CABELLOS SALVAJES

No hay acuerdo, señores, no-hay-acuerdo. ¿Estamos de acuerdo? No recuerdo cuándo comenzó el desacuerdo, sólo sabemos que estar cuerdo es una excepción, la norma es el desacuerdo y ¿alguien se acuerda a esta altura quién empezó a tirar de la cuerda? Tenemos, nada más ni nada menos, que el recuerdo vociferando algo en lo que todos estábamos de acuerdo: ¡la puta, que vale la pena estar cuerdo!

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