Hacer carrera

Si te explicara las razones de por qué mi carrera artística quedó trunca no me las creerías. No obstante, puedo recordarte los papeles que me ha tocado desempeñar a lo largo de mi trayectoria para envidia de más de uno. Te podría narrar cómo llegué a interpretar diversos roles, pero nada de cuestiones menores. No señor. Todas para la pantalla grande. Me he llegado a topar con grandes de la época, gente que hoy descansa en paz, estrellas de ayer que iluminan el firmamento de los nuevos artistas, para qué nombrar. Pero, ¿por qué motivo me voy a quedar sólo en la narración cuando podemos pasar a lo pictórico? Acá tengo la colección de mis papeles en cine en estos videos. Como ves, no son muchos; sin embargo son mucho más de lo que cualquier actor de esos del montón puede llegar a aspirar. ¿Vos sabés cuántos darían la vida misma por haber ocupado mi lugar? Sobre todo en “Milagro de medianoche”. Hubo cierta crítica que quiso minimizar el papel, como dando a entender que es un papel menor, casi irrelevante. ¿A vos te parece que un canillita puede ser irrelevante? No señor. Es un papel que exige una máxima concentración. Pero, ¿para qué quedarnos en el ámbito de la narración? Esta parte la vamos a adelantar porque no viene al caso. Acá es cuando Julen sufre el accidente; después en el hospital lo conoce a Giles. Ahí lo ves. ¡Qué pareja, mi dios! Es de esas parejas que pueden hacer de un mal guión una excelente película. Vamos a seguir adelantando porque toda esta parte no tiene la mayor importancia. Por eso vamos directo a mi participación y vos me dirás si te parece de menor relevancia. Acá está. Mirá. Minuto 48, de los segundos 22 a 25. Sí, son 3 segundos en pantalla. ¡Mirá qué fondo! Pasa Giles Fanduzzi, ni más ni menos y ¿quién está detrás? ¡Ahí me ves! Sí, es verdad, se me cayó una revista, pero ¿qué querías? Hay que tenerlo a Giles a un par de metros y que no te tiemblen las piernas. Pará que retrocedo y lo vemos de nuevo. Ahí está. ¡Qué barbaridad! Sabés que después no lo volví a ver a Giles. Estuve cerca en la filmación, pero entre peinadores, maquilladoras y vestuaristas el tipo está siempre rodeado por cincuenta. Con ese papel inscribí mi nombre en la historia grande del cine. La crítica nunca me lo reconoció. Si no tenés ciertos enganches te ningunean. Te basurean, entendés. A los tipos no se les inmuta un pelo. Mirá que hablé con uno de los más influyentes en aquella oportunidad. Le fui franco, le dije que un papel así merecía que me dedique al menos una columna en el diario en el que escribía, que creo que el hombre del que te hablo era del diario Perfil. Y no, ni cinco de bola me dio. No obstante, mi carrera continuó en pleno auge siguiendo su curso ascendente. Si bien es cierto que no serían muchos papeles más, no hay que desmerecer el rol que cumplí en “La dama y el ruin señor”. Sé que se habló mucho después de esa interpretación, pero a veces es más importante llegar así al público que pasar desapercibido, ¿qué querés que te diga? Pero basta de parloteo, vamos directo a los bifes. En esta película me tuvo de compañero Robert Sullivant, que hace las veces del ruin Winston, que ahí ves en pantalla. Te digo que trabajaba bastante bien el guacho. Las veintisiete estatuillas que se llevó en su carrera bien merecidas las tuvo. Acá estoy, minuto 32, segundos 13 a 15. Lo pongo en cámara lenta porque te quiero explicar algo, para que se entienda bien. Mientras en primer plano lo vemos pasar al ruin Winston, ahí atrás, el de la bicicleta soy yo. Como ves, me estampo contra esa camioneta blanca que estaba estacionada ahí. Te quiero explicar bien dos puntos: el primero, tiene que ver con la bicicleta, porque te cuento que esa bicicleta que usamos en la película no es con la que estuve ensayando. No señor. La otra tenía frenos a contrapedal, además estaba bien inflada y ésta no. Esta era más linda, qué se yo, tenía más chiches, setenta y dos velocidades, pero tenés que frenar con las manos, entendés. Y lo segundo que quiero aclarar es que cuando ensayamos, lo que había estacionado ahí era un autito chiquito, de esos de dos puertas que para manejar te tenés que sentar arriba de las rodillas, entendés. Y cuando llegó la hora de actuar me encuentro con el armatoste ese ahí, qué se yo, un poco que me abataté y cuando quise frenar con los pies me desayuno que la bicicleta era de las que tiene los frenos en el manubrio, ¿qué querés que te diga? Y si, la crítica no tiene piedad de esas cosas. Pero seguí adelante con lo mío por amor al arte, entendés. No me quedé en eso, aunque podría haber bajado los brazos en ese momento. Pero no, de tozudo nomás. Y así fue como logro otro papel, que si bien no es de las mejores interpretaciones que me tocó realizar, se destaca porque la filmamos mar adentro en el “Coloso III”. Además, te recuerdo que en esa película actuó nada más ni nada menos que Linda Moon. Sí, vos me vas a decir que era una adolescente, pero que una estrella como ella me haya tenido como compañero en el inicio de su trayectoria me llena de orgullo. Te digo que para esta película estuve seis meses trabajando de mozo. Porque a mí los papeles que desempeño me gusta llevarlos bien adentro. Me gusta entender el corazón del personaje, entendés. Además, como la escena es en un crucero, estuve navegando dos meses para perderle el temor. Y si, un poco me mareaba, no te lo voy a negar. Pero bueno, me la banqué bastante bien después de todo. No vomité ni nada. Pero, ¿para qué quedarnos en las palabras cuando podemos ir directamente a la acción? Ahí vamos. Esa es Linda, creo que tenía dieciséis años ahí. O diecisiete. Porque durante la filmación cumplió años y se lo festejamos entre todos. Acá estoy actuando. Minuto 29, segundos 8 al 20. Este fue un papel bastante largo en pantalla, comparado con mis otras interpretaciones. Creo que fue de lo más extenso que realicé. Sí, ya sé, la crítica no me la dejó pasar. Pero yo te lo puedo explicar. Vos ahí me ves simulando que le sirvo la comida a esa señora. No, no es mímica. Pasó que olvidé cargar lo que tenía que llevar. Creo que el que me descuidó fue el director. Él tiene que estar en esos detalles. A mí si me dan para que sirva un plato de ravioles o un vaso vacío lo mismo me da. ¿Me vas a decir que no es un papel jugado? Fue la mejor escena. La crítica, como de costumbre, te da con un hacha. Algunos argumentaron que si contrataban mimos o clowns les salía más barato que pagarle a un actor. En fin, ¿qué querés que te diga?

Y ese fue mi último papel. Después de esa película me presenté en varios castings, pero sin fortuna. Además, con pavada de currículum, digo acá me entran a llamar de todos lados. Pero no. La crítica es jodida, entendés. Después de eso me llamaban para hacer de mimo en distintas fiestas. Fiestas infantiles. Pero no quería saber nada. No señor. Lo mío es hacer carrera en la pantalla grande. Y así fue. Mi carrera artística quedó trunca prematuramente. Pero no te voy a explicar las razones ahora. No señor. Si te cuento, capaz que no me creerías.

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