Chi va piano

Último domingo de enero, último enero del año, hay últimos que serán primeros, hay momentos que dejan rastros de eternidad en el silencio, hay silencios que hablan más que las palabras, hay palabras que invitan a profundizar el pensamiento, hay pensamientos que por el hecho de ser tan bellos nos hacen pensar que no serán ni los primeros ni los últimos. ¿Qué se puede esperar de un atardecer veraniego? ¿Que el viento amaine, que baje el sol, que brille Venus? Se pueden esperar oír el campanario, el canto del cucú dando las veinte ¡oh clock! y el eufórico grito de gol, ahogado por la tecnología. Febrero asoma por la claraboya, ahí se lo ve, pegadito a la luna menguante que crece en los cielos de Hollywood, dándole colorido al espectáculo y calor a los espectadores. La murga ensaya la comparsa, con el latido del redoblante y el pasito de caderas bamboleantes, con la espuma en el cabello y las bombuchas volando por los aires celebrando el carnaval, ante la lasciva mirada de los dioses, que despiden este enero veintidós de locuras, penas y sabores tropicales con la tristeza porque algo nos deja, pero con la alegría de darle el recibimiento y la bienvenida a todo lo que llega, bajando desde el tejado como los gatos o atravesando la esquina, como reina del carnaval. Todavía le quedará cuerda al verano y al tic tac.

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