El sota ( Microcuento)

Ayer te llamé, pero no estabas. Barajé la posibilidad de encontrarte en el café. Cuando me quise acordar, ya te había olvidado. ¿Dónde te habías metido? Esperé. Fumé dos pitadas y me asquié. Guita no me sobra, pero un pucho es un pucho, y lo guardé. Había mucha gente caminando. Inicié una conversación con la vecina de mesa. Jodimos, bromeamos y en un momento incluso nos abrazamos. Kiosco cerca para comprar forros no veía. Largamos la carcajada.
-Mirá, sería bueno continuar con esto en un ambiente más cálido. ¿No te parece?
¡Ñandúes y comadrejas! Oí su sensual voz generarme un cosquilleo que bajaba desde el cerebro hasta mi entrepierna. Podría avanzar y tirarme a la pileta, pero algo que vi en su cartera me hizo dudar. Quizás era cuestión de… Reculé. Siempre recuerdo las palabras de mi amigo Marlon que me invitaban a desconfiar. Tomate un tiempo y pensá, me decía. ¿Usted qué haría? Viérame en semejante situación, de calor en ebullición. Wanda Nara, fea a su lado, me dijo que tardé mucho en decidirme y se fue, antes de responderme cuando le pregunté por su nombre. Xiomara, imaginé.
-¿Yo? Zoilo, la hubiésemos pasado bien. -le grité, pero ya iba cruzando la avenida y creo que no me escuchó.

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