Que llueva, que llueva

Se vino el agua, la vieja está en la cueva, los pajaritos barruntan, algunos te la juntan. El invierno no se quiere ir, se vino a despedir, se queda a maldecir con gotas de emoción, con otro chaparrón. Nos queda el barro, las lentejas, el asador criollo, la democracia. Nos queda la mañana fresca, en la que asomó el sol por las hendijas de la persiana, las palomas blancas, el oropel, el terciopelo, las guirnaldas, el chapuzón. Nos quedan las redes sociales, el teléfono inteligente, la estupidez, el charco en el cordón cuneta, el ombligo, la telequinesis. Nos quedará septiembre si es que llega, si se adelanta, Santa Rosa y el tarot, nos queda Netflix y la programación analógica, el cerebro gastado, la vacunación, tu sonrisa, mi voz, la Patria, el mar Argentino, el Río de la Plata, la religión, y un sapucay. Nos queda todo el día por delante, la noche por detrás, el gris del cielo, el saldo, las cuentas por pagar. Nos quedan las preguntas que nos hacemos, las respuestas que no buscamos, las miradas que esquivamos, los pasos por dar, las tostadas, el mate cocido. Nos queda el diario de ayer, el porvenir, el chango pelado, el crédito, la fotogenia. El olor a tierra mojada nos interpela, nos almidona, nos humedece. Nos queda la primavera, el aire acondicionado, nos queda apagar el calefactor, encender la radio, buscar algo para mirar que nos distraiga, que nos dé qué pensar, que no me haga pensar, que nos haga vibrar. Este último día de agosto, intrépido, vertiginoso, lluvioso, inestable como los corazones frágiles, nos quedamos a ver qué trae la suerte a nuestras pequeñas vidas.

Veremos

Si el día fuera una noche
La vida, un viaje en coche,
El sueño, cuna del verso,
El mate un microuniverso
El cosmos todos los sueños
La infancia, mundos risueños,
La noche madre del día
Mi antorcha, pluma y poesía,
Si la voz siembra ilusiones
Si ellas liberan tensiones,
Si el vivir se torna armonía
Si hablar cobra melodía,
Si cada sueño es compartido
Si el poema tiene sentido.

El muro que no cae

El antiguo corrector ortográfico de mi teléfono, al escribir la palabra “otro” me la cambiaba automáticamente por “muro”. Lógicamente, esto obedecía a que los números que representaban cada letra eran los mismos. Sin embargo, cuántas veces nos encontramos ante un muro en el otro, insensible como piedra, sordo como tapia, cuando lo único que necesitábamos, antes de que nos venciera el sueño, era una palabra sentida. No obstante, la Vida misma siempre busca llegar al que está buscando, quizá de un modo incomprensible, y esa palabra, ese aliento vital, nos llega desde una página, desde un diálogo en una película, cuando el alma se ahoga en el lago del desaliento. Por eso, aunque duela y sea costoso, lo mejor es resistir, no ceder los terrenos conquistados, porque cada paso que hemos dado en el camino, incluidos los pasos en falso, nos han enseñado a caminar mejor, a mantenernos erguidos ante la indiferencia y a no reflejar con nuestros actos todo aquello que nos doblega en la calidad humana, cuando la única luz que alcanzamos a observar es la del fondo de las pantallas de los televisores que nos han entrenado para ser dóciles espectadores de nuestra propia vida. Y quizás, de tanto oír con desgano que somos seres de luz, un día lleguemos a luminarias.

Seguiremos buscando

Buscando un punto
de esta sociedad
donde las tensiones
lejos de acumularse
se liberen,
donde lo que pensamos
lejos de chocarse
se encuentre,
donde los sentimientos
lejos de marchitarse
florezcan,
donde las intenciones
lejos de adormecerse
se siembren,
donde las bondades
lejos de envilecerse
actúen.
Buscando un punto
entre la sociedad
donde viva
entre el alba y la luna
algún tipo de amor
o el amor de todo tipo
donde la vida
es compartir
a cualquier hora
y es un camino
para ir y venir
o simplemente
para vivir
para dormir
y que al soñar
todos los males
se desvanezcan
como la espuma
sobre la arena
con la que haremos
castillos
crepusculares.

Epifanía de escritores

No sé cómo vienen ustedes, mis estimados colegas de pluma que manchan de tinta las flores, con vuestros lectores en estos tiempos, pero a mí me lee a diario nada más ni nada menos que nuestro criollo y nunca bien ponderado Don Corrector Ortográfico, estratega de la parapsicología y videncias y gerente de viáticos imperecederos. Con esto no quiero despertar vuestra envidia, si no los lee ni mi abuela resucitada, ni mucho menos, cuando obsequian con palabras bonitas, crudas, resecas grandes sensaciones que colmarían de emoción a una mortaja, pero baste con decirle que hay que seguir afilando el lápiz, que hay que entintar la hoja en blanco con los mejores sentimientos en pos de las generaciones venideras, no claudicar ante el avance de la hermenéutica, y sobre todo hay que darle cauce al río verbal para que los lectores del mañana tengan la posibilidad de dormir calentitos y soñar, porque este mundo lo soñaron nuestros antepasados y mal que mal tiene su toque de belleza en los jardines primaverales de la cultura, con entrada libre a cambio de un paquete de arroz, y en los museos apostados en las mazmorras de la civilización encontraremos, sin descifrar, los papiros que nos indiquen la ruta de regreso a nuestras más bellas ensoñaciones. Por eso y por mucho más, escribid al alba y al poniente, escribidle a la bella durmiente, escribidle a la gente, que si alguien os lee, un solo varón, habremos vencido al convenio colectivo de la estolidez que nos tenía sojuzgados a la intemperie de la idolatría pop, guardados en un rincón, como una planta de potus sin regar, esperando la muerte. Recordad que alguien leerá el título de vuestras vidas y se colmará de gozo.

Negoción

Carlos se puso un negocio de pensamientos. Colocó unos cuantos muy lindos, profundos, reflexivos, en fin una gran variedad en la vidriera, que no tardaron en llamar la atención de los que paseaban por el centro. Al principio, se llenó de curiosos, que le daban movimiento al local que de lunes a sábado estaba repleto, atestado de gente.
Pero le va mal, pobre. En dos meses no vendió un puto pensamiento, a pesar de que le rebajó el precio. El último curioso que pasó por el negocio de Carlos le dijo que estaban bien, accesibles, pero no tenía lugar donde meterlos.

Con total normalidad

¿Wi-Fi gratis?
El amor a un clic de distancia
La amistad,
Nuestra voz cobra relevancia
El día del niño
Despedir de a poco el invierno
El cariño
El sueño que se torna eterno
La palabra sincera
La medicina que calma el dolor
La risa verdadera
Nuestro sentir a todo color
(feliz a su modo).
Abrefácil, pegafácil, limpiafácil
y así y todo
Nos queda esta vida difícil.

En miras al porvenir

La gente está más en comunión de lo que la gente cree, basta con echarle un vistazo a lo que la gente querría mirar.

La gente que mira tevé
La gente que mira películas
La gente que mira noticias al amanecer
La gente que mira el face
La gente que mira las fotos del día
La gente que mira el celular
La gente que mira sin ver
La gente que mira sin ser
La gente que mira y no ve
La gente que mira mirar
La gente que mira pasar
La gente que mira la luna
La gente que mira los autos
La gente que mira vidrieras
La gente que mira el espejo
La gente que mira de lejos
La gente que mira a través
La gente que mira la web
La gente que mira zapatos
La gente que mira tapas de libros
La gente que mira hacia atrás
La gente que mira el futuro
La gente que mira lápidas
La gente que mira los árboles
La gente que mira llover
La gente que mira el pronóstico
La gente que mira el paisaje
La gente que mira a la cara
La gente que mira al revés
La gente que mira los culos
La gente que mira las casas
La gente que mira tevé.

Las divisiones se dan en el plano del observador, que es el de la gente que mira el mundo.

Lectores que van y vienen

Se me han ido los lectores,
por covid, por desertores
por dormirse en los laureles
a guardarse en los cuarteles,
se han ido con el viento
a trocar un pensamiento
a refugiarse en la tevé
en Netflix, en internet
se han ido y otros vienen
con mis letras se entretienen
con las tuyas, con las nuestras
un botón para las muestras
buscando romper la imagen
tiranías de las comunicaciones
dejando la voz al margen
en el seno de las interpretaciones
que no tocan lo profundo
la belleza de este mundo,
se han ido o los encontró la muerte
o quizás cambió la suerte
y otros ocupan su lugar
llevándose sólo lo puesto
o se les dio por jugar
a tener vida de repuesto,
se han ido buscando vida
o un plato de comida,
se han ido en el ajetreo
como se fue Ptolomeo.
Me falta sociología
para entender travesías
mas tengo psicología
y en el alma diez mil poesías.

Respiremos

Simplificar las complejidades
Usurpar el vacío de la existencia
Sonreírle a las dificultades
Posponer el alboroto
Inspirarse en el trabajo noble
Reintegrarse al coro visceral
Avanzar sobre las piedras del sendero
Rescatar del charco lo valioso

La hora de la lectura

Compro libros que no sé si la vida me va a permitir leerlos, no sé si el tiempo me ofrendará la posibilidad de concederme las horas necesarias para enfrascarme, entre el trajín de lo cotidiano y los quehaceres, entre la voz que sale y se desmigaja y el poniente que me dice que el día se tira a reposar. Los tengo en un rincón, despojados del valor de mercado, como quien espera estacionar el vino, para degustarlos y sacarle el jugo cuando los minutos no me cobren peaje, para cuando la aventura sobre un caballo me diga: ¿Vamos a dar un paseo?

Se fue volando

Se va otro domingo del calendario de los años, en el que logré posponer todo lo que me pospuse, predispuesto a soñar hacer en el sueño todo lo que no hice en la vigilia, como volar remontado en un barrilete, y seguramente cumpliré con el cometido porque la vida es de los que se atreven y felices y dulces, los sueños, aunque a veces vengan con Chuker.
Por lo pronto, escatimemos la relevancia de sus tramas, y quedémonos con la imagen final, que representa la alegría de un nuevo despertar y la danza de un corazón contento que no se cansa de bombear cada noche nuevos y narcóticos sueños o cómicas pesadillas.
Basta por hoy, bajame el telón, que aparezcan la luna, las estrellas, los planetas, las brujas con sus escobas, los barriletes nocturnos, las lámparas led, los que bailan por un sueño, los que viven por un sueldo, los chicos en las aulas, los maulas, los dichos de Tata y Mama, el día de la Tierra, el día que caiga agua, los pastos blancos, las heladas, los helados, los pelados, los preludios, la euforia sobre el colchón, el salchichón, que aparezcan la confianza en la bondad, el interés, la comprensión. Y que YouTube y Facebook se traguen las publicidades. En definitiva, los domingos tienen por costumbre irse por donde vinieron, y el de hoy es tan sólo el primero en anunciarlo este Agosto, pero queremos creer que los demás no se quedarán atrás en este camino rumbo a la infinitud. Nos queda lo vivido, nos quedan las sensaciones, lo que no queda es tiempo para seguir narrando todo lo que viene, lo que trae un nuevo día, cuando los sueños cobran dinamismo y el entusiasmo por encarar la vida, se hace vívido con un nuevo amanecer.
Pero en este juego de dados, sólo por hoy, tachame la doble.