Imperfecciones

El imbécil sabe perfectamente que no hay perfección en la manifestación. Podrá haber un estado de suma belleza, un acto sublime, una pose suprema, una disertación magnífica que capte su atención. Sin embargo, el imbécil estará pendiente del momento en que se te vuelque el mate, yerres una palabra, patees una silla o equivoques un nombre para decirte:
-¡Eres un estúpido!

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