Esto es fútbol

 

Bombos, redoblantes y banderas; papelitos, humo y escalones; goles, globos, choripanes; lluvia, serpentinas y colores. El fútbol tiene muchos ingredientes que le dan un colorido atractivo incluso en aquellos días grises en que, de no ser por el rodar del balón, uno tendría otros planes, seguramente bajo techo.
La voz del estadio anuncia las formaciones de los equipos. Se escuchan aplausos, principalmente cuando nombran al capitán, el Rodo Herminio, y al goleador del equipo y de la Liga, el Toro Moral. Los silbidos se concentran en el árbitro que impartirá justicia, el cabildense Hambruna, silbidos que se prolongan con su salida a la cancha, solamente interrumpidos para masticar hamburguesas, paradójicamente.

Algunos se empiezan a preocupar porque la lluvia ha anegado las adyacencias al estadio y han tenido que dejar el auto bastante lejos del mismo, caminando las restantes cuadras con un paraguas que les cubre la cabeza pero no impide que se embarren los zapatos, preguntándose si el partido se podrá jugar con semejante torrencial. Al llegar, alguno le anuncia con alegría: ¡se juega, se juega! Observan varias pequeñas lagunas sobre el césped que imposibilitarán que la pelota ruede por allí, por lo que habrá que cucharearla. Los charcos favorecen a los más brutos que patean todo lo que se interponga en su camino.

Pepe Crap llegó sobre la hora de comienzo porque no se quería mojar. Había escuchado en la radio que el partido se jugaba y ese momento único, el de ir a la cancha una vez en la semana, había llegado con lluvias que amenazaban con suspenderlo y postergar la descarga de tensiones que se daban durante la semana, el ajetreo, el trabajo y la familia. La cancha, el fin de semana, cumplía funciones terapéuticas, al menos para Pepe, como para otros lo hacía el hecho de ir a misa o al supermercado.

Al subir a la tribuna se encontró con los mismos de siempre: compañeros de laburo, amigos de la vida y rivales del torneo de bochas. Faltaban unos cuantos que la lluvia había acobardado, pero muchos no se amilanaban y le hacían frente al torrente de agua que no cesaba y copiosamente seguía mojando las capuchas. Saludó a algunos con la mano, a los más queridos con un beso o un abrazo, y se acomodó en el medio de ese grupo de compinches, justo debajo de Carlucho Pérez Mork y Fabián Cresta, amistad que compartían desde la secundaria cursada en el antiguo Colegio Nacional, cuya edificación hoy no existe como tal en la céntrica calle Roca.

El partido dio comienzo a horario, aunque muchos dudaban de si podría terminar, al menos durante esa jornada tormentosa. Se jugaba sin hinchas visitantes y con el colorido habitual que el grisáceo día no había podido opacar. Ni bien comenzó a rodar la redonda, los jugadores de ambos equipos se deslizaban por el césped ante la menor disputa. El juez de línea que custodiaba las acciones bajo la tribuna oficial resbaló en el primer offside y fue a parar a un charco desatando las consecuentes risas. Dos chiquilines jugaban cerca del alambrado ante la mirada dispersa de su madre con una pelota que parecía un globo, de no ser por el barro que le otorgaba mayor peso.

Las acciones de juego eran estéticamente grotescas pero a los que se habían animado a ir a la cancha no le importaba: esto es fútbol, también. El barro, los charcos, las camisetas que pesan dos toneladas, la lluvia que no te deja ver, son obstáculos naturales que le otorgan al juego una motivación extra, la de superación de las adversidades.

El fútbol con lluvia es una picardía, como lo es tener que suspenderlo por mal tiempo, por lo que resulta un dilema que seguramente dejará disconformes a unos cuantos, tanto si se juega como si no. Y si se juega, hay que ser pícaro.

El partido que se jugaba mantenía expectantes a todos los que habían asistido e incluso a los que se habían quedado a escucharlo por radio, confortablemente en la comodidad seca del hogar. La lluvia, que no cesaba, había mermado su intensidad después de los primeros veinte minutos y  parecía por ese entonces una garúa finita.

Justamente, la jugada que definiría el encuentro llegó promediando el primer tiempo. Centro llovido al punto penal, el Toro Moral peinó al segundo palo y el arquero que se estira pero no llega a sacarla. Pepe Crap se abrazó con Carlucho en el festejo y cuando giró la cabeza recibió el bombazo de lleno en el rostro de uno de los chiquilines que jugaban debajo. A Pepe lo atajaron entre dos para que no caiga sobre los escalones. Le costó reincorporarse y entender qué le había sucedido, desde dónde había recibido aquél impacto que le había dejado la cara llena de barro y una confusión que le hizo replantearse la idea de permanecer a la intemperie. Luego, miró a los chiquilines con algo de rabia, pero supo entender que son cosas del fútbol, que incluso habían causado gracia y carcajadas entre sus amigos.

El partido prosiguió sin mayores atractivos que algunas llegadas al arco en contraataques lentos por el estado de la cancha. Cada tanto, Pepe Crap le lanzaba una mirada furiosa a los chiquilines que seguían, incansables, haciendo de las suyas con la pelota embarrada. Después parecía olvidarlo, pero el ardor en la cara le duró hasta que llegó a su casa y se dio una ducha caliente, por lo que lo recordaba a intervalos irregulares o cuando los chiquilines gritaban gol en su juego.

El pitazo final llegó al tiempo que la madre de los chiquilines los tomaba de la mano a cada uno y se los llevó rápidamente del estadio en una huida que se llevó el pensamiento más venéreo de Pepe Crap que masculló entre dientes pero no soltó de su boca: ¡pendejo y la puta que te parió!

Los tres puntos quedaron para el equipo local, que saludó a su gente cuando la lluvia ya no se sentía. La bronca de Pepe se había disipado.

Él sabe que el resultado muchas veces tapa todo. Y esto es fútbol también.

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Puntos de vista

Un viaje a ningún lado
torrente de sensaciones
de amagues y de ocasos,
la risa tras cada paso
torbellino de emociones
enturbian tu acantilado.

Y sin embargo se mueve
baldosa bajo tus pies
el sol siempre que amanece
da sombra que no entristece,
los dedos cuentan de a diez
si voy a la esquina llueve.

La roca parece en quietud
al menos desde aquí abajo,
quizá de otra perspectiva
todo estará en rotativa;
si subo busco un atajo
pendiente con lentitud.

Pequeña es la gran ciudad
se aleja de las colinas
ella que nunca duerme
sana, tal vez no enferme
ni envilezcan sus esquinas
brillando amor y bondad.

Aunque llame la atención
el conflicto, la confusión
deberemos tener en cuenta
a veces el mal nos tienta
con voraz ansia y seducción
a entrar en la discusión.

Movimientos de ese tenor
en los que el tiempo discurre,
que agitan el corazón
destraban la condición
y si la paz no te aburre
se desvanecerá el temor.


Fotografía: Mariana Coca

Apertura

Escucha sin distorsión
lee con moderación
observa con discreción
degusta sin devoción
toca con inspiración
huele por diversión.

Cada sentido ganado
viste de seda y agrado,
pues sentir es sagrado
sólo del privilegiado
la vida ha consagrado
de laureles, coronado.

Sentir sentir y vivir
ver, mirar, escuchar
sentir y vivir, redimir
oler, tocar, degustar
es del vivir el sentir
lo que te hará despertar.

Ver, observar el color
que pinta cada sentir,
Palpar con rigor el dolor
difícil de describir,
entre el aroma y olor:
el placer del existir

Se abren los sentidos
a una nueva dimensión
hasta se oyen los latidos
cuando vibra la atención,
están vivos los gemidos
que brindan satisfacción.

Escucha con precaución
lee entre la saturación
observa sin rendición
degusta la tentación
toca por sensación
huele sin tradición.

 


Fotografía: Jorge Guardia

Pinceladas X

El silencio de la mañana permite escuchar claramente las campanas de la iglesia que dista un kilómetro atravesando los techos de las construcciones. Los fieles acuden con parsimonia a escuchar el sermón y a dejar la limosna, librándose del pecado de la avaricia, al menos momentáneamente.

A esa hora lo que predomina para el oído atento son los cantos de las aves o algún perro saludando el nuevo día, interrumpidos por los pocos vehículos que irrumpen espaciadamente la placidez de la calma. Ya habrá tiempo para el ajetreo y el rugir de los motores durante el resto del día, aventuro.

Las acciones de los transeúntes son pausadas, no se ven los escolares –de vacaciones- apurando el paso o arrastrados de un brazo por sus madres. Los que se presentan al trabajo bien temprano ya han emprendido el viaje, mientras que para la apertura de los comercios aún falta algún tiempo en el ínterin. La ciudad marca sus tiempos durante los días de la semana, al tiempo que sábados y domingos son días de pura recreación, por lo que muchos esperan que termine el viernes para tirarse de cabeza a la pileta del ocio y el olvido, olvido de rutinas y malhumores.

Las campanas vuelven a sonar, tal vez con un dejo de cansancio por la fatiga del monaguillo, quien preferiría evitar la tradición y enviar la invitación a la misa mediante una cadena por whatsapp. Los colores en las casas van cambiando dificultando la tarea de identificarlas para ubicarse en el espacio, como cambian los estilos de revoques, como cambian las fachadas que antes ostentaban ventanas y rejas, y hoy día detienen la vista curiosa y el ingreso inoportuno de visitantes con paredones ante la atenta vigilancia digital de las cámaras proliferantes. Las pantallas, colmando los sentidos en su amplitud, reflejarán con luminosidad creciente la opacidad de un mundo carente de brillo. La luz del sol por la mañana devela misterios de la noche que no se televisan ni los periódicos dan cuenta, al menos en sus titulares. No hay música a esta hora, y eso es novedad.

El creciente parque automotriz ha superado holgadamente la capacidad de cocheras y garajes para alojarlos, por lo que las calles se han estrechado y ahora se visten de carrocerías de los más variados colores y modelos, donde los rojos ya no llaman la atención, salvo a chiquillos que hacen apuestas por la tarde en la vereda por acertar el color del próximo vehículo que aparecerá delante de sus narices.

Sin ánimos de nostalgias, sólo por el placer de narrar, las pelotas que antaño eran probablemente el principal entretenimiento de los jóvenes que poblaban las calles, hoy son imágenes comandadas desde un joystick, jugando a ser estrellas, tal como los no-tan-jóvenes juegan a ser presidentes, detectives o jueces, inspirados en alguna publicación de Netflix o a través de las noticias.

Con el correr de los minutos donde habrá tiempo para conflictos y malentendidos, asoman las escobas que, lejos de transportar brujas, barrerán las palabras, hojas y tierra que ha traído el viento, pues lo que el mismo se llevó quién sabe dónde quedó.

Pasa el primer avión del día dejando la estela de nubes sobre el azul celeste. Nubes grises que amenazaban con lluvias se perdieron en amagues y gambetas del tiempo, tiempo que cada tanto hace las veces de túnel, oscuro de atravesar. Pero hay que confiar en la luz, por eso saqué un libro que se llama Oscuridad.

Cambio la pluma por un pincel y salgo a recorrer las calles. Es temprano, precioso momento para pintar la ciudad y jugar a ser escritor.

Croar

Era un atardecer cálido de un febrero signado por el viento norte. ¡Momento! ¿Era demasiado cálido según los valores de temperatura y sensación térmica con respecto a marcas históricas registradas o sólo era una sensación puramente subjetiva del observador? ¿Qué tanto tenía de atardecer ese instante en el que el narrador contemplaba la caída del sol como para que se lo describa así? ¿Febrero le decía algo más allá de las asociaciones de ideas implícitas que cada lector tenía con respecto a ese mes? ¿Cuántos signos se veían en tal mes como para que el viento norte lo describa y lo detalle con rigurosidad? ¿Cuál era la ubicación exacta del observador como para determinar que el viento era, precisamente, del norte y durante qué período temporal tomó nota de tal, y acaso tendría él una precisión cabal de los puntos cardinales o una brújula en mano como para determinarlo así y no en sus direcciones variantes como oeste, noroeste o nornoroeste? ¿Era algo que ocurría realmente ese atardecer relatado o era sólo una inferencia del narrador puesto que la luz natural habría disminuido su potencia y el calor, probablemente, habría mermado sobre sus sentidos? Todo esto no lo sabemos a ciencia cierta, pero el narrador prosigue, y nosotros deberemos continuar con las dudas a cuestas: Cuando, de repente, cayó el sol tan bruscamente que la noche llegó como en un suspiro y vertiginoso parpadeo, bañando con la luz de la luna y las estrellas los charcos que rodeaban los tamariscos donde las ranas empezaban a croar en un canto diáfano que propiciaba dulces sueños a los niños. Y aquí termina la historia, con lo que tampoco sabremos qué pasó con el sol en esa brusca caída y dónde golpeó, si la llegada de la noche se produjo efectivamente en una infinitésima de segundo o era una metáfora, cuántos tamariscos había rodeados de charcos y cuándo había sido la última lluvia que los provocó, cómo medía la claridad del croar de las ranas para que su canto le parezca diáfano y no una molestia acústica, qué tan dulces eran los sueños de los niños medidos en calorías y qué efecto le provocaban a los niños con diabetes. En fin, el narrador con su relato nos llena de dudas. Qué zángano.


Fotografía: Mariana Coca

Se hace camino

 

¡Hola!¿Cómo están? Por acá muy contento de presentar mis primeras obras literarias, bastante más formales que lo que se ofrece desde hace algunos años en la red, en el blog y demás espacios donde he ido publicando.
Le quiero agradecer a todos los que hasta aquí han participado activamente como lectores de tales publicaciones, quienes fueron un poco los que me motivaron a ir un paso más allá y publicar las presentes obras.
En cuanto a las mismas, les puedo decir, además de lo expresado en el video, que cada una reúne una selección, tanto de poesías como de relatos, muy cuidada, respetando el espíritu de lo que se quería decir y manifestar con cada una de ellas, variando en formas y tramas como para que ninguno se duerma.
Quienes se atrevan a recorrer sus páginas tal vez se encuentren con algunos textos que ya conocen de haber seguido lo que venía publicando y otros no tanto, porque he perdido el rastro de lo que fui publicando en diversas plataformas. Así mismo, esperamos llegar y gustar con ambas obras literarias.
La intención en cada una de ellas es brindarle algo al lector, algo que bien podría traducirse como placer, si la obra resulta de su agrado; por lo cual, se comprende que no toda obra es para todos sino que es como han dicho ciertos maestros de la literatura: es el lector quien encuentra al libro adecuado. Y ojalá así sea.
¡Espero que los disfruten!
Un abrazo.

PD: En principio se podrán conseguir en librerías de Bahía Blanca, La Plata, Neuquén y Capital, hasta donde tengo entendido. Y además en la librería de la editorial y  en Mercado Libre.