Esperanza, deseo, y fantasías

Poco a poco la sociedad va retomando su cauce normal, aunque con sus cuidados encima, con sus temores a cuestas, con las pérdidas en la mochila, con las derrotas en el bolsillo. Detrás de los barbijos intuimos la sonrisa, el deseo, la ternura. Quizás los ojos brillen más que antes ( ¿o será por San Valentín que asoma? ), tal vez las simples cosas y las relaciones sencillas nos vuelvan a complacer, seguramente muchos esperarán las elecciones para poder sacarse los ojos nuevamente ( y mirar desde los huecos ), quizá algunos comprendan al fin que el tiempo es un don que se da limitado por su concepción misma y no lo dilapidarán en trivialidades, quizás haya quien comprenda que lo que se comparte -además del pan- es la felicidad, una callecita angosta en la que hombres y mujeres, jóvenes y niños, regordetes y ancianos, lloran y se dan la mano, juegan como en un perfecto sueño de bombuchas, de verano, de caretas, carcajadas y tardes llenas de ilusión y realidad en las que la luz baña los rostros de la humanidad.

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