Suyas

Su teléfono hacía las veces de cerebro.
Su voz, repetía como un eco opiniones adosadas tanto a las ‘suyas’ que eran casi indistinguibles unas de otras. Y este mecanismo había obrado así por lustros.
Pudo corroborar que en nada se diferenciaban de aquellas que había ido recogiendo, a las que observaba con simpatía, un cariño reservado a la persona por motivos ajenos a las mismas.
Un día, marcado en el calendario digital como viernes 11 de …bre, empezó, dícese dio inicio, a escudriñar lo que traía a cuestas. Encontró, no sin sorpresa, algún conocimiento que, en su momento, lo guardó como opinión. Lo valoraba, lo llevaba como un tesoro olvidado, pero no sabía hasta entonces de su condición.
Sus ojos describían órbitas elípticas que no guardaban reposo siquiera en sueños, al menos los ojos internos. Las puertas del infierno se abrían de par en par, para entrar, para salir. En el umbral había a un lado un cancerbero que, lejos de amedrentar, uno se apenaba de verlo yacer huesudo y moribundo al custodio de semejante empresa. Y al otro lado, un enorme jabalí de unos colmillos largos y filosos, de cuyo escupitajo habría surgido el hombre. El cancerbero llamado Tan daba la orden con un gruñido lastimero para que Athos, el jabalí, atacara cuando un interno quisiese salir. Como contrapartida, Athos emitía unos gemidos histéricos que parecían una estúpida risa, mientras Tan se acurrucaba con la vista perdida en el horizonte, dejando el paso libre al visitante aventurado.
Sus manos obraban cual máquina inerme que reincide en sus acciones, como el crepúsculo que en su iteración pierde observadores, pero en su mística los conmueve, y el observador torna sobre sí embriagado con la prístina visión. Y esa reincidencia opacaba el destino creador que portaban, mas no llegaba a dominarlo en sus fatuos malabares que le daban, ni más ni menos, que el sustento diario.
Su corazón bombeaba y bombardeaba sus arterias de sopor, tedio cotidiano con disfraz de diversión, que le eyectaba una sonrisa paulatina que en cualquier conversación se salía de las comisuras amenazando al interlocutor con morderle las orejas, o al menos es lo que aventuraba Gracie cuando conversaban de amores perdidos y del futuro esquivo.
Su nariz tomaba registros del ambiente que no coincidían con el pronóstico. El olor a putrefacción al pasar por donde los mendicantes recogían las sobras de fast food slow death le abría surcos entre las imágenes que poblaban su pensar.
Su sangre recorría caminos previamente trazados, con bifurcaciones y empalmes donde se desviaba su conducta, cabalgada por su carácter. Al llegar a sus extremidades inferiores, un magma efervescente de prejuicios le aquejaba, propiciándole migrañas inacabables, sostenidas por rígidos tendones.
Su estómago fluctuaba al procesar, y esas fluctuaciones emitían penosos quejidos o segregaban llantos emotivos que pugnaban entre lagrimales por salir de las trincheras.
Su teléfono, que hacía las veces de apéndice, sería extirpado por una cirujana que cumplía funciones de terapeuta en el empíreo, ante el discurso anodino de sus cavilaciones.

Vida del blog

Podía decirse que el blog estaba vivo, a pesar de que no respiraba el mismo aire que nosotros. En realidad, nosotros respirábamos aire pero no era el mismo en todos lados, ya que muchos lo respirábamos con otros aditivos, polución, smog, alquitrán y demás impurezas. Pero no todos, dependiendo su situación geográfica y económica. El blog estaba vivo, pero no era por mérito propio –exclusivamente- sino por la asistencia de cientos de visitantes que le daban color, como las flores a un cementerio, y eso hacía pensar que el mismo era un lugar donde los visitantes –al menos en principio- estaban tan vivos como el mismo blog.

Pero el blog no despertaba curiosidad alguna, ni tampoco podía decirse que se le rendía pleitesía, o que abrigaba admiración. El blog estaba vivo en términos virtuales porque había movimiento, que es lo que llama la atención, cosa que la quietud no hace, al menos en el observador tuerto.
Dicho movimiento era dado por factores que –cuentan los astrofísicos- están determinados por las órbitas de los planetas, el brillo de las constelaciones, las parábolas de los meteoritos y la indumentaria de las estrellas de Hollywood en noches de gala. Todos los astros de la galaxia –incluso futbolistas de renombre- coincidían en la encumbrada posición del blog ante los innumerables visitantes.

Pero el blog, una tarde de invierno como todas las tardes de invierno en que mueren los árboles, murió, no en términos virtuales sino astrales. Nadie volvió a pisar ese lugar en el ciberespacio caído en desgracia. Los visitantes fueron redirigidos hacia otras distracciones por la Osa Mayor, Mbappé y el anillo de Saturno que dirigían la batuta. Ni siquiera ellos sabían ni comprendían su accionar. El aburrimiento era así, caprichoso, movía las cosas y la gente de un lado para otro.

Con el tiempo o sin él, años después, el blog quedó firmemente enraizado en la nube como un árbol dador de vida, como un olmo que ofrece peras, una ridícula e inverosímil expresión literaria, como un arroyo que lleva, de la fuente al océano, inagotable, manantial de vida que las bestias solían beber en sus orillas.
Cada tanto aparecía un muerto buscando vida, alejado de la subsistencia mundana, y se encontraba con ese reguero de manantial, con ese trasfondo de agua pura que detentaba el blog sumergido en la deep web. Y el muerto bebía y volvía a la vida. Luego se marchaba para volver a morir, o distraerse, según lo que dictaran los astros.
Y así fueron arribando al blog incontables vivos, muertos, bobos y tuertos, otra vez a ponerle condimentos a la sepultura, desde donde resucitó el mismo blog, para asombro de algunos pocos que lo habían dado por muerto. A los vivos le resbalaba vida y muerte. Y muchos bebieron de sus aguas, comieron de sus peras, recobrando vida.
Esto fue mal visto por algunos directores y guionistas en Hollywood, que creían ver mermar sus ventas en productos de merchandising, por lo que solicitaron sea retirado de la existencia.
Pero había un pequeño problema: el blog había cobrado eternidad y ya no podían matarlo; a lo sumo, esconderlo, ocultarlo.
Se les ocurrió eliminar el servidor que lo alojaba y con eso creyeron que sería suficiente para destruirlo.

Hay quienes dicen que hoy el blog está alojado en la red interna de una multinacional de gerentes franceses; otros dicen que el blog sólo es accesible desde el África meridional; y algunos afirman que el blog está sentado a la izquierda del Señor por los siglos de los siglos.
También están los que juran que el blog ha sido visto desde Andrómeda y que se actualiza los jueves por la noche.

Intacta

Otra vez tu y yo frente a frente. Un doble espejo que refleja lo que somos. El silencio cala profundo en nuestros corazones y se instala densamente en el aire que nos circunda. Algunas teclas se interponen y, lejos de separarnos, nos acercan el uno al otro. De la blanca pureza que te caracteriza sólo queda el trasfondo de lo que eres. Sobre ti se imprimen caracteres que dan forma a algo tangible y con el poder intrínseco de la interpretación a la que será sometido. ¿Qué se puede decir de mi que no lo reflejes tú? Lo que se ha dicho y lo que no. Lo que se entiende y lo que queda en el tintero aún por decir. Algunas letras hablarán de ti y te alabarán. Sin embargo, qué decir de esos ojos expectantes que se quedan fijos ante tu radiante luminosidad. Eres el fondo de este texto y casi pasas desapercibida. Pensar que sin ti no habría letra posible. Eres una inagotable posibilidad en la que se puede plasmar la nobleza de un pensamiento profundo o el vil insulto despechado. Pero… ¿de dónde saca sus más valiosos tesoros el hombre? Aquél que te capta en tu simplicidad no olvida que de la nada trascendente que insinúas surgen innumerables hechos que reflejan tu plena vacuidad, que es completa en sí misma. Quien emplea el vocabulario para llegar a otro corazón sabe que en ti se funden acentos, vocales y consonantes, mezclados entre signos comunes que formarán palabras, y crecerán en oraciones, ramificándose en frases ordinarias y de las otras para llegar a aquél que te ignora concentrando su atención en lo propiamente dicho, pero sabiendo que eres tú quien da esa posibilidad de hacer blanco en una aletargada conciencia acostumbrada a pasar por alto la fuente perenne que imparte realidad a la existencia de las cosas.
Y allí sigues tú, intacta como siempre. Pareciera que las letras precedentes no te hubieran tocado.

Sendas

 

El canto guarda el silencio
la voz llega con prudencia
el alma se eleva, denuncio,
mente juega a la ocurrencia.

Escuchar el plácido canto
lo que encomienda la voz,
se aplaca el alma con tos
discrepa el juicio, en tanto.

Cantar los vicios descarta
-con vos todo es diferente-
confunde el alma a la gente
mente juega su última carta.

Qué bello el canto tan lírico
cuando nos despierta la voz
su alma no teme a la hoz
mente duerme en lo onírico.

Es el canto que estremece
esa voz que al salir de boca
llega al alma, no equivoca,
a mente le pide que rece.

Pues el canto y su canción
llega la voz cuando exalta
el alma que también salta
cruza mente en devoción.

 

 

//Fotografía: Jorge Guardia

Cada tanto se va la vida

Se va la vida cada tanto
se escapa de nuestras manos
se van amigos y hermanos
se va como este quebranto.

Y la forma desaparece
nos queda lo que vivimos,
pensando en lo que perdimos
el corazón se entristece.

Aventurar un reencuentro
en sueño, alucinaciones
en cielos o ensoñaciones
la vida que llevo dentro.

Quedando lo que dejamos
las manos tan laboriosas
rebuznes si nos quejamos
palabras algo curiosas
abrazos cuando nos vamos
miradas tal vez furiosas
consejos que regalamos.

Y se va también con ella
los planes que realizamos
pues a veces imaginamos
una eternidad tan bella.

Otras veces encontramos
en otro rostro el alivio
en otro aliento tan tibio
lo que aún recordamos.

Será que Vida no mata
al menos es un murmullo,
será que tan sólo es tuyo
lo que ni Muerte arrebata.

Singular

Hay muchos espectadores
El teatro está atestado
Cuando el show ha comenzado
Se dispersan los lectores.

Espectáculo vespertino
Por las noches sin derroches
Ya deambulan en sus coches,
Con la música el vecino.

La soledad en este siglo
Ha quedado sentenciada
Sojuzgada en el banquillo
Moribunda, conectada.

Y un aplauso como un eco
Se oye manso en el pasillo
Un remanso para el grillo
Hay si el cantor deja hueco.

Y el que lo vive lo escribe
Así el mensaje transmuta
O se olvida en la disputa
Con dolor quien lo recibe.

Dejar un verso de herencia
Que no tiene competencia,
Y si es leído o es creído
Tal vez quizá comprendido.

La belleza es tan confiada
Que se muestra sin prejuicio
Y así se vista de oficio
Gusta de ser apreciada.

Centinela atento al yerro
¡Pibe no te equivoques!
Con tu lengua no revoques;
Te quiere meter el perro.

O será que sencilla mente
Decanta por el surgente.
Letra que no has de leer,
Hombre, déjala correr.

Porque no todo te toca
Porque no toda voz llega,
Si una poesía en tu boca
alza tu alma y despega.

Qué seremos, lo que fuimos,
Dónde fue que no lo vimos
Quizá la última estocada
Es la que nunca fue dada.

Y se repiten las cosas
Pasos, rostros, ¿mariposas?
Decires, nombres, sermones
Si miras también opiniones.

Pero hay algo puntualmente
Singular, único, esquivo
Que no se da virtualmente
Signo de sentirse vivo.

Y en el día, bien temprano
Sentir la dicha en la mano
Y abajo un pie que tropieza
Por si se aburre, bosteza.

Y al despertarlo el jilguero
Asoma por el agujero,
Será que será posible
Veraz vida impredecible.

Saber

El otro día iba caminando
no recuerdo bien si era domingo
o si era martes, feriado o día festivo,
lo cierto es que iba caminando
y de repente, de pronto, de improviso
me di cuenta de algo insólito
ese día, festivo, feriado o domingo
o quién sabe a ciencia cierta
si era martes en el calendario,
digo que de pronto, de repente
como un shock informativo
me di cuenta, que iba caminando
el otro día, aquél día pasado
pasado de moda, olvidado en el tiempo
iba caminando, y no sé si mirando
seguramente algo iría mirando
pero lo cierto, sin ninguna duda
es que el otro día iba caminando
y para mi sorpresa me di cuenta
como descubrir una revelación
fue tal el impacto tremendo
que ese día, domingo, festivo, feriado
o quién tiene potestad para decir que era martes
o si había testigos de que iba caminado
quizá alguno vio lo mismo que supe
ese día en que iba caminando
y tal vez, por qué no, quién te dice, mirando
aunque no recuerdo qué iría mirando
ni tampoco si era entonces domingo
lo cierto, ese día feriado, martes, festivo
es que el otro día iba caminando
y de improviso, de repente, de pronto
supe sin intermediación alguna
pues nadie me dijo, ni me lo contaron
como esos que dicen que hoy es domingo
iba mirando o tal vez caminando
o quizás caminando algo iría mirando
ya quisiera saber qué es lo que iba mirando
porque al ir caminando, quién diría pensando,
es incierto el destino de quien va caminando
pues ni siquiera sabe si es martes o domingo,
más allá del dilema algo iría mirando
pueden ser las pisadas o las aves aladas
que no saben de días, feriados o festivos,
iba ese día además de mirando
ese día certero, ese día impreciso
lo supe de pronto sin previo aviso
que iba tranquilamente ese día caminando
aunque ingenuamente algo iría mirando
y pensando, inventando, pergeñando bobadas
o tal vez el ingenio estaría trabajando
como aquellos que hacen los calendarios
con los días festivos, feriados y domingos
hasta incluso los martes de cada semana,
iba el otro día pensando y caminando
mientras iba mirando, mientras iba escuchando
qué iría escuchando, el tránsito o las palabras
que suelta la gente cuando dice es domingo
en los días feriados, en los días festivos,
iba ese día, caminando y mirando
que no sé si era martes, que no sé si pensaba
y ese día lo supe, cuando iba escuchando.

Esperar con paciencia

 

Es la brisa fría de mayo
rozando tus tibios labios,
es este sol tan timorato
que asoma y que no calienta,
es el frío de este otoño
las hojas secas volando
es el árbol que da sombra
flaca como tus ansias.

Es comunicación a distancia
a través de mensajes grabados,
es esperar que una canción
toque esta frágil ilusión
o escuchar un bandoneón
y aventurar la primavera,
es una vidriera cualquiera
es el destino del lacayo.

Es como un mozo sin moño
que atiende a cada clienta,
es esperar con paciencia
encontrar las palabras justas,
es el fruto del trabajo
que se lleva el patrón, el Estado
es el pan de cada día
es un refrán olvidado.

Es el beso de despedida
es la luz de los escabios
es tu cara si te asustas
o un momento de relajo,
es una voz que te nombra
frente a una luz de neón
es soñar con loterías
es imaginarse la vida.

Es dormir en los laureles
esperando que algo cambie,
es olvidarse los pinceles
engancharse en las contiendas,
( pasa un viejo en musculosa )
es una palabra divergente
la mirada tan urgente
que se te clava en la nuca.

Es el crujir de la tutuca
la sonrisa displicente
es un cine abandonado
es recuperar las riendas
y acariciar el caballo,
es atravesar el sendero
que a veces congela sentidos,
es un hogar devastado.

Es el ala de la mariposa
la caricia en el regazo
el sueño del moribundo
el cese de los latidos,
es la broma del pelmazo
es el consejo certero
despertarse entre la gente,
es la caída a este mundo.

Media

Hacía ruido la media
Divorciada, sola, impar,
Creía un día alcanzar
La riqueza del Edén,
Digna de todo can-can,
Y en un rapto singular
Se descuidó al optar
De cajón y fue a parar
Al borde del terraplén,
Donde polillas morfaban
Y en la miseria caía.
Se tuvo que recortar.
Es zoquete por rebeldía
Y hoy la recibe su par.

Armonizando

 

De la lluvia, inundaciones,
de los músicos, grabaciones,
del poeta, creaciones
y en tu mente narraciones.

Todo surge de improviso
una nueva vida, aviso,
cuando la paz es alcanzada
por ti misma conquistada.

Brilla el color, la alegría
rima el gorrión, armonía,
canta el jilguero elocuente
y tu corazón lo siente.

Pasa la gente, camina,
tira un beso la vecina,
juegan los niños saltando
tu alma ha estado esperando.

Todo ese tiempo marchito
que buscabas ciegamente
poner en orden tu mente
y ella lo encuentra, recito.

Pues un mundo de quimeras
no entrega buenas peras
quien lo espera de ese olmo
llega al colmo del colmo.

Pero no te culpes, querida,
nadie te ha dicho en vida
que tú eres lo importante
y no es que quiera robarte.

Sólo comparto un sentido
tras haberlo conocido,
ni pudiera así entregarte
ello en una pieza de arte.

Pues en él iría mi vida
pero debo seguir viviendo
para continuar escribiendo
a la belleza perdida.

Ideas

 

El día, con la luz, comienza
transcurre como todo movimiento
recorren las ideas el cemento
la nube se detiene cuando piensa.

La ventana está cerrada al espiar
muy oscura está la casa al despertar
ya se escuchan las palabras al hablar
y los ojos que se abren al mirar.

Palabras que tragamos por la fuerza
idea que naufraga tan dispersa
allí donde el insulto no te hiere
allí donde el espíritu no muere.

De a ratos los conflictos que te hunden
cargan peso sentimientos que te funden
el motor se detiene carcomido
por el óxido de todo lo vivido.

Son ellas las que incitan a buscar
un estado de bienaventuranza,
que haga blanco cuando tirés la lanza
de palabras en el centro de este mar.

Pues si lo pensás, despacio, con cuidado
el mundo es nomás todo lo dado
transcribe la voz todo lo hablado
recuerdan tus ojos lo observado.

Y cada idea que te lleva
arrastra consigo la marea
que sólo se calma si está plea
si no, se rebela y se subleva.

Son fieras a veces enjauladas
en otras son bestias endiabladas
tranquilas e inocentes son bobadas
geniales, son cosas inventadas.

De todo el vaniloquio que te cubre
que ronda dormida el pensamiento
quizás una luz te lo descubre
al hondo, sereno, sentimiento.

Y vuelan joviales las palomas
en bandas pues nunca viajan solas
captando tu frágil atención
da brincos de bronca la tensión.

Tal vez ellas sólo te molestan
ya ves, unas suman, otras restan,
se abre la ventana del sentido
y la luz ilumina al recorrido.

Ideas que tu corazón no enfocan
ideas que a veces te vuelven loca
destejen las palabras de tu boca
respira el aire puro sí sofocan.

Recuerda que previo la fanfarria
de aquella que retiene como garra
vivías realidad despreocupadamente
feliz, muy lista, inteligente.

 

 

 

//Fotografía: Norma Russi

La dimensión de lo desconocido

 

Arturo había soltado las amarras del pasado ( y por lo tanto su presa sobre el futuro ) y se había sumergido en el presente. Pero no estaba anclado siquiera en el hoy. Su vida no discurría sino que era un entero ahora. Por razones de conveniencia para el lector, esta historia parece transcurrir en el tiempo, pero esto sólo debe tomarse como una cuestión puramente literaria. Arturo como tal había cesado y sólo quedaba su presencia en el eterno ahora; lo que discurría era mera apariencia con ínfulas de historia.

Arturo observa la pantalla delante de él. Una imagen le llama la atención. Es una bailarina de danza clásica disfrazada de pantera rosa, pero con una peculiaridad: no es la pantera rosa, sino un flamenco. Arturo cliquea reiteradamente. Uno de los impulsos de su dedo índice le devuelve una leyenda sobre el monitor indicándole que debe reiniciar la máquina.
-Ya está. –Dice Arturo- Para la próxima, ya sabe, Teodomira, nada de darle clic a cualquier video que aparezca por ahí.
-Gracias, querido. Vos sí que siempre me salvás las papas. –afirma Teodomira al retirar la bandeja de papas del horno.

Arturo cobra por el servicio y se marcha de casa de doña Teodomira. Ésta prende la radio y escucha en las noticias que un huracán se cobra la vida de decenas de personas en el caribe. Arturo camina hasta un quiosco y compra puchos. Y un encendedor. Le da interacción a los objetos que acaba de comprar y pita el cigarrillo. El día está caluroso. A Arturo le suda la frente. Ve pasar un colectivo pero no es el que espera él. Un joven le pide un cigarrillo y Arturo le convida del atado que acaba de comprar. Arturo camina y se detiene frente a una vidriera de artículos electrónicos. Observa lo nuevo que allí se exhibe: un neofly, algunos bricgames y varios smartviews. Arturo piensa. O cree pensar. O simula pensar. Acuden pensamientos que le hacen sospechar que él hace algo –como pensar- cuando en realidad éstos discurren como el tráfico. Se le ocurre comprar un teclado pero revisa sus bolsillos y el efectivo del que dispone le hace caer en la cuenta de que no le alcanza para su propósito y lo descarta. Se acerca el 48 y cuando está delante de Arturo éste se sube en él, previo a hacerle un ademán al chofer con la intención de que entienda que quiere abordarlo. Paga el viaje y se sienta en uno de los primeros asientos libres que encuentra. A su lado está sentada una bella mujer. Tiene una cabellera abultada, con rizos castaños y ojos color miel. Lleva unos aros de oro en sendas orejas y tiene pintados los labios con un plateado llamativo. Arturo la observa con disimulo y procura entablar un diálogo. Poco a poco, descarta cada una de los temas de conversación que se le ocurren: el tiempo, su trabajo, el viaje en colectivo, la elegancia de la mujer. Nada le resulta propicio para comenzar a hablar con ella. De repente, se le ocurre una idea precisa para no incomodarla y, a la vez, iniciar una charla. En ese instante, la mujer le pide permiso para pasar frente a él y abandonar el colectivo, dejando a Arturo con sus esperanzas marchitas. Dialoga con una mujer mayor sentada detrás que le pregunta la hora. Arturo le miente con media hora de diferencia a la que es. Su actitud lo llena de culpa, cree que quizá la señora está con poco tiempo, no de vida, sino porque algo le urge. Pero no es así, la mujer está al pedo como alcornoque en botella vacía.
-Anoche no dormí bien, joven. –dice la mujer- Me quedé pensando en lo que tenía que hacer este día y caí en la cuenta que lo tenía libre para disponer de él como me pareciera. Por lo tanto decidí ir a hacer unas compras al súper para buscar lo que hacía falta. Sabe usted, jabón, champú, café, azúcar, esas cosas.
-¿Yerba? –inquiere Arturo para no quedarse atrás en la conversación.
-También, claro. Nos acostumbramos a los aumentos de precios que somos incapaces de formular una protesta seria. Si nos juntáramos a pedir para que hagan algo al respecto nadie nos creería. Sería como solicitarle al viento cesar en su servicio.
-Cierto, es uno de los males que nos aqueja, pero lo hemos asimilado y vivimos con ese quiste incorporado. –aclara Arturo.

La mujer abre un paquete de galletitas y le convida una a Arturo. Éste toma dos, le agradece y las come una a una. Tienen chispas de chocolate, como le gustan a Arturo. Divisando la proximidad a su destino, Arturo se despide de la mujer y camina hasta el fondo del colectivo. Toca el timbre y cuando la puerta se abre y el colectivo se detiene, emprende la retirada del mismo bajando por la escalinata. Tropieza con un peatón que lo insulta hasta en arameo. Arturo ensaya una disculpa, pero el hombre no parece comprender castellano. Camina hasta la puerta de su casa y al llegar encuentra sentada en el umbral a Nancy, su novia.
-Te esperé toda la mañana. –le dice.
-Estuve trabajando. –acota Arturo.
-Espero que no sea otra de tus típicas mentiras.
-¿Desde cuándo digo mentiras?
-Desde que te conozco. –responde Nancy.
-Entonces debo decir que no me conocés ni pizca.
-Es que no me diste tiempo suficiente para hacerlo.
-¿Y cuánto necesitás? ¿Diez años más?
-Mmmm… podría ser. ¿Tenés apuro? –cuestiona Nancy.
-Terminemos con esto. ¿Querés un café?
-Sí.

Ambos entran a la vivienda donde Arturo hace las veces de local. Prende la radio y se escucha el tema “Beutifull day”. Arturo prepara café para dos. Su novia se sienta en una de las sillas ubicadas alrededor de la mesa. Arturo lleva las tazas con café a la mesa. Lleva también cucharitas y azúcar. Prueba el café y lo encuentra a gusto. Nancy hace lo propio. Sentados frente a frente, Nancy rompe el manto de silencio tras un vacío de sonidos en la radio.
-Arturo, tengo que contarte algo.
-Si es una mala noticia ni me la des. Prefiero no saber.
-Te la voy a contar igual.
-¡¿Ahora?!

En la radio suena el tema “Desde este momento ahora”.

Moneda

Una moneda tiene dos caras: una te dice buen día, la otra, buenas noches. Con la cara te sonríe, con la seca se sonroja. Da la cara cuando ríes, y la cruz cuando le imploras.
Es tanto lo que puede llegar a durar que se han encontrado monedas de cientos de años, un poco corroídas, de tanto volar de mano áspera en mano delicada, de haber estado en bolsillos hasta caer rendida y devaluada sobre tierra firme.
Hay algunas de colección, y muchas que no valen ni una propina. Las monedas ya no las observan ni los niños, como curiosidad, ya que es sabido de qué se trata y a qué puede llegar a equivaler, por qué la puede canjear. Tampoco son contadas las monedas como símbolo de ahorro, pues su peso no equivale a tantos pesos, aunque a veces se cuentan para llegar a una leche o un poco de pan. Los comercios hace años que retacean las monedas y hubo un tiempo en que te daban como vuelto un puñado de caramelos canjeables por mercadería, aunque eso ha quedado en los tiempos en que a la moneda todavía le daba la cara.
La moneda se produce en serie, distante de lo artesanal, y se parece una a otra tanto como difieren unas de otras. Pensada para circular en territorio legislado, la moneda tiene un valor pequeño en comparación con otros valores que se ostentan.
A veces con símbolos patrios, otras con naturales, la moneda circula sin detenerse en los semáforos ni en sendas peatonales, y rueda cuando cae entre los dedos a perderse en algún charco. Los niños la recogen tras la sequía, para luego comprarse un chupetín o arrojarla a la fuente de los deseos más cercana pidiendo un alfajor o un trabajo para sus padres, según su inspiración. Los adultos, por su parte, la dejan ahí, mirándola con desdén, pues el valor que suponen no vale el esfuerzo de agacharse a recogerla. Y los viejos la miran con nostalgia: “Me acuerdo cuando con una de esas pagaba el colectivo…”.

La sentencia

El sol estaba asomando detrás del enorme edificio cuando Pío subió los escalones con cuidado, afirmándose en la baranda metálica. Al lado opuesto, observaba en los rostros de los allí presentes el juicio del mundo como un lastre demasiado pesado para soportar. Con vergüenza y timorato, bajó la cabeza fingiendo mirar cada escalón que pisaba, mientras en su fuero íntimo esquivaba las fulminantes miradas que provenían desde todos los rincones.
Un leve murmullo se escuchaba a su paso. “Miralo”, decía una voz avejentada. Una muchacha se acercó corriendo, se detuvo delante de él y lo escupió sobre el pecho: “¡Miserable!”, le espetó con furia para lanzarse llorando escaleras abajo. Pío continuó la cuesta hacia los tribunales con el semblante alicaído. Volvió a tomar coraje para mirar los rostros de los allí presentes, aunque lo hacía tímidamente, como de soslayo. Ninguno permanecía indiferente a su tibio paso. Creyó ver en un joven un atisbo de aliento, un resabio de comprensión y complicidad; “Estamos con vos”, adivinó. Pese al rechazo general que generaba su presencia, no se observaban signos de violencia explícita, más que miradas inquisidoras, dedos que lo señalaban, o algún comentario soez. Los escalones se le hacían interminables, y para recobrar fuerzas, cada tanto, echaba un vistazo a los que había dejado atrás, ganando impulso para continuar subiendo. No faltaba quien lo estuviera filmando en cada paso que daba, en cada gesto involuntario que vivificaba la situación del juzgado.
El policía que lo escoltaba, de paciencia increíble, en ningún momento intentó apurarle el paso o forzarlo a que subiera a mayor velocidad. Lo dejaba percibir la situación, las miradas, la rabia, el rechazo, aventurando la condena que le cabría, e incluso se tomaba su tiempo para tomar nota él también del marco que envolvía ese tormento.
Cuando subió el último escalón, se afirmó sobre el piso y respiró hondo. Había quienes bajaban y subían a un ritmo ajeno, y observó, detrás suyo, que varias personas habían estado acompañando su andar, pero al intentar mirarlos de frente, estos, como haciéndose los distraídos, o bien conversaban en voz baja entre sí, o miraban a su alrededor o se distraían con sus teléfonos celulares. Eran no más de cinco quienes evitaban el contacto visual con él; los demás, diseminados por las escaleras, lo seguían fustigando con la mirada acusadora.
En la sala había varias personas esperando la sentencia. El fiscal, al verlo ingresar secundado por el policía, se puso de pie y le propinó un irónico aplauso. Las voces eran ecos de lo que ocurría sobre las escaleras, un zumbido indirecto que envolvía el ambiente como un enjambre de abejas. Su abogado lo invitó a sentarse luego de palmearle el hombro. Pío bebió un sorbo de agua y se sentó a esperar la llegada del juez. Entrelazó los dedos de sus manos, que sudaban a pesar del frío, que hacía sentirse a esa hora en la sala. Se quedó observando un cuadro sobre el estrado que daba cuenta de una batalla de otros tiempos y creyó ver en él inspiración para la que daba en el presente: los rifles, eran su pluma; las balas, su tinta; los caballos, sus ideas; los soldados, sus seguidores; el sol, su horizonte. Sintió alivio, con la esperanza extinta, al creer que lo justo, aunque muchas veces tarde, tiene un reconocimiento supremo que excede la vida de una persona.
El juez hizo su aparición en la sala ante el silencio que dio lugar. Se acomodó protocolarmente, dando paso a la lectura de la sentencia. En el ambiente se había generado una cierta ansiedad, con tintes de tensión, por la espera del veredicto que todos preveían, amén de los detalles de la misma.
Durante la lectura, Pío se distrajo pensando en aquellas cosas que más lo habían movilizado durante los últimos años, entre las cuales impulsaba las ideas para una sociedad más justa, justicia que estaba a punto de finiquitar sus intenciones. Pensó en el desamparo, ya no en el suyo, sino en el de tantos que se veían marginados no sólo del sistema económico, sino de la cultura; y él consideraba que un magnífico edificio como el de tribunales había comenzado como un simple pensamiento que, como tantos, luego se materializó, por lo que se sentía en paz por su obrar. Estos, y decenas de pensamientos, se detuvieron en seco al escuchar, de parte del juez, la palabra perpetua, que le heló la sangre y endureció los tendones debajo de la nuca. Ese instante recapituló sobre lo que había estado escuchando sin atención, donde creyó percibir las palabras ´enemigo´ y ´rebelión´, entre tantas otras plagadas de tecnicismos, que estaba muy lejos de comprender.
Al finalizar, en la sala hubo festejos en una tibia excitación que rápidamente se disipó cuando a Pío se lo llevaron atravesándola. Las miradas pasaron a buscar humillarlo, acompañando con risas burlonas, que el mismo Pío ignoró. Un hombre parado en la puerta, vestido elegante, se quitó el sombrero y asintió con la cabeza al verlo de frente. Ese era el veredicto que Pío se llevaba consigo a la cárcel.
Luego, su abogado le explicaría que quedaba inhabilitado de por vida a firmar guiones de cine con su nombre, ni a realizar ningún tipo de publicación en otras ramas del arte con el mismo. No obstante, sin misas ni congregaciones, la sentencia había dado inicio a un culto que se extendería al bajar las escaleras.

El arte es un disparador

 

Una pintura puede dejarte helado
o una escultura vista de costado,
la música dispara el pensamiento
y el espíritu se eleva somnoliento.

Se me ocurren mil cosas al escuchar
tantas aves que no las puedo atrapar
las observo, solitarias o en bandadas,
en su vuelo por el aire cual tostadas.

Y no creas que sólo digo bobadas
porque vuelan, libres de mermeladas,
si hay prisa por probar el desayuno
me esperan esta noche allá en Neptuno.

Es que vuela también el sentimiento
y la mente que viajando en el aliento
tiene apuro por llegar como ninguno
surca estrellas en el espacio que reúno.

De la  música es tan magnífica facultad
que te acerca a una sublime libertad
cuando grises son las nubes de tu avión
que no vuela si se larga un chaparrón.

En los tonos que el diapasón ha afinado
ya se oye el malestar que ha doblegado
y se despierta iluminado y sigiloso
un alcance que concuerda con el gozo.

Escuchar, escuchar y nada más
esa voz que describe tan veraz
lo que no siempre capta la mirada
esa voz que te protege cual espada.

Y sentir que la música calma y eleva
y si acaso algún demonio se subleva
será atado como bestia por mil años
si lo sufres vete a llorar a los caños.

Penetrar en la canción es comunión
unidad, cuerpo y alma, es el arte
y la música que llega a recrearte
te dispara en un suspiro al corazón.

Comprender

Qué ganas de enseñarte lo que aprendí
de olvidar, un momento, lo que creí
de que sepas que amar es compartir
el saber, la comprensión, juntos reír.

Qué ganas de darte ahora algo de mí
y quedarme sólo lo que una vez fui
aquello que se olvida en un rincón
cuando todos se van hacia el callejón.

Entender que un hogar no es encierro
y que amar no es meterte el perro,
que un refugio donde brille sin razón
es vivir lo que siente el corazón.

Comprender que salir es extender
las fronteras, lo que puedes conocer
que volver no siempre es retroceder
muchas veces es cambiar de parecer.

Qué ganas de decirte con arte cosas
y de hablar sin privarnos de las rosas
que, ya ves, también duelen sus espinas
como niños que mendigan en esquinas.

Qué ganas de besarte cuando gozas
de escuchar de ti palabras tan hermosas
cuando lejos tú me mandas los mensajes
o en la cama nos quitamos los ropajes.

Entender que amor además es alimento
vitalicio de la comunicación, el viento
que se lleva las palabras quizás vuelve
y el abrazo de las pieles nos envuelve.

Comprender que no siempre se gana
con decir lo que se piensa con desgana
que la forma, la expresión, revitaliza
lo profundo del sentir que te erotiza.


Fotografía: Mariana Coca

Enredados

Las redes nos están volviendo cada día más peloponesos.
Te lo digo con conocimiento de caries.
Pero hablar de esas cosas en las redes es al pesto.
Porque nadie usa las redes para comunicarse con ostras.
Sino para otras cosacos.
Como publicar lo que hice horacio,
Buscar algo que me haga freír,
O para despotricar contra todo un rataplán.

 

Fotografía: Camila Cariac

Ficciones

Conflictos y tensiones
disputas de emociones
despierta sensaciones
duermen ensoñaciones
murmuran los leones
a donde vuelan drones;
hay aves, grabaciones
hay audios, filmaciones
hay carne de lechones
gorjeos de pichones,
en algunas canciones
un coro de sifones
y junto a los limones
el hambre de millones.

 

En la arena

El ambiente se va llenando
de aroma político, ese lenguaje
carente de simbolismo, equipaje
como lastre que va cansando.

Abarcando todos los temas
que se quieran debatir,
ruido que transmiten fonemas
a quien quiere sólo vivir.

Dicen que es información
que te ayuda a subsistir
para el bien de la Nación
es que deben insistir,
pero guardan la intención
de lo que te han de vender
y el eco es sustitución
del hombre, o al parecer.

Y si acaso hablás de flores
te saltan los de un partido,
si enunciás lo desconocido
te agravian de otros colores.

Si en un punto tomás postura
en la arena movediza
la misma no te asegura
que alguien muera de risa.

Pues todo se banaliza
el clima, la muchedumbre
y cómo calmar el hambre
de los que no tienen prisa,
aquél de obtener ganancia
con los sudores del hombre
o cómo restarle importancia
y voz al que no tiene nombre.

Hay cosas tan predecibles
como agua de río al mar
hay otras que son posibles
el pensamiento al cambiar.

La cultura es un alimento
que lo puedes masticar
el camino es un movimiento
que lo puedes desandar.

Se va llenando el ambiente
de sopor e intolerancia,
se va cansando la gente
del dolor y la arrogancia;
y el mundo se vuelve oscuro
sin luces que lo iluminen
como un basural impuro
donde las ratas caminen.

No obstante, aún, sin embargo
los ojos, espejos del alma,
son como un río que empalma
y te despiertan del letargo.

Pues las ideas macabras
qué sólo ofrecen la muerte
no tienen valor ni son fuertes
como las dulces palabras.

Y cuando te sientas perdida
que nada tiene sentido
recuerda que en esta vida
importa más el latido
que alguna frase repetida
que huele a huevo podrido
y así tu voz enseguida
será un canto reconocido.

Haz como el loro barranquero
que canta firme a la aurora
tan cálido el mañanero
como abrazo a toda hora.

Y si el cielo se despeja
de dolores de cabeza
iluminarás con destreza
incluso con moralejas.

Por ello, a los cuatro vientos
ofrenda tus pensamientos
que surquen el firmamento
apaciguando tormentos;
la esperanza recobrada
con templanza bien labrada
le dará nueva estocada
al circo de las pavadas.

Asomar

Quedar bien con todos
pasar inadvertido
perfectamente adaptado
a la opinión general,
no contrariar
seguir la corriente
no distinguir
seguir la creciente,
creer que vamos
que controlamos,
opinar lo mismo
romper el molde
con lo contrario
y darse cuenta
que cambia el punto
y permanece
en idéntica situación
sin variación
la perspectiva,
sin comprender
cuál es el yerro:
lo que está bien
seguirá estando
así alguien diga
qué porquería,
pues la opinión
también varía,
lo que está mal
hambre y miseria
fuego y violencia
explotación
y lo demás
no se escabulle
de las noticias
así lo tapen
con emociones
inundaciones
premoniciones
deformaciones,
y ahí en el medio
( por descubrir )
está la vida
triste y alegre
sueño y dormida
suave, afligida,
tersa, confusa
excelsa o breve
( para explorar )
con pensamiento
con sufrimiento
con sentimiento
y discernimiento
( por conocer )
y hay caras nuevas
hay rostros viejos
hay manos rudas
hoy ojos negros
hay besos brujos
y abrazos frescos
( por conquistar )
hay corazones
mentes inquietas
almas que yerran
cual caminantes
o en los volantes
o en bicicletas,
que van andando
y se detienen
cuando te escuchan
( si no es que luchan
contra el sistema )
y les da pena
perder el tiempo
cederle al viento
o a un dios divino
los trazos rectos
de su camino;
y en la espesura
del movimiento
hallar espacio
para expresarlo
aunque así algunos
vayan a rechazarlo,
pues en las Viñas
también hay riñas;
ser el camino
cubierto en sombras
que luego el cenit
todo ilumina
rodeado por pinos
o paraísos
verá la esquina
como un hechizo
contar tus pasos
cuando caminas
y en las cornisas
habrá palomas
que te dan gracias
cuando te asomas
muy por encima
de las falacias.