Los que dan

Trabajar, con las manos
Con la sien
A pulmón.
Querer progresar
O trabajar por él
Y por ella, por ellas,
Y por el deseo de realización
Entre el sueño y la aurora.
Sueños que se desvanecen
Y otros que prosiguen
Tras el sueño;
Y entre sombras
Donde el trabajo se eclipsa
Luces que se encienden
Otras que se apagan por un rato.
Y bajo las estrellas
La ilusión que se despliega
La esperanza como luz
De a ratos lejana, de a ratos tardía
transformando letanías
Que movilizan
Montañas de yerros
De esperas marchitas
Del tiempo pasando
Machacando la paciencia
Y encontrar motivos
Encontrarse vivo
Síntoma de renovación
De vuelta en el ruedo
Porque el hombre resuelto
Recuerda que trabajar
Espanta ciertos males
Que acechan por lo bajo.

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Encuentros fortuitos

Gente que bien va
Otra que parece ir,
Alguno que tiende a venir;
Cambia el recorrido
Sin decir “agua va”;
Otro que vuelve a pasar
Uno se da por vencido
Y se echa a pernoctar.
Pasan, pasamos
Y algo dejamos
Nos damos la mano
Nos abrazamos
Y hasta quizá nos encontramos,
A veces nos damos ánimo:
seguimos en contacto
todo va a mejorar
nos vemos
llamame
ya va a pasar
escribime
y nos despedimos con un dejo
de certeza,
confiamos.
La vida otorga nobleza
sublime
pues vamos
Como un almendro añejo
a florecer,
porque eso también es querer.

Suyas

Su teléfono hacía las veces de cerebro.
Su voz, repetía como un eco opiniones adosadas tanto a las ‘suyas’ que eran casi indistinguibles unas de otras. Y este mecanismo había obrado así por lustros.
Pudo corroborar que en nada se diferenciaban de aquellas que había ido recogiendo, a las que observaba con simpatía, un cariño reservado a la persona por motivos ajenos a las mismas.
Un día, marcado en el calendario digital como viernes 11 de …bre, empezó, dícese dio inicio, a escudriñar lo que traía a cuestas. Encontró, no sin sorpresa, algún conocimiento que, en su momento, lo guardó como opinión. Lo valoraba, lo llevaba como un tesoro olvidado, pero no sabía hasta entonces de su condición.
Sus ojos describían órbitas elípticas que no guardaban reposo siquiera en sueños, al menos los ojos internos. Las puertas del infierno se abrían de par en par, para entrar, para salir. En el umbral había a un lado un cancerbero que, lejos de amedrentar, uno se apenaba de verlo yacer huesudo y moribundo al custodio de semejante empresa. Y al otro lado, un enorme jabalí de unos colmillos largos y filosos, de cuyo escupitajo habría surgido el hombre. El cancerbero llamado Tan daba la orden con un gruñido lastimero para que Athos, el jabalí, atacara cuando un interno quisiese salir. Como contrapartida, Athos emitía unos gemidos histéricos que parecían una estúpida risa, mientras Tan se acurrucaba con la vista perdida en el horizonte, dejando el paso libre al visitante aventurado.
Sus manos obraban cual máquina inerme que reincide en sus acciones, como el crepúsculo que en su iteración pierde observadores, pero en su mística los conmueve, y el observador torna sobre sí embriagado con la prístina visión. Y esa reincidencia opacaba el destino creador que portaban, mas no llegaba a dominarlo en sus fatuos malabares que le daban, ni más ni menos, que el sustento diario.
Su corazón bombeaba y bombardeaba sus arterias de sopor, tedio cotidiano con disfraz de diversión, que le eyectaba una sonrisa paulatina que en cualquier conversación se salía de las comisuras amenazando al interlocutor con morderle las orejas, o al menos es lo que aventuraba Gracie cuando conversaban de amores perdidos y del futuro esquivo.
Su nariz tomaba registros del ambiente que no coincidían con el pronóstico. El olor a putrefacción al pasar por donde los mendicantes recogían las sobras de fast food slow death le abría surcos entre las imágenes que poblaban su pensar.
Su sangre recorría caminos previamente trazados, con bifurcaciones y empalmes donde se desviaba su conducta, cabalgada por su carácter. Al llegar a sus extremidades inferiores, un magma efervescente de prejuicios le aquejaba, propiciándole migrañas inacabables, sostenidas por rígidos tendones.
Su estómago fluctuaba al procesar, y esas fluctuaciones emitían penosos quejidos o segregaban llantos emotivos que pugnaban entre lagrimales por salir de las trincheras.
Su teléfono, que hacía las veces de apéndice, sería extirpado por una cirujana que cumplía funciones de terapeuta en el empíreo, ante el discurso anodino de sus cavilaciones.

Vida del blog

Podía decirse que el blog estaba vivo, a pesar de que no respiraba el mismo aire que nosotros. En realidad, nosotros respirábamos aire pero no era el mismo en todos lados, ya que muchos lo respirábamos con otros aditivos, polución, smog, alquitrán y demás impurezas. Pero no todos, dependiendo su situación geográfica y económica. El blog estaba vivo, pero no era por mérito propio –exclusivamente- sino por la asistencia de cientos de visitantes que le daban color, como las flores a un cementerio, y eso hacía pensar que el mismo era un lugar donde los visitantes –al menos en principio- estaban tan vivos como el mismo blog.

Pero el blog no despertaba curiosidad alguna, ni tampoco podía decirse que se le rendía pleitesía, o que abrigaba admiración. El blog estaba vivo en términos virtuales porque había movimiento, que es lo que llama la atención, cosa que la quietud no hace, al menos en el observador tuerto.
Dicho movimiento era dado por factores que –cuentan los astrofísicos- están determinados por las órbitas de los planetas, el brillo de las constelaciones, las parábolas de los meteoritos y la indumentaria de las estrellas de Hollywood en noches de gala. Todos los astros de la galaxia –incluso futbolistas de renombre- coincidían en la encumbrada posición del blog ante los innumerables visitantes.

Pero el blog, una tarde de invierno como todas las tardes de invierno en que mueren los árboles, murió, no en términos virtuales sino astrales. Nadie volvió a pisar ese lugar en el ciberespacio caído en desgracia. Los visitantes fueron redirigidos hacia otras distracciones por la Osa Mayor, Mbappé y el anillo de Saturno que dirigían la batuta. Ni siquiera ellos sabían ni comprendían su accionar. El aburrimiento era así, caprichoso, movía las cosas y la gente de un lado para otro.

Con el tiempo o sin él, años después, el blog quedó firmemente enraizado en la nube como un árbol dador de vida, como un olmo que ofrece peras, una ridícula e inverosímil expresión literaria, como un arroyo que lleva, de la fuente al océano, inagotable, manantial de vida que las bestias solían beber en sus orillas.
Cada tanto aparecía un muerto buscando vida, alejado de la subsistencia mundana, y se encontraba con ese reguero de manantial, con ese trasfondo de agua pura que detentaba el blog sumergido en la deep web. Y el muerto bebía y volvía a la vida. Luego se marchaba para volver a morir, o distraerse, según lo que dictaran los astros.
Y así fueron arribando al blog incontables vivos, muertos, bobos y tuertos, otra vez a ponerle condimentos a la sepultura, desde donde resucitó el mismo blog, para asombro de algunos pocos que lo habían dado por muerto. A los vivos le resbalaba vida y muerte. Y muchos bebieron de sus aguas, comieron de sus peras, recobrando vida.
Esto fue mal visto por algunos directores y guionistas en Hollywood, que creían ver mermar sus ventas en productos de merchandising, por lo que solicitaron sea retirado de la existencia.
Pero había un pequeño problema: el blog había cobrado eternidad y ya no podían matarlo; a lo sumo, esconderlo, ocultarlo.
Se les ocurrió eliminar el servidor que lo alojaba y con eso creyeron que sería suficiente para destruirlo.

Hay quienes dicen que hoy el blog está alojado en la red interna de una multinacional de gerentes franceses; otros dicen que el blog sólo es accesible desde el África meridional; y algunos afirman que el blog está sentado a la izquierda del Señor por los siglos de los siglos.
También están los que juran que el blog ha sido visto desde Andrómeda y que se actualiza los jueves por la noche.

Intacta

Otra vez tu y yo frente a frente. Un doble espejo que refleja lo que somos. El silencio cala profundo en nuestros corazones y se instala densamente en el aire que nos circunda. Algunas teclas se interponen y, lejos de separarnos, nos acercan el uno al otro. De la blanca pureza que te caracteriza sólo queda el trasfondo de lo que eres. Sobre ti se imprimen caracteres que dan forma a algo tangible y con el poder intrínseco de la interpretación a la que será sometido. ¿Qué se puede decir de mi que no lo reflejes tú? Lo que se ha dicho y lo que no. Lo que se entiende y lo que queda en el tintero aún por decir. Algunas letras hablarán de ti y te alabarán. Sin embargo, qué decir de esos ojos expectantes que se quedan fijos ante tu radiante luminosidad. Eres el fondo de este texto y casi pasas desapercibida. Pensar que sin ti no habría letra posible. Eres una inagotable posibilidad en la que se puede plasmar la nobleza de un pensamiento profundo o el vil insulto despechado. Pero… ¿de dónde saca sus más valiosos tesoros el hombre? Aquél que te capta en tu simplicidad no olvida que de la nada trascendente que insinúas surgen innumerables hechos que reflejan tu plena vacuidad, que es completa en sí misma. Quien emplea el vocabulario para llegar a otro corazón sabe que en ti se funden acentos, vocales y consonantes, mezclados entre signos comunes que formarán palabras, y crecerán en oraciones, ramificándose en frases ordinarias y de las otras para llegar a aquél que te ignora concentrando su atención en lo propiamente dicho, pero sabiendo que eres tú quien da esa posibilidad de hacer blanco en una aletargada conciencia acostumbrada a pasar por alto la fuente perenne que imparte realidad a la existencia de las cosas.
Y allí sigues tú, intacta como siempre. Pareciera que las letras precedentes no te hubieran tocado.

Sendas

 

El canto guarda el silencio
la voz llega con prudencia
el alma se eleva, denuncio,
mente juega a la ocurrencia.

Escuchar el plácido canto
lo que encomienda la voz,
se aplaca el alma con tos
discrepa el juicio, en tanto.

Cantar los vicios descarta
-con vos todo es diferente-
confunde el alma a la gente
mente juega su última carta.

Qué bello el canto tan lírico
cuando nos despierta la voz
su alma no teme a la hoz
mente duerme en lo onírico.

Es el canto que estremece
esa voz que al salir de boca
llega al alma, no equivoca,
a mente le pide que rece.

Pues el canto y su canción
llega la voz cuando exalta
el alma que también salta
cruza mente en devoción.

 

 

//Fotografía: Jorge Guardia

Cada tanto se va la vida

Se va la vida cada tanto
se escapa de nuestras manos
se van amigos y hermanos
se va como este quebranto.

Y la forma desaparece
nos queda lo que vivimos,
pensando en lo que perdimos
el corazón se entristece.

Aventurar un reencuentro
en sueño, alucinaciones
en cielos o ensoñaciones
la vida que llevo dentro.

Quedando lo que dejamos
las manos tan laboriosas
rebuznes si nos quejamos
palabras algo curiosas
abrazos cuando nos vamos
miradas tal vez furiosas
consejos que regalamos.

Y se va también con ella
los planes que realizamos
pues a veces imaginamos
una eternidad tan bella.

Otras veces encontramos
en otro rostro el alivio
en otro aliento tan tibio
lo que aún recordamos.

Será que Vida no mata
al menos es un murmullo,
será que tan sólo es tuyo
lo que ni Muerte arrebata.

Singular

Hay muchos espectadores
El teatro está atestado
Cuando el show ha comenzado
Se dispersan los lectores.

Espectáculo vespertino
Por las noches sin derroches
Ya deambulan en sus coches,
Con la música el vecino.

La soledad en este siglo
Ha quedado sentenciada
Sojuzgada en el banquillo
Moribunda, conectada.

Y un aplauso como un eco
Se oye manso en el pasillo
Un remanso para el grillo
Hay si el cantor deja hueco.

Y el que lo vive lo escribe
Así el mensaje transmuta
O se olvida en la disputa
Con dolor quien lo recibe.

Dejar un verso de herencia
Que no tiene competencia,
Y si es leído o es creído
Tal vez quizá comprendido.

La belleza es tan confiada
Que se muestra sin prejuicio
Y así se vista de oficio
Gusta de ser apreciada.

Centinela atento al yerro
¡Pibe no te equivoques!
Con tu lengua no revoques;
Te quiere meter el perro.

O será que sencilla mente
Decanta por el surgente.
Letra que no has de leer,
Hombre, déjala correr.

Porque no todo te toca
Porque no toda voz llega,
Si una poesía en tu boca
alza tu alma y despega.

Qué seremos, lo que fuimos,
Dónde fue que no lo vimos
Quizá la última estocada
Es la que nunca fue dada.

Y se repiten las cosas
Pasos, rostros, ¿mariposas?
Decires, nombres, sermones
Si miras también opiniones.

Pero hay algo puntualmente
Singular, único, esquivo
Que no se da virtualmente
Signo de sentirse vivo.

Y en el día, bien temprano
Sentir la dicha en la mano
Y abajo un pie que tropieza
Por si se aburre, bosteza.

Y al despertarlo el jilguero
Asoma por el agujero,
Será que será posible
Veraz vida impredecible.

Saber

El otro día iba caminando
no recuerdo bien si era domingo
o si era martes, feriado o día festivo,
lo cierto es que iba caminando
y de repente, de pronto, de improviso
me di cuenta de algo insólito
ese día, festivo, feriado o domingo
o quién sabe a ciencia cierta
si era martes en el calendario,
digo que de pronto, de repente
como un shock informativo
me di cuenta, que iba caminando
el otro día, aquél día pasado
pasado de moda, olvidado en el tiempo
iba caminando, y no sé si mirando
seguramente algo iría mirando
pero lo cierto, sin ninguna duda
es que el otro día iba caminando
y para mi sorpresa me di cuenta
como descubrir una revelación
fue tal el impacto tremendo
que ese día, domingo, festivo, feriado
o quién tiene potestad para decir que era martes
o si había testigos de que iba caminado
quizá alguno vio lo mismo que supe
ese día en que iba caminando
y tal vez, por qué no, quién te dice, mirando
aunque no recuerdo qué iría mirando
ni tampoco si era entonces domingo
lo cierto, ese día feriado, martes, festivo
es que el otro día iba caminando
y de improviso, de repente, de pronto
supe sin intermediación alguna
pues nadie me dijo, ni me lo contaron
como esos que dicen que hoy es domingo
iba mirando o tal vez caminando
o quizás caminando algo iría mirando
ya quisiera saber qué es lo que iba mirando
porque al ir caminando, quién diría pensando,
es incierto el destino de quien va caminando
pues ni siquiera sabe si es martes o domingo,
más allá del dilema algo iría mirando
pueden ser las pisadas o las aves aladas
que no saben de días, feriados o festivos,
iba ese día además de mirando
ese día certero, ese día impreciso
lo supe de pronto sin previo aviso
que iba tranquilamente ese día caminando
aunque ingenuamente algo iría mirando
y pensando, inventando, pergeñando bobadas
o tal vez el ingenio estaría trabajando
como aquellos que hacen los calendarios
con los días festivos, feriados y domingos
hasta incluso los martes de cada semana,
iba el otro día pensando y caminando
mientras iba mirando, mientras iba escuchando
qué iría escuchando, el tránsito o las palabras
que suelta la gente cuando dice es domingo
en los días feriados, en los días festivos,
iba ese día, caminando y mirando
que no sé si era martes, que no sé si pensaba
y ese día lo supe, cuando iba escuchando.

Esperar con paciencia

 

Es la brisa fría de mayo
rozando tus tibios labios,
es este sol tan timorato
que asoma y que no calienta,
es el frío de este otoño
las hojas secas volando
es el árbol que da sombra
flaca como tus ansias.

Es comunicación a distancia
a través de mensajes grabados,
es esperar que una canción
toque esta frágil ilusión
o escuchar un bandoneón
y aventurar la primavera,
es una vidriera cualquiera
es el destino del lacayo.

Es como un mozo sin moño
que atiende a cada clienta,
es esperar con paciencia
encontrar las palabras justas,
es el fruto del trabajo
que se lleva el patrón, el Estado
es el pan de cada día
es un refrán olvidado.

Es el beso de despedida
es la luz de los escabios
es tu cara si te asustas
o un momento de relajo,
es una voz que te nombra
frente a una luz de neón
es soñar con loterías
es imaginarse la vida.

Es dormir en los laureles
esperando que algo cambie,
es olvidarse los pinceles
engancharse en las contiendas,
( pasa un viejo en musculosa )
es una palabra divergente
la mirada tan urgente
que se te clava en la nuca.

Es el crujir de la tutuca
la sonrisa displicente
es un cine abandonado
es recuperar las riendas
y acariciar el caballo,
es atravesar el sendero
que a veces congela sentidos,
es un hogar devastado.

Es el ala de la mariposa
la caricia en el regazo
el sueño del moribundo
el cese de los latidos,
es la broma del pelmazo
es el consejo certero
despertarse entre la gente,
es la caída a este mundo.

Media

Hacía ruido la media
Divorciada, sola, impar,
Creía un día alcanzar
La riqueza del Edén,
Digna de todo can-can,
Y en un rapto singular
Se descuidó al optar
De cajón y fue a parar
Al borde del terraplén,
Donde polillas morfaban
Y en la miseria caía.
Se tuvo que recortar.
Es zoquete por rebeldía
Y hoy la recibe su par.

Armonizando

 

De la lluvia, inundaciones,
de los músicos, grabaciones,
del poeta, creaciones
y en tu mente narraciones.

Todo surge de improviso
una nueva vida, aviso,
cuando la paz es alcanzada
por ti misma conquistada.

Brilla el color, la alegría
rima el gorrión, armonía,
canta el jilguero elocuente
y tu corazón lo siente.

Pasa la gente, camina,
tira un beso la vecina,
juegan los niños saltando
tu alma ha estado esperando.

Todo ese tiempo marchito
que buscabas ciegamente
poner en orden tu mente
y ella lo encuentra, recito.

Pues un mundo de quimeras
no entrega buenas peras
quien lo espera de ese olmo
llega al colmo del colmo.

Pero no te culpes, querida,
nadie te ha dicho en vida
que tú eres lo importante
y no es que quiera robarte.

Sólo comparto un sentido
tras haberlo conocido,
ni pudiera así entregarte
ello en una pieza de arte.

Pues en él iría mi vida
pero debo seguir viviendo
para continuar escribiendo
a la belleza perdida.

Ideas

 

El día, con la luz, comienza
transcurre como todo movimiento
recorren las ideas el cemento
la nube se detiene cuando piensa.

La ventana está cerrada al espiar
muy oscura está la casa al despertar
ya se escuchan las palabras al hablar
y los ojos que se abren al mirar.

Palabras que tragamos por la fuerza
idea que naufraga tan dispersa
allí donde el insulto no te hiere
allí donde el espíritu no muere.

De a ratos los conflictos que te hunden
cargan peso sentimientos que te funden
el motor se detiene carcomido
por el óxido de todo lo vivido.

Son ellas las que incitan a buscar
un estado de bienaventuranza,
que haga blanco cuando tirés la lanza
de palabras en el centro de este mar.

Pues si lo pensás, despacio, con cuidado
el mundo es nomás todo lo dado
transcribe la voz todo lo hablado
recuerdan tus ojos lo observado.

Y cada idea que te lleva
arrastra consigo la marea
que sólo se calma si está plea
si no, se rebela y se subleva.

Son fieras a veces enjauladas
en otras son bestias endiabladas
tranquilas e inocentes son bobadas
geniales, son cosas inventadas.

De todo el vaniloquio que te cubre
que ronda dormida el pensamiento
quizás una luz te lo descubre
al hondo, sereno, sentimiento.

Y vuelan joviales las palomas
en bandas pues nunca viajan solas
captando tu frágil atención
da brincos de bronca la tensión.

Tal vez ellas sólo te molestan
ya ves, unas suman, otras restan,
se abre la ventana del sentido
y la luz ilumina al recorrido.

Ideas que tu corazón no enfocan
ideas que a veces te vuelven loca
destejen las palabras de tu boca
respira el aire puro sí sofocan.

Recuerda que previo la fanfarria
de aquella que retiene como garra
vivías realidad despreocupadamente
feliz, muy lista, inteligente.

 

 

 

//Fotografía: Norma Russi

La dimensión de lo desconocido

 

Arturo había soltado las amarras del pasado ( y por lo tanto su presa sobre el futuro ) y se había sumergido en el presente. Pero no estaba anclado siquiera en el hoy. Su vida no discurría sino que era un entero ahora. Por razones de conveniencia para el lector, esta historia parece transcurrir en el tiempo, pero esto sólo debe tomarse como una cuestión puramente literaria. Arturo como tal había cesado y sólo quedaba su presencia en el eterno ahora; lo que discurría era mera apariencia con ínfulas de historia.

Arturo observa la pantalla delante de él. Una imagen le llama la atención. Es una bailarina de danza clásica disfrazada de pantera rosa, pero con una peculiaridad: no es la pantera rosa, sino un flamenco. Arturo cliquea reiteradamente. Uno de los impulsos de su dedo índice le devuelve una leyenda sobre el monitor indicándole que debe reiniciar la máquina.
-Ya está. –Dice Arturo- Para la próxima, ya sabe, Teodomira, nada de darle clic a cualquier video que aparezca por ahí.
-Gracias, querido. Vos sí que siempre me salvás las papas. –afirma Teodomira al retirar la bandeja de papas del horno.

Arturo cobra por el servicio y se marcha de casa de doña Teodomira. Ésta prende la radio y escucha en las noticias que un huracán se cobra la vida de decenas de personas en el caribe. Arturo camina hasta un quiosco y compra puchos. Y un encendedor. Le da interacción a los objetos que acaba de comprar y pita el cigarrillo. El día está caluroso. A Arturo le suda la frente. Ve pasar un colectivo pero no es el que espera él. Un joven le pide un cigarrillo y Arturo le convida del atado que acaba de comprar. Arturo camina y se detiene frente a una vidriera de artículos electrónicos. Observa lo nuevo que allí se exhibe: un neofly, algunos bricgames y varios smartviews. Arturo piensa. O cree pensar. O simula pensar. Acuden pensamientos que le hacen sospechar que él hace algo –como pensar- cuando en realidad éstos discurren como el tráfico. Se le ocurre comprar un teclado pero revisa sus bolsillos y el efectivo del que dispone le hace caer en la cuenta de que no le alcanza para su propósito y lo descarta. Se acerca el 48 y cuando está delante de Arturo éste se sube en él, previo a hacerle un ademán al chofer con la intención de que entienda que quiere abordarlo. Paga el viaje y se sienta en uno de los primeros asientos libres que encuentra. A su lado está sentada una bella mujer. Tiene una cabellera abultada, con rizos castaños y ojos color miel. Lleva unos aros de oro en sendas orejas y tiene pintados los labios con un plateado llamativo. Arturo la observa con disimulo y procura entablar un diálogo. Poco a poco, descarta cada una de los temas de conversación que se le ocurren: el tiempo, su trabajo, el viaje en colectivo, la elegancia de la mujer. Nada le resulta propicio para comenzar a hablar con ella. De repente, se le ocurre una idea precisa para no incomodarla y, a la vez, iniciar una charla. En ese instante, la mujer le pide permiso para pasar frente a él y abandonar el colectivo, dejando a Arturo con sus esperanzas marchitas. Dialoga con una mujer mayor sentada detrás que le pregunta la hora. Arturo le miente con media hora de diferencia a la que es. Su actitud lo llena de culpa, cree que quizá la señora está con poco tiempo, no de vida, sino porque algo le urge. Pero no es así, la mujer está al pedo como alcornoque en botella vacía.
-Anoche no dormí bien, joven. –dice la mujer- Me quedé pensando en lo que tenía que hacer este día y caí en la cuenta que lo tenía libre para disponer de él como me pareciera. Por lo tanto decidí ir a hacer unas compras al súper para buscar lo que hacía falta. Sabe usted, jabón, champú, café, azúcar, esas cosas.
-¿Yerba? –inquiere Arturo para no quedarse atrás en la conversación.
-También, claro. Nos acostumbramos a los aumentos de precios que somos incapaces de formular una protesta seria. Si nos juntáramos a pedir para que hagan algo al respecto nadie nos creería. Sería como solicitarle al viento cesar en su servicio.
-Cierto, es uno de los males que nos aqueja, pero lo hemos asimilado y vivimos con ese quiste incorporado. –aclara Arturo.

La mujer abre un paquete de galletitas y le convida una a Arturo. Éste toma dos, le agradece y las come una a una. Tienen chispas de chocolate, como le gustan a Arturo. Divisando la proximidad a su destino, Arturo se despide de la mujer y camina hasta el fondo del colectivo. Toca el timbre y cuando la puerta se abre y el colectivo se detiene, emprende la retirada del mismo bajando por la escalinata. Tropieza con un peatón que lo insulta hasta en arameo. Arturo ensaya una disculpa, pero el hombre no parece comprender castellano. Camina hasta la puerta de su casa y al llegar encuentra sentada en el umbral a Nancy, su novia.
-Te esperé toda la mañana. –le dice.
-Estuve trabajando. –acota Arturo.
-Espero que no sea otra de tus típicas mentiras.
-¿Desde cuándo digo mentiras?
-Desde que te conozco. –responde Nancy.
-Entonces debo decir que no me conocés ni pizca.
-Es que no me diste tiempo suficiente para hacerlo.
-¿Y cuánto necesitás? ¿Diez años más?
-Mmmm… podría ser. ¿Tenés apuro? –cuestiona Nancy.
-Terminemos con esto. ¿Querés un café?
-Sí.

Ambos entran a la vivienda donde Arturo hace las veces de local. Prende la radio y se escucha el tema “Beutifull day”. Arturo prepara café para dos. Su novia se sienta en una de las sillas ubicadas alrededor de la mesa. Arturo lleva las tazas con café a la mesa. Lleva también cucharitas y azúcar. Prueba el café y lo encuentra a gusto. Nancy hace lo propio. Sentados frente a frente, Nancy rompe el manto de silencio tras un vacío de sonidos en la radio.
-Arturo, tengo que contarte algo.
-Si es una mala noticia ni me la des. Prefiero no saber.
-Te la voy a contar igual.
-¡¿Ahora?!

En la radio suena el tema “Desde este momento ahora”.

Moneda

Una moneda tiene dos caras: una te dice buen día, la otra, buenas noches. Con la cara te sonríe, con la seca se sonroja. Da la cara cuando ríes, y la cruz cuando le imploras.
Es tanto lo que puede llegar a durar que se han encontrado monedas de cientos de años, un poco corroídas, de tanto volar de mano áspera en mano delicada, de haber estado en bolsillos hasta caer rendida y devaluada sobre tierra firme.
Hay algunas de colección, y muchas que no valen ni una propina. Las monedas ya no las observan ni los niños, como curiosidad, ya que es sabido de qué se trata y a qué puede llegar a equivaler, por qué la puede canjear. Tampoco son contadas las monedas como símbolo de ahorro, pues su peso no equivale a tantos pesos, aunque a veces se cuentan para llegar a una leche o un poco de pan. Los comercios hace años que retacean las monedas y hubo un tiempo en que te daban como vuelto un puñado de caramelos canjeables por mercadería, aunque eso ha quedado en los tiempos en que a la moneda todavía le daba la cara.
La moneda se produce en serie, distante de lo artesanal, y se parece una a otra tanto como difieren unas de otras. Pensada para circular en territorio legislado, la moneda tiene un valor pequeño en comparación con otros valores que se ostentan.
A veces con símbolos patrios, otras con naturales, la moneda circula sin detenerse en los semáforos ni en sendas peatonales, y rueda cuando cae entre los dedos a perderse en algún charco. Los niños la recogen tras la sequía, para luego comprarse un chupetín o arrojarla a la fuente de los deseos más cercana pidiendo un alfajor o un trabajo para sus padres, según su inspiración. Los adultos, por su parte, la dejan ahí, mirándola con desdén, pues el valor que suponen no vale el esfuerzo de agacharse a recogerla. Y los viejos la miran con nostalgia: “Me acuerdo cuando con una de esas pagaba el colectivo…”.

La sentencia

El sol estaba asomando detrás del enorme edificio cuando Pío subió los escalones con cuidado, afirmándose en la baranda metálica. Al lado opuesto, observaba en los rostros de los allí presentes el juicio del mundo como un lastre demasiado pesado para soportar. Con vergüenza y timorato, bajó la cabeza fingiendo mirar cada escalón que pisaba, mientras en su fuero íntimo esquivaba las fulminantes miradas que provenían desde todos los rincones.
Un leve murmullo se escuchaba a su paso. “Miralo”, decía una voz avejentada. Una muchacha se acercó corriendo, se detuvo delante de él y lo escupió sobre el pecho: “¡Miserable!”, le espetó con furia para lanzarse llorando escaleras abajo. Pío continuó la cuesta hacia los tribunales con el semblante alicaído. Volvió a tomar coraje para mirar los rostros de los allí presentes, aunque lo hacía tímidamente, como de soslayo. Ninguno permanecía indiferente a su tibio paso. Creyó ver en un joven un atisbo de aliento, un resabio de comprensión y complicidad; “Estamos con vos”, adivinó. Pese al rechazo general que generaba su presencia, no se observaban signos de violencia explícita, más que miradas inquisidoras, dedos que lo señalaban, o algún comentario soez. Los escalones se le hacían interminables, y para recobrar fuerzas, cada tanto, echaba un vistazo a los que había dejado atrás, ganando impulso para continuar subiendo. No faltaba quien lo estuviera filmando en cada paso que daba, en cada gesto involuntario que vivificaba la situación del juzgado.
El policía que lo escoltaba, de paciencia increíble, en ningún momento intentó apurarle el paso o forzarlo a que subiera a mayor velocidad. Lo dejaba percibir la situación, las miradas, la rabia, el rechazo, aventurando la condena que le cabría, e incluso se tomaba su tiempo para tomar nota él también del marco que envolvía ese tormento.
Cuando subió el último escalón, se afirmó sobre el piso y respiró hondo. Había quienes bajaban y subían a un ritmo ajeno, y observó, detrás suyo, que varias personas habían estado acompañando su andar, pero al intentar mirarlos de frente, estos, como haciéndose los distraídos, o bien conversaban en voz baja entre sí, o miraban a su alrededor o se distraían con sus teléfonos celulares. Eran no más de cinco quienes evitaban el contacto visual con él; los demás, diseminados por las escaleras, lo seguían fustigando con la mirada acusadora.
En la sala había varias personas esperando la sentencia. El fiscal, al verlo ingresar secundado por el policía, se puso de pie y le propinó un irónico aplauso. Las voces eran ecos de lo que ocurría sobre las escaleras, un zumbido indirecto que envolvía el ambiente como un enjambre de abejas. Su abogado lo invitó a sentarse luego de palmearle el hombro. Pío bebió un sorbo de agua y se sentó a esperar la llegada del juez. Entrelazó los dedos de sus manos, que sudaban a pesar del frío, que hacía sentirse a esa hora en la sala. Se quedó observando un cuadro sobre el estrado que daba cuenta de una batalla de otros tiempos y creyó ver en él inspiración para la que daba en el presente: los rifles, eran su pluma; las balas, su tinta; los caballos, sus ideas; los soldados, sus seguidores; el sol, su horizonte. Sintió alivio, con la esperanza extinta, al creer que lo justo, aunque muchas veces tarde, tiene un reconocimiento supremo que excede la vida de una persona.
El juez hizo su aparición en la sala ante el silencio que dio lugar. Se acomodó protocolarmente, dando paso a la lectura de la sentencia. En el ambiente se había generado una cierta ansiedad, con tintes de tensión, por la espera del veredicto que todos preveían, amén de los detalles de la misma.
Durante la lectura, Pío se distrajo pensando en aquellas cosas que más lo habían movilizado durante los últimos años, entre las cuales impulsaba las ideas para una sociedad más justa, justicia que estaba a punto de finiquitar sus intenciones. Pensó en el desamparo, ya no en el suyo, sino en el de tantos que se veían marginados no sólo del sistema económico, sino de la cultura; y él consideraba que un magnífico edificio como el de tribunales había comenzado como un simple pensamiento que, como tantos, luego se materializó, por lo que se sentía en paz por su obrar. Estos, y decenas de pensamientos, se detuvieron en seco al escuchar, de parte del juez, la palabra perpetua, que le heló la sangre y endureció los tendones debajo de la nuca. Ese instante recapituló sobre lo que había estado escuchando sin atención, donde creyó percibir las palabras ´enemigo´ y ´rebelión´, entre tantas otras plagadas de tecnicismos, que estaba muy lejos de comprender.
Al finalizar, en la sala hubo festejos en una tibia excitación que rápidamente se disipó cuando a Pío se lo llevaron atravesándola. Las miradas pasaron a buscar humillarlo, acompañando con risas burlonas, que el mismo Pío ignoró. Un hombre parado en la puerta, vestido elegante, se quitó el sombrero y asintió con la cabeza al verlo de frente. Ese era el veredicto que Pío se llevaba consigo a la cárcel.
Luego, su abogado le explicaría que quedaba inhabilitado de por vida a firmar guiones de cine con su nombre, ni a realizar ningún tipo de publicación en otras ramas del arte con el mismo. No obstante, sin misas ni congregaciones, la sentencia había dado inicio a un culto que se extendería al bajar las escaleras.

El arte es un disparador

 

Una pintura puede dejarte helado
o una escultura vista de costado,
la música dispara el pensamiento
y el espíritu se eleva somnoliento.

Se me ocurren mil cosas al escuchar
tantas aves que no las puedo atrapar
las observo, solitarias o en bandadas,
en su vuelo por el aire cual tostadas.

Y no creas que sólo digo bobadas
porque vuelan, libres de mermeladas,
si hay prisa por probar el desayuno
me esperan esta noche allá en Neptuno.

Es que vuela también el sentimiento
y la mente que viajando en el aliento
tiene apuro por llegar como ninguno
surca estrellas en el espacio que reúno.

De la  música es tan magnífica facultad
que te acerca a una sublime libertad
cuando grises son las nubes de tu avión
que no vuela si se larga un chaparrón.

En los tonos que el diapasón ha afinado
ya se oye el malestar que ha doblegado
y se despierta iluminado y sigiloso
un alcance que concuerda con el gozo.

Escuchar, escuchar y nada más
esa voz que describe tan veraz
lo que no siempre capta la mirada
esa voz que te protege cual espada.

Y sentir que la música calma y eleva
y si acaso algún demonio se subleva
será atado como bestia por mil años
si lo sufres vete a llorar a los caños.

Penetrar en la canción es comunión
unidad, cuerpo y alma, es el arte
y la música que llega a recrearte
te dispara en un suspiro al corazón.

Comprender

Qué ganas de enseñarte lo que aprendí
de olvidar, un momento, lo que creí
de que sepas que amar es compartir
el saber, la comprensión, juntos reír.

Qué ganas de darte ahora algo de mí
y quedarme sólo lo que una vez fui
aquello que se olvida en un rincón
cuando todos se van hacia el callejón.

Entender que un hogar no es encierro
y que amar no es meterte el perro,
que un refugio donde brille sin razón
es vivir lo que siente el corazón.

Comprender que salir es extender
las fronteras, lo que puedes conocer
que volver no siempre es retroceder
muchas veces es cambiar de parecer.

Qué ganas de decirte con arte cosas
y de hablar sin privarnos de las rosas
que, ya ves, también duelen sus espinas
como niños que mendigan en esquinas.

Qué ganas de besarte cuando gozas
de escuchar de ti palabras tan hermosas
cuando lejos tú me mandas los mensajes
o en la cama nos quitamos los ropajes.

Entender que amor además es alimento
vitalicio de la comunicación, el viento
que se lleva las palabras quizás vuelve
y el abrazo de las pieles nos envuelve.

Comprender que no siempre se gana
con decir lo que se piensa con desgana
que la forma, la expresión, revitaliza
lo profundo del sentir que te erotiza.


Fotografía: Mariana Coca

Enredados

Las redes nos están volviendo cada día más peloponesos.
Te lo digo con conocimiento de caries.
Pero hablar de esas cosas en las redes es al pesto.
Porque nadie usa las redes para comunicarse con ostras.
Sino para otras cosacos.
Como publicar lo que hice horacio,
Buscar algo que me haga freír,
O para despotricar contra todo un rataplán.

 

Fotografía: Camila Cariac

Ficciones

Conflictos y tensiones
disputas de emociones
despierta sensaciones
duermen ensoñaciones
murmuran los leones
a donde vuelan drones;
hay aves, grabaciones
hay audios, filmaciones
hay carne de lechones
gorjeos de pichones,
en algunas canciones
un coro de sifones
y junto a los limones
el hambre de millones.

 

En la arena

El ambiente se va llenando
de aroma político, ese lenguaje
carente de simbolismo, equipaje
como lastre que va cansando.

Abarcando todos los temas
que se quieran debatir,
ruido que transmiten fonemas
a quien quiere sólo vivir.

Dicen que es información
que te ayuda a subsistir
para el bien de la Nación
es que deben insistir,
pero guardan la intención
de lo que te han de vender
y el eco es sustitución
del hombre, o al parecer.

Y si acaso hablás de flores
te saltan los de un partido,
si enunciás lo desconocido
te agravian de otros colores.

Si en un punto tomás postura
en la arena movediza
la misma no te asegura
que alguien muera de risa.

Pues todo se banaliza
el clima, la muchedumbre
y cómo calmar el hambre
de los que no tienen prisa,
aquél de obtener ganancia
con los sudores del hombre
o cómo restarle importancia
y voz al que no tiene nombre.

Hay cosas tan predecibles
como agua de río al mar
hay otras que son posibles
el pensamiento al cambiar.

La cultura es un alimento
que lo puedes masticar
el camino es un movimiento
que lo puedes desandar.

Se va llenando el ambiente
de sopor e intolerancia,
se va cansando la gente
del dolor y la arrogancia;
y el mundo se vuelve oscuro
sin luces que lo iluminen
como un basural impuro
donde las ratas caminen.

No obstante, aún, sin embargo
los ojos, espejos del alma,
son como un río que empalma
y te despiertan del letargo.

Pues las ideas macabras
qué sólo ofrecen la muerte
no tienen valor ni son fuertes
como las dulces palabras.

Y cuando te sientas perdida
que nada tiene sentido
recuerda que en esta vida
importa más el latido
que alguna frase repetida
que huele a huevo podrido
y así tu voz enseguida
será un canto reconocido.

Haz como el loro barranquero
que canta firme a la aurora
tan cálido el mañanero
como abrazo a toda hora.

Y si el cielo se despeja
de dolores de cabeza
iluminarás con destreza
incluso con moralejas.

Por ello, a los cuatro vientos
ofrenda tus pensamientos
que surquen el firmamento
apaciguando tormentos;
la esperanza recobrada
con templanza bien labrada
le dará nueva estocada
al circo de las pavadas.

Asomar

Quedar bien con todos
pasar inadvertido
perfectamente adaptado
a la opinión general,
no contrariar
seguir la corriente
no distinguir
seguir la creciente,
creer que vamos
que controlamos,
opinar lo mismo
romper el molde
con lo contrario
y darse cuenta
que cambia el punto
y permanece
en idéntica situación
sin variación
la perspectiva,
sin comprender
cuál es el yerro:
lo que está bien
seguirá estando
así alguien diga
qué porquería,
pues la opinión
también varía,
lo que está mal
hambre y miseria
fuego y violencia
explotación
y lo demás
no se escabulle
de las noticias
así lo tapen
con emociones
inundaciones
premoniciones
deformaciones,
y ahí en el medio
( por descubrir )
está la vida
triste y alegre
sueño y dormida
suave, afligida,
tersa, confusa
excelsa o breve
( para explorar )
con pensamiento
con sufrimiento
con sentimiento
y discernimiento
( por conocer )
y hay caras nuevas
hay rostros viejos
hay manos rudas
hoy ojos negros
hay besos brujos
y abrazos frescos
( por conquistar )
hay corazones
mentes inquietas
almas que yerran
cual caminantes
o en los volantes
o en bicicletas,
que van andando
y se detienen
cuando te escuchan
( si no es que luchan
contra el sistema )
y les da pena
perder el tiempo
cederle al viento
o a un dios divino
los trazos rectos
de su camino;
y en la espesura
del movimiento
hallar espacio
para expresarlo
aunque así algunos
vayan a rechazarlo,
pues en las Viñas
también hay riñas;
ser el camino
cubierto en sombras
que luego el cenit
todo ilumina
rodeado por pinos
o paraísos
verá la esquina
como un hechizo
contar tus pasos
cuando caminas
y en las cornisas
habrá palomas
que te dan gracias
cuando te asomas
muy por encima
de las falacias.

Anverso

Hoy no estoy muy lúcido
Estoy más bien lúdico
las ideas parecen pocas
Mejor nos iremos de copas,
A beber, a reír, a soñar
Limpiarnos y sacarnos roñas
¿Por qué todo conduce a Roma
si un recto camino es el amor?
Será que al vivir podrás saber
Que morigeras las penas al besar.

Alto embole

 

El aburrimiento facilita la creación,
tan es así que la misma naturaleza
surgió del embole del Big Bang
que no pudo creer tras la explosión
tanta inteligencia con tanta rareza.

El entretenimiento y su contradicción
mantiene al adolescente en la pieza
que en vez de mates toma un Tang
jugando con las ideas e imaginación
por si el mundo le regala la torpeza.

Y aburridos no encontramos diversión
que disipe el malestar de la tristeza
escondida en alegría como el Yang
que no oculta como lúdica belleza
cuando brilla en su punto la aflicción.

Cuando muere un payaso, maldición,
se vuelve todo más serio, qué bajeza,
el mundo sucumbe al lúgubre plan
devorando las almas con fruición
que le rinde tributo a Vuestra Alteza.

Basta

“La vida es una escuela donde la gente precisa aprender la ciencia de vivir para no sufrir”.  Joao Gilberto

La sensación de que todo te asquea
respirar un momento -de buen gusto-
recuperar la furia con mucho impulso,
el sueño de decir basta, ¿basta de qué?
y de querer mandar todo allá lejos;
hartarse del incesante mundo conflictivo
ansiar un reposo -que morir no asegura-
recobrar el aliento y sentir estar vivo
dar vuelta las cosas, encontrarle sentido
y dar la batalla al repuntar el alba
no perder el aliento que cobra vigor
y ser viva voz al despuntar el vicio
brindar por salud ( rechazándola )
dinero y amor no se cuidan solos,
y hallar en el transcurso de los días
de las tardes que se van en el ocaso
un otro, que al diferir, es el mismo
que conoció el dolor de padecer
lo que la vida no oculta contiene
y ganar el aliento y ser viva voz
cuando despierta del sueño nocturno
esa sensación, esa guía, esa esperanza
de que vida puede ser, está en su sino,
difícilmente soñado, rara vez guionado,
aquello que percibes en un momento
un instante lúcido de buen gusto,
cuando desaparecen las sensaciones
de que todo te asquea, que todo te harta
y en el reposo –esa paz celestina-
de belleza anhelada, de locuaz verborrea
saboreas el paso, medio vacío el vaso
mas contemplar el vaivén,
el ansia de felicidad,
el deseo del fin de aquellos males,
el deleite de los roces,
la sinrazón, el llanto que hiere,
la ofensa, la gratitud,
la mano que llega a tiempo
el consejo apropiado,
la mano que tira la piedra
que te ha golpeado
y basta con decir: qué vasta es la vida.

 


Fotografía: Gabriela Coca

¿Pensar?

El otro día, alcancé a escuchar a una mujer que le decía a quien pudiera ser su nieta, en tono de consejo sabio, “vos no tenés que pensar”, enfática, a lo que podríamos aventurar cómo terminó la frase:
-porque eso no se usa más ( otros piensan por nos ).
-porque pensar pasó al olvido ( ni se recuerda cómo se hace ).
-porque el que piensa pierde ( fruto del exitismo ).
-porque es lo contrario de hacer ( cualquier cosa por más estúpida que sea ).
-porque así me dijeron mis padres ( Dios tenga en la gloria ).
-porque no sirve para nada ( ni menos a la ideología consumista ).
-porque es cosa de filósofos ( esos tipos raros que nadie entiende ).
-porque somos buenos ciudadanos ( que pagamos los impuestos ).
-porque hay que seguir las modas ( y para eso votamos ).
-porque es muy aburrido ( tanto como chupar un clavo ).
-porque no debe ser bueno ( sino sería bastante caro ).
-porque no te puedo controlar ( salvo que lea tu mente ).
-porque está prohibido por ley.

Demasiado

La importancia a la opinión
muy pesado resulta el juicio,
¿cuánto cuesta el bienestar?
No tanto como los vicios.
Se debate en la habitación
qué libro debemos prestar.

Sigue firme el firmamento
sin fecha de vencimiento,
morir lleva a la sepultura
¿será el fin de la cultura?
No creo, en el epitafio
resucitará un viejo adagio.

Así, un consejo justiniano
llega pronto, te da la mano,
rectifica tu pensamiento
altera el comportamiento
en el espíritu repercute
te socorre, luego te nutre.

La caída hacia lo grosero
al mundo vago y vulgar
te aleja de lo certero
que ha de alzar el pulgar
si consideras lo correcto
en ese andar imperfecto.

Y cualquiera se equivoca
si al pensar eso trastoca,
es sabio no repetirlo
y al error corregirlo,
el camino a veces duele
y en eso confundir suele.

Pues no todo son decisiones
ejemplares son convicciones
como esas que dan la certeza
donde tu andar no tropieza
y te guían como luz del alba
quien pide tu alma ser salva.

Hasta tanto, será demasiado
vivir sin sol y nublado,
la lluvia regará las flores
y con ellas los colores
que otorgan gracia a la vida
y a tu existencia bendecida.

 

Fotografía: Jorge Guardia

Serás historia

Dentro de un rato,
serás historia.
Me tomo un trago
y te despido,
de mi memoria.

Quizá me olvide,
de dónde vivo.
Tal vez recuerde,
quizá con pena,
mi amor contigo.

No me hago drama,
me tomo el vino,
sueño a tu hermana.
Todo al catorce
le juego, luego,
en el casino.

Si pierdo plata,
ya no me importa.
Soy ludo, pata,
algo boludo,
que come torta
y usa alpargatas
hechas en USA.

Si al fin recuerdo
mi domicilio,
camino lerdo
subo a mi alcoba
y me recuesto,
duermo una hora.

Quizá el descanso
cure la herida,
me deje manso
y así no sepa
de tu partida.

Al otro día,
ya sin vergüenza,
una poesía
tal vez le escriba
a tu memoria.
Y será, ella,
mi bella historia.

Publicidades

Normalmente la publicidad supera el producto. A diario, se invierten fortunas en publicidad e incluso en campañas para desinformar acerca de lo que se consume, además de las estrategias engañosas de venta. Normalmente, compramos la publicidad, eso es lo que queremos, el producto pasa a un segundo plano.
A continuación, algunas publicidades donde el producto -esperemos- la supera.

****
Vendemos milanesas. Chotas. A veces nos salen crudas. Pero más baratas que en el restaurant.

****
Vendo auto. No frena. Consume mucho. Se rompe seguido. O permuto por modelo más nuevo. Diferencia a mi favor ( el que avisa no traiciona).

****
Vendemos bebidas. No calman la sed en verano, pero ¡Qué deliciosos químicos!

****
Vendemos hamburguesas de soja. No tienen gusto ni engordan. Es como comer cartón pero sin el estigma de la pobreza.

****
Se vende terreno. Lejos del centro, lejos de algún barrio y comercio, lejos de todo. Tan lejos de cualquier referencia que ya no sé ni dónde está.

****
Vendo fondo de comercio con muy buenos ingresos por no poder atender en 12 horas 5 clientes ya que es una lástima y una pérdida de tiempo.

Illusion

La experiencia a veces nubla la razón y nos puede llevar a arribar a conclusiones erróneas, a comprensiones equivocadas que son las que moldean el pensar.
No obstante, puedo afirmar sin culpas que ‘el fin de semana no existe’, es un mito, y me avala la continuidad de las actividades. Aquellos que creen lo contrario viven bajo lo que se conoce como “ilusión de estatismo” de la maquinaria productiva. Sin embargo, nosotros, la maquinaria, continuamos a todo vapor trabajando para que ustedes puedan distraerse un rato.
¡Feliz domingo!

Fotografía: Norma Russi

En el barro todos se confunden

La falta de educación es alarmante
La falta de interés es preocupante
La falta de respeto es irritante
La falta de criterio es intrigante.

En el barro todos se confunden
En el cielo todos se parecen
En la calle todos se sostienen
En el circo todos se divierten.

La música disipa la soledad
Los libros dibujan con seriedad
La radio difunde la novedad
La mañana oculta la oscuridad.

Desde alarmas a preocupaciones
como la soledad, como la oscuridad
parecieran nuestras divagaciones
sobre el firmamento o el pavimento
o de la sociedad y sus privaciones
rendir a la cultura un juramento:
quien mutila las interpretaciones
se adormece ante la realidad.

 

En el limbo

Nada me mueve un pelo
ni es razón para desvelo
que discutan, que se maten
las peleas, los dislates.

Ni siquiera me preocupa
aquello que tanto te ocupa,
que se sufra, que te duela,
los problemas de la escuela.

Si el mundo se vino abajo
o si todo se ha ido al carajo
pintar la cara color esperanza
y así renovar la confianza.

La ideología moldea
el pensar de nuestra aldea
lo que digan lo repito
afirman que eso es bonito.

Terminales de un sistema
ese no es mi problema
quien sucumbe a la alternancia
ha de perder su ganancia.

Más vale pronto que tarde
no es razón para el alarde,
¿quien quiere ser billonario?
Salió un nuevo calendario.

¡Eso no sirve pa´ nada!
se preparó la emboscada
y en el limbo continuaba.
La burbuja no explotaba.

El dolor ahora es azul,
¿Cuántos viven en Seúl?
Ayer me crucé con un loco
me contó que aumentó el coco.

No sé bien si será cierto
no seré vivo ni muerto
nunca tuve ese dilema
no encajaba en el esquema.

Y si la vecina llora
busque un dios así le implora,
el chancho no tiene la culpa
el ya ofreció una disculpa.

Los billetes de quinientos
vinieron para el contento,
no me sirve de escarmiento
leer un nuevo mandamiento.

El futuro (hace rato) llegó,
y de qué estamos hablando,
Él sólo sigue esperando
saber por dónde fugó.

¡Qué me puede importar!
Uno sólo quiere comprar
alcornoques de la Europa
y de Boston, una copa.

No es que sea indiferente
no confunda este presente
lo que pasa es simplemente
que soy parte de la gente.

Adicción a la dicción

-Su caso es el típico caso de sufrimiento agudo por hablar mal.
-¿Pero qué me dice? Si todo el mundo me alaba por mi dicción.
-No me refiero a cómo se expresa, sino más bien a qué es lo que expresa. Usted puede tener excelentes modos de expresión, pero manifiesta una profunda ignorancia de su propio ser.
-¿Cómo es eso, doctor? No logro entenderlo correctamente.
-¿No ve, González? Otra vez cae en los errores habituales. Usted dice que no logra entender, como si entender fuera un logro. O usted entiende lo que digo o bien no entiende. Es simple, González. Además, usted dice que no entiende correctamente, cuando entender presupone comprender lo que su interlocutor dice. ¿Se puede entender incorrectamente? Insisto,  usted ha hecho un abuso del lenguaje y ahora nos va a llevar varios años corregir su mal, González.
-Veo, doctor. ¿Pero, cuál es, en sí mismo, mi mal, como usted dice?
-Yo no arriesgaría un diagnóstico final. El abuso de la boludez al expresarse lo ha llevado a usted a un estado deplorable del cual no puede comprender siquiera una charla trivial, por muy banal que sea y por muy elocuente que usted sea al hablar. Sin embargo, la estupidez no puede ser considerada una enfermedad. Es un mal que nos aqueja desde hace milenios, sin dudas.
-Insinúa que soy un boludo, doctor.
-¡Pero no, González! Otra vez interpreta mal mis palabras. Intente serenarse y llegaremos a buen puerto. Usted… ¿se considera inteligente González?
-Y… más o menos doctor. Ahora, con lo que me dice, tengo el ánimo por el piso.
-Otra vez González cae en las acrobacias intelectuales que poco provecho le han dado. Cuando usted dice el ánimo, es decir, su alma, ¿cómo puede estar ella, que es lo más elevado en usted, por el piso? Usted debe considerar sus palabras, ellas deben encontrar el cauce por el cual fluir.
-Todo el mundo habla de fluir, parece que está de moda…
-Cuando usted dice todo el mundo, ¿a quiénes tiene en mente? Usted puede conocer mucha gente, pero difícilmente sepa la opinión de todos. Ni siquiera en una elección se sabe la opinión de todos. ¡Qué mal que habla González! Cómo pretende sentirse bien hablando así.
-Bueno doctor, no me rete. Me expreso con lo mejor de mis condiciones. Quisiera tener su comprensión de la vida, pero me parece poco probable que algún día arribe a sus conclusiones.
-Eso es lógico, González. Usted desconoce si esas conclusiones son mías propias o las obtuve estudiando a un tercero. Además, reincide en su mal uso del vocabulario al decir poco probable en lugar de improbable. Usted enfatiza la necesidad de llamar la atención, González, de allí su magnífica forma de comunicarse con los demás.
– Entiendo…
– No, González, si entendiera de verdad usted permanecería en silencio.
– ¿Hay alguna medicina para mi mal, doctor?
– La hay González. Pero nuevamente incurre en los errores al cuestionar, debido a que no es su mal, sino que es UN mal que usted padece. Su mal indica que es propiedad suya, el cual no es el caso.
– Pero en este caso, sí es mi caso.
– Vea, González, si usted quiere desafiarme le tengo que anticipar que usted puede terminar mal. Muy mal.
– No era mi intención, doctor, sólo quería validar sus palabras.
– No, González, no. Usted no quería validarlas sino que quería refutarlas. ¿Por qué insiste en desafiarme, González? ¿Usted desconfía de lo que le digo?
– Me cuesta creer que mi pesar es a causa de mi modo de hablar…
– Nunca dije eso. Lo que le he dicho es que su hablar, no su modo de hacerlo, revela un desconocimiento de sí que le ha causado toda la zozobra en la cual usted se desenvuelve y por la cual usted consulta con especialistas, una y otra vez. Su resistencia a creer muestra a las claras la desconfianza que tiene usted con lo que le digo.
– Disculpe, doctor. Es que es muy difícil confiar…
– Bien, González, reconocerlo es un primer paso, no menos importante que los subsiguientes.
– ¿Cómo continúa el tratamiento, doctor?
– Aquí tiene esta receta, González. Se toma una cada doce horas.
– Bien, ¿eso es todo?
– Eso es tan sólo el comienzo, González. Para continuar, recita esta oración veinte veces al despertar, veinte veces por la tarde y veinte veces antes de irse a dormir todo el mes hasta la próxima vez que me vea. Aquí se la anoté.
– ¿Mi mamá me mima?
– Exacto. Es la mejor forma de limpiar el contenido errático de su psique.
– Bueno, doctor, no sé qué decirle…
– Nada, González, no me diga nada. Vuelva el próximo mes para ver qué resultados obtenemos de todo esto. Es un proceso lento, pero con paciencia y perseverancia se puede superar el mal que a usted lo aqueja.
– Gracias doctor. No tengo otra palabra para agradecerle.
– No hay de qué, González. Le abona a mi secretaria antes de marcharse y le pide un turno para el próximo mes. Hasta entonces.
– Adiós.

Sin palabras

Necesito la letra de una canción
para sostener esta efímera emoción
y prolongar en el tiempo su duración,
pero no toda, me basta con sólo un renglón.

También me puede servir alguna frase
o un pedacito de ella que no se pase
de extensa pues luego debo recordarla
cuando otro sentir venga a taparla.

Una sentencia, seis vocablos, una definición
la emoción requiere algún tipo de expresión
verbal, no me alcanza con una sensación
que la grafique, no sirve aquí la imaginación.

De una enciclopedia puede ser alguna fase
astral o un ciclo vital o un cuento que versase
de aquello para lo que no tengo explicación
ni palabras, gestos, ni una torpe declaración.

Es un poco vergonzosa esta particular situación
pero como buen lingüista no paso ningún papelón
pues siempre tengo en un bolsillo del pantalón
para que me entiendan un expresivo emoticón.

Huir del infierno

Asomar la cabeza y conocer la tristeza
ver dolor en el mundo que diluye su color,
tratar las desdichas y las aflicciones
congojas, delirios y putrefacciones,
conocer la locura, tocar la sinrazón
caer en desazón, aspirar a la cordura
donde se ve lo insano, la insalubridad
confiar en la verdad, escapar a lo mundano.

Trastocar los conflictos que no cesan
esperar los veredictos que regresan,
caer en lo vulgar, surfear en lo grosero
soñar con lo sutil de un cielo verdadero
y ver entre tinieblas de lúgubre manto
un resabio de bondad, un lírico canto
que destrabe el malestar –de símil eterno-
y en gritos de libertad huir del infierno.

Comprender que escapar no es morir
que en la razón inmaterial existir es vivir,
que el dolor te despertaba de la pesadilla
que saltabas como ardilla entre faroles
que no veías flores junto a la gramilla
pues la oscuridad tremenda enceguece
y las luces en tus ojos nunca fueron soles
pero al levantar la vista el espíritu florece.

Y en la diáfana voz late el firmamento
que vibra en armonía, ya sin sufrimiento,
tiende puentes, abre puertas y crea lazos
que no pierde referentes en los abrazos
pues en el centro del pecho hay vibración
y el cerebro resplandece con la atención,
pues ya ves que, como todos, vive el árbol
que da frutos y que crece gracias al Sol.


Fotografía: Leandro Coca

Leo cualquier cosa

Leo una sonrisa
Leo una mirada
Leo una bombilla
Leo las entradas.

Leo tus palabras
Leo las tristezas
Noticias macabras
Leo las flaquezas.

Leo estupideces
Leo comentarios
Leo varios diarios
Leo por si creces.

Leo al despertar
Leo caminando
Leo si viajando
Vuelvo a cabecear.

Leo tus poesías
Y tus alegrías,
Rimas repetidas
Y también sentidas.

Leo al socialismo
Y al capitalismo
Leo al proletario
Y el abecedario.

Leo y lo interpreto
Leo algún soneto
Leo los mensajes
Leo los paisajes.

Leo lo complejo
Leo lo sencillo
Leo los bosquejos
Y leo flequillos.

Leo los tatuajes
Leo engranajes
Leo los manuales
Leo los triviales.

Leo y lo comprendo
Leo y me distiendo,
Leo predicciones
Y contradicciones.

Leo cada tanto
Leo cuando puedo
Leo como credo
Leo cada canto.

Leo lo que escucho
Y atados de puchos
Leo lo que escribo
Leo si estoy vivo.

Leo, algo me gusta,
Leo y me disgusta
Leo maravillas
Leo sobre sillas.

Leo las sandeces
Y piropos soeces
Leo los carteles
Y los anaqueles.

Leo simbolismos
Leo aforismos
Leo a luminarias
Leo las plegarias.

Leo sepulturas
Diversas culturas
Leo en las patallas
Y latas de caballas.

Leo ingredientes
Leo las recetas
Leo a comediantes
Leo a los profetas.

Leo y lo descreo
Leo y me recreo
Leo y me divierte
Leo, ¡puf qué suerte!

No sé por qué leo
Todo lo que veo,
Pero entonces creo
Que me llaman Leo.

Sensible

La materia va para adelante
el alma vuelve a la fuente,
a veces te arrastra la corriente
el templo parece un recipiente.

Tus ojos de a ratos iluminan
con ira a veces me fulminan,
si tristes, decaen o se obnubilan
contentos, felices dictaminan.

Tus manos por la causa trabajan
posibles, sin pausa, las barajan
si crueles, perdidas, nos ultrajan
oportunas, dignas, resquebrajan.

Tus piernas, corren luego saltan
te elevan, te llevan, sí, caminan
dichosas en suave ritmo danzan,
coquetas, bellos zapatos calzan.

Tu piel, que en dolores florece,
es libre en placeres mientras crece
susurra las voces cuando escuece
revela secretos, quién pudiese.

Tu voz es dulce con su canto
protesta si le produce llanto
sucumbe si algo le da espanto
murmura cuando lo sufre tanto.

Se nutre de ella la subjetividad
De quien no cae en la vanidad
que vive en la misma realidad
abierta a su vasta sensibilidad.

Doce verbos

Silenciar el pensamiento
Trabajar las decepciones
Sublimar las emociones
Cercenar el sufrimiento,
Disfrutar de los placeres
Derrocar la estupidez
Superar los aconteceres
Dialogar con madurez,
Escuchar a la aflicción
Crecer en la adversidad
Vivir con la ilusión
Subsistir en libertad.

Soñando

Dormido estuve soñando
Y que a mi lado estás vos
Soñando estuve creando
Así como crea un dios.

En el sueño era vertiginoso
El drama y la sensación
Y en un profundo reposo
Soñaba una dulce canción.

Un sentimiento rotundo
Me descubrió en otro mundo
Mas luego el sueño se olvida
Y descubrimos esta vida.

Soñé que el piso era el techo
Y un árbol de fruto da amor
Soñé que un niño en su lecho
Soñaba un mundo mejor.

Ruido que agobia

Y pensar, que de todo el ruido que tanto agobia, hay una voz que llega y toca, cual lira antigua, cual piano choca, teclas y dedos que al cuore embocan, y en ese musical bagaje de palabras, que dicen cosas, algunas dulces otras hermosas, de sensaciones maravillosas, que en tres compases -como en canciones- obsequian frases, tan contundentes como elocuentes que uno las piensa, o las reflexiona, marea inmensa que la emociona y a veces tensa si la presiona, porque de tanto volver al canto el pensamiento con fundamento sostiene bases con sus disfraces para quien viene con sus preguntas, que algunas juntas -de malas lenguas- de vez se expanden, en otras menguan, mas le conviene cambiar de envases pues sus secuaces serán mordaces con esa crítica que mortifica y se desentiende, entonces se eleva por la pendiente de aquél surgente que se subleva, natura dona, y luego entona canción de cuna, para que duermas envuelta en piernas y sueltes riendas -también tus prendas- así lo intentes, como la gente. Que alguien te escriba: vive tu vida; si la descuidas, causa perdida, muy cuesta arriba se hará tu testa, un paso atrás, que otrora resta, será el impulso hacia la dicha. Y tú muy bicha tomando el pulso, irás andando, irás volando, cual ave regio, como un arpegio, y esa tonada es la explanada hacia un estado, reconquistado, del ser, que puedes ver es conocer. Entonces libre de vanidades, vivir verdades, vivir verdad es, es la respuesta que te contesta con alegría una poesía.

De alimento

 

De alimento no uso frases positivas
el alma se nutre de la palabra viva
el cuerpo sólo vive si le das comida
si hay salud, que si enferma pida
medicinas u oraciones divertidas.

No hay palabras que me resulten ajenas
mastico ideas, me trago todo lo dicho
incluso como idioteces y como bichos
de los vivarachos y aquellos de nichos
como casi todo, excepto las berenjenas.

 

 

Fotografía: Jorge Guardia

La lectura es detención

La lectura es detención
pero ustedes quieren seguir
quieren seguir leyendo,
pretenden seguir siguiendo,
a ello les debo decir
que persiguen una ilusión.

Y si seguimos y vamos
seguro nos encontramos
entonces cuenta el encuentro
de lo que llevamos dentro
por ello luego contamos
los deseos que persigamos.

Pues no es lo mismo seguir
el hilo de lo que pienso
versátil, límpido, inmenso
que hoy se deja traslucir
que pensar estamos yendo
a un sitio virtual u horrendo.

Cielo e infierno intercalan
señales en lo mundano,
aunque algunas nos resbalan
otras nos dan la mano
pues la tierra prometida
es un Reino en esta vida.

Pero no nos detengamos
persevera en movimiento,
la lectura de ritmo lento
propicia la reflexión
y ante toda conexión
después del punto sigamos.

El último post

De acuerdo a la orden expresa del Emperador del Universo, sir Francis Quo Topolli, este es el último post que se publicará en toda la Triple W y se mantendrá bajo esa etiqueta por tiempo indeterminado.
Siguiendo con sus directivas, absolutamente todos nos detendremos a pensar si cada post tiene valor, es bueno, aporta, enriquece al lector, etc. Y hasta tanto no tengamos una respuesta fehaciente y valedera, nos abstendremos de postear.
Asímismo, podremos debatir -en privado- las cuestiones a postear y cómo las encararemos de aquí en más.
Puede resultar que no estemos de acuerdo con la orden del Emperador, pero no nos queda otra que acatar o iniciar una revolución para derrocarlo.
Aquellos imberbes que se declaren en rebeldía y posteen a pesar de la orden del Emperador deberán afrontar los castigos pertinentes, según corresponda: horca, guillotina, hoguera o jaula de los leones. Además, no podrán presentar como alegato el desconocimiento de la orden, porque va contra las leyes y quedarían en ridículo.
Podemos tener como resultante de todo esto el acaecimiento de la locura en muchos de nosotros, ya sea por estar impedidos de postear o por estar privados de recibir posteos. Para ello, deberemos afrontarlo de la manera más civilizada posible, evitando todo tipo de desmanes y salvajadas los cuales podrían llevarnos a castigos más severos, como el ostracismo.
Procuremos sortear esta difícil situación de la mejor forma posible, con hidalguía, puesto que sabemos no hay mal que dure cien años.
Y entonces, cuando el Emperador deponga su actitud antiredsocialista, podremos postear nuestras mascotas o desayunos con total desenfado.

O quizás, si trabajamos para la causa, el Imperio caiga antes de lo pensado.
Recuerden que ‘el post mueve montañas’.

La virtualización de la persona

Renace con cada emoticón
perece a golpe de ratón,
se nutre con la publicación
vomita su virtual emoción.

Caduca su imagen del ayer
reacciona a cada acontecer
succiona del chat, anochecer
despierta un like al amanecer.

Besos que ahora son virtuales
amigos que ahora son sexuales
polvos que ahora son rituales
pantallas que disipan sus males.

Piensa que piensa luego existe
piensa que piensa todo embiste
siente en sus ojos lo que listen
decora su rostro lo que visten.

Soy y no soy todo lo soy
soy sólo soy qué lindo soy
soy sólo sé miren qué soy
soy como vos qué sólo estoy.

Actualiza el rostro impío espejo
se parece un poco al de su viejo
se ve que su trino es triste añejo
enchufado a la red luego me alejo.

Estar es no estar en todos lados
aquí como tonto espero sentado,
no importa te sigo bien conectado
no cuenta si estoy incomunicado.

Y miro, y miro, y miro y sigo
escribo, lo callo, mejor lo digo
quiero comunicarme sólo contigo
qué digo, qué torpe, sólo conmigo.

Levanta la idea que de mí tengo
me marcho, me voy, mas luego vengo
lo que ahora no largo no lo contengo
mañana lo charlo, si lo convengo.

Me asombra, al tiempo, que me entristece
sin compus, sin celus, paz que se desvanece
qué buen entretenimiento este que crece
y a quien no le guste, por mí que rece.

Como en un spot publicitario
que se repite seguido a diario
reduce mi pena y vocabulario
si no se parece es estrafalario.

No sólo la imagen se virtualiza
el ser, es el alma que se realiza
la mente se empaña si se desliza
derrapa viviendo por la cornisa.

Lo que ha cambiado son las creencias
facilitadas por nuevas vistosas ciencias
y el comportamiento en las apariencias
se han ido al abismo por negligencias.

Lo paradójico es que, con tanta luminosidad,
todavía se presente en disonante oscuridad,
y que no se vislumbre sapiencia ni libertad
que no sea para comprar parcelas de realidad.

El rey desnudo

La estupidez invade todos los espacios
Y aunque este post es sólo el prefacio
Y en pocas palabras, tímido, despacio
Que anuncia torpe y sin displicencia
Trémulo, la victoria de la inteligencia
Que batalla a diario la contingencia,
Nadie aquí debería darse por vencido
Así aguarde en un refugio reducido
Quien por muy tonto será reconocido
A la zoncera del día, toque la puerta
Porque la misma se mantiene abierta,
Y no hay verdad estúpida cierta
Pues en la derrota siempre pregona
La inteligencia pierde, por remolona,
Si ve a la estupidez con una corona.