Por qué, poeta…

¿Por qué cantas a la aurora,
al viento, al sol, al ocaso?
¿Por qué tu voz rememora
caminos tras cada paso?

¿Por qué rebosas de flores,
de árboles, rosas y esencias,
por qué hablas de dolores
comunes de la existencia?

¿Por qué, poeta, tus letras
sobreviven en la naturaleza,
por qué la palabra pureza
deja piernas descubiertas?

¿Por qué todas tus mujeres
inspiran a elevar el canto,
por qué, poeta, ese llanto
conmueve a todos los seres?

¿Por qué tu pluma resiste
al paso del tiempo, al olvido,
por qué el poeta se viste
de un mundo desconocido?

¿Por qué tu voz llega lejos
a corazones marchitos,
por qué, poeta, son viejos
los poemas que recito?

¿Por qué tu ley, tu poesía
derrite, ablanda hasta el hierro,
por qué nos hablas de un cerro
donde quedó triste el alma mía?

¡Oh poeta! Regálanos tu receta
de esa jovialidad sempiterna,
que la vanidad nos consterna
y la muerte nos hace jugarretas.

 

Fotografía: Jorge Guardia

4 comentarios en “Por qué, poeta…

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