Argentinísima satelital

En el ambiente se respiran diversas sensaciones, que varían desde la preocupación hasta el temor, pasando por los dolores habituales y novedosos, donde tampoco faltan las pequeñas alegrías que nos mantienen a flote a pesar del consabido naufragio pandémico, sin hablar de las miserias económicas y los males que aquejan las mentes en estos tiempos donde todos nos hacemos preguntas sin perder el horizonte, porque a pesar de lo que acecha, las ausencias y lo que duele hay que mirar hacia delante.
Como en todos lados, aventuro, hay gente para todos los gustos, inclusive hay tiempo para la indiferencia. Es que ¿a quién le gusta ver sufrir, cuando ni siquiera a veces se le puede tender una mano? Lloramos nuestras penas y lloramos las penas de otros como si fueran propias, pero como dice la canción, “las vaquitas son ajenas”. Así mismo, masticar un buen asado ( con barbijo colocado ) sigue siendo un buen estimulante con el poder de hacer olvidar, al menos en estas tierras donde todo es sagrado, donde nada lo es.

Tuve una charla con el doctor Bloom, a la que acudí esquivando entre cuatro y cinco astronautas para llegar al espacio estelar donde brindaba la charla. No hablamos de estrellas ni de los satélites artificiales que surcan órbitas dibujadas en maquetas, sino que conversamos acerca de los dibujos que le llevé para que evalúe los progresos en materia artística. Las historietas le cayeron simpáticas, pero los retratos en caricaturas les parecieron de lo más grotesco que haya visto. Pero en fin, la caricatura es un poco eso, ¿o no? Resaltar de modo grosero distintas facetas del retratado. No obstante, el doctor Bloom dice que gracias a los astronautas lunares, hoy tenemos televisión por cable en prácticamente todos los rincones de la Tierra, y que la próxima misión tendrá unanimidad de espectadores. Disiento. Seguramente, la hora del alunizaje me encontrará trabajando y lo podré ver recién en diferido. Y además, es claro que los que viven en la luna de Valencia no tendrán noticias de tal suceso, como los amantes que tienen su propia estrella que los guíe y de dónde colgarse cuando caiga en picada el romance.

¡Alto ahí! El polifuncional Elvis conducía la Berlingo con sus manos y sus zonas erógenas ocupadas. A decir verdad, todo su cuerpo era erógeno y le sacaba el jugo a los sentidos al conducir. Pasaba a velocidad media, con la calle despejada a esas horas de siesta, dándose un banquete de placeres en conjunto: en la diestra, un cigarrillo; con la zurda, hablaba por teléfono para mantener la lengua relamiéndose; su acompañante, ensayaba sexo oral con su pene, lenta y pausadamente ( digo ensayaba y no practicaba, porque estaba aprendiendo la práctica); y a todo esto, conducía, ponía guiños al doblar y se daba el lujo de ceder el paso en las esquinas. La Berlingo se había convertido en un lecho de placer, y estimo que la visión que le obsequiaba el paisaje cambiante era, todavía más, un goce sensorial añadido a los mencionados. Dije polifuncional, porque si bien supo hacer las veces de lateral izquierdo, hoy por hoy Elvis se desempeña como volante por derecha. ¡Sigamos!

Pareciera que esta época está signada por el café esquivo. Las cafeterías y bares abren y cierran a medida que se avanza o retrocede de fase, y cuesta un poco hacerse de una buena dosis de su sabor, de su aroma. Pero todo es un parecer, nada más. No hay certeza. Quizá un día nos despertamos con el café a punto en cada esquina, y no tendremos más remedio que ir de esquina en esquina, saboreando, empachándonos con medialunas, retratando a la estirpe humana en una mesa de café, como uno de los tantos cuentos de Fontanarrosa, acariciando la taza con alcohol en gel en las manos, con la cucharita haciendo círculos interminables, haciendo origamis de grullas con los sobrecitos de azúcar, mirando pasar a la gente que va y viene, sin un centro que no sea uno, el observador, sentado, pidiendo la cuenta y yéndose a la mierda, al hogar o a la soledad, donde sea que fuese su lugar temporal en el mundo.

La ronda de mate es una tradición, además de un gusto que nos damos, y parece ( sí, sí, todo parece ser ) que va quedando relegada a la historia prepandémica, parece estar sentenciado a quedar cautivo, y así como hay una ley que nos declara a todos felices puede haber otra -más pronto que tarde- que declare al mate compartido un acto prohibido, aunque siempre haya rebelión contra las leyes y surja la trampa consecuente que nos permita, aunque sea en la clandestinidad, compartir un mate. A colación, les traigo un cuento. Aquí va:

PAGANO

Los participantes del ritual normalmente se congregan en diversos lugares. Puede ser la casa de uno de ellos, una playa, un parque o, incluso, en la vereda. Uno de ellos extraerá de algún bolso o mochila una especie de cilindro conteniendo agua caliente, lo suficientemente caliente como para que la invocación surta efecto. A su vez, extraerá un recipiente de menor envergadura, al cual le colocará una mezcla de hierbas, palos y yuyos hasta la mitad. Con una palma cubriendo la boca del recipiente menor, agitará las hierbas para proceder a la invocación, mediante la cual el semidiós comienza a hacerse presente en los partícipes del ritual.
Mientras tanto, los demás pueden emplear libremente el tiempo. Alguno se quedará observando que el ritual se cumpla en cada detalle; otros pueden conversar de algún tema de actualidad ( esto generalmente lo hacen para disuadir al resto); otros pueden fumar o comer algún panificado para apaciguar los ánimos.
Luego, verterá sobre el recipiente menor un poco de agua desde el cilindro. Dejará reposar el espíritu del semidiós e inmediatamente colocará sobre el recipiente menor un sorbete metálico. A continuación, siguiendo un orden programado, todos irán sorbiendo de la pócima, por turnos.
Cuentan que este culto antiquísimo no se interrumpe por factores climáticos, sean copiosas lluvias o temperaturas agobiantes y que, además, se practica en cualquier tipo de horarios, matutinos, vespertinos e incluso nocturnos, porque agradan sobremanera al semidiós.
El ritual culmina para cada participante del culto cuando quien porta el cilindro con agua le dice una palabra mágica, con la que quiere significar que el espíritu del semidiós se ha manifestado de hecho en el partícipe: “provecho”.




Por otra parte, la Nasa le ofrece diariamente esperanzas de vida eterna a los potentados, porque quién pudiera pensar en vida en otras tierras cuando aquí hay lugar y alimentos suficientes, sólo que algunos acaparan demasiado y al resto les queda amucharse en procura de sustento. Tal es así, que cada día surgen “noticias” de planetas, agujeros negros y meteoritos, entre otras, para mantener la ilusión de los ilusivos ilusos a flote, mientras hambrean al resto con lo recaudado mediante la publicidad y los viajes estelares que están dispuestos a pagar hasta para sus tataranietos, si fuese necesario. Y no podemos vivir sin ilusiones: ¡voy a ir a la luna, voy a ir a Marte, me voy a ir a la concha de la lora! Y el descubrimiento es el camino a seguir, guiados por la agencia espacial que tiene franquicias en todos los diarios y noticieros locales, e incluso Nepal y Andalucía, si lo creyesen. Es por eso que en invierno, al menos al sur del trópico de Capricornio, uno se dispone a tomar la sopa y se encuentra en el plato con una novedad de la Nasa dispuesto a tragársela. El corolario del asunto es que mientras hay gente que tiene que pedir monedas para pagar el colectivo, otros te hablan de viajes a Plutón, vaya curiosidad.

En Argentina, el verso –en lenguaje vulgar- es pariente de la mentira. Versear se asemeja a mentir a través del habla, al menos eso indican quienes así lo expresan. De hecho, hay una película de varios años, titulada “El verso”, y no trata de poesía precisamente, sino que trata más bien de alguien que intenta vender cosas o engañar a través de la palabra. Por esa tergiversación de la cultura, la poesía ha quedado relegada a un reducido grupo desagrupado de poetas y lectores que rescatan este híbrido de música y literatura para beneplácito, manteniendo viva la palabra y los vaivenes del lenguaje. Es por ello que ahora me despido con estas coplas. ¡Salud!

Se percibe en la mujer
Florecer la primavera,
Y tras cada atardecer
Brota el sol en tu remera.

Se encontraron con un genio,
que no concedía deseos,
y no sabiendo qué hacer
lo pusieron a barrer.

Se va el invierno de a poco
Y el sol empieza a entibiar
Se van lágrimas al mar
Se va este frío de locos.

El hombre tiende a pensar
Que el mundo puede cambiar,
Mas no cambia de lugar
Ni lo cambia algún pulgar.

La pampa tiene el ombú
Manija las bicicletas,
Y en el medio de Moscú
Un monumento a tus tetas.

La primavera florece
En las calles y avenidas
Y tu alma se estremece
Al darle la bienvenida.

Un chimango me miraba
De un canasto de basura,
Con los restos se volaba
De un asado sin verduras.

El alba nos ilumina
La noche nos difumina,
Y al son de una canción
Vivir es celebración

Toca un triste bandoneón
Las nostalgias del ayer,
Y en alegre proceder
Hoy toca mi corazón.

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