El sabor del encuentro

La historia no es otra cosa
que oler el perfumar de la rosa.
Ocurrió hace tiempo lejano
fue entonces me habló aquél marciano.

Me dijo contale a tu gente,
cuidado hay que ser displicente,
la historia que aquí se remonta
a un hombre de Venus e impronta.

Él le comentó que algún día
estuvo en Mercurio con tía
quien Júpiter había visitado
y mucho no fue de su agrado.

Allí de Saturno le hablaron,
dijeron que vida encontraron,
había una mujer de Neptuno
profesaba su amor por alguno.

Aquél por Plutón ha viajado
cansado, después, lo ha dejado
volvió tras pisar esa Luna
durmió como un niño en su cuna.

Él mismo halló otro planeta
dijéronle sólo es un cometa.
Le puso por nombre Gabriela
quedóse admirando la estela.

Después pisé viejas estrellas
me recordaron a doncellas
de tiempo, de antaño, remoto
no pude tomar ni una foto.

Volvió a contarme de Marte
me habló de sus obras de arte,
del bingo, del té, del casino,
lo lejos que vive un vecino.

Que pasó su vida viajando
el espacio ha cruzado surcando
mujeres celestiales fue viendo
de todos los planetas conociendo.

Y halló que no hay más hermosa
mujer en la vida que su esposa.
Él todavía está enamorado
de la mujer a quien ha besado.

Llorando me ha confesado
las veces que la ha engañado
con mujeres de otros planetas
e incluso de algunos cometas.

Hoy día, recuerdo la historia
que, riendo, trajo la memoria,
el marciano no era otro que Nacho
un amigo que inventa borracho.

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