Te vi

Te vi… tirabas de ese carro cual corcel
sé que te trataron bastante mal
no sé si era un guachín o vestía jean
vos sólo querías el green.

Te vi, tenías más fuerza que un jaguar
los perros te ladraron otra vez,
el gancho que te ataba se quebró
vos sólo querías el green.

Toda aquella vida no está más
la libertad ahora brilla en el alma
y cuando te encuentro en la ciudad,
creo que veo Crónica o Volver
es nada más que un canal
que invita a llorar o te incita a cambiar.
Te vi, te vi, te vi… como se ve un espejo, te vi.

 

Dichos populares explicados sin tecnicismos

En esta entrega por fascículos cuasifascinantes de la revista “Qué poco interesante” presentamos la explicación a algunos dichos populares argentinos cuando de rumores se trata.

“Se le volaron los patos”. Esto quiere decir que los pensamientos a veces son simples aves que sólo buscan surcar los cielos. Muchas veces éstos prefieren la libertad del firmamento a sentirse enjaulados o limitados por un estanque. Muchas veces, también, los patos vuelven aunque más no sea que por intereses alimenticios.

“Le faltan un par de jugadores”. Esto señala que muchas veces la cabeza funciona como un equipo ( de fútbol ), en el que o bien puede atajar la Razón, con Inteligencia como marcador central, con Lógica y Coherencia dando batalla en el medio, con Sensatez de enganche, y Criterio bien de punta; o bien, el técnico dispuso una formación alternativa, que incluya a Imbecilidad en el arco ( y a veces no agarra una ) y de cinco tapón a Zoncera ( incluso le da la cinta de capitán ). Cuando faltan un par de jugadores, el equipo ha mermado en su capacidad de competir lo que muchas veces lo lleva a retirarse del campo de juego, cuando los que quedan en cancha son menos de siete, sea por expulsiones o por lesiones y falta de suplentes. Pero como la vida no es fútbol, sino que aquella incluye a éste, aquí lo que cuenta no es ganar, sino participar, inclusive con el equipo “muleto” ( con Sentido Común como gran figura ).

“No le llega agua al tanque”. Esto indica que por momentos el cerebro funciona como una casa, o mejor aún, como las cañerías de una casa, donde el agua serían los pensamientos y los sentimientos, y uno puede ducharse en ellos, lavarse las manos, limpiar o beberlos. Si carece de estos, quiere decir que el sistema hídrico no funciona del todo bien y deberá buscar el bendito elemento en otras fuentes para abastecerse.

“Le falta un tornillo”. Esto quiere decir que muchas veces las personas son complejas máquinas que no funcionan del todo bien, por eso cada vez que se desarma una hay que hacer un croquis detallando bien dónde iba cada pieza, no sea que después sobren tornillos, tuercas y arandelas.

“Está del tomate”. Cuando surgió el primer tomate, las frutas y las verduras le preguntaron: ¿y vos qué sos, fruta o verdura? El tomate dio una larga explicación que dejó a todos asombrados, porque no encajaba en lo que ellos entendían por tales, por lo que nadie se tomó el tiempo de entenderlo, sino que lo dejaron al margen o lo metieron de prepo en ensaladas. Así, cuando alguien sale de la norma preestablecida las hortalizas dicen que está del tomate.

“Este tipo es un genio”. Esto puede tener varias acepciones. Se puede emplear como sinónimo de estúpido, o como indicativo de que los estúpidos somos nosotros, o para demostrar nuestra propia genialidad con el elogio.

Esto es fútbol

 

Bombos, redoblantes y banderas; papelitos, humo y escalones; goles, globos, choripanes; lluvia, serpentinas y colores. El fútbol tiene muchos ingredientes que le dan un colorido atractivo incluso en aquellos días grises en que, de no ser por el rodar del balón, uno tendría otros planes, seguramente bajo techo.
La voz del estadio anuncia las formaciones de los equipos. Se escuchan aplausos, principalmente cuando nombran al capitán, el Rodo Herminio, y al goleador del equipo y de la Liga, el Toro Moral. Los silbidos se concentran en el árbitro que impartirá justicia, el cabildense Hambruna, silbidos que se prolongan con su salida a la cancha, solamente interrumpidos para masticar hamburguesas, paradójicamente.

Algunos se empiezan a preocupar porque la lluvia ha anegado las adyacencias al estadio y han tenido que dejar el auto bastante lejos del mismo, caminando las restantes cuadras con un paraguas que les cubre la cabeza pero no impide que se embarren los zapatos, preguntándose si el partido se podrá jugar con semejante torrencial. Al llegar, alguno le anuncia con alegría: ¡se juega, se juega! Observan varias pequeñas lagunas sobre el césped que imposibilitarán que la pelota ruede por allí, por lo que habrá que cucharearla. Los charcos favorecen a los más brutos que patean todo lo que se interponga en su camino.

Pepe Crap llegó sobre la hora de comienzo porque no se quería mojar. Había escuchado en la radio que el partido se jugaba y ese momento único, el de ir a la cancha una vez en la semana, había llegado con lluvias que amenazaban con suspenderlo y postergar la descarga de tensiones que se daban durante la semana, el ajetreo, el trabajo y la familia. La cancha, el fin de semana, cumplía funciones terapéuticas, al menos para Pepe, como para otros lo hacía el hecho de ir a misa o al supermercado.

Al subir a la tribuna se encontró con los mismos de siempre: compañeros de laburo, amigos de la vida y rivales del torneo de bochas. Faltaban unos cuantos que la lluvia había acobardado, pero muchos no se amilanaban y le hacían frente al torrente de agua que no cesaba y copiosamente seguía mojando las capuchas. Saludó a algunos con la mano, a los más queridos con un beso o un abrazo, y se acomodó en el medio de ese grupo de compinches, justo debajo de Carlucho Pérez Mork y Fabián Cresta, amistad que compartían desde la secundaria cursada en el antiguo Colegio Nacional, cuya edificación hoy no existe como tal en la céntrica calle Roca.

El partido dio comienzo a horario, aunque muchos dudaban de si podría terminar, al menos durante esa jornada tormentosa. Se jugaba sin hinchas visitantes y con el colorido habitual que el grisáceo día no había podido opacar. Ni bien comenzó a rodar la redonda, los jugadores de ambos equipos se deslizaban por el césped ante la menor disputa. El juez de línea que custodiaba las acciones bajo la tribuna oficial resbaló en el primer offside y fue a parar a un charco desatando las consecuentes risas. Dos chiquilines jugaban cerca del alambrado ante la mirada dispersa de su madre con una pelota que parecía un globo, de no ser por el barro que le otorgaba mayor peso.

Las acciones de juego eran estéticamente grotescas pero a los que se habían animado a ir a la cancha no le importaba: esto es fútbol, también. El barro, los charcos, las camisetas que pesan dos toneladas, la lluvia que no te deja ver, son obstáculos naturales que le otorgan al juego una motivación extra, la de superación de las adversidades.

El fútbol con lluvia es una picardía, como lo es tener que suspenderlo por mal tiempo, por lo que resulta un dilema que seguramente dejará disconformes a unos cuantos, tanto si se juega como si no. Y si se juega, hay que ser pícaro.

El partido que se jugaba mantenía expectantes a todos los que habían asistido e incluso a los que se habían quedado a escucharlo por radio, confortablemente en la comodidad seca del hogar. La lluvia, que no cesaba, había mermado su intensidad después de los primeros veinte minutos y  parecía por ese entonces una garúa finita.

Justamente, la jugada que definiría el encuentro llegó promediando el primer tiempo. Centro llovido al punto penal, el Toro Moral peinó al segundo palo y el arquero que se estira pero no llega a sacarla. Pepe Crap se abrazó con Carlucho en el festejo y cuando giró la cabeza recibió el bombazo de lleno en el rostro de uno de los chiquilines que jugaban debajo. A Pepe lo atajaron entre dos para que no caiga sobre los escalones. Le costó reincorporarse y entender qué le había sucedido, desde dónde había recibido aquél impacto que le había dejado la cara llena de barro y una confusión que le hizo replantearse la idea de permanecer a la intemperie. Luego, miró a los chiquilines con algo de rabia, pero supo entender que son cosas del fútbol, que incluso habían causado gracia y carcajadas entre sus amigos.

El partido prosiguió sin mayores atractivos que algunas llegadas al arco en contraataques lentos por el estado de la cancha. Cada tanto, Pepe Crap le lanzaba una mirada furiosa a los chiquilines que seguían, incansables, haciendo de las suyas con la pelota embarrada. Después parecía olvidarlo, pero el ardor en la cara le duró hasta que llegó a su casa y se dio una ducha caliente, por lo que lo recordaba a intervalos irregulares o cuando los chiquilines gritaban gol en su juego.

El pitazo final llegó al tiempo que la madre de los chiquilines los tomaba de la mano a cada uno y se los llevó rápidamente del estadio en una huida que se llevó el pensamiento más venéreo de Pepe Crap que masculló entre dientes pero no soltó de su boca: ¡pendejo y la puta que te parió!

Los tres puntos quedaron para el equipo local, que saludó a su gente cuando la lluvia ya no se sentía. La bronca de Pepe se había disipado.

Él sabe que el resultado muchas veces tapa todo. Y esto es fútbol también.

Usos prácticos del té

Si bien todos conocen los usos medicinales del té, por aquí les dejo un listado de usos prácticos de las distintas variedades de té.

Boldo: para cuando se te cae el toldo.
Manzanilla: para combatir ladillas.
Menta: para que otro pague la cuenta.
Canela: si se te gastó la suela.
Negro: si te hace bromas tu suegro.
Tilo: por si te quedás en vilo.
Frutilla: si se te rompe una silla.
Durazno: si tu presidente es un asno.
Vainilla: cuando te clavás una astilla.
Caramelo: para cuando te caés al suelo.
Ensueño: si no tenés dueño.
Tisana: cuando te grita tu hermana.
Naranja: si te pica la … nariz.

Olor a gol

Basado en “El veterano”, relato de Martín Díaz, quien conserva los derechos de autor

El olor a átomo impregnaba todo el ambiente familiar y era impresionante cómo le despertaba los sentidos. Temprano, ya antes de despertar, había empezado con la ceremonia de los sábados. Le había dicho a la gorda que cocine unas pastas para estar liviano a la hora del partido. Su amabilidad y benevolencia potenciadas ese día pasaban desapercibidos en su ritual de entrar en partido mucho antes que el rival pise la cancha. Enrolló las vendas, preparó las canilleras, estiró las medias y el pantalón de fútbol… y cuando abre ese húmedo ropero para sacar el par de botines le da la sensación que tiene en sus manos la joya más preciada. Cada noche con la bruja, la cena en familia, el café matinal de cada lunes antes de la semana laboral, la cervecita y picada con los muchachos del miércoles, el asueto del viernes en el trabajo, los domingos con el viejo viendo el partido por la tele, todos son sueños lejanos, muy lejanos o borrosos y se olvidan en la yema de sus dedos. ¡Cuánta ilusión en un pedazo de cuero! Las vendas giran sobre los pies casi al compás de las agujas del reloj, pero mientras las medias y el pantalón lo visten él aprovecha la libertad de vuelo del pensamiento y ya está pensando la próxima jugada que hará. Los botines en sus pies le piden que ate fuerte los cordones y el reloj en la pared le dice que es la hora de partir hacia la cancha. La ansiedad lo invade y un cosquilleo en el estómago no pasa inadvertido. Qué deporte visceral, si los hay. Llegó el momento, lo sabe, ahora no puede dudar. De la casa hasta la cancha hay una cuadra de distancia. Rodeada de altos y frondosos árboles, las redes ya están colocadas y preparadas para asistir a los arqueros cuando su estirada sea insuficiente, las líneas están bien pintadas por lo que hoy no habrá discusiones estériles con el arbitraje. ¡Ahí está! El lugar más sagrado del mundo, un monumento a la vida: la cancha de mi barrio. La querida Juventud Unida, donde tantas glorias jugaron, como el Colo Vidal, fullback impasable por ningún frente, el Quelito Almada, el wing izquierdo más rápido de la pampa, el Lungo Cárdenas, centrofowar de esos que no ves en ningún lado y muchos otros que después los venían a buscar los clubes de la liga o alguno de afuera para jugar un regional, con decirte que hasta mi viejo hizo incontables goles en ese arco, aquél donde está esa casita rústica y mal pintada. Pero incontables porque en ese tiempo nadie llevaba la cuenta y hasta les daba un poco de vergüenza repasarlos verbalmente, las estadísticas vinieron mucho después para enmarañar el deporte y llevarse una buena tajada mercantil. Sin embargo, él no se los acuerda, se le presenta de vez en cuando el instante en que tiró la pelota por arriba del travesaño con el arco vacío. Las cosas que se presentan por única vez en vida son las que más se quedan grabadas en el registro memorial. Las que te sacan del abombamiento, como el fútbol de los sábados, como ese sánguche de mortadela que esperaba junto al mate cocido después del partido que nunca llegó por una derrota que puso en tela de juicio la actitud del equipo dentro del campo de juego. El grupo ya está reunido y el Pelado está dando indicaciones. Me miran y me dicen: ¡Apurate, Tinchín! La puta madre, hay que firmar la planilla. Es un trámite que no me distrae pero me jode un poco la burocracia en este deporte. Mientras estoy en la fila para estampar la firma escucho algunos consejos del entrenador: ¡Vos no te compliqués! ¡Reventala para arriba nomás! Que se vaya a cagar, quién me dice lo que voy a hacer en la cancha. Me tiran la camiseta y me la coloco. En la panza queda un poco estirada. Entro a la cancha con la pierna derecha dando saltitos y haciendo la señal de la cruz con la mano sobre el torso. Acá no falta nada. Está todo listo, es el momento sublime para el que pisa el césped. El partido va a empezar, entre algunos se miran, dan la orden y arranca. Detrás de la línea de cal lo veo a mi pibe, ¿ está nervioso o ya siente el perfume del gol? El Pelado cambia de frente y Pancho me la tira larga. Como lateral con proyección que soy, arranco con todo y siento el puntazo que me sacude el muslo.

Érase una bes. Tia.

¡Se me escapó la tortuga! Hice como el avestruz y me olvidé del asunto, se ve que tengo pájaros en la cabeza. Después lo quise resolver, pero soy un asno. No daba para más sudando como cerdo, casi me vuelvo el mono que encontró el reloj. Decí que como como un gorrión y mi silbido de canario le puso música al día porque pájaro que comió, voló, decían los viejos, o algo así; tengo memoria de elefante aunque como perro fiel nunca muerdo la mano que da de comer. Por eso finiquité el asunto con astucia de zorro.
¡Caracoles! A veces soy listo como delfín.

Ya no digan whisky

Se me ocurrió algo que puede ser un poco trillado según la latitud. Se los comento igual. Cuando nos saquen una foto, en lugar de decir “whisky” que nos abre la sonrisa pero nos deja con rostro de foca escocesa, digamos “chinchulín”, pudiendo suspender el vocablo en la sílaba chu, o extender lín, acentuándola, a gusto, que si bien queda menos careta y un poco más grasa, nos deja en la mirada un dejo de ternura, como de ternera.
Para los más intrépidos, se les ofrece la opción de atender el flash diciendo “vericueto”, en cuya sílaba con diptongo nos ofrecerá un rostro juvenil y armonioso, como de cui.

Antes de cambiar el mundo

Aquellos que quieren cambiar el mundo entero
Deben saber unas cuantas cosas primero:
Por ejemplo, París no desea llamarse distinta
Ni Miami pertenecer a otro país;
El Ganges es difícil que desemboque en otro océano
Ni el Vaticano quiere tener nuevos símbolos;
Mi prima está contenta con su profesión
Su hermana, lo propio, con su familia, al tejer,
Quizá, la tuya también, y el vecino chocho con su mujer;
El paraíso, feliz cuando escucha llover
Las gallinas cluecas cuando van a poner;
Para el viento nada mejor que levantar tierra y hojas
El futbolista regio con su contrato
La gata Flora dulce al ver a su gato;
Los museos vivos y libres de humo
El basural colmado con desperdicios inmundos;
Los jardines rebosantes de flores y mariposas
El doctor digno al recibir un paciente
El kiosquero contento ( hoy nuevo cliente )
Uruguay estará para unos allá sobre el oriente
Y cantan los gallos también al poniente;
Al dinero se lo gana, se lo crea, se lo roba, se lo pierde
Hay besos dulces y besos que muerden,
Hay música sublime, puede que te llegue,
Y poesías duras que tal vez te peguen.
Ahora sí, muchachit@, con tesón
cariño y devoción, cambia el mundo,
De corazón.

Paparulo

-Disculpe, ¿baja en ascensor?
-No. Bajo en sodio.

********
-¿Qué pesa más, tres kilos de papas o tres papas de un kilo?
-Pará que lo googleo.

********
-¿Qué tiene más peso, lo que repiten como loros la palabra del Papa o un loro que sólo repite la palabra papa?
-No me la hagas difícil…

********

-En este mundo todo se transforma, nada se pierde…¿qué será de la papa?
-Popó.

Fulbito

Como el avestruz
este simpático monito
esconde su testuz
adentro del fulbito,
se olvida sus problemas
el peso de sus penas
y sueña con estrellas
del Barsa o de Marsella
no es que sea desdichado
no pagó el codificado.

Elegía boludeces

¡Oh! Elegía boludeces ¡Gran boludo gran!
Nunca elegías sensato
si te daban perro o gato
Gran boludo, te quedabas con Chatrán.

¡Oh! Nunca, Gran boludo, denlo por muerto.
Elegía boludeces entre dos.
Se enfermaba, gripe o tos
si elegía entre muñecos, se quedaba con el tuerto.

¡Oh! Nunca, Gran boludo, le dirán pobre
¿tengo cara de boludo?
¿Llevo capa o un escudo?
Preguntaba, Gran boludo, sin un cobre.

¡Oh! Elegía, Gran boludo, boludeces
¿me llevo gorro o peluca?
¿Un Belgrano o una luca?
Espejitos de colores compraba sin dobleces.

¡Oh! Elegía, Gran boludo, sin notar su condición.
No distinguía entre manís y caramelos,
Si escuchaba Decadentes o los Abuelos
No sabía si elegir entre tango, candombe o reggaetón.

¡Oh! Nunca emboca el combustible en el embudo.
¿Voy en tren o bicicleta?
¿Alpargatas o chancletas?
¿Pa´regalo o con tarjeta?
¿Uso media o mocasines?
¿Con corbata o calcetines?
¿De primera o berretines?
¡Oh! Elegía boludeces porque soy un Gran boludo.

Retoño de otoño

 

El viejo Vizcacha
viajaba en bizcocho
tomaba tomates
con matas en mate,
un día diabólico
en el bólido balaba
cantando en el canto
de la ventana en venta
mientras algún mantra
rezagado rezaba:
“la yerba de Bayer
no es nueva ni buena,
recuerda que cuerda
sujeta su jeta”.
¡Pobre viejo en viaje!
No se llevó la llave
ni se trajo su traje
tenía hornero en el horno
perdió un tornillo su torno.
¿Lo coloco? Loco… loco.

Obsoleto


-Hola Jorge, ¡tanto tiempo!
-¿Tanto tiempo de qué? Si nos vimos ayer…
-¿Cómo anda la familia?
-La familia bien, pero yo no.
-No sé si alegrarme o sentirme triste. Decime qué puedo hacer por vos.
-No, no puedo delegarlo, lamentablemente. ¿Puedo pasar al baño?
-Pasá, pasá. Lo único vas a tener que arreglarte sin el inodoro. Lo mandamos a sacar.
-¿Por qué tomaron semejante medida?
-Era obsoleto. Pertenece a otra época.
-¿Y ahora qué hago?
-Actualizate. Bajate los últimos drivers y en todo caso leé el manual.
-No entiendo Miguel. ¿Dónde hacen sus necesidades ustedes?
-Evacuamos por los poros como todo el mundo moderno. Vos estás out.
-Che, ¿Qué es ese olor?
-Perdón, no te avisé que estaba cagando.

Alien

Ahora que tengo Facebook soy alguien. Antes no. Era nadie. Pero ahora puedo decir con seguridad que soy alguien. Y eso es una tranquilidad, porque ser nadie es como no existir. Ya me decían mis amigos, cuando no tenía celular que sin celular no existía. Y como no existía no me daba cuenta. Me decían que sin plata no existía, que sin Nike no existía y cosas así. Pero uno, al no existir, ni cuenta se da. Pero ahora existo, aunque ya me vienen dejando afuera de la existencia diciéndome que, esta vez, es porque no tengo Instagram ( ya estoy forrado en guita, tengo ocho celulares, cinco pares de Nike y tres cuentas de Facebook ). Esto de ser alguien, aunque parezca divertido, me está llenando un poco las pelotas. En cualquier momento vuelvo a mi antigua condición de ser nadie.

En asiento volando

Cada vez que tengo pan duro, el hambre se aleja. Esto me pasa por construir aire en los castillos. Por eso siempre digo que no hay que mirar el ojo en la paja ajena, ya que como es sabido ojos que no sienten, corazón que no ve, porque perro que muerde no ladra. Mi abuela aclaraba las cosas: quien siembra tempestades recoge con el viento, pero ella no sabía que al tirarle a dos pájaros uno muere. Todos sabemos que el pensamiento salta donde menos liebres hay ya que una casa bien entendida empieza por la caridad, desde que entran moscas en bocas que se cierran. A mí, la sarna que pica me gusta.

La gran barata

Entra un equipo de rugby a un minimercado, todos recontrasudados, con barro hasta en las orejas, pero, no obstante, los tipos muy educados.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

El empleado asintió con la cabeza, un poco sorprendido por la mala fama que tenían estos deportistas y máxime cuando salían en grupo. Uno de ellos, que parecía ser el capitán, tomó la palabra y preguntó por el precio de la hambuerguesa, que lucían a la vista ya preparadas para comer.

-100 pesos. -dijo el empleado.

Los rugbiers se miraron entre ellos.

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara. -dijeron los quince.

El capitán preguntó por el precio de la cerveza, precisamente la lata de Heinekken de medio litro.

-90 pesos. -respondió el empleado.

Los rugbiers, con una tranquilidad propia de golfistas, se miraron entre ellos y dijeron uno tras otro:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El capitán, inmutable, volvió a tomar la palabra, esta vez para preguntar por el precio de la picada, cuyas bandejas se observaban detrás del vidrio de una heladera exhibidora.

-150 pesos -dijo el empleado impertérrito.

Los rugbiers, cuyo sudor no cesaba de gotear el mosaico del local, se volvieron a mirar entre ellos y uno a uno dijeron:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El empleado los miraba detrás del mostrador y, cuando los vio girar y creyó que se iban, los rugbiers tomaron posiciones de frente como en su mejor scrumm con un grave y sostenido grito de guerra:

-¡¡¡¡Escaramuza!!!!!!!!!!

Arrasaron con hamburguesas, picadas y latas de Heinekken, cayendo otros productos a su paso cual huracán, mientras el empleado, acurrucado en un rincón, debajo de un mostrador veía pasar al capitán, en la cola de los alegres rugbiers, con una tira de salamines colgando del cuello a título de medalla.

El Algoritmo de Facebook

Hola amiguis! Soy el Algoritmo de Facebook. Lanzo esta breve encuesta automática entre aquellos capaces de responder a fin de evolucionar mi comportamiento en esta maravillosa red social. Ahí va:

1) ¿Están contentos con mi actuación?
a- Sí, muy contenti.
b- Bastante contenti.
c- Contenti.
d- Descontenti.

2) ¿Prefieren ver más publicaciones de sus amiguis o que yo resuelva qué les gustaría ver?
a- Publicaciones de amiguis.
b- Tengo dudas.
c- Resolvé por favor.
d- Que sea lo que Facebook quiera.

3) ¿Por qué creen que un Algoritmo no tiene fallas?
a- Porque no es humano.
b- Porque sirve a los humanos.
c- Porque lo creemos sin más.
d- Tiene fallas, pero se las perdonamos.

4) ¿Imagina usted la vida sin un Algoritmo que la regularice?
a- Sería horrible.
b- Nunca lo pensé.
c- Te necesitamos, amigui.
d- Nadie es imprescindible.

Diagnóstico:
Mayoría de respuestas a ( 2 o más ): Usted es una persona feliz. Sonríe a todo, incluso a las desgracias, lo cual podría ser malinterpretado y de hecho lo es a menudo como una especie de superficialidad. No se deje llevar por las críticas que pronto lo contactarán de la firma Colgate para alguna publicidad ( con doblaje latino de voz ).

Mayoría de respuestas b ( 2 o más ): A usted le interesan los problemas de los demás, y cuestiones que le planteen cierto sentimiento que le hagan creen que tiene la capacidad para ayudarlos. Esto es un grave error, pues como ha comprobado su supuesta ayuda no hace más que hundirlos. Opine libremente, pero hágalo con moderación.

Mayoría de respuestas c ( 2 o más ): Cuando usted supo que Facebook tenía un Algoritmo le despertó cierta curiosidad, algo así como la del Código da Vinci, pero su comodidad lo mantuvo en su lugar, despojado de todo interés por saber nada, más que darle al megusta. Li felicitamos.

Mayoría de respuestas d ( 2 o más ): Usted es un rebelde sin causa, o con causa, pero es una causa que caducó. Sus intereses carecen de vigor, sus elucubraciones no tienen profundidad y su palabra perdió todo valor para los demás, pues es un traidor ( a sí mismi ) a todas luces. Su opinión, sinceramente, nos resbala.

Respuestas combinadas ( 2 y 2 o 4 diferentes ): Usted es típicamente indeciso. O bien no sabe qué votar o vota y se arrepiente al minuto. Publica cosas para ver qué opina la chusma ( como el desayuno a la mañana ) o comparte situaciones para recibir notificaciones que no le mueven un pelo. A usted no hay Algoritmo que le venga bien.

Comunicaciones telefónicas

-¡Buenas tardes! ¿Hablo con el titular de la línea?
-Sí, él habla.
-¿Me podría pasar con el suplente?
——

-Buen día Señor. Lo llamo por el inodoro.
-¡Mierda! ¡Cómo avanza la tecnología!
——

-Buen día. ¿Está el señor Señor?
-Sí. ¿De parte de quién?
-Dígale que de parte de Quién.
——

-¡Señor! Lo estamos llamando de la compañía Compañía para ofrecerle un nuevo beneficio.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consiste el beneficio?
-Con este beneficio que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos beneficios?
-Con esos nuevos beneficios que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios consistentes en obtener nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos nuevos beneficios? …
——

-Señor, lo estamos llamando para verificar si su línea ya está habilitada.
-No. Sigue cortada.
-Bueno, seguimos trabajando en su reparación. Disculpe las molestias.
——

-¡Hola! ¿Se encuentra el señor Ramón Schwartzemblieggert?
-No. Aquí vive Ramón Schwartzemblieggerzj.
-Ah. Disculpe. Que tenga buen día.
——

-¡Hola! ¿Hablo con usted?
-Sí, efectivamente él habla.
-¿Le molestaría dejarnos a solas?

Virtualismo y cancionero

Pierdo el tiempo
El escaso tiempo
Se me acorta.
La vida se te escapa
Boludeando, así nomás
Y se va, para no volver
Y no saber si te gusta.
Un hospital da cuenta
De la cruda realidad,
Entre el dolor y el olor
A medicinas y terapias,
Los pajamédicos te darán
Un último toque de sensualidad
Es como que te masturbe la parca
O invitarla a un café
Y dejarla pagando
Esquivando con dignidad
La sentencia fatal falaz.
El circo, contrariamente
Arbitrariamente digamos
Escoge sólo una faceta
A la cara se la devoró la careta,
Hablar con uno
Es hablar con un millar,
Conocerse, es hablar al callar.
Pero ¿hay quién oiga
entre neurosis y fonemas
Lo que dice la voz al cantar?
¿Hay quién vea, hoy,
Entre ceguera y oscuridad
Cuando se apaga el celular?
¿Pero hay quién diga
Entre lo que se haya dicho,
Algún mensaje que toque
tu frágil, sensible, ilusión?
No encuentro, mis queridos,
En este facebook del orto
El botón para dejarme de seguir.
Por eso sigo, sigo hinchando
Hinchando un poco los huevos
Para ver si entre tanto cacareo
Un día aparece un pichón
Con ganas de alimentarse,
Decime si crees que Shakira
Ha vuelto a enamorarse.
El hombre viste multitud
Multitud de disfraces
Engañando a los inocentes
Como al pueblo este presidente
La gente que piensa y siente
Se ha quedado sin durmientes
En Pampa y la Láctea vía
Esperando una copa ‘e leche.
Volviendo a dicho hospital
Más de algún profesional
Le otorga con su actitud
Un poco de algarabía
Al clima, a la latitud
Que se quedó tu porfía.
Regresando al circo social
Es difícil de expresar
Cómo es que para muchos
Se ha tornado lo virtual
Sustituto de lo real
Pese a que strawberry fields
Nothing is real forever.
Esto se escribe con prisa
Por lo denso del mensaje
Pero se lee con pausa
Pa’ no perder de vista el paisaje.
Y qué te estaba diciendo
Se hizo extenso este filtro
Qué algunos llaman poesía
Es pa’ dispersar la manada
La gente camina aferrada,
Se apoya en cualquier bobada
Para dar un paso adelante
Caminante no hay camino
Sólo un túper con pepino.
Me voy quedando sin letras
En esta tersa composición
El vino que ahora viene en tetra
Le da tinta a esta narración,
Entonces las caras pintadas
Van llamando nuestra atención
La de un payaso maquillada
La de un ministro botón.
¿Quién sabe con qué estocada
Culminará esta canción?
Quizá se despida holgada
Con un simple emoticón
O le dará la puntada
Sin hilo a ese pantalón.
Probablemente no muera
Si se aburrió aquí el lector
Porque ella dejó siquiera
Simbología en cada sector,
Tal vez el lector orondo
Con algún verso se rió
Pero este poema o sorongo
Se va a la puta que lo parió.

La quinta revelación

-Veintidos, a la cabeza. –dijo Arturo al empleado de la agencia.
-¿Nacional o provincia?
-A las dos.
-¿Vespertina o nocturna?
-A las dos.
-¿Cuánto le quiere jugar?
-Dos a cada una.

Arturo pagó y se fue. Al pasar por un quiosco compró un encendedor y un atado de cigarrillos. Abrió con una mano el atado y, luego, con la misma extrajo un cigarrillo que encendió seguidamente. Al exhalar, el humo formó una figura en el aire. Era una cabeza. Se quedó contemplándola y pudo ver que se asemejaba a la figura de un prócer representado en el billete de dos. ¿Era una señal? ¿O sólo se la estaba imaginando? Volvió a exhalar humo y la figura, lejos de disiparse, creció.
-Hola, soy Bartolomé. –dijo una voz frente a él.

En el aire había una densa neblina con una visibilidad de algunos pocos metros. La figura formada por el humo se mantenía visible frente a Arturo. Se quedó observando estupefacto sin reacción ni respuesta.
-Hola. –Insistió la voz- Tengo algo que decirte.
-¿Qué sucede? –preguntó por fin.
-Estuve viendo todo y has sido víctima de una estafa. Esa boleta no es la ganadora.
-¿Y cómo sabes si aún no se ha sorteado?
-Todo ya ha sucedido, sólo que tu concepción del tiempo no te permite conocer los sucesos hasta tanto se revelen.
-¿Vienes del futuro? –preguntó Arturo contrariado.
-Más bien del pasado. O mejor, ni vengo ni voy, sólo las cosas se mueven.

El humo se disipó y Arturo pudo ver frente a él la silueta de un hombre vestido con un sobretodo. Llevaba un sombrero sobre su grisácea testa. Tenía en su mano izquierda una pipa de la cual acababa de inhalar. Arturo dio una pitada al cigarrillo.
-Y bien, qué número se supone que va a salir.
-Ya salió, el cuarenta y ocho.
-Il morto qui parla. –dijo Arturo.
-Así es. Repite en las cuatro jugadas.
-Bueno… lo tendré en cuenta. –dijo Arturo.
-Cuando cobre la apuesta, recuérdeme. Adiós.

El hombre se perdió entre la niebla. Arturo dio la última pitada al cigarrillo y arrojó la colilla al suelo. Dio media vuelta como para volver a ingresar en la agencia de quiniela, pero pensó que todo ello era un disparate. Nadie puede predecir el futuro y mucho menos un número en un sorteo, el cual era puro azar. Se marchó del lugar caminando a paso lento pero firme. En su recorrido, tropezó con una mujer a la cual no había visto. Había comenzado a llover. Caía una garúa finita que mojaba su gabán levemente. Llegó a su casa y echó leña en la salamandra para calentar el ambiente. Luego la encendió e hizo lo propio con la televisión. El sorteo había comenzado y la pizarra mostraba que en la ubicación número tres había salido favorecido el número 1022. Arturo maldijo. Se preparó una taza de café y se sentó cerca de la salamandra. Desde allí observó en la televisión los sorteos de lotería. Sacó de su bolsillo un vuelto que tenía para acomodarlo en su billetera. Uno de los billetes de dos captó su atención. Tenía inscripta una leyenda con birome azul la cual decía:

Si te toca este billete
no compres barrilete
ni lo gastes en cerveza
hay un número escondido
que va a ser favorecido.
Jugá todo a la cabeza.

Arturo buscó algún número en el reverso pero no encontró nada. Miró la numeración del billete y observó que era de la serie B, y el número era 48.484.848. Coincidencias de la casualidad, pensó Arturo. Inmediatamente, salió el primer puesto en el sorteo de la lotería provincial. Era el 4848.
-¡La puta madre! –exclamó Arturo.

No quiso ver más. Apagó el televisor con el control remoto, que luego se le cayó al piso. Al mismo se le había salido la tapa del compartimento donde iban las pilas y éstas habían rodado por el suelo. Buscó un paraguas y se puso nuevamente el gabán. Salió a la calle y comprobó que la lluvia había cesado y hasta se podía ver sol poniéndose detrás de los edificios y algunas nubes. Qué tiempo loco, pensó Arturo. Llegó a la parada de colectivos y esperó junto a un hombre la llegada del mismo. Como no pasaba la línea que esperaba, decidió tomarse el 48 y caminar unas cuadras luego, que también lo dejaba bastante cerca de la casa de su novia. Durante el trayecto, divisó sobre un asiento a un lado al hombre que le había vaticinado los sorteos. Arturo se puso de pie y se sentó a su lado.
-Bartolomé.
-¿Lo conozco? –inquirió el hombre.
-Usted me dijo qué números saldrían sorteados hace unas horas, ¿recuerda?
-Lo siento, mi memoria es muy mala. A esta altura, todo se disipa rápidamente.
-Pero… ¿Cómo sabía usted…?
-Aquí me bajo yo. –Dijo el hombre y se puso de pie- Su novia está en este momento manteniendo relaciones con un joven apuesto. Tal vez lo vea salir de su casa.
-¿Cómo?

Arturo le cedió el paso y el hombre se bajó del colectivo. Arturo se quedó mirándolo por la ventanilla. Pudo ver que el mismo extraía la pipa de su bolsillo y la cargaba con tabaco. El colectivo dobló y Arturo lo perdió de vista. Al llegar a donde debía bajarse, tocó el timbre de la puerta trasera para hacerlo. Caminó presuroso hasta la casa de su novia y cuando estaba a unos ochenta metros vio salir a un muchacho que se despedía de ella con un beso. ¿Se besaron en la boca o fue un beso en la mejilla? La distancia le impidió saber con certeza. Caminó rápido hasta la puerta pero ya la había cerrado. Tocó timbre y esperó. Pronto ella abrió la puerta.
-¡Arturo!
-¿Quién era ese?
-¿De quién me estás hablando? –preguntó ella.
-Dale, Nancy, no te hagás la distraída. Ese que acaba de irse. ¿Quién era?
-No sé de qué me hablás. Estoy sola. ¿Vas a pasar?
-Bueno…

Arturo ingresó a la vivienda. No observó nada fuera de lugar. Miró desde el umbral de la habitación la cama que estaba hecha impecablemente.
-¿Me vas a decir con quién estabas recién?
-No estaba con nadie, Arturo. ¿Te volviste loco?
-Si no estabas con nadie, decime, ese sombrero ahí colgado de quién es.
-Tuyo, salame. Te lo dejaste el domingo.
-Es verdad… Pero, entonces, ¿por qué hay dos tazas de café en la pileta?
-No tenía ganas de lavar. Tomé dos tazas para mantenerme despabilada así podía estudiar.
-Suena creíble… pero, no veo que hayas estado estudiando.
-Ya guardé todo porque me estaba yendo a la peluquería, ¿me querés acompañar?
-No, dejá, prefiero volver mañana. ¿Cuándo rendís?
-El viernes.
-Entonces vuelvo el viernes así podés prepararte para el examen.
-Dale mi amor.

Ella lo abrazó y le dio un cálido beso que Arturo correspondió. Luego se despidieron y él se marchó caminando en dirección opuesta a la que había recorrido para llegar. Su ritmo era lento pero decidido. Estaba a pocas cuadras de la sala de cine a la que solían ir juntos y resolvió que podía distenderse un poco con alguna proyección. Cuando estaba a punto de sacar el boleto, alguien le chistó detrás. Él se dio vuelta y el hombre del sobretodo con la pipa en la mano lo saludó.
-¿Qué quiere ahora? –cuestionó Arturo.
-Le mintió descaradamente.
-¿Cómo dice?
-Lo que oye. Subestimó su inteligencia con mentiras para dispersar niños.
-¿A usted le parece?
-Desde luego. Sólo le quería advertir una cosa: la proyección del film no terminará bien.
-Ha visto la película parece…
-No hablo de eso, sino de lo que sucederá en la sala. Lo preferible sería que no ingresara, aunque podrá evitar el incidente si se retira quince minutos antes de que culmine.

Arturo se dio vuelta y pagó la entrada al cine. Se proyectaba “Sirena de Bergerac”. La película lo mantuvo entretenido un buen rato pero no tenía demasiado vértigo por lo que su desarrollo fue bastante lento hasta promediando la película. Cuando quedaban alrededor de quince minutos para el final de la misma, en la entrada del cine se produjo un incendio que puso a la gente, que había llenado la sala, en un estado de exaltación. El film se interrumpió y las luces se encendieron. Varios –incluido Arturo- corrieron hasta la salida de emergencia, pero la misma estaba sellada. El griterío era unánime. La gente arrojaba sus gaseosas a las telas que rápidamente habían entrado en combustión. Un hombre se acercó corriendo con un matafuegos, pero al accionarlo comprobó que no tenía carga. Algunos tosían por el humo inhalado. Otros corrían de un lado al otro de la sala. Finalmente, llegó una dotación de bomberos que pudo apagar el incendio en pocos minutos. Hubo gente que necesitó atención médica. Arturo cuando pudo salir de la sala se marchó indignado. En la calle todo estaba muy oscuro. La noche caía sobre el asfalto y los faroles no se habían encendido aún. El cielo estaba nublado y caían algunas gotas de lluvia. Arturo abrió el paraguas y encendió un cigarrillo. Caminó unas pocas cuadras y paró un taxi. En el auto se escuchaba la octava sinfonía de Beethoven. Cuando llegó a destino, Arturo pagó y se bajó. Sobre la acera, estaba, pipa en mano, el hombre del sobretodo. Arturo lo reconoció inmediatamente.
-¿Qué hace usted acá? ¿Me está siguiendo?
-¿Cómo podría? –Dijo el hombre- Más bien usted sigue mis pasos.
-Yo vine a ver a mi madre.
-Hace mal. Su madre tiene una enfermedad altamente contagiosa. Además, le va a atiborrar el pensamiento contándole de la muerte de sus amigas de toda la vida.

Golpeó la puerta y, luego de un tiempo, salió su madre con un pañuelo cubriendo las fosas nasales.
-¡Arturo! ¿Qué hacés por acá? Me encontrás hecha pelota.
-¿Qué te pasa mamá?
-Tengo una peste que me tiene a la miseria.

Ambos ingresaron a la vivienda. La madre estornudó. Había olor a enfermería o a medicamentos. Sobre la mesa había un nebulizador. La madre de Arturo le habló durante más de media hora de sus amigas fallecidas, dos en el último año, y todas las demás bastante tiempo atrás, pero que seguía extrañando. Arturo se despidió y cuando le estaba por dar un beso, estornudó. Salió caminando y la noche era aún más oscura que al entrar. Los pocos focos que, dispersos, emitían alguna luz, era tan débil que sólo iluminaban apenas un sector tenuemente. No llovía, pero el frío se hacía sentir. Caminó hasta la parada de colectivos y allí estaba, una vez más, el hombre del sobretodo.
-Se pescó un resfriado. –le dijo.

Arturo sacó un pañuelo descartable y se limpió. El hombre continuaba con la pipa en su mano que acababa de encender. El hombre se quitó el sombrero y lo sacudió. Pasaron varios colectivos pero ninguno subió. Arturo esperaba el veintidós.
-¿Hace mucho que espera?
-Treinta años. –dijo el hombre.
-Me refiero al colectivo. –aclaró Arturo.
-No espero colectivo alguno. Sólo quiero ver cuando se lo lleve la parca.
-¿A mi?
-Si. Es cuestión de minutos.
-¿Y no podría haberme advertido de esto antes?
-Lo siento. Sólo puedo anticipar hechos con cierta antelación. Pero quédese tranquilo, que no va a dolerle nada.
-Bueno, gracias.

Arturo sacó un cigarrillo y lo encendió. Tras toser divisó la figura de un hombre cubierto con una túnica negra portando una afilada hoz caminando en dirección hacia él. Cuando estuvo cerca lo reconoció: era la muerte. Estaba más delgada que de costumbre. Temblando dejó caer el cigarrillo al suelo y el cuerpo se desplomó.
-Vení conmigo Arturo. –dijo la muerte.
-¿A dónde vamos?
-Quiero mostrarte unas cosas…

El cadáver quedó tendido en el piso. Arturo y la muerte caminaron a la par. Ya no pudo ver al hombre del sobretodo que había quedado atrás ni a su cuerpo, en el suelo. El paisaje había cambiado drásticamente de la penumbra de la noche y los edificios a una claridad inusitada en un lugar vacío donde reinaba la calma.
-Las historias a veces revelan algún secreto. –Dijo la muerte- Otras veces apenas si propician esbozar una sonrisa con sus contradicciones. ¿Querés un cigarrillo?

De cadencia

Hablar en serio,
sufrir el tedio,
jugar un poco
palabras, coco.

Pensar, sentir,
amar, vivir,
deber cumplir,
tras dar, pedir.

No me hagás pensar
que me duele la cabeza.
A mí dejame rezar
no quiero ninguna certeza.
Por mí, podés bostezar
mas no te duermas en la mesa.
¿Hay algo que alcanzar?
Mirá los trofeos en mi pieza.

Sube y alcanza la cumbre
baja y no encuentra la lumbre,
estatua de bronce no crece
pasa el tiempo y oscurece,
habla poco y dice mucho
subí la voz, no te escucho,
ser o no ser no me importa
¿dónde ha quedado la torta?
un ratón quiere un pedazo
si es paranoico lo abrazo.
Canta un rockero forradas
se empachó con empanadas,
otro se viste y no canta
algunos lo llamarán chanta.

El que entiende se opone
a todo lo que se propone,
tu estado me cobra impuestos
toda la culpa es de éstos,
menos mal que se termina
esta poesía o letrina,
malas palabras no dice
sin querer, así lo hice.

Ríos de rosa destiñen
blanca la casa, no riñen,
me gustan las marionetas
llegaron las bicicletas,
miedo no dan las caretas
más temor dan las veletas
que te dicen, tras el corte,
viento llegando, es del norte.
¡Suerte! Estoy acondicionado,
hasta el aire ha cambiado.
Y eso que dicen del clima
con ¡qué cagada! no rima.

En el limbo

Nada me mueve un pelo
ni es razón para desvelo
que discutan, que se maten
las peleas, los dislates.

Ni siquiera me preocupa
aquello que tanto te ocupa,
que se sufra, que te duela,
los problemas de la escuela.

Si el mundo se vino abajo
o si todo se ha ido al carajo
pintar la cara color esperanza
y así renovar la confianza.

La ideología moldea
el pensar de nuestra aldea
lo que digan lo repito
afirman que eso es bonito.

Terminales de un sistema
ese no es mi problema
quien sucumbe a la alternancia
ha de perder su ganancia.

Más vale pronto que tarde
no es razón para el alarde,
¿quien quiere ser billonario?
Salió un nuevo calendario.

¡Eso no sirve pa´ nada!
se preparó la emboscada
y en el limbo continuaba.
La burbuja no explotaba.

El dolor ahora es azul,
¿Cuántos viven en Seúl?
Ayer me crucé con un loco
me contó que aumentó el coco.

No sé bien si será cierto
no seré vivo ni muerto
nunca tuve ese dilema
no encajaba en el esquema.

Y si la vecina llora
busque un dios así le implora,
el chancho no tiene la culpa
el ya ofreció una disculpa.

Los billetes de quinientos
vinieron para el contento,
no me sirve de escarmiento
leer un nuevo mandamiento.

El futuro (hace rato) llegó,
y de qué estamos hablando,
Él sólo sigue esperando
saber por dónde fugó.

¡Qué me puede importar!
Uno sólo quiere comprar
alcornoques de la Europa
y de Boston, una copa.

No es que sea indiferente
no confunda este presente
lo que pasa es simplemente
que soy parte de la gente.

Truco

Vamos a despedir el año
dejando la pena que parta
¡Plis! Desocupá el baño
jugás siempre la misma carta.

Lo despediremos con cierto cariño
por los sueños y las alegrías brindadas
seguido te toca el ancho de espadas
lo ignoro cómo, igual que un niño.

Diremos adiós a los degustados sinsabores
y aunque algunos problemas nos persigan
tendremos ánimo renovado para afrontarlos
más allá de que no falten quienes nos digan
que seguro tendremos novedosos dolores.
Veintiocho son mejores, No olvides anotarlos.

Se va, se va, y no creo que regrese
y el que viene tiene cierto apuro
el almanaque se presenta duro
( no te embarques el martes trece )
de viveza criolla es el juego puro
el que se duerme aquí perece.

Disfrutemos como en un teatro
la caída del telón, que no es final
pues pronto se renueva celestial
el calendario, a lo largo y a lo ancho,
de aburrirnos juguemos al chancho.
Era un chiste ¡Quiero vale cuatro!

Sentido plagio

Todo pasa y todo queda,
yo nunca vi New York, no sé lo que es París.
Avanza el enemigo, a paso redoblado
oíd, mortales, el grito sagrado:
¡no culpes a la noche, no culpes a la playa!
La luz de mi condena son tus labios de seda,
bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez
que si se calla el cantor, la vida calla.

Se equivocó la paloma, se equivocaba
es un monstruo grande y pisa fuerte
cuando triste la patria esclavizada
tener labios sinceros es pura suerte
para decirte fuerte si sos una mierda o no.
Ahí anda don Atahualpa por los caminos del mundo
en ese mundo hay mentiras y falsedades
ahí veo un museo de grandes novedades.
Las mañanas y las tardes eran mías
no olvides hermano, vos sabés, no hay que jugar
por qué falsear… si ser uno es ganar
juguemos sin temor que hoy es el día,
los que estén en el camino, bienvenidos al tren,
we are the champions, my friend.

Digo cualquier pelotudez

Esto se trata de un experimento.
Algunos le llaman literatura
si se atiene fiel al reglamento
de composición en su escritura
y tienen razón, seguramente,
es por ello que no lo desmiento
mas no es mi intención, sencillamente,
sólo he cambiado de asiento
y estoy probando cómo se siente
si la inspiración no me abandona
y si lo hace o está remolona
la busco en un gorrión enfrente,
en el vuelo de alguna paloma
o en el sol que inaudito se asoma.

Digo cualquier pelotudez
y la escribo con elocuencia
puede tener bella apariencia
que oculte en poesía su sandez
y que induzca al ocasional lector
a pensar que se trata nuevamente
por nobleza u otro amable factor
de versos de rítmica hidalguía
que transmitan aparentemente
sensaciones vívidas de travesía.

Nada más lejos de la realidad.
No es que acaso le mienta,
sólo me gusta experimentar.
Tal vez le pueda agradar,
como un toque de pimienta,
una pavada puede ser verdad.

Digo cualquier pelotudez
y por si fuera poco la escribo,
no se trata de una dicotomía
entre mentiras y verdades
sino de la falta de lucidez.
Antes de tomar el del estribo
me someto a una lobotomía
que me injerte otras cualidades.

Aunque se piense que uno poco se esmera
hay todo un previo trabajo consagrado
que a esta tarea dócilmente me ha preparado.
Decir pelotudeces no lo hace cualquiera.

Digo cualquier pelotudez
y la digo con cierta elegancia
no es que piense con jactancia
que soy flor de pelotudo
pero huelo en la fragancia,
que sale en cada estornudo,
que tiene aroma y calidez
y se la respira con tolerancia.

Creo que es de suma importancia
decirla con cierta frecuencia,
al lector se le pide clemencia,
no quiero que se ponga rancia.

Digo cualquier pelotudez
aunque no esté convencido
la escribo muy contundente
y solemnemente la presento.
Digo cualquier pelotudez
-nunca me doy por vencido-
y si me aplaude mucha gente
me quedo con el nuevo asiento.

( Caso contrario, vuelvo al viejo,
que aún sirve aunque esté añejo ).

Calígula

Se te hirvió el agua y, para improvisar, te preparaste un té. Ahí quedó el mate con cachamay esperando otra oportunidad. Prendiste el televisor inteligente que había evolucionado a ese estatuto partiendo del mote de caja boba, pero te olvidaste que desde hacía dos días te habían cortado el cable por una factura impaga. A vos no te importaba, porque canal 13 tenía buen audio a pesar de la lluvia en la imagen. Afuera llovía tanto o más que en el comedor. Tenías varias chapas que estaban pidiendo un cambio, casi como el que rezumbaba en tu cabeza a la que se le habían volado algunas chapas. Agregaste dos de azúcar y revolviste con el pulso lento y tembloroso. El temblor de un trueno te sacudió, pero no demasiado como para despejar tus pensamientos atiborrados de sinsabores. Había viento, es cierto, pero el único árbol que te daba sombra ya estaba seco como tu bolsillo por lo que no tenías el temor de que cayera. Murió de pie, con esa dignidad que tenía todo aquél que caía en desgracia en otra época. Ahora todo cambió, la idea es que al llegar lo que se llama muerte nos encuentre viendo un buen espectáculo y después del aplauso final, ¡zaz! nos arrebate. Ya habrá tiempo para resucitar, qué apuro tenías. Bebiste un sorbo y te diste cuenta que la taza estaba rajada y tenía una pequeña pérdida por la que goteaba el té. Te miré de reojo mientras insultabas no sé a quién. Seguramente el culpable era también el presidente. Una noticia no te gustó y me pareció que blasfemabas. Qué te podía importar a vos que nunca tuviste religión… Dejaste el aparato en silencio, como si la imagen borrosa fuera a brindarte la calma que tanto te hacía falta para vivir en paz. El timbre sonó, pero era por la acción de la humedad en los cables. Corriste la mesa para que no le siga cayendo agua del techo. Ahí dijiste algo que, si bien es cierto, no sé si lo hacías para darte ánimos, consolarte o refutar la veracidad de lo que acontece en el tiempo: todo pasa. No hay mal que dure cien años, se decía en esos casos. Pero la corriente de pensamiento hace rato que no te lleva por senderos bien iluminados. Tiraste la taza en el cesto y tu mirada de desprecio llegó hasta mí. Ahí te fuiste a dormir, donde el reposo te devuelve la tranquilidad, aunque no lo puedas apreciar y al levantarte nuevamente cargues con tu peso existencial. Creo que te comprendo, por eso sigo a tu lado. Te lo diría, pero no sé hablar. Tan sólo soy Calígula, tu perro.

Sin palabras

Necesito la letra de una canción
para sostener esta efímera emoción
y prolongar en el tiempo su duración,
pero no toda, me basta con sólo un renglón.

También me puede servir alguna frase
o un pedacito de ella que no se pase
de extensa pues luego debo recordarla
cuando otro sentir venga a taparla.

Una sentencia, seis vocablos, una definición
la emoción requiere algún tipo de expresión
verbal, no me alcanza con una sensación
que la grafique, no sirve aquí la imaginación.

De una enciclopedia puede ser alguna fase
astral o un ciclo vital o un cuento que versase
de aquello para lo que no tengo explicación
ni palabras, gestos, ni una torpe declaración.

Es un poco vergonzosa esta particular situación
pero como buen lingüista no paso ningún papelón
pues siempre tengo en un bolsillo del pantalón
para que me entiendan un expresivo emoticón.

El set

Me compré un set de destornilladores que constaba de veintiocho piezas. Estaba ansioso por estrenarlo, por lo que me puse a desarmar el televisor. Estaba lleno de tierra así que decidí limpiarlo con el soplete. Como éste no funcionaba del todo bien, lo desarmé. Adentro encontré una colección de monedas que su anterior dueño escondió de la curiosidad ajena. La revisé y me faltaba una pieza para la colección completa. Recordé que la mesa estaba desnivelada así que aproveché la ocasión para desmontarla. ¿Qué más podía desarmar? Tenía la play, dos controles remotos y una calculadora científica. Los destornilladores respondían a todas mis apetencias. Bueno, no a todas. Se me apeteció un café y me lo tuve que preparar. Pero la cafetera tenía varios tornillos que podían servir para darle utilidad a una pieza del set que aún no había utilizado. Y lo hice. Después desmonté la biblioteca y de pasó leí un libro que aún no había leído. Era bueno. Creativo y original. El título no me decía mucho. “Poco”, se llamaba. Desarmé la linterna y, para mi sorpresa, dentro había un manual en inglés de cómo alcanzar la iluminación. Con el aparato. Detallaba el tipo de pilas que se debía utilizar para ello, pero no aclaraba si con ello se llegaba al nirvana. Encendí la radio y sintonicé una emisora de rock. Cuando me cansé de oírla, la desmonté. Fue gratificante pues tuve que utilizar tres destornilladores distintos para hacerlo. La habitación estaba llena de tornillos y piezas por doquier. Tenía varias cerraduras que podía desarmar y, para no parecer perezoso, lo hice. Desarmé todas las sillas de la casa y a algunas incluso les quité las rueditas. Desarmé la cama y luego el mouse y el teclado de la computadora e incluso la computadora misma. Después con el monitor hice lo propio. Me había preparado mate y casi sin darme cuenta reparé en que el mate tenía un tornillo. Lo quité. De allí se desprendió una tapa que quité con cuidado. Adentro había un pequeño pasadizo. Metí la mano y saqué una enciclopedia. Estaba manchada con yerba. Seca. Agarré un trapo y la limpié. Luego, la coloqué junto a los libros en el suelo al lado de la biblioteca desmontada. Al  parecer, el termo también tenía un par de tornillos que mi curiosidad y mi ansia por emplear todas las piezas del set hizo que los retirara. ¿Y qué había detrás? Recortes periodísticos. Estaba lleno de ellos. Los quité al principio uno por uno, pero luego los fui retirando de a varios al mismo tiempo. La habitación se había llenado de recortes de diferentes diarios. No tenía tiempo de leerlos, aún quedaban tornillos por retirar. Había una vieja lámpara de la cual retiré siete tornillos que no me dieron demasiado trabajo. Sin embargo, me llamó la atención que uno de ellos tenía una ranura diferente a todos los destornilladores del set. ¿Ahora qué hago?, me cuestioné. La misma era dentada y no podía utilizar ni los de tipo paleta ni los phillips ni los estrella. Medité largo rato sobre cómo quitar ese tornillo y se me ocurrió que una pinza podía sustituir el destornillador que me faltaba. Lo logré, no sin dificultad. Guardé el tornillo en el bolsillo para llevarlo luego a la ferretería para ver si conseguía el destornillador necesario para atornillarlo nuevamente. Antes de desarmar el teléfono, hice una llamada al azar, para darme el gusto de probar su funcionamiento. Me atendió una señora que dijo llamarse Elvira, quien me dio un poco de pena mandarla a la puta que la parió, pero no tuve más remedio ya que no quería cortar y yo tenía prisa por desarmar el aparato. Luego de hacerlo recolecté dieciséis tornillos más. El celular me costó un poco más desarmarlo, pero pude canalizar mi deseo con él. No puedo negar que lo que mayor trabajo me dio fue el lavarropas. Con él estuve trasteando una larga hora, o tal vez más, hasta separar pieza por pieza. Ya estaba todo casi listo, cuando recordé que los interruptores de luz y los tomacorrientes tenían unos cuantos tornillos que los conformaban. Después de quitarlos uno por uno, el proceso estaba concluido. Había utilizado las veintiocho piezas de mi nuevo set y tenía la alegría de un infante con su nuevo juego. Saciadas mis pretensiones, tenía mucha sed por lo que me preparé un destornillador para beber. Bebí un sorbo y comprobé que se me había pasado un poco la mano con el vodka como sospeché. Tras beberlo, un pensamiento acudió a mí con urgencia: ¿me faltará algún tornillo?

Confurcio

No conozco el significado de las palabras. Por eso, cuando, por ejemplo, digo que me pica la barriga en realidad quise decir pasame el talco. Mi novia está acostumbrada y tenemos una comunicación profunda más allá de mi torpeza lingüística. Ella tiene una sensibilidad increíble que jamás conocí en otra maceta. Su nombre es Llanta, pero de carajo le digo piropo. A veces me trae el descalabro cuando todavía estamos durmiendo y se me vuelca la almohada para ver qué pasa. Si de buen humor estamos te besé. Sino pegame un sopapo. Piropo no me habla maldiciéndome, pero me levanto y tomo uno. En el café hay un soretito, entonces le tiro con la cadena y el sucio bicho escapa por la azucarera. Abro una radio porque soy ducho. ¡Ésto es una tibia!, gritó un piropo. Ella la sube al calefactor y besame un jamón. ¿Con queso?, te pregunta. Zitarrosa de mi plebeyo jardín, le dijo. Él ya incinera la melódica campaña al tocar el disco, hasta que me basta y se dirigió al orfanato.

Con mi roberto Hermano es igual porque nos llevamos comiendo perro y gato. No me enamora él. A veces me dirá que soy un  colon irritable o que me haga el pelotero didáctico. Entretanto le paso la bola. Si tomamos mates, qué frío están. Charlamos, sí, con pocos peros. El ademán me daría que confundo los terminales y los cuentos que son una distorsión o no de helechos. ¿Pero es así? No. Mi roberto tampoco simpatiza con resentimientos que expresamos y le doy la razón. No está en pedo. Como es mutuo el final nos amamos a trompadas cadáver que nos despidamos a brazo partido.

Con Laura, tu marido, me pasa lo parecido. Ella no mira tus novelas porque dice que sos un director del montón y prefiere escuchar un libro de Victoria Laplaza. El amor nos llevó a traer quintillizos inmundos: mayonesa, arándano, ventiluz, etcétera, caramelo y telescopio. ¡El otro no, che! compuso un poeta que Laura se leyó y me dirigió al deber de aprendizaje de puntos insignificantes, pero no le entendí como guiso, decile que me mande al zeimer. Antes me preguntará alguna que me ha dejado confundido: ¿Myanmar? Pero como reconozco el significado de las parábolas le preparo un adjetivo de jabón y le unto mortadela. ¿Eso? Es amor (No).

El crack

Pinceladas sobre “Pasta de campeón ( la verdadera historia)”, un relato de Martín Díaz.

En verano, el sol parte la tierra en dos. Sobre la parte en la que pisan los gentíos, queda una pendiente que hace que los autos desciendan a los balnearios y sus ocupantes caigan con ánimo festivo sobre las aguas que otra vez los devuelven a la orilla, pero éstos en una insistencia pueril intentan doblegar la fuerza de la inmensidad que los refresca y le hace olvidar todo lo demás, y la escena se repite hasta el cansancio de aquellos o hasta que son tragados por la otra. De un modo u otro, indefectiblemente vence el mar. Del otro lado de la tierra, los días en el barrio son largos, y el fútbol se juega de la mañana a la noche. Dependiendo la cantidad de los partícipes, si son dos, el juego es un arco a arco. Si de repente aparecen un par más, se juega un veinticinco o se corta la calle con dos ladrillos en una punta y dos camisetas en la otra armándose un picado. En éstos casos la jugada se invalida cada tanto al grito de ¡Bici! o cuando algún conductor en su auto considera que su lugar en el mundo fue un error del destino y se dispone a cruzar el abismo que lo acerque al océano y lo aleje del estupor. Pero a las tres de la tarde, siempre ( pero siempre ) estaba ahí en el parque. Un muchacho alto, con no muy buena forma física, de zapatillas negras, las medias blancas hasta las rodillas, un pantalón largo cortado sobre las rodillas, de chomba de vestir un poco gastada por los años y un gorro de lana bicolor que le tapaba los rulos. Cada tanto pasaba algún transeúnte que no sabía de qué lado de la tierra le tocaba vivir, y al atravesar la cancha su desconcierto crecía, pues la misma cruzaba todos los juegos –como hamacas, toboganes, calesitas e incluso algún monumento- que eran un obstáculo más dentro del mismo partido. Los arcos, desde ya, no tenían travesaño, lo que disparaba peleas interminables para determinar los goles; a veces algunos se iban a las manos, pero enseguida la redonda volvía a rodar y todo se olvidaba rápidamente. Como árbitro no había, cada quien cobraba lo que cobraba y todos estaban de acuerdo con esta reglamentación natural del juego, la cual le daba más respetabilidad y dinamismo a cada encuentro. Éste muchacho era descendiente de tano y, como tal, un tanto fanfarrón, pero de corazón criollo, que cualquiera con un poco de sensibilidad la vislumbraba en el brillo de sus ojos claros o en la rispidez de su sonrisa. A veces, cansado, se sentaba a mirar el partido que raramente se detenía y lo veías tomando un poco de agua desde atrás del arquero. La diferencia entre los pibes de los clubes y acá en el parque es el estado físico. Pero acá, vienen de todas partes y se comen goleadas y apenas si la ven pasar. El otro día vinieron tres de Carasucias y no la vieron ni cuadrada. ¿Sabés qué pasa? El fútbol  es un juego de vivos, acá no hay categorías, puede jugar tanto un nene como un veterano, y el instinto con la pelota se desarrolla como un embrión sin que nadie le enseñe cómo tiene que crecer y los que juegan acá escuchan hablar de escuelas futbolísticas y si no les dan el cargo de director o alguno superior no quieren saber nada. Acá el partido termina cuando ya no queda luz, si es que no se cansaron todos antes y ya no quieren jugar. Y si bien, el encuentro de cada día hace olvidar el resultado del día anterior, ganar lo es todo. El gordo, que en el parque juega de local, tira paredes con el tobogán, usa los árboles como cortina y busca la devolución con un mástil, es crack. Pisa la pelota y mete un caño de taco para pasarlo por arriba cuando el defensor queda desparramado por el piso y define con un toque suave que ni el mejor arquero adivina. Cada tanto pasa entre dos al feroz grito de ¡Ole! y esos se quedan masticando bronca mirando cómo se la cucharea al arquero. O amaga para un lado y sale para el otro, y el defensor parece un molinete de metegol que no sabe dónde está la pelota. Si nadie sabe lo que es la felicidad lo puede ver jugar al gordo y dar cuenta de que no sólo existe, sino que es posible encontrarla en vida. Algunos dicen que si no estuviera gordo jugaría en otro lado. Pero si está gordo es porque respira fútbol al levantarse, come fútbol todos los días, e incluso se le va la mano con el postre, que también es fútbol. Cuando el partido termina él no se entera de los elogios que le propinan los demás porque al caer el sol empiezan a fabricar y hay que aprovechar la temporada estival. ¿Sabés cuántos jugadores salieron del parque que después llegaron a jugar en primera? ¡Un montón! Y ni te imaginás las de veces que me quisieron llevar a mí. Pero no. Los clubes son una mentira. ¡Se la pasan corriendo! pensando horas qué van a hacer cuando llegue el partido y si le tirás una pelota no saben ni para qué sirve. ¡No se divierten nunca! Para colmo, si no tenés algún arreglo, con suerte, comés banco todos los sábados y a la redonda recién la mirás por la tele, con nostalgia. Lo mío es acá. Todos saben que tengo pasta de campeón, a mí nadie me la va a contar. El fútbol es esto papá, es picardía, viveza, no es para cualquiera, y si querés jugar vení al parque a las tres que ahí siempre te voy a esperar.

Nueve de área

El número es sólo un dibujo
lo importante es la función
nunca necesito de brujos
en el área soy sensación.

Cabeceo con los ojos abiertos
de frente o los dos parietales
de pique o al palo descubierto
si van al ángulo son letales.

Tengo olfato de goleador
no en vano soy delantero
gambeteo a cualquier defensor
en carrera esquivo al arquero.

Le doy de diestra o de zurda
la toco suave al lado del palo
o a rastrón ante la estirada,
si el arquero tiene un día malo,
se durmió o está medio en curda
se la tiro de emboquillada.

Los tiros libres son todos goles
al primer palo más que seguro
la barrera es sólo una sombra
en los flashes a la redonda
a los fotógrafos les doy laburo
y los camarógrafos aman sus roles.

Si por arriba me la tiran
la bajo de pecho y defino
con mis remates los fulmino
y los hinchas conmigo deliran.

Tiro caños, corro y la piso
y no paro aunque tenga sed,
algunos me dicen morfón
porque pocas veces la paso
y si la doy, tiro una pared
buscando la devolución.

Lo difícil lo hago sencillo
meto el taco, dalo por hecho
si viene de aire, como soy pillo
entonces la empujo de pecho.

Si en el área tengo el balón
el griterío se hace silencio
llego hasta la línea de meta
( esto es otro golazo, sentencio )
la empujo de palomita
y la gente llora de emoción.

En los penales rindo la tesis
y al arquero lo dejo manco.
Pero todo esto es hipótesis
porque siempre como banco.

Entretiempo en la fantasía

En el universo paralelo suceden cosas tanto ordinarias como oníricas, frecuentes como insólitas. Por ejemplo, cuenta Galeano en su último libro publicado allí que uno de los primeros acontecimientos que presenció fue el partido entre Apóstoles de Belén vs. Fariseos Siglo Cambalache, que culminó tres a tres. Pero lo que más llamó la atención a la curiosidad del escritor, fue lo que sucedió antes de comenzar el segundo tiempo, cuando un espectador atravesó toda la cancha con una soga al cuello y la lengua afuera para correr a abrazar al técnico de los primeros. Eduardo estaba sentado justo atrás del banco de suplentes y pudo escuchar aquél breve diálogo:
-¡Maestro! ¿Me hace un lugar en el equipo?
-Lo siento Judas, ya tengo los once.

Ping Pong

-Anoche no dormí bien. Daba vueltas y soñaba con arañas sobre el techo y un plato de lentejas.
-Hoy juega el Barsa, ¿no?
-Era un guiso de lentejas al que le faltaba sal. Entonces me levanto para ir a buscar el salero y cuando lo agarro, adentro, tenía lentejas.
-Acá el pronóstico dice que llueve. Nueve de máxima.
-Entonces lo dejo y empecé a pinchar las lentejas del guiso, pero como un tarado las pinchaba con el cuchillo. No sé por qué lo hacía.
-Largá el mate, ¿o tomás solo?
-Estaba bueno el guiso, pero en el plato hay un pelo. Lo quiero sacar y era larguísimo, mientras lo iba dejando caer en el piso se hacía una mata de pelo, de un solo pelo, ¿entendés? Que de tan grande parecía un perro.
-No sabés el picadito que te perdiste anoche. Ocho a tres, ganamos. Encima jugamos con uno menos casi todo el partido porque se jodió la rodilla el Turco.
-Y el perro sale corriendo y vuelve con una ramita. Me la daba para que se la tire. Después se la tiraba y volvía con un diario. Después con una pelota y después con un caracol. ¿De dónde lo sacaba?
-Tiré un penal a la mierda.
-En eso escucho la bocina de un barco, miro el horizonte y se venía un rompehielos hacia la costa. Bajo la vista y tenía los pies atrapados en el hielo.
-Pisó feo y se dobló para atrás. Se fue pedaleando con una pata. Pobre Turco…
-El rompehielos se me venía encima y entonces empecé a gritar y a hacerle señas para que se detenga, porque me pasaba por arriba. Hago fuerza con la zurda y arranco el pie con un pedazo de hielo.
-Me hicieron pagar la ronda de cerveza. Viste que siempre paga el equipo que pierde, pero los lungos se fueron rajando porque tenían otro partido en la Madriguera, jugaban contra los teros.
-Alzo el otro pie, no sé de dónde saqué fuerza y levanté todo el hielo en el que se había pegado el rompehielos, y empecé a correr sobre la arena buscando a Marta.
-Seguro que les rompieron el culo.
-Cada paso que daba desde el rompehielos me tocaban bocina para que me detenga y el capitán me gritaba, pero no le daba bola y seguía avanzando hacia la camioneta. La gente me insultaba porque con el rompehielos colgando del pie les tiraba las sombrillas a la mierda y a los pibitos le destruía los castillos de arena.
-Llegué borracho a casa y Clarita no me abrió. Siete cervezas me bajé.
-Subo a la camioneta y Marta me empezó a reprochar que había tardado demasiado, que no le prestaba atención, que no me ocupaba de ella, etcétera, etcétera.
-Me quedé dormido en el zaguán. ¡No sabés el frío que hacía!
-Me desperté porque el perro ladraba. Voy a ver afuera y pasaba un borracho cantando. Creo que era la marsellesa, pero no lo puedo asegurar.
-En el sueño, estaba mirando un álbum familiar, pero lo llamativo es que todas las fotos tenían los colores de la bandera de Francia.
-Prendo la computadora porque me había desvelado y me puse los auriculares, así veía una película y no despertaba a nadie.
-No estaban trucadas. Había una que me saqué con Zinedine Zidane, cuando me firmó la camiseta, ¿te acordás?
-Y cuando voy por la mitad de la película, se corta la conexión a internet.
-Ese día me lo encontré en el bar Tolo. Tenía un pedo bárbaro Zizú. Me abrazaba como si me conociera de la infancia.
-Trabajaba Al Pacino, que hacía de Dorotea Higgins, la mucama.
-Vomitó sobre la barra y el cantinero lo sacó a patadas.
-Entonces me quedé aventurando cómo podía ser el final. Lo primero que sospeché es que Rudy estaba soñando toda la historia, pero era muy trillada.
-Me hizo pagar la cuenta a mí.
-Le busqué la vuelta y me incliné a pensar que Truman tenía un amorío con Dorotea, y Víctor era un hijo de ese amor clandestino.
-Y en la foto de la selección campeona, tenían el escudo de Irlanda.
-Volvió la conexión y me puse a ver la otra mitad, pero empecé a tener sueño y la veía de a ratos mientras chateaba con el Goma.
-¡Claro! Era San Patricio, pero como estaba en la oficina atestado de papeles me había olvidado.
-Me contó que embarcaba a la siete y ya se estaba mareando.
-Fingí náuseas y me mandaron a casa.
-Al final no, Dorotea era la abuela de Rudy y Truman, primo hermano.
-Clarita me abrió la puerta cuando se iba al consultorio.
-Me pidió un certificado con reposo por diez días, pero no iba a despertar a Marta para que el Goma se haga el sota con el laburo.
-Me tomé un café mientras escuchaba las noticias, pero todavía tenía un mambo importante.
-Marta se despertó porque decía que el sonido de las teclas no la dejaba dormir.
-Dicen que van a sacar el iva. Hay que ver si será cierto.
-Le dejé la computadora porque se había despabilado, me metí en la cama y me desmayé.
-Hoy se me vence el gas.
-Y cuando estoy soñando que Al Pacino me cocinaba un guiso, ¿qué escucho?
-Mil quinientos.
-Las teclas.
-Busco la azucarera para endulzar y ¿a qué no sabés qué tenía adentro?
-Marta y la puta que te parió.
-Monedas¡Monedas!
-¿Qué iba a hacer? Es karma. Me tuve que levantar.
-Clarita jode con eso del azúcar y dice que mejor hay que cuidar el bolsillo y la salud.
-Preparo los mates y veo en el cielo raso una tremenda telaraña.
-Me lo tomé amargo.
-Agarro la escoba para sacarla y tiro el azúcar al piso.
-Dejé la taza en la pileta y me fui a dormir.
-Tuve que barrer.
-Se lavó.
-¿Me acompañás al almacén a buscar bicarbonato?
-Bueno che, me voy a la oficina.
-Pará que subo el calefactor.

Poema sin fines de lucro

Junto pedazos de cartón
botellas vacías, papeles
lo que le sobre de los anaqueles
alpargatas rotas, un latón,
ramas secas de laureles,
figuritas del Ancho Peuchele
y neumáticos de camión.

Recojo todo tipo de restos
yerba de ayer, cáscaras de banana
escobas viejas, palanganas,
no lo tiren en los cestos
los paso a buscar de mañana,
también marcos de ventana
y otros descartes funestos.

Levanto escombros triturados
pañuelos, tomates podridos,
paquetes de snacks vencidos
colillas de puchos fumados
amalgamas, canas, caños torcidos
medicamentos no recetados
cajitas de té, huevos cocidos,
libros mojados o ya leídos
boletas de luz y pañales meados.

Alzo lo que usted va tirando
ropa antigua, calzones rotos
celulares baja gama sin fotos
también recojo viejos pijamas
piezas de ajedrez, un tango
o un tablero de damas,
las patentes obsoletas de motos
jugadas de quinielas y lotos,
teclados, carozos de mango.

También junto viejos diarios
blogs marchitos, emoticones
discos compactos, disquettes,
aerosoles, frascos de mermelada,
frijoles, sueños y almohadas,
comentarios,
envases de tapas para empanadas
conceptos, recuerdos y lambadas,
cartas viejas, tejas y cassettes,
palabras que no dan letra a canciones
y del año pasado los calendarios.

Ojalá la rutina no se pierda
y no pare el desecho en el lodo
así logro acumular suficiente
mercadería que deja mi gente.
Después, al por mayor, vendo todo
y cierto día me voy a la mierda.

Casi

todo está mal.
Los árboles son la excepción
la regla es la deforestación
de la naturaleza más pura
como así también de la cultura.
Los buzos rotos están mal cosidos
los miserables están mal paridos
la intención está mal camuflada
la contaminación está mal disimulada
la estupidez está mal publicitada
la propaganda está mal concebida
la conciencia está mal comprendida
los pulóveres están mal tejidos
los matamoscas me tienen podrido
los dirigentes me da igual.

Las canciones están mal cantadas
los hechos están mal contados
los cuentos están mal leídos
las mentiras están mal narradas
las falacias están mal envasadas
y los soretes están mal cocidos.

Los dibujos están mal pintados
las poesías mal recitadas
las uñas están mal cortadas
las cabezas están mal peinadas
los huevos están mal rascados
y los loros están mal hablados.

Las comidas mal masticadas
las personas están mal pensadas
las frases están mal escritas
y ni hablemos de las papas fritas.

Los planetas están mal nombrados
los nombres están mal llamados
las llamadas están mal marcadas
y las marcas mal registradas.

Los sentidos están mal tratados
los tratados mal redactados
los flujos están mal encauzados
los calzones mal confeccionados
los pensamientos mal encaminados
los caminos mal señalizados
las señas mal interpretadas
las palabras mal utilizadas.

Las semillas están mal sembradas
las tierras están mal labradas
las yerbas están mal del mate
y la cordura está de remate.

Las preguntas están mal formuladas
las mascotas mal alimentadas
las familias mal comunicadas
los consumidores mal informados
los productores están mal parados
y los maestros mal educados.

También está mal el exceso de sal.
Las discográficas están mal orientadas
la música mal escuchada
las fotografías mal enfocadas
las redes mal entrazadas
los refranes están mal dichos
los castigos mal legalizados
los poetas están mal vistos
y los crápulas mal bichos.
Los escritores están francamente mal.

Las casas están mal de entrada
las calles mal asfaltadas
las ciudades mal iluminadas
las fortunas mal acumuladas
la basura está mal repartida
las migajas mal distribuidas
los doctores están mal pagados
los enfermos mal acompañados
los tiempos mal cronometrados
y los naipes están mal barajados.

Los actores (tienen) malos repertorios
las películas malos augurios
los augurios malos guiones
los conciertos malos preludios
los programas malos estudios
los estudiantes malos programas
los cuadros malas exposiciones
las exposiciones malas conclusiones
las novelas tienen malos dramas
los dramas malas actuaciones
las actuaciones malas filmaciones
las filmaciones malas direcciones
las directivas malas perspectivas
las perspectivas malas percepciones
las percepciones están mal observadas
las observaciones mal diagramadas
los diagramas
parecen estrofas
las estrofas
se van por las ramas.
Pero hay algo seguro
el arte tiene futuro
indudablemente promisorio.