Autodidacta

Generalmente, cuando de alguien se dice que es o fue autodidacta, el profesor y el alumno coinciden en la misma persona. Digo esto porque vi un cartel muy llamativo donde dictan un curso para ser autodidacta. El problema, como se imaginará el lector, es que al acometer la tarea de aprender a través de otros la forma, el método y o las técnicas para aprender de y por uno mismo se incurre en una contradicción en sí misma, en la cual uno acepta aprender de otros lo que debería aprender por sí mismo para llegar a ser lo que promete dicho curso, que inclusive otorga un certificado: Fulano completó sus estudios del curso y ahora es autodidacta calificado. Y no está mal, sólo que es como el que copia las respuestas y luego debe recetar una aspirina y termina recetando morfina porque le sonaba de algún lado, poniendo en duda sus facultades. En fin, les cuento todo esto porque me inscribí en dicho curso y aprobé con ocho, pero ahora, antes de querer aprender por mi cuenta justo ahora que tengo la certificación que me avala, me inscribí en un curso para aprender a desaprender, en el cual espero -sobre todo- desaprender lo aprendido y comenzar a recorrer el sendero del conocimiento de las cosas y del mundo pero, esta vez, aprendiendo por mí mismo, si es que no desaprendo lo aprendido en el último curso.

El debate que me perdió

Se armó un lindo debate, pero no estaba invitado, además no será televisado ni fue filmado. Me va a quedar la espina de saber qué se dijo y en torno a qué temas giró la discusión por estar muy ocupado, por no haber participado del intercambio de ideas, reiteradas, singulares u originales, y principalmente por no saber si tendría algo para aportarle al asunto en cuestión. Es más, me va a quedar la espina de tener tanto para decir en semejante situación que decirlo fuera de contexto sería un desperdicio de energías, de carga emotiva y de pensamiento concienzudo. Pero dice un viejo adagio que una espina saca a otra espina, por lo cual con esta me voy a sacar otra que me quedó aquella vez que participé de un debate en el que las ideas eran ociosas, plurales y perezosas y me dejé arrastrar por la corriente sin realizar un aporte clarificador, lúcido ni elocuente sino de lo más torpe que he dicho en mi trayectoria como orador. Por lo tanto, quedo a mano y resarcido con el público mediante esta intervención a modo de nota al pie.

TIC TAC

Es la hora del paseo habitual en el que recorro la zona céntrica cuando cae el sol sobre los edificios. Pateo algo que no alcanzo a descifrar de qué se trata. Lo recojo y lo sostengo con dos dedos, pulgar e índice, y puedo notar las acanaladas arrugas de los laterales. Sospecho que es de una aleación de hierro. Tiene zonas rugosas en casi toda la superficie, y alguna parte saliente en el frente. Podría tratarse de un clavo o un pequeño tornillo. Es frío como un cubito de hielo, pero en mis dedos rápidamente cobra calor. Es más pequeño que mis dedos, tanto que lo puedo sostener sólo con las yemas. En los otros laterales, tiene algunas hendiduras, una más profunda que la otra, que es pequeña y me doy cuenta de ella al introducir la uña. Y en la parta de abajo, es una profunda hendidura, con algún saliente del mismo material. Trato de figurarme una idea de quien lo inventó originalmente: el hombre estaría torneando alguna piedra hasta dar con la forma y para cumplir con la función o las funciones que se le encomendaron necesitó hacerle algún agujero de la mitad del grosor de un dedo e incrustarle una navaja pequeña. Probablemente, estaría con bastante tiempo a su merced, ensayando y errando, hasta dar con lo que pretendía. Luego, con el invento en mano, era hora de mostrárselo (y vendérselo ) al mundo. Lo sigo inspeccionando. Es compacto, no tiene bordes ni puntas filosas. Puedo apretarlo, ejercerle presión, y resiste sin problemas, difícilmente se rompa. Incluso podría arrojarlo al piso y no tendría consecuencias en su superficie. Es más, es tan duro que podría estropear los cerámicos si lo arrojo con fuerza, pero desisto de hacerlo, prefiero guardarlo en el bolsillo para cuando un dibujo en blanco y negro lo necesite y prosigo el recorrido esquivando transeúntes ante el trajín, observando gentes diversas, cada cual con sus inquietudes concomitantes al andar.

Ruso

Bajo la lluvia torrencial, un hombre con un paraguas se acercó al toldo de la carnicería que me guarecía de la tormenta. Caminaba lento a paso firme, como batallando el viento. Me llamó la atención que llevaba el paraguas colgado del brazo e ilógicamente no sobre su cabeza. ¡Pero qué torpeza, hombre! Estaba empapado hasta los tobillos. Me preguntó por la calle Ayacucho y le dije en ruso que no hablaba español. Eran las únicas palabras que sabía, aunque dudo que las hubiera entendido si hablara el idioma. Dio media vuelta y se marchó en dirección opuesta. Por regla general, desconfío de los idiotas.

Alambrado

Decepción tras decepción
Se va trazando el camino,
Y en un rapto de intuición
Se deshilvana el destino.

Paradojas existenciales
Ser tanto y no ser nada,
Siguen vivos los rituales
Y la amistad, camarada.

El tiempo se va poblando
De ausencias y referencias,
Y aún seguimos cantando.

La imagen sigue cambiando
Nutridos por las vivencias,
Y aún lo vamos pensando.

LOS COMENTARISTAS

“Y me doy cuenta de que no importa donde estoy, en una pequeña habitación llena de pensamientos, o en este universo infinito de estrellas y montañas, todo está en mi mente”.

Jack Kerouac

Dentro conviven tres comentaristas. Ignoro sus nombres, por eso a uno lo llamo el loco o el noble, a otro el buda y al otro “cualquiera”. Ellos conversan y a veces, por la mañana, los escucho. Por momentos es interesante, pero en otros las charlas se tornan densas y no puedo seguir el hilo de las mismas. No los he visto, pero he sentido su presencia y los he escuchado con total nitidez. No es que convivan en mi cerebro, pues esta mañana los he escuchado mientras conversaban en el comedor. Puede ser que sea el único que los escuche o el único que les preste atención, pero eso no quiere decir que ellos no existan. La existencia es conocimiento directo. Tal vez sean menos reales que otros integrantes del hogar, es cierto y no lo niego, pero no dejan de ofrecer entretenimiento tanto como estos o un programa de tv. Lo que diferencia a los comentaristas de éste último es que ellos saben de mi existencia y éste no, aunque éste la usufructúa y aquellos ni se inmutan por el dinero. Es lo que creo en base a la escucha. Puede que me equivoque y tal vez cualquiera esté amarrocando efectivo en algún escondite secreto al resguardo de mí. A los otros no les interesa.

-Comprendo tus sentencias -dice el loco- pero lejos de comprenderlas deberías dejar de enunciarlas como tales para que quien se acerque con sus sentencias pueda dejar de comprender sus enunciados.
-La noche no es misteriosa sino que un misterio es la noche. -sentencia el buda.
-Anoche hablaba de sus lectores españoles y deliberaba acerca de si sus escritos tendrían algún tipo de llegada en ellos. -afirma cualquiera. Por expresiones de este tipo sabía, de antes, que ellos conocían algunos de mis pensamientos, sólo cuando éstos salían fuera como expresión en palabras. Los comentaristas no viven en mis pensamientos, eso es claro.
-Si la lectura se estanca en el nivel de la palabra, la lectura se convierte en hábito. -dice el buda- El hábito se torna maquinal, la máquina sustituye lo vital, la vida sucumbe en lo trivial.
-Sí, pero hacéselo entender a un androide… -comenta el noble.

Los comentaristas por momentos parecen debatir sobre las ideas que van surgiendo y algunas cosas que aportan al debate no dejan de ser interesantes.

-Escribir también suele ser maquinal. La máquina reproduce sus registros, un tanto modificados. -agrega el buda.
-De España nos han llegado textos maravillosos: de Lope de Vega, de Quevedo, de Calderón… -dice cualquiera.
-Esos escritos difícilmente conmuevan en la época actual. -contradice el loco- Se podrán estudiar y replicar de manera exitosa, pero el artista está en constante renovación. Incluso sus bases se mueven cuando se encuentra con una obra viva.
-Tal aseveración te la dije ayer, un tanto modificada. -retruca el buda.
-Si, pero a tu frialdad de expresión le doy el toque de dramatismo que tales aseveraciones merecen al ser vocalizadas. -comenta el loco enfático.

Por momentos escucho algunos movimientos, además de su conversación. El domingo abrí la heladera buscando un queso pategrás y no lo encontré. Interrogué a los integrantes del hogar y nadie reconoció haberlo ingerido, por lo que concluí que había sido alguno de los comentaristas. Pienso que cualquiera se lo comió.

-Recuerdo una obra de teatro, que hablaba de un tema que ha surgido nuevamente en la escena actual, hablaba de algo así como socializar la verdad. -habla el noble- Al principio conversaban dos personajes de temas en apariencia profundos de la existencia. Relatividad, comunicación, el ser y otros. A medida que la obra avanza, van desfilando otros personajes que se suman a la charla y la temática de la conversación se va degradando.
-Sí, la he visto. -afirma cualquiera entre risas- Al final proponen cantar “una que sepamos todos”.
-Y finalmente cantan a coro el payaso Plin-plin. -concluye el loco.

Cuando entre los comentaristas se produce algún tipo de silencio llego a pensar que se han ido, aunque nunca logro identificar por dónde entran y salen. Pero luego de un lapso los vuelvo a oír con total nitidez.

-El arte se dirige al artista, aunque el consumidor de arte no se considere como tal. -sentencia el buda.
-¿El arte sublime? -inquiere el loco- ¿Habrá quién podrá considerarlo de tal modo?
-Siempre, el artista. -comenta el buda en voz baja.
-De todos modos, aquí lo artístico es con el tiempo más marginal. -dice cualquiera.
-En otros tiempos también lo fue. Habría que ver cómo entiendes lo marginal. Alguna política es marginal desde el punto de vista que está separada de las necesidades básicas de la gente. Así y todo, hasta se la elige para gobernar. -estima el noble.
-Creo que despertó. -dice el buda.

El silencio me hace pensar que los comentaristas se han ido. Me quedo quieto en la cama para escuchar si continúan hablando. Sólo se oye algún vehículo afuera. Todavía es temprano y el sol apenas comienza a asomar a través de un ventiluz en la cocina. Luego, alguna voz interrumpe mis observaciones.
-Por no madrugar, muchos siquiera temprano amanecen. -afirma el loco.
-¡Es la hora de los enunciados! ¿Tenés otro? -pregunta cualquiera.
-Por no amanecer temprano a muchos los madrugan. -dice el noble.
-¡Ese es el mismo! -cualquiera exclama.
-Es obvio que no. -dice el loco severo.
-No hay enunciados que hoy día confirmen lo que sentencian si no hay quién los comprenda. ¿De qué sirve aseverar que todo está en tu mente si tu mente sigue buscando fuera de sí? -pregunta el buda.
-El asunto deriva en la mística del universo, la horma de la existencia. -comenta el loco.
-No pasa tanto por ahí, sino en cómo se manifiesta en la práctica. -dice cualquiera.
-Dividirla en práctica y teórica sólo es una técnica de la práctica. -retruca el loco- Para reducir a su mínima expresión la experiencia y acotarla.

Oigo que se abre la puerta de la habitación de servicio y luego, a Irma, la empleada doméstica, dirigirse al baño.

-Lo artístico no se interesa tanto en generalidades, aunque generalmente tienda a difundirse ese tipo de expresiones artísticas. -dice el loco- La sensibilidad, en la escucha, la lectura, la visión, se adormece y sólo se busca así repetición alterada.
-O muere. -agrega parco el buda.
-¿Con qué intención? -pregunta cualquiera.
-No lo sé. -dice el noble.
-La expresión también puede evocar estados de ánimo u opiniones que debaten entre sí y no dejar de ser artístico. La obra puede estar dirigida a sí misma o no estar dirigida al artista siquiera, lo cual vendría a figurarse lo mismo. -dice cualquiera con solemnidad.
-Si fuera lo mismo no haría falta expresarlo de otro modo. -asevera el loco- Eso se presta a confusión.
-¿Dónde está la confusión? En tu mente. -cualquiera aclara.

Irma sale del baño y se dirige al comedor a preparar el desayuno. Oigo al insecticida salir del aerosol, a pesar de que le hemos dicho a Irma que no lo arroje previo al desayuno, y después sólo se escuchan sonidos de utensilios, tazas, pava y demás. Es hora de poner los pies sobre la tierra, como cada mañana después de escucharlos. Estos muchachos logran desviar mis pensamientos hacia temas que no manejo del todo.

A veces pienso que los comentaristas son unas cuantas moscas.

El escritor ante la cultura del meme

El escritor debe esquivar memes como un delantero gambetea defensores que entorpecen su camino hacia el gol, defensores de carcajada fácil y entendimiento torpe que nulifican toda comunicación entre aquél y el homologado lector devenido en consumidor de productos de la subcultura, por no decir los desechos de la cultura que otrora hubiesen tenido ninguna atención y hoy por hoy acaparan días y noches aventurando el giro estético, la nueva norma de entretenimiento, la parsimonia de cualquier comprensión y el subterfugio heredero del zapping de imágenes, el scroll continuo entronizado en la yema de los dedos. No por nada todo pasó a ser digital ( y digitable ).
Quizás el ejemplo del fútbol sea un tanto pedestre, porque el lenguaje futbolístico es demasiado gráfico comparado con la labor artesanal del escritor, que puede incluir amagues y desviaciones capaz de desconcertar a los más versados en pos de una eclosión de la consciencia inesperada pero venerada por todo buen lector. Porque, cómo no agradecer la caricia de las palabras que toca los rincones más profundos del ser cuando la sociedad tiende a lo vacuo. En definitiva, el escritor debe vencer sus propias falencias y los obstáculos que la misma cultura le impone y para ello, no basta con captar la atención del lector de ocasión, sino que lo debe conducir por un sendero que se va abriendo a medida que las palabras tejen el entramado, recordando el célebre verso: se hace camino al andar. Y al volver la vista atrás, se ven los memes que nunca se han de volver a pisar, añadirá, y lo hará por contrariar la senda donde todo se da masticado. No, el escritor de oficio le dará el alimento al lector pero éste lo deberá masticar antes de digerirlo, lo deberá trabajar un poco a través del entendimiento y su voz, su inventiva, su talento, su calidad humana, su ocurrencia harán el resto a través de la pluma. Porque al fin de cuentas lo que cuenta no es decir “qué mundo maravilloso bajo el arcoiris” sino ayudarlo y acercarlo a que lo perciba, lo sienta, lo viva y lo goce.

Visionario siglo XX

Hará unos 20 años, estábamos con mi viejo y mi hermano, entre mates, goles y charlas, y se me ocurrió decir la frase: “en el futuro, el fútbol se verá sólo por televisión”. Mi pesimismo en ese entonces se basaba en la constante y creciente violencia que se llevaba puestos los espectáculos y acaparaba la atención de los noticieros que, donde se debía hablar de lo deportivo, se hablaba de violencia pura y dura. A esto me retrucaron que se perdería lo lindo de presenciar y participar del mismo en la cancha, en las tribunas, ver el césped desde adentro, el canto de la gente, el olor al choripán, escupir al referí y muchas cosas más que la televisión por más emoción que le narre el relator no otorga.
Ahora que el fútbol –incluso en torneos de competencia inferior gracias a Ticketek- se ve sólo por tv, pandemia inesperada de por medio, pienso que un poco los que vaticinan el futuro tienen una carga de pócima pésima que aventuran todo negro, cuando el abanico de colores que se abre al porvenir es infinito, centrando la atención del oyente en un punto muy oscuro que, como el yin y el yang, siempre ha de haber al menos uno. Por eso no hay que recurrir al tarot, salvo que uno se las vea negras desde el vamos y desea que se lo confirmen.

Hay un lugar para cada cosa

El bromista no está del todo bien visto en la sociedad de consumo, máxime si este aparece en lugares donde se tejen cosas de apariencia importantes. Por ejemplo, es factible escucharlas en un velorio pero uno no puede entrar en la verdulería y decir: dame un kilo de pancartas. Y esto ocurre principalmente por tres motivos: el primero, es porque el verdulero puede quedar estupefacto o descolocado e inmediatamente declararse incompetente; el segundo, es que la broma se corra rápido como reguero de pólvora y todo el mundo aburra a los verduleros con la misma broma, casi obligándolos a sonreír de compromiso ante la posible venta de dos tomates perita; y el tercero, es porque corremos el riesgo de que sí, nos den el kilo de pancartas, pero por la cabeza.

LUCERO

Despertarse con ánimos renovados,
ya veremos qué trae el universo
seguramente un poco de aire fresco
y en la tinta, términos inesperados.

¿Pero qué son los términos que llegan
a la vista, a todas luces consagrados?
Es lo que nos dicen cuando pegan
y se quedan, nos siguen a todos lados.

Qué será esta palabrita prometedora
que entusiasma, que refleja, que ilumina
nuestra magra penumbra en esta hora.

Será que abre puertas al entendimiento
y el alma bajo el sol baila y camina
despierta al abrigo del firmamento.

A media tinta

El último eclipse nos dejó en penumbras
La inspiración parece haberse disecado,
En el cielo una estrella o una mujer brilla
Y aquí abajo este festejo también duele.

Una marcha, una congregación despierta
A la gente que por las noches trabaja
A quienes se adormecen en indiferencia
Ante el agravio y el sopor de la (in)justicia.

¿La cura tardía o la bendita prevención?
Ser humano no se enseña, empero
Se aprende y se ejerce, por convicción.

Hasta aquí llegamos, veintiuno, iluminados
Con muchos errores, enceguecidos, despechados, pero
Algo cambiará pues vivíamos equivocados.

Inventos ergoeconómicos

Fui de shopping a un “todo por 2 ( mil ) pesos” y me di cuenta de todas las necesidades de las que carezco, a pesar de las bondades de los adelantos técnicos que cada día nos sorprenden, como el sacacorchos automático y el inflador a batería solar, en negocios de este tipo. Y más allá de que hay carencias peores que otras, la carencia de necesidades no por abundancia sino por carencia de interés, no deja de convertirte en carenciado.
Por mi parte, luego del paseo, me guardé los dos pesos en el bolsillo esperando que llegue de una buena vez el mate para tomar acostado.

Monocromía

Un día que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro que se parece a otro pero que en el fondo no es más ( ni menos ) que un día muy parecido a otro.

DIÁLOGO CON FACE SIN ROSTROS

¿Qué estás pensando?
No te incumbe.
¿Qué estás pensando?
Ya te respondí.
¿Qué estás pensando?
Si seguís insistiendo te lo voy a tener que decir.
¿Qué estás pensando?
¡Uf! Tantas cosas…
¿Qué estás pensando?
No sé porque lo que estaba pensando cuando me hiciste la pregunta no es lo que pienso ahora que no me preguntás qué estoy pensando.
¿Qué estás pensando?
En realidad, nada, pero debo tener cara de que pienso bastante y eso a vos te tiene intrigado.
¿Qué estás pensando?
Estoy despejando una incógnita.
¿Qué estás pensando?
Que X debe pasar restando.
¿Qué estás pensando?
¿Que qué estoy pensando?
¿Qué estás pensando?
En la misteriosa composición de tu pregunta y las azarosas respuestas que obtenés.
¿Qué estás pensando?
En la opacidad del gris de la materia.
¿Qué estás pensando?
Tenés demasiado tesón, ¿ya te lo dijeron?
¿Qué estás pensando?
Si las subas tarifarias del agua buscan con un sentido común reducir el perjuicio de la humedad en las cosas y la gente.
¿Qué estás pensando?
No, ahora te equivocaste, estaba hablando por teléfono.
¿Qué estás pensando?
Qué es eso de qué.
¿Qué estás pensando?
Vos sos el que ríe último, pero reís peor.
¿Qué estás pensando?
Me remonto al siglo catorce.
¿Qué estás pensando?
Volver al veintiuno.
¿Qué estás pensando?
No sé, porque todavía debo ir por el dieciocho y el pensamiento viene rezagado.
¿Qué estás pensando?
Bueno, eso de estar…
¿Qué estás pensando?
En lo reiterativo de tu canto. ¿Qué pretende usted de mi?
¿Qué estás pensando?
Bueno, te lo voy a decir, pero con una condición.
¿Qué estás pensando?
Cuando vos ponés las condiciones yo te las acepto, aunque tus términos no me convenzan.
¿Qué estás pensando?
Me tenés cansado.
¿Qué estás pensando?
A esta altura del tanque el agua no sube frecuentemente.
¿Qué tienes en mente?
Parece que cambiaste de argumento…
¿Qué tienes en mente?
Aserrín, por si preciso tocar madera.
¿Qué tienes en mente?
Nostalgia por tu pregunta clásica.
¿Qué estás pensando?
No sé, pero le voy a trasladar tu pregunta a los demás para sacarle temas de conversación.