Quedan huecos

Todo quedará en el tintero, con muchas cosas por escribir, con muchas calles por caminar, con muchos rostros que observar, con muchas palabras por decir, con muchas conversaciones sustancialmente jugosas por compartir, con mucho aire por respirar, con mucho por delante, con todo por detrás. Y entre las tareas pendientes que me quedan por realizar, en esta vida o en las vidas que correspondan, un poco por haberlo pospuesto ya que debía atender ciertas ocupaciones, relaciones, ilaciones, etc. y otro poco por no contar con la capacidad suficiente para encararlas de lleno, a la altura que se merecen, se encuentran:
-Solucionar los problemas del mundo.
-Desatar cabos.
-Subir un piano al hombro por las escaleras, dieciocho pisos.
-Publicitar productos inútiles y cobrar regalías.
-Recorrer el supermercado en bicicleta.
-Subir a la Luna.
-Componer.

Esto no me desanima. Una canción espantosa es fuente de inspiración para muchos músicos que recién comienzan y dan sus primeros pasos en materia de composición, ya que es digno de superar algo tan malo. Después se verá si lo que hacen tiene algún tipo de difusión, pero ese es otro cantar. Y hablando de cantar, cuando alguien canta muy bien y hasta se podría pensar que en su faceta es insuperable, eso también es motivo de superación para el resto de los cantantes, sobre todo los que sienten admiración, porque es casi un ejemplo a seguir –en lo suyo- y un horizonte a alcanzar. Lo mismo pasa en los deportes, como el fútbol por ejemplo. Cuando los chicos ven a Messi gambetear pueden llegar a creer que lo que hace no lograrán hacerlo nunca, pero es una suerte de zanahoria que los invita a avanzar, a entrenar y, sobre todo, a jugar. Y si ven a un jugador muy malo, entonces la inspiración y el incentivo es mucho mayor porque los invita a superarse, al progreso y fundamentalmente a avanzar. El problema surge que en la confusión muchos no quieren jugar, no quieren cantar ni tocar el piano que no logré subir por las escaleras, sino que desean lo que la fama representa, quedando el camino de los derroteros pavimentado de jóvenes sin hambre espiritual, sin goce al transitar, perdidos en el desaliento que conlleva el consustancial desvanecimiento de los pequeños sueños. Con muchos escritores pasa algo similar, pero desde otra perspectiva. Pero no vamos a estudiarlo para no desvirtuar el terreno que hemos arado ( y sin que el lector lo sepa: sembrado ) con tanta dedicación, dando vuelta a los asuntos que no son temas menores, y por ello no los tratan en los multimedios, al menos no con la dedicación que muchos querrían. Por lo pronto, me decido a inflar la bicicleta y recoger, entre góndola y góndola, puré de tomate, yogur, café y otros productos que –algún día- promocionaré.

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