Un volcán

Una palabra que sembró la confianza
que despertó tu fuego vivo interior
tomó nota al fin tu sentir aletargado
que no hay dios que no haya superado
el mal trance de un pesar anterior
recobrando fuerza, valor y templanza.

Yacía moribundo, hibernaba confortable
opacado por siluetas que danzaban
al ritmo de diacrónicas canciones
le asustaban opulentas emociones
y palabras virulentas que trazaban
un insensato sentido descartable.

Pero el fuego al estallar que todo arrasa
no distingue del tenor del sentimiento
ni detiene su pasar en la pendiente
lavará con su fulgor en la vertiente
todo signo, todo mal, remordimientos
es el otro mismo tú el que te abraza.

Y al ser uno esos dos es una vida
plena, la luna también tiene sus caras
una llena, la  otra algo desconocida
alza el vuelo aunque te sientas perdida
que no es cierto que ya no te despertaras
que la dicha sólo estaba algo escondida.

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