El día

 

Entre el alba y el crepúsculo
late cual poesía un músculo,
con ritmo, pausa y cadencia
que denota ser su presencia.

Y entra la aurora y el ocaso
no pierde la gracia al paso,
si el pensar se torna locura
al sentir entonces lo cura.

Mas luego, en el anochecer
persiste el impulso a crecer,
bajo una tenue luz artificial
sueña con la pura celestial.

El latido se vuelve cíclico
el anhelo tórnase lúdico,
como juega la mariposa
cuando la sombra reposa.

Lo mágico del epicentro
es que se lleva ahí dentro,
y fuera en todas las cosas
palomas, grillos, babosas.

Pensar que ocurre en el día
y que un verso da la poesía,
sentir que el destino sería
el pintar todo con alegría.

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