Cosas que pasan

Estaba frente a un portal que me conducía Dios sabía a dónde. Yo no. Y con eso no quiero negar que de algún modo sea una suerte de dios. Tenía la llave en mi mano pero no me atrevía a abrir. Sentía un cosquilleo en el estómago y no era hambre. Al otro lado me esperaba el destino, por lo que me decidí y abrí. Y no sólo eso, sino que además entré. Bueno, en realidad miento, porque la puerta no conducía a un recinto cerrado sino abierto. Por lo que salí a él. Mi primera impresión fue la de sentir una inmensa soledad. Allí, estaba convencido, no había nadie. Era raro, porque los sueños suelen estar llenos de personajes, pero este no era uno típico, si es que hay sueños típicos. Lo atípico es que sabía que estaba sólo en ese microuniverso, que no era pequeño, pero era sólo mío. Una luz cálida pero no cegadora inundaba el lugar. También había agua, en un pequeño arroyo del cual bebí hasta saciar la sed que sentía en ese momento. La sentí correr por el cuerpo, refrescando mi garganta, hasta reposar en el estómago. De repente, la soledad que creía me abrumaría, se disipó con la presencia de varios ratones corriendo delante de mí en fila. Algunos atravesaron el arroyo y otros parecían zambullirse en él. Todo había cobrado vida con mi mera presencia. Y eso me alegraba. Pronto, unas gaviotas alzaron vuelo sobre mí y se oyó el graznido de varias. Había varias plantas floreciendo junto al arroyo, de los colores más llamativos: celeste, violeta, lila, turquesa, ¡dorado! El aroma que emanaba de ellas era cautivante. Observé el arroyo y estaba poblado de peces naranjas y amarillos de diversos tamaños que nadaban en él. La paz del lugar me colmaba de satisfacción. Todo era perfecto, hasta que apareció frente a mí una figura colosal. Era un gigantesco cíclope que iba destruyendo todo con su mirada de fuego. A medida que avanzaba, quemaba pastizales, flores, árboles y animales. Era sin dudas Shiva, el dios de la devastación. En mi visión aparecía como una forma casi humana, a excepción de que sólo tenía un ojo. Además tenía dos pares de piernas y su piel era de color azul. Tenía una larga cabellera atada con una trenza y varios brazaletes de oro. Se acercó hasta mi posición y el temor me hizo arrodillar. Creí que sería fulminado rápidamente. Sin embargo, Shiva retornó hacia el horizonte desde el cual lo había visto venir y se perdió de mi vista.

La calma había retornado al ambiente. Nuevamente, varias aves acudieron en busca de alimentos, algunas lo tomaban del suelo otras pescando en vuelo del arroyo. Cuando creí que todo se desarrollaría en tranquilidad, grande fue mi sorpresa cuando emergió un magnífico león al trote. Pero allí no había carne que aplacara su hambre, excepto mi figura. Cuando me vio, corrió rápidamente hasta donde estaba y se paró delante de mí. Caí rendido a sus pies implorando que no me comiera y, no sé si por piedad, no lo hizo. Continuó corriendo a toda marcha en dirección opuesta a la que había aparecido frente a mí. Me sobrevino el calor de repente por lo que decidí darme un baño en el arroyo. El agua estaba tibia, pero me refrescó lo suficiente como para disminuir el calor que sentía. Recogí algunas piedras y las lancé sobre el agua haciéndolas golpear varias veces la superficie del arroyo. La última que lancé hizo un movimiento extraño que acaparó mi atención. Luego de golpear tres veces sobre la superficie, retornó hacia mí y golpeó otras tres veces cayendo delante de mis pies. En ese momento pensé: esto sólo puede suceder en un sueño. Y comencé a danzar en el lugar de felicidad. Si era efectivamente un sueño no había nada que temer, ni dioses, ni leones, ni nada. Seguía bailando alegremente cuando delante de mí apareció un cazador con una escopeta. Pude oír que al verme dijo:
-¡Qué rareza! Sería bueno tener su testa colgada en una pared del living.

Luego, pude ver que me apuntó al corazón. La alegría que tenía en ese momento no se vio turbada por aquél hombre y yo continuaba danzando. Cuando me detuve, vi reflejada mi figura sobre el arroyo. Me sorprendió ver que no era mi rostro lo que se veía en el reflejo, sino que era el de una panthera tigris, vulgarmente conocido como tigre blanco. ¿Yo era un tigre? ¿Desde cuándo? No me importaba, era un sueño y me sentía completo en él. Otra voz le dijo que tenga cuidado al disparar de no dañar la cabeza. No sentía el peligro de mi inminente muerte acechándome. Me di vuelta y me lancé sobre el cazador.

Instantáneamente, escuché un sonoro retumbe. Abrí los ojos y vi que la cama estaba a un costado. El piso seguramente estaba tan duro que al caer eso fue lo que escuché. La felicidad que tenía durante el sueño me duró un par de horas hasta que el ajetreo del día la disipó y olvidé aquello. La llegada de la muerte mostraba a las claras que la vida era cuestión de continuar viviendo. Siempre sucede así. Lo cambiante son las circunstancias, las situaciones. Un cazador tendrá una cabeza más adornando su living.

Por mi parte, ya no soy un tigre y para colmo me duele un poco la cadera, algunas costillas y el hombro derecho.

 

Fotografía: Maru Coca

Niñatos

Hoy vi con curiosidad un niño con vestimenta y comportamiento de adulto. La crianza que le habían dado a Albert había salteado etapas que en otros se veían con mayor claridad.
Albert claramente era un niño, incluso por su estatura, pero su conducta reflejaba la de cualquier adulto modelo, al menos de esos modelos que buscan influir sobre los demás. Esto me hizo sospechar, no ya del pobre Albert que difícilmente saldría de las garras de la programación recibida y, probablemente, la emularía con lujo de detalles, sino de que cualquier adulto que se jacte de tal sólo está emulando la conducta estereotipada y catalogada como de adultos, por niños que perdieron su infancia.

 

 

Fotografías

Fotos de la noche
fotos de tu coche
fotos del mañana
fotos de tu hermana.
Fotos de alborotos
fotos muchas fotos
fotos e ilusiones
fotos de camiones.
Fotos de la cena
fotos de tu melena
fotos en el desayuno
fotos de Neptuno.
Fotos tomando helados
fotos por todos lados
fotos en la fiesta
fotos de la siesta.
Fotografías en la red
tomo fotos por la sed.

 

 

 

*Fotografía: Maru Coca

Año nuevo, vida nueva

El nuevo año trajo cosas nuevas. Ya desde la mañana del primero me asombró ver un piripipichi en el tejado. El piripipichi es una variedad del gorrión que hasta ese momento nadie conocía y lo bauticé, junto con Doménico que es el entendido en la materia, con el nombre científico de Passer piripipí. Es un poco más flacucho que el gorrión común y sobre el pecho tiene una ‘p’ blanca. Se alimenta de lombrices, migas de pan dulce que sobraron de la navidad y alimento balanceado para perros, preferentemente de los baratos, ya que el Eukanuba le produce picazón en el pico.
Pero eso no fue todo lo que trajo el nuevo año. La tarde del dos trajo un ventarrón que partió el ventanal del quincho en cientos y miles de pedacitos de vidrios que barrimos para que no se los coma el perro que había caído con el viento desde el otro lado del paredón. De nombre, Clarita le puso Tugurio y al otro día le dimos un buen baño para sacarle las garrapatas que se habían aferrado tenazmente, asustadas por la tormenta.
La lluvia nos trajo gripe y resfríos y el delivery los medicamentos para paliarlos.
El año nuevo nos trajo un día más en este enero, un interludio entre el 4 y el 5, que llamamos 4 bis, como el colectivo, pero después de disfrutarlo en la pileta con una sensación térmica más que agradable, nos enteramos que ese día nos lo iban a descontar en febrero.
Ya el 6 nos sorprendimos con lo que trajeron los reyes, a saber:
-Un paquete espurio de cacao rancio
-3 limones verdolagas
-Un camello en comodato
-Un rosario de ternura
-Y una réplica de lo que creímos sería el niñito Jesús, aunque luego comprobamos que se trataba de Ken, el novio de la Barbie.
Y a cambio de tan generosa empresa, los reyes se llevaron algunos víveres y como eran magos hicieron desaparecer el aguinaldo.
Finalmente, otra de las cosas que trajo el nuevo año fue una palangana a motor que nos regaló Paty para nuestro aniversario.


Fotografía: Maru Coca

Pinceladas IX

Las acciones habían captado la atención hasta el momento en que el movimiento se detuvo. Pero, ¿esto es posible acaso en el tiempo? Una máquina detenida puede llamar la atención, pero no por su inmovilidad, sino por su apariencia temporal. Un gorrión, difícilmente aunque sí lo puede hacer con su veloz y corto vuelo o con su diáfano canto, no así en su inusitada quietud. Igualmente, en Punta Alta los gorriones no ocupan espacios en los diarios digitales, pero las máquinas –sobre todo los vehículos- llenan las páginas de novedades y, justamente, en una de ellas me entero que un amigo ( Juan José ), que no veo hace tiempo, se accidentó cuando ingresaba a la 229 en el cruce de entrada a Villa del Mar y, en el acto, pereció su mujer, Guadalupe. Utilizo el teléfono de la oficina para llamar al hospital y, luego de varias intentonas, logro obtener su parte médico: tiene fracturas en costillas, y otra fractura en un brazo; tuvo hemorragias internas, por lo que hubo que hacerle una intervención quirúrgica de la que salió bien, aunque está en terapia intensiva, en estado delicado y con pronóstico reservado. Reservo una corona ni bien corto, por precaución. Pero la nostalgia me invade en una ráfaga de sentimientos y sensaciones de otros tiempos: Juan José aplaude desde la calle cuando ve que Charles está en la puerta. El pequeño perro que mi tío le regaló a mi abuelo impone terror en mis amigos, por eso el que más seguido viene a buscarme es Juan José, que es el más corajudo; si no, me toca buscarlos a mí o bien dejar a Charles en el patio. Lo escucho y salgo. Caminamos bajando la pendiente de la calle Espora y continuamos hasta donde no se avizoran casas. Todo es un lugar sin explorar, una dimensión del mundo desconocido en el que vivimos y se despliega ante nuestros ojos. Lo recorremos con curiosidad y ante el menor detalle nos asombramos. ¡Mirá!, me señala Juan José, ¡un topo! Y lo observamos hasta que se nos pierde de vista en una oscura cueva subterránea. A unos pasos una víbora repta hacia nosotros y huimos despavoridos hasta caer a un pozo o excavación, donde un tractor extrae arena que deposita sobre un camión. De la curiosidad pasamos al desencanto cuando, al mirarnos, comprendemos que esa exploración era nueva sólo para nosotros, por lo que sin mediar palabras nos vamos, de regreso, al mundo conocido en el cual nos despedimos, apenas, con una mirada que nos deja solos con un sentir común. Mis ojos giran nuevamente hacía Juan José y veo que me guiña un ojo, que logro ver a pesar de la oscuridad de Mikonos, cuando se adelanta para bailar a la par de Guadalupe, mientras me doy vuelta para buscar un trago. La cabeza gira instintivamente buscando la mirada de Juan José y lo veo a través del vitral de la sala en el hospital con Maximiliano, su primogénito, en brazos, con los ojos humedecidos y una amplia sonrisa. En una mirada profunda, el tiempo queda en segundo plano, y el lazo que nos une en la eternidad nos da la sentencia de lo superfluo del resto de las cosas. Ahora son mis ojos los que están humedecidos y los puedo ver en el reflejo de los ojos vítreos del médico que me da la noticia de su deceso, mientras ensaya con las facciones del rostro una conmiseración al sentimiento que no puedo ocultar. Tras estrechar en un abrazo a su padre, enseguida paso a despedir los restos que yacen dentro del cajón. Y, claro, son sólo los restos porque todo lo central en Juan José se disolvió en el universo y ahora es parte de la Vida.

( Por qué Vida con mayúscula, le pregunto con aquella curiosidad de explorador; y Juan José, lejos de mirarme, me responde con suavidad: porque es el soporte de tu vida minúscula ).

Felisa felisa felizaño

En el mundo hiperconectado tenemos que reaprender a despedirnos, decirnos chau o hasta la próxima nos recuerda que el tiempo, el nuestro, no es infinito y las personas pasan y no siempre están. Y si están, no están siempre igual, más allá de la forma que es lo más estable en cada uno. Conocernos es reconocer lo cambiante sobre lo que no cambia, reconocer las virtudes propias y ajenas. Y al despedirnos algo nuestro se va con esas personas y algo suyo se funde en nosotros, y en esa homogeneidad entre la diversidad celebramos la unidad vital.
Por eso hoy les digo hasta el año que viene ( y en los próximos en los que tengamos por suerte encontrarnos ).
¡Feliz año!

Fotografía: Manu Coca

19 FORMAS DE PERDER EL TIEMPO

1-Hablar del tiempo.
2-Debatir acerca de los cambios del tiempo.
3-Contar el tiempo.
4-Filosofar en torno a los cambios del tiempo.
5-Vivir para recordar el tiempo.
6-Imaginar lo que traerá el tiempo.
7-Adelantarse en el tiempo.
8-Quedarse en el tiempo.
9-Querer ganarle al tiempo.
10-Aferrarse al tiempo.
11-Dejar pasar el tiempo.
12-Correr al tiempo.
13-Tratar de definir el tiempo.
14-Estudiar definiciones del tiempo.
15-Tratar de guardar tiempo.
16-Prestar tiempo.
17-Robar tiempo.
18-Escribir, publicar y leer 19 formas de perder el tiempo.
19-Darle megusta a este post.

 

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Los zapatos

El viejo y la vieja del Pachu siempre enseñaban con sus consejos y ocurrencias. Recuerdo aquella tarde de abril en que don Sixto nos enseñaba cómo hacer para entender a los demás.
-Vos tenés que ponerte en los zapatos del otro.
Y doña Carmen agregaba elocuente:
-Pero primero esperá que saque sus pies.

Ana e Inés

Dos amigas que cursaban la carrera de odontología en los años noventa, compartían la habitación de la pensión de Alcira sobre calle 4. Una de ellas, Ana, siempre respondía a destiempo los cuestionamientos de la otra, llamada Inés. Por su parte, Inés alternaba episodios de euforia y depresión, de bronca y alegría a intervalos regulares e irregulares. Ana sentía empatía por su amiga, pero cuando la quería asistir por su depresión, por ejemplo, Inés ya estaba cantando a grito pelado; o cuando la quería acompañar en un baile, Inés ya soltaba el llanto.
Así pasaron sus años de cursada en que Ana Crónica se desenvolvía en tiempos que ya se habían despedido sin que ella lo notara e Inés Table dudaba entre estados anímicos que duraban lo que un suspiro.

Cansancio

A decir verdad, la gente está cansada. Duerme mal y se levanta cansada. O se colma de actividades físicas y/o intelectuales y junta cansancio con el trajín del día. Prende la tele y ya se cansa. Escucha las mismas canciones con diferentes intérpretes y termina cansándose. Cada tanto aparece alguna novedad, como Despacito, pero se lo pasan tantas veces que se va cansando rápidamente. No va al cine porque es cansador; prefiere ver películas en casa, porque si de cansarse se trata, ¿para qué cansarse de más? Hace el amor y termina cansado. No le queda más remedio que comer para despejar el cansancio. Conduce cansado y se despide al caer la noche de los familiares en el hogar y sus amigos virtuales con un dejo de cansancio. Se duerme y sueña que está cansado de todo, y al despertar, no sabe si la pesadilla es la vigilia o el próximo sueño. Espera que termine el año para llegar al descanso, aunque se canse de las fiestas. Festeja y se levanta cansado, pensando: otro año más cansador que el anterior, como todo baile que da sueño. Por eso mira “Soñando con bailar”, porque piensa que bailando va a poder descansar. Pero está tan cansado que no se anima a bailar.

Como pasatiempo

Este año no me dí cuenta, pero sí medí cuentas. Aprendí poco y me prendí bastante. No canté odas ni cantos aunque conté cosas y cuentos. Tuve revelaciones y no me desvelé. Amé, llamé, clamé y reclamé. Obtuve respuestas sin preguntar. Hablé y callé entre calles y cables. Tuve calle pero no cancha. No anduve en lancha, ni voy en tren, voy en avión. Viajé de un viaje. Subí bajé sin subibaja. Contraje vínculos con traje. Contrabajo no toqué, con trabajo conté. Tuve aventuras con desventura. Me reí del Rey. Cada vez que se va un año se me da por repasar el pasar del tiempo y los años.

Diálogos y discusiones

En una discusión, los partícipes se van con sus ideas previas fortalecidas. El interés radica en defender una postura, por lo que se producen choques y encontronazos. Sin embargo, en un diálogo, hay un interés mutuo de comprender la otra punta de la comunicación. Las fronteras que separan tienden tienden a disolverse y se produce el encuentro.
Por ende, dialoguemos más, discutamos menos.

Es un mensaje de la Secretaría de Relaciones Humanas y la de tu hermana.

Jugás de enganche

Cuento escrito en dupla técnica con Martín Díaz.

El profe Baldeverde pasó corriendo por los pasillos del vestuario local y al doblar en el cruce se topó con el Tronco Benítez que llegaba silbando el himno con el bolso colgando de un hombro. Al verlo desencajado, el Tronco le preguntó qué sucedía, pero el profe se lo sacó con un ademán brusco y enseguida se metió en la sala de la enfermería, justo al lado del vestuario de los árbitros.
El Tronco imaginó que al llegar al vestuario se encontraría con un panorama revelador y al abrir la puerta estaba José Luchard, el técnico del campeón, agarrándose la cabeza y puteando al aire de lo lindo. Sobre un banco, agachado, lleno de vómito sobre el jean y las zapatillas, cantando un spot de Quilmes lo vio al Peluca Moratín, líder, capitán y enganche del equipo aurivioleta. Pascualito, el utilero, había dejado el bolso con las camisetas sobre la camilla y con un lampazo con ahínco limpiaba el piso y el hedor que había dejado el vómito.
-¡Peluca y la puta que te parió!-gritaba desaforado José Luchard- ¡Me cago en vos y en la madre que te parió!
En bancos opuestos observó a otros jugadores que charlaban entre sí, risas de por medio que los hacían distender un poco de la tensión de la situación.
-¡Correte, Tronco! ¡Otra vez en el medio! –le recriminó desde atrás el profe Baldeverde que pugnaba por ingresar al vestuario.
-¡¿Qué conseguiste?! –le preguntó José Luchard expectante.
-¡No hay un carajo! Dos curitas y algodón es todo lo que hay.
-¡Pero me cago en la puta madre! –exclamó Luchard dándole un puntapié a un bidón vacío- Este Peluca me tiene podrido. Sacámelo de acá.-El técnico había dado un giro de ciento ochenta grados en su actitud.
-¿A dónde lo llevo? –le preguntó el profe contrariado.
-Problema tuyo, acá no lo quiero ni ver.
Los demás jugadores del auri seguían entrando al vestuario y procedían a enterarse de lo acontecido, o buscaban algún lugar para empezar a cambiarse. Afuera empezaban a escucharse cánticos y algún redoblante. El profe se cargó al Peluca de un hombro con un esfuerzo descomunal y salieron por la puerta del vestuario. El Tronco seguía impertérrito observando todo desde donde estaba cuando vio que se le acercó Jose Luchard quien al mirarlo de frente le dijo con firmeza:
-Tronco, hoy jugás de enganche.
Al Tronco le dio una sensación de pánico mezclada con ilusión, que se vivificó en un cosquilleo eléctrico en el estómago. “El Tronco Benítez, tronco como pocos, picapiedras con maza de goma usando la diez”. Los sueños y los deseos tienen esa pizca azarosa que hace que se fusionen con la realidad cuando uno menos se lo espera, pero el Tronco, sin fundamentos lo había deseado durante años que sólo lo había podido ver cristalizado en sueños. Limpió el banco que había dejado vacante el Peluca, con trapo y detergente, y se sentó a ponerse las vendas. El Tronco seguía imaginando, y en ésta ocasión tiraba caños, lejos de su habitual desempeño –en entrenamientos, porque hacía tiempo que no pisaba el césped en un partido oficial- en el que la peleaba con sus escasas virtudes y su lentitud para moverse. Al lado suyo estaba Ramón Alvarete, el arquero que tapó el penal que le daría la clasificación a los playoffs que luego desembocaría en el campeonato.
-Confío en vos Tronco. Sé que podés darnos mucho.
-¡Siempre lo mismo el Peluca, eh! –le dijo el Tronco para disimular el rubor que corría por sus mejillas.
-¡Es un pelotudo! Ponerse en pedo en una semifinal… Pero no te calentés, Tronco, hoy la vas a romper.
-Partido difícil hoy che… -desviaba la atención el Tronco.
-Hoy, Tronco, no corrás al pedo. Parate y pensá, ¡pensá! Tocá y hacé jugar al equipo.
El Tronco Benítez empezaba a sentir la presión sobre sus hombros, traducido en nervios que le dificultaban ponerse las medias. Se calzó los botines y se acopló a la fila de jugadores que salían del vestuario. José Luchard lo miró pasar haciéndole un gesto afirmativo con la cabeza, sentando confianza. A su lado, Pascualito le sonreía y le dio una palmada en la espalda.
-¡Vamos Tronco! –lo animó.
Enfilaron para debajo de la tribuna, donde ya se escuchaban cantos cada vez más rotundos, a hacer el calentamiento previo. Los cortos violeta con el número diez llamó la atención del periodista de radio que cubría las acciones del campo de juego. El relator de la radio, notificado de la situación, se sorprendió antes de que entren a la cancha, “…el equipo donde la bruja Sanabria vistió esa casaca…se le fue la mano al técnico, roza lo burdo, ¡es una falta de respeto! Está bien que el Tronco es un buen tipo, muy querido en el plantel, te diría que es casi el amuleto de la suerte, pero ponerlo de enganche en una semifinal no se le ocurriría ni al peor guionista de un film. No te da un pase limpio ni gambetea. Hace tres años que no juega 15 minutos seguidos. Lo digo previo al partido porque después vienen los reproches: Luchard, en esta la cagaste”.
El altoparlante anunciaba la formación de los equipos. Cuando con la diez lo nombran al Tronco Benítez hubo conmoción, risas y hasta algún tibio coro en la tribuna. El dirigente Santana, con su campera de cuero cubriendo sus kilos, con sus pelos blancos a tono con la barba, sintió correr el sudor por su frente. Esto es una broma, pensó. El sentido del humor nos impregna de alegrías hasta en los momentos de zozobra. Salieron al campo de juego los árbitros, el elenco visitante que iba de punto y ahí nomás apareció el buzo verde de Ramón con la cinta de capitán en el brazo izquierdo y todo el colorido aurivioleta que daban las camisetas atrás. La última que vio el público fue la diez del Tronco, antes de que la lluvia de papelitos y las cortinas de humo les taparan la visión.
El partido daba comienzo y el Tronco tiene la pelota, se le vienen dos encima cuando la está por pisar y con un taco hacia delante se los saca a trote lento, y mete un bochazo limpio que deja mano a mano al nueve contra el arquero, definiendo con un remate fuerte a la derecha. La tribuna casi se viene abajo y el coro de “Olé olé olé olé, Tronco, Tronco” empezó a despegar, pero unas campanas le pusieron un freno a la imaginación del Tronco: son las de la iglesia a dos cuadras que llaman a sus feligreses. El Tronco parado en la puerta del vestuario se quedó escuchando el canto de un ave posado sobre la ventana. Todavía no había clima de partido, faltaba que lleguen los muchachos. José Luchard se le acercó al Tronco, lo miró de frente y le dijo:
-Tronco, hoy te quedás afuera.
Se despidió, dio media vuelta y se fue caminando por el pasillo. Desde el vestuario de árbitros, los jueces escuchaban el silbido del himno.

Lógica

Todos tienen razón, razonamos,
Y si no la tienen se la damos.
Aquí no cuenta a dónde vamos
Sólo cuenta si no la contamos.
Mientras tanto te cantamos
Y ese canto te lo regalamos
Como ves no te lo cobramos
Y si no lo ves te lo estampamos.

Historia universal de la Historia

La Historia de cualquier cosa es algo que está en proceso de transformación, no sólo por los acontecimientos sino además por cómo se cuentan tales, quién los cuenta, etc. Por lo tanto, no es sólo pasado, salvo cuando tratemos de una historia ( de un pueblo, de una relación, etc. ) que ya no corre.
La Historia de ese algo vigente está cargada de presente y por tal tiene un devenir. Ese algo como parte de La Historia puede ser muy variado y puede estar compuesto por diversos factores como involucrados, sucesos y demás; pero me explayé demasiado en un tema que no es mi competencia, porque a mí lo que me gusta son las historietas.

Seguí

Estaba aburrido, demasiado diría, y salí a caminar. En principio solo, pero enseguida se me dio por seguir a un tipo que parecía saber a dónde ir. Al rato me di cuenta que deambulaba sin rumbo, por lo que me dispuse a seguir a una señora que iba con un carrito a paso lento, pero firme. A los pocos metros se metió en una casa, que supuse suya, y la muy descarada me cerró la puerta en la cara con asco. Ahí nomás seguí primero a un joven que entró en un local de comidas, luego a una pareja que me preguntó qué quería por lo que tuve que desistir de seguirlos, y después de un tiempo seguía prácticamente a toda la gente que andaba por ahí, por turnos. Quise seguirlos a todos juntos, pero los destinos no siempre convergen, aunque una muchedumbre que seguí ingresó en un estadio a ver un recital. Algunos me daban charla, mientras que otros me cortaban el rostro. Pero no me preocupa. A mí no me importa eso de llegar a algún lado, eso de estar no es lo mío, lo mío es seguir.

Una palabra

Hay una palabra
para cada situación,
hay una palabra
viva en cada ocasión,
hay una palabra
que te saca del apuro,
hay una palabra
que ablanda al más duro,
hay una palabra
que te abrirá mil puertas,
hay una palabra
que destruye las inciertas,
hay una palabra
difícil de predecir,
hay una palabra
que no te voy a decir.

Con sentidos

Además del…

…gusto ( y una rica cerveza )
olfato ( qué bien huele tu cabello )
vista ( hermoso paisaje )
oído ( tus dulces palabras )
tacto ( tu suave piel )
el sexto sentido
el doble sentido ( ese )
el sentido del humor
respirar, alegrarse, llorar y deambular
la música que toca el corazón
vivir sintiendo
sentir la vida
y verte feliz…

…no le encuentro mucho sentido a todo esto.

Fotografía: Leandro Coca

Arte, literatura y comodidad

Uno de los motivos de por qué no se lee literatura en la actualidad ( o se lee poco y nada con respecto a otros modos de esparcimiento), pienso, es por la excesiva comodidad en nuestra sociedad occidental y la búsqueda de tal. Cuando el lector se enfrenta a un texto, debe ‘moverse’ para interpretar, entender, descifrar, reformular lo escrito. El lector es partícipe, no mero espectador y este punto no es poco relevante. Esto no siempre pasa con otras artes, como las audiovisuales, o debería pasar, pero no se evidencia mucha receptividad, debido a la explotación del entretenimiento para con los sentidos de la vista y el oído. El arte, en esos casos, no siempre mueve, o la experiencia artística es limitada. Pero más allá de eso, si es una apreciación pobre o carece de vigor, lo paradójico del asunto es que para leer,como condición casi necesaria, se tiene que estar cómodo .

La vuelta

Vuelve el genio y su locura,
vuelve y cura con su ingenio.
Vuelve y canta melodioso,
canta volviendo, es ingenioso.

Recita cantatas que saca del alma,
saca cataratas al recitar, te da calma.
Le escribe a tu cuore, le lleva alegría,
alegre es cribiendo, tu cuore es mi ría.

Se canta, se baila, se vive, se roza.
Cantando y bailando, la vida es hermosa.
Se mira y se ve, quien mira gustosa.
No quiere mirar, piensa en otra cosa.
Se escucha en la vida el canto y su rima,
quien oye levanta su alma a la cima.
Se pasa la vida vendiendo estampitas,
te canto, mi vida, prendeme velitas.
La luz de tu encanto cautiva mi mente,
ya voy terminando, por hoy, suficiente.

Te despido, este día, te echo fuera, despedida.
No traigas tu llanto, quedátelo vos, bienvenida.
Vos volvé cuando quieras, mi preciosa no cosa,
alma etérea, corazón, vida, siempre mía, rosa.

Por eso no es desatino,
cantarle a un peregrino,
él da vueltas el mundo,
cree ser vagabundo.
Mas cuando encuentre su rumbo,
de un plumazo, yo lo tumbo.
De estupefacción, un segundo.
Su satisfacción, es pa´l mundo.

Hoy

Hoy escucha,
ya no hay más lucha
en tu vieja cucha.
Ya todo es paz
no queda más
sólo capaz
disputar, nada,
tal vez, quizá,
por una empanada.

*******

Hoy he sucumbido al insondable universo que hay en ti
he caído en lo profundo que hay allí
he tratado de salir y veo que
tú posees ya las riendas
o el timón
de esta nave que no tiene
corazón.
***********

Hoy sueño
que soy tu dueño.
Hoy vuelo
abandono el suelo.
Hoy lloro
y tu amor imploro.
Hoy veo
a tu novio el feo,
Hoy pienso:
he sido un menso.
*******

Hoy canto
a pesar del llanto
que haberme, embargado tanto
y después de tanto quebranto
hoy pienso: ¡No fue para tanto!

***********

 

Finales

Y si el mundo es destruido
si tu recuerdo se desvanece
si tu flor marchita y perece
y todo se pierde en olvido…
¿Habrá tiempo para entender?
Lo que se comprende por ser,
tu nombre sólo será un rumor
mas nunca morirá el amor.

Usos prácticos del té

Si bien todos conocen los usos medicinales del té, por aquí les dejo un listado de usos prácticos de las distintas variedades de té.

Boldo: para cuando se te cae el toldo.
Manzanilla: para combatir ladillas.
Menta: para que otro pague la cuenta.
Canela: si se te gastó la suela.
Negro: si te hace bromas tu suegro.
Tilo: por si te quedás en vilo.
Frutilla: si se te rompe una silla.
Durazno: si tu presidente es un asno.
Vainilla: cuando te clavás una astilla.
Caramelo: para cuando te caés al suelo.
Ensueño: si no tenés dueño.
Tisana: cuando te grita tu hermana.
Naranja: si te pica la … nariz.

A la misma vez

Había una vez, que no era una simple y sencilla vez, sino más bien una bombucha, cargando en su interior cantidad de agua esperando llegaran los carnavales. Esta vez, la susodicha había cobrado dotes de superioridad y lejos de atenerse a su condición de bombucha de carnaval creía ser verdaderamente una bombacha de campo, por lo que resolvió montar cual jinete sobre un caballo blanco ( que no sería precisamente el de San Martín sino uno más moderno y a la vez actual) en vez de ir a reventarse contra la blusa de una jovencita que esperaba la llegada de la primavera. Pero no sería la primera vez que una bombucha devenida en bombacha caería presa de lo que se conoce como falsa ilusión o ilusión óptica, ya que lo que intentó montar no era efectivamente un caballo blanco sin montura sino que se trataba de una vieja escoba al estilo del vehículo de Cachabacha. Al percibir esto se decepcionó de tal manera que entró en depresión profunda y dejó de pensarse bombacha para considerarse apenas bombilla y pasó a habitar uno de los mates del caserón, el que se usaba para reuniones de amigos. Esta vez, la bombilla del mate ya no participa de las charlas, más allá de que alguno de los partícipes de la ronda que se demorara con pasar el mate y, a su vez, otros le recriminaran si le “está enseñando a hablar”, la bombilla parece no estar interesada y hay quien dice que ya estaría repensando en variar su condición ( o la creencia de la misma ), y hasta aseguran que la pobre ya se cree bombita eléctrica y bomba mediática a la vez.

Pinceladas VIII

¿Queda alguien en Punta Alta que recuerde cuándo se le cambió el sentido a las palabras? Tengo un mundo de sensaciones que te quiero regalar, pero no es un mundo, es un cúmulo, como cada persona. La publicidad lo decía como bondad, porque así se lo suele creer, para no considerar la posibilidad de fraude. Es más sencillo la pasividad de aceptar el engaño que el rol activo de considerarlo. La palabra mundo se refiere al todo, pero ahora sólo se suele utilizar para designar un conjunto, el cual es un reducto. Entre esas cavilaciones andaba cuando llegué al reducto laboral y me vi rodeado de cúmulos, cada uno en su mundo vacío. Pero cada tanto, el hechizo se rompía y nos encontrábamos en el mundo, tal vez por alguna gracia que nos hacía reír o un sentimiento añejo que nos despertaba en la unidad de esa realidad. La única. Pero eso duraba poco y las espacios que separaban unos cúmulos de otros eran abismos en el tiempo que procurábamos cruzar con la cordialidad del ambiente laboral. Aunque sólo era en nuestra imaginación donde estos cúmulos tenían lugar y no en la realidad donde nada nos separaba. Más abajo, estoy separado de mis compañeros por algunas paredes o vidrios cubiertos con cortinas que le dan cierta privacidad a las actividades de cada uno. Pero a mi lado, sin paredes ni cortinas que separen los ambientes está Marisa, que cada tanto baja de su nube y me dibuja una sonrisa. Entonces, le retribuyo con pinceladas de caricias que no ensayé, pero igual la alegran, sin preguntar si fue improvisación pura o espontaneidad natural y me ofrece un café. Acepto sin condiciones y me envuelve una nube de sentimientos mientras la veo alejarse por el pasillo. Después llueven lágrimas y algún sudor por la frente, que seco con el pañuelo bordado, y ahí me doy cuenta que el aire acondicionado no está funcionando. Llamo al encargado del mantenimiento para comunicarle el desperfecto, pero me da ocupado. Me levanto para ir al baño y la silla se me queda pegada en el pantalón. Estimo que ha sido otra broma de Abel. Camino con la silla a cuestas por el pasillo y escucho una carcajada cuando paso por su oficina. Sin dudas fue él, pero no me detengo pues el baño me está esperando impaciente. Al entrar, trabo la puerta con el pasador y me saco el pantalón con silla dejándolos en el piso. Cuando me doy vuelta, quiero levantar la tapa del inodoro y observo que está pegada al mismo. Busco los tornillos de plástico en la parte de atrás, se los quito y con toda la fuerza arranco la tapa. Después, al pantalón no logro despegarlo de la silla ni viceversa, por lo que me lo coloco con silla y camino hasta la oficina de Abel. Él se recuesta sobre la silla en la que está sentado y la hace girar con aires de triunfo dando vueltas sin detenerse ni brindarme una solución. Bajo las escaleras de entrada con la silla a cuestas ante la risa contenida de algunos curiosos y, al llegar al estacionamiento, me quito pantalón y silla para subir al auto, dejándolos en el asiento trasero. En algún tramo del trayecto a casa, hay un control policial y me veo obligado a detenerme. Una mujer policía me pide la documentación y, al verme en calzoncillos, me pide que descienda del vehículo. Trato de narrarle lo ocurrido, pero no me cree, a pesar de que intento mostrarle la silla detrás. Enseguida, me pide que sople sobre una boquilla de plástico. Pero cuando estoy por soplar, estornudo sobre el uniforme de la agente, quien se ve ofendida y molesta al ver la excreción en su vestimenta y, en un rapto de asombrosa destreza y potencia, me esposa y me sube al patrullero sin que pudiera ofrecer resistencia. La lluvia torrencial que cae mientras viajamos hasta la comisaría me da la sensación de que bajo ese manto de nubes los cúmulos que nos separan se disgregan y se conforman en aquél, pero al llegar, entre dos oficiales, me dejan en un vetusto calabozo confirmando la separación. ¿De qué se me acusa, oficial?, le pregunto. Ebriedad y resistencia a la autoridad, me dice antes de alejarse y dejarme en la soledad del mundo y alejado de otros nubarrones.

En línea

Leyó tres líneas.
De tres palabras.
Tres cada línea.
Se detuvo.
Leyó la primera palabra que no entendió y la buscó en el diccionario.
La definición que le dio no lo satisfizo.
Continuó leyendo en el diccionario palabras al azar.
Vaquetón. Tecolote. Santónico.
Tachó la que no había entendido en el libro y sobre ella escribió “aguacha”.
Cerró el libro y lo devolvió.
Encendió la televisión y sintonizó el canal ocho.
Se veía lo que había grabado una cámara de vigilancia.
La imagen mostraba a un hombre robando una panquequería.
De un patrullero bajaron dos policías y lo acribillaron a balazos.
La muchedumbre se acercó a devorar los restos.
Incrédulo, exclamó: ¡Lecteriano!

Cara de libro

Me gusta
la lluvia que no moja
El viento que no sopla,
El sol no me calienta
La luna no me llena.

Me encanta
La noche más oscura
El alba clarifica,
La tarde que temprano
Llega más vale tarde
que nunca .

Me divierte
El grillo y saltamontes
Con sus patas traseras,
El traste de mengana
con sus tartas caseras.

Me enfada
El motor iracundo
La bocina que relincha,
La fruta la disfruto
El globo que se pincha
Yace moribundo.

Me entristece
Verte padeciendo
Felicidad esquiva,
Saber que al ir creciendo
Te sentirás tan viva.

Me asombra
La voz que llega justo
El tacto inesperado
El momento oportuno
Un verso disfrazado
Tu risa y lo veraz
fugaz.

¿Cómo?

-Amor, ¿Preferís milanesas con puré, ensalada de atún o pollo con papas?
-Como cualquier cosa.

-¿Te diste cuenta que hay cosas que no son para siempre, relaciones, trabajos, lugares, posesiones?
-Como cualquier cosa.

-¿Cómo puede ser que algo que sólo apareció en la imaginación de un hombre cobre forma como idea tangible y se materialice en un objeto?
-Como cualquier cosa.

-¡Me tenés podrido! ¡Que te cocine tu vieja!
-Como cualquier cosa.

Casi

todo está mal.
Los árboles son la excepción
la regla es la deforestación
de la naturaleza más pura
como así también de la cultura.
Los buzos rotos están mal cosidos
los miserables están mal paridos
la intención está mal camuflada
la contaminación está mal disimulada
la estupidez está mal publicitada
la propaganda está mal concebida
la conciencia está mal comprendida
los pulóveres están mal tejidos
los matamoscas me tienen podrido
los dirigentes me da igual.

Las canciones están mal cantadas
los hechos están mal contados
los cuentos están mal leídos
las mentiras están mal narradas
las falacias están mal envasadas
y los soretes están mal cocidos.

Los dibujos están mal pintados
las poesías mal recitadas
las uñas están mal cortadas
las cabezas están mal peinadas
los huevos están mal rascados
y los loros están mal hablados.

Las comidas mal masticadas
las personas están mal pensadas
las frases están mal escritas
y ni hablemos de las papas fritas.

Los planetas están mal nombrados
los nombres están mal llamados
las llamadas están mal marcadas
y las marcas mal registradas.

Los sentidos están mal tratados
los tratados mal redactados
los flujos están mal encauzados
los calzones mal confeccionados
los pensamientos mal encaminados
los caminos mal señalizados
las señas mal interpretadas
las palabras mal utilizadas.

Las semillas están mal sembradas
las tierras están mal labradas
las yerbas están mal del mate
y la cordura está de remate.

Las preguntas están mal formuladas
las mascotas mal alimentadas
las familias mal comunicadas
los consumidores mal informados
los productores están mal parados
y los maestros mal educados.

También está mal el exceso de sal.
Las discográficas están mal orientadas
la música mal escuchada
las fotografías mal enfocadas
las redes mal entrazadas
los refranes están mal dichos
los castigos mal legalizados
los poetas están mal vistos
y los crápulas mal bichos.
Los escritores están francamente mal.

Las casas están mal de entrada
las calles mal asfaltadas
las ciudades mal iluminadas
las fortunas mal acumuladas
la basura está mal repartida
las migajas mal distribuidas
los doctores están mal pagados
los enfermos mal acompañados
los tiempos mal cronometrados
y los naipes están mal barajados.

Los actores (tienen) malos repertorios
las películas malos augurios
los augurios malos guiones
los conciertos malos preludios
los programas malos estudios
los estudiantes malos programas
los cuadros malas exposiciones
las exposiciones malas conclusiones
las novelas tienen malos dramas
los dramas malas actuaciones
las actuaciones malas filmaciones
las filmaciones malas direcciones
las directivas malas perspectivas
las perspectivas malas percepciones
las percepciones están mal observadas
las observaciones mal diagramadas
los diagramas
parecen estrofas
las estrofas
se van por las ramas.
Pero hay algo seguro
el arte tiene futuro
indudablemente promisorio.

En la balanza

Hay cosas que quisiera cambiar
Hay dolores que quisiese evitar
Hay veces que quisiera murmurar
Momentos que quiero vivir.

Hay cosas que no cambiarán
Hay dolores que debo afrontar
Hay veces que debo callar
Momentos que se escaparán.

Hay cosas que van a cambiar
Hay dolores que puedo evitar
Hay veces que voy a expresar
Momentos que puedo vivir.

Y se irán

Pensamientos imprevistos se acercan hacia mí
sobrevuelan mis ideas y confunden mi pensar.
¿De dónde vienen estas oscuras golondrinas
cuando cambia la estación? Es seguro volverán
son algo vertiginosas, por aquí no anidarán
rondarán los sentimientos al doblar la esquina,
y en dicho sobrevuelo harán mi cabeza tensar,
mas después se alejarán, por un rato les temí.

Cuando las veo volar en mi oscuridad y ruinas
pienso que traerán magras novedades al pasar
luego sé que es poco más de lo que algún día vi
porque a tientas supe andar, por ese camino fui
entonces puedo esperar, la luz vuelve a regresar
solitas se marcharán, las oscuras golondrinas.

 

La mitad

Eleva tu plegaria hacia la aurora
Que el sol se ocupe del asunto
Pues quien se descuida rememora
Aquellos dilemas sobre el vaso
¿Está medio vacío? Te pregunto,
Conserva tu pena ante el ocaso.

 

Del olvido

Calma al amanecer despejado
brilla el sol tibio sobre el tejado,
qué será de la noche inoportuna
ha quedado olvidada con la luna
entre estrellas de luz y de esperanza
en el cuadro celeste hacen su danza.

Pero el día se anticipa fervoroso
tras ese buen renovador reposo
hace olvidar el mundo de momento
todo mal, todo pesar, todo tormento
y la calma se parece al optimismo
al saber que abajo quedó un abismo.

Y te elevas con los brazos hacia el cielo
infinito bondadoso, tan paciente verdadero
donde brota el amor inconmensurable
por sentir, por amar, vivir lo perdurable
porque a veces el olvido es el perdón
y olvidar es un alivio a la tensión.

No todo cambio se gesta por decisión
hay algunos imperceptibles sin opción
cuando a tientas ya madura el corazón
que explicarlo no encuentra una razón
cómo algo nuestro ha venido a perecer
y eso muchos tienden a llamarlo crecer.

No por mucho recordar el mal obrar
lograremos a una solución llegar
pero puede una reflexión persistir
que le otorgue sentimiento a este vivir
pues abiertos a una nueva dimensión
obraremos tal como una bendición.

Ciclos

-¿Y a qué te dedicás?
-Hago trabajos de reciclado en plásticos, metalíferos y de origen vegetal y reordenamiento de desechos urbanos.
-¡Muy bien! ¡Felicitaciones! ¡Qué bárbaro!
-Este…
-A mí me encanta la gente que hace cosas por el medio ambiente.
-Bueno…
-Que se preocupa por el destino que se le da a los residuos.
-Eh…
-Gente que hace cosas para que el mundo sea cada día un poco mejor.
-¡Soy ciruja!
-Ah! Este…Bueno… ¿y cómo te está yendo?

Decálogo para el lector posmoderno

1-En cada palabra que lea imagine un concepto alternativo que podría reemplazarlo hasta alcanzar la satisfacción que el texto no brinda.
2-En literatura el orden de los factores altera el producto, por lo que un texto se puede leer de infinitas maneras brindando resultados diferentes en cada ocasión, enriqueciéndolo a pesar de su aparente pobreza.
3-Saltéese los párrafos aburridos y deje su lectura para cuando se crea merecedor de semejante castigo.
4-Si un texto no le dice nada su lectura ha sido exitosa, pero si le busca la vuelta algo que no dice le terminará diciendo.
5-Comprender lo que un texto dice es una práctica en desuso, muerta. No se moleste en intentar resucitarla o el que quedará en desuso será usted.
6-A las palabras que desconoce deles provisoriamente el significado que usted desee, que será el que terminará utilizando durante el resto de su presencia en el éter, sin que nadie venga a rectificárselo.
7-Si la lectura lo ha llevado por diferentes mundos, usted se distrajo de la lectura arrastrado por los términos utilizados en el texto.
8-Relea todo aquello que simplemente entendió sin mediar inconvenientes hasta que piense que en verdad lo entendió, así sabrá que no ha entendido pero podrá decir sin culpas que lo entendió, descartando todo aquello que lo haga reflexionar.
9-Si un texto se revela per se, el escritor ha estado ausente. Felicítelo por haberlo permitido pero no tanto como para que se lo adjudique como un logro.
10-Lea hasta que descubra que usted es el último lector verdadero del cosmos. A partir de allí, escribirá lo más bello que se ha escrito hasta aquí para su propio deleite. Regocíjese.

El buen hombre

El buen hombre coincide
en su muerte con el mal;
hasta aquí novedad no hay
ya lo sabe cualquier pibe.

Lo curioso de este asunto
es el interín llamado vida
el buen hombre no pregunto
se distingue con su salida.

Salida de las situaciones
de problemas, malentendidos
clarificando las confusiones
enseñando a los confundidos.

Será también que interviene
con su palabra sincera
será que ella lo sostiene
con la verdad verdadera.

Pues el buen hombre conoce
de la existencia sus roces,
de las penas y los dolores
conoce a sus promotores.

Entonces lleva el sentido
que vive en su realidad
brindarle a cada afligido
tanto paz como felicidad.

Lluvia insolente

Lluvia persistente
lluvia intempestiva
lluvia tan insolente
lluvia incomprensiva.

Agua sobre la acera
agua sobre el cemento
agua en el pavimento
agua que trae goteras.

Goteras en el techo
goteras sobre el colchón
goteras en el lecho
goteras en mi corazón.

La quinta encarnación

Thor, o el dios del trueno, también tuvo su crisis existencial, como cualquier inmortal. Se dice en alguna biografía publicada en los países escandinavos que el mismo dios encarnó en la figura de una princesa, hija de un rey tirano, y que decidió por motus propio recorrer los caminos de la perdición, de drogas y de alcohol. Una noche, yacía en los brazos de un soldado de Odín, tras descontrol orgiástico, le confesó a éste pasada de opio que era la quinta encarnación de Thor. Nadie dudaba ya de su irreversible deterioro cerebral, por lo que la leyenda nórdica la homenajeó con el mote de Thorquemada.

La humedad de los martes

La lluvia de los últimos días había humedecido mis ideas y el pensamiento era una suerte de pantano donde todo terminaba mezclándose en una amalgama de barro y agua, lluvia que prometía continuar este martes para beneplácito de los nostálgicos. Los techos del barrio habían sido castigados con abundante agua llenando las canaletas con ramas y hojas de árboles que sufrían los intempestivos vientos de un noviembre álgido que acariciaba el final de su primera quincena con displicencia. En casa se observaba orden, a excepción de la biblioteca donde siempre se vislumbraba una revolución o al menos era lo que delataba la disposición de los libros y mi mala predisposición a darle un aspecto de pulcritud. La condición de un buen libro, y de todo buen cuento ( y subiendo por las escalinatas que conducen a la divinidad celestial: de toda buena poesía ), era que tenía que mover el piso donde el lector, hoy devenido en espectador, se sentaba a contemplar la realidad con ficción. Y por ese motivo los libros que además de estar vivos y revolucionan al lector como la observación de una delicada mariposa sobre el jazmín del jardín de la casa paterna o del chimango que paciente espera el momento oportuno para llevarse el cadáver de una rata sobre el pavimento, tienden a abrir puertas a nuevas, o desconocidas, dimensiones de la existencia que permanecían ocultas al mismo por cortinas de humo. O tal vez de humedad, cortinas de humedad gestadas por la citada lluvia que otra vez volvía a caer sobre la ciudad. Pensé en mi padre y recordé un cuento que siempre me contaba para poder dormir placenteramente. Era un cuento feliz y hacía unos pocos días me había enterado que no era el único al que se lo contaba, lo cual me sorprendió pero no me dio celos, sino alegría. Darle algo a alguien era brindarle la posibilidad de la felicidad. Un amigo me decía algo parecido en cuanto a la crianza de los perros: dale algo para hacer y se sentirán bien. Nosotros también nos sentimos bien cuando hacemos algo por los demás, nos olvidamos por un momento de nosotros mismos con algún quehacer, alguna ocupación, y en esa distracción hay una suerte de placer inmaterial. Mi padre, que en este momento estaría aburrido sentado frente al ventanal, dejando correr los pensamientos que tendían a un pasado lleno de emociones y sentimientos que dejaron huellas. Se me ocurrió pedirle algunos libros que habían quedado en su casa, por lo que le escribí para que me busque esos libros de Coelho que allí nadie iba a leer. La idea de que el Universo conspiraba me había creado una especie de desvarío que había incendiado mis ideas al punto de olvidar las matemáticas que tanto me habían costado aprender, fuego que sólo apagaban los días lluviosos. Y en este día lluvioso, una casa despelotada como la de mi padre, buscar algunos libros llenos de polvo y humedad era un buen pasatiempo que le permitiría evadir la melancolía. A veces hacemos cosas para sentirnos bien y hacer sentir bien a otros nos devuelve el bienestar como un búmerang. Mi padre no me respondió. Las horas pasaron y la persistente y fina lluvia redundaba. Esos libros no me interesaban como a millones de lectores diseminados por todo el mundo ávidos de su lectura por lo que pensaba venderlos y comprar con ese dinero alguno que fuera de mi agrado, como uno de Ray Bradbury que tenía en la lista de los próximos a adquirir. Mientras preparaba el mate y el ambiente para continuar la lectura de la novela que me había regalado mi hija me llegó un mensaje al celular que me dejó helado:

-“La boluda de Veronica decide cagarse muriendo” encontré, creo que se llama así.

El humor de mi padre siempre me dejaba alguna moraleja y la lluvia de este martes me recordaba que vivir es una buena idea a pesar de la humedad.

 

Diálogo crucial

-¿Creés en la evolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y nada permanece idéntico, y en ese movimiento hacia adelante existe una suerte de evolución.
-¿Creés en la revolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y no hay sociedad que permanezca idéntica, y ese movimiento tiende hacia adelante en una suerte de revolución.
-¿Creés en la devolución?
-Si, desde ya. Todo cambia de manos y nada permanece en las mismas perpetuamente, y ese movimiento tiende a volver a la fuente para su devolución.
-¿Creés en la resolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y ningún problema permanece idéntico, y en ese movimiento vertiginoso se vislumbra la resolución.

Cómo nos distraen las redes

Cómo distraen las redes
de lo que uno debe ser
y ya ni hablemos de hacer
hacer haces lo que puedes.

Pero hablando fuera de broma;
¿compongo un verso con rima
después de ese punto y coma
o le pongo megusta a una prima?

¿Esta linda estrofa la retuiteo
o la guardo y después la leo?
Hoy hay muchas dicotomías
y las publicaciones varían.

Si quieres un verso sincero
el de un poema duradero
no lo busque en la red
un buen libro, sabe Usted.

Como aquél de Rubén Darío
que hablaba de la Argentina
no sabía que el calendario
le dará un like de propina.

Los poemas y las canciones
se adaptan a todo entorno
del ambiente es su contorno
y en el Face notificaciones.

¿Eso me enfada o me asusta?
Alguno dice que le encanta.
Copió y pegó como un chanta
al chancho le llega su megusta.

Y cada megusta caduca
caduca porque está harto
de usar calva su peluca
¡qué bien! eso lo comparto.

Así conocemos gente
de pensar tan divergente
quizás alguno te espía
se topa con tu poesía.

De una foto en bikini
salió una comparación
¿natural o usó photoshop?
¿un tango o música pop?

Pierdo lo que estaba diciendo
entre whatsapps me confundo
tal vez estoy reproduciendo
un sentimiento profundo.

Lo dudo, es muy superficial
en blog mucho es artificial
y éste poema inconcluso
ya no ganará un concurso.

En fin, se despide el poeta
las redes no son su receta.
Me llega en este momento
La invitación a un evento.

Una canción que no hable de amor

Una canción que no hable de amor
que no invite a coger en la cama
en el techo de un auto sin pijama
que sirva para apagar el calefactor
canción que puede ser un reggaetón
tango o rock que cante una dama
que ponga nervioso al Dalai Lama
que conmueva con su composición.

Una canción que amanse las fieras
que apacigüe la confrontación
que no enerve pasiones arteras
vivificando el sol en la canción
y nos lleve a entrar en sintonía
de una misma total humanidad
que nos dé de comer la verdad
que favorezca vivir en armonía.

Una canción para que celebremos
el corazón de la natividad
lo excelso en la festividad
canción que todos escuchemos
que transforme nuestra realidad
más allá de un placer pasajero
que nos toque el mensaje certero
de vivir en la autenticidad.

Su Señoría

Pedro: Mi mayor amigo es el Señor. Si tengo Su presencia, nada me falta.

-Señor, ¿una monedita para la birra?
-Me quedé sin cambio, disculpá.

-Señor, ¿una moneda para mis hijos?
-Disculpe, pero ya di.

-Señor, ¿una moneda que estoy sin trabajo?
-No tengo, pibe.

-Señor, ¿una monedita para los puchos?
-Mirá que te voy a pagar los vicios…

 

Pedro: Señor, a Ti te encomiendo mi pesar. Acuérdate de mi en la hora de nuestra muerte.
Coro: ¡Con mucho gusto!

 

Memorias difusas

Me cruzo con gente que reconozco pero por esas cosas de la memoria olvidé su nombre. También con gente que me reconoce pero ignoro de dónde. Así mismo recuerdo nombres que desconozco a quiénes identifican. La memoria tiene rasgos de tirana, en Facebook todo es más fácil…

Decálogo del pesimista

1-Esto es malo pero lo que viene puede ser peor.
2-Estamos mal pero vamos muy mal.
3-No todo es malo; hay cosas pésimas.
4-No todo lo que se hace está mal, a veces se cometen errores.
5-Cuando todo va mal, sigue así.
6-Cuando parece que las cosas mejoran, empeoran.
7-No hay mal que por mal no venga.
8-Lo que se hace mal tiende a repetirse.
9-Cuando estamos mal se ve el transcurso de las cosas como van realmente: mal.
10-Al buen tiempo, mala cara.

Bonus track:
*Si veo que me siento bien, mejor me quedo parado

Castillos de opiniones

En castillos de opiniones
adornados con prejuicios
decorados de emociones
pintados con mil juicios
les faltaban eslabones
que describan los vicios.

Marionetas a montones
cien figuras y siluetas
festival de sensaciones
caras, rostros y caretas
celebraban muy glotones
felicidades sin recetas.

Fastuosas construcciones
que albergaban señoritas
replicaban las canciones
que entonaban vocecitas
repitiendo las nociones
de ideologías marchitas.

Otros tiempos de jirones
mendigando en callecitas
y también en callejones
esperando que fortuitas
esperanzas, remendones
les obsequien las visitas.

Pero eran días amargos
plagados de emoticones
que te sacan de letargos
cuando penás en rincones
sólo llegan por encargo
pálidas ensoñaciones.

Endereza tu camino

Amigo, endereza tu camino
tu andar veloz de peregrino
observa bien con atención
el movimiento, la intención
no sólo es cuestión de llegar
sino además, sabes, de pasar,
dicen: pasar abriendo caminos,
que morigeren los destinos.

Porque un recto transitar
nos da la calma al pasar
de haber obrado para bien
aún no sepamos en quién
recaerá nuestra ofrenda,
si saldásemos la cuenta
de nuestro balance vital
en el equilibrio universal.

Endereza tu camino, amigo
crece en amor al estar vivo
por la vida, por tu gente
por tu obrar irreverente,
convéncete en gratitud
que florezca tu actitud
de embellecer el camino
tender la mano, peregrino.

Porque al obrar certero
verás también verdadero
que eso te llena de gozo
en un andar armonioso.
La luna siempre te guía
por eso a veces te fías
y si tu camino enderezas
andarás bien con certeza.

Fotografía: Leandro Coca

Historias ínfimas elementales

Margarita vivía en una burbujita coloreada por la luminosidad. Como estaba compuesta de agua y aire, tenía lo elemental para subsistir. Sin embargo, al carecer de tierra, no logró desarrollarse y se marchitó prematuramente.

Patito nadaba en el barrito todas las mañanas. Su cuerpecito estaba cubierto de tierra y agua, por lo que pocos lo reconocían, salvo cuando había buena iluminación. No obstante, el fuego nunca lograba encender su cabecita roja embarrada.

Pollito volaba bajo el solcito entre la tierra y el cielo con el soplar del viento. Cuando tenía sed, descendía a algún charquito y bebía hasta colmarse. Después esperaba que el viento lo levante por el aire nuevamente. Tenía la piel algo chamuscada por haber caído un día sobre una parrilla.

Rosita creció en tierra firme entre piedras luego de un incendio propiciado por un viento estival. Mientras purificaba el aire, cantaba todas las tardes hasta entrar en sueñito profundo. Un día llovió tanto, tanto, que estuvo a punto de ahogarse.

Estrellita caminaba sobre el barro y ascendía por el mar en una danza singular, tomando aire en cada movimiento de caderitas que se apreciaba a plena luz del día cuando se acercaba a la superficie. Un día se asomó, vio un barco prendido fuego y del susto se fue hasta la orilla, donde la encontró un turista cuando se secó.

Hiperconectado

Todo tiene que ver con todo
Desde los riñones a un golpe en el codo.
El terciopelo con la conectividad
Las redes sociales con los adoquines
El neoliberalismo con la pubertad
La religión con las papas fritas
La vejez con la metafísica y la libertad
La estupidez con la palabra escrita
La adolescencia con los gorriones
El dolor con los emoticones
La inteligencia con los banderines
El cerebelo con la mar en coche
Y el sueño que tengo con las buenas noches.