Pacto

Tengo un pacto de convivencia con los mosquitos: no los mato a cambio de que no me piquen. Ellos, dada la desigualdad de envergadura, por norma, aceptan a gusto.
No obstante, hay algunos que ignoran dicho pacto y se atreven a alimentarse a costa de mi sangre. Por las dudas de cometer el atropello de matar a uno de ellos que efectivamente sí respete el pacto no tomo medidas drásticas, sino que simplemente mantengo mi palabra porque comprendo que siempre puede haber algún rebelde.
Eso sí, al que anoche me picó el culo cuando dormía se la tengo jurada.

Locución trunca

No tengo mucho para contar, narrar, decir o como quieras llamarle y además no hay mucho tiempo, ganas, interés o como quieras llamarle, máxime si no querés escuchar, mirar, leer o como quieras llamarle, teniendo en cuenta que hay muchos entretenimientos, distracciones, boludeces o como quieras llamarle que nos consumen el día, la atención, el cerebro o como quieras llamarle y que se nos pasa la vida, el paseo, la diversión o como quieras llamarle sin que lleguemos a una comunicación profunda, interesante, fluida o como quieras llamarle y pareciera que es lo mismo decir tal o cual cosa, gilada, ocurrencia o como quieras llamarle y era preferible optar por comunicarse con emojis, dibujitos, fotos o como quieras llamarle por lo que seríamos frente a la pantalla sólo dos perejiles, papanatas, nabos o como quieras llamarle y la palabra, don profundamente humano, serviría para limpiarse el tujes, culo, instinto o como quieras llamarle menos para pensar, reflexionar, comunicar o como quieras llamarle y pasaríamos a formar parte de la existencia de las especies más bajas como gusanos, bichos, insectos o como quieras llamarle por lo que lo que digamos no tendría mucho valor, importancia, substancia o como quieras llamarle para lo cual no habría tanto por saber, entender, comprender o como quieras llamarle y quedaría trunca nuestra locución teniendo en cuenta las posibilidades de todo lo que hay para contar, narrar, decir o como quieras llamarle.

NADIE LE DIJO

Nadie le había dicho
que aquí nada es permanente,
y lo supo de repente
cuando aquello terminó;
la relación se disolvió
como pintura en solvente,
a la lápida del nicho
epitafio le pusieron
y con ello terminaron
cada cual a su ruta
a proseguir su camino
pues así quiso el destino
que a veces la calle puta
se bifurca, se entrecruza
se abre, visión de lechuza,
separando voluntades
( o países y ciudades
que buscan autonomía
que la buscan con porfía )
y dejando las esquirlas
del amor y la explosión.

Desconsuelo y confusión
vuelos de aves de rapiña
restos de una transfusión
se encontraron con la niña
que pensaba que era eterno
un romance sempiterno
y ahora debe hacer el duelo
de enterrarlo bajo el suelo,
porque a ella nadie le dijo
que aquí nada es permanente
y lo supo tristemente
mientras buscaba consuelo
mientras sentía a su hijo
pateándole la pancita
con instinto goleador
y ella canta y le recita
al pequeño emperador
una canción armoniosa
descarnada y portentosa
que le hace olvidar la pena
encarando el porvenir
con una actitud serena
pues el corazón al latir
le da la calma fecunda
que de alegría la inunda
y así al pesar despedir.

En una sentencia profunda
nada es válido para todos
sabe de cualquier modo
en una felicidad rotunda
que un estado duradero
y por cierto placentero
no sólo le hace olvidar
sino que le hace amar
así en la vida amando
así en la vida jugando
su alma vuelve a confiar
se vuelve a sentir plena,
y si dos no son de fiar
y uno enturbia su melena
con la vista en el futuro
que se asoma puro y seguro
tendrá también por presente
que al saberlo de repente
que aunque nadie se lo dijo
de esperanza, muy prolijo,
tiene en el amor certero
un presente verdadero.

Estrellas

En el remanso de las relaciones
Se diluyen todas las complicaciones,
En el ocaso de la impermanencia
Caen recuerdos de nuestras vivencias
Como sueños que pierden sentido
Como ensueño todo lo vivido
Se descubre la significancia
Lo olvidado con mucha elegancia
Y un cúmulo de constelaciones
Con el día se tornan ilusiones.

Callecita

Un adoquín pintado de colores
Levita al run-rún de los motores
Se elevan por el cielo los temores
Que evitan de placebo los sabores.

Si cuadra el eclipse, el planisferio
Tu estrella te guía en el misterio
Coordenada celestial del hemisferio
Que carece en gobiernos de ministerio.

No es el mundo amable quien se mueve
Quien se mueve lo ve en la sombra
Embarrada en un charco cuando llueve.

A tientas se desplaza en la penumbra
Con la estrella pintada de acuarelas
Silencioso el adoquín bajo la suela.

In extremis

Como les venía diciendo, todo es en extremo interesante, razonable y hasta les diría hipnótico, pero la escasez de tiempo para considerarlo como parte, teniendo en cuenta que la sucesión de imágenes como un caudal continuo que nos propician los dispositivos dotados de pantallas e iluminación, no nos da la facultad de comprender el quid de la cuestión que a través de los años permanece idéntica por encima del hombro de las novedades, bajo el manto de la alquimia ancestral. Y ahora los tengo que dejar porque llegaron las empanadas.

Cinco notas recordatorias

¿Fruta abrillantada? ¡Ahhh misterios insondables del universo! En la naturaleza, la fruta abrillantada crece en árboles lumínicos que polinizan las luciérnagas y cosechan los iluminados para deleite del paladar de los ilustres degustadores del pan dulce, manjar luminoso, a la sombra de una vela.

***
-Señor, usted siendo mago, ¿Qué pueden aportarle sus trucos, su conocimiento a la política?¿Qué piensa hacer en funciones de gobierno?
-Naturalmente, parte de lo que han hecho gala muchos de mis predecesores: Nada por aquí, nada por allá.

***
¿Vos te pensás que los que festejan un gol señalando el cielo creen en algún dios? No, chabón, se lo dedican al gnomo que está en el techo que , como el apuntador en el teatro, les dice lo que tienen que hacer.

***
Si bien en casa no solemos tirar manteca al techo ( más que nada para que los gatos no estén lengüeteándolo ), para cerrar el año nos dimos un gusto, que con la misiadura circundante es casi casi un verdadero lujo, y fue así que después de nueve meses renovamos los barbijos.

***
Su felicidad constaba de un nivel de abstracción de la materia circundante pasmoso, y a decir verdad, no había nada más concreto que ello.

La vida sigue

La gente piensa en términos de antagonismos, mejor dicho: la mente trabaja con antagonismos, con dicotomías, con polaridades. Si no es blanco, es negro; o está con nosotros o está en contra; o tiene lo mismo o no tiene nada. Y así indefinidamente, tratando con pares opuestos, no baraja la posibilidad infinita que está en el seno de su ser. Por eso es común la confrontación y el conflicto, quedando el entendimiento relegado a lo más profundo de la comunicación.
Bien, hasta aquí, esto es más o menos entendible y pudiera ser acaso también atendible, pero no tenemos esa inspiración, por lo que tendremos que esperar algo que mas no sea un abrazo, quiero decir, un problema típico que venga a colación de grado superior en administración pública. ¿Esto qué relación tiene con nosotros?, se preguntará el advenedizo lector con justificadas razones. Mas no tenemos respuestas para ofrecer, aquí sólo preguntamos. Por ejemplo, ¿Cuántas preguntas caben en un garbanzo? ¿Por qué el otoño silba a la luna? ¿Cuándo se da por vencido el lector? ¿A qué hora pasa el 57? Sintetizando, nada sabemos más que todo lo que a ciencia cierta oímos, como ser: qué es el arte, qué es una composición gramatical, qué es un fonema ocluido y cómo incide en nosotros la música y los motores. Para ello es bueno recordar que no todo lo que sabemos se lo debemos a Newton ni a Descartes, pero gran parte de nuestro potencial creativo se desarrolla a partir de actividades como espantar una mosca con el puntero del mouse.
Resumiendo, para zafar de la mecánica dual cosmopolita tenemos de aliada a la condición humana la naturaleza de las cosas, más allá de que haya cosas naturales y artificiales, eso no nos afecta, o nos afecta por igual, lo cual equivaldría a lo mismo. Y las diferencias son sólo semánticas, por lo que no habría -en principio- de qué preocuparse si hay papel higiénico en el baño.

Un viaje

Era tarde, demasiado tarde para volver a pesar de que le refregaban el dicho por la nariz, aquello de que nunca es tarde. Según para qué, claro está. Para volver, por ejemplo, era demasiado tarde no sólo por el horario, habiendo caído el sol de manera dramática, sino porque las persianas estaban por el piso, como su ánimo. Por ello Alfonso resolvió seguir adelante, caminar hasta el hartazgo o hasta el fin del mundo, si es que ello era plausible. Caminó como quien no quiere la cosa, como quien no resiste el advenimiento de los acontecimientos, la sucesión de situaciones cambiantes, como quien se desentiende de las actividades mecánicas de la existencia para dar paso a meditaciones acerca de ella o de cuestiones contenidas en ella, como ser pensar en cómo preparar un huevo duro ideal.

Y en ello iba Alfonso, pensando en los placeres cotidianos, como asado y vino, y en los dolores esporádicos, como la parte baja de la columna vertebral que le hacía ver las Tres Marías y la Osa Mayor desde un único punto de vista del observador que atravesara dos hemisferios con la mirada. Cada vez que el dolor lo aquejaba veía, también en el cielo de la mente, estrellarse vehículos, estrellas de Hollywood de los años 60, supernovas de la NBA y futbolistas de alto rendimiento a bajo costo. Claro que la visión que percibía no era de continuo, lo cual sería insufrible, sino que entre pausa y pausa se tragaba lo que enseñaban y profesaban cientos de publicidades con ingenio para vender basura, envasada de manera brillante. Pero él no quería detergentes y pastas dentales, sino el cese del dolor, por lo que acudía a alguna ayuda, algún placer, algún alivio, que lo haga olvidar aquello, lo cual convertía al proceso en un evento cíclico de lo que entendía por vida, no muy alejado de la de cualquier otro, tal vez y sólo tal vez diferente en los detalles aunque equivalente en esencia y substancia.

Alfonso debió recorrer unos tres kilómetros a pie por la espigada avenida, deteniéndose solamente cuando algún semáforo así se lo indicara a los peatones que cruzaran las diagonales. Y el tránsito vehicular era profuso, radical, verborrágico, como la sangre corría por sus venas y arterias a buen ritmo sin que él tuviera que seguir el curso de la misma y pudiera dedicarle ese tiempo precioso a hacer un repaso de lo que tenía que decir, o de lo que hubiera dicho en caso de tener oportunidad, o de lo que diría en caso de oportunismo o rapto de ingenio. En fin, era libre de pensar y eso lo tenía atado, porque muchas veces no sabía o no se le ocurría en qué pensar, y ese ´en qué´ le acaparaba toda su atención sin llegar a darle cauce a un tema específico o abierto que le permitiera discurrir en algo de su agrado.

Siguió caminando, unos tres kilómetros más, siempre por la prolongada avenida que se había convertido en ruta, hasta que un dolor, un fuerte pinchazo en la rodilla derecha, lo empezó a descomponer. Sintió náuseas y ganas de vomitar que pronto le acarrearon un dolor en la nuca. Su tranco se tornó más lento, comenzó a renguear, a arrastrar el pie como un andrajoso que no ingiere bocado en una semana, a encorvarse, a mirar el pavimento y olvidarse las estrellas que seguían flameando a todas luces. El camino se le hizo empinado a pesar del llano y siguió como sigue su curso el río con las lágrimas del pueblo encima.

En un momento cayó, se desbarató y lloró, pero sin gemir ni emitir vocablo que acompañara su sentir. A nadie le importó, ningún automovilista se detuvo a auxiliarlo, no había ambulancia alguna que lo levantara del camino, por lo que no tuvo más opciones que la de Lázaro. Se levantó y anduvo con el malestar a cuestas, con los sueños en la mochila, esquivando pozos del tamaño de un lechón, pateando piedras con la zurda como quien se saca los problemas de encima, al menos por un tiempo prudencial que le dé espacio para pensar en cómo enfrentarlos. Tuvo ganas de gritar, de insultar, de blasfemar, pero no creía, no conocía malas palabras y no iba a la cancha. Siguió arrastrando el pie derecho dejando un camino trazado para los que venían atrás, con o sin náuseas, siguiendo el consejo del viejo que le decía que en la vida se trataba de dejar algo a los demás, y como no tenía más que dolores, con ellos dejaba señales.

Finalmente, sin saber cómo, tal vez como fue en un comienzo, llegó. Sin embargo, Alfonso no lo celebró ni se lo tomó como un alivio porque su premisa siempre fue que lo importante no era llegar sino el viaje a realizar.

La primera cena en tierra

Habían transcurrido sin decoro las mil y una noches navegando con aplomo veinte mil leguas de viaje submarino y Nelson estaba, digamos, cansado. El colchón era demasiado rígido y la almohada demasiado blanda, y la combinación de ambos le había producido el mismo efecto que correr tres maratones en una semana. Salió por la escotilla y no se sorprendió al no ver siquiera una comitiva de recibimiento, como mera formalidad. La tripulación comenzó a descargar los equipajes y fueron saliendo uno a uno a la olvidada tierra firme.
-Deberíamos contar la historia -sugirió Aquiles, llevando una enorme valija sin rueditas-, tal vez un día podrías escribir un libro, es una buena aventura.
Nelson lo miró desentendido, quería llegar a su casa cuanto antes. En lo último que pensaba era en narrar el viaje, siquiera en contar las anécdotas que pudieran ser de interés para alguien, aunque siempre había público para este tipo de comunicación, ya fuera verbal o escrita. Pero Nelson no publicaba hacía varios lustros y cuando le preguntaban el por qué desistía de hacerlo cuando mucha gente, tiempo atrás, halagaba sus narraciones, respondía con aires de haber cumplido lo que algún destino le hubiese impuesto si no fuera porque él se le anticipó:
-Porque todo fue dicho ya, y mejor que nadie, por Leo Maslíah.
Él consideró en algún momento y solía decir que sentarse a escribir para darle vueltas a los asuntos que lo movilizaban ya no le producían la satisfacción de sus comienzos. No obstante, había cierto grado de mentira en su respuesta, ya que a escondidas de todos de vez en cuando escribía algún cuento que le zumbaba y lo guardaba en un pendrive, sin darlo ( o darlos, porque se habían acumulado un buen número ) a conocer.
Se tomó un taxi que lo dejó en la puerta de su casa. Al ingresar, percibió un fuerte olor a humedad y a encierro, si es que el encierro tiene un olor particular, o a la falta de ventilación. Abrió las ventanas y el sol iluminó las dos habitaciones. Pensó en la cama que lo había estado esperando y en las ventajas de tener un televisor. Lo encendió. Transmitían las noticias.
-¡Ah! -exclamó con sorna- La vieja novedad.
El presentador cambiaba el semblante desde la presentación del último ganador del Quini 6 a la noticia del último femicidio como quien se toma vacaciones de la vida en sociedad y se interna en un bosque a la intemperie a deducir el código Da Vinci.
Se puso a acomodar las cosas que llevaba, en los cajones, y vio de imprevisto las luces de un patrullero por la ventana de la habitación. Escuchaba funcionar el handy, y que alguien hablaba pero no alcanzaba a interpretar lo que decían.
Golpearon la puerta. Nelson fue a abrir y un policía le preguntó por Fulan Omar.
-Ni idea, no lo conozco, oficial. -esgrimió- Recién llego de un largo viaje.
-Seré curioso, ¿De dónde viene? -preguntó el agente.
-De las profundidades. -justificó.
-Pero mire qué suerte, a mí me toca siempre cotejar las superficies, no tuve tiempo para más.
-Ahora voy a incurrir en la curiosidad yo, ¿Por qué lo buscan a ese hombre?
-No se lo puedo decir, pero, entre usted y yo, el mundo está lleno de vivos que hacen parecer la muerte sin prestigio.
-Como los ensambladores de pistacho.
-Bueno, ha ido usted demasiado profundo. -dijo el oficial con una risita entrecortada.
Luego se marchó. Nelson podía oír el handy pero ya no le prestaba atención. Enchufó la heladera y se puso a limpiar la cocina que estaba cubierta de polvillo. Cuando terminó se fue a aprovisionar de algunos víveres, productos de limpieza e higiene, cervezas y un lápiz, entre otras cosas. Guardó cada una de ellas donde consideró conveniente y se fue a dar una ducha caliente.
Más tardé preparó la cena, pollo al horno y papas a la espinaca, que comió en silencio con el sonido de una telenovela colombiana de fondo. Al caer la noche, cuando se fue a dormir, se preguntó si sueñan los androides con ovejas eléctricas, y esa duda aunque no le impidió apagar todas las luces de la casa sí le dificultó un descanso profundo, ya que cada tanto se despertaba sobresaltado por alguna trama perturbadora que estuviese soñando, o porque algún crujido de la cama le hacía recordar que el mar era la mitad de su pasado.

¿Qué nos queda del verano?

Podrán cerrarnos la noche
Prohibirnos la fiesta
Pero siempre nos quedará
La libertad de opinión
Que nadie quiere escuchar
Y la libertad de expresión
Que nadie quiere ejercer,
Nos queda la sensación
De que no me va tocar
La coraza individual
Es difícil traspasar,
Nos queda la imaginación
Recostada en un rincón
Nos queda la virtualidad
En la que hemos caído
Y el mejor emoticón
Que exprese la desazón
Los recuerdos que se esfuman
De la antigua normalidad
Nos queda la vitalidad
Y las ganas de yirar
Como este loco mundo
Que se ha llegado a infectar,
Nos queda la aburrida espera
Y un mate de madera
Que no hemos de compartir
Nos quedan ansias de seguir
De vivir y de reír
Y el llanto atragantado
Por quienes han de sufrir
Nos queda la indiferencia
Y ánimos de resurrección
Nos queda un sueño mejor
Y los sueños al dormir,
Nos quedan los testimonios
Y las secuelas en la psiquis
Nos queda el alma maltrecha
Y el bolsillo acongojado
¿Nos quedaremos sin artistas?
Nos quedan cuarenta grados
Sin aire acondicionado
Y la noche, vacía de almas,
Con un celular en la palma
Nos queda el entretenimiento
De la mente singular
Nos queda el olvido plural
Y un cielo pa’ recordar
Un hermano a quien llamar
Cuando nos toque la hora
Y veremos entonces la aurora
Que nos viene a interpelar
Con la locura a cuestas
Que nos viene a intimidar
El verano que abre grietas
Los que lo odian
A quienes le encanta
Y no queda quien le canta
Una oda a la sinceridad,
Nos queda la verbigracia
Ante tanta desgracia
Nos queda también ilusión
Y el toque de realidad
Que da la televisión,
Nos quedan los atropellos
De la estúpida arrogancia
Nos quedan también destellos
De lúcida inteligencia
Y el sol a contramano
Saliendo por el oeste
Esperando que la peste
Se vaya junto al verano.

DICLOFENAC

La cabeza se partió en dos, como una nuez. Pero en este caso, no había un cerebro dentro, ni dos, sino un bulto que latía, se agrandaba y se encogía, palpitante, sofocante, trémulo, gruñón. Eso era el dolor, algo que late, un corazón que bombea y el sentir que lo padece. De un lado de la cabeza, ideas; al otro, imaginación; al derecho, reflexiones, al revés, improvisaciones. Pero con el ronroneo del latido todo se entremezclaba y se confundía, lejana toda posibilidad de claridad se dificultaba pensar en nada: las actividades de mañana, la terapia, el trabajo, los problemas de la sociedad. Todo quedaba atrapado en las telarañas del dolor, en el abismal latido del dolor.
La radio emitía canciones que acompañaban la situación: un piano frenético por aquí, una batería estentórea por allá, una garganta desquiciada más allá. La tela que protegía el bulto latiente se resquebrajó con el sonido de los parlantes. Todo latía más, latía la música, latía el ruido de los automóviles, latían las moscas que revoloteaban, latían las paredes que se estrechaban, latía el cielorraso. Cuando no se ve el fin del dolor en su latido infernal, nos duele hasta la mansedumbre de la eternidad.

SUPERFICIES

Un problema que nos acucia
la falta de profundidad al tratarlo
mediocre, medio creído, medio crédulo
el abismo que separa al corazón
de lo que tiene en porfía tu pensar,
sin sosiego por las impresiones
con el tamiz de la imaginación
sin el remanso de la reflexión
se retuerce con las emociones
y en el sostén de los sentimientos
la reacción ante las situaciones
queda al margen, casi al fondo
la armonía que costó un perú
y se derrama el vaso colmado
por la gota que no se secó,
si vacío la copa nocturna
el vacío es posibilidad
la distancia una oportunidad
el reposo de la mente calma
se deleita en la posteridad.

EL LECTOR CURIOSO



Leyendo la borra del café
Como a un libro intrigante,
Descubro un sinfín de sensaciones
De imágenes ideadas
De ideas imaginadas,
Me distraigo en la contemplación
Al encontrarme con tu sonrisa
Sin apuro, sin ninguna prisa
Leo también tu rostro
La felicidad rebosante
La ternura trepidante
La serenidad, los divagues
Que leo al salir de tu boca
Y la excitación que me provoca
Al leer tu sensual mirada
Esquiva, precisa, recargada
Que me busca y se compromete
Sobre la almohada de plumas.
Leo tus pechos y tus cabellos
Que me cuentan cosas
Son espinas las rosas
Que se me clavan en el iris
Cuando leo tus tatuajes,
También leo tus ropajes
Cuando ruedan por el suelo
Leo crónicas marcianas
Y las nubes en el cielo
Cuando subo las persianas,
Leo además los mensajes
Que me obsequian un consuelo
Los titulares de los diarios
Los feriados del calendario
La poesía revolucionaria
Las metáforas más estrafalarias
Los proverbios, el pronóstico
Leo tus besos en Braile,
La novela interminable
Subtítulos, boletas, contratos
Leo intermitente y de a ratos
De corrido, continuamente
Con suspenso o curiosidad
Como al saborear tu piel,
Lo que dicen las cosas que leo
Que a veces capta la atención
Y en otras, con la mejor intención,
Aunque lo vea no lo creo
Me alegran, me conmueven
Me distraen, me despejan,
Me aleccionan, me interpelan
Y después ya no hay después
Es un tiempo en presente
Un vaivén de movimientos
Vuela con los pensamientos
Cual gaviota ante el ocaso
Sobre la playa serena
Caminando por la arena
O surcando la brisa,
Y si lees propiamente
Tal como leo activamente
Encontraremos el sentido
De lo que no es conocido
De lo que está por descubrirse
Antes de que empiece a abrirse
Como flor ante el rocío
Como vino en el estío,
Como vino así se irá
Y al leer florecerá.


Veranos

Y mediante el corte solemne de la cinta, damos por oficialmente inaugurada la temporada de calores ilimitados, vientos sofocantes y escasez de brisas, que uds. mediante sofisticados adelantos tecnológicos y cosméticos sabrán sortear e ignorar, festejando así al son del brindis de fin de año calendario que ha llegado “el verano”, con la consecuente euforia que les depara el estado de ebullición al que sucumben las formas en elevadas temperaturas nocturnas con la embriaguez de la algarabía que representa el hecho matemático de que un año más se ha ido a la putísima madre que lo parió. ¡Salud!

Celebraciones

Para evitar confusiones en lo que se tiende a festejar, no hay que nacer un primero de enero, ni tampoco, desde ya, un 31 de diciembre. Mucho menos un 24 de diciembre ni un 25. Es claro que tampoco conviene nacer un primero de mayo, o en días de semana santa, ni el día de los inocentes. No conviene nacer en vacaciones de invierno, ni en carnaval, ni con la llegada de la primavera o el otoño, ni en fechas patrias ( de cualquier patria, por si acaso ) ni en días que se festejen profesiones que no sean las nuestras, ni tampoco el día que se celebra nuestra profesión u oficio ( aunque no la hayamos elegido ), ni hay que nacer el mismo día que personajes célebres o personas famosas. En síntesis, para evitar toda sobrecarga en las celebraciones sociales y muchos otros males, no hay que nacer.

Te ven

El poder de la televisión para transmitir valores y una guía moral al público cuando lo que nos rodea parece una parafernalia de egotismo, vanidad, insensibilidad y una constante tensión, está dado no por la calidad de locución de quienes ponen la cara ante las cámaras ni por lo que le dicta la editorial de lo que debe emitir con su voz y su mejor interpretación, sino por nuestra capacidad de descifrar los mensajes en lo que nos pueda comunicar el aparato si lo observamos con atención y especial cuidado en la escucha durante al menos una hora apagado.

Vuelan tetras en las pampas

Antes de que llegaran los envases de tetra-brik a estas tierras, ya veíamos en las películas norteamericanas a alguna mujer o un muchacho bebiendo directamente desde el pico leche condensada que sacaban de la heladera, en una caja. Con el tiempo, llegaron los envases de tetra-brik, pero no nos daba el cuero para pagar la leche condensada, que era costumbre de carolos, por lo que pronto veríamos volar por los aires cual mansas palomas blancas que aterrizan sobre el césped, los cartones de vinos baratos envasados en tetra-brik.

Son años

Y sin embargo… llegamos al veintiuno, año, siglo, ya ni sé. Muchos quedaron en el camino, otros vuelven con otras caras: caruchas, caras largas, cara de torta, cara de feliz cumpleaños. Pese a todo, lo que cuenta es poder contarla, y aquí estamos, contando años, canas, dolores, penas, monedas, sueños, esperanzas, alegrías. Que sigan las buenas nuevas. ¡Feliz año!

Feliz año

Este año que se despide sin rencores probablemente a muchos nos haya agotado, pero el próximo que llega con pirotecnia multicolor y champán, como una pileta en verano a la que le cambiamos el agua sucia de tierra y hojas por agua limpia, seguramente nos va a desagotar, como en tiempo de lluvias al cielo, gota a gota, hasta quedar vacíos de impurezas. Y si no es así, por métrica mental, brindemos porque así lo indica la Constitución, las Sacras escrituras y la profana televisión, el redsocialismo y la virtualidad y nuestra mejor cara de emoji, en un aliento unificado que nos desea ¡Felicidades!

KIOSCO

-Me vas a dar un kilo de educación.
-Por la cabeza, si no lo pedís bien.
-Es que no es para mí, es para mi hijo y él habla así.
-De acuerdo. Pero con un kilo se va a quedar corto.
-Para que vaya entrando en materia está bien.
-¿Qué más, señor?
-¿Tendrá algo de dignidad? Se me perdió y no la puedo encontrar.
-No traigo hace rato porque no lleva casi nadie y se vence.
-Qué pena. Entonces deme alguna esperanza.
-Tengo estas que andan muy bien, son recargables y todo.
-Deme dos. Una para mi tío que cada tanto se bajonea y le cuesta levantar.
-Perfecto. ¿Algo más?
-Sí. Necesito alguna guía moral.
-Tome, lleve esta que es vieja pero sigue vigente ante lo cambiante y confuso del mundo globalizado.
-¿Piensa que puede andar?
-¡Cómo no va andar! Esta se adapta a cualquier situación. Además sirve tanto para jóvenes como para veteranos, se la puede prestar a su hijo cuando asimile educación.
-Bueno, la llevo. ¿Puedo pagar con tarjeta?
-En efectivo tiene un diez por ciento de descuento.
-Me dejé los últimos billetes comprando suerte, acá en la esquina.
-Es raro que alguien como usted crea que la suerte pueda venir embalada en caja y con precinto.
-Hay que ver para creer.
-Habrase visto, dígamelo a mí que he visto al destino pidiendo chicles.
-De paso deme una tableta de chicles.

( Otro cliente )
-Buen día.
-Buen día caballero. ¿Qué desea?
-Una pregunta, ese que salió, ¿Quién era?
-El karma.
-¡Qué cara larga, por Dios!
-El hombre tiene de qué preocuparse.

MOVIMIENTOS DE LA MENTE

Desperté temprano para ver el amanecer
espectáculo que obsequia la naturaleza,
mas no lo vi, tenía mucho por hacer
cambiar el mundo, ordenar la pieza,
en lo primero tuve éxito sin desmerecer
en lo segundo me ganó la pereza
y quedó el desorden bien ordenado
que sólo entiende mi vencida cabeza.

A todo esto, la aurora había pasado
iluminando la mañana, el pavimento
donde los perros buscan alimento
donde las aves evocan el pasado;
no hay autos y es poco el movimiento
los domingos tienden al descanso,
rinde sus servicios este viento
que al calor nos ofrece un remanso.
Las ideas, el promiscuo pensamiento
van cambiando sobre el espíritu manso.

Quedarían arbitrarias emociones
que exaltan la pasión que asoma,
un chimango devora una paloma
llego tarde, con algunas distracciones,
pierdo el ritmo, cedo el paso
y en el aire se perciben ilusiones
parecieran -como el día- transiciones
que en un rato todo cae ante el ocaso.

Gratitud

Uno se da cuenta que no todo es ingratitud en el mundo, máxime cuando un bot te felicita por tu trabajo.

Así que, a no desanimar, a no decaer, que llegará el día en que tus esfuerzos sean recompensados con un elogio idóneo o el aplauso frenético de un público adormecido por la iluminación.

BUSINESS ARE BUSINESS

Uno que vende discos, pero no le interesan los discos ni escuchar lo que dicen, le interesa la plata.
Otro que vende libros, pero sólo le interesa la plata y no lo que dicen los libros ni leerlos por recreación.
Otro vende plata, pero a este sí le interesa solamente la plata ( y en tiempos de ocio cuando no está vendiendo plata lee libros y escucha discos, pero no le interesa lo que dicen ni recrearse, sino la plata ).

AL EMISOR SE LE ESCAPÓ EL MENSAJE

No hay comunicación entre las partes. El enunciado no emite mensaje alguno, al tiempo que ( o a destiempo ) el receptor bebe de una copa vacía cuya única finalidad es convertir el tiempo en algo aceptable. Saborea palabra por palabra buscando saciarse, pero nunca se llena el receptáculo y quiere algo más, no sé, digamos una imagen que lo grafique, algo que lo saque de la sensación de nada que lo persigue desde las profundidades. Y entonces, encuentra que allí hay algo, un decir, palpable, lo acaricia, lo frota entre los dedos y luego lo devora con fruición, masticándolo bocado a bocado, hasta engullirlo. Parece suficiente para el momento. Luego, sin meditarlo, proseguirá su entretenimiento mental, como un juego de naipes, la lotería, intentando vehiculizar la corriente, pero ¡la pucha! algo lo interrumpe cuando estaba por darle caza a lo buscado y todo vuelve a comenzar: la belleza en una selfie, la alegría de la aurora, el despilfarro nocturno, la dialéctica de emoticones. En fin, nada que entender aquí tampoco, salvo allí, detrás de las sombras navideñas.

NADA MÁS

el triunfo del materialismo en sobre
el fracaso de las religiones en ciernes
el problema de lo temporario en tanga
el eclipse del entendimiento en baile
el dilema de lo que preocupa en cierre
el atraso de lo que idiotiza en culpas
el avance de lo que agiliza en noches
el reposo de lo más profundo en baches.

La otra cara de las historias

-“Y el que esté libre de pecado, lance la primera piedra”.
Los presentes recogieron cascotes con ambas manos, que rompían sobre rocas para obtener más, para arrojárselos, y cuando se predisponían a hacerlo sobre la mujer, un escriba con criterio sensato, dijo:
-“Momentito. Antes de arrojar las piedras deben completar este formulario sobre el papiro para dejar constancia”.

Y así fue que se empezaron a extinguir los picapiedras y nacían los obreros del papeleo.

FIESTA SIN DEE-JAY

El deejay está confundido
la música no suena bien
ninguno quiere bailar
no hay tragos en la barra,
la gente busca un culpable
como es Susana Costumbre
y todos le apuntan a él,
pero no tienen con qué tirarle
los tomates están muy caros
y los huevos por las nubes.
Los insultos no se hacen esperar
todos lo quieren apedrear
pero en un rapto de intuición
el loco va y cambia de canción
entonces vuelve la fiesta
todos danzan y cantan
en una orgía a toda orquesta
olvidando su previa intención.
El deejay aprovecha la ocasión
ve que reina la diversión
resuelto va y se tira por el balcón.

EN PRINCIPIO, UN UNIVERSO

En principio, un universo
colmado de vidas y fragmentos
cargado de emoción y pensamientos
todos bajo el mismo firmamento
yaciendo al calor del pavimento.
”A la final”, todo era verso
preciso, certero, en movimiento
en el placer de verter los sentimientos
al alba y al ocaso, en crecimiento
en la unión refrescada por el viento.
En el medio, plácido, converso
del porvenir, del devenir, del elemento
del sentido de inmanencia, el complemento
de lo fugaz, de lo trivial, del juramento
de lo profano y lo sagrado, del fundamento.

JUGÁS DE ENGANCHE


El profe Baldeverde pasó corriendo por los pasillos del vestuario local y al doblar en el cruce se topó con el Tronco Benítez que llegaba silbando el himno con el bolso colgando de un hombro. Al verlo desencajado, el Tronco le preguntó qué sucedía, pero el profe se lo sacó con un ademán brusco y enseguida se metió en la sala de la enfermería, justo al lado del vestuario de los árbitros.

El Tronco imaginó que al llegar al vestuario se encontraría con un panorama revelador y al abrir la puerta estaba José Luchard, el técnico del campeón, agarrándose la cabeza y puteando al aire de lo lindo. Sobre un banco, agachado, lleno de vómito sobre el jean y las zapatillas, cantando un spot de Quilmes lo vio al Peluca Moratín, líder, capitán y enganche del equipo aurivioleta. Pascualito, el utilero, había dejado el bolso con las camisetas sobre la camilla y con un lampazo con ahínco limpiaba el piso y el hedor que había dejado el vómito.

-¡Peluca y la puta que te parió!-gritaba desaforado José Luchard- ¡Me cago en vos y en la madre que te parió!
En bancos opuestos observó a otros jugadores que charlaban entre sí, risas de por medio que los hacían distender un poco de la tensión de la situación.
-¡Correte, Tronco! ¡Otra vez en el medio! –le recriminó desde atrás el profe Baldeverde que pugnaba por ingresar al vestuario.
-¡¿Qué conseguiste?! –le preguntó José Luchard expectante.
-¡No hay un carajo! Dos curitas y algodón es todo lo que hay.
-¡Pero me cago en la puta madre! –exclamó Luchard dándole un puntapié a un bidón vacío- Este Peluca me tiene podrido. Sacámelo de acá.-El técnico había dado un giro de ciento ochenta grados en su actitud.
-¿A dónde lo llevo? –le preguntó el profe contrariado.
-Problema tuyo, acá no lo quiero ni ver.

Los demás jugadores del auri seguían entrando al vestuario y procedían a enterarse de lo acontecido, o buscaban algún lugar para empezar a cambiarse. Afuera empezaban a escucharse cánticos y algún redoblante. El profe se cargó al Peluca de un hombro con un esfuerzo descomunal y salieron por la puerta del vestuario. El Tronco seguía impertérrito observando todo desde donde estaba cuando vio que se le acercó Jose Luchard quien al mirarlo de frente le dijo con firmeza:
-Tronco, hoy jugás de enganche.

Al Tronco le dio una sensación de pánico mezclada con ilusión, que se vivificó en un cosquilleo eléctrico en el estómago. “El Tronco Benítez, tronco como pocos, picapiedras con maza de goma usando la diez”. Los sueños y los deseos tienen esa pizca azarosa que hace que se fusionen con la realidad cuando uno menos se lo espera, pero el Tronco, sin fundamentos lo había deseado durante años que sólo lo había podido ver cristalizado en sueños. Limpió el banco que había dejado vacante el Peluca, con trapo y detergente, y se sentó a ponerse las vendas. El Tronco seguía imaginando, y en ésta ocasión tiraba caños, lejos de su habitual desempeño –en entrenamientos, porque  hacía tiempo que no pisaba el césped en un partido oficial- en el que la peleaba con sus escasas virtudes y su lentitud para moverse. Al lado suyo estaba Ramón Alvarete, el arquero que tapó el penal que le daría la clasificación a los playoffs que luego desembocaría en el campeonato.

-Confío en vos Tronco. Sé que podés darnos mucho.
-¡Siempre lo mismo el Peluca, eh! –le dijo el Tronco para disimular el rubor que corría por sus mejillas.
-¡Es un pelotudo! Ponerse en pedo en una semifinal… Pero no te calentés, Tronco, hoy la vas a romper.
-Partido difícil hoy che… -desviaba la atención el Tronco.
-Hoy, Tronco, no corrás al pedo. Parate y pensá, ¡pensá! Tocá y hacé jugar al equipo.
El Tronco Benítez empezaba a sentir la presión sobre sus hombros, traducido en nervios que le dificultaban ponerse las medias. Se calzó los botines y se acopló a la fila de jugadores que salían del vestuario. José Luchard lo miró pasar haciéndole un gesto afirmativo con la cabeza, sentando confianza. A su lado, Pascualito le sonreía y le dio una palmada en la espalda.
-¡Vamos Tronco! –lo animó.

Enfilaron para debajo de la tribuna, donde ya se escuchaban cantos cada vez más rotundos, a hacer el calentamiento previo. Los cortos violeta con el número diez llamó la atención del periodista de radio que cubría las acciones del campo de juego. El relator de la radio, notificado de la situación, se sorprendió antes de que entren a la cancha, “…el equipo donde la bruja Sanabria vistió esa casaca…se le fue la mano al técnico, roza lo burdo, ¡es una falta de respeto! Está bien que el Tronco es un buen tipo, muy querido en el plantel, te diría que es casi el amuleto de la suerte, pero ponerlo de enganche en una semifinal no se le ocurriría ni al peor guionista de un film. No te da un pase limpio ni gambetea. Hace tres años que no juega 15 minutos seguidos. Lo digo previo al partido porque después vienen los reproches: Luchard, en esta la cagaste”.

El altoparlante anunciaba la formación de los equipos. Cuando con la diez lo nombran al Tronco Benítez hubo conmoción, risas y hasta algún tibio coro en la tribuna. El dirigente Santana, con su campera de cuero cubriendo sus kilos, con sus pelos blancos a tono con la barba, sintió correr el sudor por su frente. Esto es una broma, pensó. El sentido del humor nos impregna de alegrías hasta en los momentos de zozobra. Salieron al campo de juego los árbitros, el elenco visitante que iba de punto y ahí nomás apareció el buzo verde de Ramón con la cinta de capitán en el brazo izquierdo y todo el colorido aurivioleta que daban las camisetas atrás. La última que vio el público fue la diez del Tronco, antes de que la lluvia de papelitos y las cortinas de humo les taparan la visión.

El partido daba comienzo y el Tronco tiene la pelota, se le vienen dos encima cuando la está por pisar y con un taco hacia delante se los saca a trote lento, y mete un bochazo limpio que deja mano a mano al nueve contra el arquero, definiendo con un remate fuerte a la derecha. La tribuna casi se viene abajo y el coro de “Olé olé olé olé, Tronco, Tronco” empezó a despegar, pero unas campanas le pusieron un freno a la imaginación del Tronco: son las de la iglesia a dos cuadras que llaman a sus feligreses. El Tronco parado en la puerta del vestuario se quedó escuchando el canto de un ave posado sobre la ventana. Todavía no había clima de partido, faltaba que lleguen los muchachos. José Luchard se le acercó al Tronco, lo miró de frente y le dijo:
-Tronco, hoy te quedás afuera.

Se despidió, dio media vuelta y se fue caminando por el pasillo. Desde el vestuario de árbitros, los jueces escuchaban el silbido del himno.

Marcha del Branca

***JINGLE PUBLICITARIO***

Branca si te sientes satisfecho
de tomar fernet, sacar el pecho
Branca toman bien los moralistas
obreros, gerentes y hasta artistas
Branca en plena noche o de día
si cambia por Gancia es hipocresía
Branca vende la doña y no te fía
Branca en el estadio o en el recital.

Para los que toman con lo puesto
Con el guante que usan pa´ laburar
Para el que te toca los violines
en el anfiteatro universal
Para el que no juega a las barajas
y prefiere un juego mejor,
Por el que la justa medida domina
La mejor opción es tomar y mar y mar.

¡Marcha, un, dos!
No puede haber tanta
delicia envasada
así que vos, tranca,
Fernet Branca, Branca.

SOY. CANTO A LA NADA

La mañana que refresca, el sol asomando
El aire que vivifica, la paloma volando,
El conductor con apuro, el zorzal silbando,
Las nubes que danzan, el perro ladrando,
El cénit, la sombra del paraíso
La paz, el fruto tirado en el piso,
El caracol por la pared trepando
El ama de casa, el asado, el guiso
La tierra, el horizonte, el compromiso,
Los colores de las plumas del loro
Las palabras que no se dicen, el oro,
La espuma de las olas del mar
La arena, lo que se debe recordar,
Los cuerpos desnudos al besar
Cerebro y corazón, el potro al galopar
La luz de la nostalgia, los cuernos del toro
El oscuro éxtasis, la búsqueda y el tesoro
La niña y La pinta, los restos de Colón
El nativo, el extranjero, el obrero, el remolón
La sustancia y la apariencia, el ciclón
La imagen cambiante, el olvido, la emoción,
El sol cayendo sobre las construcciones
Lo antiguo, la novedad, las invenciones
La mirada sagaz, la calma y la ansiedad
El llanto de los que perdieron, la ciudad
Uno más, uno menos, la humanidad
La tristeza, la proeza, el rocío, la trivialidad,
El ingenio, la torpeza, las revelaciones,
Las hormigas devorando las plantaciones
El anciano que saluda a la aurora
El joven que el abrazo demora,
El sustento, el descarte, la canción
La rima, el diamante, una creación,
La ruina, el féretro, la decoración
La noche universal, la devoción,
El río que desemboca, el mar que provoca
La lluvia cuando cesa, el déspota que reza,
El aroma sutil, el sabor de tu boca
La ingrávida poesía, lo que el lector procesa
El porvenir, la yapa, el éter, el vacío
Tu amor, el nuestro, aquél, el mío,
La distancia que separa los abismos
La nada, un canto, un eufemismo.

LAS CIMAS

A cierta altura

Te das cuenta de dos cosas:

Una es que la juventud incipiente te hace creer que sos más antiguo que la noche, y a pesar de todo te sentís fresco como brisa de primavera.

La otra, quizás más común, como parte de una etapa compartida con cantidad de gente, es que

Ya te decepcionaste con

Párrocos, políticos

Psicólogos, escritores

Músicos, periodistas

Doctores, profesores

Y con todos aquellos que por una cosa o por otra te habían generado ciertas expectativas, vislumbres de cambios en la vida o despertado ideas que procedías a seguir a sol y sombra.

Lo valioso del asunto, tras el desencanto de las cimas, es que a cierta altura no queda mejor remedio que bajar.

QUÉ MÁS TE DIGO

-¿Llamaste?
-No no.
-¿Namaste?
-No, te dije que no.
-¿Mamaste?
-Sí, pero de bebé.
-¿Tramaste?
-Algo, aunque salió mal.
-¿Quemaste?
-Yuyo nomás.
-¿Calmaste?
-Y…un poco los ánimos.
-¿Clamaste?
-A la vera de Dios.
-¿Tomaste?
-Para qué te voy a mentir.
-¿Formaste?
-Nuevos informes falsos.
-¿Plasmaste?
-No, quedan cosas por decir.

CELSO ERA UN TIPO HORRIBLE

Celso era un tipo horrible. No tanto desde lo físico, ámbito en el que pasaba los cánones de belleza masculina que idolatraba la sociedad, sino desde el comportamiento. En su conducta era pendenciero de bares, agitador de multitudes, borrachín nocturno, charlatán de quincho, enturbiador de ambientes y demás cosas que se le podían endilgar –y de hecho lo hacían- quienes tenían la mala fortuna de conocerlo o cruzarse en su camino.
Cierto día, el horrible Celso tomó el coraje de cambiar, quizás a falta de paz y serenidad en su sino o tal vez porque el flujo vital le pedía un cambio que los diferentes peinados no le daban. Pero no tuvo tanto coraje como para cambiar de vida, que a esa altura ya cargaba una mochila muy pesada como para dejarla en la banquina, sino que resolvió cambiarse el nombre.
Hoy día, podría decirse que su andar es menos molesto para el conjunto de la sociedad que lo alberga en su seno. No obstante, nadie lo llama por su nuevo nombre, tal vez por el temor de suscitar nuevas conductas perniciosas que pudieren aparecer, ni tampoco por el antiguo, que ya no corría desde aquella decisión. Ahora para todos, como un truco de magia, es excelso.

ANTE TODO, PAN

No sé si volvió el asado y el choripán
O vuelven los globos y el tulipán,
Si vuelven los forros y el sacristán
O vuelve el ring y Karadajián.
Será que vuelven los que no están
Vuelve Gardel y vuelve Yabrán
Pero el destino de los que van
No es volver sino irse (a Kazajistán).
De lavar copas luego vendrán
Y aquí contentos los aplaudirán.
Luego en su ingenio algunos dirán
Que en las vitrinas se exhibirán.

Organigrama de una semana complicada

atenuada por un salvoconducto

Día 1
Desayuno Osho bajo en calorías
El almuerzo y la merienda lo podemos atravesar con memes que remiten a Simpsons
Cena Wayne Dyer

Día 2
Desayuno Pilar Sordo
Almuerzo Rolón para hipertensos
Merienda light Bucay
Cena libre ( excepto Lapegüe )

Día 3
Desayuno Estados de WhatsApp
Almuerzo goles del 74
Merienda Frases de entrevistas a Borges
Cena El don Juan de Carlos Castaneda

Día 4
Desayuno memes positivos o positivistas
Almuerzo escenas de pugilato de Mauro Viale
Merienda salteado de videos de mascotas
Cena Los cuatro acuerdos de la sabiduría tolteca

Día 5
Desayuno El poder de la atracción
Almuerzo compost de selfies
Merienda Bucay hard
Cena Ensalada de bloopers de Crónica

Día 6
Desayuno memes que no den qué pensar
Almuerzo ayuno o pregunte si está Mateas
Merienda videos que desmienten la gravedad
Cena Pilar Sordo para inocentes

Día 7
Desayuno historias que no cuenten nada de ig
Almuerzo salpicón de fake news o rumores presentados como noticias
Merienda tour virtual a Guanajuato
Cena Tratado del libre albedrío

VENÍA SILBANDO UNA CANCIÓN

Perdiste al truco
Se quemó el pesto
Qué bajón, qué bajón

Quemaste el sueldo
En una noche
Qué bajón, qué bajón

Comimos cerdo
Con aguardiente
Qué jamón, qué jamón

Se nos fue el sueño
Y las ilusiones
Que bajón, qué bajón

Cantaste el tango
En el desierto
Qué bajón, qué bajón

Le sacó el jugo
A las naranjas
Qué cajón, qué cajón

Se trepó al bingo
De la nostalgia
Qué bajón, qué bajón

Manchó con tinta
Las margaritas
Qué bajón, qué bajón.

LA PARADOJA DEL GLIPTODONTE

Un gliptodonte se encontró con un tatú carreta en un médano y le preguntó por el camino de regreso.
-Tenés que volver sobre tus pasos. –le dijo el tatú carreta.
Pero el gliptodonte no sabía lo que era retroceder, porque sólo caminaba hacia adelante. Entonces le preguntó cómo podía hacer para volver pero caminando hacia adelante.
-Caminá en círculos trazando una espiral descendente. –le dijo el tatú carreta.
Pero el gliptodonte no sabía doblar al caminar, porque sólo caminaba hacia adelante.
Entonces le preguntó cómo podía volver pero caminando hacia adelante.
El tatú carreta ya se había cansado de los problemas que tenía el gliptodonte, por lo que le respondió:
-Caminá en línea recta. Tarde o temprano, vas a regresar al punto de partida porque el mundo es circular. –dicho esto, el tatú carreta se fue y lo dejó reflexionando al gliptodonte.
El gliptodonte, sin muchas opciones, se dispuso a caminar en línea recta, porque sólo caminaba hacia adelante. Y caminó y caminó y caminó, hasta que se topó con un acantilado de veinticinco metros de altura y, no pudiendo doblar ni retroceder, pues sólo caminaba hacia adelante, se murió de inanición y junto con él se extinguió la especie que hoy día se recuerda con cariño en nuestros museos naturales.

Si no lo cura el espanto

Entra un matrimonio de locos a la cervecería, se sientan y los atiende la camarera.
-¿Qué van a pedir?
-Para mí doble faz. –dice el loco.
-Yo quiero una docena de rosas sin espinas. –dice la loca.
La camarera se queda descolocada.
-Disculpen, pero esto es una cervecería.
-¡Ah perdón! –dicen los locos.
-¿Van a pedir algo? –pregunta la camarera.
-Para mí doble faz. –dice el loco.
-Yo quiero una docena de rosas sin espinas. –dice la loca.
La camarera se queda estupefacta. Luego, reflexiona y les dice:
-Bien, ya regreso.
El matrimonio de locos conversaba entre sí, hasta que llegó la camarera.
-¿Quién pidió doble faz? –preguntó.
-Yo. –dijo el loco.
La camarera le sirvió una pinta de cerveza.
-La docena de rosas sin espinas que pidió. –le dijo luego a la loca, sirviéndole un jugo exprimido de naranjas.
-Muchas gracias. –dijo la loca.
La camarera se fue con una sensación de triunfo.
Al rato, el loco la llama. Esta se acerca a la mesa y pregunta:
-¿Quieren la cuenta?
-Preferimos viajar en subte. –dice el loco.
-Por favor, ¿nos traería el equipaje? –exige la loca.
-Con mucho gusto. –acota la camarera y se va.
Al ratito vuelve y les trae la cuenta a pagar.
-Aquí tienen el equipaje. –les dice dejando la cuenta sobre la mesa.
El loco la mira detenidamente y observa:
-Tiene errores de ortografía garrafales y la suma da mal. Está aprobado, pero para la próxima estudie un poco más. –dice el loco.
-Usted tiene talento, alumna, pero debería explotarlo para sacarle el jugo a su inteligencia. –dice la loca.
La camarera se queda pensativa.
-Lo haré, y me voy a cuidar en las comidas, poca sal y todo magro. Muchas gracias doctores.
Los locos se van. La camarera se quedaba recogiendo las copas y limpiando la mesa y, mientras lo hacía, un hombre vestido de Batman le pregunta:
-Disculpe, ¿a qué hora se sirve el café en este sepelio?

Kant, el filósofo

La tarde caía levemente sobre los techos, los tejados y el río, manchando de sombras alargadas la tierra y las callecitas. Las últimas aves jugueteaban revoloteando en el cielo o sobre los eucaliptos más altos. Kant se preparaba para pasar la noche en un cantero, para soñar con otros parajes, luego de haber corrido autos y motocicletas durante todo el largo día. El negro de la noche lo ocultaría de cualquier peligro que asomara. En el Coliseo Rumano se sentaban a beber cerveza y a comer papas fritas los primeros en llegar, como Elpidio y Noyo, celebrando la amistad tras la jornada laboral que a algunos dejara exhausto. Para otros, era rutina mecánica. La cuestión pasaba por la recreación, por el despeje mental de los asuntos cotidianos y el divague labial al que sucumbían hablando de bueyes perdidos o tesoros encontrados. Elpidio sugirió sentarse en la mesa bajo la palmera, pero Noyo lo contrarió y al final se sentaron frente al gran ventanal que daba de frente a la entrada del bingo, desde donde veían desfilar los ánimos de quienes entraban y salían, alternando entre desconsuelo y euforia disimulada. Cada tanto, Kant levantaba el hocico para observar el paso de algún peatón que caminara cerca del cantero.
Pidieron dos pintas, ipa Elpidio, amber Noyo, y una fuente de papas cheddar que demoró más de la cuenta en llegar, casi cuando habían terminado de beber la primera ronda de cervezas y encaraban la segunda.
-Qué hambre que tenía. –exclamó Noyo con las papas en el buche.
-La música que pasan en este lugar es lo que me hace venir una y otra vez. –dijo Elpidio, echando un vistazo al ambiente, en el que se veían cuadros decorando las paredes y hasta un maniquí de futbolista del Real Madrid en un rincón. En cuanto se quisieron acordar de un gol de Ramos en la final, ya habían entrado en lo más apacible de la noche sin preguntarse qué estaban festejando.
-Yo lo encuentro todo positivo. –esgrimió Noyo, tragando lo masticado.
-Sí, pero no podés mirar todo con un cristal de esa tonalidad, porque si no, en realidad, lo que ves no es la cosa en sí, sino que te quedás observando ni más ni menos que sólo el cristal. –acotó Elpidio. A su lado pasaba la camarera con la bandeja cubierta de cervezas.
-No te entiendo. –se excusó Noyo, invitándolo a explayarse en el asunto.
-Mirá, hay cosas que de acuerdo al contexto serán positivas o negativas, no hay absolutismos en la cultura –explicó Elpidio en un tono que daba a entender que sabía de lo que estaba hablando.- Te pongo un ejemplo: la improvisación. En la música, es una virtud para el aplauso y la ovación; en política, un bochorno para el escarnio y la detracción. –Noyo escuchaba como quien escucha el pronóstico del tiempo de otra ciudad en la radio.
-E incluso esto puede invertirse –prosiguió Elpidio besando la ipa que estaba fría como un témpano- y darse la situación de que una improvisación musical parezca un espanto acústico o, en política, una maniobra eficaz para sortear dificultades.

-Entiendo lo que decís, pero yo me refería al contexto, en particular, y a nosotros en general.
-Sí, lindo lugar para pasar un buen rato, para distraerse y aflojar tensiones.

Tras unos minutos llegó Elvira, dejó la cartera sobre el respaldo de la silla y se sentó con aquellos. Cuando se acercó la camarera, pidió un jugo exprimido.
Kant se levantó de su letargo para perseguir a una hembra de pelaje blanco que paseaba atada por una correa a la mano derecha de un anciano. Luego de unos metros y de olisquearse entre sí, pegó la vuelta para reacomodarse plácidamente en el cantero.

-¿Sabés por qué es más importante lo que sentimos y lo que pensamos que lo que nos rodea? –inquirió Elpidio a sus interlocutores, aunque mirando a Noyo, que observaban el panorama del lugar. Elvira se quedaba con el mobiliario mientras que Noyo prestaba atención a los adornos que colgaban o bien del techo entre luces o bien de las paredes entre cuadro y cuadro.
-Porque es ahí donde vivimos, en la mente y en el corazón, tanto en los propios como en los de los demás. –esgrimió Elpidio, para perderse con la mirada en el tránsito de la calle, que a esa hora era pausado, lejos del trajinar de las tardes donde todos buscan volver rápido a sus hogares o llegar a tiempo a los negocios que esperan cerrar a horario.
-Ser feliz es el mejor negocio que podés hacer. –escupió Noyo, casi para sus adentros, que sólo Elvira escuchó y asintió con una sonrisa.
De repente, cuando los tres ensayaban un brindis en honor a la amistad, ingresó por la puerta vaivén un hombre vestido de traje con carpetas y unos papeles en la mano, acompañado por dos agentes de la policía. Elpidio se quedó observando las luces de los patrulleros. El hombre de traje discutió con el encargado del lugar por un breve lapso, atrayendo las miradas. Luego, completó un acta con birome y le anunció a los presentes que el Coliseo Rumano quedaba, desde ese momento, clausurado. Todos lamentaron el episodio, recogieron sus pertenencias y se marcharon lentamente al tiempo que la música moría en un silencio retórico que cursaba en las preguntas que se hacían todos.
Noyo se despidió y se fue caminando. Elpidio y Elvira se fueron cada uno en sus respectivos vehículos, quizá a dormir, quizá a beber, quizá a soñar, mientras en el cantero, Kant soñaba con prados en los que corría ovejas llevándolas al corral.

Penoso

Se escapó convicto del penal de Godoy Cruz. Lo tenía que patear y evitó con un par de gambetas el accionar policial que lo obligaba a ejecutar la pena máxima. Ahora piden su captura internacional y se estima le darán como condena la pena capital: una inyección letal. Una verdadera pena que se pudo haber evitado si cumplía con su deber.

Pelo


Dormirse, levantarse, andar curioso
Amable, irritado, fraternal, lascivo
Moribundo, vivaz, profundo, altivo
Inquieto, tenaz, cansado, perezoso.

No ver un más allá más que el reposo
Mostrarse ebrio, contento, pensativo
Locuaz, torpe, mordaz y reflexivo
Enojado, triste, avaro, generoso.

Huir el rostro que evoca el espejo
Comer un día todo lo que cabe
Perder, soñar, encontrar un reflejo;

Ensuciar cosas y que otro las lave
Amar, odiar, coger como conejo;
Esto es vivir, quien no murió lo sabe.

Curiosidades del fulbo

Los laureles se los lleva el hincha, los trofeos quedan en la vitrina.
El hincha tiende a ser como el futbolista, pero no cualquiera, sino Cuadrado.
En cambio, el futbolista le da a la redonda como los dioses del Olimpo.
Olimpo juega a las copas, Redondo tenés los pies.
Cristiano ateo tiene un dios aparte que lo idolatra y a Teófilo Cubillas lo apartaron en el relato desde que colgó los botines, quedando en cuclillas.
Aparte, el relator exagera y mete palabras rimbombantes con aire intelectual que al espectador lo hacen soñar.
Y como sueños nunca faltan, lo mejor es dormirse en los laureles.

Agujeros en la Historia

Hasta que se instituyó la muerte, antes la gente no moría. Había algunos que llegaban al millón de abriles. Bueno, es un decir porque el calendario era cosa del futuro, no se contaban los días por aquel entonces. Pero así como Matusalén llegó a las 980 velas sopladas en su juventud, otros no constatados en la historia ( justamente porque era muy común ) veían brotar arces y fresnos durante eones.

Ilusión de permanencia

La situación escapa del cuadro
se sale por los bordes del marco
se despliega pintando las paredes
abarcando en un sinfín las construcciones
hasta ocupar el mismísimo universo,
complejizando así todas las cosas
que pasaran de ser cosas sencillas
a ser algo que ya nadie comprende
quizá algún profesor de física
o un erudito, o un metafísico
que lo explique con palabras curiosas
o con algunos conceptos elocuentes
para que vos lo creas o lo intentes
que en el cosmos novedosas apariencias
son profundos movimientos de conciencia
y desde lo más pequeño entre lo pequeño
interpela a lo más grande entre lo grande
aún desde la gota evaporada del rocío
enamora a la majestuosa montaña
desde el canto del zorzal por la mañana
hasta el vuelo ancestral de la paloma
va mostrando la fresca sensación
que aniquila cada noche la guadaña
como el renacer del niño que se asoma
al contexto que lo pone en situación.

Los libros y la perspicacia

Hoy quise agarrar un libro con la premisa de que “los libros no muerden” y fracasé. Es decir, agarrarlo fue todo un éxito pero a la hora de la lectura resultó un rotundo fracaso, ya que quería despejar las ideas y éstas, con porfía, no hacían más que concentrarse. Y por si fuera poco, cuando lo quise dejar en la biblioteca, el susodicho me dio tal mordiscón con sus páginas que me abrió un dedo. Aunque me dolió, podría decir que la saqué bastante barata, máxime teniendo en cuenta el título del libro: Tiburón.

Cadena alimenticia

Los pobres, para salir de sus penurias, quieren ser ricos, los ricos, para salir de sus miserias, quieren ser millonarios, los millonarios, para salir de sus bajezas, quieren ser multimillonarios, y los multimillonarios lejos de querer salir de alguna condición humana que no alcanzan a percibir quieren que no haya tanto dinero circulando por ahí lejos de sus fauces.

Diálogo y cansancios

¿Está cansado de lidiar con la estupidez de la gente? Venga a visitarnos. Tenemos tabletas, computadoras, televisores, radiograbadores, licuadoras, secarropas y multiprocesadoras para que pueda lidiar libremente con la estupidez de las máquinas. Atendido por los más versátiles robots del condado.

***

Cansado en la contemplación al considerar que por aquí todo era una soberana mierda, se marchó buscando un mejor destino a 25 mil kilómetros, donde pudo comprobar con deleite, asombro y fervor que el factor fecal es universal y no pudo evitar las reminiscencias que con sutil aroma evocaba su fétida memoria.

***

Tenemos que formar el club de los “decepcionados de todo” y no permitir que se afilie nadie, por si acaso se crean expectativas y/o ilusiones con algo tan nimio como la sensación de pertenencia y/o afinidad.

***

Cuando son chicos sólo quieren jugar, después olvidan lo que (que lo) hacen.

***

-Doctor, ¿Qué padezco?
-Codo de tenista, pie de atleta, billetera de futbolista amateur.

***

-Dos tomates.
-¿Qué más, señor?
-Nada más. ¿Cuánto es?
-Cien mangos.
-Ahhh ¿pero vienen del Japón? ¿Los cosechan con barbijos de neoprene? ¿¡Dos tomates, cien mangos?! ¿No se te pone la cara del color del tomate de vergüenza? ¡Cuestan un huevo!
-No, un huevo está ochenta, señor.

¿Quién entiende la poesía?

Retratos de la cofradía y de la eucaristía
sonrisas posan ante el flash heurístico
la gente se congrega en torno a fantasías
aplauden, gritan, vociferan eufóricos.

El telón bordó cubre todas las miserias
el malón se disgrega, acentuando soledades
cada quien es cada cual con sus histerias
historias ensayadas de mentiras y verdades.

El asombro acude, ¿quién entiende la poesía?
Que en un reto histriónico extirpa malestares,
¿quién entiende su valía, su tesón y su porfía?

¿Quién pudiera seguir el hilo de la comunicación
cuando no concibe cruces, ni detalles, ni lugares
quién pudiera cobijarla en un rincón del corazón?