Setenta y dos metros

En principio había ausencia de sonidos en el ambiente, levemente interrumpido por algún motor en la lejanía o por alguna trompeta en lo alto.
-Hola¿God?
Sonó el teléfono. Las aves, apacibles, revoloteaban el aire.
-Él habla. -el eco hizo que la voz de trueno trepidara tres veces.
-Necesito armar una estratagema para solucionar -titubeó en un resoplido-… esto. ¿Cómo podemos hacer?
Aguardó respuesta castañeteando los dientes, redistribuyendo los cabellos sobre la frente con los dedos. Observó la altura de las circunstancias.
-Dejá todo en mis manos.-El tic tac del reloj pared daba las doce campanadas. El cielo tronó seco. El clásico sonido de whatsapp anunciaba la llegada de una notificación.
-Gracias Godfredo.

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