De lo singular

 

 

Como un péndulo el pensamiento,
de lo singular en su movimiento
a lo masivo va sin remordimiento
y se oculta entre la muchedumbre
el saberse solo y no lo deslumbre
ni su cadáver ni la podredumbre.

Seguirá surcando aire y cielos
cansado de reptar en los suelos
sin ánimo de peinar sus pelos,
acaricia como un viejo anhelo
esa espalda que es de terciopelo
y a la falda le levanta el velo.

Así el encuentro parece fortuito
va cerrando muy bien el circuito
dos vagones forman el trencito
y la carga se hace más liviana
cierto día -pensarán sus canas-
levantarse bien por la mañana.

Un anuncio resulta la aurora
el instante que regala ahora
un prefacio de la mejor hora:
es el mundo, surge de repente,
es el día, iluminando la mente,
el nombre, tatuado en la frente.

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