Tubérculos

Me salió un tubérculo en el medio de la cara. Ahí justo debajo de los ojos, por encima de la boca. ¿Qué hacía ese tubérculo incrustado en el rostro? ¿Cómo había llegado a asomar sin que antes siquiera lo intuyera como un grano o alguna imperfección? Qué distraído soy. Era como tener una papa, una batata, colgando de frente. La quise retirar, con cuidado de no dañarme, pero era imposible, estaba literalmente adherida al rostro. La examiné con cuidado y observé que tenía dos orificios por debajo, realmente una rareza. Me lavé bien el rostro para detenerme a pensar qué podía hacer con ese tubérculo. Lo seguí observando con sigilo, cuidadosamente. Tenía entendido que los tubérculos proliferaban en buenas condiciones ambientales, ¿y si me seguían apareciendo otros en el rostro? ¿Cómo me miraría la gente si tenía la cara llena de tubérculos? Me llené de pasmo.
Estaba decidido a consultar un doctor, cuando recordé que en la biblioteca tenía un libro de anatomía lleno de polvo. Me puse a leer y luego de horas de investigación llegué a la conclusión de que el tubérculo no es otra cosa que una cosa misteriosa llamada ´nariz´, cuya función es respirar y percibir los olores.
Y así lo hice, respiré profundo, con un poco de alivio. Por un momento me sentí una huerta orgánica.

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