Las personas no cambian

No viejo, las personas no cambian. Y eso de que cambian con el tiempo es puro verso. Que el tiempo las mejora, que el tiempo las ablanda, todo bolazo. Te digo más: no sé si el tiempo no las empeora, aunque me tenga que desdecir y decirte que, bueno, un poco, sí, las personas van cambiando. Pero para mal, ¿entendés? El que es un bicho malo, cada día es peor. El turro es cada vez más turro, la yegua cada día más yegua y la bruja llega a hechicera. Sí, cambian las personas. Pero ojo que también el tipo bueno se puede volver un hijo de puta, ¿eh? Quién sabe, una situación fortuita y el loco se transforma, ¿entendés? Qué sé yo, una vuelta conocí a uno que era un pan de Dios; lo tenía allá arriba; y años después, no va que me lo encuentro serruchando a la mujer del Toto, el amigo que teníamos en común. ¿Viste? La gente es jodida, y también puede ser muy buena en la misma vida, se ve. Las personas van cambiando con el tiempo, pero no te digo que sea gracias al tiempo, no. Y ni hablar del físico, porque salta a la vista: El gordo que baja treinta kilos en un mes, el flaco panzón, el pendejo que se avejenta y está la mina que se la ve mejor a los cuarenta que en la adolescencia. Se ve, se ve. Se pierden pelos, te salen canas, se te caen las tetas, el culo, te arrugás, te quemás la piel o se percude de laburar, estás más roñoso o más pulcro, se ve, se ve. Tá claro: las personas van cambiando. Pero vos fijate que hay personas que no cambian. Está el tipo que a los veinte idolatraba a un pelotudo y treinta años después le hace un altar, ¿entendés? Ese tipo no cambió, involucionó. Y eso de la evolución hay que entender en qué sentido se dice, porque también hay decrepitud. O fijate la mina que creía en tal leyenda y la sigue venerando con los años e, incluso, la difunde a diestra y siniestra. Eso sí que es siniestro. Pero bueno, ahí, viejo, tenés visto que las personas no cambian, o qué sé yo. Por ahí cambian y ni te enterás, o por ahí lo que cambian son las ideas que tenemos acerca de las personas. Por ahí vos te hiciste una idea de aquél, y el otro te viene con un martes trece que te deja de culo, ¿entendés? Las personas por ahí se vuelven más nobles con la experiencia o a medida que ganan conocimiento, puede ser, y no te lo niego, ojo ¿eh? Por ahí, las personas van cambiando, morigeran el carácter, se vuelven más tolerantes, más comprensivas, pero no todas, eso te quiero decir, algunas son bien miserables, para qué vamos a discutir. Por eso te digo que las personas no cambian, cambiarán de ideas, de creencias, de fe, de club, de amigos, de pareja e incluso de nombre, te digo, pero no cambian, por ejemplo, de cara. ¡Bah! Te la pueden cambiar con una cirugía estética, qué sé yo, la nariz, los pómulos, los labios, pero la cara es la misma, ¿entendés? Vos no tenés una cara para pedir, otra para laburar, otra para cantar. No, viejo, por ahí cambiás de gestos, por ahí sonreís, te preocupás, gruñís y puteás, pero con la misma cara para todo, o qué sé yo. No digo que le hables igual a los pibes que a un viejo, o a tu mujer que a la verdulera, no, no, pero la cara, la cara es lo que te identifica ante el mundo, y el mundo es lo que cambia, las personas no cambian. No, viejo, y si cambian deberían avisar en qué consisten esos cambios, para que las personas que no cambiamos nos vayamos enterando y nos acomodemos a la nueva situación, ¿no te parece?

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