Ella te miraba

 

Viste tristeza en su mirada
por la indiferencia abrigada,
tenue sonrisa del mármol
ocaso melancólico del sol.

Y te miró, buscando a quien
la guiara a bajar del terraplén.
Tan sólo quisiera escapar
estar y andar en otro lugar.

El entorno a veces trastorna
pero la sensatez ( sí ) retorna,
Ella no lo supo ese entonces
observaba estatuas de bronce.

La mirada te dejó pétreo
¿o como estatua de sal?
De comportamiento férreo,
si no es correcto está mal.

Ella dormía en sus fragilidades
cubierta por un manto oscuro,
frontales y un paredón muy duro
banalizaban todas las sinceridades.

Y ahí tú bien la viste (¿dónde?)
ella que rememora y se esconde,
buscando en tiempos discretos,
de felicidades oculta sus secretos.

Te miró, es verdad, buscando claridad
salir del hastío, por el bravo río
huir del olvido, olvidar la muerte
se topó con ruido, no tuvo tu suerte.

 

Fotografía: Jorge Guardia

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El libro vivo

¿Pueden objetos inanimados tener ánima?, esa pregunta se hacía Leticia, tras leer la contratapa de un libro en La Antigua, la librería que atendía Óscar Tzorrén y su hijo. Originalmente, La Antigua comenzó con el abuelo de Óscar, pero éste tuvo que hacerse cargo de la misma muy joven, tras el fallecimiento de su madre afectada del corazón desde niña.
Óscar Tzorrén era un hábil comerciante, pero se consideraba mal lector. Como excusa ponía en primer lugar la falta de tiempo, que se lo dedicaba al negocio y a su familia en partes iguales. Tenía respeto por la lectura, pero su función era mantener el negocio en orden, por ello su veneración no era hacia los libros, sino hacia los lectores, que hacían las veces de potenciales clientes. Brevemente, Óscar Tzorrén se dedicaba a conocer a las personas mejor que a los libros que vendía.

-¿Qué le parece este libro, Óscar?-le preguntó Leticia expectante por una respuesta que le infundiera ánimos para comprarlo y leerlo.
-Permítame –dijo Óscar, tomando el libro con delicadeza para echarle un vistazo a la tapa-. Mmm… El título es muy seductor, invita a echarse a correr detrás de la aventura.
-¿Aventura?
-La aventura del descubrimiento, sabe usted. –Y añadió: El conocimiento es como un gran árbol en constante crecimiento, no es algo estático ni místico, pero su camino es el del descubrimiento por estar a veces oculto, no por misterioso, sino por haber quedado cubierto con supersticiones sensacionales. Cada persona posee conocimiento, no como se posee un automóvil, sino que es algo intrínseco e inseparable de la misma. En algunos casos, la persona es conocimiento, lo que se diría en términos populares: un libro abierto. –Óscar leyó ante la atenta mirada de Leticia la primera página del libro. Leyó con pausas, deletreando, como saboreando las palabras del autor- Me aventuro a decir que este libro está vivo, no vivo en el sentido de una proyección, sino abierto a la comunicación con quien recorra sus páginas con lectura curiosa, con la curiosidad natural por descubrir los secretos de la existencia.
-¿Le parece?
-Llévelo, Leticia. Es el último ejemplar y difícilmente vuelva a entrar. Ya no llegan estas excentricidades por aquí. Vea usted –dijo Óscar con énfasis tomando un libro de la pila sobre la mesa que los separaba-, esto es lo que llega por estos días y se vende como pan caliente. Mi madre solía decir que cada lectora encuentra el libro que está escrito para ella y, a partir de allí, su descubrimiento no tiene fin. –Óscar dejó caer el libro de autoayuda sobre la pila con desdén- Leticia, hace años que visita La Antigua y puedo decirle con justeza que ese libro es para usted.

Leticia se fue contenta con el libro bajo el brazo. Caminó por la vereda del sol, esquivando peatones y observando el paisaje de la ciudad con sus colores llenos de luces, reparando en sus olores gratos, evitando los desagradables, todos los sonidos que le daban vida al día con bocinas, motores, charlas y música y miles de objetos que, en su movilidad o en su estatismo, constituían el ambiente de lo dinámicamente actual. ¿Los objetos móviles tienen ánima?, se preguntaba Leticia esperando que el semáforo le diera el paso mientras observaba a los distintos automóviles cruzar la avenida. Alzó la vista en un llamado de atención por el sonido de un avión que surcaba el cielo muy bajo, como recientemente despegado de la corteza terrestre, y lo asimiló sonriente como un guiño del ánima mundi.

 


Fotografía: Jorge Guardia

Íntegro

Entra y sale de la ficción
Zapping en la televisión,
Conversa sobre la seriedad
De la estresante actualidad.

Como un flash informativo
Se siente un poco dubitativo:
Caracoles, otra vez ¿será verdad?
Si no es posmo es falsedad.

Ficciones que lo convierten
En héroe o en hechicero,
Momentos que lo divierten
Mentiras del cenicero.

Viaja entre sueño y vigilia
Si algo lo aburre se exilia,
Cambia lo que tiene delante
Observa y parece excitante.

Vuelan aves, viaja en nave
Relámpagos de acero
Suda calor gotas de cuero
Busca las palabras clave.

Recobra la integridad
De haber perdido disperso,
Ahora recorre el universo
Reconoce la igualdad.

Brota toda comunicación
Entre las sensibilidades,
Crecen sus habilidades
Desarrolla la intuición.

De ficciones entra y sale
¿Dónde ha quedado el misterio?
Sabe que lo que cuesta, vale.
A su honra le darán ministerio.

Crece, cae, cede, madura
Su alma se torna muy pura,
Y tras tanta necedad
Vivirá en la realidad.

Fotografía: Manu Coca

Perdida en la ciudad

 

Trinidad solía deambular en busca de alimento para su espíritu. La colmaba de satisfacción la puesta del sol casi tanto como el canto del jilguero o el vuelo rasante de los gorriones. Todo eso –se decía- era algo muy común, por tal cosa quien se volvía sofisticado lo pasaba por alto. Pero Trinidad a veces se hastiaba de los motores que hacían, de lo más mundano del ruido, algo pomposo. Por ello, los ruidosos, la llamaban extravagante, pero más por el vagar aquí y allá por la ciudad que por lo más níveo de su sentir que ellos desconocían.
Un día de otoño, caminaba Trinidad escuchando el crujir de las hojas bajo sus zapatos y, al comparar tal placer con el de una buena cena o una particular compañía, lo encontró de un sabor como pocos quizá por la atención que le prestaba y el goce de sentir la libertad cuando todo alrededor parece decaer de un modo natural. Caminó y caminó, no sin alejarse de donde ya no recordaba haber iniciado el paseo ni tampoco acercándose a un destino previamente trazado, dibujando zig zags por los empedrados de la ciudad que pronto se vio cubierta de sombras azarosas que le infundieron cierto temor que se fundían con su propia calma. Titubeante y dubitativa, supo lo que alguno supo: no saber. ¡Oh caramba, vaya paradoja celestial!, exclamó.
Detuvo su marcha, observó la noche, contempló las estrellas buscando una guía y la encontró no ya en el firmamento insondable sino en lo más cetrino de su alma. Trinidad allí comprendió que cada paso engendra el siguiente y la voluntad es la semilla de un magnífico porvenir.

 

 

Fotografía: Jorge Guardia

Poetisa

El silencio puede a veces ser una buena fuente de inspiración, el silencio entendido como soporte sonoro de todo ruido, parloteo, movimientos, etcétera, que son, a su vez, fuente de inspiración para otros, o para aquél mismo que se inspira en el silencio en una mezcla feroz de lo que la vida contiene y de lo que por vida se entiende. Pero Abril prefería buscar la inspiración en otras cosas que no eran cosas, tales como momentos o situaciones vívidas o vividas, imaginadas, creadas o recreadas.
Abril componía poesía con armonía. Unificaba versos como el universo vivifica las palabras divinas. Su talento crecía lento, pero de un modo sostenido por ser tenido vivaz, en un incómodo trayecto cargado de penas, alegrías, sinsabores, malestares, furias y euforias, propias e impropias. Se apropiaba de su decir, tan es así que el canto de Abril llegaba más allá de sus veintipoco abriles hacia la primavera donde el cantar florece. Y crece con cada estrofa, su obra no se malogra, se extiende a través del espacio, discurriendo suave y despacio como nubes intocables, visibles, incalculables, que dan forma a lo inexplicable, firmando frente al magno firmamento con su estirpe, regia poetisa, poetizando la aurora, el ocaso, decorando cada paso, cada gota de rocío y cada nota con su canto, estampando su semblante en su andar estimulante ( a la vista y el olfato, y al sentir por el buen gusto ) que no oculta sus disgustos, y andando viaja escuchando: ¡miren mundo, el sol fecundo, ilumina el candil, ahí va Abril!

 


Fotografía: Manu Coca

Qué hacer en días de lluvia

Girás a la derecha
perdiste la cabeza,
torcés la para la izquierda
todo se va la mierda,
avanzás, retrocedés
seguro algo te perdés,
das un paso, dos o tres
hay un pozo que no ves,
movimientos laterales
pensamientos o puñales
se te clavan en la sien
son palabras cachichien.

Si la lluvia te amilana
no te quedes en la cama
repuntá por la mañana
y olvidate del piyama.
¡Cuidado con ese charco!
Cruzalo arriba del barco,
Arriba la vida te espera
agazapada, viva, ligera
tomarla no es pa´ cualquiera
paraguachas verdadera,
¿El cielo a veces se enoja?
Disiento, un poco te moja.

¡Que tremendo chaparrón!
Se ve lindo en el balcón,
las calles parecen ríos
las aves mueren de frío
los perros se dan su ducha
salvo aquél que vive´n cucha,
la música te acompaña
y si la ventana se empaña
escribile una canción
(no le pintes tu emoción)
al día gris y de lluvia
que el alma cante aleluya.

Podrás charlar, cocinar
ideas que suelen escapar,
besar, bailar y escuchar
palabras que quieras soltar,
recordar tiempos discretos
viajar profundo: te lo receto,
si el pensamiento divaga
o el latido deja su llaga
en melancólicas brisas
olvidadas entre risas
fundir todo en el crisol
y esperar que vuelva el sol.

 

Quedan cosas por decir… pero no es todo post

Quedan cosas por decir,
caminos por transitar,
personas con quien hablar
tesoros que descubrir.

No todo post es posterior,
la postrera obsolescencia
de todo tiempo anterior
conduce a la decadencia.

Quedan cosas por postear
memorias que recorrer,
Personas por conocer
palabras para escuchar.

No todo post dice
no todo escrito calla,
la palabra te seduce
comportamiento canalla.

Quedan cosas al margen
palabras traducen a imagen
símbolos que comunican
quienes sufren suplican
un preciso y vital aliento
que apacigüe su sentimiento.

No todo post es lo último
siempre hay uno posterior
incluso la posteridad
de la lúdica sociedad
verá pasar cual falaz
sombría estrella fugaz
un post de valor superior
le costará sólo un céntimo.

Quedan cosas en las calles
de la ciudad son sus valles,
de letras, frases, mesetas
posts que también son recetas.

No todo post se termina
con el punto del final
prosigue al cruzar la esquina
con su movimiento cabal.

 

Fotografía: Manu Coca

Estados de ánimo

Altibajos durante el día
A veces el alma se arrastra
Emprende el vuelo con valía
Con todo el peso que lastra.

Sube y baja de emociones
Hacen pesada la carga
Pide a la luna direcciones
Si no las tiene le encarga.

A veces todo lo ve oscuro
En otras, un cielo bien puro
Azul profundo iluminado;
Otrora está todo nublado.

De a ratos se topa al vacío
Despierta y la moja el rocío,
Reposa buscando motivos
Acierta y encuentra sentidos.

Cree perecer en el averno
Olvida que el mar es eterno,
Regresa a recorrer la ciudad
y espera su oportunidad.

Fotografía: Manu Coca

Trabajar

Todo está conectado
A dos veinte, incluso el esclavo.
La maquinaria productiva
devora hasta el tiempo libre.
Es idea de la máquina
Destinarlo a producir.
El ocio es cosa del pasado
Aburrido es chupar un clavo
Vale como comparativa
Martillar o que el celu vibre
Vibrando está cada esquina
Produciendo al conducir.

“Quien no produce no consume”
Si no consume se muere
“Acá trabaja quien quiere
Si no es vago, se resume”;
Esos dicen descarados
Que pasan por desalmados.

Artistas y marginales
Contreras y verticales
Te van dejando señales
De vivir sin sus rituales.

El trabajo cura heridas
Encima ofrece la comida
El techo y una buena vida.

Trabaje, trabaje a destajo
Sabio consejo milenario
Su labor en el calendario
Tiene el peso del trabajo.

Difícil conseguir empleo
Lo veo y casi no lo creo,
Pongo manos a la obra
La dignidad se recobra,
y si no hay dónde trabajar
Venga, póngase a crear.

Fotografía: Jorge Guardia

Azul

 

No suelo contar cosas de la vida privada por aquí, pero hago la excepción para contar que me compré un libro de título “Azul”. Sin embargo, su tapa es verde, aunque la ilustra una ninfa con alas de mariposa justamente azul, con vivos celestes. Azul profundo, como el cielo íntimo, como el mar apacible, son las palabras que salen de un artista que, aún hoy, sigue deslumbrando a quienes se acercan a su obra por curiosidad o devoción.
¡Buena semana!

”¡Oh mi amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías…
Pero ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ”
Rubén Darío

 

Escuchaban reggaetones

Eusebio compró panes
brócolis, nueces y carnes,
como no tenía valores
pagó con emoticones.

De vuelto le dieron jirones.
Olvidó comprar condones.

A su jermu le llevó flores
¡Qué forro! Quería diamantes
Cual jardinero sin guantes
Se fue a cosechar limones.

Volvieron los revolcones
la fiesta de los colchones,
Eusebio de modo intrigante
le recitó algo del Dante.

Ella gemía emociones
escuchaban reggaetones,
Él cantaba los renglones
de música estimulante.

Y para alquilar balcones
al encuentro galopante
fueron centro sensaciones
en besos de goce ardiente.

Abrazados los amantes
se durmieron vigilantes.
Eusebio soñó con camiones
Ella con comediantes.

Los nueve meses siguientes
de calores agobiantes
recibieron ideas, señales
para cambiar los pañales.

De fogosas diversiones
viene gente rimbombante
como el pequeño cantante
que da voz a las canciones.

Fotografía: Mariana Coca

Las palabras arrastran

Espumas y bombuchas
Decoran el carnaval
Caretas y caruchas
Atienden la sucursal.

Todo por dos pesos
Ideas para tus sesos,
Vendo nuevas creencias
Permuto por viejas ciencias.

Contento anda el kiosquero
Vendiendo su ideología
Atento va el remisero
Observa la arqueología.

Garabatos y borradores
Todos manchados con tinta,
Seductora en los vestidores
Mejillas con labios las pinta.

La música sigue sonando
El corazón vive cantando
Un reggaetonto vibrando
En auto que viaja saltando.

La cultura se desploma
La tradición se desmorona,
La razón está remolona
Crear un mundo ni en broma.

Gente que dice muchas cosas
De vos, de aquél y sus esposas,
Dicen tanto tanto y tanto
Que el rumor es un quebranto.

A veces las palabras te empujan
Hacia caminos divergentes,
A veces las manos estrujan
Con el juicio de las gentes.

Y si ves todo muy oscuro
Abrí la ventana con apuro,
Te dejo sólo un consejo:
Confianza, como dice un viejo.

Fotografía: Car Paz

El escarabajo y la cucaracha

¿A dónde va el escorpión,
Que sale desde el cajón?
Pregunta un escarabajo
Ayer se quedó sin trabajo.
Presentóse a la dirección
A buscar su indemnización,
Lo recibió un renacuajo
Cobró con un contrabajo.
Lo dejó en consignación
Con porcentaje muy bajo.
Su mujer, una cucaracha,
Le dijo: te fuiste al carajo.
Él dijo: es una mala racha,
Mañana vendo el acordeón.
Pero la cuca, tan vivaracha,
Se fue con el camaleón
A vivir según la ocasión.
El bicho casi se empacha
Cuando se dio el atracón,
A veces cambia de facha
De colores y de emoción:
¡Qué rica esta cucharacha!
Que hoy lleva en su corazón.

Fotografía: Jorge Guardia

Vivir y morir a diario

Vivo y muero a diario
casi sin darme cuenta
vivo entre el calendario
muero en cámara lenta.

Vivo al despertar
en humores risueños,
caigo a trabajar
y muero en sueños.

Diariamente algo muere
como un copo de nieve,
suavemente algo desaparece
y hay algo que permanece.

Siempre es quizás
un a veces, aunque a veces
quisiera serlo por siempre,
como renace en septiembre
jacarandá desde sus raíces
en primavera veraz.

Momentáneamente se vive
eternos parecen tormentos,
no mueren los monumentos
ni el amor que se despide.

Vivo si voy caminando
e incluso si estoy dormido,
duermo profundo seguido
a veces muero soñando.

A diario vivir y morir
parecen inseparables,
reír, crecer, existir
resultan indispensables.


Fotografía: Jorge Guardia

Decálogo de la Todología

1ro. En la Biblia está todo.
2do. En Google está todo.
3ro. En Facebook están todos.
4to. Todo fluye.
5to. ¿Qué será de todo?
6to. Todo vuelve.
7mo. Todo es posible.
8vo. Pese a todo.
9no. Todo es lo mismo.
10mo. ¿Dónde están todos?

 

 

 

*Fotografía: Mariana Coca

La manía de buscar frases

Qué manía
la de buscar frases
que me sirvan
para este día,
qué obsesión
la de compartirlas
evitando sentir
su vacuidad
decrépita, inclemente,
marchita, intransigente,
propia de la actual
posmodernidad
que me dejó sus esquirlas
tras su fachada festiva
con engañosos disfraces.

Qué compulsión a opinar
y el tiempo dilapidarlo,
algo me da qué pensar
ceder el juicio es ganarlo.


Fotografía: Leandro Coca

Sobrevuelos

Estar en movimiento hace olvidar
Disipar, alejar, extinguir un pesar;
Mas por la misma ley de gravedad
Vuelve con su peso y esa terquedad
A rondar sobre tu alma, sobrevolar
Como nubes que amenazan con mojar
Arrastrando tras su paso todo mal
Llevando en su torrente sideral
Esas penas que en vida hacen llorar
Y ya maduro el corazón invita a volar.

Pues no es sueño, realidad-felicidad
Que vivir sólo es posible en libertad
Ella misma es quien enseña a caminar
Se abre paso entre dolor y malestar
Da la mano a quien sólo ve oscuridad
Pues a tientas anda el mundo sin verdad.
Movimientos, transitar como ritual
Un camino que no encuentra su final,
Se abre paso en su probada calidad
Y en el vuelo flamea la vitalidad.

Fotografía: Camila Cariac

Esto es fútbol

 

Bombos, redoblantes y banderas; papelitos, humo y escalones; goles, globos, choripanes; lluvia, serpentinas y colores. El fútbol tiene muchos ingredientes que le dan un colorido atractivo incluso en aquellos días grises en que, de no ser por el rodar del balón, uno tendría otros planes, seguramente bajo techo.
La voz del estadio anuncia las formaciones de los equipos. Se escuchan aplausos, principalmente cuando nombran al capitán, el Rodo Herminio, y al goleador del equipo y de la Liga, el Toro Moral. Los silbidos se concentran en el árbitro que impartirá justicia, el cabildense Hambruna, silbidos que se prolongan con su salida a la cancha, solamente interrumpidos para masticar hamburguesas, paradójicamente.

Algunos se empiezan a preocupar porque la lluvia ha anegado las adyacencias al estadio y han tenido que dejar el auto bastante lejos del mismo, caminando las restantes cuadras con un paraguas que les cubre la cabeza pero no impide que se embarren los zapatos, preguntándose si el partido se podrá jugar con semejante torrencial. Al llegar, alguno le anuncia con alegría: ¡se juega, se juega! Observan varias pequeñas lagunas sobre el césped que imposibilitarán que la pelota ruede por allí, por lo que habrá que cucharearla. Los charcos favorecen a los más brutos que patean todo lo que se interponga en su camino.

Pepe Crap llegó sobre la hora de comienzo porque no se quería mojar. Había escuchado en la radio que el partido se jugaba y ese momento único, el de ir a la cancha una vez en la semana, había llegado con lluvias que amenazaban con suspenderlo y postergar la descarga de tensiones que se daban durante la semana, el ajetreo, el trabajo y la familia. La cancha, el fin de semana, cumplía funciones terapéuticas, al menos para Pepe, como para otros lo hacía el hecho de ir a misa o al supermercado.

Al subir a la tribuna se encontró con los mismos de siempre: compañeros de laburo, amigos de la vida y rivales del torneo de bochas. Faltaban unos cuantos que la lluvia había acobardado, pero muchos no se amilanaban y le hacían frente al torrente de agua que no cesaba y copiosamente seguía mojando las capuchas. Saludó a algunos con la mano, a los más queridos con un beso o un abrazo, y se acomodó en el medio de ese grupo de compinches, justo debajo de Carlucho Pérez Mork y Fabián Cresta, amistad que compartían desde la secundaria cursada en el antiguo Colegio Nacional, cuya edificación hoy no existe como tal en la céntrica calle Roca.

El partido dio comienzo a horario, aunque muchos dudaban de si podría terminar, al menos durante esa jornada tormentosa. Se jugaba sin hinchas visitantes y con el colorido habitual que el grisáceo día no había podido opacar. Ni bien comenzó a rodar la redonda, los jugadores de ambos equipos se deslizaban por el césped ante la menor disputa. El juez de línea que custodiaba las acciones bajo la tribuna oficial resbaló en el primer offside y fue a parar a un charco desatando las consecuentes risas. Dos chiquilines jugaban cerca del alambrado ante la mirada dispersa de su madre con una pelota que parecía un globo, de no ser por el barro que le otorgaba mayor peso.

Las acciones de juego eran estéticamente grotescas pero a los que se habían animado a ir a la cancha no le importaba: esto es fútbol, también. El barro, los charcos, las camisetas que pesan dos toneladas, la lluvia que no te deja ver, son obstáculos naturales que le otorgan al juego una motivación extra, la de superación de las adversidades.

El fútbol con lluvia es una picardía, como lo es tener que suspenderlo por mal tiempo, por lo que resulta un dilema que seguramente dejará disconformes a unos cuantos, tanto si se juega como si no. Y si se juega, hay que ser pícaro.

El partido que se jugaba mantenía expectantes a todos los que habían asistido e incluso a los que se habían quedado a escucharlo por radio, confortablemente en la comodidad seca del hogar. La lluvia, que no cesaba, había mermado su intensidad después de los primeros veinte minutos y  parecía por ese entonces una garúa finita.

Justamente, la jugada que definiría el encuentro llegó promediando el primer tiempo. Centro llovido al punto penal, el Toro Moral peinó al segundo palo y el arquero que se estira pero no llega a sacarla. Pepe Crap se abrazó con Carlucho en el festejo y cuando giró la cabeza recibió el bombazo de lleno en el rostro de uno de los chiquilines que jugaban debajo. A Pepe lo atajaron entre dos para que no caiga sobre los escalones. Le costó reincorporarse y entender qué le había sucedido, desde dónde había recibido aquél impacto que le había dejado la cara llena de barro y una confusión que le hizo replantearse la idea de permanecer a la intemperie. Luego, miró a los chiquilines con algo de rabia, pero supo entender que son cosas del fútbol, que incluso habían causado gracia y carcajadas entre sus amigos.

El partido prosiguió sin mayores atractivos que algunas llegadas al arco en contraataques lentos por el estado de la cancha. Cada tanto, Pepe Crap le lanzaba una mirada furiosa a los chiquilines que seguían, incansables, haciendo de las suyas con la pelota embarrada. Después parecía olvidarlo, pero el ardor en la cara le duró hasta que llegó a su casa y se dio una ducha caliente, por lo que lo recordaba a intervalos irregulares o cuando los chiquilines gritaban gol en su juego.

El pitazo final llegó al tiempo que la madre de los chiquilines los tomaba de la mano a cada uno y se los llevó rápidamente del estadio en una huida que se llevó el pensamiento más venéreo de Pepe Crap que masculló entre dientes pero no soltó de su boca: ¡pendejo y la puta que te parió!

Los tres puntos quedaron para el equipo local, que saludó a su gente cuando la lluvia ya no se sentía. La bronca de Pepe se había disipado.

Él sabe que el resultado muchas veces tapa todo. Y esto es fútbol también.

Puntos de vista

Un viaje a ningún lado
torrente de sensaciones
de amagues y de ocasos,
la risa tras cada paso
torbellino de emociones
enturbian tu acantilado.

Y sin embargo se mueve
baldosa bajo tus pies
el sol siempre que amanece
da sombra que no entristece,
los dedos cuentan de a diez
si voy a la esquina llueve.

La roca parece en quietud
al menos desde aquí abajo,
quizá de otra perspectiva
todo estará en rotativa;
si subo busco un atajo
pendiente con lentitud.

Pequeña es la gran ciudad
se aleja de las colinas
ella que nunca duerme
sana, tal vez no enferme
ni envilezcan sus esquinas
brillando amor y bondad.

Aunque llame la atención
el conflicto, la confusión
deberemos tener en cuenta
a veces el mal nos tienta
con voraz ansia y seducción
a entrar en la discusión.

Movimientos de ese tenor
en los que el tiempo discurre,
que agitan el corazón
destraban la condición
y si la paz no te aburre
se desvanecerá el temor.


Fotografía: Mariana Coca

Apertura

Escucha sin distorsión
lee con moderación
observa con discreción
degusta sin devoción
toca con inspiración
huele por diversión.

Cada sentido ganado
viste de seda y agrado,
pues sentir es sagrado
sólo del privilegiado
la vida ha consagrado
de laureles, coronado.

Sentir sentir y vivir
ver, mirar, escuchar
sentir y vivir, redimir
oler, tocar, degustar
es del vivir el sentir
lo que te hará despertar.

Ver, observar el color
que pinta cada sentir,
Palpar con rigor el dolor
difícil de describir,
entre el aroma y olor:
el placer del existir

Se abren los sentidos
a una nueva dimensión
hasta se oyen los latidos
cuando vibra la atención,
están vivos los gemidos
que brindan satisfacción.

Escucha con precaución
lee entre la saturación
observa sin rendición
degusta la tentación
toca por sensación
huele sin tradición.

 


Fotografía: Jorge Guardia

Pinceladas X

El silencio de la mañana permite escuchar claramente las campanas de la iglesia que dista un kilómetro atravesando los techos de las construcciones. Los fieles acuden con parsimonia a escuchar el sermón y a dejar la limosna, librándose del pecado de la avaricia, al menos momentáneamente.

A esa hora lo que predomina para el oído atento son los cantos de las aves o algún perro saludando el nuevo día, interrumpidos por los pocos vehículos que irrumpen espaciadamente la placidez de la calma. Ya habrá tiempo para el ajetreo y el rugir de los motores durante el resto del día, aventuro.

Las acciones de los transeúntes son pausadas, no se ven los escolares –de vacaciones- apurando el paso o arrastrados de un brazo por sus madres. Los que se presentan al trabajo bien temprano ya han emprendido el viaje, mientras que para la apertura de los comercios aún falta algún tiempo en el ínterin. La ciudad marca sus tiempos durante los días de la semana, al tiempo que sábados y domingos son días de pura recreación, por lo que muchos esperan que termine el viernes para tirarse de cabeza a la pileta del ocio y el olvido, olvido de rutinas y malhumores.

Las campanas vuelven a sonar, tal vez con un dejo de cansancio por la fatiga del monaguillo, quien preferiría evitar la tradición y enviar la invitación a la misa mediante una cadena por whatsapp. Los colores en las casas van cambiando dificultando la tarea de identificarlas para ubicarse en el espacio, como cambian los estilos de revoques, como cambian las fachadas que antes ostentaban ventanas y rejas, y hoy día detienen la vista curiosa y el ingreso inoportuno de visitantes con paredones ante la atenta vigilancia digital de las cámaras proliferantes. Las pantallas, colmando los sentidos en su amplitud, reflejarán con luminosidad creciente la opacidad de un mundo carente de brillo. La luz del sol por la mañana devela misterios de la noche que no se televisan ni los periódicos dan cuenta, al menos en sus titulares. No hay música a esta hora, y eso es novedad.

El creciente parque automotriz ha superado holgadamente la capacidad de cocheras y garajes para alojarlos, por lo que las calles se han estrechado y ahora se visten de carrocerías de los más variados colores y modelos, donde los rojos ya no llaman la atención, salvo a chiquillos que hacen apuestas por la tarde en la vereda por acertar el color del próximo vehículo que aparecerá delante de sus narices.

Sin ánimos de nostalgias, sólo por el placer de narrar, las pelotas que antaño eran probablemente el principal entretenimiento de los jóvenes que poblaban las calles, hoy son imágenes comandadas desde un joystick, jugando a ser estrellas, tal como los no-tan-jóvenes juegan a ser presidentes, detectives o jueces, inspirados en alguna publicación de Netflix o a través de las noticias.

Con el correr de los minutos donde habrá tiempo para conflictos y malentendidos, asoman las escobas que, lejos de transportar brujas, barrerán las palabras, hojas y tierra que ha traído el viento, pues lo que el mismo se llevó quién sabe dónde quedó.

Pasa el primer avión del día dejando la estela de nubes sobre el azul celeste. Nubes grises que amenazaban con lluvias se perdieron en amagues y gambetas del tiempo, tiempo que cada tanto hace las veces de túnel, oscuro de atravesar. Pero hay que confiar en la luz, por eso saqué un libro que se llama Oscuridad.

Cambio la pluma por un pincel y salgo a recorrer las calles. Es temprano, precioso momento para pintar la ciudad y jugar a ser escritor.

Croar

Era un atardecer cálido de un febrero signado por el viento norte. ¡Momento! ¿Era demasiado cálido según los valores de temperatura y sensación térmica con respecto a marcas históricas registradas o sólo era una sensación puramente subjetiva del observador? ¿Qué tanto tenía de atardecer ese instante en el que el narrador contemplaba la caída del sol como para que se lo describa así? ¿Febrero le decía algo más allá de las asociaciones de ideas implícitas que cada lector tenía con respecto a ese mes? ¿Cuántos signos se veían en tal mes como para que el viento norte lo describa y lo detalle con rigurosidad? ¿Cuál era la ubicación exacta del observador como para determinar que el viento era, precisamente, del norte y durante qué período temporal tomó nota de tal, y acaso tendría él una precisión cabal de los puntos cardinales o una brújula en mano como para determinarlo así y no en sus direcciones variantes como oeste, noroeste o nornoroeste? ¿Era algo que ocurría realmente ese atardecer relatado o era sólo una inferencia del narrador puesto que la luz natural habría disminuido su potencia y el calor, probablemente, habría mermado sobre sus sentidos? Todo esto no lo sabemos a ciencia cierta, pero el narrador prosigue, y nosotros deberemos continuar con las dudas a cuestas: Cuando, de repente, cayó el sol tan bruscamente que la noche llegó como en un suspiro y vertiginoso parpadeo, bañando con la luz de la luna y las estrellas los charcos que rodeaban los tamariscos donde las ranas empezaban a croar en un canto diáfano que propiciaba dulces sueños a los niños. Y aquí termina la historia, con lo que tampoco sabremos qué pasó con el sol en esa brusca caída y dónde golpeó, si la llegada de la noche se produjo efectivamente en una infinitésima de segundo o era una metáfora, cuántos tamariscos había rodeados de charcos y cuándo había sido la última lluvia que los provocó, cómo medía la claridad del croar de las ranas para que su canto le parezca diáfano y no una molestia acústica, qué tan dulces eran los sueños de los niños medidos en calorías y qué efecto le provocaban a los niños con diabetes. En fin, el narrador con su relato nos llena de dudas. Qué zángano.


Fotografía: Mariana Coca

Se hace camino

 

¡Hola!¿Cómo están? Por acá muy contento de presentar mis primeras obras literarias, bastante más formales que lo que se ofrece desde hace algunos años en la red, en el blog y demás espacios donde he ido publicando.
Le quiero agradecer a todos los que hasta aquí han participado activamente como lectores de tales publicaciones, quienes fueron un poco los que me motivaron a ir un paso más allá y publicar las presentes obras.
En cuanto a las mismas, les puedo decir, además de lo expresado en el video, que cada una reúne una selección, tanto de poesías como de relatos, muy cuidada, respetando el espíritu de lo que se quería decir y manifestar con cada una de ellas, variando en formas y tramas como para que ninguno se duerma.
Quienes se atrevan a recorrer sus páginas tal vez se encuentren con algunos textos que ya conocen de haber seguido lo que venía publicando y otros no tanto, porque he perdido el rastro de lo que fui publicando en diversas plataformas. Así mismo, esperamos llegar y gustar con ambas obras literarias.
La intención en cada una de ellas es brindarle algo al lector, algo que bien podría traducirse como placer, si la obra resulta de su agrado; por lo cual, se comprende que no toda obra es para todos sino que es como han dicho ciertos maestros de la literatura: es el lector quien encuentra al libro adecuado. Y ojalá así sea.
¡Espero que los disfruten!
Un abrazo.

PD: En principio se podrán conseguir en librerías de Bahía Blanca, La Plata, Neuquén y Capital, hasta donde tengo entendido. Y además en la librería de la editorial y  en Mercado Libre.