Literatura y Web

La lectura puede también ser un momento de soledad, de intimidad con uno y la obra literaria, de encuentro con lo desconocido, de bienvenida a lo que en principio nos parecía extraño pero que luego se reconoce y resulta tan querido al saborear; la lectura abre, despierta y puede llegar a sacudir y, empleando la terminología actual, puede ser un momento de desconexión. No obstante, la lectura de literatura en la web o digital no proporciona ni facilita esta facultad a las obras publicadas. Tanto en redes como en blogs el lector sigue rondando o, mejor dicho, su cabeza sigue rodeada de todo lo que ello involucra y es difícil que tenga tal independencia mental como para desprenderse y abocarse o zambullirse en la lectura de lleno, salvo en contados casos. Pareciera como que el lector tuviera la intención de nadar en la piscina pero sólo se moja los pies, o ni siquiera eso, los zapatos. Y no hay allí cuestión de culpabilidades, ni de pereza del lector, sino que la misma dinámica audiovisual que se le imparte –lo quiera o no- lo lleva a eso, ni tampoco se puede responsabilizar al autor de las obras que despierten la atención, ya que cada escritor ofrenda lo que tiene para ofrecer al mundo dentro de sus posibilidades, talento y capacidad.
Ahora bien, el momento de lectura que antaño era consagrado ( y probablemente lo siga siendo entre aquellos que se abocan a la lectura de libros ) se pierde irremediablemente entre el consumo periódico de otro tipo de publicaciones de las que dan cuenta la inabarcable web. Y esto no quiere decir que no haya libros que sean malos y que sólo las redes son capaces de proporcionar basura, ya que los desechos de la cultura son más antiguos que lo que registra la historia escrita y máxime en materia artística. Tampoco se indica aquí que lo masivo sea bueno, sino que tiene algún atributo o virtud que hace que le llegue a mayor cantidad de gente, entre los cuales puede haber escaso criterio y entendimiento poco desarrollado o estar dando sus primeros pasos en lectura literaria. No obstante, estas obras, veneradas a veces, son las que tantas veces terminan por alejar al público de la literatura, ya que se forman ideas del conjunto en base a lo que van conociendo y, donde se presenta alguna con cierta dificultad, se alejan para consumir productos –en principio- más fáciles de consumir, valga o no la redundancia.
Por otra parte, leer literatura es como seguir el hilo de un pensamiento o, más bien, del pensamiento; y éste tiene idas y vueltas, curvas y contracurvas, avances y retrocesos, claridad y oscuridad, lucidez y regresión, dependiendo del autor y su talento, nuevamente, para comunicar. No se trata de que leer literatura sea una cuestión difícil o exclusiva de eruditos, sino que merece su dedicación, atención y esfuerzo y, por si fuera poco, muchas veces no ofrece frutos demasiado sabrosos. Por todo esto y por más ( la desvalorización de la literatura en sociedad, la proliferación de libros de autoayuda en librerías, la publicación constante y masiva de frases recortadas en redes ) es deber del autor esmerarse con tesón al momento de escribir literatura para que, al aparecer el lector adecuado navegando por la web, le salte a la yugular.

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