Estudio respecto a la lectura actual

Un reciente estudio realizado por la Universidad de Cambridge reveló las razones del por qué la gente no lee literatura. Entre ellas y los argumentos dados se destacan: el aburrimiento frente a otros modos de entretenimiento ( 21 % ), la imposibilidad de tener una comunicación fluida con el autor -dejarle comentarios, poner me gusta, etc.- ( 13% ), no comprendió la pregunta (12%), no sabe de qué le están hablando (10%), leer no se usa más ( 8%) y ¿eso con qué se come? ( 7% ).
Por otra parte, entre quienes leen libros de autoayuda, el estudio arrojó las siguientes opiniones: me sirvió para entender los aspectos de mi vida ( 9%), entretenido pero eran todas mentiras ( 12%), el autor es un chanta ( 14%), diez años después de habérmelo creído me di cuenta que era mentira ( 17%), no sirve para nada y no es artístico( 17%) y entretenido pero era todo mentira (18%).
A su vez, entre quienes leen crónica periodística, las opiniones vertidas revelaron estudios muy variados: no distingue el hecho de las opiniones ( 22%), es imposible encontrar un hecho ( 15%), no hay hechos en la crónica ( 12%), las opiniones falsean el hecho ( 11%), el entramado de opiniones es el hecho ( 9%) y la opinión dada por el periodista en la crónica oculta el hecho ( 8%).
Mientras tanto, aquellos que no leen literatura, autoayuda, ni crónica periodística, ni entre líneas, no pudieron responder a las cuestiones pues el estudio se realizó por escrito y, a pesar de que en algún tiempo pretérito sabían leer, hoy día no tienen fe en esa ciencia medieval que es la lectura.

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Los libros

En mi casa de la infancia, los libros ocupaban un rol preponderante, por eso los cuidábamos mucho. Tal es así, que cada vez que se rompía la pata de alguna cama ( las camas antaño eran de peor calidad ) unos cuantos libros la sustituían. Nunca supe bien qué decían esos libros, ni de dónde salían, pero nunca regresaban a la biblioteca. Ocupaban durante años un sitio bajo las camas, cumpliendo una función impensada ( impensada por el autor ) pero de gran utilidad para el hogar. Con el tiempo la biblioteca, un mueble rústico con puertas vidriadas que rescaté y mi mujer está empeñada en tirar, fue mermando su variedad, la cantidad de libros disminuyó considerablemente. Libro que salía, no volvía. Hace unos años, unos chiquilines ingresaban al garage donde la biblioteca juntó polvo durante años y se fueron llevando los últimos hasta que un cartel con birome y un alambre los detuvo en su afán afanil: “si te agarro te mato”.