Propuesta indecente

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Si nos propusiéramos llenar el vacío con palabras comenzaríamos diciendo que la empresa no tendría fin. Tendría, sí como fin, llenar el vacío con palabras, pero no acabaría, aunque en determinado punto culmine. No acabaría pues el vacío como tal nunca se llenaría, tan sólo un pequeño espacio quedaría cubierto por aquellos términos que fueron cubriendo su ficticia inexistencia dando apariencia de ser. Aparentando ser algo, el mismo vacío cubierto de palabras, términos y sensaciones, o palabras que dan sensaciones, sería tomado como parte de las cosas que existen y ya no sería dejado de lado como usualmente ocurre con él. Es que esto ocurre porque es difícil pensar en él y no queremos plantear ciertas preguntas, aunque si estuviéramos forzados a hacerlo, preguntaríamos ¿Cómo pensar en el vacío? ¿Qué es el vacío? ¿El vacío, es? Si designamos a todo aquello que podemos señalar, indicar, como algo existente, diríamos que el vacío no es. Aunque, pensado cuidadosamente en cualquier dirección que señalemos habría un espacio vacío que, dando lugar, hiciera que aquello se torne existente ante nuestra presencia. Pero eso sería en relación al espacio. Y no tenemos tiempo para hablar de ello, pues él, limitado, escaparía a nuestra tarea de llenar el vacío con palabras. Tiempo es una linda palabra, pues sin él nada sucedería, por eso nos quedamos con la belleza de la palabra tiempo y no con todo lo que el concepto representa, ya que las representaciones no siempre son fidedignas de aquello que intentan representar y en ocasiones nos encontramos con textos que intentan llenar el vacío hablando del tiempo, lo cual sería emplear el tiempo en labores vacías y la propuesta que nos hemos realizado ha sido otra de un carácter totalmente diferente. Pensando en las diferencias solemos encontrarnos con varias y si reflexionamos en la totalidad tan sólo nos encontramos con una. El vacío. Una de ellas se da entre éste y la nada, que será nuestra tarea de investigación en próximas reflexiones. No obstante, notamos claramente que no se pueden comparar entre sí, por lo que al no haber punto de comparación podríamos afirmar casi sin temor a equivocarnos que estamos ante uno y el mismo vacío. No hay que confundir la nada con el concepto de la nada, que mientras uno representa algo, una carencia, el otro no, sino que lo es. La diferencia radica nuevamente en las palabras con las que decidimos revelar el conocimiento, el cual no debe confundirse con información, el que a su vez se diferencia claramente del dato, término que presenta visibles diferencias con un número, que aunque se ha dicho cientos de veces que ellos, los números, son fríos, no se ha comprobado científicamente, frase harto pronunciada en publicidades televisivas simulando con ella decir esto es la verdad y nosotros lo comprobamos por usted por eso no debe preocuparse y solamente compre los artículos que aquí publicitamos con los cuales usted alcanzará aquello digno de su deseo para su felicidad. Como no es momento de hablar de publicidades, tras dudar si continuar hablando de dignidad, deseo o felicidad, reflexionaremos un momento. Un momento puede ser sólo un instante o algún tiempo prudencial. Tras dicha reflexión, retomamos nuestra senda prestigiosa conducente al vacío, ya no de palabras, ya no de términos, ya no de conceptos, aunque sí tal vez de contenido. Por ello citaremos una frase, para quitar esa falsa sensación de habernos quedado con nada tras la lectura. Citaremos la frase que alguna vez pronunció en pleno campo de batalla, o tal vez haya sido en su lecho de muerte, quién más sino el general, aunque quizá en el momento de pronunciarla era solamente un subalterno. No tenemos el dato concreto por lo que omitiremos la frase, para no falsear su significancia. Al hablar de significados, hay uno que es muy gracioso y dice así: que carece de carencias. Y cualquiera podría darle un término de su agrado a ello como pleno, completo, total, pero dichas palabras no tienen la gracia en sí mismas por eso hay veces que preferimos recordar el significado y no la palabra, memorizando infinidad de definiciones que no sabemos cómo representarlas en un mismo término y lo hacemos en multitudes, es decir, en conceptos. Pero definición y significado no suelen emplearse para señalar lo mismo, mas no hay quien los confunda cotidianamente a uno y otro, dando por definición a un concepto lo que en realidad era nada más que su significado, cambiando así la realidad del mismo o poniéndola sobre el tapete de las dudosas acepciones que puede tomar una palabra, cuestionando la realidad de la misma. La misma palabra realidad tal vez se la confunda con vigilia, aunque ahí se confundirían los términos utilizados para indicar una y otra, pero los conceptos permanecerían sin cambios, siendo la realidad única e indisoluble, y la vigilia uno de los tres estados del hombre. Y viéndolo claramente, cortado con el cuchillo el concepto de permanencia no suele durar si se lo investiga profundamente cobrando vigencia y otro valor la definición de instantaneidad, que representa lo momentáneo, lo breve, lo fugaz, el paso de una estrella por el firmamento, el vuelo de un ave observada, el aleteo de un colibrí sobre una flor, el tránsito de una hormiga cargando alimento, el salto de un pez sobre el río, el ladrido de un perro cercano, el balido de un carnero lejano, en fin, el súbito momento en que se ve con claridad llamado lucidez sobre la constante y oscura sombra que lo cubre con apariencia de permanencia sin serlo. Sin ser no habría conocer, tampoco habría haber. Pero al haber existe el deber, y debemos cumplir con él pues nos lo hemos propuesto. Al no olvidar nuestro objetivo en ningún momento, podemos cumplir con él sabiendo que no lo lograremos por su característica intrínseca pero eso no nos impedirá que sigamos adelante como todo río que no detiene su cauce hasta lograr la perfecta unidad con el mar y fundirse en él. Y al llegar al mar, alcanzamos la plenitud. Pues en él todo se funde, todo es parte de él. Ya no hay más vacío, todo es finalmente total. Al sumergirnos en él perdemos de vista los cambios suscitados en las orillas. Ya no somos afectados ni por los ríos, ni por arroyos. No nos preocupan las embarcaciones ni sus navegantes. Ni los peces ni la flora. No nos inquieta ni la luna y la marea. Ni el vacío ni la nada. Ni quien nada, ni ballenas. Ni el delfín, ni el sin fin. Aunque darle un fin a todo siempre es algo saludable, y para hacerle honor a la salud decimos que por fin la propuesta se ha cumplido, hemos llenado el vacío con palabras y aquí está el testimonio de ello. Y, seguramente, nos preguntaremos la razón del título de indecente en nuestra propuesta, el cual se justifica ampliamente jactándose de ser un testimonio, del que consideramos que no cumple con lo prometido pues el vacío permanece. Nada es lo mismo.

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