Sosiego

Estaba cansado por el trajín de la semana, los conflictos sociales, la parálisis creativa y la turbulencia política. No obstante, salí a caminar. Estaba anocheciendo y el andar casi a tientas en la penumbra de la ciudad me despejó las ideas, templó mi ánimo y apaciguó mi espíritu exaltado. Al emprender el regreso, recorrí un camino hasta hoy desconocido por el que vislumbré nuevas arquitecturas y luminarias modernas. Unas cuadras antes de llegar a casa escuché una voz que me saludaba.
-¡Leo! ¡Leo!
Miré en todas direcciones y, aunque creía reconocer la voz, mi cansancio y la miopía me impedían encontrar al portavoz ya entrada la noche. Inmóvil, como estatua recién tallada, lo escuché nuevamente aún sin divisarlo:
-¿¡No me vé o so ciego?!

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Pérdida

Por momentos, de caer en descontento
de oscuridad y nubosidad en aumento
el vivir, el andar, en desazón se empaña
y lo que era claro ahora es una maraña
todo lo que anteriormente tenía sentido
(para mí) se pierde, se lo traga lo vivido.

Pinceladas I

En Punta Alta no quedan bares de mala muerte. Los beodos perdieron su lugar de encuentro de estaciones pasadas con sus pares y ahora su soledad es más angustiante. Cada tanto te cruzás a uno que te dice que venimos necesitando un cambio, aunque no aclara si habla por los de su condición. La vecina trata de hacerle entender que el cambio ya se plasmó mostrándole las últimas boletas de luz, pero él saca un puñado de billetes arrugados y hace la cuenta para ver si le alcanza para otro vino y se aleja, así, por un rato de sus preocupaciones. Tampoco quedan casas de mujeres de mala vida. Las fachadas de las construcciones donde se alojaban invitan a otro tipo de esparcimiento y ellas han aprendido el arte de vivir. Un infante corre a la par de otro que, subido a una bicicleta, también aprende de las caídas. Las pocas edificaciones más altas no llegan a treinta metros de altura, pero las miradas de los pobladores más veteranos que deambulan por la aldea dibujan una parábola descendente que se pierde irremediablemente a un paso de distancia de la punta de sus zapatos, rememorando lo que pudo haber sido y con una incertidumbre que pesa sobre sí desde un tiempo inmemorial: qué será. Acelero al cruzar la esquina y escuchó que un pibe grita “auto”. El que está frente a él recoge la pelota y corre hasta la vereda. Pegarle al asfalto duele como la puta madre, pero ver la pelota ingresar pegada al palo ante la estirada del arquero te hace olvidar el dolor con la satisfacción de un logro infantil en el imaginario de llegar a grande un día. Un joven encera el auto al ritmo de un reggaetón en la vereda, ahí donde quedó el cantero en el que bajo un olmo la sombra de un hombre de pelo blanco vestido con una musculosa que hace juego con su cabello está tomando mates con el vecino y ven pasar un muchacho en bicicleta que de su bolsillo un tango interpretado por una banda de rock los retrotrae cincuenta años. Te acordás hermano… le pregunta un feligrés frente a casa cuando salen de la misa. Pero no, el otro no se acuerda. Prendo “Volver” y las tabacaleras están en la cúspide del negocio. Un amigo me dice que para estar tranquilo tengo que fumar. Él no lo hace, pero me prendo un cigarrillo y le doy la razón. Recojo los zapatos que compré hace dos meses y los llevo al zapatero Heredia. Cuando llego me doy cuenta que pusieron una verdulería ahí donde estaba el taller. Aprovecho que bajó el tomate y me llevo un kilo. En la esquina está parado un patrullero. Parece que hubo un choque. Los curiosos se acercan a ver qué pasó y entre ellos estoy parado con un par de zapatos rotos en una mano y una bolsa con tomates en la otra. Ningún herido por suerte, me dice una señora, pero mire cómo quedaron los autos. Miro un rato y luego emprendo el camino de retorno con tiempo a favor y viento en contra que les hace trabajar el doble a los barrenderos municipales. El ruido vehicular es una constante a esa hora, pero los domingos en la calle reina el silencio. Suena una alarma mientras atravieso toda la cuadra a pie. Después no la escucho, no sé si la desactivaron o es un sonido que ya no me llama la atención. Pasan un par de atletas. Los reconozco por su vestimenta fluorescente, antes era más difícil saber qué hacían. Hay un muro pintado con una obra de un artista local. Más adelante del trayecto otra pared tiene inscripciones con aerosol. Nombres y una declaración de amor fechada que quedó en el tiempo. Me detengo antes de cruzar la esquina porque viene un colectivo con dos pasajeros que se están por bajar por la puerta delantera. Después cruzo a paso firme. Antes de llegar unos gorriones y alguna torcaza despegan del césped y emprenden vuelo hacia un árbol enfrente. En la puerta me dejaron un impuesto para pagar y el diario enrollado que también tengo que pagar. En uno leo que aumentó y en el otro alcanzo a ver en un titular que subió el dólar algunos centavos. Busco la llave para abrirla y no la encuentro, ni tampoco la billetera en la que me quedaba un billete de Rosas nomás y dos monedas. Creo. Le pregunto si tienen hora a unos jóvenes que veo tomando una cerveza enfrente. Dejo los zapatos en el canasto donde pongo la basura y vuelvo a la verdulería a buscar las llaves. Se me hace tarde para dormir la siesta.

Somnolencia

El tiempo trae y el viento se lo lleva. La frágil sublime existencia de la hormiga está a merced de la lluvia o un pisotón. Pero las hormigas no tienen relevancia en la sociedad de los poetas tuertos. Las impresiones causan una distorsión de lo evidente que nos mantiene entretenidos en la arbitrariedad de las palabras. Cada tanto me pregunto qué debería preguntarme y encuentro que no encuentro las preguntas. Las diversas ideologías que pululan el espacio caducaron hace tiempo; sólo quedan colecciones de oraciones en un cúmulo borrascoso de vacío. Una vela se enciende y todo se inunda de luz hasta que nos tapa el agua y en penumbras, distraído, me duermo. Otra vez escucho el viento. La corriente se los sigue llevando.

La carta perdida

Cuando revisó sus archivos, no la encontró. Buscó entre sus correos antiguos, pero tampoco la halló. Él la recordaba con cierta simpatía, a pesar del carácter disuasorio que poseía en sí misma. Revisó entre todas sus carpetas personales sin suerte. El orden no era una de sus mayores virtudes. Utilizó un buscador en su máquina para buscar entre sus documentos, pero entonces no recordaba las palabras exactas que había utilizado en la misma, por lo que probó con algunos términos sueltos para ver si arribaba a algún resultado satisfactorio. Realizó varias búsquedas en torno al amor, pero no la halló. Refinó su búsqueda de acuerdo al tipo de archivo que podía llegar a ser, pero no la encontró. Hizo lo propio respecto al odio y, no obstante, no arribó al resultado esperado. Tal vez, no la había guardado, pensó.
Sin embargo, él la recordaba con cariño. Si hubiera sido de puño y letra, hasta quizá la tendría colgada en un cuadro en alguna de las paredes de su departamento. Despertaba en sí mismo sentimientos encontrados. Por un lado la atracción. Por el otro, cierto rechazo. Como núcleo central de la misma, la mismísima expresión natural de ser. Porque eso era parte del mismo sentir. No estaba separado, no eran dos cosas. Era parte de un mismo todo.
Volvió a buscar entre sus correos. Quiso recuperar los correos anteriormente eliminados y encontró muchos. Los revisó, uno por uno, pero no estaba la que buscaba. Encontró varias, en diversos tonos de expresión, pero no manifestaban lo mismo. No tenían la calidad de ese sentir tan inequívocamente señalado como único. Esa cualidad no se encontraba en las demás. Quizá en parte de ellas, pero daban lugar a la ambigüedad. No así en la carta que él buscaba.
Él creía que pudo haber sido la última, pero su frágil memoria, tal vez, le jugaba una mala pasada y, quizás, haya sido la primera. ¿Había lugar para semejante confusión? Pudo haber sido el comienzo de una relación con ella, por qué no. Y casi sin lugar a dudas, con ella se pudo haber terminado la misma. Aunque, él y su memoria la asociaban más a una expresión momentánea de descarga de vitalidad que al inicio o la finalización de una relación. No obstante, él recordaba la carta con afecto.
En algún momento, creyó que tal vez la hubiese impreso y buscó también entre sus papeles. Encontró letras de canciones, vieja correspondencia que mantenía con una amistad lejana, algunos manuscritos y también alguno de sus poemas.

Creyéndose en libertad
vagaba tu corazón.
Un día cayó en prisión
hoy vive en seguridad,
tan sólo con la misión
de huir de la soledad.

No encontró la carta. A medida que la buscaba, creía recordar cada una de las palabras que la componían, que le daban cuerpo a la misma. No eran muchas, por eso las recordaba con cierta facilidad. ¿Podría, quizás, reproducirla fielmente en caso de no hallarla? No lo sabía, por eso no detenía la búsqueda. Era, en ese momento que tanto la deseaba, cuando más la recordaba. Siempre con cierta ternura hacia ella. Esa carta lo había puesto en su sitio. Fiel, verdadera, ligera. Sin vueltas, sin rosca de tuerca. Era, lisa y llanamente, la manifestación de un sentimiento. Del sentimiento, por excelencia.
Pensó que, quizá, otra de sus cuentas de correo haya sido el destino que tuvo aquella carta, y allí fue que buscó. Revisó cientos de correos recibidos sin fortuna. Revisó en la papelera, pero no la encontró tampoco allí. Tal vez haya respondido a ella, y allí estaría, también, la carta perdida. Pero fue en vano. No la encontró.
Se tomó su tiempo para pensar. Intentó recordar. Se preparó un café mientras pensaba. Quería reproducirla. Sabía, con total certeza, cómo comenzaba. Así fue que lo apuntó en un nuevo archivo. Quería tenerla nuevamente, y apuntó. Apuntó el encabezado de la carta. Era el siguiente:

“Amor:”

Sabía que no podía ser de otra forma. Las cartas más bellas que había recibido comenzaban así. Por eso la recordaba con cierta simpatía. No dudó. Después, recordaba gran parte del cuerpo de la misma, lo sabía de memoria porque hacía blanco en lo profundo de su ser. Con la completa certeza de saber cuál era el cuerpo de la carta, lo apuntó seguidamente:

“Te odio.”

Tan sólo le quedaba recordar quién había sido su remitente. Y como su memoria solía jugarle bromas pesadas, resolvió, junto a su sentido común, darle por firma a quien no podía negarse que haya sido verdaderamente ella, para tener, así, una fiel reproducción de la carta perdida. Y lo apuntó:

“Yo.”

Reflejos

El espejo refleja un momento de la existencia, un tiempo particular de la forma, de su apariencia. La fotografía hace lo propio, en canon invertido, y el tiempo da la sensación de que se ha logrado perpetuar la apariencia de índole puramente temporal. El divague al que sucumbe el intelecto ante las impresiones recogidas hace creer que se ha logrado vencer el plano temporal de la existencia, o al menos da la pauta de que todo lo pasajero se puede retener por algún tiempo más de lo que dure. Para ver un espejo, hay que asomarse a él; para salir en la foto, hay que peinarse.

Los libros

En mi casa de la infancia, los libros ocupaban un rol preponderante, por eso los cuidábamos mucho. Tal es así, que cada vez que se rompía la pata de alguna cama ( las camas antaño eran de peor calidad ) unos cuantos libros la sustituían. Nunca supe bien qué decían esos libros, ni de dónde salían, pero nunca regresaban a la biblioteca. Ocupaban durante años un sitio bajo las camas, cumpliendo una función impensada ( impensada por el autor ) pero de gran utilidad para el hogar. Con el tiempo la biblioteca, un mueble rústico con puertas vidriadas que rescaté y mi mujer está empeñada en tirar, fue mermando su variedad, la cantidad de libros disminuyó considerablemente. Libro que salía, no volvía. Hace unos años, unos chiquilines ingresaban al garage donde la biblioteca juntó polvo durante años y se fueron llevando los últimos hasta que un cartel con birome y un alambre los detuvo en su afán afanil: “si te agarro te mato”.

Cómo convertir un texto malo en uno bueno en minutos

Lo primero a tener en cuenta es que un texto malo se puede obtener tanto de producción propia como ajena ( salvo que usted tenga una opinión de sí mismo demasiado alta y se crea incapaz de escribir textos malos ). En este último caso se debe tener en cuenta que la obra puede ser denunciada como plagio por lo que se debe tener preparado algún tipo de defensa de la misma, si se desea conservar los derechos de la obra.

Lo siguiente es llevar el texto escogido previamente a un estado en que se visualice claramente como incompleto. Para ello, se puede suprimir uno o varios párrafos, oraciones o simplemente algunos sustantivos. Una vez realizado esto procedemos a la lectura del texto en voz alta, para percibir cómo suena al oído. Si es posible, se lo leemos a alguien que nos pueda llegar a dar una opinión valiosa del mismo, si sabemos que nos valorará positivamente mucho mejor.

Posteriormente, añadimos párrafos u oraciones ( no importa si son malas o buenas ya que el veredicto lo obtendremos al final por la obra en su totalidad ) en el sentido que más nos plazca. No escatimemos deleite. Hacer lo que más nos gusta es importante porque eso es lo que después leerá el destinatario de nuestra agraciada obra. Utilice oraciones en imperativo con moderación. Interactúe con la comprensión del lector, pero no lo adule en demasía pues puede ser muy perspicaz y quizá abandone la lectura antes del éxtasis final al que se lo que quiere llevar.

Luego, para darle mayor importancia a lo que usted ha escrito y/o robado por ahí, reemplace varios verbos por otros que no necesariamente compartan el mismo significado. No se preocupe aquí por el sentido del texto y cuestiones fútiles de esa índole. Recuerde que usted tenía entre manos un texto malo, por lo que aquello que decía allí era pura vanidad, nada de mayor relevancia. Emplee verbos desconocidos para el lector común, quien sin dudas tendrá por usted la mayor estima cuando tenga que recurrir a un diccionario para entender qué ha estado expresando usted.

Utilice libremente su sexto sentido: el humor. Hacer reír y dar qué pensar es siempre valorado por la inteligencia del ser humano. A veces la combinación de dos o tres palabras puede justificar una lectura de poco genio. Si tiene pocas ocurrencias manifiéstelo con lo mejor de su capacidad: yo no sé.

Cada vez que incorpore un párrafo, piense si realmente hay necesidad de él. Si la respuesta es negativa, añádalo sin culpas pues para todo lo innecesario hay un mercado gigantesco que comercializa un sinnúmero de productos y, finalmente, su obra no escapa a esta ley.

Si puede establecer dentro del texto alguna polémica, como por ejemplo declarar que a pesar de tanto entretenimiento que se vende aquí y allí el hombre sigue sufriendo como hace dos mil quinientos años, o peor aún, más informado, hágalo abiertamente. Recuerde que el lector agradecerá la verdad, aún cuando tenga temor a ella de manera infantil, pues es benigna y abierta. Sin embargo, si usted la desconoce no se exprese como si supiera lo que está declarando pues los reproches no tardarán en llegar y con ellos la desazón del lector.

Finalmente, quite toda ambigüedad que el texto pueda dar. Borre sin límites todo aquello que invite a la duda y a la desconfianza. Usted debe brindar certezas. Un texto endeble seguirá siendo malo, mientras que aquél que le dé cierta saciedad al lector será considerado por éste como aquél que le salvó el día, y no digo que lo tenga como uno de los mejores que leyó, pero sí como uno al que considerará sinceramente bueno.

Y… ¡voilá! Lo ha logrado.

Alternativas al capitalismo

Una alternativa al capitalismo es el mentado cacadeísmo, que expuso explayadamente Juan K. Catúa, en su obra “Cacadeísmo sustentable”.
El cacadeísmo consiste sintéticamente en que tanto bienes como servicios se transaccionan con caca como moneda de intercambio. Al ser la caca un producto de fácil y pronta disposición, se eliminan las preocupaciones que resultan de su carencia. Además, todo el mundo tiene acceso a la caca por lo que se elimina la pobreza ( pobres los estreñidos ). Por si fuera poco, pocos tendrían inclinación a acaparar, salvo en el caso de los cagadores; mientras que los más acaudalados, serían en verdad unos cagones. Por lo tanto, cuando vayas a sentarte al inodoro tan despreocupadamente, pensá bien el destino que le estás dando a tu fortuna.

La decisión

Es difícil decidir un me gusta
con tantas hermosas visiones
palabras suaves, dulces poesías
todo tipo de familiares emociones
fotografías que representan alegrías
y tiempos de distintas diversiones
es cierto hay berretas filosofías
pero no por ello reprimen sensaciones
también hay videos con melodías
y algunas graciosas canciones
palabras que llegan de corazón
y otras que nos brindan una razón
para celebrar este milagro vital
de existir y jactarnos de tal.

Lo mejor es no complicarse
poner me gusta si te da la gana.
Y si acaso algo no te gusta
andá a visitar tu hermana.

Diestro

Me fui a comprar un jean ¡y no tenían talle!
Al escultor, cansado, le dije: ¡cállese y talle!
Anoche, tarde, me crucé a un ebrio en la calle,
me dio un consejo, pero es mejor que lo calle.
Tras conseguir, guardalo, lo que vale cuesta
se hará pesado el trecho al subir la cuesta
mirá que es largo el camino y bastante resta,
y el que no suma pasos al andar los resta.
Es pavoroso que hoy día se te fugue la divisa,
a lo lejos, muy sombrío, el porvenir se divisa
con este vil sistema de explotación sin objeto.
Si tu sociedad marcha perfecto eso te lo objeto.
Dicen que lo que no te mata tampoco te cura
dicen que acá en la capilla tienen nuevo cura
y que hay que hacer viajes con sólo lo puesto,
que el cortometraje se quedará con tu puesto.
Dicen que hay algo acertado, pero no lo creo,
y que no todo está inventado, por eso lo creo.

Espacial mente

Cuando nos comunicamos por escrito, los espacios son importantes ( al igual que los acentos ) y hay que saber usarlos, porque sino dan lugar a distintos malentendidos.

No es lo mismo:
mantengámonos que mantenga monos.
diversos que dí versos.
revestido que Re vestido.
simiente que sí miente.
nómina que no mina.
eximio que ex simio.

Esto es un ex orto a cuidar la cultura en tretodos.

É X I T O

El secreto del éxito radica en saber que la inicial acentuada que, seguida por una consonante de poco uso, oculta en el punto de la incipiente vocal que precede a la cruz, que muchos piensan que se trata de una ilustre letra, una de las últimas de nuestro alfabeto, culmina con el signo que representa que el círculo está cerrado, mostrando la perfección de lo que pocos conocen.

Por el desagüe

Esta mañana me pasó algo curioso. Entré al inodoro y salí por el del vecino. Caminé embadurnado en líquidos cloacales y materia fecal por la habitación en busca de una toalla para limpiarme un poco, pero no la hallé. Regresé al baño y me di una ducha con detergente para higienizarme bien. Cuando me estaba secando con una remera, por el inodoro asomó un vecino ( otro ) que estaba buscando enajenado a su mujer que se había fugado con el panadero por el desagüe del bidet.

Cambios culturales por descarte



Ahora que la ciencia y la tecnología han descartado toda existencia de Dios se han propiciado varios cambios culturales en nuestra sociedad. A saber:

* Nadie madruga con la esperanza de ser ayudado.
* Mucha gente se junta a pesar de que no se los ha criado.
* Hay gente que muere ahorcada por falta de un apretón.
* Hay muchas averiguaciones y escasea el perdón.
* Todos proponen pero no hay disposición.
* Nadie provee.
* Los desdentados mueren de hambre a falta de pan.

Ni un minuto de silencio

Un día como hoy se nos fue Hans Brugger, gran pensador, de esos que escasean. Prominente pensador nato, una eminencia del pensamiento que tanta riqueza bien pensada nos legó. Si la eternidad fuese un reflejo de nuestra existencia, Hans estaría en ella por los siglos de los siglos pensando.

Línea directa

 

-¡Si Dios quiere!
-¿Y si no quiere?
-Habrá que preguntarle…
-¡Llamalo!
-Tenés razón. ¡Basta de especular!

(Llama)
-¡¿Y??!!
-Ocupado.
-¡Siempre lo mismo viejo!
-Si… Si no, es ‘fuera del área de cobertura’.

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Pantallas

Se me pegan los ojos a las pantallas
veo ninfas, ruinas, olmecas y mayas
hay emojis y poses, tatuajes y espías
y un mensaje me da los buenos días.

El sabor del encuentro

La historia no es otra cosa
que oler el perfumar de la rosa.
Ocurrió hace tiempo lejano
fue entonces me habló aquél marciano.

Me dijo contale a tu gente,
cuidado hay que ser displicente,
la historia que aquí se remonta
a un hombre de Venus e impronta.

Él le comentó que algún día
estuvo en Mercurio con tía
quien Júpiter había visitado
y mucho no fue de su agrado.

Allí de Saturno le hablaron,
dijeron que vida encontraron,
había una mujer de Neptuno
profesaba su amor por alguno.

Aquél por Plutón ha viajado
cansado, después, lo ha dejado
volvió tras pisar esa Luna
durmió como un niño en su cuna.

Él mismo halló otro planeta
dijéronle sólo es un cometa.
Le puso por nombre Gabriela
quedóse admirando la estela.

Después pisé viejas estrellas
me recordaron a doncellas
de tiempo, de antaño, remoto
no pude tomar ni una foto.

Volvió a contarme de Marte
me habló de sus obras de arte,
del bingo, del té, del casino,
lo lejos que vive un vecino.

Que pasó su vida viajando
el espacio ha cruzado surcando
mujeres celestiales fue viendo
de todos los planetas conociendo.

Y halló que no hay más hermosa
mujer en la vida que su esposa.
Él todavía está enamorado
de la mujer a quien ha besado.

Llorando me ha confesado
las veces que la ha engañado
con mujeres de otros planetas
e incluso de algunos cometas.

Hoy día, recuerdo la historia
que, riendo, trajo la memoria,
el marciano no era otro que Nacho
un amigo que inventa borracho.

Hacer carrera

Si te explicara las razones de por qué mi carrera artística quedó trunca no me las creerías. No obstante, puedo recordarte los papeles que me ha tocado desempeñar a lo largo de mi trayectoria para envidia de más de uno. Te podría narrar cómo llegué a interpretar diversos roles, pero nada de cuestiones menores. No señor. Todas para la pantalla grande. Me he llegado a topar con grandes de la época, gente que hoy descansa en paz, estrellas de ayer que iluminan el firmamento de los nuevos artistas, para qué nombrar. Pero, ¿por qué motivo me voy a quedar sólo en la narración cuando podemos pasar a lo pictórico? Acá tengo la colección de mis papeles en cine en estos videos. Como ves, no son muchos; sin embargo son mucho más de lo que cualquier actor de esos del montón puede llegar a aspirar. ¿Vos sabés cuántos darían la vida misma por haber ocupado mi lugar? Sobre todo en “Milagro de medianoche”. Hubo cierta crítica que quiso minimizar el papel, como dando a entender que es un papel menor, casi irrelevante. ¿A vos te parece que un canillita puede ser irrelevante? No señor. Es un papel que exige una máxima concentración. Pero, ¿para qué quedarnos en el ámbito de la narración? Esta parte la vamos a adelantar porque no viene al caso. Acá es cuando Julen sufre el accidente; después en el hospital lo conoce a Giles. Ahí lo ves. ¡Qué pareja, mi dios! Es de esas parejas que pueden hacer de un mal guión una excelente película. Vamos a seguir adelantando porque toda esta parte no tiene la mayor importancia. Por eso vamos directo a mi participación y vos me dirás si te parece de menor relevancia. Acá está. Mirá. Minuto 48, de los segundos 22 a 25. Sí, son 3 segundos en pantalla. ¡Mirá qué fondo! Pasa Giles Fanduzzi, ni más ni menos y ¿quién está detrás? ¡Ahí me ves! Sí, es verdad, se me cayó una revista, pero ¿qué querías? Hay que tenerlo a Giles a un par de metros y que no te tiemblen las piernas. Pará que retrocedo y lo vemos de nuevo. Ahí está. ¡Qué barbaridad! Sabés que después no lo volví a ver a Giles. Estuve cerca en la filmación, pero entre peinadores, maquilladoras y vestuaristas el tipo está siempre rodeado por cincuenta. Con ese papel inscribí mi nombre en la historia grande del cine. La crítica nunca me lo reconoció. Si no tenés ciertos enganches te ningunean. Te basurean, entendés. A los tipos no se les inmuta un pelo. Mirá que hablé con uno de los más influyentes en aquella oportunidad. Le fui franco, le dije que un papel así merecía que me dedique al menos una columna en el diario en el que escribía, que creo que el hombre del que te hablo era del diario Perfil. Y no, ni cinco de bola me dio. No obstante, mi carrera continuó en pleno auge siguiendo su curso ascendente. Si bien es cierto que no serían muchos papeles más, no hay que desmerecer el rol que cumplí en “La dama y el ruin señor”. Sé que se habló mucho después de esa interpretación, pero a veces es más importante llegar así al público que pasar desapercibido, ¿qué querés que te diga? Pero basta de parloteo, vamos directo a los bifes. En esta película me tuvo de compañero Robert Sullivant, que hace las veces del ruin Winston, que ahí ves en pantalla. Te digo que trabajaba bastante bien el guacho. Las veintisiete estatuillas que se llevó en su carrera bien merecidas las tuvo. Acá estoy, minuto 32, segundos 13 a 15. Lo pongo en cámara lenta porque te quiero explicar algo, para que se entienda bien. Mientras en primer plano lo vemos pasar al ruin Winston, ahí atrás, el de la bicicleta soy yo. Como ves, me estampo contra esa camioneta blanca que estaba estacionada ahí. Te quiero explicar bien dos puntos: el primero, tiene que ver con la bicicleta, porque te cuento que esa bicicleta que usamos en la película no es con la que estuve ensayando. No señor. La otra tenía frenos a contrapedal, además estaba bien inflada y ésta no. Esta era más linda, qué se yo, tenía más chiches, setenta y dos velocidades, pero tenés que frenar con las manos, entendés. Y lo segundo que quiero aclarar es que cuando ensayamos, lo que había estacionado ahí era un autito chiquito, de esos de dos puertas que para manejar te tenés que sentar arriba de las rodillas, entendés. Y cuando llegó la hora de actuar me encuentro con el armatoste ese ahí, qué se yo, un poco que me abataté y cuando quise frenar con los pies me desayuno que la bicicleta era de las que tiene los frenos en el manubrio, ¿qué querés que te diga? Y si, la crítica no tiene piedad de esas cosas. Pero seguí adelante con lo mío por amor al arte, entendés. No me quedé en eso, aunque podría haber bajado los brazos en ese momento. Pero no, de tozudo nomás. Y así fue como logro otro papel, que si bien no es de las mejores interpretaciones que me tocó realizar, se destaca porque la filmamos mar adentro en el “Coloso III”. Además, te recuerdo que en esa película actuó nada más ni nada menos que Linda Moon. Sí, vos me vas a decir que era una adolescente, pero que una estrella como ella me haya tenido como compañero en el inicio de su trayectoria me llena de orgullo. Te digo que para esta película estuve seis meses trabajando de mozo. Porque a mí los papeles que desempeño me gusta llevarlos bien adentro. Me gusta entender el corazón del personaje, entendés. Además, como la escena es en un crucero, estuve navegando dos meses para perderle el temor. Y si, un poco me mareaba, no te lo voy a negar. Pero bueno, me la banqué bastante bien después de todo. No vomité ni nada. Pero, ¿para qué quedarnos en las palabras cuando podemos ir directamente a la acción? Ahí vamos. Esa es Linda, creo que tenía dieciséis años ahí. O diecisiete. Porque durante la filmación cumplió años y se lo festejamos entre todos. Acá estoy actuando. Minuto 29, segundos 8 al 20. Este fue un papel bastante largo en pantalla, comparado con mis otras interpretaciones. Creo que fue de lo más extenso que realicé. Sí, ya sé, la crítica no me la dejó pasar. Pero yo te lo puedo explicar. Vos ahí me ves simulando que le sirvo la comida a esa señora. No, no es mímica. Pasó que olvidé cargar lo que tenía que llevar. Creo que el que me descuidó fue el director. Él tiene que estar en esos detalles. A mí si me dan para que sirva un plato de ravioles o un vaso vacío lo mismo me da. ¿Me vas a decir que no es un papel jugado? Fue la mejor escena. La crítica, como de costumbre, te da con un hacha. Algunos argumentaron que si contrataban mimos o clowns les salía más barato que pagarle a un actor. En fin, ¿qué querés que te diga?

Y ese fue mi último papel. Después de esa película me presenté en varios castings, pero sin fortuna. Además, con pavada de currículum, digo acá me entran a llamar de todos lados. Pero no. La crítica es jodida, entendés. Después de eso me llamaban para hacer de mimo en distintas fiestas. Fiestas infantiles. Pero no quería saber nada. No señor. Lo mío es hacer carrera en la pantalla grande. Y así fue. Mi carrera artística quedó trunca prematuramente. Pero no te voy a explicar las razones ahora. No señor. Si te cuento, capaz que no me creerías.

¡Filme! Le estamos sonriendo

Oiga Usted, no se haga el distraído
mire para acá que le estoy hablando,
¿cree que me puede seguir estafando?
¿Quiere que le crea y me tenga confundido?
Sus proposiciones las conozco de memoria
no es que Usted sepa mucho de esta historia
pero lo que dice es recontra conocido
ya lo han dicho tipos muy bien vestidos
de corbata y alta gama que nos venden
con sus oscuras filosofías que pretenden
que compremos pensamientos inconclusos
que nos dejen el cerebro bien difuso,
¡mas no! Mi querido y altivo compañero
veo que no sabe Usted cuento más fulero,
lo disculpo si se rinde a mi plegaria
que le pide renunciar a estrafalaria
venta de propuestas no pensadas
que no por mal pensadas fueran dadas
si no que estuvieran ya mal formuladas
desde el vamos, es decir desde la entrada
y cualquiera se da cuenta de esa estafa
con un poco de paciencia, seguro zafa
no sin antes devolverle por venganza
advertencias como el título en bonanza
de esta pieza literaria que impensada
fuera dada cual metáfora de espada
que combate sin desgaste y sin temor
los embates del engaño y el sopor
se aventura al elevar una certeza
y de frente va y le corta la cabeza.

A vivir

Esqueleto_sentado

Calavera no chilla
Esqueleto no canta
El cajón no te espanta
Si te espera en cuclillas.
La intrépida danza
De la muerte macabra
No habrá ni Abracadabra
Que resurja en tu panza,
El dolor es un limbo
Que así parezca un bingo
Te retuerce el pescuezo
Casi sin aderezos,
Y el placer un narcótico
Que aunque parezca exótico
Te mantiene cebado
Cual un pobre drogado,
Y esa mente bastarda
Que se mueve a tientas
No replica a esta afrenta
Con la línea no cuadra,
Como un triste borracho
Tiene cientos de excusas
¿Quién te tiene reclusa?
Dictador mamarracho.
Cuando tu celu vibre
Si tu espíritu es libre
Sonarán las campanas
De la liberación
Llorarás embargada
Con estupefacción.
En mi pecho tu risa
Peinada por la brisa
Con la piel de los mares
Ojos de otros lugares
Será estrofa tu canto
Tu plegaria, tu rezo
Trocarás tu tropiezo
De haber querido tanto,
Si el amor corresponde
Puede que muera en pena.
Se termina el poema
mi pecé no responde.

Técnicas de escritura posmo

En el futuro la gente no va a escribir. Dictará cosas que alguna secretaria tipeará en algún dispositivo móvil y otros con apariencia intelectual supondrán que se adentrarán en la lectura de un texto cuando en realidad lo que ellos hacen es tratar de interpretar signos-letras-palabras-símbolos que alguien le dictó a una secretaria y ésta, sin mucha lucidez, sin demasiado sentido crítico ni literario tipeó en un dispositivo móvil y otros simularon leer incluido aquél que dictó su pensamiento a dicha secretaria. Los ocasionales lectores buscarán entre dichos signos, entre las palabras tipeadas por la secretaria intrépida algún mensaje como otrora la cultura nos ha brindado a través del arte, especialmente la literatura, en épocas donde la mierda no era tan abundante, pero no por eso escaseaba. Hoy día la encontramos en cualquier texto escrito en cualquier nota de voz que una secretaria tipeó en un dispositivo móvil y eso debería ser fuente de inspiración para nuestros bosquejos o al menos para considerar a ciertos autores que nos brindan con su obra literaria piezas de calidad como una bella poesía, un texto reflexivo, un relato veloz o una novela que pudiéramos leer antes de entrar en reposo eterno. En el caso puntual del presente texto mi secretaria se quedó dormida durante el dictado y fue ella la autora de las lineas subsiguientes al título que da nombre al texto en cuestión. La revelación fue dada por ella misma que se atribuyó la composición de esta pieza que firmó el autor desprevenido. Para cualquier reclamo puede usted dirigirse a la editorial o estampar aquí debajo su queja con total libertad. Queda usted debidamente notificado de la presente situación. Para mayor comodidad puede usted solicitarle a alguna secretaria que le lea el texto en cuestión incluyendo alguna interpretación con aclaración de firma. Y si nos obsequia una moraleja, bienvenido sea. Tenga usted un buen día.

mujerdurmiendo