Escribir

Me voy a sentar a escribir
para no tener que sucumbir
ante la corrosiva sociedad
que te desgrana sin piedad;
escribir o en el intento morir
en el final esbozar un decir.

Con la antorcha de lo veraz
escribir, descifrar perspicaz
en resabios de comunicación
ofrendar al lector sensación
verbo apalabrado contumaz
sostén de la cordura sagaz.

No quedará dicho rezagado
que al escribir tan porfiado
caiga presa de algún vicio
simiente en su sano juicio
que por vivir ha rechazado
callar, y locuaz ha versado.

Así entre magno palabrerío
se refleja un sentir tardío
del mundo sólo una causa
el tiempo tiene su pausa
sacándote de ese hastío
corre y corroe como el río.

Escribir es del alma vivir,
la palabra tiende a desistir
al llegarle su vencimiento
y  lejos de dar escarmiento
es loable poder predecir:
Escribir puede ser resistir.

Seducir no querer convencer
subsistir, no caer, ni ceder
escribir con maestría y ardor
con simpleza, tesón y rigor
al obsequiar un verso perder
levantar la palabra es vencer.

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El silencio

En la relación interpersonal el silencio puede cumplir múltiples funciones, desde dar espacio y tiempo para pensar lo que se habla, dar lugar a una respuesta, medir el tiempo de la expresión o simple y profundamente compartir la compañía, entre muchas.

En la música, el silencio también tiene sus funciones, el cual lo puede dotar de belleza y sutileza, dependiendo del uso que se le dé y de la sensibilidad y talento del músico, y la atención del oyente.

En literatura el silencio también cumple su función, el cual se puede manifestar a través de diversos signos y usos que propician la pausa en la lectura, dependiendo de la obra literaria y, otra vez, del escritor y de sus cualidades para comunicar y, nuevamente, de la atención en este caso del lector.

En redes, casi del lado opuesto, encontramos que el silencio ofrece diversas interpretaciones desde apatía a falta de interés y participación, y tales prejuicios derivan cotidianamente en juicios hacia las personas que por diversas cuestiones no ofrecen nada a la comunicación. No participan. En muchos casos apresurados, debido a que la dinámica de la redes cargada de ruidos continuos sin silencio impiden al que está del otro lado frente a alguna pantalla encontrar algo sustancioso en lo que se esté comunicando. En todo caso, en redes el silencio no es comunicativo, a diferencia de lo que ocurre en la relación interpersonal, la música y la literatura donde el silencio tiene mucho por decir.

Un volcán

Una palabra que sembró la confianza
que despertó tu fuego vivo interior
tomó nota al fin tu sentir aletargado
que no hay dios que no haya superado
el mal trance de un pesar anterior
recobrando fuerza, valor y templanza.

Yacía moribundo, hibernaba confortable
opacado por siluetas que danzaban
al ritmo de diacrónicas canciones
le asustaban opulentas emociones
y palabras virulentas que trazaban
un insensato sentido descartable.

Pero el fuego al estallar que todo arrasa
no distingue del tenor del sentimiento
ni detiene su pasar en la pendiente
lavará con su fulgor en la vertiente
todo signo, todo mal, remordimientos
es el otro mismo tú el que te abraza.

Y al ser uno esos dos es una vida
plena, la luna también tiene sus caras
una llena, la  otra algo desconocida
alza el vuelo aunque te sientas perdida
que no es cierto que ya no te despertaras
que la dicha sólo estaba algo escondida.

Los emisarios del tiempo

En todas las épocas han operado en las sociedades diversos tipos y géneros de organizaciones secretas tendientes a algún fin, con algún objetivo particular que las movilizaba, de las cuales luego los estudiosos de las mismas divulgaban, sin ningún tipo de crédito por parte de quienes tenían la desgracia de prestarle atención, sus casi siempre lúgubres fines y desarrollaban teorías alrededor de ellas con el sólo hecho de desentrañarlas, pero no arribaban a ninguna salida satisfactoria, quedando relegados al margen de la félix societé que, indiferente, seguía sucumbiendo a todo lo que ellas sembraban entre el crédulo público. Los tiempos actuales no se quedan rezagados en tal sentido y, a riesgo de quedar marginado como paranoico, estoy abocado a desenmascarar a una mafia que ha tenido gran preponderancia en la cultura de los últimos años en la sociedad que la vio crecer.

Uno de los modus operandi de ella es tal que, asistida y apoyada por la tecnocracia dominante, ha desdibujado una situación que se presentaba cotidianamente entre los integrantes de la sociedad como de lo más habitual, llevándola al motus de ridícula o de befa, quedando quienes la practican –antes como partícipes al día- ahora como pasados de moda o relegados en las antinomias de los vientos vigentes. Me refiero a la mafia del tiempo y todos sus agentes del pronóstico. Hasta hace no mucho tiempo, uno se podía pasar horas hablando en balde de lo que podría pasar, si garuaría, si haría frío, calor, ¿caerá granizo? ¿lloverán sapos? Si cambia el viento o a qué hora amanece mañana. Decenas de minutos, horas e incluso algunos días hablando del tema más común y trivial que la sociedad le había dado un lugar preponderante en sus principales temas de conversación. Hasta incluso se han escrito libros y se han filmado películas con ello como eje central y/o argumento. Es diferente a casos en donde en algún recinto, como puede ser un estadio de fútbol, un templo o una facultad, uno sabe de lo que se habla y está casi obligado a saber lo mismo, pues esa es su regla del juego. Pero desde hace algún tiempo, el tiempo mismo es un saber más en todo ámbito, una mercancía de intercambio que se troca, un conocimiento indispensable para poder vivir en plenitud. A la hora que se me ocurra, puedo (y debo) tener el conocimiento de todos los detalles del tiempo con quince días de antelación, y no importa si son aproximaciones, estimaciones o certezas, lo fundamental es que lo sé de buena fuente y con ello se terminaron todas las especulaciones que tanto tiempo le restaban a la gente en nimiedades para poder destinarlo, por ejemplo, a elegir cuál será el próximo celular que me dará el pronóstico extendido que me voy a comprar. Pero lo que es seguro es que no voy a mirar hacia arriba cómo está el tiempo porque lo sé bien desde hace dos semanas, y no quiero que se malinterprete, porque no es una crítica a este nuevo beneficio que vino de la mano de la globalización ( dicho sea de paso, si Das Chagas hubiese contado con una app que le dijera que iba a llover torrencialmente el 2 de julio de 1817 sobre Apóstoles, con criterio, hubiese postergado la batalla para otro día favorable a su tropa con lo cual hoy hablaríamos portugués y seríamos probablemente el imperio al que todos le rinden tributo, pero Andresito Guazurary, viejo conocedor del clima, lo derrotó bajo la lluvia dejándonos como herencia un país soberano y una yerba de primera calidad), pero lo que se debería observar con atención es que ya no podremos prescindir de él mismo, pues nadie en la calle te va a saber decir si tenés que llevar bufanda o por las dudas traer paraguas cuando los que se divierten manejando el ánimo y la predisposición de la población decidan abandonar sus prácticas tétricas de dar aviso a través de los medios o aplicaciones en teléfonos, tablets, computadoras y nuevos dispositivos por venir qué tiempo hará, pues a pesar de que lo saben a la perfección, tendrán otros medios más ingeniosos para captar la atención de sus fieles y ya aparecerán otros detrás de mí para sacar a la luz sus objetivos. Para ese tiempo, ya se habrá creado tal religiosidad del asunto que ni los más escépticos serán escuchados. Cada tanto alguna anciana se queja del frío pero enseguida le aclaran que estaba anunciado desde hacía tiempo y uno siente un poco de pena por aquellos que se vieron vilipendiados por el desarrollo. Ligado a esta tradición posmoderna, se encuentran aquellos que indirectamente te obligan a entrar en sintonía con tales vaticinios y, más allá de que tengas guardia el sábado o sepas mejor que nadie que caerán soretes de punta, te desean de corazón abierto “buen finde”. Pero nadie puede sospechar de su buena fe ni elevarle reclamo alguno. Ellos, quizás, enfrascados en saber que Cariló los espera con 30 de térmica, le auguran buenos designios a todo prójimo que se interponga en su trayectoria. Pero basta por el momento. Time is money. Hace un calor insoportable. Eso sí, el pullover no me lo pienso sacar hasta que caigan sus máscaras.

De nominaciones, de bloggers y de generaciones

Había gente que me decía que Facebook servía para “enaltecerse” a uno mismo, que ese era el uso habitual y común que se le daba, quizá usando otras palabras. Y es mucho de lo que se puede ver por ese tipo de redes, donde lo vano solapado puede llegar a colmar la pantalla, donde cada muro es un producto, donde el peso de la opinión propia tiene un carácter casi irrefutable. Pero cada persona tiene mucho más para ofrecer que sólo juicio y opinión. Para eso existen los blogs, donde muchísima gente publica y ofrece variados textos que se dan a la comunicación, intentando mejorar cada día en sus formas y modos del decir, aunque cause frustraciones y desilusión. La ilusión juega un papel importante a la hora de publicar. Quien da a conocer lo que hace busca, como mínimo, llegar al otro, porque de eso se trata la comunicación. Así concibo la literatura, si es que tiene alguna función, aunque pareciera no ser funcional a muchas otras cosas, como la ideología hegemónica de la época que la viene descartando en varios países, donde los lectores son casos contados ( y perdidos para ella ). Quien gusta de leer muchas veces se encuentra sorprendido de sí mismo porque el texto derribó creencias, le abrió posibilidades o le favoreció vislumbrar diversas cosas que no tenía pensadas. El lector, muchas veces, se va descubriendo al leer, y ese descubrimiento no tiene fin.
Los bloggers también se van descubriendo al escribir, van desenmarañando su intrincada personalidad entre sus escritos y salen a la luz del texto muchas cosas interesantes para el lector, para el visitante que anda buscando quiénsabequé.
Seguir a un blogger puede ser un camino a perderse entre sus pensamientos y encontrarse entre sus espejismos, a identificarse con sus sentimientos y a rebelarse contra sus fantasmas, a buscarse entre sus pasatiempos y triunfar ante sus adversidades.
Quien escribe desconoce los alcances de sus textos, por eso muchas veces una palmadita en el hombro, como son las nominaciones a los diversos premios, vienen bien. Y como resulté nominado ( tras haberlas nominado ) al premio SUNSHINE BLOGGER AWARD, por las estimadas colegas Cami y Meli, paso a responder sus preguntas y cumplir con ellas, para lo cual publico aquí las respuestas por si a algún seguidor le llega a interesar ( ¡pero no dejen de leer mis poesías y relatos! ).

Formuladas por Cami

1-¿Cuál fue el primer libro que recordás haber amado profundamente?
No sé si tanto como amarlo, pero uno de los primeros que me despertó cierta admiración y asombro fue Ubik, de Philip K. Dick.

2-¿Qué pensás antes de dormir?
Olvido y me sumerjo en sueños.

3-¿Cuál es el peor libro (o menos bueno) que leíste?
No tengo cómo considerar que sea malo, pero mi ineptitud como lector me llevó a abandonar Fundación, de Isaac Asimov, luego de algunos capítulos en que me dí por vencido.

4- Si pudieras modificar una parte de tu cuerpo, ¿cuál sería? ¿porqué?
Poblaría las cejas, las veo medio desérticas.

5-Si fueras un super villano, ¿cuál sería el trauma/motivo que te llevó a ello?
Probablemente un resentimiento a la picazón, sea de piojos o mosquitos, lo que me llevaría a ser su Némesis.

6-¿Cuál es el mejor acompañamiento literario? (café, té, chocolates, música, gatos… todo cuenta)
Dependiendo de lo que esté leyendo. Si es una novela, la soledad es la mejor compañía. Leyendo cuentos y relatos puedo tranquilamente acompañarlo con unos ricos mates. Leyendo noticias, la música es lo que prefiero, ya que me permite distender ante las tensiones propias de la actualidad siempre conflictiva.

7-Te mudás de casa y sólo podés llevarte cinco libros, ¿cuáles elegís?
Escojo cuatro de Philip K. Dick y uno de Leo Maslíah ( si me lo devuelven porque lo tengo prestado )

8-¿Qué pensás de la astrología?
Desde mi ignorancia, pienso que hay algo de conocimiento y algo de imaginación e inventiva del astrólogo.

9- ¿El sol o la luna?
El sol para vivir, la luna para observar, para despejar sentimientos y pensamientos, para detenerme y existir.

10-¿En cuál de tus sentidos confiás mas? ¿La vista, el olfato, el tacto, la audición, el gusto?
En todos, aunque podría prescindir ( un poco ) del olfato.

11- ¿Qué momento del día es el que más disfrutás?
El amanecer es placentero.

 

Formuladas por Meli

1- ¿Cuáles son tus “Para siempres” durante ésta vida?
La muerte de lo mortal, creo que es para siempre. Como pienso que lo es lo eterno, claro está.

2-¿Cuál es tu lugar en el mundo?
Estoy a gusto en casa.

3-Si tuvieras que describirte ¿Cuáles tres palabras usarías?
Soy uno más.

4-¿Qué representa para vos escribir?
Escribir es un placer, me sirve para reflexionar y dar a conocer parte de mí, para brindar distintas visiones de muchas cosas, ofrecer pensamientos, sentires y para abrir puertas y cerrar ventanas.

5-¿Cómo te inspiras para empezar a escribir?
El comienzo de la inspiración puede surgir con algo tan nimio como una palabra, que da pie a un relato. O quizá con una idea muy precaria que puede dar lugar a un cuento, una poesía. O sólo por impulso interior.
Otras veces, empiezo a escribir para propiciar la inspiración, que después puede llegar ( o no, y lo escrito hasta ahí va a parar a la basura ).

6- ¿En qué cosas crees?
En la bondad, la belleza, la verdad, la nobleza, la simpleza, la inteligencia, la ternura.

7- ¿En qué cosas dejaste de creer?
En muchas. Espero que cuando escriba mis memorias no aparezcan por ahí.

8- Si tuvieras que usar dos palabras para designar ésta etapa de tu vida ¿Cuál sería?
Vivir y amar.

¡Saludos!

Al leer

Acaricio las palabras al leer
me detengo en cada frase
descompongo el entramado,
asimilo veraz lo trazado
lo refuto tenaz, lo descreo
lo intuyo sagaz, lo comprendo
perezco ( ¡oh!) en la metáfora
renazco –zaz- en otro verso
deduzco leal lo simbólico
disiento y retengo al leer
regresa la vista en lo retórico
suavizo mordaz el rasgo terso
gano tiempo sin línea, la hora
vaivén atroz del mundo
me aquieto locuaz, me recreo
y el espíritu fiel desplumado
vuela lungo al cielo perfumado
observa lunar astral su fase
siento, pienso, suelto al leer.

La hoja en blanco

hojablanco

No me causa ningún terror, ni espanto
como a otros escritores, la hoja en blanco;
por el contrario, le tengo cierta simpatía
verla ahí vital, agazapada, esperándome
avergonzada, quizá, por mi escasa lucidez.
¿Llegará la inspiración? ¿Tendré algo por decir?
La hoja en blanco ni se inmuta con mi inquietud
ni se preocupa, sigilosa, ante mi propia ineptitud.
Atenta a lo que pienso no anticipa mi escribir
cual regia soberana solapada en placidez
sigue ahí, delante mío, como mirándome
paciente, pudorosa, sin dudar de mi apatía
que cual otros escritores -a veces- me estanco
a pesar de los sentidos, parezco de Lepanto.

Le hablo en turbulencias ( evitando mentir )
contemplo lo que escribo, vestigios del pensar
que leo con sorpresa cual un lector dichoso
y me siento, con mis trinos, a verla atiborrada
de palabras, sentimientos, a ceder malhumorada
porque se creerá perdida, sin su blanca palidez
sin textura, calidad, solitaria con mi estupidez
a esperar que alguien la lea y perciba desdichada
que ya no es una hoja pura, ha sido desvirgada.
Y lejos de aterrarme, ni de sentirme orgulloso
la guardo en un cajón, la observo descansar;
saco otra hoja en blanco y le escribo mi sentir.

La intuitiva espera

calle (2)

Aún no eran las cinco. Todavía teníamos tiempo de llegar. Sólo había que esperar que el colectivo pasara en el horario indicado. Ñum miró su reloj una vez más. Pasó un vehículo delante de nosotros. Luego una pareja caminando. Algún perro sin dueños daba vueltas por allí. Pasó un taxi y dudamos entre pararlo o esperar el colectivo. Lo dejamos pasar, quizá, confiados en que el colectivo llegaría a tiempo. Una señora se paró a nuestro lado. Ñum puso música en su teléfono.

Sentirte de cerca…
me enrosco cual tuerca
doy vueltas contigo
giro sin sentido…
Eres tú… eres tú…
Mi condena, vida, mi cadena.

La señora a nuestro lado soplaba impaciente. Quizás la perturbaba la música. Un muchacho se paró también a la espera del colectivo. Aún teníamos tiempo. Pasó un chico corriendo por allí. Pensé en darnos por vencidos y regresar, pero desistí. Había que insistir, no podíamos dar marcha atrás. Una niña se arrimó a quienes esperábamos el colectivo e hizo lo propio. Ñum me expresó con sus ojos su fastidio. ¿Qué podíamos hacer? Lamentaba en aquél momento no haber detenido el taxi que había pasado por allí hace algunos minutos, aunque me habría costado un ojo de la cara pagar el viaje y de momento necesitaba ambos. Una señora mayor avanzaba asistida por un bastón hacia nosotros. La parada de colectivos se fue poblando casi sin darnos cuenta. Pasó un hombre paseando un perro. Ñum miraba esperanzada. En el teléfono sonaba una balada.

Sabes que es por ti
mi desvelo, mi mareo.
Bien sabes que no duermo
que no como, que me enfermo
que entristezco si tú estás.
A ti te canto, enfermedad:
déjame ya en soledad.

-Cómo está tardando… -me dijo una señora a mi lado.
– Hoy parece que más que nunca. Cuando uno está apurado, todo se conjuga para demorarlo a uno más de lo previsto. –le dije.
– A ver, me parece que allá viene.
– No, señora, es un carro atmosférico.
Me di cuenta que el sentido de la vista de la señora estaba notablemente alterado y se lo comenté en el oído a Ñum.
– Es cierto que no veo bien, pero el sentido del oído funciona perfectamente y no soy ninguna vieja chota, ¡maleducado! –me dijo esta amable señora.
Pasaron varios vehículos, pero ninguno de ellos era el que todos los allí presentes estábamos esperando. Un joven pasó vendiendo almanaques. Nadie le compró. No sé si por carecer de efectivo, por indiferencia o porque corría el mes de agosto. Se acercó una pareja de jóvenes a la aglomeración. Luego un anciano. Al pasar un camión, pude ver en la cara de la señora de miopía avanzada cómo se desvanecía la ilusión, a medida que se acercaba, de que este fuera el colectivo que esperaba. Pensé que podríamos dejar el asunto para otro día, pero reincidiríamos en el proceso, cayendo nuevamente en la molesta espera. Sonaba una canción en el teléfono de Ñum que distrajo mis pensamientos.

A ti te espero,
sé algún día llegarás…llegarás.
Aunque espere un año entero
yo te espero, tú vendrás…tú vendrás.
Y si mi espera es en vano,
dicen, todo es vanidad…vanidad.
Es por eso que me ufano,
no entiendo esta libertad…libertad.

Supe en aquél instante que el colectivo, esa tarde, no pasaría. Se lo dije a Ñum.
– Vámonos. No pasará.
– ¡¿Cómo lo sabes?! –preguntó Ñum.
– Sólo lo sé. No pasará
– ¡Lo que me faltaba! –dijo un señor retirándose del lugar.
– ¿Está usted seguro? ¿No estará confundido? Puede ser un error… -dijo la señora casi miope.
– No pasará. Continúe esperando, si así lo desea.
– Chau a todos. –dijo otra señora.
Una niña llamaba por teléfono a su madre para decidir cómo regresar a su hogar. Un muchacho tiró lo que le quedaba de una botella de gaseosa con bronca contra el piso y se marchó. Un joven se colocó su mochila nuevamente y se fue corriendo. Volvió a pasar por allí el joven con los almanaques. Ya no quedaba nadie.
Nos fuimos caminando con Ñum en dirección opuesta a la que habíamos estado mirando y, al oír fuertemente un motor a nuestro lado, nos dimos vuelta para mirar el paso del colectivo que, aunque le hicimos señales desesperadamente, el apático chofer no detuvo su marcha. Con Ñum quedamos mirándonos sin poder asimilar el hecho. Luego, ella me miró con ternura.
– No te preocupes, a veces falla. –me dijo con su dulce voz.

En vano hilvana

Anoche comí brócoli y me dio tortícolis. Me desperté con colitis, pero el médico me dijo que era por la bronquiolitis. Con bronca, encendí un pucho, pero ¡la pucha! me indigné. Sospeché de la ictericia colis. Por las dudas, fotografié sin dudar un colibrí con mi cámara de alto calibre. En la recámara, sentía cólicos, dicen que el coliflor es bueno para la flora intestinal. En el ínterin, con Flor supimos que en el Coliseo proyectaban una de Colin Farrell, pero no llegamos porque el colectivo nunca pasó. De paso les cuento que hay un cuento titulado Colinas como elefantes blancos y que Corina tuvo trillizos hace unos años, y a ellos se lo lee todas las noches.
Ya de noche, sacamos tres corvinas y las hicimos asadas, pero estaban pasadas. Esteban trajo el vino y Héctor, que vino en traje, descorchó. Chocamos las copas sin decir salud, pero nos saludamos bajo la copa del peral. Esperando el postre, colocamos un póster de Dardo Rocha en el comedor para tirarle dardos, pero sólo teníamos dados que le tiramos con gusto y atino. A Esteban le gustaba el ritmo latino, por lo que se vistió de deejay para pasar música a tono. Sonó el teléfono y al levantar el tubo Valentina se dio cuenta que no tenía tono. Esto no pasa seguido. Seguí dominando mis pasos de baile con Flor, que rozaba la euforia. Con furia, Rosaura se besuqueaba con Héctor en el sofá. Sofía se aburría como hongo. ¿Como hongos o longaniza? Estaba Esteban en un pico de indecisión pero con valentía Valentina lo apuró: dale con ese puro espurio. Juró no tocarlo y lo trocó por un bombón helado. Sentado a su lado -azulado vestía- Sofía tosía. Se lo disputaban ambos. ¿Vos querés bombón o cassatta?, le preguntó Héctor a Rosaura. El aura endiablada de Flor me preocupó. Con tupé y dinamismo, encendió la bomba con dinamita que extrajo de la cartera mientras servían las cassattas. En el aire sonaba Sonic Youth y eso sería lo último en escuchar, antes de que la casa ( y la cucha del perro revestida ) volara por el aire, al revés.
Determinamos que estaba loca. Lo catalogamos como el fin de la relación. Y terminamos con la ilación.

No es ninguna novedad

Un comercio llamado Vintage vende novedades. Las novedades son frescas y se venden muy rápido porque todo el mundo está interesado en ellas. Además, a medida que las novedades envejecen son más caras y son más difíciles de conseguir y deja de llamársele novedades. Las novedades siempre han sido un buen negocio pero este comercio lo ha sabido explotar al máximo.

El paso del tiempo le da un vértigo inusitado al ritmo comercial. Innatural. Con el correr de los minutos, las novedades hacen que todo luzca viejo, donde viejo es sinónimo de indeseado. Es decir que ya no será valorado por nadie. A nadie le interesa lo antiguo, excepto como motivo de distracción, como mera curiosidad con lo exótico, por eso también hay algún que otro pequeño comercio de antigüedades. Pero éstos son escasos y apenas si sobreviven.

Las novedades en Vintage son de variados tipos. Las novedades más destacadas son todo tipo de objetos, obras literarias o musicales, conceptos y teorías, terapias y medicinas, noticias de actualidad e incluso aromas y sabores. Todas las novedades son comercializadas exitosamente en Vintage. A cada momento las novedades que surgen en los diferentes ámbitos científicos, académicos o artísticos llegan a los diferentes locales de Vintage para ser comercializadas. La gente acude en masa a comprar las últimas novedades. Ninguno se quiere quedar atrás, ya que de quedarse se convertiría en un retrasado.

Hay científicos que han realizado diferentes estudios del fenómeno social que resultó ser Vintage, plasmados en conceptos cercanos a la compulsión o al vicio generalizado, pero tales estudios sólo sirvieron para venderse como novedad en Vintage. Ver lo nuevo era el truco más antiguo de la civilización, con el que se captaba la atención de la población. Así, las novedades en los locales de Vintage es lo que nadie se quiere perder. Es excitante y exultante estar al tanto de cada una de las novedades que salen a la venta. Al parecer, según otro estudio, la gente se harta de pensar en un pasado y un futuro y, cansado, busca una salida que sólo prestar su atención a lo actual le brinda esa posibilidad, y lo actual es nada más y nada menos que las novedades del comercio. Por eso, los directivos de la firma se mantienen en la cima del mercado, más allá de que hubo otros que salieron a competir. Ellos saben bien lo que el mercado necesita y se lo dan. Dinero fresco, la gente sigue prefiriendo pájaro en mano que cien volando, y las novedades son el ave más preciado al que la gente puede aspirar a capturar. ¿Es que hay algo acaso más importante que la novedad? Lo último, sin dudas, no era lo nuevo, sino lo más antiguo. Pero, ¿cómo dar su atención a ello? Me temo que de ser tan simple no lo es tanto. Es así que las novedades de Vintage atrapan en sus redes a millones de clientes deseosos de probar, ver, escuchar u oler lo último, aunque ese sólo fuera el principio.

Es sabido que las novedades no daban satisfacción, sólo un receso en la inclemente corriente de deseos, que pronto volvería a clamar su sed que sólo calmaban las novedades de Vintage. ¿Es peor el remedio que la enfermedad? ¿De dónde surge en el hombre este voraz hambre por el consumo de las novedades? Serían tiempos de locura y de ansiedad, sin dudas, y es difícil no caer en él. Vintage es la explotación de un truco milenario en su máxima expresión.

Con el tiempo, los locales de Vintage se expandieron de tal forma que no hay ciudad sin sus locales, red sin sus telarañas, barrio sin sus vendedores. Se dice que todos los comercios, grandes y pequeños, forman parte de la cadena de negocio de novedades Vintage, es el rumor. Y además, se dice que toda persona, sépalo o no, es agente de comercialización de la ideología vintage.

El significado que la gente da a “Vintage” es glorioso o de alta calidad. Otros lo traducen como famoso o extraordinario. Los menos, como clásico o antiguo.

Ya casi nadie recuerda cómo comenzó este comercio al que todos acudimos a conseguir las últimas novedades con el viejo sueño de obtener aquello que, quien sabe nos lo diga, dónde perdimos.

Nominando al nominador

Otra vez hemos resultado nominados para un premio, en este caso gracias a Roxane Bravo a quien le estoy muy agradecido por el gesto y que uds. podrán leer cómo tras devorar el mundo a bocanadas escribe cosas sumamente interesantes y publica en su blog que, aunque dice hablar a veces con sí misma, ofrece al lector un variopinto mundo de palabras, sensaciones y sentires.
Vale decir que La otra mitad ya tuvo otras nominaciones como ésta y ésta que podrán leer hasta saciarse.
En atención al premio, pasamos a responder las preguntas que fueron formuladas por ella misma.

 

  1. ¿Te gusta tu nombre?
    Si.
  2. ¿Cuál es una de tus palabras favoritas?
    Cuál es una de mis palabras favoritas.
  3. ¿Qué tres cualidades admiras más en una persona?
    El talento, el temple y la profundidad de espíritu.
  4. ¿Cuál es una de tus películas favoritas?
    Una de las últimas que me gustó fue Medianoche en París. Pero te voy a nombrar tres que me provocaron un gran impacto en su momento( hace añares): Carrera contra la muerte (Arnold Schwarzenegger ), Los sospechosos de siempre ( Kevin Spacey ) y Nueve Reinas ( Ricardo Darín, argentina ); en las tres hay un factor común: la estafa.
  5. ¿Sobre qué temas prefieres escribir?
    Comúnmente, escribo sin elección de un tema particular, pero con algún tipo de inspiración que me mueve a hacerlo y el resultado es una pieza artística que habla.
    Esporádicamente, escojo un tema para hablar de él, como puede ser la situación política, socioeconómica, etc. pero en esos casos resultan artículos de opinión y no artísticos, que es básicamente lo que publico en este blog.
  6. ¿Qué lugar elegirías para irte a descansar y meditar?
    Para descansar mi casa y para meditar cualquier momento y lugar es bueno.
  7. ¿Qué afición te gustaría retomar?
    La música.
  8. ¿Qué tipo de lectura es tu preferida?
    Aquella que descubre aspectos, cosas y factores en los que no había pensado. Puede ser cualquier género, desde poesía a novela. Si algún autor me resulta interesante trato de leer la mayor cantidad posible de sus obras.
  9. ¿Cuál es tu animal preferido?
    El esturión.
  10. ¿A qué lugares viajarías mañana mismo?
    Mañana tengo asuntos que atender que me impiden viajar siquiera a Pehuen Có ( una de las playas más cercanas ), aunque quizá me escape y viaje, es -como un escritor tituló- un bosque junto al mar.
  11. ¿Qué sensación te producen las fiestas de fin de año?
    Es un momento en el que se liberan todas las tensiones del año ( aunque el aspecto mercantil de las mismas puede generar diversas tensiones ), todo el sinsentido y malestar que pueda llegar a vislumbrarse en la escena social adquiere algún tipo de sentido y placidez incluso para el que se declara ateo, en el imaginario colectivo brilla alegría y euforia y, quizá, algo de locura, por qué no.
    Para el Sunshine Blogger Award voy a nominar a:
    Vik, y su positivismo real.
    Cami, con sus andanzas de luna llena.
    Eva, y su sensibilidad para decir ciertas cosas.
    Meli, y su paciencia inquebrantable para propiciar el encuentro.
    Aileen, y los dos lados de su ser.
    Julia, brindando luz a los corazones.
    Roxane, ¡estás nominada!

    Y las preguntas son:
    1-¿Qué momento del día es el que más disfrutás?
    2-¿Cuáles son los músicos que más escuchás?
    3-¿Cómo surge en vos la inspiración a la hora de escribir?
    4-Menciona una decepción que hayas tenido con la literatura.
    5-Si tuvieras que elegir una opción, ¿escribir o leer?
    6-¿Qué sensaciones te produce la lluvia?
    7-De tener autoridad, ¿Qué aspecto de la sociedad cambiarías en la actualidad?
    8-¿Crees que tu palabra ( escrita u oral ) puede servir para que una persona cambie algo de sí?
    9-¿Qué es lo que más valorás de otra persona?
    10-Ponle un título a tu vida como si se tratase de una obra artística.
    11-Escoge una de las preguntas que me han formulado y respóndela a gusto.

¡Saludos y feliz domingo!

Crecer

 

Al crecer, tu ser se esparce,
se extiende, crecés cual arce.
Tu vida se suelta al viento,
se rinde, se mueve a tiento.

Si distraída, caés, volvés,
seguro un día retrocedés.
Porque tu alma no fue de aquí,
se te desliza, como en esquí.

Confianza plena, calma serena.
La mar en coche, preciosa noche.
Tal vez tu suerte, no tenga muerte,
si vos querida, comés comida.

Tu plato lleva, tierno alimento,
se te subleva, si hay condimento.
No metas chinches, en tu barriga,
dejá, no linches, es una hormiga.

No mezcles huevos, sabores nuevos,
con mandarinas, truchas y harinas.
A ver, probá. Comé. Degustá.
Decime si la tierra fue injustá,
o acaso te alimentabas de un tornillo,
que uno molió, se le zafó, algún pillo.

Tu alimento es lo sustancial,
yo te recito en tono cordial.

A mis hijos no doy de comer,
peces podridos, eso es joder.
Nunca comerán huevo en esprai,
ni gasoil sólido, ni harán bonzai.

Ellos amarán su propia tierra,
perros, gansos, gorrión, mi sierra.
Tu pasto, agua, la flor, la lluvia,
¡Qué bendición! Say aleluia.

Y si un ojo se abre de repente…
¡Ay! mi dios, Qué de… de… mente
amplitud colosal, pasmosa.
¡Bienvenida! ¡Divina!… Hermosa.

Ahora que nada te falta
corre, ríe, llora, canta, salta,
baila, habla, besa, mira, come,
escribe, sirve, vive, la vida asome.
Que el corazón latirá, incansable,
ahora eres guía: era realizable.

El monitor y el dueño de la cadena

Acabo de comprar un monitor FHEZZ de 47.32 millones de colores. Y como tenía un rato libre, me los puse a contar. ¡Oh! Sorpresa, no llegaba a 46 millones. Entendí que había caído, inocentemente, en una estafa. Pero, una cosa, era segura: sería la última.

Me dirigí al establecimiento de artículos electrónicos donde había adquirido en calidad de precompra, el típico contrato en el que uno compra el elemento en cuestión, lo paga, con su correspondiente doblecuota que cubre: garantía, flete y hurto durante el mismo, propio o de terceros; y que, no obstante, uno se convierte en dueño con título habilitante del mismo, sí y sólo sí, paga la tríptica, que consistía en doblar el valor abonado originalmente, en dos veces de igual monto; es decir, duplicando el valor de la doblecuota.
Ya en el lugar en cuestión, me atendió un joven delgado, con nariz respingada que, curiosamente, pasaba la línea de abertura de su boca con la punta de la misma. Para alguien con problemas auditivos le resultaría complicado leer sus labios al hablar. Me trató muy amablemente cuando le planteé el problema en cuestión. Sin embargo, no me ofreció solución alguna. Pero, no obstante, me invitó a aguardar a que un personal superior, intentara resolver la inquietud que me llevó a ese lugar.
Luego de dos horas, se acercó una joven muchacha, que no llegaría a treinta años de antigüedad sobre la tierra, y me comunicó que ella del asunto, poco entendía. Por lo tanto me sugirió que, en unos instantes, le pasaría la cuestión a su inmediato superior, quien, afanosamente, resolvería sin más, lo dicho.

Al rato -largo y tedioso- se acercó un mozalbete que pasaría sin penas los veinte años, y me invitó a retirarme, aduciendo la fútil cuestión que me movilizó. Le repliqué que, a mi entender, era un asunto de vital importancia, puesto que mi vida no podría tolerar una estafa de tamaña magnitud más. Tras intercambiar opiniones cortésmente unos cuantos minutos, el muchacho me abandonó con la promesa de que le trasladaría el problema a su jefe, no sin antes propinarme un certero cachetazo, acompañado de una clásica palabra:
-¡Estúpido!

Tras unas cuantas horas, en las que me quedé dormido en la sala de espera de ese lúgubre centro de compras de electrónicos, se acercó un niño que no llegaría a nueve años, picando una pelota de baloncesto sobre el piso, que, instantes previos, se había transformado de baldosones en parquet, sin que nadie lo observara. El pequeño, me señaló el techo y cuando miré hacia arriba, el bravucón me arrojó el balón al centro de mi estómago, lo que provocó que me revolcase del dolor. Me indicó que le comunicarían el asunto al dueño de la cadena. Y sería él, quien por fin, me traería desde 687 kilómetros de distancia, en avión, la ansiada solución a mi pesar.

Pasé dos noches allí, aguardando.
Finalmente, esta mañana al despertar, se arrimó a donde me encontraba, una señora con un carrito para transportar a un bebé. No era un carro común. Era un carro dorado, completamente, y al acercarse, pude comprobar que estaba compuesto íntegramente por oro, ruedas inclusive. Quedé anonadado.
La señora, frente a mí, me pidió que tome al niño en brazos, indicando que era el dueño.
–Pppero…. -dije balbuceando, impávido.
– Sólo tómelo. -me dijo con voz firme.
Al alzarlo, el chiquilín, sonrió ampliamente, y tras esto, vomitó mi camisa rayada.

Los mediomundi

 

Te pinto todo muy oscuro
azabache y un cielo eclipsado,
levanto a tu lado algún muro
así veas que estás separado,
te enseño que vivir es duro
que aquí el amor se ha olvidado.
Lo rancio, lo espurio, lo impuro
me dice que lo he conquistado,
tranquilo, me siento y un puro
degusto en cuarto iluminado.

Como quien no quiere la cosa
lo dicho era sólo un esquema
ahora que no tenés problemas
tu mundo te pinto de rosa.

Pinceladas VII

 

La Punta Alta se aleja de la Bahía Blanca cuando algunos, entre risas, proponen rebautizarla High Peak, subordinando el idioma del que reniegan a tono con las modas de la era. El trabajo se divide en dos: lo que sucede a nivel físico, que es mecánico, maquinal o animal, según se entienda, y lo que sucede a nivel verbal que puede ser de índole similar a las dos primeras o de otra. En éste último, cuando no necesitamos de las palabras para la actividad que se realiza, los temas de versación derivan en pasatiempos imaginarios que nos distraen y entretienen, haciéndonos olvidar de aquello otro. Ahí me pregunto dónde estoy en esos momentos y creo que en ninguno, como en un relato onírico donde todo se conjuga para visitar escenarios paralelos entre guiones de una dramaturga deidad y en otro plano me encuentro yaciendo en la cama a temperatura agradable, a pesar de que en la noche detrás de las paredes la misma no bajó de veintiséis grados y pronto quizás roce los cuarenta. El timbre suena, pero todavía no distingo si es un bocinazo cuando estoy cruzando la calle en el sueño o es la vecina que me quiere consultar una cuestión que la tiene preocupada. Abro los ojos y ahora tengo sólo una alternativa: ir a abrir la puerta. Me mira un tanto turbada porque la impresión que le da mi cabellera no suele verla en las imágenes que a diario le depara su atención, salvo en algo que se muestre como algo exótico o cómico. Cuando sale del letargo me pregunta si no me dejaron alguna correspondencia certificada para ella, pero ahora me toca salir a mí y despegar el cerebro del espectáculo natural del sueño que todavía sigue rondando como un recuerdo leve y borroso que, finalmente, me deja rebuscar en lo sucedido el día anterior y recordar que dejé aquella correspondencia en la mesita del teléfono. Se la entrego y se despide con simpatía y agradecimiento, tras lo cual cierro la puerta con llave del lado de afuera y me subo al auto para no llegar tarde al trabajo. Pero al llegar enseguida me doy cuenta que otra vez es lo mismo que el día anterior, por lo que no tengo tanto apuro, regreso, me afeito, me ducho, me visto y me tomo un café escuchando el piano de Bill Evans, y ahora sí, voy al trabajo. O al menos allí parece que estoy cuando mi compañera Marisa me besa con la dulzura de una amistad o cuando un bochinchoso ruido me llama la atención, sin alcanzar a determinar si fue un portazo, una ventana que cayó o un estampido en el estacionamiento. Pero es suficiente para entender que hay vida. Después me olvido y continuó con lo que estaba. ¿Y dónde estaba? Ah, claro, estaba cruzando una calle cuando de repente oí un bocinazo, que para algunos resulta más fácil que pisar el freno, incluso en sueños. Sin embargo, en éste caso el conductor no me estaba apurando el cruce, sino que lo hacía en señal de saludo y al verlo, me doy cuenta que es un tío al que hace rato que no veo. Cruza la calle y estaciona junto al cordón, tras lo cual se baja y me da un abrazo con su alegría inconfundible. Me habla en ruso, o por lo menos, asocio esos sonidos que no comprendo a tal idioma porque alguna vez visitó Moscú, recuerdo bien. Pero no puede ser… porque los recuerdos quedaron allá abajo, sobre la almohada. Entonces empiezo a desconfiar, la visión se turba un poco y ahora que lo miro bien, no es mi tío fallecido, sino un antiguo jefe que tras el retiro se radicó en Noruega y hoy está de visita. Me despido alegando llegar tarde al trabajo y nuevamente me saluda estrechándome en un abrazo. No alcanzo a cruzar la calle y veo que Marisa detiene la camioneta delante mío y me hace señas para que suba. Miro con suspicacia. ¿Otra vez suena el timbre? Esto ya lo soñé.