La poesía de la posverdad

Qué decir a todo esto
A todo eso…
De todo aquello.
Algunos le llaman posverdad
A la falsedad
A lo que no es verdad,
Qué ganar… mirá que hay mucho
Materiales, servicios
Que te conviden un pucho
Ya todo se había acelerado
Con la televisión hace años
Treinta cuarenta cincuenta
No sé, no llevo la cuenta
Después llegó la tecnología
Con toda la Internet que te parió
Le decían la era de la información
Hasta que aparecieron las redes
Toda una revelación
Para tratar con gente
Que no llegarás a conocer
Conocer se tergiversó
Mutó el pináculo de la existencia
Cambiaron las palabras
Los conceptos vitales originales
La vida no tanto
Siempre llama la atención lo nuevo
Porque lo viejo siempre es lo mismo
No hay tiempo para detenerse
Y pensar en nada
Todo es ahora
Pero es un todo mentiroso
Porque es el todo de la posverdad
¿Qué es todo?
No me digan que nada.
Viste que los escritores dejan todo librado
Dejan todo en la ambigüedad
O sea dejan nada en concreto
Porque ahora todo es virtual
Un clic y adiós
Además hay mucho zapping
Zap zap zap
Y dale ping
Porque todo es veloz
El dedo y el mouse
Y la velocidad de la luz de la pantalla
Y esto que escribo es un plomo
Pesado, muy pesado
De una densidad que no se aguanta
Que hasta parece un sermón
Y a quién le gusta un sermón
Pero no es un sermón
Ni siquiera una reflexión
Y quién sabe si poesía
Pero es, quién lo duda
Aunque es de otra época
De miradas
De palabra sincera
Y de pausa
De alguna pausa
De pausas
De esas de antes de la televisión
De antes de Internet
De antes de las redes
Pero ahora caducó
Porque me llega un mensaje
Una notificación
Un me gusta
Dos me gustas
Y qué va a ser
Dale me gusta
O comento
Para estar
Para estar al día
Al día con qué…
Los chicos no tienen posibilidad
No tienen posibilidad de entender de qué les hablo
Y los versos se me hacen extensos
Para ver si te engancho
Porque a veces soy pescador
Pescador de seres
De seres humanos
Y no tan humanos
Pasa que la carnada que uso debe estar rancia
Con una caña no se puede hacer tanto
Ahora se pesca con redes
Dame tu whatsapp
O pongan me gusta si son guapos
Pero recuerden una cosa
Ténganla presente
Ese me gusta
Y ese otro me gusta
Es el me gusta de la posverdad
La sonrisa de la posverdad
Como en una selfie
La selfie de la poscortala.
Y bueno, si no te gusta no pongas me gusta
Guardate el me gusta para otro gusto
O qué se yo.
Esta poesía me parió
Me partió
Es otra mirada
Un panorama de la vastedad
Parece que afuera de Internet
Queda sólo un primate
Sin celular.
Por eso todo esto está bueno
Porque parece algo
Y ese parecer es lo único que hay
No hay esencia
Esa palabra también mutó
Como todo lo demás
Te cambian el envase del vacío
Te lo envuelven
Con moño y todo
Y lo comprás.
Después te olvidás
Porque lo nuevo surge continuamente
Lo nuevo otra vez se regenera
Impiadoso
Y lo comprás
Sin solución de continuidad
Y me llega un mensaje
Momento para hacer zapping
Antes del siguiente verso
Que a quién le importa.
Pero esto no es desazón
Ni pesismismo
Ni negativismo
Ni siquiera crítica
No llega a eso,
Es un poco de realismo
Me gusta, no me gusta
Sigo viajando
Y qué más, y qué más
Como si algo se detuviera
Ante un muro
Una pared
De golpe, de repente
Y se estrellara.
No, hay muchas pantallas
Los muros están bien iluminados
En ésta poesía nada tiene rima
Y los lectores están bien informados
Pero ninguno que llegó a la cima
Como aztecas, olmecas o mayas.
Esto es como esas películas bingo
Que cuando empieza ya te aburrió
Y esperás todo el desarrollo
Para ver si algo cambia
Pero el pochoclo ya se quemó.
Y puede seguir por tiempo indefinido
Por ahí algun@ se enganchó
Sin que ella le haya prometido
La poesía nunca se manchó.
Lo paradójico del asunto
Es que escribo…
Escribo para gente que ya no existe
O que no tiene facebook ni plugin
Gente que no lee y desayuna alpiste
O gente que lee de principio a fin
Como si todo fuera un conjunto
Como si todo fuera apariencia
Como si todo fuera a venderse
Como si todo fuera posverdad
Pero no, pará un cachito
Que no es tan así como pensás
Ésta es la poesía de la posverdad
Y nadie llega despierto al final.

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Movimiento

Supongamos que la vida es un remolino
que pone todas las cosas en movimiento
las criaturas, las ideas y el pensamiento
hace girar a todo el mundo en su destino.

Supongamos que es así de proverbial
que no deja ni un atisbo de piedad
y que entonces sólo existe libertad
de ser al unísono con su tranco sideral.

Supongamos que ese mismo movimiento
da el sentido de lo que es nuestro vivir
que al caer presa de algún remordimiento
nos topamos con lo oscuro del sentir.

Supongamos que cada cosa que no gira
se estanca, se atrofia, decrece y muere,
que al mover nuestro interior si se quiere
nos renueva, nos sensibiliza y nos delira
la atracción por otras formas nos satisface
es el mismo movimiento y sus disfraces.

Supongamos que no por suponer mucho
llegaremos algún día a la verdad,
que no hay tinta que describa realidad
ni ficción que supla íntegro aquello
son señales del camino que indican,
muestras que transmiten lo que evocan.
¿Queda entonces destino para un yo?

Poética del arte

La poética se opone a la fuerza
la metáfora se muestra dispersa
en parábolas se expresa sublime
en (tanto) versos sutiles imprime.

Las letras en sí mismas dicen nada
las palabras van cobrando forma
la frases se prestan como norma
la escritura comunica expresada.

La lectura cobra vida al leerla
el mensaje no tiene intención
la poesía se saborea al beberla.

El sueño se hunde en el socavón
la pausa sutil le otorga emoción
el arte agudo duerme en un rincón.

En todo caso

Me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
enfatizar una verdad, veo
no tiene demasiado aprecio
más allá de que lo dicho
no cotice, no tenga precio
y es propio del tiempo éste
donde se forjan apariencias
y me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
lo expresado no es tanto
en tanto el tono sino cómo
por lo que dicho por escrito
es de valor ínfimo ( y lo repito )
no porque esté mal dicho
sino porque exige al lector
una reinterpretación al leerlo
que me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
carece el mismo de herramientas
para una lectura profunda
si es que se atreve osado a leer
y no porque lo escrito no sea
ni tenga en sí alguna profundidad
sino porque se expresa de modo
que le exige al lector seguir
el hilo conductor, el sostén
que da vida al texto muerto
por falta de lectores, cierto
que me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
no es por falla o delirio del autor
ni mucho menos culpa del lector
sino que la época se llevó puesto
lectura, poesía, cuento, texto
comprensión trocada en globalización
de modos de pensar y expresar
y lo que no sigue esa sintonía
se descarta como cáscara de fruta
y me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
es más fácil hablar de lo visto
y aunque la literatura no conste
ni siquiera de eso, se la emplee
para ello sin más, síntoma bárbaro
que sirva para proseguir imaginando
como consecuencia de las palabras
sin control de natalidad ni nochebuenas
tras la visión de tu cometa Halley
( si en California hay pinturas rupestres )
habrá que dar vida, cueste lo que cueste
y al que no le gusta ni llegó al final
le daremos recompensa por escrito
porque me parece, de pronto, creo
que, en todo caso, pienso
no hay que darse por vencido ni vacilar
si uno está convencido de lo que hace
aunque alguno te podrá querer crucificar
y allí digas: ¿por qué me has abandonado?
Será que Dios también tiene sus dudas
o en todo caso será una estatua del Buda
la que a veces te hace desconfiar
que no hay duda si hay placer a mano
y si hay dolor, sufrir o hasta malograr
incluso el suelo parece temblar
mas cuando el cielo se parta en dos
las estrellas brillarán como vos.

Entre el suelo y el cielo

Simplemente

El hombre sólo
Ante el limbo
Sólo el hombre
Con su nombre
Y otros nombres
Lo confunden
Lo persuaden
Y simplemente
Vaga el hombre
Yerra solo
Y la mujer
Acompañada
Bien perfumada
Como acuarela
Bella pintura
De curvatura
Y ornamenta
Vagamente
Y viceversa.
Yerra el hombre
También acierta
Vaga la mujer
Ante su limbo
Existencial
Y enfrenta dura
La muerte pura
Sólo ella
Y su escultura
Puede escuchar
Sensiblemente
La voz palpita
Que no marchita
Y el hombre solo
Ante su sombra
Que no lo nombra
Podrá acallar
La silbatina
Y el abucheo
De muchedumbres
Tan estridentes
Como un aplauso
Que han olvidado
Reír sin más.
Así el sentido
De haber vivido
Pasa por urbes
Inmemoriales
Y sociedades
Episcopales
Que han exprimido
El alma sensible
Y le hace creer
Que la corriente
Lo llevará
Al hombre sólo
Donde podrá
Dar rienda suelta
A su elección.
En diez mil años
Esta escritura
Develará
Cual jeroglífico
Lo que ha querido
Ella expresar.
Nadie leerá
Todo será
Tantear la luz
Al día de hoy.
Y a quién le importa
Que el hombre sólo
Comprenda ya
Cuando él siquiera
Cuenta se da.
La situación
Que lo albergó
Le sentenció
Su condición,
Lógicamente
Ya se embarró
Y cubierto en lodo
Sencillamente
Se lo olvidó.

Lo que espero encontrar

eluniverso2

¿Dice una poesía, un cuento, una canción
lo que tanto espero y ansío oír de tu boca?
¿Dice lo que pienso, lo que siento o quiero
y me sugiere así lo que espero encontrar?
¿Dicen tus besos, tu mirada, tu sonrisa
tus caricias cuando llegan matutinas
lo que mis huesos y mi piel desean
sentir el tacto de tus yemas a través?
¿Dice tu palabra, tu susurro, cada gesto
lo que de ti improvisa tu conciencia
o serena mediante el uso de pantallas
se trasluce en caracteres lo que ocultas?
¿Dicen cuando hablas tus silencios
tus pausas repentinas tanto o más
que lo que callas cuando irrumpe la censura?
¿Dicen tus estrofas, tus versos y tus rimas
lo que sientes, lo que ignoras, o has creído
mientras esperas que un megusta llegue
y te confirme que no es tan solitaria condición
y que el resto lo ha pensado alguna vez,
lo ha sentido, lo ha ignorado, lo ha creído
y ha nacido pálido de vuestra soledad?
¿Dice cada espacio, cada templo, cada pose
que resguarda menudencias y temores
te sugieren tan sensuales vencedores
que parecen de la esquirla promotores
con pasajes de clásicos relatos milenarios
y al posar es estrategia de humo de incensarios?
¿Dices cuando hablas con tu perlada oratoria
lo que piensas, si lo piensas, o lo callas
por temer la represalia del boicot a la verdad
y forjar en apariencia un culto masoquista
que despista y tergiversa todo en sociedad
maquillando la palabra, ocultando en vanidad
de creer en la miseria que hay una cima exitista
que te espera para ti, lejos de la humanidad?
¿Dice lo que escribes, lo que dices o hablas
cuando buscas lo que esperas encontrar
o encuentras cuando dices, cuando escribes
que otros dicen lo que intentan expresar?
¿Dice esta poesía cargada de eufemismo
lo que siente, lo que ignora o ha caído
en lo que espera encontrar y se ha creído
ser distinta y sólo es más de lo mismo?

La gracia

Ahí va, un pequeño gigante,
rodando, cual circo ambulante.
Alcanzó su destino, la paz,
en quietud, todo mueve, sagaz.
Qué será, de esta vida, ¿será?
Con su luz, la vida, encenderá,
a su paso, ensombrece al azar.
Si tú tienes, la gracia, al cruzar,
no te asombres, tu asombro lo hará,
en su sombra te acobijará.

Tu confianza en él aplastó,
nubarrones, a ti, conquistó.

La tormenta se fue sin chistar,
ya tu vida es un chiste, al distar.
Ahora cantas y ríes, sin más,
es tu vida… todo lo demás.

La mirada de los otros

Asoma el niño la cabeza

Ante la punzante mirada de otros

Y crece escuchando el niño

Rodeado de atenta mirada de otros.

La mirada no son sólo ojos

Que iluminan, que destellan

Son juicios, castigos y sermones

Correcciones, directivas, opiniones

La mirada está cargada de pasado

De historias y otros niños comparado.

Así crece nuestro niño perturbado

Sentado en el banquillo sojuzgado

El mundo posa en su cabeza

Carga sus tintas de tristeza

Cada tanto le sonríe a algún elogio

O a la dulce mirada del amor.

Así el niño también forja su juicio

Del mundo ya tiene una opinión

Cansado tal cumple sus papeles

Y juega entonces, ya grande, el niño

A ser la mirada para otros.

Presente

En pocas palabras lo dijo
en su corazón quedó fijo:
de amar surgió la existencia
en el mar se funde tu presencia.

Ella quedóse dudando
entre pensamientos volando,
de a poco se ha ido alejando
sus cosas ha ido olvidando.

presente

¿El mar ha tragado tu sombra?
¿Cómo es que la vida te nombra,
reclama otra vez tu presencia
y tú sólo obsequias tu ausencia?

A veces la historia desgarra,
tu alma soltó las amarras,
el fin sólo ha sido el principio
de ti sólo vemos el ripio
como un jazmín se marchita
sin agua ni sol, no palpita,
coronada de flores te irás.
Se cruzó en el camino la paz.

Oscuridad

mar luna

Cuando Otto Kraitz quiso regresar era demasiado tarde. No por el tiempo que había transcurrido en el trayecto que recorrió, sino porque aquél bar que le había servido de recinto para aplacar la tristeza que lo embargaba con unas cuantas cervezas había desaparecido. Llegó y encontró el espacio vacío. Ni siquiera estaba el terreno donde el local se asentaba. Había allí un inmenso agujero negro que tragaba todo lo que se acercaba a él. Otto miró con precaución desde una distancia prudencial. Soy ebrio pero no boludo, pensó. Desde allí pudo ver cómo se precipitaba una señora que caminaba con un changuito de la verdulería, un canillita en su bicicleta, un cartero que se desplazaba en moto, dos borrachos que andaban a tientas, un cardenal de esos que visten de púrpura, un cardenal de esos que tienen un penacho rojo en la cabeza y dos o tres perros, uno de ellos con su pelaje atigrado. ¿O sería un tigre?, pensó Otto. Esto último lo dejó pensando y se marchó en busca de otro bar. Caminó cinco o seis cuadras, pero no encontró ningún dispenser de cervezas. Lo que sí pudo observar fueron otros agujeros negros allí donde creía recordar que había bares y cafés. ¿O su memoria le estaría gestando una broma de mal gusto? El gusto que tenía en la boca Otto era el que le había dejado un tabaco negro, no tan negro como los agujeros que había presenciado, pero negro al fin. Finalmente, se topó con un bar abierto. Se sentó en una mesa junto al mostrador y con sucesivos ademanes requirió la asistencia de un mozo. Cuando éste se acercó, le pidió una cerveza negra. El mozo, que vestía de negro, rápidamente le trajo lo que Otto había reclamado. El mozo le dijo que debería abonarla en ese momento. Su intuición le hacía desconfiar, no de la voluntad de Otto, sino de su creciente embriaguez. Otto revisó sus bolsillos, pero allí no encontró un céntimo. Cuando vació sus bolsillos sobre la mesa, el mozo observó con perplejidad cómo de allí salían dos o tres perros, un cardenal de penacho rojo en la cabeza, un cardenal vestido de púrpura, dos borrachos que salieron caminando a tientas, un cartero en moto, un canillita en bicicleta y una señora con un changuito de la verdulería que se le cayó una berenjena. Otto ensayó una disculpa y el mozo, comprensivo, la aceptó y le dijo que la cerveza, ese día, era cortesía de la casa. Otto se sirvió en un vaso y bebió hasta el fondo. Tomó la botella y miró la etiqueta. En ella había un tigre durmiendo, no la foto de un tigre, sino un tigre de carne y hueso. Otto acercó su oído para escuchar cómo roncaba el felino. Era un ronquido constante, aunque grave y monótono. Otto dejó dormir a la bestia y se sirvió otro vaso de cerveza. Para su sorpresa, la botella se había vaciado. ¿Estará rota?, pensó Otto. Pero no, la botella estaba intacta y el único agujero por el que podía salir el néctar tenía una faja de clausura. Otto miró por el pequeño espacio que había entre la abertura de la botella y la faja y pudo constatar que dentro había un cadáver. Era, pudo distinguir a pesar de su miopía, el de una mujer joven. En la frente, tenía la herida que le había dejado un disparo, con sangre corriendo a su través. Alrededor suyo tenía la demarcación con tiza del cadáver hecho por un efectivo de policía científica. Y frente al cuerpo había un patrullero. De allí, un policía, le gritó a Otto: usted, venga que necesito que testifique. Otto dejó la botella y tragó lo que le quedaba de cerveza en su vaso. Se levantó para marcharse cuando una mano lo agarró fuerte de un brazo y lo detuvo. Era el efectivo que le había gritado desde el patrullero. Lo esposó inmediatamente y lo subió al patrullero. A su lado, estaba la mujer que Otto había visto tirada en el cemento con un balazo en la frente. Ella le dijo algo inaudible para él, por lo que no supo si pedirle que repita lo que había dicho o asentir como modo de dar a entender que había comprendido lo que le había dicho. Pero Otto, lejos de alguna reacción consecuente, besó a la mujer. El aliento pútrido de Otto fue lo que la mujer pudo apreciar con aquél beso y le gustó. Le devolvió el beso y ayudada por el gancho de uno de sus aros, le quitó las esposas a Otto. Corrieron tomados de las manos hasta llegar a un lugar que Otto reconoció inmediatamente: era el bar que había sido tragado por el piso. Entraron. Otto se sentó en la única mesa que tenía el lugar. ¿Y la mujer? No estaba allí, pero un mozo vestido de púrpura se acercó. Otto le pidió una cerveza y el mozo le dijo que si no iba a rezar en esa iglesia se podía marchar. Otto para complacerlo se persigno y rezó dos padrenuestros. Cuando iba por el tercero, el mozo que no era tal recorrió el lugar con un incensario esparciendo humo a su alrededor. Otto tomó rápidamente la bandeja donde se depositaba el agua bendita y la vació sobre el incensario, para luego huir corriendo. Al salir, tropezó en la escalera con una mujer que estaba mendigando. La reconoció al instante, pero no se detuvo. Sí lo hizo cuando un patrullero se plantó delante de su figura. El oficial le colocó las esposas y Otto subió al patrullero. ¿Y quién estaba dentro del patrullero conduciendo? Ni más ni menos que Otto Kraitz. Otto lo miró sorprendido. Otto lo miró con complicidad. Otto no dijo nada. Otto dijo: ¿sos vos, Otto?

La noche oscura del alma está estrellada

Puedo escribir los versos más tristes ésta noche
escribir por ejemplo: “la noche está estrellada
y tiritan, azules, los astros a lo lejos”,
pero en vez de escribir toda esa paparruchada
que nadie comprenderá, me tomaré un buen fernet
y esperaré con paciencia, sonriente y feliz
que todo se vaya de a poco a la mierda.
Y veré mi cadáver pasar por la esquina
entre el llanto amoroso y la risa vecina
que recordará con ternura mi gracia feroz
cuando lleve el cajón con flores el coche
a despedir con alegría y sin rencores
a saludar a queridas y viejos amores,
que los muertos caminen es un artilugio
pero occiso que hable es un privilegio
de la dicha divina que toca al vivirla
pues la muerte es una sola y hay que morirla.

Estolidez

 

 

 

 

Una buena conexión inalámbrica
te permite ver películas cómicas
percibir sobre todo en ficciones
que lo real no vive en las canciones.

Si bajas más de un yiga en video
(no es lo mismo lo miro o lo leo)
escondelo en la rigidez de tu disco.
Lo mirás en tres de y quedás bizco.

El vecino tiene otra banda ancha
él navega, además, en su lancha,
internet está lleno de gente
que cree que navega su mente.

De palabras surgieron opiniones
sólo dicen, sugieren, renglones
simbolizan espacios en blanco
manchados, como aquél, era manco.

Lo que se ha dicho en un momento
no difiere de cualquier evento
donde hablen, comenten, opinen,
manifiesten vivencias, dirimen.

Considerémoslo brevemente:
que se diga no es lo que siente,
sólo emergen palabras al viento
el amor no es sólo sentimiento.

Si leés un día que ya se dijo
preferible usá teléfono fijo
para hacer tu llamado seguido
el cerebro estará agradecido.

Cualquier cosa que surja de impronta
el cede en linux no se te monta.
Qué tonto es haberme creído
que estas líneas tenían sentido.

Lo perdí y me quedé sin consuelo
alguien dijo éste será otro lelo.
Desconoce que mi coeficiente
desconfía de un tipo indecente.

Quien confía en su intelecto
no sabe que será abyecto
cuando quiera llegar a la cima
y cayendo encontrará la rima.

Llevá un tele derechito a Marte
para que al volver demos parte
de que allí encontramos la evidencia
que en planetas así hay inteligencia.

Las palabras son como diamantes,
canciones eran las de antes,
decime dónde quedó la sapiencia,
explicame, te tengo paciencia.

Mil palabras*

La primera que encabeza este texto es un artículo, y por qué lo recalcamos, porque lo queremos diferenciar de otro tipo de artículos, como por ejemplo, los periodísticos. Al texto, valga la aclaración. No es que manifestemos alguna disconformidad con ese tipo de publicaciones sino que se pretende evitar la comparación de un texto que le da algo al lector ( que llegado el caso se lo podría llamar información ), con otro que lo invita a pensar en su más íntima soledad o en medio de una multitud, por qué no, cuando se ha dado la oportunidad de reflexionar acerca de la subjetividad del conocimiento lo hemos hecho, inclusive en la última convocatoria del pastor Giménez en cancha de Racing. Pero más allá de lo que se puede reflexionar lo que nos trae a desarrollar este discurso no es el número que se despliega, que en este caso es el 1.000, por lo que cabría preguntarse si el género lo fuera ( en este caso, el texto, sería masculino ) pero la veloz respuesta sería negativa. Por lo tanto, declaramos en este espacio cedido por el texto como un gesto de su natural amabilidad que estas palabras podrán tener un valor simbólico para el lector pues el autor ha dispuesto con ellas y en ellas lo que refleja de esta disputa tan despareja que ha colocado el impactante juego de luces de una imagen de un lado y los símbolos legibles del otro. Sin desmerecer lo valioso que puede ser un texto –y esperemos no perder al lector aquí- queda más que en evidencia que una imagen tiene un mayor poder para llamar la atención, en principio, para captarla, luego, y para acapararla, finalmente. El texto deberá remar contra esa vertiginosa corriente entonces si desea llegar a buen puerto. Pero esto es sólo una presunción del autor pues el texto tal vez no se esté dirigiendo a ningún sitio, como muchos pueden llegar a pensar. Las palabras pueden transmitir, es cierto, pero en ocasiones son meros obstáculos para la comunicación. Es allí cuando la imagen hace su aparición y, suponemos, aclara todo. O al menos lo intenta. Por esto mismo es que hemos incorporado el gesto a la comunicación, que no es más que un dibujo en el aire buscando clarificar lo que las palabras esconden, a su pesar. Aquí hemos llevado la atención del lector –y esperemos haberlo logrado- a diferenciar entre la palabra escrita y la palabra hablada y luego entre la imagen impresa ( o sobre una superficie ) y la imagen imaginada. Es en esta instancia donde las palabras salen al cruce de la imagen que se le presente dispuestas a mostrar su valía, dejando en evidencia que si una imagen puede ser imaginada la palabra puede ser adivinada otorgándole un mayor poder de transmisión lo que facilitaría entonces la comunicación. Y si bien la telepatía no es aún científicamente una realidad absoluta, ¿qué lo es hoy en día? ¿Una imagen? Por supuesto que no. Mas no queremos generar controversia con esto ni dar una imagen de discordia con el presente discurso, porque a esta altura de la civilización cualquier cosa da imagen de algo según nuestra cultura; aunque lo apropiado sería decir que todo da una impresión, no una imagen, ya que no es exactamente eso. El texto puede dar la impresión de alegría y carecemos de una imagen de ella, pero vale decir que la podríamos representar si así fuera nuestro deseo. Entonces queda la vía abierta entre las impresiones recogidas que recibimos a diario y la representación con imágenes que nos hacemos, según fuera nuestro deseo o designio. Así mismo, las palabras también son causales de diferentes impresiones y a partir de ellas uno puede llegar a su representación en imágenes, entonces dónde se genera todo es la pregunta que deberíamos hacernos. ¿Es la totalidad una imagen amplificada de nuestro pequeño e ignoto universo? ¿O es la pequeña parte que somos una totalidad disminuida del gran cosmos que nos rodea? Habría que pensarlo durante años para llegar a algo realmente satisfactorio y el tiempo nos apremia, sobre todo en televisión donde las imágenes vuelan. Ya lo decían nuestros ancestros, lo importante es la salud, la palabra va y viene, decían. Luego todo cambió cuando la publicidad hizo estragos en el conocimiento popular. Una de ellas decía que la imagen no era nada, que lo fundamental era la sed. Y tal vez sea cierto, pero ella sólo lo decía para venderte una bebida, no lo hacía para enfatizar una verdad, por lo tanto mentía descaradamente, como toda publicidad que utiliza el poder de la palabra para causarle una impresión al observador que le genere una imagen favorable del producto que vende. Pero no despotricaremos aquí en contra de la publicidad, eso se lo vamos a dejar a los analistas. Son ellos quienes deben declarar los perjuicios de la manipulación de la verdad. Nosotros estamos por otro tema que a esta altura del discurso el lector debe tener una imagen muy clara de lo que piensa el autor al respecto, por lo que nos preguntamos si al texto le hace falta alguna aclaración ulterior, y sabemos que efectivamente la necesita. Por ello, aquí la asentamos: en muchos momentos de nuestra breve existencia fenoménica necesitamos de una palabra que nos guíe, que nos eleve, que nos haga sentir que hubo algo que valió mucho más que las penas vividas, y esa palabra puede representar para nosotros todo el potencial necesario para vivir en plenitud lo que nos reste por vivir. Y no hay imagen que reemplace esa palabra.

*El texto alude a la problemática ya obsoleta en tiempos de urgencia que valoriza una imagen por encima de la palabra, no es que quiera declarar que esté compuesto por esa cantidad de términos, ya que como pueden constatar está compuesto por novecientas treinta y tres palabras, las que sumadas al título y a esta aclaración da un total de mil. Pero eso fue casualidad.

Quimeras

La mente sólo trata con la materia,
Veloz, intransigente, no descansa
Ni siquiera al despertar en sueños
Viaja por laberintos imaginarios
A situaciones de índole verosímil,
Por ello también se arrastra
Buscando grietas en toda tierra
Entre los rostros de su apariencia,
Que cae rendida cuando en quimeras
Se desentraña de tal su cerrazón
Y en la apertura y la redención
Se propicia el vuelo del espíritu
Que ve en la mente su fiel reflejo
Y ahora es vívida cada estación
Cada persona, cada alma en pena
Está atrapada en una ilusión
Y no da cuenta de sus cadenas
Que la han forjado cual bestia
A andar a tientas en la oscuridad
Y con el rostro desvencijado
Sonriente así bien iluminado
Por la pantalla del celular
O un cigarrillo a la medianoche
Con el mensaje que no va a llegar
Su espera recia ya no le fascina
Y así le hable hasta el Universo
Su desatino no va a escuchar.
Quizá perdido en una entrepierna
Será su grito tan visceral
Que una mañana frente al espejo
Un rostro amorfo sin vertical
Calará onda su verbigracia
Y una afeitada claudicará
Detrás de arrugas y seriedad
Donde la gracia de la retina
Sufre impresiones del más acá
Y ve en la muerte bella mujer
Que lo seduce su escote en ve
Su curvatura, sus largas piernas
Y esa dulzura tiene al hablar:
Acompáñame, no vamos a nadar
ni a ganar, tampoco a perder
No es el inicio, no es el fin;
Sígueme, o te vas a decepcionar.
Ya sin opciones para volar
Y rezagado en su corazón
No hay más asado sobre el tablón
Los displaceres que degustó
Son como hormigas en el sillón
Donde reposa en su porfía
No queda ají ni puta parió
El sabor de la boca y un beso
Que tras rozarlo lo despidió.

1984

La policía del pensamiento
Te busca, te persigue
Te quiere dar escarmiento
No creas que por distinto
Tan sólo es porque pensás
Y es ofender la consigna
De sonreír ya sin más
De ver lados positivos.
Te busca la policía
Y dicen que te investiga
Quieren saber si pensás
Porque eso pasó al olvido
Desde la televisión
Alguno podrás engañar
Pero te van a encontrar
Porque andás diciendo cosas
En contra del capital
Sos difícil de sobornar.
La policía del pensamiento
Tiene agentes hasta en tu casa
Algunos disimulados
Y otros bien declarados
Quieren saber si pensás
Qué cosa no es importante
Flagrante es ya si pensás
Esperan oírte opinar
Para ver si criticás.
La gente es muy susceptible
A la opinión general
Se ampara en el dicho de otro
Temiendo ser descubierto
Por eso todos opinan igual
Dicen que el miedo no es sonso
Y el juicio será similar
Ninguno podrá zafar
Ni lo podrán acallar
Al pensamiento general
Qué nadie supo pensar.
Se te permite decir
Frases que al parecer
Alguno una vez pensó
Mas no se te ocurra creer
Qué sos libre de pensar.
La policía te busca
Dicen que en algo andás
Por eso te van acusar
De lo turbio que vivís
Qué ahora no sos normal
La norma no fue pensar
Tan sólo catalogar
A cada uno en el bar
Y eso no está tan mal
No me vengas a decir
Qué al menos no te aburrís.
La policía del pensamiento
Te pone celda mental
Y de ahí no salís más,
En dicotomías quedás
En las que te vas a embolar
Pero como todo parece
De rítmica similar
Seguro ni cuenta te das
Y si despertás algún día
Te corre la policía.
Además debo decir
Qué todo ya fue pensado
Para que vos puedas comprar
Algún pensamiento embalado.
No te atrevas a pensar
Pues te voy a denunciar.

Jeremías

– Mañana me voy a visitar a tu madre. Le voy a contar de los ríos de color verde, de las aguas vivas del mar oleado, de las arenas y sus costas, del perfume de la espuma y las gaviotas. Le hablaré de algunas nubes, de la paz, de tu mirar y el Sol, un poco de la Luna y de ti. También, hablaré de la vida y las estrellas, un pino, los bosques extintos. Tomaremos un tinto. Reiremos. Viviremos. Le hablaré de la flor de tu jardín, de mi jazmín, le hablaré un poco de sí, de ti, nuevamente, y de mí. Le dejaré dos días después. Ese día, marcharé en rumbo a una playa cálida, del sur patagónico. Inexistente. Allí, le cantaré a quien me oiga, un canto al viento, fugaz. Un soplar solapado, sagaz. Una vibración susurrante, veloz. Y quien lo oiga, en nada se convertirá. Y será. Será vida, y nada, será. De allí, me marcharé hacia el oeste. Visitaré las catacumbas de la tribu Suruí. Me cantarán, me alabarán. Y beberemos, hasta que llegue el día. Y el día será… y todo colmará. Cuando la noche caiga, zarparé. Tomaré el primer buque hundido, misión: adentrarme en lo desconocido. En el que conoceré piratas, loros, tenientes, corvinas y marineras… quizá algunas tostadas de pan salvado. Sin mar, navegaré. Surcaré los pensamientos del humanoide cleptómano, y le recitaré un verso: “Aflojad la mano, dejad el afano. Sabed, es vano. Oíd, hermano”. Y volaré. Bajaré el primer avión que cruzará mi visión. Le detendré y contrataré a la más bella piloto de todos los tiempos habidos y por haber. Y por saber, le pediré: “Mostradme las maravillas de vuestra vida. Quiero ver la tierra con vuestros ojos. Prestádmelos”. Y recorreré los cielos, las nubes, el viento… sin asiento. Y caeré en picada. Justo al abrirse mi paracaídas, gritaré: “¡¡Yo soy Jeremías!!”. Pero nadie lo oirá. Nada será. Y nadaré. En piscinas repletas de bicicletas, algunas sin chavetas. Y un salvavidas hecho pelota, me rescatará. Iré a cataratas. Le operarán. Y allí, todo caerá…

Luego de un suspiro, Jeremías levantó su mirada, volvió a soplar, y con voz tosca, seca, agitó su garganta, y me dijo: -Te entiendo. Anoche comí lentejas y me cayeron densas.

Dos miradas

Observas el vuelo de un ave
de pronto vibra tu nave
parece que llega un mensaje
te invitan a realizar un viaje
vos decís que es suficiente
el divagar de la mente.
Se te cruza una pantalla
que muestra una diva en la playa
imágenes muy pintorescas
y de la calle unas grescas.
A vos no te mueve ni un pelo
el amor posesivo da celos
irradia el entorno de luces
la gente se aferra a las cruces,
olvida que allí en lo profundo
se halla un secreto rotundo
obsesionada por la videncia
de alguna nueva tendencia
llegó el último aparato
lo distraerá un buen rato,
después otra vez a lo mismo
del pensamiento un abismo.

Observas a un avión volando
una paloma viene bajando
trae en la pata un mensaje
que dice que viene de viaje
vos decís qué intrascendente
en qué se ocupa la mente.
Rápido, te calzás la malla
y vas directo a la playa
la gente muy pintoresca
todo es paz, ninguna gresca.
Después te secás el pelo
la dama se cubre con velos
el sol y la luna dan luces
tal vez un día las cruces
recordándonos lo rotundo
de un pensamiento profundo
de quien tuvo la videncia
no lo arrastró la tendencia,
ni era cualquier aparato
pero ha pasado un mal rato.
Y todo, escapar del abismo
el centro eres vos mismo.

La deuda


Te pido que me canceles
aquello que bien me debes.
Ya sé que tal vez no es mucho
ni alcance pa´comprar puchos.

Espero que hoy recuerdes
que un día te lo presté,
por eso ahora devolvé
los pesos que te acerqué.

Si no querés que te mande
matones para el ablande
andá juntando la plata
vendé, no sé, a tu gata.

Ya sé, me dirás, es poco,
tampoco te vuelvas loco,
vos reintegrame la guita
quizá te la cobre con quita.

No te quedes con la espina
ni la gastes en la cantina,
la plata no es de tus minas,
devolvé que esto es Argentina.

Si no querés llegar a algún juicio
tampoco me saques de quicio,
no quieras pasarte de vivo
devolvé nomás mi efectivo.

No olvides que a mi fortuna
le faltan algunos pesos
que presté una noche de luna
mientras compartía quesos.

Que sepas que con esmero,
también, dirás, con dinero
uno acumula riqueza
y no es sólo por destreza.

No olvides que a mi tesoro
lo forman también billetes,
monedas, lingotes de oro,
y deudas con señoretes.

Lo cobro siempre que pueda
lo mío nadie se queda,
ni veinte pesos le ceda
ni así sea una moneda.

Por fin te voy recordando
que me venís adeudando:
dos pesos me estás debiendo,
por hoy basta. Devolviendo.

Pasta de campeón

El sábado por la mañana es un momento de relajación para todos. Los pibes que no tienen que ir al colegio, los grandes que no laburan, los viejos que tienen cuatro horas de tango en la radio, las amas de casa que se liberan de la tensión de la rutina semanal de la familia. Bueno, para todos no. Detrás del alambrado de la cancha sobre calle Mitre hay varios señores bien vestidos con mucha guita que oyeron hablar de un pibe que es la promesa del club y lo vinieron a ver por única vez. Los dirigentes tienen los nervios de punta y ya están haciendo planes de lo que van a comprar para mejorar el estadio. Uno tiró la idea de sembrar el campo de juego, pero la tierra es árida y dura como una roca para ponerle césped. Hay otro que dice que fue el que lo descubrió en la placita Moreno y le corresponde una parte. Y está el que se fue hasta Buenos Aires a relatarles las maravillas que hace con la pelota este pibe que tiene pasta de campeón: cambia de frente sin mirar, busca el claro cada vez que la pasa, es veloz con la pelota en los pies, gambetea y la pisa, toca y busca la devolución. Son virtudes futbolísticas de unos pocos y a su edad hace una diferencia abismal en la cancha que descoloca a los rivales y emociona a los familiares, tanto propios como ajenos, que van a ver el partidito cada vez que le toca jugar. Pero esta vez la fecha de las divisiones menores se suspendió en toda la liga porque hubo corridas, piedrazos y varios policías heridos en tres canchas de la mayor, y los platos rotos los pagan siempre otros. Los dirigentes no se iban a perder la única posibilidad que tenían de vender al Chelito con los empresarios en el pueblo y organizaron el partido con jugadores del club. Un año de diferencia en la edad entre los pibes no es mucho. El entrenador sugirió mezclar algunos jugadores de las dos categorías para que se note todavía menos. A veces el fanatismo por ganar un juego es más fuerte que la esencia del deporte, y Carmelo, el aguatero del club se tomó esa posibilidad que le dieron de dirigir el otro equipo de pibes como si fuera el momento más esperado pisando los sesenta. Se fue hasta el depósito y buscó un juego de camisetas viejas que le había regalado Olimpo al club tras ganarle la final en la Carrindanga a la quinta por 8 a 1 como reconocimiento al esfuerzo. Alguno dijo que fue una fanfarronada de ellos, pero las guardaron y nunca se habían usado después de aquello. Se las llevó al vestuario visitante y las empezó a repartir con esperanza:
-Carlitos, ¡encará para adelante! Agarrá la pelota y corré. ¡Corré! ¡Corré!
-Luchito, sacá todo. Pelota que ves, la sacás.
-Soldadito, te le pegás al Chelito y no te movés de al lado. ¡Lo seguís por toda la cancha! Que no toque la pelota.
-Fede, cuando te queda alguna cerca, ¡Cerrá los ojos y pateá con todo!

Las camisetas aurinegras más grandes que esos rellenitos formaban un collage en el vestuario visitante que hacía olvidar las paredes descascaradas, los bancos rotos, el piso de cemento y los baños sucios. Carmelo se fue corriendo al depósito porque al juego de camisetas le faltaba un buzo de arquero y volvió con uno gris que sacó del de la cuarta.
-Tomá Gordo, con este hoy no te meten ni un gol.

El pibito morrudo se lo calzó y le quedaba hasta las rodillas. Carmelo los juntó a todos en el centro del vestuario y les dio la última arenga antes del partido de su vida:
-¡Vamos que ganamos! Cuando estén cerca del arco se la dan todos al Fede.

Los pibitos salieron a la cancha todos desordenados, uno corrió para el lado donde estaban los otros con ansiedad esperando que arranque el partidito. Gordo enfiló para el arco y lo vio más grande que cuando entrenaba los jueves a la tarde. El árbitro que era Saralegui, el vocal del club, tocó el silbato varias veces para que los pibes se apuraran. El Chelito pisaba la pelota en el medio de la cancha. Atrás del alambrado Zelarrayán, el presidente del club, lo mira con los ojos humedecidos. A su lado, el tesorero habla con uno de los empresarios y de reojo mira el cielo porque unas nubes amenazan con embarrar el negocio. Los padres y familiares de algunos de los jugadores se desperezan o charlan. Otros están con el mate y los más chiquitos corretean atrás de un perro.

El partidito está por arrancar. El presidente se frota las manos. Carmelo le grita a Luchito como loco. Saralegui nota una irregularidad que no le permite dar comienzo al partido: el 6 de Olimpo está parado al lado del Chelito y no lo deja sacar. El árbitro lo quiere correr pero el 6 no se mueve. Los compañeros del Chelito le gritan para que salga, pero no hace caso. Carmelo le grita pisando la línea de cal, hasta que Soldadito lo mira y ve qué aquél le hace una seña para que se corra y pueda comenzar el partido. El Chelito se la toca al 9 y éste corre para adelante contra la marea aurinegra que se le viene encima. El tesorero le dice a uno de los representantes: ¿Vio cómo la pasó?

Los partidos a esa edad tienen la gracia propia de la inocencia, por lo menos en los años ochenta cuando los goles se ven bajo el cielo y con el olor de la cancha, cuando el instinto animal hace correr a todos los pibes atrás de la pelota. Pero en ese partidito hay dos que no siguen la manada: el Chelito, que busca el espacio para recibir la pelota, y Soldadito, que está pegado al 10, ajeno al movimiento de la redonda salvo cuando le pasa cerca. Chelito se acerca al 8 que justo se pudo parar con la pelota, pero cuando se la quiere dar lo tiene al 6 de Olimpo adelante. Hay un rebote que sale para arriba y da la impresión que va al pecho del Chelito, pero Soldadito cabecea con los ojos abiertos y la manda a un costado. El presidente Zelarrayán va por el quinto pucho antes de que termine el primer tiempo de veinte y Chelito no la tocó después de sacar. Algún compañero cuando lo quiere buscar con la mirada lo divisó de casualidad siempre atrás de una camiseta aurinegra. Terminó el primer tiempo con el cielo totalmente nublado y ni Gordo ni el otro arquerito pudieron palpar qué tan áspera está la pelota este sábado. Carmelo recibe a sus soldaditos y uno por uno le sacude los pelos y los aprueba con alguna palabra o una palmadita en la espalda.

El presidente le dice algo al oído al tesorero y éste sale corriendo a buscar al vocal Saralegui en los vestuarios. “Cobrá un penal como sea”, es la directiva que puede ser la que dé paso a la firma de la venta que tanto desearon. Se escucha la voz eufórica del aguatero del club en el vestuario visitante que no para de dar ánimos y algunas indicaciones a sus jugadores. El tesorero regresa a la tribuna después de pasar por los baños, se acomoda a la derecha del presidente y le hace un gesto con la mirada como diciéndole: ya está.

Arranca el segundo tiempo del partidito con la impaciencia de los empresarios que ante el descuido del presidente mientras prendía un cigarrillo se redujo en número. Una nenita pasa ofreciendo unas tortas fritas pero los caballeros lo último que tienen es hambre. El tesorero la presenta como la hermana del Chelito y alguno le halaga lo bonita que es. La pelota va para los laterales como atraída por el alambrado. Soldadito tiene un número fijo entre las cejas: el 10; el Chelito esa noche va a soñar que está en una prisión del ejército custodiado por seis soldados. Saralegui aprovecha que los familiares están bastante lejos para sugerirle a los compañeros de Chelito cómo tienen que jugar y los alienta, o reprende a los de Olimpo y les cobra fules que nadie ve. Pero el Gordo este sábado es una hormiga viendo el partido bajo ese buzo gigante y el arco inmenso que decoran el escenario y el área que pisa queda a cuarenta metros de la pelota. Carmelo nunca paró de gritar, salvo cuando miró para arriba cuando una gota le pegó en la nariz.

Por ahí Luchito la sacó para arriba y le quedó a Carlitos que corrió con la pelota hasta que se cayó y el rebote sacudió en el pecho de un rival que lo dejó solo a Fede contra el arquerito. Pateó mordido, débil, pero la pelota fue lejos del arquerito pegada al palo derecho. Todas las camisetas aurinegras corrieron a abrazarlo a Fede, menos Gordo que los miraba con un catalejo y Soldadito que miraba los sacachispas del Chelito. Carmelo saltaba al lado del banco y el presidente se prendía el último cigarrillo antes de despedirse de los empresarios de la Capital.

El Chelito saca del medio con el aliento de Saralegui a su lado, pero no se puede desprender de la respiración que no es la suya en la nuca. Los soldaditos de Carmelo ahora disimulan la sonrisa en una concentración como puede ser la de los chicos de su edad en un partidito en el club. El tiempo es el conocimiento que tiene el hombre de la finitud de los espectáculos y al partidito, que le quedaban tres minutos, lo termina la lluvia torrencial que a la pelota mancha y embarró la cancha.

A escritores


¡Ah! ¡Escritores!
Que insistís en decir
cuando no jay lectores
por vender un dólar
cargado de tintas
que naide comprende
tan sólo otros escritores.
¡Ah! ¡Escritores!
leed tú que entiendes
que sueñas volar
y no sólo viajar
sentado en asiento
y llamad a eso vuelo
por surcar el cielo
la turbina altiva.
¡Ah! ¡Escritores!
leed tú que buscas
el encuentro entre letras
palabras que dicen cosas
y frases de mamotretas
que embelesan rosas
y en su firma desluzcan.
¡Ah! ¡Escritores!
de conciencia extensa
y amplio vocabulario
penetrad con su voz
los surcos cerebrales
de todo el parvulario
que con túnica tersa
vendrá con su hoz
a buscaros legendario
para ser inmortales.
¡Ah! ¡Escritores!
No caed en la crueldad
de la sociedad indolente
levantad bien la frente
y decid en voz alta:
leed mis escritos
de paz y de humanidad
en honor a la verdad
a lo bello a lo tierno
a lo simple a lo grato
y pasad un buen rato
al olvidar vuestro infierno.
¡Ah! ¡Escritores!
Cuando haigan lectores
sus textos serán amores.
¡Ah! ¡Escritores!
Que en la gracia divina
su palabra será vitrina
en lo sideral vencedores.
¡Ah! ¡Escritores!
Despojad de sus temores
su insania, sus dolores
y olvidad los sinsabores
de escribir sin colores.
¡Ah! ¡Escritores!
Sin prestigio de antaño
que os salís del rebaño
del montón de escritores
que se jactan vendedores
de mercancías y logros
de pensamientos magros.
¡Ah! ¡Escritores!
Viviréis los honores
de dignidad incipiente
al afrontar irreverente
el desierto lector
que amalgama sector
de cultura y valores.
¡Ah! ¡Escritores!
numérologos obsecuentes
le dirán consecuentes
que su obra literaria
deberá ser mercenaria
de ideología pueril
en seriedad infantil
por numerosos errores.
¡Ah! ¡Escritores!
Que amáis la verdad
la bondad y la dicha
tarde caerá la ficha
de la oscura sociedad.
¡Ah! ¡Escritores!
No busquéis los elogios
su gloria correrá suerte
y en las almas vestigios
de su pureza lírica
quedará como empírica
cuando llegue la muerte
colmará en lo festivo
si el escrito está vivo.
¡Ah! ¡Escritores!
Elevad su tormento
escribid sin lamento
no caigáis en la lucha
y en tono imperativo
decid fuerte: la pucha
que vale la pena estar vivo.
¡Ah! ¡Escritores!
Que empeñáis su falacia
y así perdéis la gracia
rectificad el camino
que no es magro destino
del que escribe sincero
arte imperecedero.
¡Ah! Escritores…

Íntimo

Diariamente hay una mosca que revuela en mi cabeza
o tal vez es un mosquito que susurra mis pensamientos
dentro o fuera, esa mosca, ese mosquito, no tiene sutileza
para hacerse notar y él/ella se mueve al compás del viento
va de aquí, de allá, murmurando, en torbellino de imágenes
aguijonea cada tanto misteriosa este sentir en su murmullo
y a veces me hace creer que más que uno/a son millones
es un mosquito muy pícaro y veloz y sólo sé que dice “yo”.

Parábola de las miserias

Porque el neoliberalismo es como un hombre que se va lejos, y antes de irse llama a sus siervos y le entrega sus miserias.
A uno le dio cinco miserias, a otro dos miserias y al otro una miseria; a cada uno conforme a su aspiración, y luego se fue lejos.
Y el que había recibido cinco miserias, fue y negoció en la bolsa, y ganó otras cinco miserias.
Asimismo, el que había recibido dos, ganó otras dos miserias con los bancos.
Pero, el que había recibido una miseria, fue y cavó un pozo y enterró la miseria de su señor, para poder vivir feliz sin miseria alguna.
Después de mucho tiempo, regresó el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.
Y llegando el que había recibido cinco miserias, trajo otras cinco miserias, diciendo: “Señor, cinco miserias me entregaste, toma, he ganado otras cinco miserias sobre ellas”.
El Señor dijo: “bien, buen siervo y fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Ponte a cargo de éstas diez empresas de una de nuestras multinacionales. Despide gente, precariza los contratos, flexibiliza horarios que tenemos que producir más miserias”.
Llegando también el que había recibido dos miserias, dijo: “Señor, dos miserias me entregaste; aquí tienes, he ganado otras dos miserias sobre ellas”.
Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Ponte a cargo de éstas cinco empresas de otra de nuestras multinacionales. Recorta presupuestos en salud e higiene, viáticos y vacaciones. Busca mano de obra barata en algún país subdesarrollado y despide al resto que tenemos que producir más miserias”.
Pero llegando también el que había recibido una miseria, dijo: “Señor, te conocía que eres hombre duro y severo, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual me contuve para subsistir, y fui y escondí tu miseria en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”.
Respondiendo su señor, le dijo: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por lo tanto, debías haberle dado mi miseria a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses, y todas las miserias devengadas”.
“Quitadle, pues, la miseria, y dásela al que tiene diez miserias. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más, muchas miserias más; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado”.
“Y al siervo hereje del sistema echadle afuera a algún país socialista; allí será el llanto y el dolor de muelas”.

Nada menos, nada más

No hay intención de diálogo
ni siquiera la hay de monólogo
no hay aquí escondido un mensaje
esto es como decir nada
pero decirlo para que Usted se entere
y sepa que aquí nada se dice,
no es como otros que esconden
diciendo cosas con apariencia
que en definitiva dicen nada
pero al hacer tanto ruido
parece como si eso fuera algo.
Aquí no. Nada se dice claramente
y si Usted lee lo sabrá al fin y al cabo
porque desde un principio se dijo
que no había aquí siquiera diálogo
ni mucho menos monólogo
ni tan sólo escondido un mensaje.
Esto no es como esos escritos
donde el lector intrépido descubre
que el autor, pillo, escondió entre frases
algún tipo de o insinuó algún mensaje,
no Señor, de ninguna manera
aquí Usted no será engañado
en ese sentido puede estar tranquilo
porque no tiene que destripar mensaje
entre líneas, entre versos, entre frases
ya que no lo hay ni se da a entender.
Esto es como un decir, pero no
un decir algo, sino un decir nada
que aunque contenga letras, palabras
signos y puntos nada se dice
y así podríamos continuar hasta el hartazgo
el suyo, claro está, porque aquí nadie
se harta, ya que nadie dice lo que se dice
ni nadie lo podrá llamar la nada, el vacío
o cosas por el estilo para darle sensación
de algo, porque si la nada fuera algo
no sería por cierto esa nada a la que hace
mención aquél que habla de ella, ¿no?
Entonces, qué digo entonces, quién
dice entonces que nada se ha dicho
y se ha dicho por demás muy bien
puede Usted darse por satisfecho
o en caso contrario seguir buscando
en textos, palabras, versos y frases
algo que se haya dicho, que se diga
aunque efectivamente sea nada
porque no me vengan a decir
que se dice algo, puede ser algo
pero ese algo es un disfraz de nada
y no de la nada, que sabemos que no es
algo, tampoco es culpa de las palabras
que señalan e indican, pobres,
haciendo el trabajo pesado de la comunicación
para que después venga Usted y diga:
¡ah! Sí, eso es algo. No, Señor,
no hay que confundir lírica sin métrica
con mensaje, con diálogo, con monólogo,
las palabras ya tienen su propio peso
es por eso que Usted confunde eso
con algún tipo de comunicación
pero para la comunicación hacen falta dos
y aquí sólo está Usted, con un texto delante
y abajo un botón que dice me gusta.

Carta a mis lectores

Punta Alta, 7 de agosto de 2017

Queridos lectores:

En éstos tiempos donde -más que nunca- leer es un placer y sólo pueden darse ese lujoso gusto aquellos que tienen algún tipo de fe en las letras, es interesante ver cómo se desenvuelven éstas entre nuestros conceptos previamente adquiridos y qué lugar le damos a lo que leemos entre las telarañas de lo preconcebido. Es por ello que al escribir ( y por ende, ustedes, al leer ) la comunicación puede tornarse fluida y estrecha entre dos sensibilidades, en éste caso el autor y el lector, o se vea tristemente entorpecida pues lo expuesto no tenga ninguna llegada al mismo, sea porque lo expresado no le dice nada, no le agrada o le es indiferente. En todo caso, mucho de lo escrito tiene que ver con lo vivido por ambos, por lo pensado, por lo creído, por lo entendido, y de allí surge la posibilidad de una comunicación entre el autor, con su escrito, con el lector, a través del mismo. Ésto trae aparejadas dos cuestiones: una, es que el lector se interese por la obra del autor del escrito y quiera conocer más; la otra, es que el lector se involucre con el escrito y tenga interés en comprender lo expuesto. En ambos casos, la comunicación se abre a nuevas dimensiones, más allá de que el lector tenga algún tipo de relación o no con el autor. Dicho esto, no quiero dejar pasar la oportunidad de invitarlos a visitar mi segundo blog, a quienes no lo conocen, Circo lunar ( https://circolunar.wordpress.com ), donde podrán encontrar textos de diversa índole, desestructurados, descatalogados, desgreñados y -casi- desintegrados, donde podrán leer y degustar más letras del mismo autor, con diversas cuestiones expuestas e indicios de otras no tan expuestas.

lunar2

Si bien, la cultura que embebe al autor, dada por su país de origen y residencia, los medios, la educación y demás, y al lector a veces puede ser una distancia insalvable, si se han interesado por algo de lo que aquí publicado es claro que tenemos cosas en común en nuestro carácter de seres humanos y es por ello que puede haber claramente comunicación, placer en la lectura, reflexión y alegría entre las letras y diversos y variopintos motivos para seguir los blogs, y con seguir no quiero decir apretar el botón donde dice seguir, sino interesarse en la obra del autor de los mismos que está destinada al lector. Al día de la fecha, hay publicadas más de trescientas entradas, entre cuentos, poesías y diversos textos, además de los cuentos y narraciones que pueden descargar aquí mismo, por lo que no se pueden quejar, al menos de aburrimiento, en todo caso sus protestas y reproches podrán viajar por otros canales, por lo que deberé pulir mis nuevos textos para seducirlos.

Sin más de momento, espero disfruten su visita por La otra mitad y nos veremos, letras mediante.

Saludos, Leandro.

El anhelo

La palabra es al espíritu
lo que al cuerpo el alimento
por eso escribo con ímpetu
poesía como escarmiento.

Cada término empleado
puede ser considerado
como un pedazo de pan
o un pez que llena zapan.

Buscando alguna palabra
que impacte en tu corazón
no encuentro ni abracadabra
que te abra en par el portón.

Por momentos, suelo bucear
y entre mil conceptos nadar,
más sólo hallo incertidumbre
no logro encender la lumbre.

Claridad que te ilumine
el camino imperceptible
de retorno, indescriptible,
a tí misma, al que camine.

Volver otra vez no quiero
a tener que repetirte,
ni quisiera ya decirte:
de tanto vivir me muero.

Acaso es que por buscar
palabras dentro del mar
perdido debo regresar,
salvarme de naufragar.

Si en una isla, he de acabar
quizá tu me puedas salvar
llevarme algo para morfar,
poesía o el vocablo triunfar.

Es que acaso la victoria
por siempre nuestra será
hasta tanto la memoria
la recuerde, no olvidará.

Y si rendido no encuentro
la palabra –tenaz- realidad,
la cambio por desencuentro
y entonces la llamo verdad.

Porque a veces por llamar
con otro nombre las cosas
nos podemos encontrar
espinas en vez de rosas.

Por eso le sigo buscando
alimento al corazón,
palabras a la razón
de ser que va navegando.

Encuentro poesía y verdad,
amor, vida y desencanto,
a veces encuentro el llanto
suspiro por la libertad.

Al fin me puedo encontrar
con mil palabras vacías
o llenas como alcancías
y nunca más vacilar.

Curioso ha sido buscar
palabras como alimento.
El espíritu está contento
y otra vez quiere volar.

El arte de pensar

Te sorprendería pensar que la gente no piensa
bueno, en realidad, piensa pero lo pensado lo pensó otro
es decir, uno pensó lo que el resto dice que piensa
el resto adhiere a ese pensamiento que le ha dado otro
lo repite, lo valora, lo malogra, pero no lo piensa
es decir, lo da como pensado por él cuando lo pensó otro
esto no tiene nada de novedoso para el que piensa
la masa acéfala es reacia y haragana para pensar lo otro
por eso le gusta decir que piensa cuando no piensa
le gusta hablar, sí, decir cosas que ha pensado algún otro
de allí surge que es imprescindible oír a quien piensa
para tener algo qué decir en todo tema aunque sea de otro
porque lo pensado, lo dicho, lo hablado no se piensa
se dice así sin más, sin pensar, aunque lo haya pensado otro
eso de pensar pasó al olvido, hoy no queda quien piensa
y si creés que todo esto fue pensado, lo habrá hecho otro
a mí no se me da por pensar, sólo digo lo que se piensa
aunque ese pensar no se haya pensado, sólo dicho por otro
y así sucesivamente, metafóricamente, digo que se piensa
aunque no haya nada que pensar, sólo decir lo que otro
y poner cara de que uno sabe, de que uno piensa
cuando sólo hay palabras volando, palabras de otro
que por ahí tiene un yo, y pienso que soy quien piensa
pero es un simbolismo, ese yo es el yo de algún otro
y se me infla el pecho decir que soy quien piensa
para terminar diciendo cualquier vanidad de otro
o escribo una poesía que parece que te hace pensar.

Despertares

Piloteaba una avioneta a gran altura cuando escuché que uno de los motores había comenzado a fallar. Los dos pasajeros que me acompañaban se mostraron alborotados, pero logré mantenerlos en calma diciéndoles que era normal, típico de este tipo de aviones. Al poco tiempo, el otro motor emitió un sonido estridente y luego se detuvo, dejando un espeso humo negro detrás del ala izquierda de la nave. La mujer que viajaba detrás de mí comenzó a gritar desaforadamente y esta vez no pude hacer nada por acallarla debido a que estaba abocado a la tarea de aterrizar. La nave se precipitaba al vacío y no la podía controlar. Pensaba en Nancy y se me cruzó la vívida imagen de ella diciéndome adiós. La nave se estrelló pero el estruendo del impacto me despertó. Me dolía la cabeza y fui en busca de una aspirina. La tragué ayudada por un poco de agua que serví en un vaso directamente de la canilla y luego miré que el blister de la que había sacado la pastilla decía “veneno”. Quise vomitarla pero ya era tarde. Me abrigué rápidamente y tomé un taxi desesperado. Hacía mucho frío y mis piernas temblaban. Pero no era por el frío. El miedo que sentía se estaba apoderando de mí. Casi paralizado, extraje un billete de cien y le pagué el viaje al chofer de aquél taxi. Golpeé la puerta del consultorio reiteradamente hasta que apareció Monfredi, el doctor que había atendido a mi familia desde que era un infante. Le expliqué la situación, lo que había sucedido y me respondió que era demasiado tarde. Me dijo que tendría que haberlo consultado antes de beber la cápsula, lo cual me pareció lógico pero a la vez ridículo. El doctor sentenció mis horas: te quedan dos horas como mucho, Arturo. No sabía qué hacer sinceramente. ¿Cuáles serían mis últimas visiones del mundo? Quería ver a Nancy, de algún modo me tenía que despedir de ella quien me había acompañado tantísimo tiempo. Cuando un hombre bajó de su vehículo que había estacionado frente al consultorio del doctor Monfredi le di un empujón y le quité las llaves. Conduje lo más rápido que pude, estaba a casi una hora de su casa y el tránsito era bastante fluido como para que no me demorara más tiempo en él del que suponía me llevaría hasta llegar a la casa de Nancy. Lamentablemente, cuando estaba a pocas cuadras de su casa una camioneta impactó el lateral del automóvil que conducía y terminó contra un semáforo. Me había golpeado la cabeza contra el parabrisas que estalló al instante. El conductor de la camioneta se bajó para ver mi estado, pero no pude atender su inquietud pues me quedaba sólo un rato con vida. Salí corriendo y a los pocos metros un dolor en el estómago me hizo retorcer. Me detuve y escupí, sobre la vereda, sangre. Pensaba si el choque me habría estropeado algún órgano o si el veneno ingerido sería el causante de semejante dolor. Ya no podía correr, el dolor era intenso y persistente. Además, encontré que el tobillo izquierdo se me había hinchado sobremanera. Me quité el zapato para evitar el dolor. No obstante, eso no ayudó demasiado. Cojeando, llegué a la casa de Nancy. Toqué timbre y apareció ella con su radiante belleza. Al verla caí sobre las frías y húmedas baldosas de la vereda. Ella gritó mi nombre, que fue lo último que oí antes de despertar. Me lavé los dientes y salí raudo a la casa de Nancy. Hacía tiempo que quería estar con ella y no me bastaba verla en sueños. Al caminar noté que se había levantado un terrible viento cubriendo mis ojos de arena. Había arena por todos lados y no podía siquiera mirar sin tener que cubrir la vista. Caminé y caminé atravesando el viento y la arena hasta que me encontré en un lugar donde no había edificios alrededor ni gente siquiera. ¿Tanto había caminado? Miré para los cuatro puntos cardinales pero el paisaje se observaba igual en todos los ángulos. Arena y más arena era todo lo que se veía. Sólo podía seguir avanzando. Lo hice tratando de que mis zapatos no se entierren demasiado en el terreno, pero igualmente se me llenaron de arena. A lo lejos divisé unas colas de zorro. Tenía sed, mucha sed. Quizá allí habría agua para beber. Llegué al lugar en el que había varias colas de zorro pero no había agua para tomar. Sentía mucho calor y la sed me estaba angustiando. Seguí caminando con las pocas fuerzas que me quedaban. No veía nada. La arena que me rodeaba me había dejado ciego. Grité pidiendo auxilio pero nadie me escuchó. Estaba tan solo que no podía recordar cómo había ido a parar a ese sitio ni tenía a quién recurrir para dejarlo. Tan sólo quería beber algo de agua para continuar mi periplo. ¿A dónde me dirigía? No podía recordarlo. Me arrastré unos pocos metros por la arena, tenía que seguir avanzando como fuera. De repente, oí un sonido agudo, aunque lejano. Parecía un instrumento musical. Era una flauta, lo adivinaba. Lo volví a escuchar y comprendí que era una armónica. Me puse de pie pensando que tal vez sería mi salvación. Desde el sur, observé la figura de un hombre sobre un camello. Estaba salvado. Seguramente tendría agua para darme y reintegrarme la vitalidad que necesitaba para proseguir. El hombre se acercó tocando la armónica. Cuando estuvo a pocos metros me hizo una reverencia quitándose el sombrero que llevaba puesto. Le pregunté si me podría dar agua, que estaba muriendo de sed. Negó mi petición, disculpándose, pero adujo que a escasos kilómetros al norte había un oasis del que podría beber hasta saciarme. Tenía que sacar fuerzas de donde no tenía para llegar al lugar. Me puse en marcha nuevamente detrás del hombre y su camello. Tenía calor pero ya no sudaba, estaba casi totalmente deshidratado. Caminé hasta donde pude, pero el cansancio y la falta de fuerzas me venció. Caí sobre la arena con los labios resecos. El sol pegaba en mi rostro e imaginé que el cielo se cubría de nubes y llovía copiosamente. Cerré los ojos vencido y una gota cayó sobre mi frente. Estaba delirando. Escuchaba cómo la lluvia golpeaba sobre el techo. Otra gota golpeó mi frente. Abrí los ojos y pude ver la mancha de humedad sobre el techo de la cual goteaba el agua que atravesaba el cielo raso. Bebí un vaso de agua y preparé café. Sonó el teléfono y lo atendí prontamente. Era Nancy, me dijo que era una basura y que no me quería ver más. A mí poco me importó, para mi propia sorpresa. Sonó el timbre y fui hasta la puerta a abrir. Era Nancy. Me abrazó y me besó como si no me hubiera visto en meses. Bebimos café y luego hicimos el amor. Nos quedamos remoloneando en la cama, pero no pudimos extender el momento porque tenía que visitar a don Ambrosio que me estaba esperando con sus virus. Cuando llegué a su casa me recibió con mates. Conversamos un rato antes de me que abocara a la tarea de limpiar la máquina. Cuando la encendí el monitor mostró la imagen de un bicho gruñendo. Era un gigantesco insecto. Tomé el mouse y se me desintegró en la mano. Saqué uno que llevaba en mi bolso y lo conecté. La impresora a un costado también había empezado a derretirse, al igual que el teclado. ¿Qué clase de virus había infectado la máquina de don Ambrosio? No lo pude saber porque también se desintegró el monitor y el gabinete. Don Ambrosio se acercó para ver lo sucedido y me culpó increíblemente cuando supo que todo el equipo se había desintegrado y yacían sus partes como una masa amorfa de plástico humeante. De mala forma me invitó a abandonar su casa y el trabajo por incompetente. Me retiré en silencio sin comprender y me tomé el colectivo cuando éste pasó por la parada. Al subirme, la máquina que se ocupaba de cobrar el boleto se desintegró cuando apoyé la tarjeta sobre ella. El chofer me propinó un insulto como nunca antes había oído y me obligó a bajar inmediatamente. Me apoyé sobre un parquímetro cuando para mi sorpresa éste se derritió ante mis ojos. Miré hacia arriba y pude ver que el sol tenía un tinte rosado y estaba en su máximo esplendor. Al bajar la vista pude ver cómo se derretía un inmenso edificio frente a mí. Y luego el contiguo, y luego otros, y luego toda la edificación circundante. Lo más curioso es que la gente continuaba como si nada. Parecía que sólo a mí me llamaba la atención el suceso. Todo se había desintegrado y sólo había gente circulando a pie en las inmediaciones. Desde la vereda de enfrente, alguien me gritó: ¡Arturo! Esa voz particular me despertó y al abrir los ojos y ver la hora, supe que llegaría tarde a la oficina. Ya era hora de cambiar el despertador que no lograba su cometido de despertarme eficientemente a horario, pero no el momento, pues seguía con sueño y tenía toda la mañana por delante para despertar.

No decaigas

No te dejes abatir por el mundo
alza la mirada, observa el cielo
tras cada estrella es lo profundo
ocurre así en tu alma tras el velo.

No te dejes vencer por lo terreno
vanagloria jactanciosa de su orgullo
en su estirpe vanidosa del murmullo,
que tu espíritu se revele a tí sereno.

No te dejes sucumbir a tu camino
que no hay como cumplir el destino
con la vista puesta en el firmamento
sempiterno nuestro sino sin tormento.

No te dejes arrastrar por la corriente
que te lleva hacia aguas tumultuosas
abismales y de orillas pedregosas
que te hunden con su pétreo referente.

No te dejes malgastar a tus talentos
y tus dotes magistrales que encubren
lo glorioso del vivir cuando deslumbren
a las almas que se apenan en lamentos.

No te dejes decaer ante el ocaso
de la sociedad que pierde el paso
de lo bello de lo simple de lo tierno
que te invita a perecer en el averno.

No te dejes abatir, vencer, ni arrastrar
no te dejes decaer, sucumbir, malgastar
que tu espíritu te eleve por encima
de la mentira, del engaño, del sopor
que le quite importancia a tu dolor
en el cielo de la gloria está tu cima.

Maremágnum

-La gente no lee, Vinicius. Es un hecho.
-Disiento contigo, Artemius. La gente lee, pero lee basura. Lee etiquetas de botellas, lee diálogos de series, lee doctrinas de autoayuda, lee frases y lee canciones. Lee también nombres y lee gestos. Lee siluetas y lee formas. Lee todo lo que se le presenta, como emoticones y grabaciones, Artemius.
-Si bien es cierto tu pensar, querido Vinicius, me refiero a que la gente ha dejado de leer literatura, para dar paso a otro tipo de lectura, un sesgo de lo que fue -Artemius torció la nariz, moviendo incluso el negro bigote, lo que llamó la atención de Vinicius- antaño. La celeridad de la vida posmoderna le ha quitado motus a la lectura, y no es sólo por el bombardeo masivo de mensajes que carecen de mensaje, sino porque se la ha vejado al orden de la inoperancia. Hasta se ha dicho que es un entretenimiento vetusto.
-Coincido, Artemius. ¿Qué puede decirnos Poe a esta altura de la civilización en que programamos teléfonos y filmamos el espacio? -Vinicius alzó los brazos en modo triunfal.
-Nada. Es un pobre imbécil.
-Pobres los imbéciles que le destinan su insania a la literatura, que creen que vender un millar de ejemplares es sinónimo de éxito, que tener su cuenta bancaria en movimiento les da vértigo, que…
-Que escriben como si estuvieran hablando con su pareja, ¡que escriben!, ¿qué escriben? -Artemius arqueó las cejas confundido, al tiempo que se refugiaba en el vaso de licor.
-Eso mismo quisiéramos ya saber. Éstos muchachitos que escriben imitando modelos consagrados, pongamos por caso Borges… ¿qué pensaría Verlaine de sus poesías filosóficas? “Piensa que de algún modo, ya estás muerto”, nos dice en su epitafio. ¿Piensa? ¡Eso ha pasado de moda, Artemius! -Vinicius se levantó de la silla invitando a un brindis, pero Artemius se contuvo agachando la cabeza.
-Desde ya, Vinicius, desde ya. Si no da rédito, si no ofrece ventaja alguna, no es motivo para pensarlo.
-¿Pensarlo, Artemius? “No hay tiempo para pensar/No hay tiempo para entender/No hay tiempo para vivir/Ni un tiempo para morir./La Biblia quedó obsoleta/Vigentes siguen tus tetas”, nos dice el poeta descarriado. Y cuánta razón ha de tener…
-Cierto es que todo lo cierto encierra desazón.
-¡Oh, Artemius! Lo has expresado bellamente. Es la desilusión, regla vital, a la que descendemos del maremágnum de la confusión existencial. Y la literatura no escapa a ella.
-Bien dicho, Vinicius. ¿Crees que acaso la misma reencontrará los canales por los cuales fluir entre aquellos dignos de mis letras?
-Tus letras no tienen dignidad alguna, querido Artemius. Lamento decírtelo por el aprecio mutuo que nos tenemos y la confianza que nos liga, es preferible que lo sepas de mis labios y no de un detractor de tu obra.
-Igualmente, duele… -Artemius bebió. Vinicius lo siguió.
-Ánimo. Hoy día lo que cunde es literatura clase Z a precio de bacanes. También la hay gratis, pero es aún más dolorosa. Tus letras pasarán desapercibidas por la crítica.
-¡Oh Vinicius! Si supieras cuánto ha costado delinear el argumento de mis poesías, la tesis de mis cuentos, la fuerza centrípeta de mis relatos y el motín de mis novelas. ¿Y a cambio? La desilusión, regla vital, a la que descendemos del maremágnum de la confusión existencial. Y mi literatura, al parecer, no escapa a ella.
-La gente no lee, Artemius, es un hecho.
-Mis letras no tienen dignidad alguna, querido Vinicius. Me duele reconocerlo por el aprecio mutuo que nos tenemos y la confianza que nos liga, pero es preferible que lo sepas de mis labios y no de un adulador de mi obra, antes que la leas. -Vinicius bebió. Artemius lo siguió.
-Escribes como si estuvieras hablando con tu mujer, que escribes…¿qué escribes?
-¿Escribir, Vinicius? “No hay tiempo para escribir/Ni tiempo para leer/No hay tiempo para saber/Ni tiempo para entender/La Biblia ya caducó/En un rato lo harás tú”, nos dice el profeta encrucujado. Pero no ha de tener razón…
-Si bien es cierto tu pensar, querido Artemius, pienso que la gente ha dejado de leer literatura, para dar paso a otro tipo de lectura, un sesgo de lo que fue -Vinicius torció la nariz, moviendo incluso el blanco bigote, lo que llamó la atención de Artemius- antaño. La celeridad de la vida posmoderna le ha quitado motus a la escritura, y no es sólo por el bombardeo masivo de mensajes que carecen de mensaje, sino porque se la ha vejado al orden de la inapetencia. Hasta se ha pensado que es un esparcimiento vetusto.
-Disiento contigo, Vinicius. La gente escribe, pero escribe basura. Escribe etiquetas de snacks, escribe diálogos de telenovelas, escribe poesías de autoayuda, escribe fraseos y escribe alguna especie de canciones sin armonía. Escribe también consejos que nunca emplearía y escribe sus logros. Escribe lo que debe ser y lo que hay que hacer. Escribe todo lo que se le presenta entre sus juicios, escribe todo como si se tratara de emoticones y de grabaciones, querido Vinicius.
-Desde ya, Artemius, desde ya. Si no da rédito, si no ofrece ventaja alguna, no es motivo para desearlo.
-¡Oh, Vinicius! Lo has expresado bellamente. -Artemius se levantó de la silla invitando a un brindis, pero Vinicius se contuvo agachando la cabeza.
-Igualmente, duele… -Vinicius bebió. Artemius lo siguió.

Más allá

Detrás de cada poesía,
se esconde un sentir, alegría.
Detrás de cada poema,
muere en tristeza una pena.

Entre letras y algún signo,
nacen estrofas y un himno.
Entre mi vida y tu mente,
a veces hay un abismo.

Por eso te habla mi alma,
te pinta tu día, da calma,
te habla de bellos sentires,
que vergüenza, no me mires.

Te canta en suaves pensamientos,
dulzura, nobles sentimientos,
tararea melodías, si escuchas,
tu vida es paz, ahora sin luchas.

Tu alma se llena, así, de gozo,
mi corazón es puro alborozo.
No te prometo ilusiones,
ni así lo haga en visiones.

Vivir sin más, ves, no es poco,
a veces, tu rostro evoco.
Me esconde la luz del día,
detrás de cada poesía.