La soledad del boquete

Se sentía solo el boquete
vacío en su inmensidad
la pared era tan grande
como el ancho horizonte
en lo alto tocaba nubes
de las que caían granizo
y todo tipo de lluvias
lloviznas y algún hechizo.
Y en el medio, justo, justo
el boquete tan gigante
que pasaba por delante
un avión aterrizando.
Entonces, dijo pensando:
hoy me tengo que llenar;
se tragó un par de camiones
colectivos y tractores
roedores y muchedumbres;
seguía quedando espacio
y el boquete dijo desnudo,
por favor, no me alumbres
a pesar de lo tragado
me sigo sintiendo vacío.
Y, así, seguía pensativo
mientras las manos obreras
con cuchara y hormigón
de a poco lo iban tapando.

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