Te regalo una canción

Cada tanto me encuentro con un lindo diálogo vivaz. El chat es otra cosa que entretiene apagado. Cada tanto el día trae aburrimiento, y trae alegría, y trae gente, y trae movimiento. Otras veces se va a dormir con la noche, se moja con la lluvia, se lo lleva el viento. Queda poco del día: un beso, una sonrisa, llanto y carcajadas. El bullicio desaparece, la música se calla, los automóviles duermen. No hay lunas, pero está Júpiter. El día trae lo dulce y lo amargo, el júbilo y la decepción, el entusiasmo y el estancamiento, belleza y soledad, brillo y nubes. La nube se perpetuó, cubrió el cielo de grises. Parece mentira que sean las diez, parece mentira que sea diciembre, parece mentira que estemos vivos, lo que asoma como verdad, o como variantes de verdades son el dolor, el embole, el sexo y las enfermedades. Y aunque todo es pasajero, lo nuestro es pasar abriendo caminos. Necesitamos aire, música, ideas. Abriendo caminos, caminamos, pero los caminos están pavimentados con brea y hay mucho tránsito como para caminarlos por ahí, como para que se abran las aguas del mar Rojo, entonces caminamos por caminos ya recorridos sin abrir las puertas del cielo que golpearan rosas y pistolas. Escuchamos, quisiéramos escuchar, escuchamos, pero las voces se confunden. Entonces sentimos, sentimos no sólo con el corazón sino también con la piel, los órganos, los huesos y con el cerebro en su ajetreo, porque sentir es otra forma de pensar, una más entre muchas. Lo bellos púbicos sienten la proximidad, las manos sienten el tacto, la nariz percibe el perfume que nos indica un camino que nos vuelve a hacer sentir que es cierto que estamos con vida por delante: un minuto, cinco años, dos siglos, qué más da. Viviremos, esa es la promesa de la aurora, pero caminar es por lo pronto solamente una esperanza: descalzos, sobre aguas, en la arena, al trabajo. Quién puede decir qué es la vida sino todo: el amor, lo bueno, la pérdida, el sollozo, las cataratas del Iguazú. Quizás es algo que no se vende en el supermercado, que no se paga en cuotas. Y vemos en los chicos la alegría y el llanto, y vemos la vejez y los achaques, y vemos multitudes y vemos rostros dolidos, y vemos pasar las películas y los camiones, los perros y los gatos, el tiempo y las estaciones, lo simple y lo complicado, el crepúsculo, las canciones en videoclips, el chango del supermercado. Abrimos o no abrimos caminos se preguntan los cantores, los poetas, los obreros que hacen el pavimento y los inspectores de tránsito. Digamos que tampoco están todas las certezas al final del recorrido, tal vez algunas están a un costado o en la banquina o en el guard-rail o en el fruto de un árbol. Quizás nos espera la calma, el mar hacia donde todo confluye, la desilusión o la brisa nocturna. Una cerveza hace de néctar y nos apacigua; dos, hace de brindis y nos emociona; tres, hace de efecto, que nos traiciona. Y hablamos, y pensamos, y callamos, y soñamos. Caminamos, avanzamos y tenemos todas las posibilidades de abrir caminos para caminarlos o para observar el horizonte sin parpadear ante el ocaso.

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