Vasta, reina

Para ese tiempo ya era un hecho el mate inteligente, que se cebaba sin necesidad de un cebador y guardaba un registro de los gustos de cada uno de los participantes de la ronda. Inclusive, el mate se tomaba sin la necesidad de succionar pues tenía un sistema mediante el cual cuando advertía los labios sobre la bombilla el mate enviaba su tradicional líquido en la cantidad justa, con la temperatura exacta, carente de polvo, con la fuerza necesaria para llegar directamente hasta el estómago y a velocidad precisa.

Por supuesto que existía el libro inteligente, el cual era leído sin necesidad del lector, llevando todo lo que contenía directamente a la conciencia de quien lo tomara en sus manos en una fracción de segundo, creando una sensación en la práctica incomparable con otra. De esa forma, había quienes leían en sólo un momento la cantidad de libros que le hubiese tomado la duración de su existencia fenoménica y lo que era más destacable es que se había eliminado la necesidad de comprender los escritos, descartando la tediosa tarea de distinguir entre obras buenas, regulares, malas y de terror.

Para ese entonces ya se habían inventado los cubiertos inteligentes, que pinchaban y cortaban la ración de alimento exacta de cada comensal, ateniéndose a los gustos del mismo respetando el tamaño justo preferido para ingerir. Cada uno podía así relajarse durante el acto mecánico previo a deglutir y darle otra distracción a las manos que durante tanto tiempo habían estado relegadas al papel de la servidumbre.

Existía el calzado inteligente, el cual advertía el faltante de baldosas sobre las veredas evitando pisar pozos, esquivando baldosas flojas que escondían agua debajo de sí mismas evitando de esa manera las célebres manchas por haber sido salpicado. El mismo también regulaba el paso de quien los usara de acuerdo al agrado que sentía por el paisaje, que apreciaba a cada momento de su andar.

Todas las cosas eran inteligentes, además del televisor. El papel era inteligente además de higiénico. El fuego era inteligente además de vivo. El alimento era inteligente además de light. El aire era inteligente por fin. La silla era inteligente además de la mesa. Las ventanas eran inteligentes además de infinitas. El jabón era inteligente además de tocador. La paz es importante además de la inteligencia. El vino era inteligente además de embriagador. La música era inteligente además de la electrónica y la física. La materia era inteligente además del espíritu. La goma era inteligente además del lápiz. En fin, todas las cosas alcanzaron el grado de inteligencia necesario para ser consideradas inteligentes, incluso el presente texto.

De esa manera, cuando todas las cosas finalmente fueron inteligentes indudablemente la inteligencia pudo prescindir de la humanidad. Y lo hizo. No quedó nadie sobre la tierra porque la inteligencia era vasta en sí misma.

Tan sólo quedó usted con un texto delante, las manos ocupadas y con un pie afuera de la inteligencia.

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