Tras la tormenta

Salió el sol al fin, tras la tormenta
dulce mañana que ( ya ves ) es hoy
a todo esto de decir soy quien soy
alma que no replica ninguna afrenta.

Palabras que suenan tan alegremente
aunque duras algunas, traen cordura
de escuchar atento de una boca pura
corazón se enciende resplandeciente.

Porque no existe, vida, luz sin sombras
ni en la penumbra, ni en las tinieblas,
haz de esperanza cuando me hablas
y fe profunda cuando me nombras.

Una palabra libre soltada al viento
busca encontrarse con tu presencia
que la recojas, vida, con displicencia
cuando el eco al decirla a ti te siento.

A veces iluminas cual un simple farol
en otras, de la galaxia, eres epicentro
ambas propician el supremo encuentro,
hoy tras la tormenta, al fin, salió el sol.

Fotografía: Leandro Coca

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La vida pasa

Pienso en vos, día y noche,
la vida pasando en coche,
por eso llená el tazón
y tu alma con mi corazón.

No olvides que a ti te espero
cantando un blus duradero,
y si tienes una idea fija,
traé camarón, tengo lija.

Yo no busco ser grosero,
le canto al amor verdadero:
al de madre, tierra y buen vino,
es que el amor es divino.
Así es, tu luz no se apaga,
pero esta poesía se acaba.

Fotografía: Jorge Guardia

Ser y estar

Ser y no ser
Estar, con pesar
Estar liviano de cargas
Ser algo para otros
Ser alguien para pocos
Estar a pesar de
Estar líbido despierto
Ser y aparecer
Ser y aparentar ser
Estar vivo al pasar
Estar muerto al rodar
Ser dormido con sueños
Ser y sueños de no ser.
Estar alerta vital
Estar vivo al soplar.

Fotografía: Leandro Coca

Elección

-Te había pedido que lo lleves a deporte, ¿Te olvidaste o qué fue lo que pasó?
-Se me hizo tarde, disculpá. -le respondió Eduardo, y añadió- Es que ayer tuve una noche complicada, y me quedé dormido.
-Durmiendo, querrás decir. No podés olvidar que es tu hijo, aunque a veces quisieras disimularlo. -dijo ella.
-No seas tan dramática, es sólo una jornada de deporte la que perdió. De alguna forma, te compensaré.
-No es conmigo con quien estás en deuda y bien lo sabés. Siento que a veces querés llevar el asunto a un terreno diferente. Discúlpate vos con el niño. Veremos qué opina. Sabés que ama practicar deportes. -le dijo ella y cortó la comunicación.

Ni siquiera me dejó decir adiós, pensaba Eduardo, con el tiempo se ha vuelto más ofensiva de lo que solía ser.

Esa misma tarde, Eduardo fue a ver su hijo, quien lo abrazó al verlo llegar.
– Hola, hijo, ¿cómo estás?.
– Bien, papi, ¿qué te pasó hoy que no me llevaste a practicar deporte? -preguntó el pequeño.
– Perdoname, hijo. Estuve trabajando hasta muy tarde y me quedé dormido, por eso no he podido venir por ti.
– ¿Es cierto eso que dice mamá, que estuviste con una mujer toda la noche? -preguntó el chico con cierta desconfianza hacia las palabras de su madre.
– No, bueno… tu madre no me quiere demasiado, ¿sabés? Es por eso que cada vez que puede me difama. No debés preocuparte por ello, ¿está bien?
– Si. -interrumpió el pequeño.
– A veces discutimos porque entre nosotros hay una separación que a es muy difícil subsanar, pero no es así contigo, ¿entiendes? -dijo Eduardo.
– Sí, papi. Papi…
– ¿Qué hijo? Decime.
– ¿Qué quiere decir difamar? -inquirió con curiosidad el chico.
– Difamar es hacer perder la buena fama de uno. Cuando tu madre habla cosas feas de mi, es lo que intenta hacer conmigo, difamarme.
– Ah… pero mamá difama siempre, y no sólo a ti. Ayer dijo que la señora del almacén, Mirta, es una vieja ladrona. Eso es difamar, ¿verdad?
– Sí, aunque también se podría ver como un llano insulto, hijo. Mirá, no te preocupes. Tu madre tiene sus problemas y, como todo ser en edad adulta, los lleva adelante como puede, con lo mejor de sí. Bueno, decime, ¿cómo querés que te compense mi falta de hoy? Te doy dos opciones: podemos ir al cine esta noche o podemos ir a ver el partido el sábado. Bien, ¿qué decidís?
– Ummm… es difícil… creo que prefiero ir al cine a esta noche. -dijo el pequeño.
– Mirá que el partido del sábado es quizá, el más importante del semestre. -le dijo Eduardo, persuadiéndolo.
– Sí, papi, tenés razón. El partido del sábado puede ser importante, pero hoy es más importante para mí pasar un rato con vos esta noche.
– Bien, hijo. Entonces iremos al cine esta noche y también iremos el sábado a ver ese partido. -dijo Eduardo.
– ¡Gracias pa! ¡Qué bueno! No lo puedo creer. Iré a contarle a mamá. -dijo el chico y entró corriendo a la casa.

Al rato, salió la mamá del muchacho. No estaba contenta por el mismo. Lo apenaba la idea de que su padre le fallara nuevamente. Salió a hablarle:
– Mira, Eduardo. Esto es importante para él. Si creés que no podés cumplir con lo que le dijiste, mejor que ni te aparezcas. Me duele verlo apenado. Se hace muchas ilusiones con vos. No hace falta que le falles como lo hiciste conmigo.
– Cumpliré con lo pactado. Aprendé a perdonar, te hará bien a vos misma. -dijo Eduardo.
– ¿Qué sabes de eso, que no has perdonado mi falta? -le dijo ella.
– Ya te he dicho mil veces hasta el cansancio que te he perdonado. Pero no podés pretender que después de dicha falta a nuestra fidelidad continuemos juntos. Entendelo.
– No era necesario separarnos. Fuiste cruel. Sobre todo con el chico.
– No confundas las cosas. Juntas tienden a parecer otras que no son. El muchacho está creciendo sano y suficientemente feliz. Eso no es poco, hoy en día. Y si así lo creés, provéele otras bondades. -le dijo Eduardo.
– Está bien, no quiero discutir, ¿a qué hora venís por él?
– Ocho y media estoy acá.
– Te estará esperando. -le dijo ella y entró a la casa.
Eduardo se fue de allí y regresó puntalmente, como había predicho. Allí lo recibió el pequeño, que estaba vestido impecablemente, bien peinado por su madre y perfumado. Eduardo lo tomó en sus brazos cuando lo vio y el chico lo abrazó fuertemente. Se despidió de su madre y se fueron.
Ya en el cine, mientras esperaban el comienzo de la película, conversaban:
– Qué lástima que mamá no haya podido venir con nosotros…
– Sí, es verdad, hijo. Es una pena.
– Qué bien que la pasamos los tres. ¿Te acordás cuando fuimos al acuario?, ¿Dónde era? -preguntó el chico.
– San Clemente, hijo. Lo recuerdo muy bien. Tu madre parecía feliz con nosotros.
– Ahora no parece feliz, quizá es porque vos no estás, papi.
– Puede ser, hijo, puede ser. Mira, ¡ahí empieza la película! -dijo Eduardo.
– Dame la mano, papi. ¡Espero que no sea de miedo!
– No lo es. Vas a ver que la vamos a disfrutar. -dijo Eduardo tomando a su hijo de la mano.

*Fotografía: Leandro Coca

La conquista

La noche se acerca rotunda
en silencio te habla, profunda,
la luz de una estrella te excita
brincando tu cuore palpita.

Se funde el alma en la penumbra
la luna te sigue y alumbra,
la mente se calma, reposa,
se duerme cansada la rosa.

Despeja de nubes el cielo
el viento tras levantar vuelo,
un ave nocturna divaga
tu herida conviértese en llaga.

Observas así el firmamento
trocada tu pena en lamento
ahora es olvido lejano
vacía ha quedado tu mano.

Arrojadas todas las piedras
desnuda estabas en la hierba,
la vida pasa y no detiene
su andar, aunque no va ni viene.

Es ella, busca conquistarte
y a veces conviértese en arte
proverbial, elocuente, elegante,
sublime, sagaz, no pedante.

Susurra al oído bajito
te habla de lo bello y bonito
maravillas de la creación
un tucán o una linda canción.

Y encuentran cierta resistencia,
aceptando en tremenda paciencia
que algún día serán reconocidas
por quienes malgastan sus vidas.

Son obras que no forman parte
del temor que a ti suele azotarte,
ellas son piezas de libertad
que cuestionan vuestra realidad.

Como lunas nunca te rechazan,
más bien ellas siempre te abrazan
te invitan a pensar o lo intentes
que al pasar por aquí no lamentes.

Un recuerdo no escrito te acerca
prestale atención, no seas terca,
te eleva a alturas soñadas
te lleva verdades impensadas.

Él dice debes conocer
lo amable y profundo de ser
paciente, tranquila, rebusca
de tu corazón que se luzca.

Pues todo pasa y nada queda
ni esta poesía aunque pueda,
como esta noche fue pasando
ahí viene el sol asomando.

*Fotografía: Leandro Coca

Poderoso

Y en ese instante, en el que se extendió el beso, el tiempo se detuvo: los trenes chirriaron estridentes frenadas, los aviones quedaron suspendidos en el aire, las niñas paralizadas a medio saltar, los planetas detuvieron sus órbitas, quienes descargaban mercadería la sostuvieron inmóviles y las radios y canales de televisión emitían un eco. Los dioses, en las alturas, pensaron con atino: ¡chocamos! Mas no; ellos despegaron sus labios y se miraron con cariño. El mundo continuaría girando sin que siquiera sospechen del poder de ese amor.

Vivencias

Sufrir puede ser poesía
llorar puede ser de alegría
gozar puede traer dolor
vivir puede ser en color.

No todo será sufrimiento
aunque escuches su lamento
pues de todo lo penoso
surge algo que es valioso.

Aprender de los errores
si ajenos serán mejores
pues aquellas experiencias
son también vuestras vivencias.

A no dudar, que el dolor
siempre te deja el sabor
de haber purgado tu pena
un bálsamo a tu condena.

Pues no sólo lleno de gozo
vibra en su calabozo
el dolor así purgado
es un trance superado.

Como toda desazón
se va y deja su razón
maduro así el corazón
logrando en él su sazón.

El gozo será primero
efímero, aunque ligero
dejando una sensación
reclamando repetición.

En ella se aprenden cosas
ingratas, son vanidosas
de flores, las más hermosas
sin dudas serán las rosas.

Entre ellas y jazmines
se perfuman los jardines
tienen su encanto y olor
que le dan vida y color.

A una conciencia serena
libre ya de cualquier pena
que apague como un hechizo
lo que la vida no quiso.

Ella se brinda armoniosa
tiene su magia, es vistosa
luce en la flor, en la rosa
en la luna y la mariposa.

En la paz a la mañana
y a tras luz en la ventana
cuando pasa caminando
la belleza, así, danzando.

Sufrir puede ser sin motivo
llorar puede ser despedida
gozar puede ser efectivo
vivirla puede ser vivida.

Simpatía por el dinamismo

Simpáticas marionetas del imperialismo
que expresáis devoción y fanatismo
por limones apostáis al capitalismo
que ha brindao confort y dinamismo.

Vuestros ojos se han cegao al virtuosismo
y aplaudís tristemente el exitismo
entre idiotas brilla algún favoritismo
de reñir en la butaca del mercantilismo.

Comerciáis puerilmente individualismo
con frases que enunciáis con erotismo
no sabéis que al promover el egoísmo
suscitando con ahínco el infantilismo
de sentir que todo es más de lo mismo
propiciaréis en la gente el humanismo .

Amanece el conocimiento

Cierta tarde, en el patio de la casa de mi infancia, donde aún vivían mis padres, sentados en un banco a la sombra, entre humos, mi viejo, ya mayor y jubilado, dijo por lo bajo:
-Qué lindo que es estar al pedo…
En ese momento, comprendí que había alcanzado la sabiduría.

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De viaje

Me aburre siempre lo mismo
Normal me parece el exotismo
Lo raro no me da desconfianza
Lo extraño sugiere añoranza;
Todo es igual, nada difiere
Un plano existencial prefiere
No distinguir entre esto y aquello
Como si lo real dejara allí su sello.
Decí que mantengo el aseo
Mi alma se fue de paseo.

Las horas muertas

Es tiempo sin sabor
Un dibujo sin color
Una flor sin aroma
Niño que no asoma
al mundo, a la vida.
Pendiente sin subida
Acontecer desabrido
Un músico desconocido
Un cuadro descolorido
Un poema sin sentido
Un verso que no cierra
Es el ruido de una sierra
Que no corta la madera,
Es una célebre espera.
Así, las horas muertas
que parecieran no pasar
son las únicas ciertas
que nos regala el azar.

Luminoso es el camino

En momentos de incertidumbre
primordial es ver los problemas
de frente, con luz, y los dilemas
crear claridad que a ti te alumbre.

Pues las sombras nos confunden
se entremezclan, se transforman
otras cosas engorrosas así forman
y entredichos sonoros las difunden.

Aunque iluminado es recto diferente
si se observa bien con mirada curiosa
nadie ve en la espina rosa indiferente.

Luminoso es el camino que te lleva
al cruzar en las oscuras pedregosas
calles donde tu noble alma se eleva.

En redes la gente sólo lee el título o reacciona a la imagen

Bueno, eso es todo lo que tenía por decir. Este texto es sólo demostrativo de aquello, para evidenciar coherencia, no es que intente llamar la atención para luego no decir nada que lo justifique, aunque en definitiva no diga mucho más que aquello. Podría decir, empero además, que aquella afirmación y/o sentencia deja en evidencia la situación social actual, que perdió y cercenó todas sus posibilidades de comunicación, sumando a la nula escucha que se gesta en casi todos los ámbitos, dejando al ciudadano en una situación de completa penosidad ( aunque pueda alcanzar algún tipo de pomposa gloria ) donde la soledad es el factor común, aunque sea difícil y rara cualquier desconexión de esta sociedad que ha globalizado la vanidad y procura banalizar cualquier vestigio de comunicación entre algunas de sus partes, a través de la ridiculización y la marginación de aquellos que se han tomado la molestia de intentarlo. Por lo tanto, cabría la posibilidad de sentenciar que no es necesario buscar y navegar en cualquier tipo de debates ( máxime en redes ) que sólo lo dejarán aferrado a su postura y con la oscura sensación de que todo es una mierda y cualquier noticia que se jacte de buena no torcerá el rumbo de los sucesivos tristes acontecimientos conducentes al mar cloacal de la estupidez, que seguirá propagándose como enfermedad virósica y todavía hay quienes aplauden cual eufóricas focas que se ha encontrado la cura. Mas no, no hay cura. O si hay cura, él no nos curará pues estará abocado a atender las confesiones de sus feligreses que, al menos, le dan cada tanto una limosna para costear sus hostias ya que el Estado no lo solventará en un tiempo. En definitiva, este texto -como decíamos- no amplía ni niega ni describe ni suple lo dicho hace tantísimas letras, en aquél título que acompañó la imagen que usted ( ¿vio, lector, que se lo ha tenido en cuenta, incluso en este momento de calma y despedida? ) puede observar debajo o al costado, dependiendo del dispositivo en que la observe, como motivo que le incite a tener una reacción consecuente o no, pero que no lo dejará indiferente, como el presente texto.

Desaliñada

Se gestaban los albores de una nueva religión, cuando Maira no quiso saber nada del asunto y se marchó llorando desconsolada. Otra vez, su amiga le decía que habían fallado. De repente recibió una llamada inesperada:
– Te estoy esperando en Güemes y Torrevieja. Café Cómo. Me habías dicho que ibas a estar acá, ¿querés que te vaya a buscar? Te espero o muero en el intento.
Paró un taxi y éste no detuvo su marcha. Probó suerte con los siguientes, pero los choferes parecían ignorarla sistemáticamente. Era tal vez su aspecto lo que producía cierto rechazo en ellos. Tal es así, que uno de ellos paró pero seguidamente retomó su marcha sin cargar con sus huesos. Finalmente, un taxi se detuvo y la levantó del pavimento.
– Lo más rápido posible. Güemes y Torrevieja, por favor.
El chofer hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Sin embargo, no tenía la menor idea de cómo llegar hasta el lugar solicitado. Tomó la avenida y cruzó el parque. Maira advirtió el movimiento y se lo reprochó instintivamente.
– ¡Oiga! ¿A dónde va?
– ¡Perdón! Creí que había dicho Güiraldes. Disculpe mi confusión. Hace dieciséis horas que estoy arriba de esta lata de atún. –dijo el chofer.
Giró en u cuando tuvo ocasión y regresó tras las huellas del vehículo. De su cabeza brotaban diminutas gotas de sudor que, en caso de ser advertidas, mostrarían su elevada tensión al pasajero de ese momento. Al llegar a una esquina, le preguntó a Maira distendido, buscando aprobación.
– Esta es, ¿no?
– Si toma por esta después va a tener que pasar Zúñiga, antes de toparse con Senegal. Si llega hasta el callejón quién lo saca…
El chofer asintió, continuando por la calle que venía. Su desconcierto era tal, que se le trenzaban las ideas en su cabeza por lo que fingió un dolor en el pecho y estacionó a un costado. Maira se ofreció a llamarle una ambulancia, pero el chofer dijo que se recompondría rápidamente. Sin embargo, le pidió que no lo espere para continuar su camino, pues se tomaría el resto del día. Así fue que Maira intentó detener otro taxi, pero no tuvo la suerte de que alguno de ellos se detenga. Caminó algunas cuadras en dirección opuesta a la puesta del sol y realizó una apuesta de lotería luego de pasar por un puesto de diarios y revistas mal puesto atendido por un tipo apuesto y, puesto que olvidó el nombre de la revista que deseaba adquirir, compró otra propuesta por dicho sujeto del puesto, y adquirió, además, un tornillo en una casa de repuestos que se lo llevó puesto.
Cansada y sin saldo a favor en su teléfono celular, se fue hasta la parada de colectivos más cercana a esperar. Recibe una llamada.
– ¿Vas a venir o me mando a mudar?
– ¡Enfermo! –dijo Maira, cortando la comunicación.
Pasó el colectivo que la llevaría hasta su casa y ella se subió. Un muchacho aturdía a todos con música en su celular. Maira le pidió si podía bajar el volumen del mismo y el joven aceptó de muy mala gana. Tal es así, que a los pocos segundos volvió a subir el volumen, inclusive más aún de lo que estaba en el principio narrado para fastidio de todos. Excepto el propio.
Maira se bajó cuando llegó a la parada cercana a su casa. Distaba a unos doscientos treinta metros de la misma. Mientras caminaba observó que sobre un árbol colgaban un par de medias de nylon que no llamaron su atención aunque lo intentaron. Al llegar, la estaba esperando.
– Otra vez me dejaste plantado ¿Se puede saber qué tenés en la cabeza?
– Aserrín. –le respondió Maira.
– Me podrías haber avisado que no ibas. No tenías impedimento alguno. Un llamado y problema solucionado. ¿Tenés idea cuánto me tuvo esa silla encima? Bueno, me vas a contar qué te pasó o adivino.
– Adiviná.
– Nadie te quiso llevar.
– ¿Viste que no era difícil?
Maira dio media vuelta y salió corriendo por donde había venido. Nadie la siguió. Cuando notó esto, aminoró la marcha y al pasar por el templo entró sin dudarlo. Apareció delante de ella un hombre que le pidió se retire, por favor, pues alegaba que nada podían hacer ya con semejante desaliño.

El cielo paciente

La noche, apacible, cae dormida;
La luna oculta en su fase la sonrisa,
Una estrella displicente sueña
que abajo las luces fugaces
le cumplen tres deseos anhelados.
El cielo observa todo, ferviente,
esperando que el espectáculo
nocturno irreverente ecléctico
cambie su ecuanimidad abyecta
por el ajetreo diurno cotidiano.

*Fotografía: Leandro Coca

La plaza

No hay ciudad que no conozca
el llanto, la angustia ni el tedio
ni plaza céntrica que no luzca
vanagloria en mandato del medio.

El gentío allí se amuchedumbra
a conversar de los niños sus juegos
la farola de noche le alumbra
el andar zigzagueante a los ciegos.

Ni la luna que tanto me llama
nos invita a dormir en su cama
ni la estrella fortuita declara
que su manto celeste la ampara.

Las palomas ya no comen tanto
sus jubilados buscan otro encanto
como darle placer a los nietos
y que aprendan saberes discretos.

Vigilada hasta la medianoche
conectada con cámaras nuevas
forman charcos que dejan los coches
los triciclos el día que llueva.

Fotos solas, también de los niños
fotos viejas que muestran los cambios
fotos riendo, corriendo y desaliños
fotos de estatuas no tienen recambio.

Todo el mundo pasa por la plaza
si va o viene no tiene importancia
por la plaza que es como una casa
bajo el cielo y llena de fragancia.

Horizonte

Aprendiendo a vivir
De instante en instante
Día a día a resistir
Vencer el ritmo vacilante
Frenar, seguir, insistir
Recrearse, subsistir
Sentir el flujo cambiante
Adaptarse, convivir
Como vertiente fluir
( Valga lo redundante )
Y otra vez resurgir.
Aunque se crea distante:
Ir presente, persistir.

Fotografía: Leandro Coca

Escribir

Me voy a sentar a escribir
para no tener que sucumbir
ante la corrosiva sociedad
que te desgrana sin piedad;
escribir o en el intento morir
en el final esbozar un decir.

Con la antorcha de lo veraz
escribir, descifrar perspicaz
en resabios de comunicación
ofrendar al lector sensación
verbo apalabrado contumaz
sostén de la cordura sagaz.

No quedará dicho rezagado
que al escribir tan porfiado
caiga presa de algún vicio
simiente en su sano juicio
que por vivir ha rechazado
callar, y locuaz ha versado.

Así entre magno palabrerío
se refleja un sentir tardío
del mundo sólo una causa
el tiempo tiene su pausa
sacándote de ese hastío
corre y corroe como el río.

Escribir es del alma vivir,
la palabra tiende a desistir
al llegarle su vencimiento
y  lejos de dar escarmiento
es loable poder predecir:
Escribir puede ser resistir.

Seducir no querer convencer
subsistir, no caer, ni ceder
escribir con maestría y ardor
con simpleza, tesón y rigor
al obsequiar un verso perder
levantar la palabra es vencer.

El silencio

En la relación interpersonal el silencio puede cumplir múltiples funciones, desde dar espacio y tiempo para pensar lo que se habla, dar lugar a una respuesta, medir el tiempo de la expresión o simple y profundamente compartir la compañía, entre muchas.

En la música, el silencio también tiene sus funciones, el cual lo puede dotar de belleza y sutileza, dependiendo del uso que se le dé y de la sensibilidad y talento del músico, y la atención del oyente.

En literatura el silencio también cumple su función, el cual se puede manifestar a través de diversos signos y usos que propician la pausa en la lectura, dependiendo de la obra literaria y, otra vez, del escritor y de sus cualidades para comunicar y, nuevamente, de la atención en este caso del lector.

En redes, casi del lado opuesto, encontramos que el silencio ofrece diversas interpretaciones desde apatía a falta de interés y participación, y tales prejuicios derivan cotidianamente en juicios hacia las personas que por diversas cuestiones no ofrecen nada a la comunicación. No participan. En muchos casos apresurados, debido a que la dinámica de la redes cargada de ruidos continuos sin silencio impiden al que está del otro lado frente a alguna pantalla encontrar algo sustancioso en lo que se esté comunicando. En todo caso, en redes el silencio no es comunicativo, a diferencia de lo que ocurre en la relación interpersonal, la música y la literatura donde el silencio tiene mucho por decir.

Un volcán

Una palabra que sembró la confianza
que despertó tu fuego vivo interior
tomó nota al fin tu sentir aletargado
que no hay dios que no haya superado
el mal trance de un pesar anterior
recobrando fuerza, valor y templanza.

Yacía moribundo, hibernaba confortable
opacado por siluetas que danzaban
al ritmo de diacrónicas canciones
le asustaban opulentas emociones
y palabras virulentas que trazaban
un insensato sentido descartable.

Pero el fuego al estallar que todo arrasa
no distingue del tenor del sentimiento
ni detiene su pasar en la pendiente
lavará con su fulgor en la vertiente
todo signo, todo mal, remordimientos
es el otro mismo tú el que te abraza.

Y al ser uno esos dos es una vida
plena, la luna también tiene sus caras
una llena, la  otra algo desconocida
alza el vuelo aunque te sientas perdida
que no es cierto que ya no te despertaras
que la dicha sólo estaba algo escondida.

Los emisarios del tiempo

En todas las épocas han operado en las sociedades diversos tipos y géneros de organizaciones secretas tendientes a algún fin, con algún objetivo particular que las movilizaba, de las cuales luego los estudiosos de las mismas divulgaban, sin ningún tipo de crédito por parte de quienes tenían la desgracia de prestarle atención, sus casi siempre lúgubres fines y desarrollaban teorías alrededor de ellas con el sólo hecho de desentrañarlas, pero no arribaban a ninguna salida satisfactoria, quedando relegados al margen de la félix societé que, indiferente, seguía sucumbiendo a todo lo que ellas sembraban entre el crédulo público. Los tiempos actuales no se quedan rezagados en tal sentido y, a riesgo de quedar marginado como paranoico, estoy abocado a desenmascarar a una mafia que ha tenido gran preponderancia en la cultura de los últimos años en la sociedad que la vio crecer.

Uno de los modus operandi de ella es tal que, asistida y apoyada por la tecnocracia dominante, ha desdibujado una situación que se presentaba cotidianamente entre los integrantes de la sociedad como de lo más habitual, llevándola al motus de ridícula o de befa, quedando quienes la practican –antes como partícipes al día- ahora como pasados de moda o relegados en las antinomias de los vientos vigentes. Me refiero a la mafia del tiempo y todos sus agentes del pronóstico. Hasta hace no mucho tiempo, uno se podía pasar horas hablando en balde de lo que podría pasar, si garuaría, si haría frío, calor, ¿caerá granizo? ¿lloverán sapos? Si cambia el viento o a qué hora amanece mañana. Decenas de minutos, horas e incluso algunos días hablando del tema más común y trivial que la sociedad le había dado un lugar preponderante en sus principales temas de conversación. Hasta incluso se han escrito libros y se han filmado películas con ello como eje central y/o argumento. Es diferente a casos en donde en algún recinto, como puede ser un estadio de fútbol, un templo o una facultad, uno sabe de lo que se habla y está casi obligado a saber lo mismo, pues esa es su regla del juego. Pero desde hace algún tiempo, el tiempo mismo es un saber más en todo ámbito, una mercancía de intercambio que se troca, un conocimiento indispensable para poder vivir en plenitud. A la hora que se me ocurra, puedo (y debo) tener el conocimiento de todos los detalles del tiempo con quince días de antelación, y no importa si son aproximaciones, estimaciones o certezas, lo fundamental es que lo sé de buena fuente y con ello se terminaron todas las especulaciones que tanto tiempo le restaban a la gente en nimiedades para poder destinarlo, por ejemplo, a elegir cuál será el próximo celular que me dará el pronóstico extendido que me voy a comprar. Pero lo que es seguro es que no voy a mirar hacia arriba cómo está el tiempo porque lo sé bien desde hace dos semanas, y no quiero que se malinterprete, porque no es una crítica a este nuevo beneficio que vino de la mano de la globalización ( dicho sea de paso, si Das Chagas hubiese contado con una app que le dijera que iba a llover torrencialmente el 2 de julio de 1817 sobre Apóstoles, con criterio, hubiese postergado la batalla para otro día favorable a su tropa con lo cual hoy hablaríamos portugués y seríamos probablemente el imperio al que todos le rinden tributo, pero Andresito Guazurary, viejo conocedor del clima, lo derrotó bajo la lluvia dejándonos como herencia un país soberano y una yerba de primera calidad), pero lo que se debería observar con atención es que ya no podremos prescindir de él mismo, pues nadie en la calle te va a saber decir si tenés que llevar bufanda o por las dudas traer paraguas cuando los que se divierten manejando el ánimo y la predisposición de la población decidan abandonar sus prácticas tétricas de dar aviso a través de los medios o aplicaciones en teléfonos, tablets, computadoras y nuevos dispositivos por venir qué tiempo hará, pues a pesar de que lo saben a la perfección, tendrán otros medios más ingeniosos para captar la atención de sus fieles y ya aparecerán otros detrás de mí para sacar a la luz sus objetivos. Para ese tiempo, ya se habrá creado tal religiosidad del asunto que ni los más escépticos serán escuchados. Cada tanto alguna anciana se queja del frío pero enseguida le aclaran que estaba anunciado desde hacía tiempo y uno siente un poco de pena por aquellos que se vieron vilipendiados por el desarrollo. Ligado a esta tradición posmoderna, se encuentran aquellos que indirectamente te obligan a entrar en sintonía con tales vaticinios y, más allá de que tengas guardia el sábado o sepas mejor que nadie que caerán soretes de punta, te desean de corazón abierto “buen finde”. Pero nadie puede sospechar de su buena fe ni elevarle reclamo alguno. Ellos, quizás, enfrascados en saber que Cariló los espera con 30 de térmica, le auguran buenos designios a todo prójimo que se interponga en su trayectoria. Pero basta por el momento. Time is money. Hace un calor insoportable. Eso sí, el pullover no me lo pienso sacar hasta que caigan sus máscaras.

De nominaciones, de bloggers y de generaciones

Había gente que me decía que Facebook servía para “enaltecerse” a uno mismo, que ese era el uso habitual y común que se le daba, quizá usando otras palabras. Y es mucho de lo que se puede ver por ese tipo de redes, donde lo vano solapado puede llegar a colmar la pantalla, donde cada muro es un producto, donde el peso de la opinión propia tiene un carácter casi irrefutable. Pero cada persona tiene mucho más para ofrecer que sólo juicio y opinión. Para eso existen los blogs, donde muchísima gente publica y ofrece variados textos que se dan a la comunicación, intentando mejorar cada día en sus formas y modos del decir, aunque cause frustraciones y desilusión. La ilusión juega un papel importante a la hora de publicar. Quien da a conocer lo que hace busca, como mínimo, llegar al otro, porque de eso se trata la comunicación. Así concibo la literatura, si es que tiene alguna función, aunque pareciera no ser funcional a muchas otras cosas, como la ideología hegemónica de la época que la viene descartando en varios países, donde los lectores son casos contados ( y perdidos para ella ). Quien gusta de leer muchas veces se encuentra sorprendido de sí mismo porque el texto derribó creencias, le abrió posibilidades o le favoreció vislumbrar diversas cosas que no tenía pensadas. El lector, muchas veces, se va descubriendo al leer, y ese descubrimiento no tiene fin.
Los bloggers también se van descubriendo al escribir, van desenmarañando su intrincada personalidad entre sus escritos y salen a la luz del texto muchas cosas interesantes para el lector, para el visitante que anda buscando quiénsabequé.
Seguir a un blogger puede ser un camino a perderse entre sus pensamientos y encontrarse entre sus espejismos, a identificarse con sus sentimientos y a rebelarse contra sus fantasmas, a buscarse entre sus pasatiempos y triunfar ante sus adversidades.
Quien escribe desconoce los alcances de sus textos, por eso muchas veces una palmadita en el hombro, como son las nominaciones a los diversos premios, vienen bien. Y como resulté nominado ( tras haberlas nominado ) al premio SUNSHINE BLOGGER AWARD, por las estimadas colegas Cami y Meli, paso a responder sus preguntas y cumplir con ellas, para lo cual publico aquí las respuestas por si a algún seguidor le llega a interesar ( ¡pero no dejen de leer mis poesías y relatos! ).

Formuladas por Cami

1-¿Cuál fue el primer libro que recordás haber amado profundamente?
No sé si tanto como amarlo, pero uno de los primeros que me despertó cierta admiración y asombro fue Ubik, de Philip K. Dick.

2-¿Qué pensás antes de dormir?
Olvido y me sumerjo en sueños.

3-¿Cuál es el peor libro (o menos bueno) que leíste?
No tengo cómo considerar que sea malo, pero mi ineptitud como lector me llevó a abandonar Fundación, de Isaac Asimov, luego de algunos capítulos en que me dí por vencido.

4- Si pudieras modificar una parte de tu cuerpo, ¿cuál sería? ¿porqué?
Poblaría las cejas, las veo medio desérticas.

5-Si fueras un super villano, ¿cuál sería el trauma/motivo que te llevó a ello?
Probablemente un resentimiento a la picazón, sea de piojos o mosquitos, lo que me llevaría a ser su Némesis.

6-¿Cuál es el mejor acompañamiento literario? (café, té, chocolates, música, gatos… todo cuenta)
Dependiendo de lo que esté leyendo. Si es una novela, la soledad es la mejor compañía. Leyendo cuentos y relatos puedo tranquilamente acompañarlo con unos ricos mates. Leyendo noticias, la música es lo que prefiero, ya que me permite distender ante las tensiones propias de la actualidad siempre conflictiva.

7-Te mudás de casa y sólo podés llevarte cinco libros, ¿cuáles elegís?
Escojo cuatro de Philip K. Dick y uno de Leo Maslíah ( si me lo devuelven porque lo tengo prestado )

8-¿Qué pensás de la astrología?
Desde mi ignorancia, pienso que hay algo de conocimiento y algo de imaginación e inventiva del astrólogo.

9- ¿El sol o la luna?
El sol para vivir, la luna para observar, para despejar sentimientos y pensamientos, para detenerme y existir.

10-¿En cuál de tus sentidos confiás mas? ¿La vista, el olfato, el tacto, la audición, el gusto?
En todos, aunque podría prescindir ( un poco ) del olfato.

11- ¿Qué momento del día es el que más disfrutás?
El amanecer es placentero.

 

Formuladas por Meli

1- ¿Cuáles son tus “Para siempres” durante ésta vida?
La muerte de lo mortal, creo que es para siempre. Como pienso que lo es lo eterno, claro está.

2-¿Cuál es tu lugar en el mundo?
Estoy a gusto en casa.

3-Si tuvieras que describirte ¿Cuáles tres palabras usarías?
Soy uno más.

4-¿Qué representa para vos escribir?
Escribir es un placer, me sirve para reflexionar y dar a conocer parte de mí, para brindar distintas visiones de muchas cosas, ofrecer pensamientos, sentires y para abrir puertas y cerrar ventanas.

5-¿Cómo te inspiras para empezar a escribir?
El comienzo de la inspiración puede surgir con algo tan nimio como una palabra, que da pie a un relato. O quizá con una idea muy precaria que puede dar lugar a un cuento, una poesía. O sólo por impulso interior.
Otras veces, empiezo a escribir para propiciar la inspiración, que después puede llegar ( o no, y lo escrito hasta ahí va a parar a la basura ).

6- ¿En qué cosas crees?
En la bondad, la belleza, la verdad, la nobleza, la simpleza, la inteligencia, la ternura.

7- ¿En qué cosas dejaste de creer?
En muchas. Espero que cuando escriba mis memorias no aparezcan por ahí.

8- Si tuvieras que usar dos palabras para designar ésta etapa de tu vida ¿Cuál sería?
Vivir y amar.

¡Saludos!

Al leer

Acaricio las palabras al leer
me detengo en cada frase
descompongo el entramado,
asimilo veraz lo trazado
lo refuto tenaz, lo descreo
lo intuyo sagaz, lo comprendo
perezco ( ¡oh!) en la metáfora
renazco –zaz- en otro verso
deduzco leal lo simbólico
disiento y retengo al leer
regresa la vista en lo retórico
suavizo mordaz el rasgo terso
gano tiempo sin línea, la hora
vaivén atroz del mundo
me aquieto locuaz, me recreo
y el espíritu fiel desplumado
vuela lungo al cielo perfumado
observa lunar astral su fase
siento, pienso, suelto al leer.

La hoja en blanco

hojablanco

No me causa ningún terror, ni espanto
como a otros escritores, la hoja en blanco;
por el contrario, le tengo cierta simpatía
verla ahí vital, agazapada, esperándome
avergonzada, quizá, por mi escasa lucidez.
¿Llegará la inspiración? ¿Tendré algo por decir?
La hoja en blanco ni se inmuta con mi inquietud
ni se preocupa, sigilosa, ante mi propia ineptitud.
Atenta a lo que pienso no anticipa mi escribir
cual regia soberana solapada en placidez
sigue ahí, delante mío, como mirándome
paciente, pudorosa, sin dudar de mi apatía
que cual otros escritores -a veces- me estanco
a pesar de los sentidos, parezco de Lepanto.

Le hablo en turbulencias ( evitando mentir )
contemplo lo que escribo, vestigios del pensar
que leo con sorpresa cual un lector dichoso
y me siento, con mis trinos, a verla atiborrada
de palabras, sentimientos, a ceder malhumorada
porque se creerá perdida, sin su blanca palidez
sin textura, calidad, solitaria con mi estupidez
a esperar que alguien la lea y perciba desdichada
que ya no es una hoja pura, ha sido desvirgada.
Y lejos de aterrarme, ni de sentirme orgulloso
la guardo en un cajón, la observo descansar;
saco otra hoja en blanco y le escribo mi sentir.

La intuitiva espera

calle (2)

Aún no eran las cinco. Todavía teníamos tiempo de llegar. Sólo había que esperar que el colectivo pasara en el horario indicado. Ñum miró su reloj una vez más. Pasó un vehículo delante de nosotros. Luego una pareja caminando. Algún perro sin dueños daba vueltas por allí. Pasó un taxi y dudamos entre pararlo o esperar el colectivo. Lo dejamos pasar, quizá, confiados en que el colectivo llegaría a tiempo. Una señora se paró a nuestro lado. Ñum puso música en su teléfono.

Sentirte de cerca…
me enrosco cual tuerca
doy vueltas contigo
giro sin sentido…
Eres tú… eres tú…
Mi condena, vida, mi cadena.

La señora a nuestro lado soplaba impaciente. Quizás la perturbaba la música. Un muchacho se paró también a la espera del colectivo. Aún teníamos tiempo. Pasó un chico corriendo por allí. Pensé en darnos por vencidos y regresar, pero desistí. Había que insistir, no podíamos dar marcha atrás. Una niña se arrimó a quienes esperábamos el colectivo e hizo lo propio. Ñum me expresó con sus ojos su fastidio. ¿Qué podíamos hacer? Lamentaba en aquél momento no haber detenido el taxi que había pasado por allí hace algunos minutos, aunque me habría costado un ojo de la cara pagar el viaje y de momento necesitaba ambos. Una señora mayor avanzaba asistida por un bastón hacia nosotros. La parada de colectivos se fue poblando casi sin darnos cuenta. Pasó un hombre paseando un perro. Ñum miraba esperanzada. En el teléfono sonaba una balada.

Sabes que es por ti
mi desvelo, mi mareo.
Bien sabes que no duermo
que no como, que me enfermo
que entristezco si tú estás.
A ti te canto, enfermedad:
déjame ya en soledad.

-Cómo está tardando… -me dijo una señora a mi lado.
– Hoy parece que más que nunca. Cuando uno está apurado, todo se conjuga para demorarlo a uno más de lo previsto. –le dije.
– A ver, me parece que allá viene.
– No, señora, es un carro atmosférico.
Me di cuenta que el sentido de la vista de la señora estaba notablemente alterado y se lo comenté en el oído a Ñum.
– Es cierto que no veo bien, pero el sentido del oído funciona perfectamente y no soy ninguna vieja chota, ¡maleducado! –me dijo esta amable señora.
Pasaron varios vehículos, pero ninguno de ellos era el que todos los allí presentes estábamos esperando. Un joven pasó vendiendo almanaques. Nadie le compró. No sé si por carecer de efectivo, por indiferencia o porque corría el mes de agosto. Se acercó una pareja de jóvenes a la aglomeración. Luego un anciano. Al pasar un camión, pude ver en la cara de la señora de miopía avanzada cómo se desvanecía la ilusión, a medida que se acercaba, de que este fuera el colectivo que esperaba. Pensé que podríamos dejar el asunto para otro día, pero reincidiríamos en el proceso, cayendo nuevamente en la molesta espera. Sonaba una canción en el teléfono de Ñum que distrajo mis pensamientos.

A ti te espero,
sé algún día llegarás…llegarás.
Aunque espere un año entero
yo te espero, tú vendrás…tú vendrás.
Y si mi espera es en vano,
dicen, todo es vanidad…vanidad.
Es por eso que me ufano,
no entiendo esta libertad…libertad.

Supe en aquél instante que el colectivo, esa tarde, no pasaría. Se lo dije a Ñum.
– Vámonos. No pasará.
– ¡¿Cómo lo sabes?! –preguntó Ñum.
– Sólo lo sé. No pasará
– ¡Lo que me faltaba! –dijo un señor retirándose del lugar.
– ¿Está usted seguro? ¿No estará confundido? Puede ser un error… -dijo la señora casi miope.
– No pasará. Continúe esperando, si así lo desea.
– Chau a todos. –dijo otra señora.
Una niña llamaba por teléfono a su madre para decidir cómo regresar a su hogar. Un muchacho tiró lo que le quedaba de una botella de gaseosa con bronca contra el piso y se marchó. Un joven se colocó su mochila nuevamente y se fue corriendo. Volvió a pasar por allí el joven con los almanaques. Ya no quedaba nadie.
Nos fuimos caminando con Ñum en dirección opuesta a la que habíamos estado mirando y, al oír fuertemente un motor a nuestro lado, nos dimos vuelta para mirar el paso del colectivo que, aunque le hicimos señales desesperadamente, el apático chofer no detuvo su marcha. Con Ñum quedamos mirándonos sin poder asimilar el hecho. Luego, ella me miró con ternura.
– No te preocupes, a veces falla. –me dijo con su dulce voz.

En vano hilvana

Anoche comí brócoli y me dio tortícolis. Me desperté con colitis, pero el médico me dijo que era por la bronquiolitis. Con bronca, encendí un pucho, pero ¡la pucha! me indigné. Sospeché de la ictericia colis. Por las dudas, fotografié sin dudar un colibrí con mi cámara de alto calibre. En la recámara, sentía cólicos, dicen que el coliflor es bueno para la flora intestinal. En el ínterin, con Flor supimos que en el Coliseo proyectaban una de Colin Farrell, pero no llegamos porque el colectivo nunca pasó. De paso les cuento que hay un cuento titulado Colinas como elefantes blancos y que Corina tuvo trillizos hace unos años, y a ellos se lo lee todas las noches.
Ya de noche, sacamos tres corvinas y las hicimos asadas, pero estaban pasadas. Esteban trajo el vino y Héctor, que vino en traje, descorchó. Chocamos las copas sin decir salud, pero nos saludamos bajo la copa del peral. Esperando el postre, colocamos un póster de Dardo Rocha en el comedor para tirarle dardos, pero sólo teníamos dados que le tiramos con gusto y atino. A Esteban le gustaba el ritmo latino, por lo que se vistió de deejay para pasar música a tono. Sonó el teléfono y al levantar el tubo Valentina se dio cuenta que no tenía tono. Esto no pasa seguido. Seguí dominando mis pasos de baile con Flor, que rozaba la euforia. Con furia, Rosaura se besuqueaba con Héctor en el sofá. Sofía se aburría como hongo. ¿Como hongos o longaniza? Estaba Esteban en un pico de indecisión pero con valentía Valentina lo apuró: dale con ese puro espurio. Juró no tocarlo y lo trocó por un bombón helado. Sentado a su lado -azulado vestía- Sofía tosía. Se lo disputaban ambos. ¿Vos querés bombón o cassatta?, le preguntó Héctor a Rosaura. El aura endiablada de Flor me preocupó. Con tupé y dinamismo, encendió la bomba con dinamita que extrajo de la cartera mientras servían las cassattas. En el aire sonaba Sonic Youth y eso sería lo último en escuchar, antes de que la casa ( y la cucha del perro revestida ) volara por el aire, al revés.
Determinamos que estaba loca. Lo catalogamos como el fin de la relación. Y terminamos con la ilación.

No es ninguna novedad

Un comercio llamado Vintage vende novedades. Las novedades son frescas y se venden muy rápido porque todo el mundo está interesado en ellas. Además, a medida que las novedades envejecen son más caras y son más difíciles de conseguir y deja de llamársele novedades. Las novedades siempre han sido un buen negocio pero este comercio lo ha sabido explotar al máximo.

El paso del tiempo le da un vértigo inusitado al ritmo comercial. Innatural. Con el correr de los minutos, las novedades hacen que todo luzca viejo, donde viejo es sinónimo de indeseado. Es decir que ya no será valorado por nadie. A nadie le interesa lo antiguo, excepto como motivo de distracción, como mera curiosidad con lo exótico, por eso también hay algún que otro pequeño comercio de antigüedades. Pero éstos son escasos y apenas si sobreviven.

Las novedades en Vintage son de variados tipos. Las novedades más destacadas son todo tipo de objetos, obras literarias o musicales, conceptos y teorías, terapias y medicinas, noticias de actualidad e incluso aromas y sabores. Todas las novedades son comercializadas exitosamente en Vintage. A cada momento las novedades que surgen en los diferentes ámbitos científicos, académicos o artísticos llegan a los diferentes locales de Vintage para ser comercializadas. La gente acude en masa a comprar las últimas novedades. Ninguno se quiere quedar atrás, ya que de quedarse se convertiría en un retrasado.

Hay científicos que han realizado diferentes estudios del fenómeno social que resultó ser Vintage, plasmados en conceptos cercanos a la compulsión o al vicio generalizado, pero tales estudios sólo sirvieron para venderse como novedad en Vintage. Ver lo nuevo era el truco más antiguo de la civilización, con el que se captaba la atención de la población. Así, las novedades en los locales de Vintage es lo que nadie se quiere perder. Es excitante y exultante estar al tanto de cada una de las novedades que salen a la venta. Al parecer, según otro estudio, la gente se harta de pensar en un pasado y un futuro y, cansado, busca una salida que sólo prestar su atención a lo actual le brinda esa posibilidad, y lo actual es nada más y nada menos que las novedades del comercio. Por eso, los directivos de la firma se mantienen en la cima del mercado, más allá de que hubo otros que salieron a competir. Ellos saben bien lo que el mercado necesita y se lo dan. Dinero fresco, la gente sigue prefiriendo pájaro en mano que cien volando, y las novedades son el ave más preciado al que la gente puede aspirar a capturar. ¿Es que hay algo acaso más importante que la novedad? Lo último, sin dudas, no era lo nuevo, sino lo más antiguo. Pero, ¿cómo dar su atención a ello? Me temo que de ser tan simple no lo es tanto. Es así que las novedades de Vintage atrapan en sus redes a millones de clientes deseosos de probar, ver, escuchar u oler lo último, aunque ese sólo fuera el principio.

Es sabido que las novedades no daban satisfacción, sólo un receso en la inclemente corriente de deseos, que pronto volvería a clamar su sed que sólo calmaban las novedades de Vintage. ¿Es peor el remedio que la enfermedad? ¿De dónde surge en el hombre este voraz hambre por el consumo de las novedades? Serían tiempos de locura y de ansiedad, sin dudas, y es difícil no caer en él. Vintage es la explotación de un truco milenario en su máxima expresión.

Con el tiempo, los locales de Vintage se expandieron de tal forma que no hay ciudad sin sus locales, red sin sus telarañas, barrio sin sus vendedores. Se dice que todos los comercios, grandes y pequeños, forman parte de la cadena de negocio de novedades Vintage, es el rumor. Y además, se dice que toda persona, sépalo o no, es agente de comercialización de la ideología vintage.

El significado que la gente da a “Vintage” es glorioso o de alta calidad. Otros lo traducen como famoso o extraordinario. Los menos, como clásico o antiguo.

Ya casi nadie recuerda cómo comenzó este comercio al que todos acudimos a conseguir las últimas novedades con el viejo sueño de obtener aquello que, quien sabe nos lo diga, dónde perdimos.

Nominando al nominador

Otra vez hemos resultado nominados para un premio, en este caso gracias a Roxane Bravo a quien le estoy muy agradecido por el gesto y que uds. podrán leer cómo tras devorar el mundo a bocanadas escribe cosas sumamente interesantes y publica en su blog que, aunque dice hablar a veces con sí misma, ofrece al lector un variopinto mundo de palabras, sensaciones y sentires.
Vale decir que La otra mitad ya tuvo otras nominaciones como ésta y ésta que podrán leer hasta saciarse.
En atención al premio, pasamos a responder las preguntas que fueron formuladas por ella misma.

 

  1. ¿Te gusta tu nombre?
    Si.
  2. ¿Cuál es una de tus palabras favoritas?
    Cuál es una de mis palabras favoritas.
  3. ¿Qué tres cualidades admiras más en una persona?
    El talento, el temple y la profundidad de espíritu.
  4. ¿Cuál es una de tus películas favoritas?
    Una de las últimas que me gustó fue Medianoche en París. Pero te voy a nombrar tres que me provocaron un gran impacto en su momento( hace añares): Carrera contra la muerte (Arnold Schwarzenegger ), Los sospechosos de siempre ( Kevin Spacey ) y Nueve Reinas ( Ricardo Darín, argentina ); en las tres hay un factor común: la estafa.
  5. ¿Sobre qué temas prefieres escribir?
    Comúnmente, escribo sin elección de un tema particular, pero con algún tipo de inspiración que me mueve a hacerlo y el resultado es una pieza artística que habla.
    Esporádicamente, escojo un tema para hablar de él, como puede ser la situación política, socioeconómica, etc. pero en esos casos resultan artículos de opinión y no artísticos, que es básicamente lo que publico en este blog.
  6. ¿Qué lugar elegirías para irte a descansar y meditar?
    Para descansar mi casa y para meditar cualquier momento y lugar es bueno.
  7. ¿Qué afición te gustaría retomar?
    La música.
  8. ¿Qué tipo de lectura es tu preferida?
    Aquella que descubre aspectos, cosas y factores en los que no había pensado. Puede ser cualquier género, desde poesía a novela. Si algún autor me resulta interesante trato de leer la mayor cantidad posible de sus obras.
  9. ¿Cuál es tu animal preferido?
    El esturión.
  10. ¿A qué lugares viajarías mañana mismo?
    Mañana tengo asuntos que atender que me impiden viajar siquiera a Pehuen Có ( una de las playas más cercanas ), aunque quizá me escape y viaje, es -como un escritor tituló- un bosque junto al mar.
  11. ¿Qué sensación te producen las fiestas de fin de año?
    Es un momento en el que se liberan todas las tensiones del año ( aunque el aspecto mercantil de las mismas puede generar diversas tensiones ), todo el sinsentido y malestar que pueda llegar a vislumbrarse en la escena social adquiere algún tipo de sentido y placidez incluso para el que se declara ateo, en el imaginario colectivo brilla alegría y euforia y, quizá, algo de locura, por qué no.
    Para el Sunshine Blogger Award voy a nominar a:
    Vik, y su positivismo real.
    Cami, con sus andanzas de luna llena.
    Eva, y su sensibilidad para decir ciertas cosas.
    Meli, y su paciencia inquebrantable para propiciar el encuentro.
    Aileen, y los dos lados de su ser.
    Julia, brindando luz a los corazones.
    Roxane, ¡estás nominada!

    Y las preguntas son:
    1-¿Qué momento del día es el que más disfrutás?
    2-¿Cuáles son los músicos que más escuchás?
    3-¿Cómo surge en vos la inspiración a la hora de escribir?
    4-Menciona una decepción que hayas tenido con la literatura.
    5-Si tuvieras que elegir una opción, ¿escribir o leer?
    6-¿Qué sensaciones te produce la lluvia?
    7-De tener autoridad, ¿Qué aspecto de la sociedad cambiarías en la actualidad?
    8-¿Crees que tu palabra ( escrita u oral ) puede servir para que una persona cambie algo de sí?
    9-¿Qué es lo que más valorás de otra persona?
    10-Ponle un título a tu vida como si se tratase de una obra artística.
    11-Escoge una de las preguntas que me han formulado y respóndela a gusto.

¡Saludos y feliz domingo!

Crecer

 

Al crecer, tu ser se esparce,
se extiende, crecés cual arce.
Tu vida se suelta al viento,
se rinde, se mueve a tiento.

Si distraída, caés, volvés,
seguro un día retrocedés.
Porque tu alma no fue de aquí,
se te desliza, como en esquí.

Confianza plena, calma serena.
La mar en coche, preciosa noche.
Tal vez tu suerte, no tenga muerte,
si vos querida, comés comida.

Tu plato lleva, tierno alimento,
se te subleva, si hay condimento.
No metas chinches, en tu barriga,
dejá, no linches, es una hormiga.

No mezcles huevos, sabores nuevos,
con mandarinas, truchas y harinas.
A ver, probá. Comé. Degustá.
Decime si la tierra fue injustá,
o acaso te alimentabas de un tornillo,
que uno molió, se le zafó, algún pillo.

Tu alimento es lo sustancial,
yo te recito en tono cordial.

A mis hijos no doy de comer,
peces podridos, eso es joder.
Nunca comerán huevo en esprai,
ni gasoil sólido, ni harán bonzai.

Ellos amarán su propia tierra,
perros, gansos, gorrión, mi sierra.
Tu pasto, agua, la flor, la lluvia,
¡Qué bendición! Say aleluia.

Y si un ojo se abre de repente…
¡Ay! mi dios, Qué de… de… mente
amplitud colosal, pasmosa.
¡Bienvenida! ¡Divina!… Hermosa.

Ahora que nada te falta
corre, ríe, llora, canta, salta,
baila, habla, besa, mira, come,
escribe, sirve, vive, la vida asome.
Que el corazón latirá, incansable,
ahora eres guía: era realizable.

El monitor y el dueño de la cadena

Acabo de comprar un monitor FHEZZ de 47.32 millones de colores. Y como tenía un rato libre, me los puse a contar. ¡Oh! Sorpresa, no llegaba a 46 millones. Entendí que había caído, inocentemente, en una estafa. Pero, una cosa, era segura: sería la última.

Me dirigí al establecimiento de artículos electrónicos donde había adquirido en calidad de precompra, el típico contrato en el que uno compra el elemento en cuestión, lo paga, con su correspondiente doblecuota que cubre: garantía, flete y hurto durante el mismo, propio o de terceros; y que, no obstante, uno se convierte en dueño con título habilitante del mismo, sí y sólo sí, paga la tríptica, que consistía en doblar el valor abonado originalmente, en dos veces de igual monto; es decir, duplicando el valor de la doblecuota.
Ya en el lugar en cuestión, me atendió un joven delgado, con nariz respingada que, curiosamente, pasaba la línea de abertura de su boca con la punta de la misma. Para alguien con problemas auditivos le resultaría complicado leer sus labios al hablar. Me trató muy amablemente cuando le planteé el problema en cuestión. Sin embargo, no me ofreció solución alguna. Pero, no obstante, me invitó a aguardar a que un personal superior, intentara resolver la inquietud que me llevó a ese lugar.
Luego de dos horas, se acercó una joven muchacha, que no llegaría a treinta años de antigüedad sobre la tierra, y me comunicó que ella del asunto, poco entendía. Por lo tanto me sugirió que, en unos instantes, le pasaría la cuestión a su inmediato superior, quien, afanosamente, resolvería sin más, lo dicho.

Al rato -largo y tedioso- se acercó un mozalbete que pasaría sin penas los veinte años, y me invitó a retirarme, aduciendo la fútil cuestión que me movilizó. Le repliqué que, a mi entender, era un asunto de vital importancia, puesto que mi vida no podría tolerar una estafa de tamaña magnitud más. Tras intercambiar opiniones cortésmente unos cuantos minutos, el muchacho me abandonó con la promesa de que le trasladaría el problema a su jefe, no sin antes propinarme un certero cachetazo, acompañado de una clásica palabra:
-¡Estúpido!

Tras unas cuantas horas, en las que me quedé dormido en la sala de espera de ese lúgubre centro de compras de electrónicos, se acercó un niño que no llegaría a nueve años, picando una pelota de baloncesto sobre el piso, que, instantes previos, se había transformado de baldosones en parquet, sin que nadie lo observara. El pequeño, me señaló el techo y cuando miré hacia arriba, el bravucón me arrojó el balón al centro de mi estómago, lo que provocó que me revolcase del dolor. Me indicó que le comunicarían el asunto al dueño de la cadena. Y sería él, quien por fin, me traería desde 687 kilómetros de distancia, en avión, la ansiada solución a mi pesar.

Pasé dos noches allí, aguardando.
Finalmente, esta mañana al despertar, se arrimó a donde me encontraba, una señora con un carrito para transportar a un bebé. No era un carro común. Era un carro dorado, completamente, y al acercarse, pude comprobar que estaba compuesto íntegramente por oro, ruedas inclusive. Quedé anonadado.
La señora, frente a mí, me pidió que tome al niño en brazos, indicando que era el dueño.
–Pppero…. -dije balbuceando, impávido.
– Sólo tómelo. -me dijo con voz firme.
Al alzarlo, el chiquilín, sonrió ampliamente, y tras esto, vomitó mi camisa rayada.

Los mediomundi

 

Te pinto todo muy oscuro
azabache y un cielo eclipsado,
levanto a tu lado algún muro
así veas que estás separado,
te enseño que vivir es duro
que aquí el amor se ha olvidado.
Lo rancio, lo espurio, lo impuro
me dice que lo he conquistado,
tranquilo, me siento y un puro
degusto en cuarto iluminado.

Como quien no quiere la cosa
lo dicho era sólo un esquema
ahora que no tenés problemas
tu mundo te pinto de rosa.

Pinceladas VII

 

La Punta Alta se aleja de la Bahía Blanca cuando algunos, entre risas, proponen rebautizarla High Peak, subordinando el idioma del que reniegan a tono con las modas de la era. El trabajo se divide en dos: lo que sucede a nivel físico, que es mecánico, maquinal o animal, según se entienda, y lo que sucede a nivel verbal que puede ser de índole similar a las dos primeras o de otra. En éste último, cuando no necesitamos de las palabras para la actividad que se realiza, los temas de versación derivan en pasatiempos imaginarios que nos distraen y entretienen, haciéndonos olvidar de aquello otro. Ahí me pregunto dónde estoy en esos momentos y creo que en ninguno, como en un relato onírico donde todo se conjuga para visitar escenarios paralelos entre guiones de una dramaturga deidad y en otro plano me encuentro yaciendo en la cama a temperatura agradable, a pesar de que en la noche detrás de las paredes la misma no bajó de veintiséis grados y pronto quizás roce los cuarenta. El timbre suena, pero todavía no distingo si es un bocinazo cuando estoy cruzando la calle en el sueño o es la vecina que me quiere consultar una cuestión que la tiene preocupada. Abro los ojos y ahora tengo sólo una alternativa: ir a abrir la puerta. Me mira un tanto turbada porque la impresión que le da mi cabellera no suele verla en las imágenes que a diario le depara su atención, salvo en algo que se muestre como algo exótico o cómico. Cuando sale del letargo me pregunta si no me dejaron alguna correspondencia certificada para ella, pero ahora me toca salir a mí y despegar el cerebro del espectáculo natural del sueño que todavía sigue rondando como un recuerdo leve y borroso que, finalmente, me deja rebuscar en lo sucedido el día anterior y recordar que dejé aquella correspondencia en la mesita del teléfono. Se la entrego y se despide con simpatía y agradecimiento, tras lo cual cierro la puerta con llave del lado de afuera y me subo al auto para no llegar tarde al trabajo. Pero al llegar enseguida me doy cuenta que otra vez es lo mismo que el día anterior, por lo que no tengo tanto apuro, regreso, me afeito, me ducho, me visto y me tomo un café escuchando el piano de Bill Evans, y ahora sí, voy al trabajo. O al menos allí parece que estoy cuando mi compañera Marisa me besa con la dulzura de una amistad o cuando un bochinchoso ruido me llama la atención, sin alcanzar a determinar si fue un portazo, una ventana que cayó o un estampido en el estacionamiento. Pero es suficiente para entender que hay vida. Después me olvido y continuó con lo que estaba. ¿Y dónde estaba? Ah, claro, estaba cruzando una calle cuando de repente oí un bocinazo, que para algunos resulta más fácil que pisar el freno, incluso en sueños. Sin embargo, en éste caso el conductor no me estaba apurando el cruce, sino que lo hacía en señal de saludo y al verlo, me doy cuenta que es un tío al que hace rato que no veo. Cruza la calle y estaciona junto al cordón, tras lo cual se baja y me da un abrazo con su alegría inconfundible. Me habla en ruso, o por lo menos, asocio esos sonidos que no comprendo a tal idioma porque alguna vez visitó Moscú, recuerdo bien. Pero no puede ser… porque los recuerdos quedaron allá abajo, sobre la almohada. Entonces empiezo a desconfiar, la visión se turba un poco y ahora que lo miro bien, no es mi tío fallecido, sino un antiguo jefe que tras el retiro se radicó en Noruega y hoy está de visita. Me despido alegando llegar tarde al trabajo y nuevamente me saluda estrechándome en un abrazo. No alcanzo a cruzar la calle y veo que Marisa detiene la camioneta delante mío y me hace señas para que suba. Miro con suspicacia. ¿Otra vez suena el timbre? Esto ya lo soñé.

El auto quiere ser otra cosa

 

Y a mi auto se le cruzó
( dícese se le ocurrió )
la idea de llegar a ser
camioneta o colectivo
avión, máquina de coser
pensó ser algún ser vivo
una milenaria secuoya
lagarto, urraca, centolla
se le antojó o quizá creyó
ser bicicleta o tranvía
muchas cosas él quería
ser pulmotor, lavarropas
horno, maíz, lavacopas
heladera o bate de béisbol
quiso ser duende y hurón
ovni, tractor, sol y furgón
radiante estrella de fútbol.

De Plutón, con cariño

Nota previa: este es uno de los primeros relatos que escribí, hace poco menos de cinco años. Para esta publicación no se le modificó siquiera una coma al texto original. La imagen corresponde al eclipse de anoche.

Hace unos meses, se presentó un representante de Plutón, experto en asuntos terrícolas, en la Comitiva para Asuntos Espaciales de la República. El muchacho, delgado, de mediana estatura, cabello corto y prolijo, aparentemente humano él, ¡bah! al cuerpo se lo podía asociar a la raza humana, casi sin discusiones, pero, como portaba consigo una credencial con el cargo mencionado, de dicho planeta, hacía, mínimamente, dudar de su procedencia. Los científicos argentinos, algo incrédulos ellos, se lo tomaron con humor -raro-, y le siguieron el planteo al joven plutonita.
Luego de una exposición de casi dos horas, en las que Toreaux , nombre con el que se dio a conocer el muchacho, explicó de la manera más sintética posible, que su planeta había sufrido la fragmentación en su gravedad natural en una región del mismo, y muchos plutonitas delincuentes de la zona estaban utilizándolo para emigrar hacia otros planetas, lo que resultaba terrible en el balance planetario con respecto a índices de delincuencia interestelar.
Por esa vía, no sólo viajaban ases del hampa galáctica, llamados allí “enrochos”, sino que además era utilizada por hábiles creadores de falsas promesas y vendedores de ilusiones, conocidos como los “credularios”.
Toreaux explicó que tanto enrochos como credularios trabajan en conjunto, intercambiando beneficios. Para ellos, claro. Unos con su habilidad para el engaño, otros con su habilidad para trasladar objetos sin el consentimiento de sus propios dueños. También llevaban adelante sus prácticas solitariamente sin inconvenientes con similares resultados.
Por razones fractales que supo explicar bien, Toreaux mostró, claramente, que la mayoría de estos galactodelincuentes tenían como destino el planeta Tierra. Por lo tanto, el muchacho, visiblemente avergonzado por el accionar de sus coplanentarios, solicitó al grupo de científicos un lugar de lanzamiento para ir desalojando la Tierra de estos atorrantes que habían caído sin autorización, tanto de su planeta origen, como del destinatario.
Para crear la planta de lanzamiento hubo que utilizar varios credularios plutonitas que insistan en los beneficios para los habitantes de la zona, ocultando los verdaderas intenciones de la planta y los inconvenientes que causaría: los cientos de puestos de trabajos que serían para ellos, que la lluvia después de cada lanzamiento traería chocolates y un sinfín de etcéteras. La gente, corrompida, aplaudió.
Luego de instalada la planta de lanzamiento, muchos habitantes de la región esperaban ansiosos el lanzamiento del primer cohete. Pochoclos, garrapiñadas, hasta panchos y hamburguesas eran los olores que predominaban en el ambiente. Otros continuaron con su vida normalmente, sin interesarse en tremendo espectáculo. Dicho cohete llevaría sólo un tripulante, de quien no se daría a conocer su nombre, hasta se cumpla su misión: volver a pisar la luna, clavando, esta vez, la bandera del municipio donde se asentaba la planta. Algarabía y furor reinaba en los pensamientos de esa gente ilusionada.
Días después, los científicos de la Comitiva para Asuntos Espaciales dieron a conocer el resultado de la fracasada misión: el cohete se había desintegrado al atravesar la atmósfera lunar y junto con él, su tripulante: el can Totono.
Sin embargo, se comenta por allí que los científicos escondieron el verdadero resultado de la misión, pues, según dicen, los avergonzaba. El mismo sería una foto que envió Toreaux, el real tripulante, desde un asentamiento en la Luna, donde afirmaba: “No vuelvo a la Tierra ni en broma”.

10 generalidades para quienes se inician en el mundo blog

Algunas cosas que quedaron por decir para aquellos que se inician en blogs de escritura o tienen un breve trayecto en éste tipo de plataformas que les puede venir bien tener en cuenta.

lista

 

1-Las publicaciones antiguas raras veces son leídas y en contados casos.

2-Lo común, para quienes ingresan al blog por primera vez, es echar un vistazo a lo último que se publicó y hasta ahí nomás.

3-Los seguidores/lectores son también bloggeros/escritores en su inmensa mayoría. De este punto se derivan variadas y extensas consideraciones que exceden el presente postulado.

4-Salvo escasas excepciones, el seguidor/lector asiduo a la lectura prefiere leer cosas de diferentes autores ( muy propio de la época ), por lo tanto no sirve hacer muchas publicaciones en un mismo día, ni tan seguido.

5-El seguidor no es exclusivamente “tu” seguidor.

6-Lo que al autor le llama la atención es lo que literariamente hablando merece la pena ser profundizado, más allá de que no siga moda alguna ni ideología hegemónica.

7-La cultura propia del autor excluye necesariamente a muchos lectores, incluso a coterráneos y a coetáneos, pero se puede trabajar la escritura para que esas barreras se difuminen, sin caer en la banalidad.

8-El interés en el autor se da a partir de textos previos conocidos, y en ínfima proporción por recomendación.

9-Llamar la atención del lector ( por ejemplo con títulos o imágenes ) puede servir si luego se dice algo o se retribuye. Caso contrario habrá decepción.

10-Escribir es un acto de dar, no de pedir. Por lo tanto, lo que venga es bienvenido pero no estés pendiente de ello.

Si querés podés agregar tus consideraciones y experiencias abajo en los comentarios. Sin más por el momento, ¡Saludos!

Todo somos

 

Semo’ el lenguaje o las tripas
Semo’ la comunicación o la sangre
Semo’ el conocimiento o los huesos
Semo’ la información o los pelos.

Semo’ lo que ha dejado, la vida
Semo’ lo que anhelamo’, los sueños.
Semo’ eso que amamo’, sentires
Semo’ lo que pensamo’ y semo’
Lo que ha purgado el llanto
Lo que ha dejado la risa
Lo que ha tocado el dolor
Lo que ha logrado el placer.

Semo’ lo particular y lo total
Semo’ vacío y semo’ plenitud
Semo’ el espacio entre lo que semo’
Semo’ todo lo que conocemo’.
Semo’ ante todo, chas gracias
Aunque de a ratos, de nada.

Intacta

Otra vez tu y yo frente a frente. Un doble espejo que refleja lo que somos, si es que somos, momentáneamente. El silencio cala profundo en nuestros corazones y se instala densamente en el aire que nos circunda. Algunas teclas se interponen y, lejos de separarnos, nos acercan el uno al otro. De la blanca pureza que te caracteriza sólo queda el trasfondo de lo que eres. Sobre ti se imprimen caracteres que dan forma a algo tangible y con el poder intrínseco de la interpretación a la que será sometido. ¿Qué se puede decir de mi que no lo reflejes tú? Lo que se ha dicho y lo que no. Lo que se entiende y lo que queda en el tintero aún por decir. Algunas letras hablarán de ti y te alabarán. Sin embargo, qué decir de esos ojos expectantes que se quedan fijos ante tu radiante luminosidad. Eres casi el fondo de este texto y casi pasas desapercibida. Pensar que sin ti no habría letra posible. Eres una inagotable posibilidad en la que se puede plasmar la nobleza de un pensamiento profundo o el vil insulto despechado. Pero, ¿de dónde saca sus más valiosos tesoros el hombre? Aquél que capta tu simplicidad no olvida que de la nada trascendente que insinúas surgen innumerables reflejos en tu plena vacuidad. Que es completa en sí misma. Quien emplea el vocabulario para llegar a un corazón sabe que en ti se funden acentos, vocales y consonantes, mezclados entre signos comunes que formarán palabras, y crecerán en oraciones, ramificándose en frases ordinarias y de las otras para llegar a aquél que te ignora concentrando su atención en lo propiamente dicho, pero sabiendo que eres tú quien da esa posibilidad de hacer blanco en una aletargada conciencia de ser, acostumbrada a pasar por alto la fuente perenne que imparte realidad a la existencia de las cosas. Y allí sigues tú, intacta como siempre. Pareciera que las letras precedentes no te hubieran tocado.

Séptima

 

Tras caer del balcón de la casa de su novia, Arturo había muerto por sexta vez y según sus cálculos le quedaban de una a tres vidas. Pero una inquietud lo azotó: ¿era todo parte de la misma existencia o vivía diferentes vidas disociadas? Ignoraba si los demás sentían la misma preocupación por conocer la verdad o si les daba lo mismo. Lo cierto era que Arturo yacía sobre el pavimento cuando llegó la ambulancia y lo trasladó al hospital. En el trayecto, una doctora le dijo que estaba vivo de milagro. Él consideraba todo como un milagro, por lo que las palabras de la diplomada poco le decían. De no saber de él, había llegado a observar el mundo, y ese era el milagro primordial que Arturo comprendía. Sin embargo, pensaba en lo rápido que se iba la juventud. La subida a la montaña rusa de la vida era lenta, muy lenta, pero después bajaba tan aceleradamente que no había tiempo de tomar nota de ello. Una vez en el hospital, Arturo recibió asistencia médica y reposó en una de las salas del lugar. A su lado, había un hombre sin rostro. No se puede decir que el hombre era un descarado, pues denostaba su vergüenza al hablar. Simplemente, no tenía rostro ni expresión al hablar. ¿Pero tenía boca? Claro, con todos sus dientes y partes constitutivas que la declaraban como tal. También tenía ojos que le permitían ver a su interlocutor, que en este caso no era otro que Arturo, con quien compartía la habitación, a quien oía a través de dos grandes orejas. Y una nariz larga puntiaguda se asomaba en el frente. Pero todo esto no daba la imagen de una cara, propiamente dicha, sino que eran partes disgregadas sobre un cuerpo en el que ni adivinando se vería un rostro y el hombre carecía así de uno, como el resto de los ciudadanos. No había en él un todo constituyente como para que cualquiera pueda decir: mirá la cara de este tipo. En ese sentido, y sólo en ese, era un tipo diferente. En todos los otros, era uno más.
-¿Qué le pasó a su rostro? –inquirió Arturo, cuestionando no por el hecho de que le haya sucedido algo a él, sino más bien por su ausencia.
-Lo perdí jugando póquer. –respondió el hombre.
-¡A quién se le ocurre apostarlo!
-A mí. –Dijo el hombre secamente- Antes había perdido el auto, la cama y la dignidad. No me quedaba nada más por apostar.
-Son las consecuencias del vicio del juego. ¿Por qué está aquí?
-Apendicitis. ¿A usted qué le pasó?
-Tropecé en un balcón y caí al vacío, que no era tal pues estaba lleno de pavimento y terminé con moretones y varios raspones.
-¡Qué mala pata!
-Dígamelo a mí. Mire cómo tengo el tobillo.
-A usted se lo digo. ¿Hay alguien más acá?
-Era un decir… Oiga, he escuchado que se practican implantes de cara, podría solicitar uno en todo caso para volver a ser como todos.
-También lo he sentido, pero no estoy interesado. Además, mi antiguo rostro ya no lo podré recuperar, seguramente estará muy lejos de aquí, siendo apreciado por vaya usted a saber quiénes.
-Ahora no puedo ir, por la pierna debo permanecer en reposo, pero anóteme la dirección de donde se encuentra su rostro que lo iré a ver en cuanto salga de este maldito hospital.
-Era un decir, joven. ¿Usted no distingue cuando le hablan en serio de cuando no?
-A veces. Ahora no puedo pensar con suficiente claridad como para reparar en la diferencia. –esgrimió Arturo.

Le dolía todo. El efecto de la anestesia se estaba diluyendo y Arturo comenzaba a sentir los embates del dolor causado por la caída. El hombre sin rostro también sentía dolor y gemía y se quejaba de manera alborotada, pues carecía de dignidad. Arturo se aguantaba bastante la molestia. Allí fue que llegó la enfermera de ronda y le preguntó si necesitaban algo. El hombre dijo morfina y Arturo pidió un cigarrillo, pero ambas solicitudes fueron denegadas.
-¡Cómo se pianta la vida! –Dijo el hombre sin rostro- Primero se va la juventud a una velocidad pasmosa. Después se pierde la salud que al menos nos daba cierto margen de error. ¡Y ni hablemos de dinero!
-Así es. –dijo Arturo.
-Uno no piensa en estos problemas cuando es joven y goza de buena salud. Pero deberían advertirlo a uno de lo que le espera por delante en su trayecto a la eternidad. No hay atajos, al parecer. Si me hubieran dicho lo que me esperaba me plantaba a los veinte.
-¿Le parece?
-Sí. Una vida alegre y feliz, corta y fructífera. ¿Qué más se puede pedir? Después de eso empiezan a venir los achaques de la edad, esperando no caer en la senilidad.

Arturo se quedó dormido en la cama donde reposaba. No oyó nada cuando ingresó el médico a observar el estado de los pacientes, ni cuando entró el apostador que le había ganado el rostro al hombre de la cama contigua. Tampoco oyó la voz de Nancy, su novia, que en el sueño le decía: hay que ser salame para tropezar en el balcón. Tal vez era eso mismo lo que Arturo pensaba del suceso. Que era un salame. Por eso no le sorprendió cuando despertó aterrorizado porque un sánguche de salame devoraba su cuerpo, masticándolo sin compasión. El sandwich mostraba signos humanos en su apariencia, tales como cierta simpatía y una verborragia poco usual en esa especie. Cuando despertó, Arturo vio al hombre a su lado más alegre que antes, con una expresión en su rostro ( el apostador se había apiadado de él y se lo reintegró en un acto de verdadero altruismo ) que denotaba cierta felicidad.
-Se lo ve mejor. –dijo Arturo.
-Me siento con la frescura renovada ahora que recuperé mi rostro. Además, el dolor ha cesado bastante en su ataque contra mí y eso me permite desentenderme un poco del asunto. Pronto estaré nuevamente en el ruedo, apostando con un par de reyes.
-Tenga cuidado con eso, no sea cosa que se arrepienta de perder lo poco que le queda.
-¡Bah! El que no juega en la vida paga el precio de tomarla seriamente, y es un costo muy elevado por cierto. –Dijo el hombre con rostro afable.
-Sí, es cierto, pero no por ello hay que perder cualquier cosa en un partido de naipes. –argumentó Arturo.
-Me parece que usted argumenta por temor.
-¿Temor? ¿Qué temor?
-Tiene miedo de perder.
-No, por favor. No tengo nada que perder.
-¿Está seguro? Tengo una propuesta para hacerle…
-¿En qué está pensando? –inquirió Arturo.
-Me gusta su reloj. Le apuesto el mío a que me voy antes que usted de este maldito hospital.
-Hecho. –Dijo Arturo poniéndose de pie- Si quiere se lo puede ir sacando porque ya me voy.

El texto

Había una vez un papel en blanco, que de a poco, letra a letra, palabra por palabra, de punta a punto, fue cobrando vida, transformándose en El texto.
Se dice que, desde su comienzo, el mismo no decía mucho, era más bien parco, escueto, pero con el pasar de los términos fue haciéndose paso entre el público por su locuacidad. Si bien, pocos conocieron de cerca el crecimiento del mismo, muchos lo reconocieron recién cuando éste fue grande, aunque su grandeza no era tal para sí mismo, ya que de él poco hablaba y no aceptaba cumplidos, salvo contadas excepciones. Mientras se desarrollaba, él ocupaba sus quehaceres en mantener la serenidad, no por saber de la eternidad sino, más bien, para no dejarse arrastrar por la celeridad de las demandas periódicas. A diario, mantenía el orden en sí mismo ocupándose de llevar una simple, pero pulcra, puntuación.
El texto se mostraba indiferente tanto a elogios como a críticas, lo que le daba un sentido de equilibrio, rechazando ambas posturas. Si bien, hay quienes quisieron darle un tinte de ambigüedad, El texto era concluyente.
Cada tanto, aparecía un nuevo párrafo donde El texto se manifestaba abiertamente. Había quienes pensaban que éste carecía de contenido, pero El texto no les contrariaba, pues creía que ese adjetivo era insustancial. También estaban quienes le criticaban su desinterés general, pero El texto poca importancia le daba a ese tipo de críticas, confirmando la exactitud de las mismas. Claro que había quienes atribuían ese estado como  propio de su ecuanimidad, pero no había palabras en que El texto lo reconociera. Otros lo calificaban como de gran negación; él sólo parecía indicar, con pudor, que no era para tanto. A veces, algunos se quedaban un buen rato, leyéndolo, saboreándolo, pero no arribaban a conclusiones demasiado satisfactorias a pesar del impacto de la primera lectura. Otros, procedían a una segunda lectura para ver si podían extraer algo más de él, pero era en vano: él ya había dado todo de sí. Es verdad que hubo quienes lo quisieron replicar, pero El texto no sería el mismo, evidentemente.
Según se desprende de El texto, la firmeza del mismo está basada en alguna franca convicción, que transmite lisa y llanamente, aunque quienes lo han analizado, nunca se han puesto de acuerdo en certificar qué es concretamente aquello que expresa el mismo. Se dividen las aguas entre los que aducen tenacidad superlativa y los que alegan capricho o berrinche. No obstante, El texto no daba indicios de inclinarse ni por una ni por otra posición. Fue así, que otros analistas oportunistas quisieron imponer su postura de que El texto se declaraba en estado de perfección, pero el mismo se negó rotundamente.
Están quienes dicen que El texto era el sentir general de negativa a la explotación comercial de sí mismo brindándose gratuitamente por considerarse moralmente con la frente en alto, pero El texto se opuso tajantemente. Quizá esperaba retribución de alguna índole, pensaron entonces, aunque El texto también lo negó, reiterándose.
Hubo quienes, inexactamente, lo quisieron catalogar en primera instancia de antipático, pero El texto crecía en simpatía mientras se esparcía entre quienes lo leían, y en algunos hasta propiciaba algarabía, dicha o alegría. A otros parecía, simplemente, nada les decía.
Seguramente, también estarán aquellos que opinen de El texto sin siquiera conocerlo. Para ellos y para todos aquellos que deseen conocerlo, cito literalmente El texto:
“No.
No.
Y no.”

Otros nos

 

Y en otra charla descontracturada llena de contracturas
nos bajamos unas facturas, del gas llorábamos facturas
con sangre, ludor y ságrimas, desvariando para variar
¿Alguien fabrica buzones? Nosotros se los vendemos.
Es que lo desconocemos, por eso le preguntamos
será tan bueno avanzar, ¿nosotros a dónde vamos?
No lo sabemos nosotros, nosotros sólo sabemos
que su locura, paradójicamente mental, lo curó.
¡Qué lo tiró, qué lo tiró! Gritaba rítmica la religión
y era un caballo alazán, su porfía del carro lo tiró
acometió pagar cometas, le reclamaba la comisión
quién sabe si agitó o sorbió, no se supo si enfermó
pero nadie al fin comprendió, cómo fue que murió:
era alérgico a la salsa de caballa. Tenía ají, puta parió.

El foco

 

El foco de la atención
cambia cambia cambia
de una línea a la siguiente
ya cambió ya cambió
de una foto a un rostro enfrente
cambió y envejeció
la atención atentamente
a toda novedad cambiante
y si es viejo o ya la vio
cambió cambió cambió
hasta que un mal día muera
cambió, cambio y fuera.

El discurso

 

No es al nacer sino al formarse
Las ideas tejen el engranaje
Que cimenta de palabras su bagaje
Y el intelecto comienza a enredarse.

No es al comienzo sino en el ruedo
Que se colma el proceso del lenguaje
Un término sirve un nuevo brebaje
y se embriaga el intelecto en el espiedo.

No es al inicio del discurso interno
Que se jacta la palabra de elocuencia
Satura la atención sin displicencia
Se engrampa el intelecto en el averno.

No escarmienta la conquista intelectual
Ni escatima recursos ni seducción
Cual bella dama de firme convicción
Resiste en su congoja de tinte residual.