La visión mítica

Íbamos camino a la playa, en el Roll Royce de Maratón Díaz, cuando vimos que desde la garita de vigilancia nos hacían señas para que detengamos la marcha. Maratón, obediente, desaceleró y estacionó unos metros pasando la garita. El oficial que hacía las veces de vigilante se acercó al vehículo y asomó sus barbas a la ventanilla donde Maratón ejercía la conducción. Lo observé detenidamente, con atención en su rasa barba.
-A este tipo lo conozco. -le dije a Maratón.
-Sí, creo que es el de la tele.-me dijo en voz baja.
-¡Claro! Es Vigilio. ¿Te acordás que nos regateó un voto vez pasada?
Nuestra conversación con Maratón fue interrumpida por una tos seca de Vigilio.
-Disculpen… ¿van para allá? -dijo Vigilio señalando el puerto.
-Sí. ¿A qué viene la pregunta?-dijimos casi en una voz.
-Este trabajo me tiene podrido. Quiero ir a recorrer un poco las costas. ¿Me llevan?
Maratón me echó una mirada escrutando. Asentí con la cabeza.
-¡Suba! -señaló Maratón.
El ex vigilante y ex oficial subió al coche agradecido. Enseguida se pusieron a debatir en torno a la política, cómplices en sus obras para la sociedad, que nadie le encomendó. Mientras, observaba por la ventanilla lo que me parecía la caída de un meteorito, paralelo a la ruta por la que viajábamos. Maratón, de vista perfecta, me cortó la inspiración:
-Es un ovni. -sentenció. Y en el primer cruce, ante el silencio de los tres, se metió por un camino rural.
Ninguno observaba ya el camino. Nadie recordaba la playa ni sabíamos distinguir si la radio emitía un reggaeton o un tango, abismados por la aparición que se había suspendido delante nuestro, contrastando con lo que quedaba de ocaso.
-No puede ser.-repetía una y otra vez Vigilio
Maratón había detenido el coche y el motor se apagó sin interacción de la llave. El platillo, que se mantenía suspendido, había comenzado a descender delante de nuestras narices muy lentamente, hasta que aterrizó. El impacto en nuestros corazones era tal que sólo oíamos nuestras respiraciones intermitentes.
De pronto, paralizándonos por completo, salvo nuestro sentido de la vista, una escotilla de la nave, que octuplicaba el ancho del Roll Royce, se abrió, elevándose.
Una silueta se asomó e inmediatamente una especie de escalera se desplegó delante. Nuestro asombro no nos daba tregua. Estábamos solos ante el fenómeno. ¡Miento! Detrás del vehículo había un turista en bicicleta. A quien suponíamos sería el primer alienígena en tener contacto con seres humanos se le había dado por poner mayor suspenso a la situación. No alcanzábamos a distinguir, tras la sombra de la aeronave, correctamente su figura. Pero lo imaginábamos extraño. Todo era suposición en nuestros pensamientos pues la oscuridad, a esa altura, nublaba cualquier atisbo de visión.
A todo esto, que el alienígena no descendía, el turista, a nuestra derecha, se nos había adelantado y avanzaba rápidamente, habiendo dejado la bicicleta detrás del Roll Royce. En su andar, nos distrajo y no alcanzamos a ver el reingreso de la escalera pero sí el cerrar de la puerta de la aeronave. La misma, elevándose en espiral, desapareció de nuestra vista.
Quedamos pasmados, en una especie mezcla de éxtasis con desilusión. El turista se dio vuelta, y Vigilio lo reconoció:
-¡Es Reviro! ¿Qué hace Reviro acá?.-inquirió.
Reviro Monfrinotti era un aclamado e ilustre filmador de eventos paranormales y había dado varias conferencias por todo el globo y en diversos medios.
Se acercó, con una sonrisa amplia, y exclamó:
-¡Lo tengo todo! ¡Todo!-señalando su celular.
Los cuatro quedamos impávidos. Habíamos estado a un instante del momento que cambiaría nuestras vidas, y probablemente el de la humanidad. Pronto en redes sociales un video de la penumbra, grabado en vga, se haría viral.

4 comentarios en “La visión mítica

  1. Genial relato, te diré que si impactas todas esas cosillas que salen de la rutina, hace ya muchos años, surgió el momento en que vimos un trozo bastante grande un meteorito pasar delante nuestro y ..
    Besos!!

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