Un domingo que trae soles

Domingo, domingo… Domingo va, domingo viene, el domingo nos entretiene. Domingo Faustino, domingo perdón, qué lindo el domingo: para descansar, para caminar, para trabajar. Domingo para recrearse, domingocio, en el que se me escabullen las palabras, al que acuden sentimientos encontrados y sensaciones perdidas, en el que aperecen visiones de días felices, de momentos de otros tiempos, domingo para recordar, domingol, termina una semana en el que empieza un mes, domingo cargado de olvidos. ¿Pero quién necesita recordar cuando tenemos un presente vívido, lúcido? Es un día de encuentros y también de desencuentros, de abrazos, de indiferencia, el domingo las repulsiones se toman un descanso, todo es agradable: quedarse en la cama, escuchar el viento, hacer el amor, dormir hasta el mediodía, el mate amargo, los borrachos del after, las picadas, laboriar sin descanso, el reguetón, la mortadela, Mafalda, las redes, barrer la vereda, perder el tiempo, Ricardo Arjona. Un llamado telefónico desentona con la armonía que se siente…¿Quién será? ¡Pero claro! es Claro ofreciendo servicios, todo es claro un domingo, y mucho más si el sol nos acompaña desde lo más profundo de nuestros corazones, de la sinceridad, de amar el bien y querer el bienestar, de sentir que durante cinco minutos -un fugaz domingo entre las dunas pampeanas- somos felices y con eso nos basta para encarar la vida con los ojos humedecidos, el cerebro fresco, abiertos a lo que la vida traiga, nubes o vapor, anhelantes, peregrinos del Universo, vástagos del pavimento en esta primavera prometedora.

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