La gran barata

Entra un equipo de rugby a un minimercado, todos recontrasudados, con barro hasta en las orejas, pero, no obstante, los tipos muy educados.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

El empleado asintió con la cabeza, un poco sorprendido por la mala fama que tenían estos deportistas y máxime cuando salían en grupo. Uno de ellos, que parecía ser el capitán, tomó la palabra y preguntó por el precio de la hambuerguesa, que lucían a la vista ya preparadas para comer.

-100 pesos. -dijo el empleado.

Los rugbiers se miraron entre ellos.

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara. -dijeron los quince.

El capitán preguntó por el precio de la cerveza, precisamente la lata de Heinekken de medio litro.

-90 pesos. -respondió el empleado.

Los rugbiers, con una tranquilidad propia de golfistas, se miraron entre ellos y dijeron uno tras otro:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El capitán, inmutable, volvió a tomar la palabra, esta vez para preguntar por el precio de la picada, cuyas bandejas se observaban detrás del vidrio de una heladera exhibidora.

-150 pesos -dijo el empleado impertérrito.

Los rugbiers, cuyo sudor no cesaba de gotear el mosaico del local, se volvieron a mirar entre ellos y uno a uno dijeron:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El empleado los miraba detrás del mostrador y, cuando los vio girar y creyó que se iban, los rugbiers tomaron posiciones de frente como en su mejor scrumm con un grave y sostenido grito de guerra:

-¡¡¡¡Escaramuza!!!!!!!!!!

Arrasaron con hamburguesas, picadas y latas de Heinekken, cayendo otros productos a su paso cual huracán, mientras el empleado, acurrucado en un rincón, debajo de un mostrador veía pasar al capitán, en la cola de los alegres rugbiers, con una tira de salamines colgando del cuello a título de medalla.

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Cartonero

Era cartonero por derecho propio
su filosofía de la libertad
fue juntar cartones sin robar a otros
y desarmar cajas para juntar más.
Recorrió las calles de todo su reino
recogió cartones y empezó a crecer
para el barrio era nuestro cartonero
nuestro y de la calle que lo vio nacer.
Era cartonero con el sol a cuestas
fiel a su destino y a su proceder
sobre los cartones dormía la siesta
y bajo la lluvia solía amanecer.
Era cartonero y era la ternura
esa que hace falta cada día más
y era una metáfora de la aventura
que con gps no se puede hallar.
Digo cartonero porque es lo que dejamos
que nos despojamos sólo del cartón
era el que juntaba lo que le tiramos
ni siquiera sobras de tu corazón.
Era un callejero y era el personaje
visto tras la puerta de cualquier hogar
y era en nuestro barrio parte del paisaje
como un perro, un bondi y todo lo demás.
Era el cartonero de comprar botellas
y se fue con ellas cuando las bebió
se tomó de golpe todas las estrellas
se cayó rendido y ya no despertó.
Nos dejó cartones como testamento
llenos de esperanza, llenos de ilusión
viaja su recuerdo por los sentimientos
que quedan plasmados en esta canción.
De principio a rabo, amigos míos
era un ser humano nuestro cartonero…