramente por esos metálicos, no tiene esqueleto, viejo.

Y eso no es todo. Si bien, ya era bastante y para nada despreciable lo que había descubierto, no me quería quedar en eso porque sabía que a más de uno de ustedes con sólo eso, que es bastante contundente, no los iba a convencer. Por eso lo seguí estudiando. Y no digo que sea un robot. No, viejo. Lo que digo es que el tipo es falso, y aunque a alguno le duela, es preferible que lo sepan de una buena vez porque les va a costar digerirlo. Entonces quise ir más allá con este asunto y le tomé una muestra de sangre. Fue una noche que estaba en pedo, ni se debe acordar. Esa noche se tomó la vida el Atilio. Lo agarramos en el baño con el Jeringa y éste lo pinchó para sacarle sangre. Lo primero que me dijo, ¿saben qué fue? “Che, esto es casi negro. De dónde carajo es el tipo este”. Eso fue lo que me dijo el Jeringa. Así que aprovechamos y le inventamos un juego, a ver quién meaba más. Nos metimos en el baño, el Jeringa trajo tres botellas vacías para medir cuánto meaba cada uno. Era mentira, era para tomarle una muestra de orina al Atilio. Cuando el Jeringa olió la botella donde había meado el Atilio, ¿saben qué me dijo? “Esto es combustible, de dónde carajo es este tipo”. Y yo no quiero que piensen que el Atilio es de Marte y cosas así. No, viejo, no. Lo que digo es que el Atilio es falso, más falso que yo.

Entonces, me voy con las muestras a un bioquímico, amigo del Jeringa, y me sacó cagando. Me dijo si le estaba tomando el pelo o qué. Que eso no era sangre ni orina. Así fue que quedé más confundido que antes. Ahora, ¿qué hago? Se lo llevé a un ingeniero químico que me cobró un vagón el turro para decirme que las muestras eran de petróleo y kerosene. Kerosene, viejo. Acá tienen el análisis del ingeniero para el que todavía tiene alguna duda al respecto. Pero, bueno, yo cuando investigo algo voy hasta el fondo. Hasta el fondo, viejo. Porque desde que lo vi al Atilio dije: este tipo es más falso que yo. Entonces le corté un mechón de pelo, un día que se quedó a dormir en casa. Le corté cinco pelos de atrás, acá por la nuca, cosa de que ni se dé cuenta. Ya cuando lo corté me pareció raro porque los pelos se unieron entre ellos. De los cinco pelitos se formó uno solo más largo, ¿esto a quién se lo llevo?, pensé.

Mientras nos hablaba Osvaldo, en ese momento, en el salón, entraron cuatro policías junto con Atilio, quien en un rápido movimiento les señaló a los policías a aquél que nos había estado hablando hasta recién, al grito de:
– ¡Detengan a ese impostor!
Los policías atravesaron el salón entre medio de los oyentes, quienes contemplaron la situación en quietud. Uno de ellos, observando a Atilio y señalando sus pies, le dijo al oído a otro que lo observe. Atilio se desplazaba con suavidad, sin apoyar los pies en el suelo, levitando a unos tres centímetros del mismo. A la altura de los talones expedía un poco de humo apenas perceptible.
Dos policías tomaron a Osvaldo de un brazo, que forcejeaba, dos del otro. Atilio se le paró enfrente y con esa frialdad transhumana que tiene, le dijo:
– Se te terminó la farsa.
Ahí nomás, Atilio metió su mano debajo de la nuca de Osvaldo y extrajo de allí un pequeño tapón. La figura de Osvaldo se desinfló como un paracaídas tras aterrizar mientras algunos de los oyentes observaban con cierto asombro. A mí no me sorprendió porque siempre pensé que Osvaldo era bien falso. Los policías lo recogieron y Atilio lo guardó en una bolsa. Los cinco atravesaron el salón y Atilio, antes de salir, se despidió de los allí presentes, con esa amabilidad característica que tiene:
– Señores, pueden continuar. Buenas noches.

No hay más que tú

Todo es apariencia.
No hay esencia
No hay criterio
No hay Dios
O si lo hay
Él es toda esta apariencia.
No hay misterio.
Todo es aquí y ahora
Como la luz del celular
Momentánea, temporal
De fácil digestión
Que en su apariencia
Trocara temporalidad por perdurabilidad.
La materia se transforma
Muta en el disfraz de la muerte
La mente te trastorna
Cambia destino por suerte
Y es toda esta apariencia
Cargada de dolor y sufrimiento
En lo libre de tentar al pensamiento
Lo que nos lleva a preguntar
Si hay algo más, aquí y allá
Lo que delira a buscar un más allá
Que al diluirse la apariencia
Como un pedo que no tiene sustancia
Dejando sólo su fragancia.

Con tacto

Distintos medios de comunicación
Facilitan el contacto a la distancia
Mas dificulta eso de la comprensión
Por el zapping que rima en su elegancia.

La realidad alterna entre ilusiones
De divagues en mundos personales
En encuentros laterales y frontales
Se sazonan las diversas confusiones.

Nada nunca ha sido tan preciso
Como aquello de dos y dos son cuatro
Ni ha habido poema más conciso
Que describa cómo funca este teatro.

Lo que digas se traduce de uno a otro
Se derrama la palabra pronunciada
Se interpreta según sea comprendido
Como alguno que le otorga su sentido
Mas lo sólido al decir aqui no hay nada
Ni tan duro como la pija de un potro.