Ruido que agobia

Y pensar, que de todo el ruido que tanto agobia, hay una voz que llega y toca, cual lira antigua, cual piano choca, teclas y dedos que al cuore embocan, y en ese musical bagaje de palabras, que dicen cosas, algunas dulces otras hermosas, de sensaciones maravillosas, que en tres compases -como en canciones- obsequian frases, tan contundentes como elocuentes que uno las piensa, o las reflexiona, marea inmensa que la emociona y a veces tensa si la presiona, porque de tanto volver al canto el pensamiento con fundamento sostiene bases con sus disfraces para quien viene con sus preguntas, que algunas juntas -de malas lenguas- de vez se expanden, en otras menguan, mas le conviene cambiar de envases pues sus secuaces serán mordaces con esa crítica que mortifica y se desentiende, entonces se eleva por la pendiente de aquél surgente que se subleva, natura dona, y luego entona canción de cuna, para que duermas envuelta en piernas y sueltes riendas -también tus prendas- así lo intentes, como la gente. Que alguien te escriba: vive tu vida; si la descuidas, causa perdida, muy cuesta arriba se hará tu testa, un paso atrás, que otrora resta, será el impulso hacia la dicha. Y tú muy bicha tomando el pulso, irás andando, irás volando, cual ave regio, como un arpegio, y esa tonada es la explanada hacia un estado, reconquistado, del ser, que puedes ver es conocer. Entonces libre de vanidades, vivir verdades, vivir verdad es, es la respuesta que te contesta con alegría una poesía.

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