Impresión

 

El correo no atiende en vacaciones
el humor cambia con las estaciones,
el corazón se alegra con canciones
iluminan tu alma las constelaciones.

En tu pecho ya gorjean los gorriones,
la era tecno nos provee de diversiones
al mirar todo me llena de impresiones
los sentidos no lo privan de intuiciones.

Astrónomo

 

Cierta noche, un astrónomo se encontró con un poeta y le recriminó:
-Lo que usted dice es mentira; no hay estrellas impacientes, ni satélites errantes, ni cometas sugerentes, ni planetas comediantes. Hay que hablar con propiedad y cada cosa tiene su nombre para ello. Mientras uno se devana los sesos para una mejor comprensión del cosmos, a otro se le da por reducirlo a un pomposo verso. –proseguía el astrónomo.
El poeta aguardó en silencio el reproche del astrónomo. Cuando éste acabó, le dijo:
-Es cierto, aunque paradójicamente no es menos cierta una poesía que un libro de astronomía. La astronomía se basa en la observación y la nominación, de lo cual la poesía no está exenta ni carece de ellos, sin eludir descripciones. En algún punto ambas coinciden y divergen en sus designaciones, por lo cual a usted le parece tan disímiles, la una de la otra. No obstante, el trabajo del poeta no merma en la lectura de su poesía, así como el del astrónomo no se agota cuando un observador nombra lo mismo que él ha visto y nombrado; ambos no se contraponen, ni se complementan, y hasta podría decirse que sólo son puntos de vista y maneras de hablar, describir e interpretar lo inexplicable. Tenemos ciertos condicionamientos, cada uno en su área, por lo cual a veces hay disrupción en los discursos de uno y otro, lo cual se presta a confusión en algunos casos como el planteado por usted.
-Bien, viéndolo de ese modo, creo que tendré que volver a leer sus poesías desde otro punto de vista. –dijo el astrónomo.
-Hasta luego, buen hombre. –saludó el poeta.
-Hasta luego, señor. –Se despidió el astrónomo.

El poeta se quedó mirando a lo alto, entre los rascacielos, como intentando descifrar con perspicacia el nombre de aquella estrella fugaz que caía delante de su vista, a lo lejos detrás del bosque de eucaliptus.

Cada cosa en su sitio

Hay palabras en contexto,
en ámbitos, de pretexto
y cada quien las utiliza
de cierto modo imprecisas,
no señalan a lo mismo
ni describen su bautismo
las remiten a su origen
y otros las distorsionan,
con emoción las versionan
a otros sentidos se dirigen;
porque los significados
varían en cada lado,
quizás Google nos ayuda
a evacuar alguna duda
pero no nos dirá quién
descarrila como un tren
o nos dice la verdad
si habla con sinceridad,
porque la palabra certera
es la que es fiel, verdadera,
y así se diga en oscuridad
remite a la libertad.

Juntar palabras

La atención va purgando su karma
se limpia de impurezas el espacio,
de pronto el sonido de una alarma
lo invita a la acción en el prefacio.

No es el tiempo lo que pensamos
y es tiempo todo lo que soñamos,
si es viento todo lo que deseamos
es poesía lo que al día respiramos.

De ilusión en ilusión se moviliza
el ahora es realidad que lo agiliza,
la fantasía reptando en la cornisa
con luz de pantallas lo hipnotiza.

Dinámica es sinónimo de vida
de a ratos se presenta aburrida
a veces un drama, entretenida,
tejido de ensueños, consumida.

Sortear obstáculos no es poco
repetir los errores es de loco,
aprender la lección, inteligente
y evitar amar es negligente.

Se nubla y la claridad se escapa
parece retrasar la iluminación,
mientras el pensamiento derrapa
retorna la armonía a la canción.

Ignora lo que en noches perturba
esa agitada y densa imaginación,
recuerda que la paz no se turba
que brilla en un recto corazón.

Sueño curioso

Cada sueño tiene su impronta
En el que cada noche se remonta
Y se desvanece al llegar el día
Cual metáfora diluida en poesía.

Es por ello mismo tan curioso
Que yo a usted la reconozca,
Recuerdo tenerla vista
De otro sueño novedoso.

Usted me dijo ese entonces:
¿De dónde nos conocemos?
Y yo, cual estatua de bronce,
Le dije: de donde soñemos.

Será que estamos dormidos
entre sábanas vestidos
Y en sueños muy coloridos
Recreamos los olvidos.

Problemas no resueltos

Como una aguja que pincha
Reaparecen irresueltos
Son problemas que se lanzan
Pretendiendo solución.

Y te captan la atención
Si son varios se abalanzan
Monetarios como vueltos
y el pantalón se te hincha.

Regresando como fieras
Que buscan tu indicación
Te carcomen las entrañas
El cerebro y la inspiración.

Cuando obtienen dirección
Se largan con sus viejas mañas,
Como un cambio de estación
Se marchan como primaveras.

La mochila se descarga
Con la solución más justa,
Quizá la mirada adusta
Nos deja la cara larga.

Y en un rapto de intuición
Los medios son efectivos
Para dar por atendido
Al problema y la situación.

Rastros

 

El instante detiene el pensamiento
se olvida el tiempo por momentos,
se llena el espacio de elementos
el corazón es puro sentimiento.

Entonces se produce el encuentro
hay dos que se funden en el centro
se pierden los rastros del recuento
es vida que late y late  bien adentro.

Se rompen los lazos con la rutina,
nos queda el parpadeo en la banquina
y espera agazapado en una esquina
el rostro acaramelado de vitrina.

Ella expresaba

Y con el sol en su pecho
afinaba el diapasón,
de sus labios la locura
expresaban con furor,
una mirada distante
le reflejó su interior
el suave tacto acaricia
la permisiva función
y en el encuentro valía
saltar la norma frugal,
contenta en su cabellera
tuvo su rostro bondad
en el espejo veía
poco más de la mitad,
tanto que se confundía
si era ella en verdad.
Buscando en su billetera
un documento encontró
certificaba cualquiera
como asilo un lugar,
no se olvidó de jugar
será en otra dimensión
quizá tan desconocida
como querida también
que a todo el mundo le daba
ganas de participar
y allí en la cama jugaban
a que hacían el amor,
después yacía acostada
soñando un juego mejor
que todo lo conquistaba
-al levantarse del lecho-
y al verla se enamoraba
el aventurado señor
que sentía equidistante
su andar y su locución,
le preguntó por su nombre;
ella sin mover un pelo
al hombre le respondió:
me llamo Vida, Don Juan,
y Amor querida me dicen,
soy Armonía también
y la Reina del placer,
si me quiere conocer
dedíqueme una canción
y si música no sabe
búsquese la redención
pues en mi reino no cabe
ni el miedo ni la adicción.
Es de belleza la joven
que su mirada empañó,
quienes de cerca la vieren
su semblante acompañó
y en un instante redimen
su persuasiva aflicción.

Renovación

Vivir de fantasías
Vivir una ilusión
Vivir en religión
Vivir la travesía.

Se nos confunde el vivir
El soñar, morir, el dormir
Amar nos resulta poco
La luz se sale de foco.

Las penas vienen y van
Las miserias escapan,
Los dolores irrumpen
Relaciones que se rompen,
Hay sabores que gustan
Hay nociones que asustan.

Todo parece cambiante
Lo eterno, determinante,
Lo efímero, petulante,
Lo vacuo, rimbombante.

El nombre sigue vigente,
La memoria, divergente,
El encuentro convergente,
Cambia el rostro de la gente.

Y este rostro ante el espejo
Ya no parece un pendejo
Son los años, la paciencia
La alegría es experiencia,
El día renueva lo añejo
Los astros brillan a lo lejos.

Y renace lo que muere
Como la noche que hiere,
O esa nave a donde fuere
Que con fotos descubriere.

El vivir se torna tranquilo
Sin nervios, con té de tilo,
Y del árbol, es seguro,
El fruto cae de maduro.

Preguntas

Paradojas de la sociedad
Criptogramas en la realidad,
Lo infinito es completud
El vacío es plenitud
La compañía trae soledad
La palabra, libertad.

El pensamiento divaga
El malestar deja llagas
Lo musical es la horma
La felicidad, la norma.
Los temores son dagas
Las pasiones, aciagas.

Lo complejo es adicción
Un pretexto es la acción,
El amor es natural
El contexto, cultural,
Es la cena una elección
Este texto, selección.

Urgencia

 

Vicente se había preparado unos mates. Sentado en el comedor, mientras tomaba uno, aparece su hijo con cierta urgencia.
-Viejo, necesito urgente el coche. El Tecla se quebró una pata acá en la canchita y lo tenemos que llevar al hospital. No sabés cómo está.
– Me imagino. Sangre por todos lados y vos encima querés que te largue el auto así nomás. Y todo por un raspón.
– No, viejo. Tiene una quebradura que se le salen todos los huesos de la piel.
– Si, son cosas que pasan. Gajes del oficio, se le dicen. Si jugaba de árbitro esas cosas no le pasan. Aunque por ahí se ligaba un botellazo en la marola.
– Bueno, ¿me prestás el auto o nos llevás vos al hospital?
– ¿Por esa pavada? Vayan caminando, ¿qué serán? Veinte, veinticinco cuadras, así de paso le afloja el hematoma a ese infeliz…
– ¡Qué hematoma! Te digo que se que-bró.
– ¿Si es para tanto por qué no llaman una ambulancia? Los pibes de hoy en día no sé en qué tienen la cabeza… piensan en boludeces. ¿Para qué practicar un deporte de verdad que te podés raspar como ese infeliz del Tecla cuando te podés quedar en tu casa calentito y limpio, apretás dos botones y jugás como si fueras el 9 del Real de Madrid? Hay cosas que no se explican…
– Chau viejo, gracias.
– El diablo sabe por diablo, pero más sabe tu viejo. No por mucho ayudar a Dios se madruga más temprano.

De una habitación sale Ana María, se para frente a un espejo y mientras se peina le habla a su marido.
– Vicente, ¿qué quería el Matías que andaba tan apurado?
– Andá a saber qué quería el borrego ese. Siempre te viene con cuentos. Habrá aprendido de vos.
– ¿De mí?
– Sí, claro que de vos. ¿Te acordás cuando nos vino con la historia esa de que le había robado la gorra a un policía? Pálido estaba de lo asustado que vino.
– Pero era verdad. La gorra la tiene en un cajón. –dice Ana María.
– ¿Qué va a tener ese? Mirá que el policía le va a prestar la gorra al infeliz del Matías…
– ¿Prestar? El Matías se la robó a la gorra. O no te acordás que tuvimos que ir a declarar a la comisaría…
– No creo. Hay cosas que no se explican. ¿O vos pensás que el policía le va a prestar la gorra al Matías? Decime, para qué. ¿Para qué? Tenía una fiesta de esas, ¿cómo se les dice? Jálogüin. Me imagino al Matías disfrazado de policía y me da escalofrío.
– No, viejo, Halloween es otra cosa. –dice Ana María.
– ¿Vos qué sabés? Capaz que hablamos de lo mismo pero con distintas palabras. Tantos años de discusión tirados a la basura. ¿Qué vamos a hacer con tantos años de discusión? Capaz que sacamos algo en limpio. ¿Quién te dice? Vos que le creés todo a ese infeliz del Matías, ¿me querés decir para qué vino recién?
– Pero si yo no lo vi, estuvo hablando con vos.
– ¿Conmigo? –pregunta Vicente confundido.
– Sí, viejo, con vos.
– Cómo te gusta contrariarme…
– Vicente, sacá el auto que me tenés que llevar a lo de Chelita. Me está esperando con unas tortafritas. Dale que después le pido que me dé algunas para vos. Seguro que ya me guardó, sabe que te encantan.
– ¡Uh! La última vez que comí de esas porquerías me indigesté. Me hiciste acordar y ahora me dieron unas arcadas… agghhh
– No, viejo, eso fue con los canelones de la Gladys.
– Agghhh…
– Dale, viejo. Llevame que estoy llegando tarde.
– Pero a vos te parece que con los mates recién preparados tenga que dejar todo para sacar el auto, llevarte hasta lo de esa amiga tuya que, vamos a ser honesto, es una infeliz. No me lo niegues. Te tengo que llevar a lo de esa infeliz y después venís toda angustiada porque no puede seguir viviendo sin ese que tuvo por marido, que extraña y no sé qué más. ¿Para eso querés que saque el auto ahora? Aguantá. En una hora me tengo que ir a buscar unos destornilladores a la ferretería.
– Me están esperando Vicente. –le dice Ana María con cierta impaciencia en sus gestos.
– Que espere. O vos conocés a alguien que se haya muerto por esperar. Capaz que se murió de viejo y esperando, pero la causa no fue la espera misma. Eso te lo discuto a muerte. Paro cardiorespiratorio, en todo caso. Además, tanto apuro para qué, me querés decir. Después venís toda así, ¿cómo se dice? Acongojada. ¿Y todo por qué? Por haber estado tres horas escuchando los lamentos de esa otra infeliz.
– Chau, me voy en taxi. –se despide Ana María.

Vicente se ceba un mate y, luego, lo toma. Se levanta, va hasta donde tiene la radio y sintoniza otra emisora. Calienta un poco el agua de la pava y vuelve a ubicarse en el mismo lugar del comedor. Entre tanto, entra Dani, su hija menor acompañada de una amiga.
– Hola pa.
– Hola chiquita, ¿trajiste visitas a casa? –dice Vicente mientras saluda con un beso a cada una.
– No, pa. Ceci me acompañó hasta casa para ver si la podés llevar hasta la suya. Hoy no hay colectivos por paro de choferes.
– Y no es para menos. ¿A vos te parece poner el lomo todo el día por dos pesos que no te alcanzan ni para pagarte un chegusán? Lo único que falta es que se tengan que pagar el combustible para poder trabajar. ¿En qué cabeza cabe? En la mía seguro que no. No sé cuánto estarán cobrando, pero te digo que igual es poco. Además, te cruzás con un atorrante que no tiene nada mejor que hacer…¿y? ¿Qué hacés? Le tenés que romper la marola con el volante.
– Bueno pa. ¿La llevamos?
– ¿A tu edad sabés cuántos kilómetros caminaba por día? Treinta y dos. Diez para ir a la escuela, diez para volver y doce haciendo los mandados a la vieja. Tu abuela, descansa en paz. Todos los días. Cinco kilos de papas, dos calabazas. Después el pan de lo de don Octavio, la leche del tambo… Y acá tu amiga que no puede caminar ¿cuánto?
– ¡Qué se yo! ¿5 kilómetros?.
– Cinco kilómetros. No me hagás reír que me vas a hacer volcar el mate. Ahora, decime, vos querés que deje todo así, que apague la radio, saque el auto y deje el mate recién hecho para llevar a tu amiga hasta la otra punta con qué excusa más ingenua: el paro de choferes. Contate otra porque con esa no vamos a ningún lado.
– Vamos afuera que te acompaño hasta la esquina Ceci. –le dice Dani a su amiga y se retiran de la casa.

Vicente se levanta con la pava, le agrega agua y la pone al fuego a calentar. Pocos minutos después, vuelve a entrar Dani mientras Vicente está hurgando en la heladera.
– Chiquita, ¿viste donde quedó el salamín que me compré la otra noche?
– No quedó. Se lo terminó el Mati con el Tecla ayer.
– ¡Si serán infelices!

Vicente tomó las llaves del auto y salió urgente de la casa. Dani lo miraba desde la ventana. En eso, ve que su padre deja el auto estacionado frente a la casa, se baja e ingresa a la misma.
– Chiquita, vigilame la pava que dejé sobre el fuego que ahora vengo. Voy hasta la fiambrería.
– Si, pa. –le respondió Dani, mientras reflejaba su expresión declarando por lo bajo: hay cosas que no se explican.

Al ritmo de cada día

La tierra gira, gira y se va de gira
El mundo avanza, avanza y se te abalanza
El búho ladra, ladra y eso no te cuadra
El coro canta, canta, y no se atraganta.
El tipo tipea, la sombra asombra, el ombligo te obliga.
El sapo zapa y se amiga la hormiga, todos al ritmo del tun-tun danzan y dan alabanzas. Se agotaron las entradas, se angostaron las salidas y todos coreaban la vida, unos parados, otras sentadas.
Las estrellas asomaban a la escena, los cometas se peleaban por la cena, los planetas exhibían sus lunas, las vedettes siderales, sus plumas.
Los grillos tenían repertorio, las polillas surcaban el purgatorio, los escarabajos proseguían el trabajo a destajo que les daba el contrabajo mientras que las termitas lo terminaban.
Y todo volvía a comenzar, como cada día al salir el sol, al vibrar el corazón con la palabra y con la voz, en un universo lleno de magia.

 

Preferencias

-¿Qué deporte te gusta?
-Cualquiera que no usen pelotas.
-¿Tu banda de rock favorita?
-Las pelotas.
-¿Tu color preferido?
-Ocre, creo.
-¿Una fruta que no te guste?
-La uva, la detesto.
-¿Cuál es tu bebida favorita?
-El vino, ¡Salud!
-¿En qué creés?
-En la justicia.
-¿Tu película favorita?
-Los sospechosos de siempre.
-¿Cómo te gustan las milanesas?
-A caballo.
-¿En qué te gusta viajar?
-En caballo.
-¿Una canción?
-Dos: Golpeando las puertas del cielo y El infierno está encantador.
-¿Una moda que te guste?
-Rascarse la espalda con el cuchillo.
-¿Algo que no te guste?
-El mal gusto.
-Por último, ¿qué nombre elegirías para un can?
-Gengis.

Artistas de variedad

Poetas de la verdad
cantores de la mentira
artistas de variedad
o es el arte que delira.

Todos con una razón
que no es la misma, varía,
para hablarle a un corazón
siempre con tenaz porfía.

Dibujantes del orgullo
escultores del prejuicio,
o es verdad de Perogrullo
o dislate que saca de quicio.

Todos buscando con arte
contarle al mundo su pena
con su alegría conquistarte
o al menos purgar condena.

Escritores sin inteligencia
compositores de la urgencia
del ritmo sin armonía
del clamor y su valía.

Todos artistas le chantan
al mundo su obra de gloria,
su tartamudeo, su escoria,
su vómito a menudo lanzan.

Artistas con sensibilidad
manosantas de la creatividad
le dan letra al afligido
y música a lo vivido.

Poetas, dibujantes, cantores
van creando diversos sabores
te regalan preciosas visiones
y a tu vida le dan ilusiones.

Fotógrafos que no se olvidan
actores que se descuidan
ninguno se queda afuera
ni el pintor, aunque quisiera.

Músicos por excelencia
retóricos de la sapiencia,
metafóricas reminiscencias
que se vuelven las vivencias.

Artistas que con sólo un lápiz
y con su estirpe de perdiz
le otorgan gracia divina
a tu existencia peregrina.

Compraventa

El viejo Cheril se dedicaba a la compraventa, pero no de objetos sino que lo que compraba y vendía era tiempo. En su tienda de compraventa de tiempo, llamada “El reloj”, atendía por la mañana donde donde la gente empeñaba horas, días y años, donde los clientes compraban minutos y horas pagando cuantiosas sumas.
A veces le reclamaban por qué pagaba tan poco por el tiempo de la gente y por qué cobraba tanto cada minuto en venta.
Sin embargo, a pesar de lo que consideraban una injusticia sistemática, la gente acudía a El reloj o bien en busca de un poco de tiempo o bien a cambiar mucho tiempo por algo de dinero. Y lo hacían con asiduidad, porque el tiempo y las cuentas apremiaban.
A diario se podía ver la tienda del viejo Cheril llena de gente: por un lado, los acaudalados buscando tiempo, por el otro, los necesitados de efectivo vendiendo tiempo, su tiempo. Y como la existencia era tiempo, muchos compraban un pedacito de ella que otros tantos vendían.
Lo curioso del asunto, vaya uno y los estudiosos a saber por qué, es que el balance de “El reloj” siempre daba cero.

Avanza

Pregunto si al paso que vamos
crecemos también los humanos
o sólo el avance de ciencia
atiborra nuestra inteligencia.

Velozmente a ningún lado
corre el tiempo y no lo evado.
Así también avanza el foco,
el teléfono, la nafta, ¿el coco?

 

¿Qué es la poesía?

 

A veces efervescencia,
euforia, furor, urgencia,
a veces con displicencia
un rapto de inteligencia.

A veces cobra sentido
se nutre de lo vivido,
a veces cubre lo herido
y le llega al ser querido.

A veces sentimental
básica, torpe y elemental,
a veces es magistral
elegante, fiel, irreal.

A veces te hace pensar
sentir, reír y llorar,
a veces ayuda a elevar
a vivir, vibrar, a soñar.

A veces espiritual
el goce de lo carnal,
a veces es un ritual
un lenguaje sin igual.

A veces tiene alegría,
llanto, queja, maestría,
entonces dirán un día:
Todo eso es la poesía.

Parches

Emparchando con insistencia
como a una cámara vieja
que inflaba, que se pinchaba,
y como una tara mecánica
con alambre lo reparaba;
a menudo lanzaba quejas
oriundas de sus dolencias
y sin saber de botánica
el sufrimiento se enraizaba
dejando heridas, carencias
que con parches las tapaba,
arqueando un poco las cejas
con pesar, tan fotogénica,
su sonrisa se asimilaba
al dolor de la existencia.

Alta mar

Una vida insatisfactoria
Sin dicha, mucho menos gloria,
Se sacude con dolor a solas
Como el mar lo hace con las olas.

Qué estafa lo que prometieron
Enseñanzas que nos confundieron;
Pese a todo, te sentís tan viva
Como un barco sigue a la deriva.

Y si un faro ilumina el trayecto
Deja verse todo lo imperfecto,
Se vislumbra que la vida es buena
Si la marea te hace sentir plena.

Al arribar al ansiado puerto
Tristemente nos parece incierto
La tormenta haber atravesado
En alta mar no haber naufragado.

Porque a veces todo lo dudoso
Se va aclarando con ojos curiosos
Y si el mar clama nuevamente
Navegaremos contra la corriente.

Con humor, con inteligencia
De la mano, con mucha paciencia
bien abiertos los cinco sentidos
Queda en popa todo lo vivido.

Y en la proa afrontar el viento
Irrumpiendo en todo lo que siento,
El oleaje te hace titubear
Como peces mueren al dudar.

Al volver a la vida en tierra
Tan ligero al llegar se aferra
Así entiende que sólo al amar
No perece como el vasto mar.

De lo singular

 

 

Como un péndulo el pensamiento,
de lo singular en su movimiento
a lo masivo va sin remordimiento
y se oculta entre la muchedumbre
el saberse solo y no lo deslumbre
ni su cadáver ni la podredumbre.

Seguirá surcando aire y cielos
cansado de reptar en los suelos
sin ánimo de peinar sus pelos,
acaricia como un viejo anhelo
esa espalda que es de terciopelo
y a la falda le levanta el velo.

Así el encuentro parece fortuito
va cerrando muy bien el circuito
dos vagones forman el trencito
y la carga se hace más liviana
cierto día -pensarán sus canas-
levantarse bien por la mañana.

Un anuncio resulta la aurora
el instante que regala ahora
un prefacio de la mejor hora:
es el mundo, surge de repente,
es el día, iluminando la mente,
el nombre, tatuado en la frente.