Dar: tesoro de la humanidad

Que tu vida sea un constante dar
un despojo, no una transacción.
Bríndate por completo, da todo de tí
que no hay recuerdo en la eternidad
y no existe mayor bien que la libertad.
Da todo ( pero, qué joder, dámelo a mí).

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Habemus

En el circo, las estrellas,
en el cielo, alguna de ellas,
en tus ojos ilusiones,
y en tu corazón, visiones.

En tu mente, mil canciones,
en tus manos, las pasiones,
en ese oasis, camellos,
y en la cama, tus cabellos.

En tus sueños, eres reina,
en los míos Dios te peina.
En mi canto, ni un boceto
en tu llanto, algún secreto.

En la vida las desdichas,
en la noche, vuelan fichas,
en las luces alucinas,
en la tarde, golondrinas.

En tu alma, mariposas,
en mi corazón reposas.
En el campo, alguna brisa,
en el final, una sonrisa.

Incompatibles

-¡Qué hacés incompatible!
-¿Cómo andás incongruente?
-Acá andamos. ¿Vos? ¿Incorregible como siempre?
-Incomparable, querrás decir.
-No, quise decir insobornable.
-¿Yo, insobornable? ¿A qué debo tal intrincada devoción?
-A que te guardo un insustituible amor.
-Afecto, será, infeliz.
-No, es más bien un cariño interminable.
-Yo también te quiero, inútil.
-Tanto como querer no es lo que siento, no me interpretes mal.
-No lo hago, intento comprenderte pero caigo en acrobacias intelectuales que me llevan a inclinarme a pensar que sos inherentemente homosexual.
-Intempestiva declaración la tuya. Incidentalmente he ingerido algún inmigrante.
-Sabía que tenías inclinaciones inquietantes. ¿Cómo anda tu inquilino?
-Intacto. Es inteligente e intelectual. Se aplica en su investigación.
-¿En qué se inmiscuye?
– Se inquieta en interrogatorios interplanetarios. Él insinúa la inmortalidad, pero sufre insomnio.
-¡Qué inepto! Deberíamos interrumpir su inusitado estudio.
-No, su inequívoca indagación involucra indios. Dejémoslo.
-Insisto, deberíamos invocar su infancia para socorrerlo.
-Olvidémoslo, es inocente. Vive su propio infierno.
-Ingenuo, por momento eres inhumano.
-Inhalo un olor nauseabundo, ¿qué será?
-Es intenso, proviene del interior.
-Ingresemos.
-Yo me voy. Intuyo que de esa inopia no pueden ser flores.
-Veo que hay heces incandescentes. Es indeseable, como la inflación.
-Vámonos antes de que nos inculpen.
-Galopemos hacia la inmensidad, infame.
-Tu insulto es inexorable, aunque inerte.
-No fue mi intención infligirte daño, sino infundirte coraje para largarnos de aquí.
-Entonces finiquitemos inmediatamente este instante de inmovilidad.
-¡Espera! El inquilino viene con el inodoro incrustado en el trasero.
-¡Intrigante! ¿Insinúas que son los gases?
-Inspeccionemos el insólito episodio.
-Es inagotable tu espíritu inquisidor.
-Innato.

Proyecto de poesía

Pienso que cierto día
podrá ser una mañana
o quizá, fin de semana,
tras un sueño confuso
o entre un sentir difuso
escribiré bella poesía.

¿Tendrá rima? No lo sé.
¿Verso libre? Puede ser.

¿Incluirá temas diversos?
¿Hablará del pensamiento?
…De un difuso sentimiento.
Buscará plasmar en versos
hasta quedarse sin aliento
o tal vez hable del viento
y de paralelos universos.

Me pregunto si ese día
tendré alguna lucidez
o saldrá otra estupidez
con perdón, de parte mía.

Creo que podré escribirla
si venero el buen humor,
dicen que hay un rumor:
a la vida hay que vivirla;
si lo hacemos con amor
esa poesía será un clamor
cada verso será esquirla
que nos toque en su calor
la acogeremos con valor,
y el sabor de transmitirla.

Si la poesía sale sincera
y tiene un sentido rector
vivirá así en cada lector
o quizá al leerla muera.

Pienso que cierta poesía
( de paz, dolor y valía )
será escrita un bello día.

Terapia de incomunicación

Este mensaje es para mi, por lo tanto no hay necesidad de que sigas leyendo. Si lo hacés, problema tuyo, ya que no estás incluido en el mismo, salvo en esta salvedad. Pero no es una inclusión sesgada, pues el mismo mensaje toma nota de la posibilidad de que el destinatario del mismo no sea aquél en quien se pensó, sino otro, que podrías ser vos, aunque de modo fortuito. Y si algún mensaje dentro del mismo lo captás como propio, sería tu propio problema como se ha dicho pues no has sido considerado por el mensaje en cuestión. Cuestión a todo esto que me quería hacer llegar la noción extrema de que la comunicación es en toda época una inquietud universal, y cuando digo universal quiero decir de todos: hombres, mujeres, niños, ancianos, sapos, codornices y legumbres. Si, el estado vegetativo del ser también tiene ese anhelo de comunicación y comunión con los demás. El problema ( actual ) es el exceso de entretenimiento, no porque esté de más en sí, ya que el aburrimiento como contrapartida es lo que incita la desmesurada producción de aquél, sino porque los medios y/o los mensajes que la cultura brinda, nos brinda, se toman como parte de lo mismo y por tanto obstruye comunicación posible entre dos sensibilidades y sólo hay un mero entretenerse en el ínterin reduciendo las posibilidades inagotables de la comunicación a un triste pasar el tiempo. Y el tiempo pasa de todos modos, para algunos vertiginosamente mientras que otros siquiera lo notan. La materia se desgasta a su paso y decae, se pone rancia. Ni siquiera las rocas que se ven casi indestructibles se resisten al paso del tiempo. Y tiempo sabemos, sabés ahora, es lo que no sobra. El tiempo es limitado, más allá de que uno pueda resucitar unas cuantas vidas luego de otras tantas muertes, pero en esas también lo será. Esto quiere decir, que lo único que es eterno, aunque suene pueril, es la eternidad. Y como ella nos espera paciente, ¿qué apuro puede tener el tiempo que sabe de sí de su propia finitud? Ninguno, desde ya, porque desde el punto de vista particular el tiempo es consumido y muchas veces nos consume, pero desde el punto de vista de la eternidad, es ésta quien devora el tiempo, la historia y los tiranos. Y si, de todos modos, hay mal que dure cien años, después de ello se terminará yendo por la alcantarilla del olvido, para que la vida prosiga su rumbo feliz sin fin hacia la eternidad. Buenas noches ( buenas noches para mi, que me voy a dormir ).

Sobre una hoja de tilo

Lo que me pasó es de no creer. Iba caminando en dirección este-oeste, sobre calle 7 de marzo antes de llegar a Pueyrredón y había un charco justo contra el cordón cuneta. Encima del charco, una hojita amarillenta flotaba, de unos 5 centímetros de diámetro. Aparentemente era la hoja de un tilo. Encima de la hoja, lo vi clarito, había un saltimbanqui que me hacía morisquetas. Y sobre la hoja, tenía delante una especie de dedal en el que recolectaba las propinas que la gente le dejaba. De repente, un gnomo con una gaita salió del charco y se puso a tocar. El saltimbanqui se puso a danzar y se agolpó cantidad de gente alrededor del charco que las propinas rápidamente sobrepasaban la capacidad del dedal. Del tilo descendió un arlequín del tamaño de los otros que, con una flauta, se sumó a la orquesta. La gente estaba como loca de contenta y algunos lo empezaron a filmar, videos que ya se pueden ver en youtube desde esta tarde. Lo trágico fue que un boludo le dejó de propina una moneda de 2 pesos y la hojita no aguantó el peso, con lo que se hundieron los tres. Nosotros los quisimos rescatar, nos metimos con kayaks y botes inflables, tiramos salvavidas y sogas para ver si los sacábamos pero fue imposible. Lo único que pudimos pescar fue la gaita. A la moneda la dejamos ahí y alrededor del charco levantamos un muro. Desde esta noche todos van al mismo y lo utilizan como fuente de deseos. Le pusieron luces y quedó muy lindo, resplandeciente. Antes de volver había un loco que, tirando una moneda, pedía que el agua se convierta en vino.

Érase una bes. Tia.

¡Se me escapó la tortuga! Hice como el avestruz y me olvidé del asunto, se ve que tengo pájaros en la cabeza. Después lo quise resolver, pero soy un asno. No daba para más sudando como cerdo, casi me vuelvo el mono que encontró el reloj. Decí que como como un gorrión y mi silbido de canario le puso música al día porque pájaro que comió, voló, decían los viejos, o algo así; tengo memoria de elefante aunque como perro fiel nunca muerdo la mano que da de comer. Por eso finiquité el asunto con astucia de zorro.
¡Caracoles! A veces soy listo como delfín.

La justa medida

A medida que envejecemos
los achaques, los dislates,
los dolores, los olvidos,
los descuidos, los sabores,
los amores, los valores,
los ataques, los remates
los ganamos, los perdemos
pero al viejo lo queremos.

Ya no digan whisky

Se me ocurrió algo que puede ser un poco trillado según la latitud. Se los comento igual. Cuando nos saquen una foto, en lugar de decir “whisky” que nos abre la sonrisa pero nos deja con rostro de foca escocesa, digamos “chinchulín”, pudiendo suspender el vocablo en la sílaba chu, o extender lín, acentuándola, a gusto, que si bien queda menos careta y un poco más grasa, nos deja en la mirada un dejo de ternura, como de ternera.
Para los más intrépidos, se les ofrece la opción de atender el flash diciendo “vericueto”, en cuya sílaba con diptongo nos ofrecerá un rostro juvenil y armonioso, como de cui.

Pacto de convivencia

Tengo un pacto de convivencia con los mosquitos: no los mato a cambio de que no me piquen. Ellos, dada la desigualdad de envergadura, por norma, aceptan a gusto.
No obstante, hay algunos que ignoran dicho pacto y se atreven a alimentarse a costa de mi sangre. Por las dudas de cometer el atropello de matar a uno de ellos que efectivamente sí respete el pacto no tomo medidas drásticas, sino que simplemente mantengo mi palabra porque comprendo que siempre puede haber algún rebelde.
Eso sí, al que anoche me picó el culo cuando dormía se la tengo jurada.

Monólogo de Laurelio

Cuenta el poeta que es poeta, y vive
con este engaño soñando,
despertando y poetizando,
y algún elogio recibe
por lo que su tinta escribe
que en cenizas se convierte
y con suerte vence a la muerte.
¿Qué hay quien intenta escribir
con metáforas y símbolos decir
en papel, por no gritarlo fuerte?

Cuenta el loco con su locura
que la soledad le ofrece,
Cuenta el narrador que perece
ante una musa y su hermosura;
Cuenta el vil mal sus proezas
cuenta el ladrón lo que pretende
cuenta mentiras y no se ofende
y en el mundo, en conclusión,
todos cuentan su ilusión
aunque ninguno comprende.

Yo cuento que estoy aquí
detrás de un papel en blanco
y cuento el cuento de un manco
que de un quijote leí.
¿Qué es el cuento? Una lección.
¿Qué es el cuento? Una ficción.
Un símbolo, una ilusión.
Y el menor cuento es hermoso:
que toda la vida es cuento
y los cuentos, cuentos son.

El muro imaginario

Al hablar a través del muro de Facebook uno puede tener la flagrante impresión, la idea de ese falaz imaginario, de que se le habla a todos, donde todos es el ícono por excelencia de una presencia corporalmente inexistente, el ideario formal de lo que representa una mayoría, una mayoría cultural atribuída a la opinión generalizada a la que -previamente- hemos sucumbido ( uno mismo ) y nos consideramos parte del engranaje de opiniones, creencias, concepciones. Por tanto, los mensajes de ésta índole niegan al sujeto y se someten al imaginario, reducto donde todos tienen la última palabra pero nadie la ejerce. Obstante, pueden aparecer muchos que, con su interacción digital, certifiquen la supremacía de todos para que todo siga su curso habitual.

Popurrí para pensar, para reír, para llorar, para qué

Qué cosas tiene la cultura, ¿no?
Hoy me enteré que la alpaca, además de una aleación de metal, es un animal de la familia de las llamas y guanacos. En cualquier momento me dicen que plata, además de dinero y metal, es un caballo.

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Me compré un smart tv -en Wal-Mart donde lo testié viendo Walking Dead- y ahora lo veo a Maxwell Smart en HD hablando por Smart shoe’s, justo hoy que ‘Smartes ( qué HdP!).

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Todo bien. Todo está bien. Bien. Todo bien. Todo va bien. ¡Qué bien! Muy bien. Bien, bastante bien. Muy bien. Todo bien. Bien bien. Muy bien. Va bien. Bien. ¡La puta madre, qué vida de mierda!

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Uno no deja de sorprenderse ante tanta estafa en la que caemos. Sin ir más lejos, el jueves me compré “El libro de la Nada” y está lleno de “palabras”.

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Están descubriendo tantas cosas de la prehistoria, se está haciendo tan extensa su historia, que en breve tendrán que descubrir la prehistoria de la prehistoria, o en su defecto, crear una linda historieta.

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-Soy youtuber.
-Oh! Muy bien! Felicitaciones cap@!! Geni@!! Maestr@!! Pasame el link.

-Soy escritor/a.
-¿¿Vos??

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Hay gente que se compadece de aquellos que ( por desidia, dolor, enfermedad, vergüenza o apatía ) ven la vida pasar, pero no tienen en cuenta a aquellos que -como yo- tienen todos los días un cortejo fúnebre en la puerta de su casa.

Antes de cambiar el mundo

Aquellos que quieren cambiar el mundo entero
Deben saber unas cuantas cosas primero:
Por ejemplo, París no desea llamarse distinta
Ni Miami pertenecer a otro país;
El Ganges es difícil que desemboque en otro océano
Ni el Vaticano quiere tener nuevos símbolos;
Mi prima está contenta con su profesión
Su hermana, lo propio, con su familia, al tejer,
Quizá, la tuya también, y el vecino chocho con su mujer;
El paraíso, feliz cuando escucha llover
Las gallinas cluecas cuando van a poner;
Para el viento nada mejor que levantar tierra y hojas
El futbolista regio con su contrato
La gata Flora dulce al ver a su gato;
Los museos vivos y libres de humo
El basural colmado con desperdicios inmundos;
Los jardines rebosantes de flores y mariposas
El doctor digno al recibir un paciente
El kiosquero contento ( hoy nuevo cliente )
Uruguay estará para unos allá sobre el oriente
Y cantan los gallos también al poniente;
Al dinero se lo gana, se lo crea, se lo roba, se lo pierde
Hay besos dulces y besos que muerden,
Hay música sublime, puede que te llegue,
Y poesías duras que tal vez te peguen.
Ahora sí, muchachit@, con tesón
cariño y devoción, cambia el mundo,
De corazón.

Paparulo

-Disculpe, ¿baja en ascensor?
-No. Bajo en sodio.

********
-¿Qué pesa más, tres kilos de papas o tres papas de un kilo?
-Pará que lo googleo.

********
-¿Qué tiene más peso, lo que repiten como loros la palabra del Papa o un loro que sólo repite la palabra papa?
-No me la hagas difícil…

********

-En este mundo todo se transforma, nada se pierde…¿qué será de la papa?
-Popó.

Despedir

Era la mañana de un día martes. Un martes cualquiera. Temprano. Hacía calor. Se oía el canto de los pájaros sobre los árboles aledaños. Se oía también, el paso de automóviles por la calle fuera. De repente, sonó el timbre.
-¿Quién es?, preguntó Hugo Ronsell.
-“El cartero”, dijo una voz al otro lado de la puerta.
Hugo buscó las llaves.
-“Telegrama”, dijo el cartero.
Hugo firmó. “NOTIFICÁMOSLE –leía- QUEDA CESANTE EN SU EMPLEO A PARTIR DEL DÍA … “. El impacto en sí fue tremendo. Primero se sentó pensativo, buscando respuestas. Se tomaba el rostro primero, luego la cabeza. Se levantó de su asiento, caminó dando vueltas un rato por toda la casa. Aceleraba su paso a medida que lo hacían también sus pensamientos, y se detenía, cada tanto, cuando no le encontraba lógica al asunto. “Si bien, lo he estado esperando –pensaba- , nunca creí que fuera así, tan brusco. Tal vez si me hubiesen dado un indicio”. Seguía pensando: “Parece que era lo que deseaba, pero cayó como un veneno en mis entrañas”.
Al cabo de un rato, en que Hugo se dio un baño y, luego, tomó una taza grande de café, se dirigió a un estudio jurídico con el que ya había tenido algún trato en ocasión de un accidente de tránsito que lo había visto envuelto. Allí lo recibió la secretaria del abogado Garismendi, y le pidió que aguardara al doctor un momento. Luego de varios minutos de espera, fue atendido por el doctor.
Al mediodía, Hugo pasó por un café y pidió un cortado con un tostado de jamón y queso. Tomó el diario para distenderse un poco. Hojeó la sección espectáculos. No quiso saber nada de temas de actualidad ni política. Allí, en una nota, entrevistaban a una joven que había dado a luz durante un recital de La Portuaria. Era todo un acontecimiento, luego de los alumbramientos en recitales de Babasónicos, Los Tipitos y Los del fuego, éste resultaba ser el primero en un estadio de básquet, pero no durante un partido de dicho deporte, ya que hubo dos recordados partos en Quilmes – Chascomús Unido y Ferro Carril Oeste – Ciclista. Luego repasó los clasificados del día, pero no estaba de buen ánimo para encarar su búsqueda en ese momento, tras el reciente golpe. Menos aún, luego de leer en necrológicas el anuncio:

♣ Hugo Ronsell ( Q.E.P.D. ) A un año de tu partida,
cada minuto que pasé sin ti te extrañé más.
Cada recuerdo que acudió a mí me embargó en llanto,
si fue de ti. Tus palabras, claras, prudentes. Tu
compañía, cálida, en paz. Hoy siento que ya no estás.
Después de un año, sé que te vas. Espero, descanses ya.
La vida debe continuar más allá de nuestros deseos.
Te amé desde el primer al último día.
Geraldine Arias.

Hugo se quedó pensativo. Intentó recordar si conocía a alguna joven con ese nombre. Pasó por su memoria un tenue recuerdo de una chica que había conocido alrededor de 15 años atrás, por un breve tiempo. Pero creía estar seguro que llevaba otro apellido. Guerín o Guerni. Lo descartó. Bueno, no debe ser para mí, se dijo. Será un homónimo. Alguien que lleve el mismo nombre. ¿Será un pariente lejano?, pensó. Curioso, mínimamente. Además, no estaba muerto. Por un instante dudó. Observó la fecha del diario: indicaba que se trataba exactamente de un año posterior al día. Se levantó con el diario en su mano, y se acercó a una mesa próxima donde un hombre tomaba un café.
-Oiga -le dijo Hugo- me puede decir qué pasa con este diario, me extraña qué ha pasado con la fecha que indica.
El hombre tomó el diario, observó lo que Hugo pretendía que viera. Dio vueltas las páginas una y otra vez. Luego dijo:
Al parecer en las páginas pares figura un año, en las impares otro. Debe ser un error de imprenta. Curioso.
Hugo le agradeció y se volvió a ubicar en su mesa.
Un instante después, se le acercó una niña que no tendría más de 11 años. Le mostró colocando sobre la mesa unas estampitas, gesto que Hugo rechazó con un gesto.
– Tengo hambre, dijo la pequeña.
Hugo respondió:
-Mira, niña, si no estudias tendrás hambre toda tu vida.
Ella tomó las estampitas, tomó una y la dejó sobre la mesa:
– Es San Cayetano. Se la regalo. Algún día la va a necesitar -le dijo con una sonrisa amplia, pero carente de vitalidad.
– Toma -le dijo Hugo extendiendo su tostado hacia la niña- puedes quedarte con él. Al menos hoy no pasarás hambre. Perdona por lo que dije anteriormente. A veces la gente grande estamos absortos en nuestros propios asuntos y no prestamos la atención necesaria a quien pretende algo nuestro. Fingimos que no nos importa, para dar preferencia a nuestro pequeño problema creyendo ser superior. Con tu actitud me has mostrado que he sido un necio. ¿Cómo te llamas?
– Geraldine. Geraldine Arias. Vivo con mi padre y dos hermanitos. Nuestra madre falleció hace 3 años y mi padre enfermó y perdió su empleo. Por la mañana reparto estampitas para ayudar en el hogar. A la tarde voy al colegio.
El impacto en Hugo fue tan fuerte que trastabilló de su silla. La niña saludó y se marchó de allí. Hugo la siguió con la vista, reflexivo. La siguió mirando cuando al cruzar la vereda fue embestida lentamente por un auto, que frenó en el choque. La niña cayó al pavimento. Hugo salió corriendo en dirección a ella, como mucha gente que se agolpó alrededor. “Apártense, dejen espacio. Estoy con ella”, dijo Hugo al llegar. Hugo se agachó para verla y notó el temor en su rostro. La revisó, y al parecer, no encontraba grandes heridas. Tras el toque, el señor que conducía aquél automóvil frenó. El golpe fue pequeño, la caída menor.
Al rato llegó la ambulancia y Hugo pidió acompañarla. Se sentó a su lado, puso la mano sobre su rostro y le decía, dulcemente: ”Todo está bien… todo está bien… todo está bien…”. Llegaron al hospital, se le hizo el estudio correspondiente, y un médico le dijo a Hugo:
-Va a estar bien, fue sólo lo que usted vio.
Luego, la pequeña dormía. Sobre una mesita, al lado de su cama, estaba el tostado de jamón y queso.

La caída de Babilonia

Despotrica, potrillo
Que el esquema caduca.
Afila bien tu colmillo
Lobizón con peluca
La luna viene asomando
El día irá regateando
Minutos de tu penumbra.
Y si una imagen te alumbra
Tu rostro desvencijado
Mira de reojo el pasado
Lo antiguo de la existencia
Y encontrarás la evidencia
De tu alegría eclipsada
En astros, camastros, mensajes
En rostros y bellos paisajes
Quizá en alguna alborada
En una palabra sincera
O en una poesía cualquiera.
Pues ella paciente se esmera
Y en tu corazón te espera.

El filosofósforo

Ping pong de preguntas y respuestas a nuestro filósofo estrella.

-¿Pienso, luego existo?
-No, ni viceversa.
-¿Ser o no ser?
-No ser.
-¿Sólo que sé que no sé nada?
Ni eso.
-¿Sólo existen dos cosas infinitas en el universo?
Tres, con las preguntas.
-¿El conocimiento es poder?
-¿A usté de dónde lo conozco?
-¿Time is money?
-¡Oh yesterday!
-¿La vida es sueño?
¿Cuál?
-¿El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra?
-Cuatro, cinco y la mujer.
-¿Dios ha muerto?
Resucitando.
-¿El sabio puede cambiar de opinión?
-A la luz del alba.
-¿Es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla?
-Callate, infeliz.
-¿Quién se baña en el mismo río dos veces?
Usté.
-¿Puede enseñarle algo a alguien o sólo puede hacerlos pensar?
-Como bien dice.
-Para finalizar, ¿El corazón, tiene razones que la razón ignora?
Habrá que ver.

Fulbito

Como el avestruz
este simpático monito
esconde su testuz
adentro del fulbito,
se olvida sus problemas
el peso de sus penas
y sueña con estrellas
del Barsa o de Marsella
no es que sea desdichado
no pagó el codificado.

Urgencia

Vicente se había preparado unos mates. Sentado en el comedor, mientras tomaba uno, aparece su hijo con cierta urgencia.
-Viejo, necesito urgente el coche. El Tecla se quebró una pata acá en la canchita y lo tenemos que llevar al hospital. No sabés cómo está.
– Me imagino. Sangre por todos lados y vos encima querés que te largue el auto así nomás. Y todo por un raspón.
– No, viejo. Tiene una quebradura que se le salen todos los huesos de la piel.
– Si, son cosas que pasan. Gajes del oficio, se le dicen. Si jugaba de árbitro esas cosas no le pasan. Aunque por ahí se ligaba un botellazo en la marola.
– Bueno, ¿me prestás el auto o nos llevás vos al hospital?
– ¿Por esa pavada? Vayan caminando, ¿qué serán? Veinte, veinticinco cuadras, así de paso le afloja el hematoma a ese infeliz…
– ¡Qué hematoma! Te digo que se que-bró.
– ¿Si es para tanto por qué no llaman una ambulancia? Los pibes de hoy en día no sé en qué tienen la cabeza… piensan en boludeces. ¿Para qué practicar un deporte de verdad que te podés raspar como ese infeliz del Tecla cuando te podés quedar en tu casa calentito y limpio, apretás dos botones y jugás como si fueras el 9 del Real de Madrid? Hay cosas que no se explican…
– Chau viejo, gracias.
– El diablo sabe por diablo, pero más sabe tu viejo. No por mucho ayudar a Dios se madruga más temprano.

De una habitación sale Ana María, se para frente a un espejo y mientras se peina le habla a su marido.
– Vicente, ¿qué quería el Matías que andaba tan apurado?
– Andá a saber qué quería el borrego ese. Siempre te viene con cuentos. Habrá aprendido de vos.
– ¿De mí?
– Sí, claro que de vos. ¿Te acordás cuando nos vino con la historia esa de que le había robado la gorra a un policía? Pálido estaba de lo asustado que vino.
– Pero era verdad. La gorra la tiene en un cajón. –dice Ana María.
– ¿Qué va a tener ese? Mirá que el policía le va a prestar la gorra al infeliz del Matías…
– ¿Prestar? El Matías se la robó a la gorra. O no te acordás que tuvimos que ir a declarar a la comisaría…
– No creo. Hay cosas que no se explican. ¿O vos pensás que el policía le va a prestar la gorra al Matías? Decime, para qué. ¿Para qué? Tenía una fiesta de esas, ¿cómo se les dice? Jálogüin. Me imagino al Matías disfrazado de policía y me da escalofrío.
– No, viejo, Halloween es otra cosa. –dice Ana María.
– ¿Vos qué sabés? Capaz que hablamos de lo mismo pero con distintas palabras. Tantos años de discusión tirados a la basura. ¿Qué vamos a hacer con tantos años de discusión? Capaz que sacamos algo en limpio. ¿Quién te dice? Vos que le creés todo a ese infeliz del Matías, ¿me querés decir para qué vino recién?
– Pero si yo no lo vi, estuvo hablando con vos.
– ¿Conmigo? –pregunta Vicente confundido.
– Sí, viejo, con vos.
– Cómo te gusta contrariarme…
– Vicente, sacá el auto que me tenés que llevar a lo de Chelita. Me está esperando con unas tortafritas. Dale que después le pido que me dé algunas para vos. Seguro que ya me guardó, sabe que te encantan.
– ¡Uh! La última vez que comí de esas porquerías me indigesté. Me hiciste acordar y ahora me dieron unas arcadas… agghhh
– No, viejo, eso fue con los canelones de la Gladys.
– Agghhh…
– Dale, viejo. Llevame que estoy llegando tarde.
– Pero a vos te parece que con los mates recién preparados tenga que dejar todo para sacar el auto, llevarte hasta lo de esa amiga tuya que, vamos a ser honesto, es una infeliz. No me lo niegues. Te tengo que llevar a lo de esa infeliz y después venís toda angustiada porque no puede seguir viviendo sin ese que tuvo por marido, que extraña y no sé qué más. ¿Para eso querés que saque el auto ahora? Aguantá. En una hora me tengo que ir a buscar unos destornilladores a la ferretería.
– Me están esperando Vicente. –le dice Ana María con cierta impaciencia en sus gestos.
– Que espere. O vos conocés a alguien que se haya muerto por esperar. Capaz que se murió de viejo y esperando, pero la causa no fue la espera misma. Eso te lo discuto a muerte. Paro cardiorespiratorio, en todo caso. Además, tanto apuro para qué, me querés decir. Después venís toda así, ¿cómo se dice? Acongojada. ¿Y todo por qué? Por haber estado tres horas escuchando los lamentos de esa otra infeliz.
– Chau, me voy en taxi. –se despide Ana María.

Vicente se ceba un mate y, luego, lo toma. Se levanta, va hasta donde tiene la radio y sintoniza otra emisora. Calienta un poco el agua de la pava y vuelve a ubicarse en el mismo lugar del comedor. Entre tanto, entra Dani, su hija menor acompañada de una amiga.
– Hola pa.
– Hola chiquita, ¿trajiste visitas a casa? –dice Vicente mientras saluda con un beso a cada una.
– No, pa. Ceci me acompañó hasta casa para ver si la podés llevar hasta la suya. Hoy no hay colectivos por paro de choferes.
– Y no es para menos. ¿A vos te parece poner el lomo todo el día por dos pesos que no te alcanzan ni para pagarte un chegusán? Lo único que falta es que se tengan que pagar el combustible para poder trabajar. ¿En qué cabeza cabe? En la mía seguro que no. No sé cuánto estarán cobrando, pero te digo que igual es poco. Además, te cruzás con un atorrante que no tiene nada mejor que hacer…¿y? ¿Qué hacés? Le tenés que romper la marola con el volante.
– Bueno pa. ¿La llevamos?
– ¿A tu edad sabés cuántos kilómetros caminaba por día? Treinta y dos. Diez para ir a la escuela, diez para volver y doce haciendo los mandados a la vieja. Tu abuela, descansa en paz. Todos los días. Cinco kilos de papas, dos calabazas. Después el pan de lo de don Octavio, la leche del tambo… Y acá tu amiga que no puede caminar ¿cuánto?
– ¡Qué se yo! ¿5 kilómetros?.
– Cinco kilómetros. No me hagás reír que me vas a hacer volcar el mate. Ahora, decime, vos querés que deje todo así, que apague la radio, saque el auto y deje el mate recién hecho para llevar a tu amiga hasta la otra punta con qué excusa más ingenua: el paro de choferes. Contate otra porque con esa no vamos a ningún lado.
– Vamos afuera que te acompaño hasta la esquina Ceci. –le dice Dani a su amiga y se retiran de la casa.

Vicente se levanta con la pava, le agrega agua y la pone al fuego a calentar. Pocos minutos después, vuelve a entrar Dani mientras Vicente está hurgando en la heladera.
– Chiquita, ¿viste donde quedó el salamín que me compré la otra noche?
– No quedó. Se lo terminó el Mati con el Tecla ayer.
– ¡Si serán infelices!

Vicente tomó las llaves del auto y salió urgente de la casa. Dani lo miraba desde la ventana. En eso, ve que su padre deja el auto estacionado frente a la casa, se baja e ingresa a la misma.
– Chiquita, vigilame la pava que dejé sobre el fuego que ahora vengo. Voy hasta la fiambrería.
– Si, pa. –le respondió Dani, mientras reflejaba su expresión declarando por lo bajo: hay cosas que no se explican.

El ratón

Le canto a tu alma divina,
le unto a tu piel margarina,
convido a tu boca sardina,
le pido un beso a la vecina.

Le escribo a tu risa, dulzura,
le pinto a tu rostro, hermosura,
le hablo a tu mente, locura,
me dice que soy caradura.

Me habla tu tía de cosas,
me pide le corte una
s rosas,
me dice que saque babosas,
que cuide de sus mariposas.

Le veo pasear a tu hermano,
camina escondiendo su mano,
me presta dinero o engrano.
Molesto, me da con desgano.

Te compro cartera y zapatos,
de cuero ni en pedo, baratos.
Te invito a comer unos gatos,
los pago lavando los platos.

Me voy, ahora me estoy fugando,
me marcho de aquí caminando,
y en el camino voy cantando,
espero que estés escuchando.
Vos seguí viviendo, jugando,
que mientras te voy evocando.
Y si pensás que estoy soñando,
no creas, hoy te estoy amando.

No vuelvas

No quiero tener tu presencia
me he acostumbrado a tu ausencia.
No vuelvas, te fuiste marchando
de a poco, hoy te estoy borrando.

Quedate en tu casa pensando
en lo que perdiste, llorando,
diamante en bruto soñado,
tesoro escondido olvidado.

Quedate, no vuelvas pidiendo
por Dios que te siga queriendo.
Mi alma se ha ido volando
a paisajes serenos buscando.

No vengas con cuentos de nuevo,
lo que me quitaste lo llevo
conmigo, sangrando, es un hueco
el que me dejaste hace eco.

No escribas la carta rogando
volvamos a vivir soñando.
Despierto, mis ojos abiertos
no observan recuerdos inciertos.

Un corazón triste no escucha
palabras que ayer eran lucha,
no quiero tener tu regreso
mi vida contigo es de preso.

Repito, no vengas diciendo
me amas, no creo, sonriendo.
Tu vida gastala jugando
a hacer el amor, evitando.

No extraño tampoco tu boca
tu beso fugaz, estás loca
si creés que te pienso seguido,
lamento haberte conocido.

Quedate, no vengas, no quiero
pensar que a tu lado me muero,
en vida concibo olvidarte
pensar que de mí fuiste parte.

Por fin, me despido escribiendo
mentiras te estuve diciendo.
Te amo como el primer día
volvé y reescribo la poesía.

No me nombres

-Tengo un problema con los nombres. Confundo los nombres. Pero no es que confunda la identidad de la gente, no, no es eso. Lo que confundo son solamente los nombres. Por ejemplo, lo quiero llamar a tu hermano que sé que se llama Osvaldo, pero cuando lo quiero nombrar me sale Rolando. Eso me pasa. A Juan no lo confundo, aunque a veces lo llamo Beto; pero con Beto nunca me equivoco, salvo cuando le digo Jorge. A María le digo Rosita, o Vero, hasta Fernanda. La miro a los ojos y pienso en María, pero cuando llega el momento de nombrarla me sale Fernanda, no sé por qué será. Ya consulté con un especialista, me dijo que es una alteración mnemónica, que con un poco de ejercitación se puede mejorar, pero a esta altura para qué. Me quería dar una píldora para la memoria pero le expliqué que yo no olvido las caras de la gente, ni siquiera los nombres; simplemente los confundo. A Rosa la llamo Vale o Ale; a Alejandra le digo Virginia y a veces la llamo Malena. A Valeria no la confundo porque le digo nena. Los hombres la hacen fácil porque le dicen Che a todo el mundo, entonces ahí no hay nada que confundir. A Ernesto le digo Eusebio y a éste le digo Esteban, de quien nunca me sale llamarlo así, por eso lo llamo Sebastián. Los nietos son los que más me cuesta llamarlos por sus respectivos nombres, debe ser porque son recién llegados. Joaquín tiene 4 y lo llamo Manuel. Eva el otro día cumplió los siete, pero le digo Nati o Nadia. ¿Ves? Cuando pienso en ella me sale el nombre sin problemas, pero el tema es cuando la quiero llamar, Nadia vení con la aba, le digo. A Teresita que tiene 5 añitos le digo Sofi, debe ser porque me recuerda a una tía muy linda que tenía que se llamaba Serena, a la que le decía tía Sofía. Y a Sofía la llamo Claudia, pero a ésta le digo Clara o Candela, nunca Carolina. De Cecilia nunca recuerdo el nombre y le digo Elvira, pero a Elba la llamo con un apodo, Diva, que es como le dicen a Elsa. Los géneros nunca los confundo, puedo confundir un Rómulo por un Norberto, pero nunca por un nombre de pila femenino ni viceversa. A Álvaro suelo decirle Alberto o Ariel, pero nunca Amparo a quien cuando la quiero llamar le digo Andrea, nombre que nunca me sale cuando quiero nombrar a Adela, hoy finada. El doctor me dijo que es un desvío cognitivo. Yo no quería ir al doctor, pero Carlos me insitió. No, Carlos no, fue Sergio, Héctor quise decir. Me pidió que lo haga por la salud de todos, por eso fue. Pero no mejoró nada. A Mario le sigo diciendo Ramón y a él Sandro. No sé desde cuándo arrastro este pequeño trastorno, aunque el doctor dijo que era un desorden nomás. Me quedé tranquila, pero hay veces que más de uno se ha enojado porque le confundí el nombre. El otro día, sin ir más lejos, a Hugo le dije Bruno y se levantó y se fue. Y ni hablar cuando a Silvia le digo Luisa, qué va, hay que verla cómo se pone, negra de la bronca. Pero bueno, después se le pasa, pobre. En fin, ¿Querés un tecito, Mariano?
-Roberto, tía.
-Sí, perdoná, no sé en qué estaba pensando.

La improvisación del loro

En el cúmulo del estrato de Estocolmo
Vive un viejo con un loro sobre el hombro
Te saluda con su ausencia de dentadura
Te sonríe entre la mugre el caradura
Te manguea unas monedas para el vino
Te agradece -tras la papa- el loro ladino.
Te marchás creyendo torcer su destino
De ebriedad, de pobreza y desatino
El hombre igual se empapa entre cartones
Es preferible a usar corbata y vender buzones
Dice el loro muchas gracias caballero
Usted sabe, todo se compra con dinero.
Incluso el vino, los dientes o el loro mismo
Por un rato te olvidaste de vos mismo.

Tiempo poco

Juan Andrés se abanica con el Clarín del día mientras Méndez lo hace con la gorra.

Juan Andrés: ¡Qué calor que está haciendo!
Méndez: Peor ayer, que hacía un frío bárbaro.
Juan Andrés: Sí, pero no había tanto viento como hoy.
Méndez: Parece que no, pero de la humedad, ¿qué me decís?
Juan Andrés: Qué te voy a decir…
Méndez: Y para mañana anuncian lluvias…
Juan Andrés: No, ¡la puta que lo parió!
Méndez: Bueno, no te quejés que la otra noche estaba bastante lindo.
Juan Andrés: Puede ser, pero ahora concentro todas mis energías pensando cómo pasar los días lluviosos.
Méndez: Acordate de guardar bajo techo el auto, porque dicen que tempranito hay caída de granizo.
Juan Andrés: No sé. Me parece que a veces pronostican más allá de los límites de su conocimiento, un poco para que no los insulten demasiado. Se cubren las espaldas.
Juan Andrés ( prosigue ): Y los que difunden, paranoiquean con el pronóstico.
Méndez: Sí, tenés razón. La semana pasada dieron pronóstico de lluvia tres días seguidos y no pasó nada en 700 kilómetros a la redonda.
Juan Andrés: ¡Ahí tenés! Yo buscando un paraguas para mañana y seguro que me quedo seco…
Méndez: Sí, en tu lugar mejor iría buscando una bufanda por si cambia el viento para mañana.
Juan Andrés: ¿Qué decís? ¡Con el calor que hace!
Méndez: Es verdad, pero con estos cambios de tiempo, no sabés qué pensar.
Juan Andrés: Vos no sabrás. Yo sí.
Méndez: A ver, ¿Qué sabés?
Juan Andrés: Que hace calor.
Méndez: Eso lo sabe cualquiera.
Juan Andrés: Puede ser.
Méndez: Sí, será. Te dejo, porque llego tarde a la oficina.

Méndez levanta su mano en señal de despedida.

Juan Andrés: Bueno, nos vemos. Esperemos que mejore el tiempo.
Méndez: Sí, ojalá.
Juan Andrés: ¿ Sabés qué quiere decir “ojalá”?
Méndez: No. Después me contás.
Juan Andrés: Si me acuerdo. Chau.
Méndez: Chau.

Apuesta al amor

La batalla de Cepeda


Cepeda nunca tenía suerte en el amor.
Había conocido a una dulce muchacha, que, tras unos meses de noviazgo, le dijo que quería tomarse un tiempo para pensar y no lo volvió a llamar. Aún. Quizá todavía lo esté pensando. Se sabe que lleva su tiempo arribar a conclusiones que brinden algún tipo de satisfacción.
Sin embargo, en el juego, la timba, era de lo más afortunado que se había dado a conocer. Sin ir más lejos, ayer se ganó 7 mil en la tómbola de Montevideo, porque el muchacho que le hizo la jugada pifió en el número que había querido jugar Cepeda y, éste, la quintuplicó por pálpito, según explicó.
Anteriormente salía con Marisa, quien lo abandonó diciendo que con él perdió el tiempo y la risa. Esa misma noche, a Cepeda poco le importó. Fue al casino y se llevó catorce lucas y el coche de su vecino, que se lo ganó jugando un partido de truco. Lo festejó comiendo lasaña sin tuco.
Cuando salía con Filomena, ésta lo dejó para abocarse al estudio de la quena. Cepeda no lo pudo creer, pero para apaciguar su pena, apostó el sueldo a la segunda docena, ganando también una plena que pagó el postre y la cena, dejando su barriga llena.
Tuvo por novia a la petisa de Elisa, que ni bien un poco creció, ahí nomás pereció. El médico dijo que fue paro, a Cepeda le pareció raro. Se fue al bingo manejando su Twingo y llenó tres cartones. Se llevó el pozo acumulado y también ganó una partida de dados.
De joven, Cepeda invitaba a salir a lindas jovencitas a quienes deseaba llevar a pasear en su destartalada motocicleta, pero todas se negaban poniendo alguna ingenua excusa, ocultando, toscamente, su desinterés tanto en la humanidad de Cepeda como en la maquinaria de su moto. Él, ni lerdo ni perezoso, jugaba pronto con sus amigos largas partidas de póquer en las que se gastaba su mensualidad, llevándose cuantiosos pozos que pagarían, luego, una moto tipo chopera 250 cc, mejorando sus armas de seducción.
No obstante, no fue sino María quien a su vida llegaría. Con ella además pasearía, en moto sin alboroto. A ella, Cepeda amaría y le preguntó si se casaría. Ahí fue que la bella María, un poco se asustaría y a Cepeda, al fin, dejaría. Otra vez, Cepeda, en soledad, decide jugarle a su edad. Lo agarra en la matutina y, lo dobla, en la vespertina.
Así es la triste vida de Cepeda, forrado en guita está el pobre. A veces le llega algún sobre, firmado por una querida. Le pide disculpas, de antemano, diciendo que su amor es vano; que ella prefiere no verle. Escribirle y, de lejos, quererle.
Hoy, Cepeda visita a su terapeuta. Ella sugiere, seguido, que la vida a veces compensa. Amor duradero, poco. Dinero ligero, un toco. Cepeda se va contento, luego de cada escarmiento, pagando jugosas sesiones que dan a olvidar obsesiones.

El asado

Guitarra en mano, se hizo presente Robertino. Los muchachos lo aplaudieron cuando lo vieron llegar. La carne ya estaba sobre la parrilla. A Robertino poco le importó, y empezó:

“En la noche más oscura,
se juntaron los amigos.
Si la carne sale dura,
por si acaso traje higos.”

Se llevó los primeros, tibios, aplausos. El vino comenzó su danza. Robertino continuaba:

“De reuniones y de asados
los muchachos saben mucho.
Gente, se los ve cansados,
¿Alguien me convida un pucho?

Robertino guitarreaba, los muchachos se alegraban, mientras la carne se asaba. Entre estrofa y estrofa había charlas, bromas y la ronda del vino, infaltable. Robertino proseguía con su discurso musical:

“Si el asado se ha quemado
no se asuste, compañero,
que me vine preparado:
fui hasta lo del verdulero
y tomates le he comprado.
A usted le gusten, espero”

Los muchachos aplaudían. Se los veía a cada momento más contentos que el precedente. Se imponían distintos brindis, típicos en sus reuniones. Cada uno de ellos, generaba un brindis posterior, con diferentes tópicos: la amistad, el asado, la mujer. Robertino seguía con su música:

“Este asado huele rancio,
a esa carne quien la trajo,
si fue el bueno de Venancio
seguro compró a destajo.
Se les nota su cansancio,
¿Si le aflojan al trabajo?”

Robertino continuaba con sus estrofas. Los muchachos contentos.

“Esa carne no me gusta,
se lo digo sin probarla,
si usted a la vaca asusta
poco antes de matarla,
se pone tensa, robusta,
y sale fea al asarla.”

Los aplausos desaparecían en el espacio que rodeaba la reunión. Los brindis continuaban, como Robertino:

“Este asado no es sabroso
se lo dice un jeringoso,
huele a feo, huele a viejo,
prefiero un morrón añejo.
Si este asado se le quema,
sale duro, sabe a flema,
no se preocupe por nada,
llamo y encargo empanada.”

Las risas acompañaban los aplausos. El vino coronaba los momentos. Robertino, a cada instante se superaba:

“Este asado está podrido,
esa carne no han cocido.
Se ve cruda, roja, negra,
prefiero tarta de mi suegra.
Y si a usted le gusta este canto,
espero, se emocione, no tanto.
Sólo digo que este asado,
se ha quemado, se ha pasado.
Si usted lo come, cuidado,
alguno se ha indigestado.”

Entre risas, aplausos y brindis fue pasando la noche. Así fue, cuando fueron a comer, el asado se quemó. La carne estaba dura. En el centro cruda. Los muchachos comieron contentos, igualmente. Excepto Robertino, que es vegetariano.

Revelaciones del más acá

Hay un grupo musical llamado ‘El otro yo’ que, no por contraposición sino como iniciativa, busca acercarse a lo que una revista llama con su nombre ‘Uno mismo’. También existe un disco titulado ‘Todos hablan, nadie escucha’ que, desde ya, nadie escuchó. Y hay una banda llamada ‘La oreja de Van Gogh’. Y un relator de fútbol repite como mantra ‘no le pregunten a nadie’. Te digo todo esto por este medio porque escucho mejor del oído izquierdo que del derecho. Sí, ya sé, ‘Qué tendrá que ver’ es una canción de Rafael.

Espejismos

El viento pasa sigiloso
la nube se queda en reposo,
el sol y la luna iluminan
amantes en besos deliran.

El ave retorna a su nido
de un lobo se oye el aullido,
todo está incluido, es tu vida
ni una mariposa excluida.

Aquello que todo contiene
se viste de flores y viene
perfumada con la fragancia
de ser, nada más, elegancia.

La aurora, el ocaso, la lluvia
silencio, palabras, espuria,
recuerdos que nublan la vista
para dar el salto estás lista.

¿Podrá prescindir el jilguero
del canto, el hombre del plumero?
Podrá hallar paz el destino
de aquél que se ahoga en el vino.

Será que no supo de entrada
cuál era el estado de cosas.
Será que no vio en las rosas
el llanto en su vista empañada.

No digas que nadie te dijo
te hartaste hasta del crucifijo,
tu sueño se va a la deriva
y sin embargo seguís viva.

Alguna palabra efectiva
tu pensamiento cautiva,
recuerdos que fueron tormento
memoria por ver su escarmiento.

Tan lúcida es la realidad
que no necesita buscarse,
florece en plena libertad
sin ella todo marchitarse.

Olvida la carga que pesa
sobre tu pesada cabeza,
recuerda que todo espejismo
tiene como centro a vos mismo.

Es vida, que pasa y te dice
que sos, yo no sé cómo hice
para darle forma a esa estrofa
no creo, de mí ella se mofa.

Se termina aquí la poesía
o miento, le queda alegría,
en palabras suaves culmina
si vos la captás te ilumina.