La cita



Ella camina, vestida de agua, donde reviste el maquillaje,
anda, camina, sigue de viaje y todos miran su blanca enagua.
Cosas y gente le abren paso, y caminando redime el ocaso
ellos que visten trajes de piel, ella tan dulce como la miel.
A la mirada de los señores no se le escapa su cabellera,
no la distraen ni los motores, ni las baldosas, ni billeteras
cuando el semáforo la habilita cruza tranquila la callecita,
en la vereda, mientras transita, piensa una frase para la cita.
Limpia su mesa la camarera, saca el teléfono de la cartera
pide un café, como cualquiera, manda mensajes mientras espera.
Se hace de noche, sale la luna, ante las faltas tiene vacuna.
Pero otra vez hoy le fallaron y hasta los loros tristes callaron,
pagó la cuenta sin dar propina y se marchó hacia la esquina.
Brota de un ojo una amapola, mientras se aleja, camina sola.

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