sin signos

Quiero escribir un texto que no tenga ni tildes ni signos extraños como puntos y comas salvo los de la i o la jota pero el problema que surge es que todo se va entremezclando y al no contener pausas el lector se puede quedar sin aliento y perecer en la lectura si el texto se hace demasiado extenso o muy largo con dificultades para asimilarlo aunque no haya mucho por asimilar en este experimento literario ni tampoco mucho por agregar salvo celebrar la victoria en la propuesta pospuesta tantas veces por alguna u otra causa que en este momento no llego a desentrañar pero que a todas luces se muestra como exitosa en la empresa de lograr lo acometido lo cual no es poca cosa ni de baja estofa con lo cual se me apetece agasajarme con un estofado si es que los alimentos no prosiguen su tendencia alcista que piden pista para aterrizar y darnos un remanso al bolsillo agujereado que tanto ha luchado por subsistir entre cardos rusos y crema americana con la creciente idea que ha barajado de seguir los pasos del cantante Heredia y su himno Sobreviviendo en el cual se alegra de ver a los animales pidiendo paz lo que no es poco decir ni tampoco todo lo expuesto en esta contienda verbal que me saca del letargo y me hunde en el llano del hombre de a pie que se le ha pinchado la bicicleta y sin mayor remedio que salir a caminar el mundo da por terminada la jornada laboral al meterse en la cama tras la ducha colocando un punto final

Una pinta de tinta

«mejor seguir, mejor soñar»

Sui Generis

Algunas veces nos ocurre, a quienes trabajamos con las palabras, con la semántica, con la gramática y las emociones, que tenemos el impulso de escribir sin tener una o varias ideas fijas de lo que vamos a decir. El desafío que nos imponemos es combatir el silencio de la hoja vacía, la búsqueda de expresión, de claridad, el deseo de brindar algo que llegado el caso podría conmover, entretener o divertir y emocionar al lector ocasional. Entonces narramos, inventamos historias en la histeria de las pasiones, deletreamos, masticamos los términos antes de volcarlos, mucho antes antes de dárselos al público que tratará si le apetece desentrañar la simbología de la palabra escrita y (¿Por qué no?) saborearla, degustarla y empacharse con la lectura.
Sin embargo, otras veces, en otras ocasiones, quienes nos astillamos los dedos con la pluma, tenemos cosas por decir ( recuerdo un dibujo que observaba de niño, donde una tortuga montaba un globo terráqueo, y la frase que acompañaba el mismo decía: hagamos el amor y no la guerra ) pero si no contamos con algo de talento y varios recursos literarios la expresión trata de una opinión más entre milmillones, por lo que le buscamos la vuelta, la veta artística y ( ¿Por qué no?) comercial para que la exposición cobre interés en los lectores, despierte sensaciones, estimule y vivifique, escapando del llano y lo torpe del pensamiento plano, con las cualidades de la abstracción, de la analogía y el paralelismo, el sentido figurado y todo lo que puede presentar una narración cuando tenemos algo que decir de las tantas cuestiones que conlleva la cultura, en tiempos de paz o con los precios por las nubes, cuando la vida nos sacude de tanta realidad o cuando buscamos un artificio entre los sueños que nos permitan vislumbrar algo más benévolo.
Y otras veces, quienes pintamos letras, le damos un flujo de salida a lo que nos revuelve las tripas y nos revolotea sobre la cabeza desde las entrañas de las historias que la gente nos cuenta cuando se abre a otras percepciones de sus vidas, como Fabio que me contaba, tratando de calmarse fumando en pipa, cómo había comenzado a transitar el camino de la locura desde el ininterrumpido e insoportable ladrido noche y día de su adorable caniche Félix.

El fondo del texto o…

La hoja en blanco representa un desafío, una invitación, un presente. La tinta que la va cubriendo debería tenerse por bien gastada, si las palabras que conforman el texto contienen algún valor, aunque todo sea simbólico, porque la hoja no es de papel ni blanca y la tinta sólo trata de caracteres sobre una pantalla, cuando la realidad pesa más que muchas palabras, cargadas de sentido y de razón, de sentimientos, de algún pensamiento más profundo, de las dificultades, de expresión, de fantasía necesaria e ilusiones. Queda sobre el fondo el tamiz de la hoja en blanco, simbología de veteranos escritores de pluma tenaz, tersa, figurada, que nos permite, nos facilita adentrarnos en un mundo donde las letras suplen las dificultades físicas, donde las palabras acarician el pensamiento contrastando con los surcos más ruidosos del cerebro, cuando la música -vaivén de melodías, sutil compañera de sueños y vigilias- no nos resulta accesible ni sorprende, donde el texto se desenvuelve ante la posibilidad de una lectura frugal que nos acompañe hacia la orilla fragante de un buen reposo. La hoja en blanco ante el escritor intermedia en la coacción del lector ocasional y se nutre de ambos: de las ideas precarias de uno, de las grandes interpretaciones de otro, y entonces comulgan, se genera el encuentro con epicentro en el trasluz del texto, de las palabras que adornan y decoran un pequeño espacio en la web, como insecto alado que vive un brevísimo tiempo y apenas tenemos suerte de observar, cuando no nos llega una notificación. Y entonces confiamos en el desafío que nos propone el día, porque como decía la canción en la publicidad: aunque no la veamos, la hoja en blanco siempre está.

Temáticas que no voy a desarrollar ( por el momento )

…pero que si al lector le interesan, deberá estudiar por cuenta propia.

*Las redes están pensadas para la frustración.

*La búsqueda de la verdad es la búsqueda de las verdades de las distintas cosas.

*El mundo tiene una gran capacidad para hacer en teoría todas las actividades que no le fueron asignadas, pero lo mandás a atarse los cordones y fracasa.

*No es que no sepa leer, es que no sabe escuchar. Y leer es saber escuchar.

*Todo afecta, mas no todo nos afecta igual ni de la misma manera.

Las cosas que van quedando atrás

Si no escribo parece que falta algo. Escribir también puede ser darle significado a todo lo demás, comunicarse con otros de un modo sublime. Es también una obsesión, claro está, parte integral de todo escritor. Peri Rossi, que no me dice mucho, ganó el Cervantes. Estar disconforme con la cultura es común, salvo que todos lo canalizamos de distintas maneras. El malestar en la cultura, tituló Freud. Y exceptuando los problemas de orden físico, todos buscamos atenuarlo: con la regia poesía, a través del apetito sexual, con el disfraz de las adiciones, mediante la interpelación del arte o con la búsqueda de un diálogo sustancioso que a veces se transforma en un diálogo entre las dos caras de uno mismo, diríase los hemisferios. La satisfacción y su búsqueda, el encuentro y la pérdida, son solamente variantes, puntas, de un todo holístico que en diferentes planos actúan en nuestro ser, muchas veces postergados por los compromisos o porque la vida impone condiciones, como un pequeño peaje que nos cobra por el paso sobre tierras previamente conquistadas, dominadas a fuerza de destrozar el valor de la palabra y legitimar el costo del envase. No logré cambiar el mundo y tampoco era mi intención, qué más da, pero esta cerveza bien fría nada me va a impedir destaparla.

Fotografía del ojo artístico de Jorge Guardia, en La Plata.

Nota para quienes siguen «La otra mitad»

El sitio de alojamiento del blog, WordPress, dispuso que se publiquen entradas «patrocinadas» en los sitios gratuitos como el presente, La otra mitad, para intereses propios comerciales, ajenos a los de los autores de cada uno de ellos, con todas las molestias incluidas.

Por el momento, es posible que vean entradas y publicaciones sin relación con otras publicaciones e intereses propios.

Mis disculpas del caso.

Un abrazo.

Al sur de la frontera

No sé qué ocurre detrás de la pantalla que les muestra este texto, pero por estos lares llueve, y llueve más adentro que afuera. Será por las goteras, goteras en los sentimientos al ver a través de las pantallas, al recorrer las calles, las miserias que se viven y que padece nuestra gente, sentimientos encontrados porque, claro, así mismo se gozan de los bienes que la vida ofrece. Sí, hay cuestiones de injusticia que podemos corregir con entusiasmo, y siempre podemos dar una mano a quien lo requiera, pero hay otras que en el mundo maquinal escapan a nuestra jurisdicción, a nuestro ámbito del quehacer y es allí donde una palabra cálida, sentida, puede aliviar los malestares como la medicina que llega justo cuando nuestros males se acrecientan, cuando la esperanza se marchita como el frío invierno en un suave chillido musical de la mente. Necesitamos un nosotros que prescinda del ustedes, por anexo, por humanidad o por lo que corno fuera, un nosotros bien entendido, un tú-y-yo sin conjunciones que nos separen, algo que sólo ocurre con la maravilla que place la música que nos invita a bailar. Llueve, casi lo había olvidado estando empapado de agua destilada, y es una lluvia que nos invita a buscar refugio y a soñar, como lo hacen los niños sin pretextos, aunque con los berrinches típicos porque querrían seguir jugando. La calle es tan gris como el domingo, pero los lectores tienen 32 mil colores en las pantallas que le impiden ver. El día no es triste, ni alegre, ni divertido, es el cuadro que pintamos con los pinceles del alma, esperando, sintiendo, conversando, escuchando, dando un poco de cada uno de nosotros cuando un ser humano se acerca con curiosidad y dialogamos acerca del porvenir, de nuestra gente, de esta lluvia insidiosa que no nos permite acariciar la primavera.

Fotografía de Jorge Guardia

¡Los Blogs Nadie los Ve!

Hace una semana, mi amor, estaba conversando y quiso contar las cosas que hacía. En consecuencia, mencionó mi blog. Me pareció curioso lo que me contó en términos de secreto. Se acercó y me susurro casi al oído: -mira, ellos dicen que los blogs nadie los ve. -Es cierto, le dije. Él me miró con […]

¡Los Blogs Nadie los Ve!

Por gente que piensa lindo y escribe lindo como Karol, es por la que hay muchos blogs tanto como el suyo que vale la pena leerlos.

El muro que no cae

El antiguo corrector ortográfico de mi teléfono, al escribir la palabra “otro” me la cambiaba automáticamente por “muro”. Lógicamente, esto obedecía a que los números que representaban cada letra eran los mismos. Sin embargo, cuántas veces nos encontramos ante un muro en el otro, insensible como piedra, sordo como tapia, cuando lo único que necesitábamos, antes de que nos venciera el sueño, era una palabra sentida. No obstante, la Vida misma siempre busca llegar al que está buscando, quizá de un modo incomprensible, y esa palabra, ese aliento vital, nos llega desde una página, desde un diálogo en una película, cuando el alma se ahoga en el lago del desaliento. Por eso, aunque duela y sea costoso, lo mejor es resistir, no ceder los terrenos conquistados, porque cada paso que hemos dado en el camino, incluidos los pasos en falso, nos han enseñado a caminar mejor, a mantenernos erguidos ante la indiferencia y a no reflejar con nuestros actos todo aquello que nos doblega en la calidad humana, cuando la única luz que alcanzamos a observar es la del fondo de las pantallas de los televisores que nos han entrenado para ser dóciles espectadores de nuestra propia vida. Y quizás, de tanto oír con desgano que somos seres de luz, un día lleguemos a luminarias.

Epifanía de escritores

No sé cómo vienen ustedes, mis estimados colegas de pluma que manchan de tinta las flores, con vuestros lectores en estos tiempos, pero a mí me lee a diario nada más ni nada menos que nuestro criollo y nunca bien ponderado Don Corrector Ortográfico, estratega de la parapsicología y videncias y gerente de viáticos imperecederos. Con esto no quiero despertar vuestra envidia, si no los lee ni mi abuela resucitada, ni mucho menos, cuando obsequian con palabras bonitas, crudas, resecas grandes sensaciones que colmarían de emoción a una mortaja, pero baste con decirle que hay que seguir afilando el lápiz, que hay que entintar la hoja en blanco con los mejores sentimientos en pos de las generaciones venideras, no claudicar ante el avance de la hermenéutica, y sobre todo hay que darle cauce al río verbal para que los lectores del mañana tengan la posibilidad de dormir calentitos y soñar, porque este mundo lo soñaron nuestros antepasados y mal que mal tiene su toque de belleza en los jardines primaverales de la cultura, con entrada libre a cambio de un paquete de arroz, y en los museos apostados en las mazmorras de la civilización encontraremos, sin descifrar, los papiros que nos indiquen la ruta de regreso a nuestras más bellas ensoñaciones. Por eso y por mucho más, escribid al alba y al poniente, escribidle a la bella durmiente, escribidle a la gente, que si alguien os lee, un solo varón, habremos vencido al convenio colectivo de la estolidez que nos tenía sojuzgados a la intemperie de la idolatría pop, guardados en un rincón, como una planta de potus sin regar, esperando la muerte. Recordad que alguien leerá el título de vuestras vidas y se colmará de gozo.

La hora de la lectura

Compro libros que no sé si la vida me va a permitir leerlos, no sé si el tiempo me ofrendará la posibilidad de concederme las horas necesarias para enfrascarme, entre el trajín de lo cotidiano y los quehaceres, entre la voz que sale y se desmigaja y el poniente que me dice que el día se tira a reposar. Los tengo en un rincón, despojados del valor de mercado, como quien espera estacionar el vino, para degustarlos y sacarle el jugo cuando los minutos no me cobren peaje, para cuando la aventura sobre un caballo me diga: ¿Vamos a dar un paseo?

Pareciera

A veces, globalizados, la vida es un scroll de pantalla, con mucho para mirar, poco para conservar o retener. Las imágenes se convierten en un río caudaloso, en un torrente vertiginoso sin mucho por decir, más que detractar nuestra atención. ¿Y quién es el beneficiario? Lindo título para una película. Antaño, la vida se comparaba a una película, hoy es un scroll cuasi infinito donde la muerte se nos presenta como un pantallazo azul, tieso, inexpresable, en el que esperamos que aparezca el técnico que venga a solucionar el desperfecto o nos restaure a valores de fábrica para reemprender nuestro camino en las viñas del Scroll.

Leer es una avenida de poco tránsito

Con la lectura el día tiene un paso lento. El trajín de los peatones son frases u oraciones que parecieran pasar como la señora va con los años y el gorro a cuestas hacia el almacén, o como el hombre camina con la barba por la mañana atravesando el aguanieve en busca de un atado de cigarrillos que le permitan pensar en otra cosa, y no en los males de la vida, que se disuelve como humo en el ambiente. Las palabras caminan, lento pero firme. Nunca en fila india, sino dispersas, noctámbulas, quizás con un hilo conductor que las lleva como buen pastor a las ovejas a un prado verde y a un afluente. Con la lectura, la vida se torna calma, como cuando la hamaca de las frustraciones se detiene y dejamos de prestarle atención, la atención de niños, al movimiento y nos centramos, nos enfocamos, en el paisaje que nos rodea como esa madre al niño que busca el refugio, el calor, y empieza a conocer el amor. Los puntos suspensivos propician la pausa justa para atarse los cordones y proseguir el camino sin tropiezos. Los puntos seguidos son como el parpadeo de los ojos, como el suspiro que nos permite llenar los pulmones, y continuar apalabrando el aire. Detenerse en una palabra, en una oración, puede transformar nuestra vida. Pero no hay tiempo para detenerse, porque el texto prosigue, porque el trajín continúa, porque esta lluvia no cesa, porque la música nos hace bailar para no perder la silla cuando se detenga. Y vaya si hemos bailado… Por eso continúa este periplo, por este sendero. Porque el camino que recorro aún no está trazado, y caminar es ir viendo cómo se abren las puertas de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que seremos.

SEGUIDORES AL OTRO LADO DE LA VENTANA

Por costumbre o hábito, suelo publicar en este blog directamente mis textos, generalmente cuentos o poesías, y también algunos otros que no tienen una estructura bien definida, por lo cual no me detengo un momento a hablar del hecho que consiste en llevar un blog adelante, salvo desde el punto de vista de la escritura. Pero en esta ocasión, quería agradecerle a quienes se detienen unos minutos a leer por aquí, por este espacio ¿virtual? y dejan su huella con un like, si es que tienen cuenta en WordPress, o algún comentario de aquellos más osados o a los que la lectura les ameritó decir algo al respecto.
Cuando escribo y publico espero que lo expuesto pueda llegar a gustarles y si transmite algo más, mucho mejor, pero a la hora de crear a través de la palabra uno no sabe ni a quiénes ni de dónde serán los que les pueden gustar mis publicaciones, por diversos motivos culturales, etarios, intereses, etc. Por lo tanto, les agradezco a cada uno de los que visitan y visitaron al día de hoy este lugar, llamado La otra mitad, en referencia a que es el lector la otra mitad de cada texto, es decir, cada uno de ustedes.
Un abrazo.

Borradores, dilema existencial

Por un momento, en la vida de cualquier escritor ( no se diría en la carrera del escritor, ni aunque fuese una carrera filmíca, como aquella «Carrera contra la muerte», en la cual se anticipaba la carrera fílmica de un joven terminator ), sea esta prolífica, versada, copiosa o farfullada en cimbronazos, que el material acumulado en la carpeta de «borradores» supera holgadamente un mal guión argumental de una serie bien actuada, con atributos visuales más que llamativos, de doce temporadas que constasen de ocho capítulos en cada una de ellas, en el que puede llegar a repensar el curso a propiciarle a todas aquellas ideas y no-tan-acabadas-ideas, es decir, a todas aquellas semillas de ocurrencias o raptos de lucidez esquiva, decíamos, por un momento, en la vida del escritor, del narrador, del poeta, del cuentista, del novelista, del sonetista, del redactor ideólogo, del que desea detener el flujo de los pensamientos con una cadena de palabras que rompan las cadenas y otorguen fluidez a la vida del escritor y, por supuesto, a la del lector ocasional sólo por un momento, los borradores acumulados en tal carpeta tienen dos opciones, dos naipes de la baraja para jugar, como luces y sombras de una ciudad en la noche que, alternativamente, posan y se desdibujan con cada aleteo de los murciélagos. Y amigos míos, en esta gótica ciudad global, no hay batihéroes que lo rescaten en su labor de darle rigor, sentido, coherencia y o lo que desee brindar o expresar a través de su pluma por lo cual, o bien jugará una carta, lo que probablemente le dé la posibilidad de jugar una cuantas cartas más, o jugará la otra carta, que quién les dice, no se convierta en carta ( la actualización cuatro-punto-zero dirá que no se trata de una carta, sino de un email o un largo mensaje vía whatsapp al que le clavarán el visto, sin ser leído como co rres pon de. Pero en fin, amigos, ustedes saben y conocen el valor de la intención ).